viernes, 31 de diciembre de 2021

POR UN AÑO NUEVO, NUEVO DE VERDAD


 *FELÍZ 31 DE DICIEMBRE DE 2021*


POR TU VIDA
POR LAS LUCHAS
POR TUS AMORES
POR LA REPÚBLICA HUMANA
POR LA MADRE TIERRA/AGUA
POR TU SALUD
POR NUESTRA PATRIA ETERNAMENTE LIBRE Y DIGNA 
POR NUESTRA CULTURA POPULAR
POR LOS SUEÑOS COLECTIVOS
POR TUS ANHELOS
POR LA VENERACIÓN DE NUESTROS ANCESTROS
POR LA REIVINDICACIÓN DE LO JUSTO
POR LOS DERECHOS A LA PAZ Y LA VIDA
POR LA IGUALDAD SOCIAL Y EL FIN DEL MACHISMO PATRIARCAL
POR LA DESCOLONIZACIÓN DE LAS CONCIENCIAS
POR LA CONSTRUCCIÓN DEL NUEVO PARADIGMA CIVILIZATORIO SIN IMPERIALISMOS
POR LA REINVENCIÓN DE LA PROPIEDAD COMÚN RESPONSABLE Y EL BOICOT GLOBAL A LA AVARICIA
POR EL CESE DE LOS NEOCOLONIALISMOS
POR LA LIBERACIÓN Y AUTODETERMINACIÓN DE LOS PUEBLOS INVADIDOS Y OCUPADOS POR FUERZAS OPRESORAS
POR EL FIN DE LOS GENOCIDIOS Y ETNOCIDIOS
POR EL FIN DEL EXPANSIONISMO TERRÓFAGO Y LAS XENOFOBIAS
POR UNAS RELACIONES DE INTERCAMBIO IGUALITARIAS Y PROGRESIVAS 
POR EL FIN DEL HAMBRE Y LA MISERIA, DE LA OPULENCIA Y EL DESPILFARRO
POR LA LIBRE MOVILIDAD HUMANA Y EL FIN DEL TRÁFICO Y TRATA DE PERSONAS
POR MÁS PUENTES Y CERO MUROS ENTRE LOS PUEBLOS
POR LA UTOPÍA DE UNA MEJOR HUMANIDAD...

*TE DESEO UN SALUDABLE Y VITAL AÑO NUEVO DE CONVICCIONES ALTRUÍSTAS Y FIRMEZA CONSTRUCTIVA DE LAS ASPIRACIONES COLECTIVAS*

YLDEFONSO FINOL
31-12-2021

FIN DE AÑO, !VIVA LA VIDA!


Fin de año, ¡viva la vida!

 

Se va el dos mil veintiuno

Con beso de Marte y Luna

Se va sin dejar fortuna

Ni legar tesoro alguno

Se va como inoportuno

Ladrón de muchas sonrisas

Que convirtió en cenizas

Vidas que fueron amores

Esfumados cual vapores

Que desvanecen las brisas.

II

Abrazo a quienes el luto

Aflige y se creen hundidos

Seres amados perdidos

Arrebatados cual fruto

Del destino cruel y bruto

Contra el amor ensañado

En un mundo atribulado

Por la más feroz pandemia

Donde la prudencia apremia

Y nadie está exonerado.

III

Entonces, amar la vida

Se exalta en necesidad

Valorar la intimidad

De la sensación vivida

Ver la planta florecida

Como una bendición

Y escuchar cada canción

Con el alma bien abierta

Pues cada día despierta

El sol en tu corazón.

IV

Que venga ya el veintidós

El veintitrés, veintisiete

Que el calendario sea ariete

Por la bonanza del nos

Cada cual pida a su Dios

Unidos codos con codos

En los más variados modos

Pero en completa armonía

Buena vibra en sinfonía

¡Feliz año para todos!

 

Yldefonso Finol

viernes, 24 de diciembre de 2021

Idealización de lo humano vs redefinición del humanismo

 


Idealización de lo humano vs redefinición del humanismo

Hoy, como todos los días estos tiempos recientes (antes salía a comprar los periódicos y veía la televisión), enciendo temprano el teléfono para ver noticias y saludar a las amistades madrugadoras. Gracias a medios alternativos, me llegan titulares sobre Palestina: “Miles de colonos israelíes llegaron hoy en autobuses hacia la aldea palestina de Burqa en Cisjordania en preparación de pogromos bajo la protección del ejército de ocupación israelí. Cantaron muerte a los árabes y llamaron a quemar sus aldeas.”

La tecnología actual me permite ver a los protagonistas de la invasión saltar y gritar eufóricos con absoluta prepotencia.

Simultáneamente me llegan –muchos, por suerte- los mensajes acostumbrados en esta fecha, esos cargados de buenos deseos que reivindican la idealización de una humanidad hermanada, esa que precisamente se desmiente en los sucesos de Palestina; esa que yo, aunque lo intento año tras año, no logro ver.

He visto sí, toda clase de lecturas y adivinanzas sobre el devenir de esta humanidad sufriente de la primera pandemia del Tercer Milenio. No deja de asombrarme la capacidad soñadora de quienes le atribuyen al covid 19 el poder de provocar transformaciones estructurales del sistema económico predominante y hasta del modelo civilizatorio impuesto desde tiempos del colonialismo imperial europeo y reeditado en la era imperialista contemporánea.

Pido disculpas por aguafiestas, pero no diviso esas quimeras en el horizonte.

