jueves, 6 de agosto de 2026

Bolívar un 6 de agosto en Perú, hace 202 años

 


Bolívar un 6 de agosto en Perú, hace 202 años

Pampas de Junín. Narran algunos de los presentes, que, luego de pasar revista a las tropas, “los oficiales leyeron a los cuerpos la siguiente Proclama del Libertador”:

“¡Soldados! Vais a completar la obra más grande que el cielo ha encargado a los hombres: la de salvar un mundo entero de la esclavitud.

¡Soldados! Los enemigos que debéis destruir se jactan de catorce años de triunfos: ellos, pues, serán dignos de medir sus armas con las vuestras, que han brillado en mil combates.

¡Soldados! El Perú y la América toda aguardan de vosotros la paz, hija de la victoria, y aun la Europa liberal os contempla con encanto, porque la libertad del Nuevo Mundo es la esperanza del Universo. ¿La burlaréis? ¡No! ¡No! ¡No! Vosotros sois invencibles.”

¡Qué lenguaje más sublime e inspirador era capaz de utilizar el venezolano Simón Bolívar, para invocar energías liberadoras que le venían de su delirio en Casacoima!

Ni las trabas burocráticas maquinadas por el intrigante rastrero que desgobernaba en la vicepresidencia en Bogotá; ni las jugadas ruines del ocioso Congreso que tributaba al traidor mayor; ni los enredos rocambolescos peruanos del cobarde Riva Agüero y luego del inservible Torre Tagle (y del José de la Mar y el cura Luna Pizarro y un etcétera laberíntico que llega hasta Dina Boluarte y Keiko Fugimori); ni el tabardillo en Pativilca; nada, nada, nada, detuvo aquella pasión instintiva y almática que Bolívar sintió por Perú. Allá fue el hijo de las Negras Hipólita y Matea a cantar sus versos piloneros rimados con el verbo ¡Triunfar!   

Dice el testimonio del Coronel irlandés Francisco O’Connor: “Las cargas de nuestros llaneros hacían temblar la tierra, mientras en el cielo de Junín brillaba radiante la estrella de Bolívar, la estrella de la victoria. Esta es la relación fiel y exacta de la célebre batalla de Junín que yo presencié con sangre fría y sin perturbarme un momento, mientras otros la han relatado tan mal que yo al leer las narraciones no sabía a qué acción se referían”.

Desde Huancayo el 15 de agosto de 1824, nueve días después de la victoria, Bolívar declaró al pueblo peruano: “La campaña que debe completar vuestra libertad ha empezado bajo los auspicios más favorables. El ejército del general Canterac ha recibido en Junín un golpe mortal, habiendo perdido, por consecuencia de este suceso, un tercio de sus fuerzas y toda su moral. Los españoles huyen despavoridos abandonando las más fértiles provincias… Bien pronto visitaremos la cuna del Imperio peruano y el templo del Sol. El Cuzco tendrá en el primer día de su libertad más placer y más gloria que bajo el dorado reino de sus Incas.”

La campaña militar siguió sus gloriosos destinos, Bolívar legó a Sucre dar la estocada final al Imperio Hispano, y entre el 5 y 7 de diciembre estaba en Lima, no celebrando, ni descansando, no, estaba convocando la más genial invención de la geopolítica de la liberación que concibió: el Congreso Anfictiónico de Panamá.

El bolivarianismo de hoy, debe enfilarse tenazmente en salvar la humanidad de la nueva esclavitud, sabiendo que la paz sólo es hija de la victoria: es la única esperanza de alcanzar, con nuestra libertad, el Equilibrio del Universo.

No permitamos que caraduras y mentes blandas falsifiquen el sagrado legado de Simón Bolívar; ni que fariseos manoseadores crean que el pueblo son cardúmenes perdidos en río revuelto.

El enemigo está con el catalejo y el cañón en la cresta del cerro.

Armémonos de Bolívar. Recordemos las palabras de un prestigiado jefe realista respecto de nuestro Libertador: “Él es la Revolución”.

Yldefonso Finol

Militante Bolivariano

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