¿Qué se está cocinando en los vericuetos judiciales de Estados Unidos contra el Presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores? ¿Hasta qué punto llegará la trama que se ensaña contra la soberanía de Venezuela, contra nuestra autodeterminación, nuestra inmunidad e integridad territorial?
miércoles, 25 de marzo de 2026
Pendientes de Nicolás
¿Qué se está cocinando en los vericuetos judiciales de Estados Unidos contra el Presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores? ¿Hasta qué punto llegará la trama que se ensaña contra la soberanía de Venezuela, contra nuestra autodeterminación, nuestra inmunidad e integridad territorial?
domingo, 8 de marzo de 2026
DEFENSA DE NICOLÁS
DEFENSA
DE NICOLÁS
No apelaré
a los exánimes papeles del Derecho Internacional. Nicolás Maduro es un
prisionero de guerra, tal cual él mismo se declaró en la primera -y única-
comparecencia ante un tribunal yanqui. Él es el Presidente de la República
Bolivariana de Venezuela, secuestrado junto a su señora esposa, la diputada
Cilia Flores, durante una agresión armada, premeditada y alevosa, por parte del
gobierno de Estados Unidos, resultando asesinadas una gran cantidad de
personas, aún no precisada por la vocería oficial. Urgimos la publicación exacta
de los nombres de las víctimas, héroes y mártires, de ese ataque criminal, a
quienes debe erigirse un monumento en su honor para que ésta y las nuevas
generaciones nunca las olviden, y sean recordadas con el dolor y la veneración merecida.
Este crimen imperdonable debe ser procesado como acto terrorista y sus
perpetradores materiales y autores intelectuales, ser juzgados legítimamente
por nuestro Poder Judicial.
He allí
una paradoja que por sí sola desmonta -por inmoral- el juicio que se le
pretende seguir al Presidente Nicolás Maduro en una jurisdicción incompetente e
invasiva, extraña e ilegítima, amañada y corruptora del derecho
consuetudinario, de la doctrina y jurisprudencia del derecho desarrollado en el
marco de las Resoluciones, Declaraciones, Convenciones y Estatutos de la
Organización de Naciones Unidas; instancia necesaria, pero herida de muerte por
la inutilidad en que la ha hundido la prepotencia de los fanáticos hegemonistas
y extremistas que gobiernan Estados Unidos.
El primer
argumento en defensa de Nicolás es la falta de autoridad moral de quienes le
retienen y le pretenden juzgar. (Y no me detendré en debatir la podredumbre
moral de esa sociedad imperialista-sionista que he calificado como la “Civilización
Epstein”).
La violación
de nuestra soberanía y la vulneración de la inmunidad del Jefe de Estado a
través de un acto de guerra (no declarada formalmente, aunque ejecutada en
versión multiforme desde hace dos décadas), desautoriza al país agresor que por
atajos írritos se autoproclama agente perseguidor y verdugo antes que juez. Esto
constituye un precedente peligrosísimo en el concierto de naciones, que
descarrila las prácticas diplomáticas, el derecho de igualdad de los Estados
soberanos, las elementales relaciones de convivencia pacífica, sustituyéndolas
por la barbarie, esa que los filmes gringos llaman “ley del oeste”.
En los
orígenes del agravio a la dignidad bolivariana, la mentira. La narrativa
imperialista contra Venezuela se ensañó en la persona que encarna el proyecto
emancipatorio construido por la Revolución Bolivariana: Nicolás Maduro, el
elegido para continuar la obra del Comandante Chávez. Recordemos que vivimos un
proceso de fascistización imperialista global, y que la primera arma del
flagelo nazi-fascista (sionista) es la falsedad. Las acusaciones que
repetidamente se han lanzado hacia el Presidente Maduro son todas calumniosas. Donald
Trump, que actúa como dictador en su país y lo aspira hacer en todo el mundo,
se refiere a nuestro Presidente como “dictador narcoterrorista”, y lo corean la
transnacional mediática antibolivariana, los presidentes cipayos citados en
Miami por el “emperador” mostaza (más algunos invisibles), y las derechas
furibundas de todos lados.
Nicolás
Maduro es un trabajador, persona humilde, decente y generosa. Nunca ha cometido
ningún tipo de delito, ni siquiera alguna falta menor. Su trayectoria es fácil
de conocer, porque desde joven hizo vida pública como activista social en las
barriadas caraqueñas, donde practicó deportes, aprendió música que interpretó
con sus amigos en agrupaciones juveniles, abrazó los ideales socialistas,
participó en movimientos populares por reivindicaciones ciudadanas, levantó una
familia, se hizo sindicalista, líder democrático, impulsó cambios que el país
reclamaba por vías pacíficas, llegó a parlamentario, luego fue electo constituyente
en 1999 y es uno de los padres de la Constitución de la República Bolivariana
de Venezuela.
Nicolás
es un político dialogante, de buen talante y que gusta cultivar la amistad,
como buen venezolano y bolivariano que es; lo demostró internacionalmente como
Canciller, promoviendo escenarios de encuentro entre pueblos hermanos y en la consolidación
de espacios multilaterales, donde prevalecieran la paz y la cooperación, la
preeminencia de los Derechos Humanos y la preservación de la vida como valor
supremo, en vez de las guerras y las odiosas discriminaciones que siguen
teniendo adictos en los imperialismos y mentalidades neofascistas.
Como Presidente
Constitucional, tuvo que enfrentarse a las sucesivas agresiones fraguadas por
Estados Unidos, las oligarquías vecinas y la derecha pitiyanqui, que casi
destruyeron nuestra economía con la guerra híbrida mutante que nos aplicaron
desde el Decreto Obama, y llegaron a intentar todas las formas de violencia,
incluido el magnicidio. Aún así, reconstruimos el tejido productivo y la
asistencia social hacia los sectores más vulnerables, por encima de la maldad
desplegada por nuestros enemigos: pandilla de ladrones vendepatria.
Nunca podrán
mostrar una prueba ni un elemento de convicción serio de las acusaciones falaces
que han proferido con el único propósito de estigmatizar a una persona inocente
para liquidar al militante revolucionario que les estorbaba.
La opinión
pública universal debe saber estas verdades. Estados Unidos ha cometido crimen
de guerra contra Venezuela, como lo venía haciendo contra Cuba, y en macabra
alianza con Israel en Palestina, Líbano y ahora en Irán.
Estados
Unidos no tiene autoridad moral, ni legitimidad institucional, ni jurisdicción
legal, ni razón política, para juzgar a Nicolás Maduro y Cilia Flores. Lo único
que procede es retornarlos sanos y salvos a nuestra Patria, para retomar la
digna normalidad que merecemos, en cumplimiento cabal de la Carta Magna.
El chantaje
extorsivo, las dilaciones y manipulaciones del írrito proceso, el montaje de jugarretas
con supuestos “juristas” lacayos en la CPI, la imposición del “plan de tres
fases” de los corsarios yanquis, anuncian un tiempo de confrontaciones que
pueden retrotraernos a dilemas de siglos pasados, sólo despejados por la
claridad y el heroísmo de nuestros Libertadores.
Yldefonso
Finol
domingo, 1 de marzo de 2026
EL FASCISMO GLOBAL IMPERIALISTA: LA CIVILIZACIÓN EPSTEIN CONTRA LA HUMANIDAD
EL
FASCISMO GLOBAL IMPERIALISTA: LA CIVILIZACIÓN EPSTEIN CONTRA LA HUMANIDAD
Lo que
Hitler, Musolini, Franco, el Imperio japonés, y sus tentáculos, no lograron
consumar en la primera mitad del siglo XX, lo están intentando imponer en la
actualidad Estados Unidos e Israel con la complicidad de los imperialismos segundones
de Inglaterra y Europa, las oligarquías lacayas y partidos ultraderechistas en
todo el mundo.
Es el
Fascismo Global Imperialista, que tiene del viejo nazi-fascismo románico y
germánico, la motivación hegemonista imperial, expansionista, etnocéntrica,
racista, y el uso de la mentira, los mitos colonialistas alienantes, el odio xenofóbico
y aporofóbico, justificantes de la violencia terrorista como herramienta para
alcanzar sus propósitos.
Un componente
fundamental de la estrategia hegemónica de este Fascismo Global Imperialista es
la guerra cognitiva-sensible, que llevan a cabo utilizando el vertiginoso
desarrollo de las tecnologías comunicacionales en manos de sus monopolios. La transnacional
mediática, el control de las redes antisociales, la industria cultural
recolonizadora, el manejo conspirativo de la apropiación de datos personales,
conforman un complejísimo entramado de dominación ideológica y manipulación psicopolítica
que ha tenido como primera víctima el espíritu gregario, la solidaridad, los
sentimientos empáticos, todo lo que hace virtuosa a la especie humana,
convirtiendo multitudes en agentes de la avaricia del capital, seres sin
capacidad de discernimiento, ensimismados en el más nefasto individualismo,
desarraigados de las nociones de soberanía, identidad, humanidad.