¿Qué condiciones del ser humano sobresalen de manera crudísima en el marco pandémico mundial?

En primer -y obvio- lugar, nuestra condición de frágiles seres biológicos. No somos más que eso en la hora de la existencia más elemental; razón que debería bastar para que los “buenos deseos” de mis amistades se cumpliesen al pie de la letra, así como ese eterno sueño por el que ha luchado una parte de los humanos: la igualdad. Pero esto no ocurre por efecto espontáneo, menos cuando –precisamente- esa esencial condición biológica, lanza a millones de seres humanos al umbral de la sobrevivencia.

En segundo lugar, el humano, ese minúsculo ser de la totalidad, constituye el elemento más problemático de la naturaleza: criatura insaciable, de necesidades crecientes (naturales y creadas), con capacidad transformadora por poseer raciocinio, que para proveerse de alimento, guarecerse de determinadas condiciones climáticas o simplemente alcanzar más confort, crea herramientas, acumula experiencia, sistematiza saberes, se confronta con la naturaleza y con los otros que supone diferentes. Este individuo se mueve por el deseo de satisfacción, por el miedo a lo incomprendido, y por el afán de pervivir (forma grupo y concibe sus mitos).  

Y en tercer lugar, lo más olvidado, lo que realmente constituye y da existencia al ser humano, eso que los poderes fácticos a través de la historia se han esmerado en ocultar, falsear, manipular: que lo verdadera y únicamente humano es lo social.

No existe el individuo sin el colectivo. Y esto es válido para otras especies vivientes. Algunas se extinguieron y otras están en peligro de desaparecer, por drásticos cambios ambientales, que en nuestro tiempo se aceleran por la intervención vertiginosa de la actividad humana.

En el humano se mantienen rasgos del origen animal, como los instintos, la interdependencia y lo gregario, pero se desarrollan como en ninguna otra forma de vida la comunicación y la creación: he allí lo específico del trabajo social que crea lo humano.

La economía es eso en principio: la búsqueda de los bienes de consumo y las formas de  organizar la producción, como componente imprescindible de la existencia y la formación social.

Surge la posesión comunitaria como necesidad existencial, y luego la propiedad particular como fuente de poder. El intercambio exige definiciones del valor relativo de los bienes frente a las necesidades y a las posibilidades: el valor de cambio. El mercado pasa a definir la noción de lo humano en cada etapa del devenir histórico, como expresión de esa categoría medular del proceso civilizatorio específico -y global- que es la mercancía. El verbo “tener” antecede al sustantivo “poder”, y éste se torna en relaciones que acrecientan la tenencia, y la acumulación como secuela de la contradicción trabajo-propiedad.

La lógica de la sociedad capitalista se encarga de ir triturando eso que la noción ingenua del humanismo quiere revivir con nostalgia: “Las relaciones inconmovibles y mohosas del pasado, con todo su séquito de ideas y creencias viejas y venerables, se derrumban, y las nuevas envejecen antes de echar raíces. Todo lo que se creía permanente y perenne se esfuma, lo santo es profanado, y, al fin, el hombre se ve constreñido, por la fuerza de las cosas, a contemplar con mirada fría su vida y sus relaciones con los demás” (Marx y Engels, 1848)

La confrontación por el poder radica en la racionalidad de sociedades basadas en el control de la propiedad, más allá de las necesidades de la comunidad. Entonces deja de existir lo “humano” como figura idealizada desde perspectivas mágico-religiosas.

La propiedad entendida como un fin en sí mismo que provoca saltos cualitativos en la evolución de todo lo humano, sea individual o colectivo, nos la presenta Galbraith como epicentro de la contradictoria dinámica social: “Y la cuestión de la propiedad pública o privada de los medios de producción marca la gran diferencia entre los mundos capitalista y socialista. De modo que aunque la aportación teórica romana haya sido escasa, no por ello dejó el genio romano de identificar y dar forma a la institución que, más que cualquier otra, constituiría el punto de mira de las aspiraciones personales, del desarrollo económico y del conflicto político en los siglos siguientes”.

La soledad del individuo entre la muchedumbre que rinde culto a la mercancía, lanza al humano al llamado “darwinismo” social, desvaneciendo toda noción de solidaridad, la competencia brutal convierte al semejante en objeto utilitario y/o potencial enemigo; nada que no contemple la cartilla de antivalores impuestos desde las exquisitas atalayas del neoliberalismo económico.

El humanismo homocéntrico se autodestruye por la voracidad del poder de los poderes: el capital transnacional. Las guerras y la destrucción de los ecosistemas nos muestran con nitidez la verdadera condición del humano. Hitler era tan humano como Netanyahu.

El “humanismo” cristiano que aflora en estas fechas –cada vez más ensordecido por las jugarretas del mercado- no se sostiene ante los demoledores martillazos de la cotidianidad, quedando marcado por el hereje aforismo del Manifiesto: “El socialismo cristiano es el hisopazo con que el clérigo bendice el despecho del aristócrata”.

Las selvas son devoradas por el afán de lucro de empresarios que en el nombre de su “Dios” asesinan a los pueblos originarios que sobrevivieron a la invasión que hace más de cinco siglos hicieron otros genocidas en nombre de “Dios”.

Es iluso insistir en lo “humano” como lo puro y virtuoso; y ofensivo a la dignidad, abusar de la creencia popular para eternizar la opresión, como han hecho las iglesias –salvo muy contaditas excepciones- a lo largo de la historia. Los nazis gozaron de bendiciones, como los sionistas son elegidos de un “dios”.

