Bolívar
un 6 de agosto en Perú, hace 202 años
Pampas
de Junín. Narran algunos de los presentes, que, luego de pasar revista a las
tropas, “los oficiales leyeron a los cuerpos la siguiente Proclama del
Libertador”:
“¡Soldados!
Vais a completar la obra más grande que el cielo ha encargado a los hombres: la
de salvar un mundo entero de la esclavitud.
¡Soldados!
Los enemigos que debéis destruir se jactan de catorce años de triunfos: ellos,
pues, serán dignos de medir sus armas con las vuestras, que han brillado en mil
combates.
¡Soldados!
El Perú y la América toda aguardan de vosotros la paz, hija de la victoria,
y aun la Europa liberal os contempla con encanto, porque la libertad del
Nuevo Mundo es la esperanza del Universo. ¿La burlaréis? ¡No! ¡No! ¡No!
Vosotros sois invencibles.”
¡Qué
lenguaje más sublime e inspirador era capaz de utilizar el venezolano Simón
Bolívar, para invocar energías liberadoras que le venían de su delirio en Casacoima!
Ni las
trabas burocráticas maquinadas por el intrigante rastrero que desgobernaba en
la vicepresidencia en Bogotá; ni las jugadas ruines del ocioso Congreso que
tributaba al traidor mayor; ni los enredos rocambolescos peruanos del cobarde
Riva Agüero y luego del inservible Torre Tagle (y del José de la Mar y el cura
Luna Pizarro y un etcétera laberíntico que llega hasta Dina Boluarte y Keiko
Fugimori); ni el tabardillo en Pativilca; nada, nada, nada, detuvo aquella
pasión instintiva y almática que Bolívar sintió por Perú. Allá fue el hijo de
las Negras Hipólita y Matea a cantar sus versos piloneros rimados con el verbo ¡Triunfar!
Dice el
testimonio del Coronel irlandés Francisco O’Connor: “Las cargas de nuestros
llaneros hacían temblar la tierra, mientras en el cielo de Junín brillaba
radiante la estrella de Bolívar, la estrella de la victoria. Esta es la
relación fiel y exacta de la célebre batalla de Junín que yo presencié con
sangre fría y sin perturbarme un momento, mientras otros la han relatado tan
mal que yo al leer las narraciones no sabía a qué acción se referían”.
Desde
Huancayo el 15 de agosto de 1824, nueve días después de la victoria, Bolívar
declaró al pueblo peruano: “La campaña que debe completar vuestra libertad ha
empezado bajo los auspicios más favorables. El ejército del general Canterac ha
recibido en Junín un golpe mortal, habiendo perdido, por consecuencia de este
suceso, un tercio de sus fuerzas y toda su moral. Los españoles huyen
despavoridos abandonando las más fértiles provincias… Bien pronto visitaremos
la cuna del Imperio peruano y el templo del Sol. El Cuzco tendrá en el primer
día de su libertad más placer y más gloria que bajo el dorado reino de sus Incas.”
La campaña
militar siguió sus gloriosos destinos, Bolívar legó a Sucre dar la estocada
final al Imperio Hispano, y entre el 5 y 7 de diciembre estaba en Lima, no
celebrando, ni descansando, no, estaba convocando la más genial invención de la
geopolítica de la liberación que concibió: el Congreso Anfictiónico de Panamá.
El bolivarianismo
de hoy, debe enfilarse tenazmente en salvar la humanidad de la nueva esclavitud,
sabiendo que la paz sólo es hija de la victoria: es la única esperanza de
alcanzar, con nuestra libertad, el Equilibrio del Universo.
No permitamos
que caraduras y mentes blandas falsifiquen el sagrado legado de Simón Bolívar;
ni que fariseos manoseadores crean que el pueblo son cardúmenes perdidos en río
revuelto.
El enemigo
está con el catalejo y el cañón en la cresta del cerro.
Armémonos
de Bolívar. Recordemos las palabras de un prestigiado jefe realista respecto de
nuestro Libertador: “Él es la Revolución”.
Yldefonso
Finol
Militante
Bolivariano

No hay comentarios:
Publicar un comentario