¿Qué humanidad
puede resultar de este proceso civilizatorio del oprobio y el desamor?
¿Qué
mundo puede surgir de la impunidad con que Estados Unidos e Israel masacraron
en Gaza los últimos reductos del humanismo?
¿Qué “sociedad
de naciones” puede existir cuando todo el acervo del Derecho Internacional ha
sido demolido por estos monstruos desalmados?
¿Quedará
abolido el derecho a tener dignidad, porque hay que inclinar la cerviz ante los
matones universales?
¿Todos
los humanismos nacidos tras siglos de luchas y desarrollo de perspectivas
emancipatorias, de fuentes religiosas o filosófico-políticas, como el
cristianismo, el marxismo, el bolivarianismo, quedarán derogados ante la
tiranía global del afán de codicia, el supremacismo, la megalomanía, el
apartheid, el genocidio, el desprecio hacia la diversidad intrínseca a la
condición humana?
¿Se
confirmará que la democracia liberal burguesa no vacila en mutar a fascismo
cuando de preservar o ampliar el predominio del capital se trata?
Lo vivimos
en Venezuela durante los sucesos recordados como “El Caracazo” en febrero y marzo
de 1989. La fascistización como mecanismo de exterminio de la disidencia y el
reclamo popular.
Bien lo
dijo Lenin: “en lo político, el imperialismo es una tendencia creciente a la
violencia y la reacción”. Lo vivimos el 3 de enero cuando los gringos nos
bombardearon asesinando a centenares de compatriotas para secuestrar al
Presidente Maduro junto a su esposa Cilia Flores, y con ambos, al país entero,
que ahora es rehén bajo el chantaje extorsivo de los criminales regatones del
norte. Lo vive el generoso pueblo iraní, tan amigable y siempre solidario con
la Venezuela Bolivariana, al cual abrazamos fraternalmente. Lo padece nuestra
hermana Cuba, campeona del internacionalismo humanitario, a quien se pretende
asfixiar con una guerra económica bestial.
Terribles
precedentes para la humanidad que sobreviva, para esas nuevas generaciones
condenadas a olvidar sus raíces, su épica, su honor nacional, so amenaza de
perecer bajo las armas de lo más inmoral del género humano: el sionismo o civilización
Epstein.
Los modelos
educacionales neutrales, burocratizados hasta el hastío, la cultura
farandulera, los discursos medias tintas, en países antes colonias, devenidos
en dependientes estructurales, exportadores de materias primas, atados al
extractivismo depredador, y cuyos talentos profesionales son robados por las
metrópolis del capital monopólico, nos sentencian a la perpetuación del
neocolonialismo expoliador y degradante. Es la fáctica e insalvable
inviabilidad de ese espejismo enajenante que aún llaman “desarrollo”.
El Libertador
Simón Bolívar (a quien no debe citársele falazmente), nos advirtió el 5 de
agosto de 1829 lo que ya sabemos sobre Estados Unidos, “predestinados a plagar
la América de miserias en nombre de la libertad”; pero un día antes, allí mismo
en Guayaquil, en carta a Mariano Montilla, sentenció que “un nuevo coloniaje
será el patrimonio que leguemos a la posteridad”.
Nueve años
atrás, el 27 de julio de 1820, desde su Cuartel General en Cúcuta, giró
instrucciones al General Rafael Urdaneta sobre el trato que debía darse a los
comisionados del jefe realista Pablo Morillo, quien buscó una negociación con
Simón Bolívar: “Usted deberá notificar de parte de la República a los señores
comisionados la voluntad del gobierno y el pueblo que por hacer desaparecer la
mancha de ser español está pronto a desaparecer de la faz del mundo, y que sólo
oirá con placer de parte de sus enemigos su eterno adiós. Esta es la conducta
que deberá Usted seguir en el caso de no ser la misión conforme lo demandan los
derechos y el respeto que han sabido inspirar las armas de la república a sus
enemigos, a quienes jamás verá sino rendidos o solicitando paz”.
La Revolución
Bolivariana es heredera de ese legado sagrado, así lo obliga el Artículo 1° de
la Constitución Nacional. Nuestra solidaridad con los pueblos que luchan por su
autodeterminación contra los empellones imperialistas, ha de ser invariable
hacia nuestros hermanos en causa e historia. ¡Honor y Gloria a todos los héroes
y mártires de esta resistencia irreductible e inclaudicable!
Yldefonso
Finol
Militante
Bolivariano
sábado, 21 de febrero de 2026
LA AGRESIÓN IMPERIALISTA DEL 3 DE ENERO: HISTORIA Y MEMORIA
LA
AGRESIÓN IMPERIALISTA DEL 3 DE ENERO: HISTORIA Y MEMORIA
La memoria
colectiva es la savia de la conciencia histórica que forma pueblos libres.
La historia
es la concatenación de procesos sociales en el transcurso del tiempo, no sólo factible
de rememoración (y estudio) de determinantes hechos pasados, sino también de
las vivencias del presente condicionadas por ese devenir precedente, y condicionantes
a la vez, de la proyección y construcción que podamos hacer del futuro.
El pasado,
aunque fácticamente es un rango inmodificable, no por ello limita nuestra
capacidad crítica de apropiación del conocimiento histórico, para someterlo a
la reinterpretación y comprensión, a la luz de las contradicciones de intereses
que han movido las transformaciones de las realidades concretas en toda la
existencia de la humanidad.
El
ataque imperialista del 3 de enero contra Venezuela marca un hito histórico; es
necesario pues, que nuestro pueblo conozca lo más a fondo que sea posible, las
verdades que rondan este hecho gravísimo, para que la memoria colectiva post
agresión, pueda analizar e interpretar concienzudamente las variables actuantes
y consecuencias en el desarrollo de estos días aciagos y el futuro de la
Patria, incluida la vindicación de nuestra soberanía mancillada, justicia para
las víctimas del acto de guerra, y la suerte del presidente Nicolás Maduro y su
esposa Cilia Flores, rehenes del gobierno que los secuestró, secuestrando con
ellos al país entero.
Recordemos
que ha sido una práctica estadounidense sacar a la fuerza presidentes
latinoamericanos y caribeños que les son molestos. Algunos honorables
dignatarios fueron eliminados físicamente con atentados terroristas orquestados
por la CIA o fueron objeto de golpes de Estado, en países donde las fuerzas
armadas sirvieron como fascistas subalternos del imperialismo bajo la Doctrina
de Seguridad Nacional.
Un
caso poco citado es el haitiano, por el racismo y la indiferencia con que se ha
castigado a ese pueblo hermano. El presidente Jean-Bertrand Aristide fue
secuestrado junto a su esposa (28-02-2004), obligado a abordar un avión con
rumbo desconocido, hasta aterrizar -veinte horas después- en la República
Centroafricana. Estados Unidos -en complicidad con Francia- perpetró el rapto. La
injerencia imperialista venía desde finales del siglo XIX, con invasión militar
a comienzos del XX y la imposición de la terrible dictadura fascista de los
Duvalier, destruyendo su aparato productivo endógeno y empobreciendo al límite
su población, bajo un régimen de terror permanente.
Aristide
emergió desde las comunidades hundidas en la miseria y fue encarnación de la
esperanza desde los tiempos de la primera independencia (que la culta Francia
en su despecho, truncó con el chantaje de una “indemnización” insoportable). Precedieron
al secuestro, el linchamiento contra el sacerdote que abrazó la Teología de la
Liberación (catalogada como enemiga de USA en el Documento de Santa Fe I), al
que ofendían llamándole “ratón” y falseando un relato como paciente
psiquiátrico que difundió el New York Time, junto a la desalmada presión
financiera de Estados Unidos, la cooptación de la fuerza armada y la creación
de escuadrones de la muerte, en una Haití martirizada desde la invasión europea
que exterminó a sus originarios habitantes tainos y esclavizó pueblos africanos
como parte de su avara civilización.
El proyecto
imperialista estadounidense, desde los mitos religiosos y la ideología
supremacista que le dieron origen, llegó a concretarse fundamentalmente por la
opresión y el saqueo que impusieron violentamente en Nuestra América. Particularmente,
el petróleo de Venezuela fue un recurso clave en ese proceso durante el siglo
XX.
Una de
las aportaciones más importantes de la Doctrina Bolivariana es el ejercicio
permanente de memoria histórica, tal como lo practicó El Libertador en su
método de análisis situacional, patentizado en documentos como el Manifiesto de
Cartagena (lecciones para rescatar), la Carta de Jamaica y el Discurso de
Angostura.