La ciencia está en medio de la contradicción como necesidad y fuente de poder. El control de las farmacéuticas por parte de los capitales transnacionales condena a la humanidad excluida a padecer todas las enfermedades sin derecho a nada: esa parte de la humanidad que aquella otra no consideró humanos, los invadió, les hizo guerras injustas, despojó de sus naciones y les esclavizó.

La creación artística es parte del juego: se está por la igualdad o se sirve de bufón al capital. Me ha dado pena ajena, mucha pena, por Blades y Milanés, otrora juglares de causas justas, trocados en tartufos por hechicería de los Stefan: ¡Humanistas a lo Posada Carriles!

“El dinero humilla a todos los dioses del hombre y los convierte en una mercancía…Hasta el mismo amor, la relación entre hombre y mujer, se trueca en un objeto comerciable”, llegó a expresar el judío Carlos Marx.

También el esclavista Aristóteles dijo lo suyo al respecto: “Hay hombres que convierten cualquier cualidad o cualquier arte en un medio de hacer dinero; lo toman por un fin en sí, y creen que todo debe contribuir a alcanzarlo”.

La humanidad es diversidad cultural, lingüística, nacional, más allá de la piel que tanto disgusto causa a las elites “blancas” y sus seguidores, con sus creencias, sus religiones…sus “blancas navidades”, con la blanca barba del consumismo y la nieve blanca de la frivolidad.

El poder feudal y el capitalista, los imperios mercantiles y el imperialismo, asumen para sí el poder del “creador”, “salvador”, “castigador”, “decisor” de destinos, fuente de poder político-racial-social, ritual y amuleto de poder personal; “derecho divino” a hacer las guerras: allí están los estragos causados por Estados Unidos, Inglaterra y la OTAN con argumentos falsos en países que quedaron destruidos. “Dios me habló”, dijo Bush sediento de sangre y ganancias.

Pero ni “Dios” ni el “humanismo” son culpables de ninguna atrocidad cometida por el humano. Ya decía Bolívar: “llamo humano lo que está más en la Naturaleza, lo que está más cerca de la primitivas impresiones”. Lo dijo en Cuzco tras el Inti Raymi de 1825.

Un nuevo juego de guerra acecha. Los capitales se disputan el control de los recursos naturales y los mercados. La pandemia no los detiene ni les hace modificar un ápice sus apetencias. Al contrario, sacan cuentas con su ábaco malthusiano para aprovechar la ocasión. Seguro que despoblar regiones ricas en minerales y fuentes de energía matando su gente por falta de vacunas les parece un negocio espectacular.

Una nueva civilización debe contemplar al menos estos tres elementos:

1.- Ética ambiental: el humano es apenas una parte de la Naturaleza, no su dueño.

2.- Propiedad común: desacralizar la propiedad privada, todos los bienes, incluida las ciencias y las tecnologías, son creaciones de la humanidad y a ella toda deben servir.

3.- Reivindicación de la ancestralidad: todos los pueblos merecen respeto a su ser colectivo, su cultura e historia; debe ponerse fin definitivo al colonialismo patriarcal y reiniciar el diálogo igualitario entre las naciones.

Esta es mi fe y no soy iluso ni optimista: hay mucha lucha que librar por esa sociedad que permita la coexistencia del humano entre sí y de éste con la Madre Natura. Sería la única forma de preservar la vida en el planeta, y no está predeterminado ni garantizado que podamos lograrlo.

 

Yldefonso Finol

martes, 21 de diciembre de 2021

LOS DICIEMBRES DE BOLÍVAR: la historia en una carta sin respuesta

 

                                            Obra cortesía de su autor Néstor Nava de Isla de Toas

Los diciembres de Simón Bolívar: la historia en una carta sin respuesta

Cuando su abuelo Feliciano Palacios murió en diciembre de 1793, con apenitas -ay pena penita pena- diez años, Bolívar ya era huérfano: su padre Juan Vicente había fallecido en enero de 1786, y su madre Concepción Palacios el 6 de julio de 1792.

Entre los nueve y doce años –periodo tan sensible en la vida de cualquier persona-  Simón se debate entre la orfandad absoluta, los conflictos existenciales típicos de la edad, extremados por las circunstancias adversas que le tocaron en particular a él, y los aprendizajes -formales o empíricos- que comenzaron a ser una de sus más grandes pasiones.

Es harto relatada la crisis familiar desatada el 23 de julio de 1795 cuando el mozuelo huye de su tutor legal el tío materno Carlos Palacios para refugiarse en casa de su hermana María Antonia, y cómo fue arrancado a la fuerza del regazo fraternal, para ser internado en la hacinada escuelita de Simón Rodríguez.

¡No hay mal que por bien no venga!, dice el paradójico refrán popular. Podríamos especular, en un exagerado determinismo psicosocial, que ese día nació el Simón Bolívar que hizo Historia.

Diciembre de 1796 es de preparativos de recluta. Un 14 de enero de 1797, Bolívar inicia su formación militar, al ingresar como cadete del Batallón de Blancos de los Valles de Aragua. En julio de 1798 es ascendido a subteniente. Se puede leer en su hoja de servicio: “valor conocido; aplicación, sobresaliente”.