La agresión
bélica del 3 de enero amerita un llamado general a la reflexión patriótica, un
análisis profundo del hecho y sus secuelas, para el esclarecimiento del pueblo
bolivariano que tendrá que procesar este golpe y repensar nuestra irrenunciable
lucha por la soberanía, la autodeterminación y el modelo emancipatorio que nos
planteamos construir. Los cambios vertiginosos -bajo amenazas- no son
accesibles al pueblo trabajador que debe atender el difícil día a día familiar;
menos para esa gran porción de la población hipnotizada por las redes
antisociales, donde el fascismo imperialista global convierte en “verdades” las
mentiras y en “valores” dominantes el individualismo exacerbado, el desdén
hacia los semejantes, la antipatía, la xenofobia, el culto al capital y la
aspiración masiva al servilismo proimperialista.
Bolívar
nos hablaba de “aprender la verdad”, esa que “pura y limpia, es el mejor modo
de persuadir”. “Las lecciones de la Historia” -nos decía- “la experiencia de
veinte años de revolución han de serviros como otros tantos fanales colocados
en medio de las tinieblas de lo futuro”. Hurguemos en nuestro acervo histórico
hasta desenterrar las raíces de las nebulosas visiones del enrevesado presente.
Han proliferado
opiniones sobre lo sucedido en nuestro país con la agresión gringa. Se ha
citado a Lenin mencionando su obra “Un paso adelante, dos pasos atrás”, un
texto referido a la crisis dentro del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (¿…?),
donde el autor critica lo que en elemental suma algebraica resulta caminar en
reversa. Hay cierto estilo “Dieterich” rondándonos: gente que nos dice qué
hacer y cómo proceder en nuestra revolución, mientras que no han sido capaces
de hacer la suya en sus países. Pero, bueno, se les agradece el interés, si es
desinteresado. La solidaridad será siempre bienvenida, sobre todo cuando más se
le requiere, como en el caso de Cuba actualmente.
Para
tornar al tema de la verdad histórica, de esa magna obra de Lenin rescatamos su
noción de la misma: “La dialéctica genuina… estudia los giros inevitables,
demostrando que eran inevitables mediante un estudio detallado del proceso de
desarrollo en toda su concreción. Uno de los principios básicos de la
dialéctica es que no existe la verdad abstracta; la verdad es siempre concreta...”
Como pueblo
revolucionario necesitamos empoderarnos en las verdades de este tiempo, para rediseñar
el mapa de nuestras utopías en el universo de lo posible, preservando la
capacidad creadora en resistencia de las fuerzas bolivarianas. En palabras de
Mao Zedong, la práctica es el criterio de la verdad, y requerimos dar el salto
de lo sensorial a lo racional, para descifrar la síntesis de las
contradicciones en que nos desenvolvemos. Salir de la perplejidad, repensar las
formas de lucha, reafirmar nuestra esencia antiimperialista. Siguiendo con Mao,
“podemos percibir con mayor profundidad sólo aquello que ya comprendemos…La
sensación sólo resuelve el problema de las apariencias, únicamente la teoría
puede resolver el problema de la esencia”, que nunca podrían resolverse
separándolos de la práctica.
Entonces,
la urgente necesidad de leer en términos históricos la situación del país a
partir del criminal ataque estadounidense, bajo el chantaje de apuntarnos desde
el Caribe con una flota descomunal (anticomunal), amerita un llamado -unitario
y no elitista- al encuentro dialogante entre patriotas, que permita crear la más
clara teoría (guía de la praxis revolucionaria) para la comprensión de la
historia que debemos honrar y continuar colectivamente, en las condiciones más
adversas incluso.
Hoy más
que nunca, el enemigo es el imperialismo, y la resistencia, nuestro deber con
la Patria y los pueblos hermanos.
Yldefonso
Finol
Militante
Bolivariano
lunes, 9 de febrero de 2026
PARA NOMBRAR A CUBA
PARA
NOMBRAR A CUBA
Para
nombrar a Cuba hay que adentrase con luz de espíritu en las confluencias originarias
arahuacas que se fundieron en el ser ancestral taino del archipiélago verde
poseedor de las delicias en el universo primario de nuestras sagradas raíces.
Ser el
cuerpo en llamas de Hatuey con su dolor, su heroísmo y sus cenizas sembradas en
la sangre de todas las generaciones que nacieron de su martirio.
Ser
paridos por Mariana Grajales en la fundición de su vientre creador del bronce
titánico que hace Patria y Matria como cantos del areito en la manigua poseída
por la canícula forjadora de valentías imperecederas.
Para
nombrar a Cuba hace falta mucha humanidad magnánima abrazando la poética
sublime de José Martí, con un jardín florido del amor universal irreductible,
que tiende al infinito cuando un corazón palpita declamando cubanía como
sinónimo de vida edificante, verso del horizonte que imanta lo maravilloso.
Ser la
palabra luminosa que se crece en la distancia del tiempo como el anchuroso mar
que le acoge cual ombligo de la virtud y la creatividad.
Decir
Cuba es revivir la historia gloriosa de nuestros libertadores en el andar
cotidiano del presente, con sencillez, pero con virilidad; con sacrificios
inmensos, sin renunciar a la sonrisa y la ternura.
Porque
Cuba es un tótem de soberanía arrancada de las fauces del monstruo con la
fuerza invencible de la hermandad de un pueblo; es la madre de las revoluciones
por la utopía pendiente en Nuestra América: no se entiende nuestro sueño de un
mundo mejor sin la Revolución Cubana.
Porque
para hablar de Cuba hay que reivindicar la épica que rompió cadenas en la
expoliada África del apartheid, saldando con sus fierros y sangre la deuda de
siglos oprobiosos con esa parte sufriente de la más aberrante paradoja humana que
fue la esclavitud.
Sólo
Cuba es ungüento medicinal en la piel discriminada, lacerada, marcada a
latigazos en el alma del humano esclavizado por el humano desalmado, el avaro,
supremacista, el explotador colonialista, el blanco europeo y anglosajón, el
sanguinario capitalista. Las bestias rubias que enfrentó Sandino, los regatones
del norte sobre los que advirtió Bolívar, esos en cuyas entrañas descubrió
Martí que debían ser detenidos a tiempo…los enemigos de Cuba, mis enemigos,
nuestros enemigos.
Para nombrar
a Cuba, la proeza del altruismo ha creado un lenguaje de pioneros
multiplicadores que colman la isla del saber, las artes y ciencias, y aún se
derraman generosos manantiales de luces para otros pueblos que han ido a esa
ínsula escuela a obtener tesoros de la episteme que les habían sido negados por
la segregación opresora. Porque Cuba graduó médicos africanos, árabes,
latinoamericanos y caribeños, mientras el imperialismo hacía guerras
bacteriológicas, bombardeaba naciones, apoyaba los apartheid y genocidios.
Cuba
es la diplomacia vestida de batas blancas, un ejército de sanaciones que no se
arredra por las dificultades, como ese pueblo admirable que da lecciones de
resistencia a los más corajudos luchadores por la autodeterminación y la
independencia. La fortaleza moral de Cuba obliga reciprocidad en el amor
demostrado con creces.
Para nombrar
a Cuba los enemigos y los dudosos, los ignorantes e indiferentes, deben desinfectarse
la jeta.
Porque
cuando se dijo la palabra honor se erigió en nuestra historia un maestro de las
enseñanzas y los valores llamado Fidel Castro Ruz, sin cuyo legado no existiría
Cuba ni el derecho de la raza indoamericana a creer en la igualdad y una vida libre
de hegemonías neocoloniales.
Porque
para hablar de Cuba hay que hablar de Fidel.
Él trazó
un camino irrenunciable de decoro, arrojo, sabiduría, victoria. El pueblo
cubano lo creó de sus más sentidas luchas y anhelos libertarios.
Cuba ha
sido con Fidel y los suyos, la cuna de la solidaridad, el desprendimiento, la
fraterna comunión multicolor a la que siempre estuvo abierta en las duras
circunstancias de Latinoamérica y el Caribe, y todos los pueblos en un mundo
atribulado por las agresiones imperialistas, porque, además, a Cuba le ha
tocado ser la primera línea de este reto humanitario: enfrentarse al
imperialismo brutal y criminal, hoy pretendiendo imponer el fascismo global a
fuerza de atroces despropósitos.
En esta
hora de extremo terrorismo de Estado perpetrado por el enemigo histórico, donde
el neonazi gobierno de Estados Unidos intenta asfixiar a Cuba, hay que manifestar
con resonante concreción, el rechazo más enérgico contra ese flagelo
imperialista, y la más elevada solidaridad con Cuba, que se la ha ganado sin
lugar a dudas con su amorosa entrega a la innegociable causa de una mejor
humanidad.
En el
Centenario de Fidel, no podemos fallarles a nuestros hermanos. La solidaridad
con Cuba en este tiempo dominado por la ideología capitalista de la indolencia
y el desamor, es una obligación moral.
¡Viva
Cuba sin criminales coerciones imperialistas!
Yldefonso
Finol
Militante
Bolivariano
jueves, 5 de febrero de 2026
EL "PLAN" DE LA ENCARGADA DE NEGOCIOS DE EEUU
El “plan”
de la encargada de negocios de Estados Unidos
En un
video de presentación que han difundido diversos medios informativos, la recién
llegada encargada de negocios de los Estados Unidos en NUESTRO PAÍS, ha
expresado: “Queremos una Venezuela amigable, estable, próspera y democrática…y
para lograrlo vamos a trabajar con venezolanos
representantes de una variedad de sectores y perspectivas; para lograrlo,
vamos a ejecutar un plan de tres fases: 1. La estabilización del país y la
restauración de la seguridad, 2. La recuperación de la economía, 3. La ¿transición?
hacia una Venezuela amigable, estable, y democrática. El presidente Trump ha
tomado unas decisiones y ahora las estamos implementando, vamos a asegurar que
nuestro progreso sea sostenible…”
La “amigable”
señora que llegó precedida de un ataque terrorista de su gobierno contra
NUESTRO PAÍS (“el presidente Trump ha tomado unas decisiones”), con más de un
centenar de víctimas, incluidos treinta y dos heroicos colaboradores cubanos, donde
secuestraron al Jefe del Estado, presidente constitucional hasta el 2031, Nicolás
Maduro Moros, y su esposa Cilia Flores, manteniéndolos como rehenes para el chantaje
extorsivo, nos ha mostrado su más acabada versión de la “diplomacia”: el
cinismo.
La encargada
de negocios se inauguró desconociendo la Convención de Viena sobre Relaciones
Diplomáticas del 18 de abril de 1961 que entró en vigor el 24 de abril de 1964.
(¿Qué se podía esperar…?) Este importante instrumento del Derecho Internacional,
en su Artículo 41°, establece que: “1. Sin perjuicio de sus privilegios e
inmunidades, todas las personas que gocen de esos privilegios e inmunidades deberán
respetar las leyes y reglamentos del Estado receptor. También están
obligados a no inmiscuirse en los asuntos internos de ese Estado. 2. Todos
los asuntos oficiales de que la misión esté encargada por el Estado acreditante
han de ser tratados con el Ministerio de Relaciones
Exteriores del Estado receptor
por conducto de él, o con el Ministerio que se haya convenido.”
La encargada
de negocios ad interim de Estados Unidos, cuyo gobierno blande una amenaza
constante con su poderío militar en el Mar Caribe, actúa con jactancia como si
se tratase de la “procónsul” de un Imperio ocupante y no la diplomática de un
Estado acreditante, como indica la citada Convención. ¿Será que asume con
desparpajo el papel de emisaria de los secuestradores? ¿Será la cobravacuna
de los extorsionadores que nos mandaron bombardear la madrugada del 3 de enero?
El Artículo
3° de la Convención de Viena define el rol de las misiones diplomáticas: “1.
Las funciones de una misión diplomática consisten principalmente en: a.
representar al Estado acreditante ante el Estado receptor; b. proteger en el
Estado receptor los intereses del Estado acreditante y los de sus nacionales, dentro
de los límites permitidos por el derecho internacional; c. negociar con el
gobierno del Estado receptor; d. enterarse por todos los medios lícitos
de las condiciones y de la evolución de los acontecimientos en el Estado
receptor e informar sobre ello al gobierno del Estado acreditante; e. fomentar
las relaciones amistosas y desarrollar las relaciones económicas, culturales y
científicas entre el Estado acreditante y el Estado receptor.” (Este último
literal parece una misión imposible con los misiles gringos apuntándonos al
frente)
En ninguna
parte del Derecho Internacional el país agresor puede a la vez ser garante o
mediador en asuntos del país agredido, entonces la señora encargada de negocios
no tiene que “trabajar con venezolanos representantes de una variedad de
sectores y perspectivas”, porque, como lo indica el Artículo 41°, numeral 2 de
la Convención, todos los asuntos deben ser “tratados con el Ministerio de
Relaciones Exteriores del Estado receptor”.
Mucho menos
puede abrogarse la agente estadounidense “ejecutar un plan” y que para “la
estabilización del país y la restauración de la seguridad”. Hay que ser
descarados. Esta señora se burla de la inteligencia de nuestro pueblo. Los gobiernos
de su país han conspirado este cuarto de siglo para desestabilizar a la
República Bolivariana de Venezuela (nombre oficial que ella está obligada a
usar), aplicando todas las formas de injerencia imperialista, desde las mil medidas
coercitivas unilaterales (guerra económica) para asfixiarnos y destruir el
estado de bienestar que habíamos alcanzado la primera década de este siglo,
hasta la agresión militar directa del 3 de enero, pasando por los intentos de
magnicidio, la infiltración de paramilitares e incursiones mercenarias,
creación de un “gobierno” fantoche para robarse nuestros activos en el
exterior, y un extenso etcétera que fuimos derrotando con la resistencia
corajuda de nuestro pueblo bolivariano.
¿Qué mensaje
pretende trasmitir con eso de “restaurar la seguridad”? El día más inseguro de
nuestra historia lo causó su gobierno la madrugada del 3 de enero descargando con
desprecio su sofisticado armamento contra la calma que nos hemos dado a pesar
de ustedes y sus cómplices locales. Su aparato militar -adicto a su histórica vocación
genocida- causó la masacre más espantosa del siglo XXI en Nuestra América
(copartícipes del holocausto palestino). ¿Sólo por la sed de robar nuestro petróleo?
¿Y de paso anunciar con ese desgraciado bombardeo la recolonización violenta del
continente?
El
historiador estadounidense Howard Zinn reseña episodios del genocidio sobre el
que se erigió Estados Unidos contra los pueblos originarios, que dan una idea
de la lógica supremacista de ese sistema. En Jamestown, Virginia, la primera
colonia permanente de los ingleses en las Américas, el cacique Powhatan dirigió
una comunicación al cabecilla de los invasores John Smith, cuando apenas se
iniciaba el despojo de sus territorios ancestrales: “He visto morir a dos
generaciones de mi gente. Conozco la diferencia entre la paz y la guerra mejor
que ningún otro hombre de mi país. ¿Por qué toman Ustedes por la fuerza lo
que pudieran obtener por vía pacífica? ¿Que pueden ganar con la guerra?
¿Por qué nos tienen envidia?”
Una parte
del mundo sensible observa con estupor el odio que promueve el gobierno de
Estados Unidos contra la población migrante, y la desproporcionada represión y
persecución desatada con bestias torturadoras de toda una sociedad. ¡Qué sabias
las dolorosas cuestiones planteadas a comienzos del siglo XVII por el cacique
Powhatan!
El “plan”
de la encargada de negocios habla de “recuperación de la economía” que debe
suponer la “normalización” del saqueo de los recursos venezolanos como han
hecho con los barcos retenidos ilegalmente, al estilo pirático, para quedarse
con el botín petrolero. Así quizá su gobierno pueda pagar los sueldos de los
agentes enviados a promover el tercer y más grave punto del “plan”: la “transición
hacia…”, es decir, el cambio de gobierno al antojo imperialista.
Alguien
debe regalarle -con urgencia- a la agente estadounidense una Constitución de la
República Bolivariana de Venezuela. No la leerá -y menos la acatará-, pero le
producirá urticarias en el alma al repudiable klan monroista que nos
ofende con su existencia.
Aquí hay
un Gobierno electo el 28 de julio de 2024 que hoy preside dignamente -como
encargada- la doctora Delcy Rodríguez, por ausencia temporal del presidente
Nicolás Maduro (secuestrado por el gobierno de Estados Unidos), el cual deben
liberar y devolver a la Patria sano y salvo, junto a su esposa, la diputada
Cilia Flores. Esa es la única gestión a que debe abocarse quien quiera mantener
una relación “amigable” con NUESTRO PAÍS.
Por
cierto, nos preguntamos, ¿la “diplomática” ya les pidió perdón a los familiares
de las víctimas del 3 de enero? ¿Le pidió perdón a nuestro Pueblo?