En diciembre de 1798 está organizando su primer viaje a España. Zarpa en enero de 1799 por la Guaira, en el barco San Ildefonso, pasando por Veracruz a comienzos de febrero, aprovecha visitar la ciudad de México; luego de un poco más de una semana torna al mar y hace una breve pausa en La Habana, para arribar al puerto cántabro de Santoña en mayo y a la veraniega Madrid del Manzanares un mes después. Allí cumple sus 16 años.

Diciembre de 1800 encuentra al joven Simón Bolívar enamorado de la señorita española María Teresa Rodríguez del Toro, durante su estancia en Madrid.

Diciembre de 1801 pasa navidades en Bilbao con la familia de la novia.

El 15 de mayo de 1802 obtiene licencia real para contraer matrimonio y así lo efectúa once días después, el 26 de ese mes. Llegan a Caracas el 12 de julio.

Diciembre de 1802 está desesperado atendiendo a su tierna esposa que ha enfermado de fiebre amarilla en las haciendas de San Mateo. La lleva a Caracas buscando las mejores atenciones médicas, pero su amada fallece el 22 de enero de 1803.

Simón queda destrozado de espíritu. Se siente el ser más desdichado de la tierra, con sobradas razones. Justo cuando sintió florecer el amor en sus entrañas y su alma, otra vez el zarpazo de la parca lo azota como a un eterno castigado.

Diciembre de 1803 anda Bolívar en el Atlántico con la penosa misión de ir a comparecer ante la familia de María Teresa. Su mentor intelectual el Marqués de Uztáriz le recomienda viajar a París. Allí se codea con sabios reconocidos como Humboldt y Bonpland. Pero el hecho más emotivo y significante de ese viaje lo fue sin duda el reencuentro con su maestro Simón Rodríguez, con quien en la primavera de 1805 iniciará un largo recorrido que marcará hondamente la formación política del futuro Libertador.

Pasa diciembre de 1804 en Paris, donde presencia el día 2 la coronación de Napoleón I. En abril de 1805 inicia el viaje de su definitiva conversión con el maestro Simón Rodríguez; el 15 de agosto, en presencia de Simón Rodríguez y Fernando toro, bolívar jura en el Monte Sacro de Roma no dar reposo a su alma ni descanso a su brazo hasta que no haya logrado libertar al mundo hispanoamericano del dominio español.

En 1806 sale de París en septiembre vía Alemania, tomando un barco en el puerto de Hamburgo rumbo a la América del Norte. Ese diciembre lo pasa navegando por el Atlántico Norte y en enero de 1807 llega a Charleston, Carolina del Sur. En tierra visita Filadelfia, Nueva York y Boston. Fue su única visita a Estados Unidos.

Desde 1808 a 1809 casi todos los mantuanos conspiraban contra la corona española. El 19 de abril de 1810 es destituido el Capitán General Vicente de Emparan. El 24 de mayo la Junta de Caracas asciende a capitán a Simón Bolívar, y el 2 de junio acuerdan enviarlo en misión diplomática a Londres, junto a Luis López Méndez y Andrés Bello, para tratar de ganar reconocimiento para el nuevo gobierno. Hacia el 10 de julio llega la delegación a Portsmouth, logrando en pocas semanas ser atendidos por el ministro de relaciones exteriores británico, Marqués de Wellesley. Destaca el contacto con Miranda, quien se convence de venir al país.

Esas fiestas decembrinas las pasó Bolívar en Caracas rindiendo cuentas de su viaje.

El año de 1811 comienza con el impulso propulsor del ánimo nacionalista que sentía nacer de sus manos la república independiente. El 2 de marzo se reúne en Caracas el Congreso Constituyente de la Primera República de Venezuela.

Simón Bolívar pronuncia unas palabras que resonarán en el mero corazón de la Sociedad Patriótica. Ante las dudas, las dilaciones, los delicados excesos de prudencia, el futuro Libertador exclama: “¿Trescientos años de calma no bastan?”. Tempranamente tuvo claro que la lucha era contra toda la colonización, no sólo contra el dominio político circunstancial. El 5 de julio el Congreso proclamó la independencia de Venezuela. Bolívar es ascendido al rango de coronel a mediados de agosto.

El 1812 es año de guerra inexperta y terremoto. Bolívar logra llegar refugiado a Cartagena. Gracias al gran conocimiento de los caminos rurales, y a las muchas amistades en su región vital, Bolívar consigue mantenerse clandestino en Caracas y sus cercanías. Un amigo personal, el vasco Francisco Iturbe, logra proveerlo de un pasaporte a condición que debe abandonar el territorio de Venezuela inmediatamente. Pasa a la isla de Curazao, donde se esconde desde el 1° de septiembre hasta mediados de octubre que alcanza zarpar hacia Cartagena.  El 2 de noviembre ya se encuentra en la amurallada Cartagena de Indias.

Este diciembre de 1812 está el aún desconocido Simón Bolívar en Cartagena. El 15 de diciembre lanza su ópera prima en materia de manifiestos con el título “Memoria de un caraqueño a los ciudadanos de la Nueva Granada”, mejor conocida como el “Manifiesto de Cartagena”, haciendo un descarnado balance de la caída de la Primera República de Venezuela y aportando importantes reflexiones para una nueva estrategia independentista. Navidad en Tenerife, San Benito en Mompox y vísperas de Noche Vieja en Guamal.

Comienza 1813 en Ocaña. En San Cayetano, a orillas del río Zulia, se suman los refuerzos, entre los que viene un patriota maracaibero de nacimiento y bogotano de insurrección, que pronto sería uno de los más fieles camaradas de armas y amigo muy querido de Simón Bolívar: Rafael Urdaneta. El 28 de febrero liberan Cúcuta y siguen hacia La Grita. Hay insubordinación de tropas neogranadinas azuzadas por Manuel del Castillo y Francisco Santander. Al contrario, Urdaneta da un espaldarazo fundamental al nuevo líder: “General: si con dos hombres bastan para emancipar la Patria, pronto estoy a acompañarlo a Usted”. Así nació la Campaña Admirable.

El 6 de agosto Bolívar entra triunfante en Caracas culminando la que se conocería como Campaña Admirable, partera de la Segunda República de Venezuela.

Bolívar está dichoso en su Caracas. El 14 de octubre la municipalidad lo nombra Capitán General de los Ejércitos de Venezuela y le ratifica el título -antes aclamado en Mérida- de Libertador.

En un informe del 31 de diciembre de 1813, argumenta su propuesta de unidad: “Si en estos siglos de ignominia, en que un continente más poblado y más rico que la España, fue la víctima de las miras pérfidas del Gabinete de Madrid; si este pudo desde dos mil leguas de distancia, sin enormes fuerzas, mantener la América desde el Nuevo México hasta Magallanes bajo su duro despotismo, ¿por qué entre la Nueva Granada y Venezuela no podrá hacerse una sólida reunión?” Y propone su genial categoría geopolítica: el Equilibrio del Universo. 

Llega 1814. Bolívar y Mariño son derrotados por Boves y sus hordas en la Segunda Batalla de la Puerta el 15 de junio. En los primeros días septiembre, en Carúpano, el mando de Bolívar es desconocido por Ribas y Piar, quienes le lanzan graves acusaciones, al punto de encarcelarlo, y pensaron imponerle penas insalvables, si no hubiese escapado el 7 de septiembre de aquel tormentoso 1814. Logra salvarse huyendo por el Caribe a su querida Nueva Granada.

Enterado de la sabia retirada llevada a cabo por Urdaneta con sus fuerzas desde San Carlos en ruta inversa a la realizada durante la Campaña Admirable, el 27 de octubre de 1814 le escribe desde Ocaña: “Mi querido Urdaneta: Con la más grande satisfacción he sabido que Usted ha salvado el ejército de Caracas con el cual podemos decir que ha salvado las esperanzas de la república; este servicio es grande: este servicio lo aprecio yo en tanto como la más grande victoria, aunque algunos tengan que criticar una operación tan prudente y acertada; yo le doy a Usted las gracias en nombre de Venezuela, que si vuelve a ser libertada deberá a Usted este beneficio.”

El presidente Camilo Torres, quien ya lo había apoyado para entrar a Venezuela en 1813, le dice el 24 de noviembre: “Vuestra Patria no ha perecido mientras exista vuestra espada. Habéis sido un militar desgraciado, pero sois un grande hombre”.  El Gobierno de la Nueva Granada lo asciende a General de División y lo encarga de someter el Estado de Cundinamarca que se hallaba en disidencia de la Unión Granadina. El ejército salvado por Urdaneta estuvo en la primera línea de esta misión. Muchos fueron los servicios que estos dos compañeros de armas (y del alma) prestaron a la unidad e integridad de la actual Colombia. En esa ocasión fue que expresó en Proclama a la División Urdaneta: "Para nosotros la Patria es América". (Concepto original que debería ser respetado y citado tal cual lo expresó el autor Simón Bolívar). 

Este diciembre de 1814 lo pasó Bolívar en campaña militar. Cumplida la tarea encomendada, el 23 de enero de 1815 sale de Bogotá rumbo a Cartagena, con la misión de consolidar la liberación de la costa caribe, vía Santa Marta y Maracaibo, para reactivar la campaña libertadora en Venezuela. Los refuerzos que debía recibir de Cartagena le son negados. Allí están empoderados algunos de sus más acérrimos detractores: Castillo, el mismo que dos años atrás se insubordinó con excusas chovinistas en La Grita, y Bermúdez, quien llevó a los extremos su rencor hacia Bolívar.

Renuncia al mando vil que no surte efectos gratos a la causa, y el 8 de mayo de 1815 se va a Jamaica, donde pasa necesidades materiales extremas, lo intentan asesinar el 10 de diciembre, pero escribe su “Carta” más brillante. Ese diciembre entre Kingston y Haití reafirma su genio y su liderazgo. Otro 31 de diciembre buscando los tortuosos caminos de la gloria, está en Haití con el General Alexander Petion, quien con su sabiduría y generosidad salva solidariamente la causa de la Independencia de Venezuela.  

El año 1816 es el de las expediciones desde Haití: La de los Cayos que llega en mayo a la Isla de Margarita. Asalto a Carúpano y decreto de liberación de esclavos. La expedición pasa luego al puerto de Ocumare de la Costa, donde Bolívar se ve separado accidentalmente del grueso de sus fuerzas. Regresa a Haití, en donde organiza una segunda expedición desde Jacmel que llega a la Isla de Margarita a fines del año: otro diciembre bolivariano de luchas irreductibles entre polos, galerones y pastel de chucho. Y hay miserables que sólo se esmeran en nimiedades de su vida personal, como si el héroe no tuviese derecho al amor.

Muchos sucesos adversos que se tradujeron en la Primera República Bolivariana (Tercera República) con la entrada triunfal en Angostura. Momentos amargos se vivieron con el caso del General Manuel Piar. Pero aquel diciembre de 1817 hubo que comer mucha sapoara del Orinoco en Angostura para reponer tantas energías dejadas en el camino.