Yldefonso
Finol
Militante
Bolivariano
lunes, 2 de febrero de 2026
EL FASCISMO IMPERIALISTA GLOBAL CONTRA VENEZUELA
FASCISMO
IMPERIALISTA GLOBAL: EL REINO DEL DESAMOR CONTRA LA INCLAUDICABLE REVOLUCIÓN
BOLIVARIANA
Introito
Inevitable
apelar al acervo que guardo en mi alma repleta de canciones. Los versos
proféticos del pesimismo tanguero enseñan mucho de la condición humana,
indistintamente de los desfaces ideológicos y temporales que se atraviesan: “La
indiferencia del mundo, que es sordo y es mudo…” (Enrique Santos Discépolo,
tango Yira)
Había
publicado el 17 de septiembre de 2025 el texto PELIGROSO MOMENTO SUBJETIVO: EL
FIN DEL HUMANISMO, tema que deseo seguir desarrollando por la necesidad
interior que me impulsa a compartir mis reflexiones, tal vez en busca de unos
iguales para la resistencia que obliga nuestra dignidad bolivariana.
(https://yldefonsofinol.blogspot.com/2025/09/peligroso-momento-subjetivo-el-fin-del.html)
Y,
aunque debería estar enfocado en la herida patriótica que nunca sanará después
de la emboscada gringa del 3 de enero del año en curso, estoy pensado en
Palestina, porque el genocidio “en vivo y directo” ejecutado por el sionismo
contra la población indefensa en Gaza, y los planes banales del grupo
Trump-Netanyahu de convertir la martirizada franja de esa ancestralidad árabe
en un centro comercial turístico para la elite global, representan la más
aberrante expresión de maldad y cinismo de la especie humana.
Para
los perpetradores de tales crímenes imperdonables, la vida del otro es un
estorbo para sus negocios. La avaricia y ambición de hegemonía los empuja a un
juego macabro donde masacrar pueblos enteros, oprimir multitudes, desechar personas,
destruir la convivencia, lucrarse de la guerra, subyugar al prójimo, son solo
jugadas en la orgía de los capitalistas antropófagos y sus matones, proxenetas
y siervos a sueldo.
La
última vez que un premiado entregó su Nobel a otra persona, fue el escritor
noruego Knut Hamsun, que le dio su presea al jefe propagandista nazi, Joseph
Goebbels, en 1943. Ahora, una fascista subalterna, arrastrando sus carnes sin
alma, regaló su -extraño- premio Nobel a otro nazi: su patrón imperialista. “La
historia se repite, primero como tragedia, luego como farsa”, dijo Marx en El 18
Brumario de Luis Bonaparte (1852).
I
Nos
conmovemos y hacemos propio el legado ético de José Martí: “El amor, madre, a
la patria, no es el amor ridículo a la tierra, ni a la yerba que pisan nuestras
plantas; es el odio invencible a quien la oprime, es el rencor eterno a quien
la ataca.”
(Fragmento del poema Abdala, 23 de enero de 1869)
La
madrugada del 3 de enero, más de 150 aeronaves, incluyendo bombarderos, cazas,
plataformas de inteligencia y vigilancia, fueron lanzadas desde veinte bases
terrestres y marítimas contra Venezuela, según el general de la Fuerza Aérea
Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos. (Más algún arma
desconocida, según se jactó Trump).
Par
de meses antes, el imperialismo gringo desplegó en el Mar Caribe la IV Flota,
con portaviones y submarinos nucleares, que involucran entre doce y quince mil
efectivos militares (gubernamentales y contratistas privadas), haciendo
puntería contra lanchas desarmadas de pescadores y marineros diversos, con el
falaz argumento de la lucha contra el narcotráfico, 80% del cual les llega a
sus calles (EEUU) por el Océano Pacífico, la mayoría proveniente del Ecuador
fascistoide de Noboa Azin.
Pero
la avasallante guerra cognitiva desarrollada por la transnacional
antibolivariana, ya había impuesto el relato del “Cartel de los Soles” e
imaginarias bandas delictivas con “millones” de integrantes “enviados” por Venezuela.
Estigmatizaron una migración que ellos mismos provocaron.
Secuestraron
al presidente Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores, dejando más de un
centenar de héroes y mártires, cuya sangre regó la historia de sacrificios y
epopeyas de nuestra estirpe bolivariana y martiana. Venezuela es hoy un país
secuestrado, bajo el chantaje extorsivo de los asquerosos secuestradores. Su superioridad
bélica no hace sino aumentar su minusvalía moral. Porque aquí no hay lugar para
la claudicación y la rendición.
II
En
un entorno adverso, por la presencia de gobiernos de derechas que son agentes
sumisos del imperialismo (fascistas subalternos), y otros que se dicen “progresistas”,
tibios y cobardes, se prestaron a aislarnos con desplantes y vetos, que le
enviaban un mensaje fatal al enemigo estratégico de nuestros pueblos. Sin duda,
esa correlación política dio luz verde a las pretensiones yanquis. Algunos llegaron
a la complicidad cediendo su territorio como base para el lanzamiento del
ataque del 3 de enero.
Nos
toca resistir con toda la energía, la paciencia, la inteligencia, la
estrategia, y con el mayor rencor contra el enemigo que mancilló nuestra Patria
y que insistirá en recolonizarnos.
La
reserva patriótica del pueblo bolivariano está herida, hay un dolor profundo,
desasosiego, rabia contenida, perplejidad, indignación. Pero no nos engañemos, también
hay gente atrapada por la pérdida de soberanía espiritual, producto de la
guerra cognitiva, con una deformación malsana de su capacidad sentipensante,
que es presa útil del plan enemigo.
Es
éste un tiempo de mucho diálogo, mucha conversación, mucha comunicación luminosa
y constructiva, en todos los espacios, territoriales y sectoriales, en los hogares,
vecindarios, centros de trabajo y estudio; masificar la reflexión guiados por
el pensamiento del Libertador, no incurramos en el error de querer “normalizar”
la peor coyuntura, la más sanguinaria afrenta como país soberano en lo que va
del siglo XXI.
III
Nuestra
principal arma es la unidad. En primera instancia la unidad bolivariana como
núcleo de la conducción esclarecida de la sociedad. Cerrar filas al lado de la
Presidenta encargada Delcy Rodríguez, leal y valiente compañera, en el objetivo
fundamental de sostener la estabilidad, la gobernanza nacional, la soberanía
nacional-popular, la territorialidad integral, los derechos ciudadanos y la
prioritaria liberación del Presidente Maduro y la diputada Cilia Flores para
que retornen a nuestra Patria sanos y salvos a seguir construyendo un futuro
colectivo digno e irreversible.
A
los pueblos del mundo, especialmente a los hermanados en historia de la América
mestiza y el Caribe (a Cuba nuestra vida si la requiere), agradecerles los
múltiples y masivos gestos de solidaridad, y reiterar el llamado a la unión
frente al proyecto de opresión que representa el fascismo imperialista global,
el reino del desamor, encarnado en la repugnante figura del delincuente de lesa
humanidad y criminal de guerra Donald Trump.
No
perdamos de vista las pugnas inter-capitalistas e inter-imperialistas, y las
antagónicas contradicciones de éstos y el surgimiento del mundo multipolar,
cuyas tensiones pueden llevarnos a una conflagración de alcance planetario. Tampoco
ignoramos la expresión xenófoba, racista y aporofóbica, de este nuevo fascismo
en el propio territorio estadounidense, donde la represión brutal contra la
población migrante -el enemigo interno- desenmascara la verdadera esencia odiadora
y asesina del sistema.
En
Venezuela seguiremos resistiendo con la mayor entereza como lo hicieron las
huestes bolivarianas en todas las derrotas parciales que sufrieron, y tras las
cuales, emergían con más bríos y fortaleza para lograr la Independencia. Desde entonces
sabemos que somos “el pueblo de las dificultades” y que “el gran poder está en
la fuerza irresistible del amor”.
¡Venceremos!
Yldefonso
Finol
Militante
Bolivariano
miércoles, 28 de enero de 2026
SANGRE CUBANA EN LA LIBERACIÓN DE VENEZUELA
SANGRE
CUBANA EN LA LIBERACIÓN DE VENEZUELA
A
los Héroes del 3 de enero de 2026
A
la unidad indestructible de los pueblos de Cuba y Venezuela en el Centenario
del Comandante Fidel Castro
Introito
El
patriota cubano José Rafael de las Heras, héroe y mártir de la liberación de
Maracaibo, Venezuela, y la Colombia original, fue el comandante del Batallón
Tiradores que por instrucciones de Rafael Urdaneta acudió a respaldar el
pronunciamiento popular y autónomo de la provincia a favor de la Independencia
el 28 de enero de 1821; tanto así, que al amanecer del día 29 está al frente de
las tropas republicanas que desembarcan provenientes de Gibraltar, como parte
del plan estratégico diseñado por Urdaneta en acuerdo con los revolucionarios
maracaiberos que protagonizaron aquella impecable victoria.
Sobre
este episodio del alzamiento de Maracaibo, nos dice Vicente Lecuna: “Provocado
este movimiento por Urdaneta, el batallón Tiradores enviado por él desde
Trujillo, ocupó la plaza el día siguiente”.
Y
esto fue así, porque tal era la confianza del Libertador en Rafael Urdaneta que,
al momento de acudir al encuentro con Pablo Morillo en Santa Ana de Trujillo
para refrendar el armisticio, previendo cualquier escenario en circunstancias
de guerra, extendió un nombramiento a Urdaneta designándolo General en Jefe de
todos los Ejércitos de la República de Colombia (la original, la grande).
El
maestro Federico Brito Figueroa resumió muy brevemente la primera participación
protagónica de Las Heras en nuestra gesta maracaibera: “El 28 de enero de 1821
Maracaibo se incorporará a Colombia y José Heras, jefe patriota de un
destacamento de Gibraltar, ocupará la ciudad, con lo cual los españoles
considerarán roto el armisticio”.
En
la autocomplaciente Autobiografía del General José Antonio Páez, dándoselas de
escritor el caudillo, nadando entre medias verdades siempre con ventaja para sí
mismo, tuvo la delicadeza de anotar: “La ocupación de Maracaibo por las tropas
de Urdaneta, al mando del teniente coronel José Rafael Heras, que entró en
dicha plaza de acuerdo con su gobernador, el venezolano Francisco Delgado, dio
origen a una protesta por parte del jefe de los realistas; y como no le
contestase Bolívar de una manera satisfactoria, se señaló el 28 de abril para
abrir de nuevo la campaña y comenzar las hostilidades, que se habían suspendido
por el armisticio celebrado el año anterior”.
Evidencia
de que hasta los mezquinos debieron reconocer el mérito combativo del
Comandante Heras.
La
reacción del Capitán General español Miguel de La Torre, fue considerar ese
acto soberano como una violación del armisticio que Bolívar y Morillo
suscribieron en Santa Ana de Trujillo en noviembre de 1820. La posición
bolivariana, sustentada por el jefe militar de la región, General Rafael
Urdaneta Farías, era que se había acudido a dar protección bajo sus armas al
pueblo de Maracaibo según los principios del derecho de gentes, y ante la
inminencia de una retaliación por parte del poder colonial que intentaría
retomar la plaza con despecho por la osadía de haberse independizado. Los meses
siguientes dieron confirmación a esa fundada sospecha.
I
Como
se sabe, las hostilidades se reanudaron el 28 de abril de 1821, resultando la
derrota del ejército monárquico el 24 de junio en la Batalla de Carabobo. Pero
el jefe realista La Torre no capituló ante las fuerzas independientes, sino que
optó por replegarse hacia la fortificada plaza de Puerto Cabello, que sirvió de
refugio al Estado Mayor del empecinado invasor y su reducto bélico.
El
Libertador, en su Parte de Guerra de la Batalla de Carabobo, fechado en
Valencia el 25 de junio de 1821, dejó para la inmortalidad este acápite: “Ayer
se ha confirmado con una espléndida victoria el nacimiento político la
República de Colombia…De la segunda división no entró en acción más que una
parte del batallón de Tiradores de La Guardia que manda el benemérito
comandante Heras”.
Rafael
Urdaneta, en sus Memorias (muy ignoradas lamentablemente) refiere con emoción
“el eco de las descargas de Tiradores de la Guardia que el bravo Heras condujo
al combate”.
En
su pionero Resumen de Historia de Venezuela, Rafael María Baralt informa cómo
el Batallón de Tiradores (ante el infortunio de Urdaneta que quedó en
Barquisimeto enfermo) estuvo en Carabobo en la Segunda División regida por el
general Cedeño, y relata que “el fogoso Heras” condujo dos compañías del
“Tiradores” al terreno donde resistían con sorprendente firmeza los soldados
enemigos; la acción combinada de Heras y la caballería del “Apure”, hizo que
cedieran al “ataque simultáneo que a la bayoneta le dieron estos cuerpos”.
Vencida
la fuerza realista en Carabobo, ésta no entró a capitulación. Heras persigue
hasta San Felipe al reducto del coronel Juan Tello, y queda operando en
occidente con movimientos en pos de impedir el reacomodo del enemigo hacia
plazas ya liberadas. Desde Puerto Cabello, con apoyo naval, La Torre
envió al General Francisco Tomás Morales a invadir las provincias de Coro y
Maracaibo, donde además de tenerlas cerca por vía marítima, sabía que contaba
aún con algunos apoyos locales que seguían –taimadamente- fieles al poder
colonial. Así llegó un enconado ejército realista a la margen oriental del
Lago, conquistando a sangre y fuego la muy patriótica población de Los Puertos
de Altagracia, donde se ensañó contra toda persona que considerase del bando
bolivariano; de igual forma avanzaron sobre La Rita, Cabimas y Lagunillas,
tomando represalias y apoderándose de los bienes de los lugareños, sobre todo
de las embarcaciones que pronto utilizarían para ir contra Maracaibo.
Morales
decide enviar a Maracaibo dos columnas comandadas por el Coronel Lorenzo
Morillo y el Capitán Juan Ballesteros, mientras él se queda en Altagracia
pendiente de los resultados de la operación para lanzarse con el resto de sus
fuerzas sobre la capital.
Es
válido un paréntesis para mencionar que posterior a la Batalla de Carabobo,
Bolívar visita Maracaibo (30 de agosto al 18 de septiembre) por primera vez,
para celebrar con este pueblo las glorias alcanzadas, y estando en plenos
preparativos para la Campaña del Sur, quiere que Urdaneta sea el primer
Intendente y Comandante General de su tierra natal; así le gira instrucciones a
través del Ministro Pedro Briceño Méndez: “continuará Vuestra Excelencia
sirviendo el departamento que se le ha confiado, cooperando por su parte a la
ejecución de la expedición, haciendo que el Comandante Heras cumpla las
instrucciones que se le han comunicado para vestir, equipar y marchar con los
batallones Vencedor y Tiradores y con el escuadrón de Lanceros de La Guardia.
V. E. tomará todo el interés que acostumbra en hacer que estos cuerpos se
muevan oportunamente por la dirección que se les ha señalado, conforme a las
instrucciones que tiene el Comandante Heras y que V. E. le pedirá para
conocerlas y hacerlas cumplir estrictamente”. (San Carlos de Zulia: septiembre
22 de 1821).
Unos
días antes de esa visita, desde Carora, escribió Bolívar el 19 de agosto al
Teniente Coronel efectivo José Rafael de las Heras, Comandante del Batallón de
Tiradores de la Guardia, para informarle que se “le declaró antigüedad en estos
empleos en 13 de agosto de 1819”; vale decir, que su ascenso tiene validez
desde el arribo de Bolívar a Bogotá tras el triunfo en Boyacá.
Urdaneta,
por su parte, habiendo acudido sin éxito a verse con El Libertador en su patria
chica, navegó en reversa y presuroso a darle alcance en Cúcuta. Los planes
expuestos en la misiva surlaguense cambiaron y el maracaibero tuvo nuevo
destino en Cundinamarca.
Dadas
las escasas reseñas biográficas disponibles, este dato es muy importante para
conocer más de José de las Heras, ya que parece errónea la versión según la
cual había llegado a Venezuela en 1808, incorporándose desde 1810 a la lucha
por la Independencia de Venezuela. Las fuentes consultadas para este ensayo
permiten identificar con mayor verosimilitud que este Las Heras (hubo otro
cubano de nombre José Agustín de las Heras que luchó en la Campaña del Sur
junto a Sucre y Bolívar) nacido en La Habana en 1785, estuvo en España durante
la guerra contra la invasión francesa de 1808 hasta 1814, y de allí –luego de
sortear una sanción por sus ideas liberales- pasó a Estados Unidos hacia
1816-1817 donde entró en contacto con revolucionarios venezolanos que cumplían
misiones diplomáticas y logísticas en apoyo a la campaña de Guayana que
permitió al Libertador instalar la Primera República Bolivariana en Angostura.
Es
por entonces cuando el cubano viaja a enrolarse definitivamente en el Ejército
Libertador en el año de 1818, seguramente entrando por el rosario de islas del
Caribe oriental que conducían a la Guayana liberada; momento en el cual estaba
Rafael Urdaneta ejerciendo de General en Jefe del ejército formado en
Margarita, de la Legión Británica, la columna alemana y demás tropas isleñas,
para obrar sobre las costas de Cumaná, Barcelona y Caracas. Como se puede ver,
la cercanía de Heras a Urdaneta fue el camino que condujo al patriota habanero
a ligarse tan estrechamente a la gesta libertadora en Maracaibo.
II
La
derrota de los realistas en Carabobo, si bien consolidó la independencia, no
significó la aniquilación del ejército enemigo ni mermó el empeño imperial por
retomar el control del país. El reducto de las fuerzas españolas se replegó a
Puerto Cabello y giró movimientos tácticos hacia occidente, donde su clásica
condición marítima le brindaba ciertas posibilidades de maniobra.