El 30 de enero del nuevo año Bolívar conoce a Páez, caudillo militar llanero, que terminó siendo socio de la oligarquía y los Estados Unidos en la destrucción del Proyecto Bolivariano.

Diciembre de 1818 El Libertador y sus compañeros están en ejercicio de gobierno y preparativos del Congreso que se instalará los primeros días del año 19. Desde junio tienen periódico: El Correo del Orinoco. Ese año tuvimos duelo epistolar con el agente gringo Juan Bautista Irvine. Bolívar comenzó a variar su opinión hasta entonces un tanto ingenua sobre los Estados Unidos.

El diciembre de 1819 en Angostura hay Constitución y Ley Fundamental de Colombia. Bolívar va triunfando en su estrategia unitaria. Para ello se hizo El Paso de los Andes, se ganó en Pantano de Vargas y Boyacá. Se fue forjando una nueva nacionalidad desde la épica de los pueblos que seguían la justa causa bolivariana.

Diciembre del 1820 tiene como obra de arte el Armisticio suscrito a finales de noviembre en Trujillo por Bolívar y Morillo, tremendo éxito diplomático para la República. De allí viajó a Bogotá, y pasando por Cúcuta inaugura la legislación republicana a favor de los derechos indígenas, el derecho laboral, la educación pública, entre otros temas pioneros.

Maracaibo se declara unida a la República en enero 28 de 1821 y la tregua se deshace. ¡A prepararse que viene Carabobo!

Diciembre de 1821 encuentra a Bolívar siendo Presidente de Colombia y elevándose como cometa al cénit de la gloria. Mueve fuerzas con el propósito de liberar el sur de Colombia que incluye Quito hasta Guayaquil.

El año 1822 lo hallamos en enero en Popayán. El 7 de abril rompe el muro realista al sur de Colombia en la Batalla de Bomboná. El 24 de mayo Sucre vence en Pichincha garantizando la gobernación de Quito, y en junio llega Bolívar esa bella ciudad de valles mágicos y volcanes seductores, donde conoce a la revolucionaria Manuela Sáenz. No digo más. En julio se encuentran en Guayaquil el Libertador Simón Bolívar y el héroe rioplatense General José de San Martín.

Diciembre del 1823 Bolívar descubre Perú. Es el segundo “extranjero” en entrar a libertar ese país de ancestralidad imperial que fue oprimido por el reino de España bajo la forma de virreinato. El primero fue San Martín. Pero sobre todo descubrirían una oligarquía, la más cobarde y parasitaria que tal vez hayan tenido las colonias hispanas.

La nueva República de Colombia y el Ejército Libertador cubrían una extensión de tres millones de kilómetros cuadrados que abarcaban desde el Atlántico al Pacífico con el istmo de Panamá como penacho, siendo el primer país que logra esta estratégica conformación territorial desde 1819, antes que los Estados Unidos con sus artimañas despojara el oeste a los pueblos originarios y a Francia, España y México los territorios apetecidos por los colonos angloparlantes de las Trece Colonias.

Por eso ese diciembre de 1823 que los gringos saben la llegada de Bolívar (el más temido y odiado por la élite gringa) lanzan la doctrina Adams-Monroe. Enero de 1824 la enfermedad le amarga unos días al Libertador.

Diciembre 1824 todo es gloria para el Ejército Bolivariano en Perú: el 7 de agosto vence en Junín, derrotando al Ejército Real del Perú; mientras Bolívar entra en Lima y restablece el sitio del Callao el 5 de diciembre, Sucre sella definitivamente la libertad indoamericana el 9 de diciembre en Ayacucho.  

Mientras el Libertador Simón Bolívar, el 6 de diciembre de 1824, ocupaba la ciudad de Lima, los ejércitos colombianos, al mando de Sucre, se desplegaban en formación de batalla en la histórica planicie de Ayacucho. El 7 de diciembre de 1824 firmó la histórica Circular dirigida a los Jefes de Estado de Hispanoamérica convocando la tan ansiada unión que debía decidirse en el Congreso de Panamá.

Las intrigas estadounidenses contra el proyecto bolivariano se acrecentaron y perfeccionaron. Crearon la primera organización de espionaje continental, antecedente de la CIA, sólo para vigilar y sabotear el Proyecto Bolivariano.

La Navidad de 1825 está El Libertador con su Maestro Simón Rodríguez en Chuquisaca, Bolivia. Simbólicamente podríamos graficar sobre el plano el punto más alto desde el cual comienzan a entretejerse las circunstancias que anunciarían el inicio del ocaso.   

Las noticias de división se inauguran en 1826 en la propia Venezuela. El aparato conspirador urdido por el alto gobierno estadounidense comienza a captar acólitos y va colocando sus intrigas en donde sabe que brotarán más pronto los espinales. Páez se la juega con la oligarquía central y surge la Cosiata como expresión del entramado divisionista.

En diciembre de 1826 –luego de cinco años dedicados al Sur- El Libertador entra por Maracaibo para dialogar con Urdaneta sobre cómo resolver la crisis en ciernes. Aunque sabe que con Páez la opción armada es casi inevitable, jura impedir una guerra civil a costa de su propia gloria. Allí quedó la Proclama de Maracaibo como oración por la paz y la convivencia entre hermanos.

Pero Bolívar, que ya gozaba un oasis caraqueño con la situación venezolana más o menos controlada, tuvo que acudir de nuevo a las cada vez más complicadas cuestiones de gobierno en Bogotá. Sale de Caracas el 5 de julio.