En
la Maracaibo independiente desde el 28 de enero de 1821, que eufórica de
victorias y glorias recibió al Libertador por primera vez en agosto de ese año,
se comienzan a escuchar noticias agoreras sobre las acechanzas de La Torre y
Morales que continúan su estúpido afán de dominar Venezuela.
“El
General Clemente se apresura a tomar providencias. El 16 de marzo un Bando
anuncia las medidas a tomar y las causas que le dan origen. La ciudad se pone
en estado de alerta…el jefe realista Francisco Tomás Morales es enviado por el
General La Torre desde Coro para tomar Maracaibo. Marcha sobre Los Puertos de
Altagracia sembrando el terror por donde pasa”, escribe Adolfo Romero Luengo en
su obra Bolívar en el Zulia.
En
los pueblos desde Coro a la costa oriental del lago, la tropa realista dejó una
estela de atrocidades, asesinando a mansalva, saqueando, destruyendo. No
escaparon a sus ruindades las valerosas mujeres que osaron repudiarlos: las
fusiladas Mercedes Alaña en San Félix y Domitila Flores en Los Puertos, y la
torturada Ana María Campos, por nombrar las más conocidas. ¡Qué merecido
homenaje se le ha negado a la mujer revolucionaria que ha dado su vida y su
sangre por la redención de la Patria! (Este Cronista exige que tal deuda sea
honrada).
La
inminencia de la confrontación hace que el 1º de abril se llame a las armas a
la población. La noche del 23 es sabido que el enemigo ha llegado a la orilla
occidental, en el sector denominada La Hoyada. El Batallón Maracaibo acude a
darles frente pero ya los invasores se habían guarecido en predios enmontados
aprovechando la oscuridad. Al amanecer ambos contendores se desplazan por
puntos estratégicos. Los patriotas dirigidos por el General Lino de Clemente
reconocen las ubicaciones del adversario y despliegan sus unidades: piquete de
caballería conducido por el Capitán Rudesindo Oberto, guerrillas al mando de
Ramón Farías, y el Batallón de Tiradores del Coronel José Rafael de las Heras.
La
fuerza invasora sabe moverse en el terreno, ya que su jefe es el maracaibero
Juan Ballesteros, quien además posee relaciones amistosas y ejerce alguna
influencia política en sectores descontentos con la elite que asumió el poder
local en Maracaibo tras su incorporación a la República; entre ellos, el pueblo
de Lagunillas, que apoyó momentáneamente a los realistas. De Clemente (tal vez
haciendo honor de su apellido) ofreció la paz a Ballesteros para evitar
derramamiento de sangre, pero fue en vano, ya éste venía severamente instruido
por sus superiores de actuar con determinación militar.
En
la tarde el combate fue inevitable. Más de una hora de férrea lucha dejó caídos
en el campo de batalla cerca de un centenar de guerreros de ambas tropas, entre
los cuales se contaban nuestros héroes José Rafael de Las Heras, el capitán
Silvestre Ochoa y el teniente José María Guevara, y del enemigo el jefe
realista Ballesteros. Este fue el resultado trágico generado por la arrogancia
de los invasores que no supieron valorar el gesto humanista del Intendente Lino
de Clemente al ofrecerles la paz con un retiro digno y oportuno.
La
columna española desembarcada al sur de Maracaibo, en La Cañada, al mando del
teniente coronel Lorenzo Morillo, marchó sobre Perijá asolando los pueblos que
se hallaban en el camino, particularmente la Villa que fue terriblemente
saqueada. Sin embargo, al enterarse de la derrota de sus pares en los hechos de
Juana de Ávila, Morillo aceptó capitular ante De Clemente, siendo enviados los
rendidos a Cuba.
III
Siguiendo
la línea narrativa del eximio erudito zuliano Vinicio Nava Urribarrí, dilecto
amigo con quien tuvimos el honor -y el placer- de compartir más de dos décadas
de camaradería bolivariana, el General Lino de Clemente, a la sazón intendente
del recién creado Departamento Zulia, movilizó sus tropas hacia la Cañada del
Manglar; “empero, cuando comienza el desembarco de Morillo, recibe la noticia
de una invasión semejante por Bellavista. Entonces, ordena al Coronel José
Rafael de las Heras, ir con el batallón Maracaibo a hacerle frente”.
Se
entabla la refriega en la desembocadura del río Manglar (hoy día conocida como
Cañada Morillo), pero los realistas logran desembarcar en la orilla sur y
retirarse hacia Perijá. Mientras tanto, “la otra columna española saltó a
tierra por el hato de La Hoyada. Su comandante, Ballesteros, busca el lugar
propicio para plantear el combate; y en este afán, penetra en el hato de Juana
de Ávila, haciendo ubicar sus efectivos en ventajosas posiciones, detrás de
cercas de curarire a pique, y de enormes piedras de ojo, usadas como escudos y
mampuestos”.
El
también coautor de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, el
talentoso hijo de los Puertos de Altagracia, Vinicio Romero, nos relata cómo el
comandante de Las Heras buscó con afán al invasor, empezando la batalla con “un
formidable asalto. Las tropas del imperio español, se comportan con la mayor
bravura sin poder disparar sus cañones, y a cambio, hacen cerradas descargas de
fusilería. Las detonaciones en medio de una densa nube de humo y polvo, dan
paso a los golpes secos y chirridos de bayonetas, sables y cuchillos.
Ballesteros se crece en audacia y resiste temerariamente el masivo y certero
ataque de los independientes. Se trata de un sangriento combate en que
infantería y caballería pelean en muy poco espacio, levantando demasiada arena
y creando terrible confusión. Esta batalla había comenzado a las tres de la
tarde, y transcurrida media hora, sus contrincantes no cedían campo. En una
segunda etapa de la contienda, Heras, espada en mano se aparta, toma distancia
y se lanza montado sobre su brioso equino, señalando hacia donde se halla el
comandante realista. Quiere concentrar la actividad en el punto de más poder de
fuego, con la mala fortuna, de que su caballo enreda sus extremidades en una
trinchera, causa de que el bizarro prócer saliera proyectado contra una
gigantesca piedra, inmolando allí mismo su vida”.
Los
nombres de Manuel León, héroes casi anónimos Paredes y Ochoa, los hermanos
Carlos, Bruno y Fermín Mas y Rubí, que siguieron comandando con valentía tras
la caída de su jefe ejemplar Las Heras, deberían adornar los podios escolares
para que nuestra infancia se nutra de la savia de aquellos que “convertidos en
titanes” derrotaron las pretensiones de los que osaron venir a reconquistarnos
para ser entregados a intereses extranjeros.
IV
El
enfurecido Francisco Tomás Morales, enterado de la derrota realista en
Maracaibo, se regresó a Puerto Cabello a informar a La Torre, quien no pudo
reprenderlo por tan aplastante revés, puesto que ya tenía instrucciones de
entregarle el cargo de Capitán General de España en Venezuela.
Embestido
de mayores poderes, Morales se plantea volver sobre su apetecida plaza:
Maracaibo. Desea vengarse del pueblo que lo acaba de poner en fuga. Navega con
su ejército hacia la península Guajira, desembarcando en las arenas gualdas de
Cojoro. Habrá combates en Sinamaica, y aunque triunfan los patriotas, los
invasores continúan su paso hasta la entrada norte de Maracaibo, dándose otra
lucha en Salina Rica, que permite a Morales retomar la ciudad.
Los
patriotas rescatarán al Zulia en la Batalla Naval del Lago, y el mismo Morales
firmará su Capitulación el 3 de agosto de 1823, quedando la Patria libre para
siempre.
Como
recuerdo de esta gloriosa Batalla de Juana de Ávila, ganada por el heroísmo del
Comandante José de las Heras y sus soldados el 24 de abril de 1822, permanece
en terrenos de La Universidad del Zulia la piedra de ojo que fue testigo de
este capítulo de la Independencia de Venezuela y Suramérica.