¿Qué lo obliga a salir del lugar donde se hallaba más cómodo y bien acogido, resolviendo una situación muy delicada para el futuro inmediato de la causa patriótica?

El 19 de junio le escribe a Urdaneta: “La últimas noticias que me han llegado del Sur me han obligado a variar de plan y de posición. Ya Usted verá cómo las tropas rebeldes de Lima han invadido a Guayaquil y amenazan desde allí y desafían Colombia entera. ¿Puede saberse esto sin sentir la más viva indignación? Usted me ha vista indiferente a todas las intrigas de Bogotá, aguardar tranquilo el resultado del Congreso sin tomar parte en nada, pero cuando el ultraje ha ido hasta invadir la república y emplear las armas para imponer a los pueblos y oprimir la voluntad nacional, no es posible resistir a los impulsos del patriotismo y del deber”.

El 18 de julio ya está en Cartagena. Desde allí también refiere a Urdaneta sobre las intrigas de Santander. Diciembre del 1827 en Buga está organizando un encuentro con Páez para resolver las diferencias y pensando en la salvación de la Patria, como corresponde a su elevado espíritu de revolucionario auténtico.

Los agentes gringos ubicados estratégicamente en las capitales van tejiendo toda clase de rumores, mientras van promoviendo los parroquialismos e individualismos de ambiciosos que aspiraban el poder así fuese a costa del descuartizamiento de la original Colombia.

Convocada la Convención de Ocaña para dilucidar las diferencias sobre el tipo de gobierno y el sistema que debía regir la construcción de la joven república, Bolívar se instala en Bucaramanga. En septiembre sus enemigos van a asesinarle junto a sus más cercanos camaradas, aunque fracasan por la resistencia bravía de éstos y el apoyo popular que está sin ninguna duda del lado de su Libertador. Mal diciembre ese de sinsabores y decepciones que mellaron el ánimo del Gran Genio de América.

La oligarquía peruana azuzada por los agentes norteamericanos (William Tudor) y sus lacayos peruanos Luna Pizarro y José de la Mar, invadieron el territorio sur de Colombia en Guayaquil, provocando la acción decidida de Bolívar de defender la malograda soberanía y poner a los traidores en su sitio. 

Los meses finales del año 1828 Bogotá es la “noche septembrina”. También la lealtad de las mejores camaraderías: Manuela y Urdaneta. Gestos ladinos desde la Venezuela de Páez. Los arribistas alborotadores del Cauca lo ensombrecen todo. Diciembre del 28 es la develación del vínculo de Santander con la revuelta en Perú y cómo éste alentó aquella inquina con promesas de complicidad bogotana. También se supo que el traidor mayor invitó a Bermúdez a hacer algo similar en el oriente venezolano. Son los días decembrinos que pasa Bolívar en Bojacá.

Febrero de 1829 nos enfrenta a la corrupta y traidora elite peruana por su jactancia expansionista sobre Guayaquil. El 1° de enero Bolívar recibe el año en Purificación rumbo a Neiva. Tiene en sus manos pruebas de la implicación de Obando y los santanderistas en la jugada peruana. Los traidores le están entregando Ecuador a la oligarquía limeña para despedazar la unidad hispanoamericana y postrarnos ante el patrón yanqui, quedándose cada caudillo con una migaja del banquete. Padilla va por su feudo en el Magdalena. El Libertador debe atender a la vez una guerra estúpida provocada por la necedad de la oligarquía peruana lisonjeada por Estados Unidos y las tropelías de unos ambiciosos señores feudales que se reparten Colombia como res recién sacrificada.

El Mariscal de Ayacucho con la mitad de la fuerza que tenían los invasores peruanos,  los deshace como a soldaditos de juguete el 27 de febrero en Tarqui. En vez de humillarlos y desbaratarlos, les tiende la mano de la reconciliación con el Tratado de Girón, que los derrotados engreídos intentan burlar con estiradas excusas. Bolívar se instala en la zona a consolidar la paz: ese cálido y anhelado puerto de llegada para todas sus luchas. El santanderismo abusa de esa ausencia y de la mano de sus amos estadounidenses fermentan las pócimas de la destrucción.

De hecho estuvieron metidos en lo del Perú depravadamente. Las intenciones peruanas eran conocidas por Bolívar, por una carta que el General Heres había enviado a su amigo el General en Jefe Rafael Urdaneta, en la que decía: “Voy descubriendo aquí cosas muy buenas, en una mesa pública, brindando Lamar por Santander, añadió que venían llamados por él, que había sugerido los planes de invasión. La intención era ir hasta Juanangú, convocar un Congreso en Quito, y separar el Sur con el título de República del Ecuador. La Mar debía ser Presidente como hijo del Azuay, y Gamarra del Perú, reuniéndole a Bolivia”.

A pesar de los crímenes atroces cometidos por los ocupantes peruanos en Guayaquil, al final se acuerda con Gamarra el armisticio al que se negaba La Mar con dilaciones, y Bolívar entra a la ciudad que lo recibe gozosa y donde celebra su 46 cumpleaños. El 5 de septiembre hace su famosa predicción sobre el carácter falaz de los Estados Unidos en Nuestra América.  