V
Bolívar
y Cuba
La
ola bolivariana no dejó orilla del Mar Caribe sin bañar con sus espumas
libertarias. La isla de Cuba fue de las primeras regiones americanas que supo
de los esfuerzos independentistas. “Dos venezolanos, Juan Jorge Peoli y su
esposa Socorro Mancebo, laboraron arduamente en propagar las ideas bolivarianas
en Cuba. Tanto el comerciante Peoli como Socorro Mancebo sostuvieron
correspondencia con el Libertador y sufragaron con su dinero las compras de
armamentos para la insurrección que se preparaba (en Cuba) en 1823. Socorro
Mancebo estaba unida por lazos familiares a la cubana Inés Mancebo, radicada en
Venezuela. La antillana había alimentado con su leche materna a Bolívar durante
su infancia”. (Francisco Pérez Guzmán, 1988)
En
esa Cuba a la que se aferró el colonialismo español hasta sus agónicos
epílogos, se debatían los extremos de dos bandos en irreconciliable contienda:
el bloque de poder constituido por el ejército realista derrotado en las plazas
continentales pero campante en la isla junto a la oligarquía colonial que
sojuzgaba al pueblo cubano, versus los sectores patrióticos nacionales unidos a
personalidades de otros países latinoamericanos allí radicados. Ya desde
finales de 1819, la armada venezolana formada en el primer gobierno de Simón
Bolívar en Angostura, pasó por costas cubanas en el puerto de Manzanillo. El
ecuatoriano Vicente Rocafuerte (que luego fue Presidente de Ecuador), el
argentino José Antonio Miralla, el cartagenero José Fernández Madrid, entre otros,
difundieron las informaciones que traían de tierra firme sobre la lucha
emancipadora, y ayudaron a gestar el movimiento independentista cubano.
En
su obra Bolívar y la Independencia de Cuba (1988), Pérez Guzmán demuestra el
interés permanente del Libertador por la liberación de Cuba y Puerto Rico, y la
inspiración que despertó en el pueblo cubano el ejemplo bolivariano: “La labor
realizada en La Habana por los revolucionarios del continente fue muy
meritoria. Desde el prisma histórico, trajeron a Cuba la solidaridad
hispanoamericana y contribuyeron a formar la conciencia de la nacionalidad en
un sector de la población. Difundieron la verdadera imagen y el pensamiento de
Simón Bolívar cuando el Gobierno colonial de Cuba se esforzaba por detractarlo.
Y sobre la levadura bolivariana construyeron los cimientos de la gigantesca
conspiración que, conocida después como Soles y Rayos de Bolívar, pasó a ser la
organización política más temida por el poder colonial durante el primer cuarto
del siglo XIX cubano”.
A
este movimiento bolivariano cubano lo calificó el fiscal acusador Francisco
Hernández de La Hoya, en el juicio que se les siguió una vez capturados, como
“jóvenes irreflexivos e incautos y candorosos campesinos”. Uno de esos “jóvenes
irreflexivos” fue el poeta José María Heredia, autor de estos magníficos versos
que hablan de la irreversible determinación cubana de alcanzar la
independencia: “Cuba al fin te verás libre y pura/ como el aire de luz que
respiras/ cual las hondas hirvientes que miras/ de tus playas la arena besar/.
Aunque viles traidores le sirvan/ del tirano es inútil la saña/ que no en vano
entre Cuba y España/ tiende inmenso sus olas el mar”. (Historia de Cuba por
Torres-Cuevas y Loyola Vega)
Uno
de los líderes fundacionales de Soles y Rayos de Bolívar, el rico habanero José
Francisco Lemus, se había entrevistado con Pedro Gual y Lino de Clemente en
Estados Unidos en 1817, habiéndole sido otorgado por estos emisarios de Bolívar
el grado de Coronel del Ejército Libertador. Una vez más aparece Maracaibo como
punto de intersección de la causa emancipadora de Cuba, por la relación de
Lemus con Clemente, quien sería el primer Intendente oficial del Departamento
Zulia con sede en la ciudad lacustre. Y no son casuales ni el año ni el lugar
de ese encuentro, puesto que los dos venezolanos se hallaban en plena ejecución
del plan bolivariano para liberar la isla Amelia en las Floridas españolas, muy
cerca de Cuba, punto clave en el control de la navegación por el Caribe. Allí
fue donde se fundó la efímera República de Las Floridas, luego anexada por el
engendro imperialista en los umbrales de la gestión Monroe. Es que los
intereses de Estados Unidos siempre han sido contrarios a los de Venezuela,
Cuba y los pueblos soberanos de Nuestra América.
El
historiador cubano Sergio Guerra Vilaboy, maestro de la Historia de Nuestra
América y autor de obras antológicas de prestigio internacional, destaca que
“la conspiración de los Soles y Rayos de Bolívar, preparada para sublevar la
Isla el 17 de agosto de 1823, se nutrió con elementos de las capas medias y
trabajadores humildes, así como de algunos emigrados latinoamericanos
residentes en la isla, entre ellos…Miralla, Vidaurre, Fernández Madrid y el
comerciante venezolano Juan Jorge Peoli –quien se dice financiaba la
conspiración con letras giradas por Bolívar, con quien además se carteaba-, el
guayaquileño Vicente Rocafuerte y el joven granadino Manuel Ancízar que actuaba
de Secretario”.
Esos
días Rocafuerte está en Filadelfia reunido con el Embajador José María Salazar
y el Cónsul General del gobierno bolivariano Leandro Palacios, primo del
Libertador, quienes llevan la misión de motivarlo a retomar la causa de Cuba
participando en una expedición libertadora por iniciativa del Gobierno de
Colombia. En algunos testimonios Rocafuerte comenta que los diplomáticos venían
muy entusiasmados por la victoria del “joven General Manrique” que “ha expedido
de Maracaibo al Coronel Morales (se refiere al Capitán General que ha
capitulado) y a todas las tropas españolas”.
Y
a esa triunfante Maracaibo de Manrique la emprendió Rocafuerte a buscar la
fuerza combativa para liberar Cuba, tarea en la cual ya trabajaba el general
puertorriqueño Antonio Valero, y para la cual estaba muy ganado el
“joven General Manrique”, quien, en el esplendor de su brillante carrera,
enfermó súbitamente y murió en Maracaibo el 30 de noviembre de 1823, a la edad
de 30 años.
Sin
duda, la terrible animadversión de la elite colonial cubana contra el ideal
bolivariano que iluminaba a los patriotas de la isla, tenía un aliciente muy
fuerte en el compromiso antiesclavista del proyecto de sociedad encarnado por
El Libertador, y más aún, a la simpatía que cosechara por la Revolución
Haitiana y por su amigo y protector el Presidente Petion. Este significativo
detalle causaba pavor en la clase terrateniente y traficantes de esclavos que
dominaban la sociedad cubana.
Hay
que precisar dos aspectos claves en el papel jugado por Cuba bajo control del
gobierno colonial: uno, que la isla iba quedando como residuo militar de aquel
Imperio, sirviendo de bisagra marítima en la estrategia de guerra como puerto
de abastecimiento y traslado de tropas; dos, que la elite económica isleña fue
adquiriendo privilegios de la Corona en razón de mantenerla adicta a la
monarquía, logrando prebendas antes inconcebibles como la propiedad de la
tierra, la exoneración de aranceles, la libertad de negociar con otros
mercados, y el sostenimiento del lucrativo negocio esclavista.
Por
eso desde Cuba se aplicó con rigor el bloqueo temprano decretado por España
primero contra Venezuela y luego contra Colombia toda, se aportaron ingentes
recursos para las sucesivas invasiones bélicas organizadas contra las fuerzas
independentistas, se desplegó un aparato de espionaje en toda la región
caribeña, y se propagó toda clase de campañas difamadoras contra Bolívar y sus
compañeros.
José
Agustín Arango siguió a Bolívar hasta Lima y allí hablaron de la liberación de
Cuba. En dicha plática recordaron al héroe caído en Maracaibo, Coronel José
Rafael Heras, a quien Bolívar elogió en la Batalla de Carabobo, donde el cubano
aprovechó la ocasión de requerirle al Libertador no olvidar hacer esfuerzos
para liberar a su oprimida patria insular.
José
Aniceto Iznaga se entrevista con Bolívar en Caracas en febrero de 1827 y
mantienen contacto directo hasta marzo intentando generar alguna posibilidad de
incursión patriótica hacia Cuba. No se logra, pero queda latente el compromiso.
Pérez
Guzmán cita un testimonio de José Aniceto Iznaga, publicado en la capital
cubana en julio de 1900 con el llamativo título “Peregrinación de un insurrecto
de antaño”, donde se señala que “el teniente coronel José Rafael Heras nació en
La Habana. Durante la invasión napoleónica prestó servicios militares al lado
del pueblo español. En 1821, en Venezuela, era jefe del batallón de Tiradores
en la provincia de Trujillo. En la batalla decisiva de Carabobo en 1821, tuvo
una destacada participación. Condujo a dos compañías de Tiradores cuando el
batallón de Apure comenzó a arremolinarse y los ingleses fueron en su ayuda.
Simón Bolívar le profesaba admiración y entre el habanero y el Libertador
siempre existió una excelente amistad, nacida en medio de los combates por la
Independencia”.
Junto
al nombre de Rafael Urdaneta y Manuel Manrique, deben brillar los nombres de
José Rafael de las Heras y demás patriotas cubanos que ofrendaron sus vidas por
la liberación del continente, que son y serán, como lo fueron para Martí, musa
de inspiración raigal de la inmarcesible causa bolivariana.
Yldefonso
Finol