Diciembre de 1830 El Libertador llega a Santa Marta. Todavía el día 21 recibe una carta de su hermano de luchas y vida Rafael Urdaneta: “Vuestra Excelencia puede evitar esta (guerra fratricida) haciéndose cargo del Gobierno. Los pueblos del Centro han proclamado a Usted como Jefe de la Nación, y los del Sur y Popayán como padre y protector; y poseyendo Usted la confianza de todos, está llamado a hacer la dicha común y a cortar de raíz los males de mucha trascendencia, que nos amenazan de una absoluta destrucción. Sea que Usted piense que debe establecerse la unión, sea que opine por la división en tres Estados, Vuestra Excelencia, con su prestigio y su influencia, podrá ejecutar una u otra cosa en beneficio de los pueblos, que con diversas denominaciones le han llamado depositándole su confianza para que los salve.

Ruego por tanto a Usted, por cuarta vez, para que acepte el Gobierno y venga cuanto antes a hacerse cargo de él. Que el bien común decida a Vuestra Excelencia, y que atendiendo a las circunstancias de este desgraciado país, se resuelva a admitir el gobierno, y libertarle de las calamidades de que está amenazado si Vuestra Excelencia  no lo admite, son mis deseos y los de todos estos habitantes.

Soy de Usted con sentimientos de respeto y distinguido aprecio, obediente servidor.”

Cuánta razón tenía Urdaneta en esa carta desesperada a su amigo El Libertador Presidente de Colombia. Todos sus temores y advertencias se cumplieron irremediablemente.

Han muchos diciembres de esa carta llena de amor por la patria, por la vida y la humanidad, que aún espera –y merece- una respuesta favorable.

 

Yldefonso Finol

Historiador Bolivariano

Maracaibo, 21 diciembre de 2021

miércoles, 24 de noviembre de 2021

Rita Ocando de Finol y la emancipación de la mujer (a 40 años de su siembra)

 


Rita Ocando de Finol y la emancipación de la mujer (a 40 años de su siembra)

Rita Ocando de Finol nació con el nombre de Rita Benicia Chacón el 24 de agosto de 1939 (aunque su partida de nacimiento y cédula de identidad fechan el 26) en la población de El Moján, por entonces distrito Mara del estado Zulia, República de Venezuela. Fue su madre Araminta Chacón Cardozo y su padre Ángel Antonio Ocando Morales, quien la reconocería legalmente cuando ya tenía 16 años, por eso sus apellidos legales -según la tradición patriarcal y el Código Civil- fueron Ocando Chacón, hasta casarse con Ildemaro Finol y adoptar –según los mismos cánones- el “de Finol”.

Cuando Rita nació, Araminta, igual a tantas mujeres de nuestras naciones, fue madre y padre (como se suele decir), heroína de la república humana, esa que sólo se constituye con espíritus indoblegables, con valores altruistas, con el amor que “convierte en milagro el barro”. Araminta no se amilanó por su condición de madre en solitario, muy estigmatizada en esa época culturalmente marcada por el machismo predominante en las leyes, las religiones, la burocracia y el vecindario. Con su niña a cuestas se mudó Araminta al pueblo de Carrasquero, donde fue destacada por el ministerio de educación como primera maestra de escuela, para lo cual hubo de formarse en los centros de magisterio creados ad hoc, y cumplir los exigentes requisitos pautados por entonces bajo el enfoque de Arturo Uslar Pietri. En esa comarca ribereña del río Limón, la maestra Araminta conoció a José Ramón Labarca, con quien contrajo matrimonio y quien fungió responsable y cariñosamente como padre de crianza de Rita.

El apogeo petrolero en predios marenses llevó a la familia Labarca Chacón a establecerse en Campo Mara, donde las empresas de hidrocarburos se apuraban en extraer los petróleos livianos que brotaban ancestralmente de esas tierras, que los originarios habitantes conocían como mene. Llevaban la oficina de correos, y Rita hacía sus estudios en los clásicos colegios creados en los campos petroleros, mezcla de instrucción pública tutorada por la transnacional gringa o anglo-holandesa que poseyera la concesión.

En esas aulas conocería a un maestro en particular que alguna influencia pudo tener en sus ideas sociales. Se llamaba Silvino Varela, un alto y delgado caballero de modales marciales que, aparte de impartir clases a su alumnado, secretamente organizaba la clase trabajadora en los llamados “sindicatos rojos”. Algún papelillo le pidió llevar escondido en sus zapatos de liceísta con mensajes cifrados para un “camarada” que pasaría discretamente a retirarlo en el correo. También se rozaban sus días de adolescente con las entusiastas recolectas de “un bolívar para la Sierra Maestra” que se organizaban en solidaridad con la lucha del pueblo cubano contra la dictadura de Fulgencio Batista.

Rita no habló de estas cosas hasta que ya siendo adulta y afinque de familia, narró a este cronista, con mucha timidez, aquellos cándidos acercamientos a los asuntos políticos.

Sus estudios los continuó en Maracaibo, llegando a graduarse de Bachiller Comercial en el Colegio María Montessori, donde fue invitada a ingresar como docente de dicha institución. En esa profesión se desempeñaba aún a tierna edad cuando el amor la convocó a formar su propio hogar y asumir plenamente las obligaciones que el modelo societario imponía a la mujer en el rol de “ama de casa”. A los 18 años contrajo matrimonio con Ildemaro Finol Parra, joven egresado de la Escuela Artesanal como Técnico Electricista y absorbido por la transnacional petrolera Shell.    

Rita dio a luz cinco hijos en seis años: Ildemaro, Ildefonso, Amira, Josefina e Ildegar. Pero tiempo encontraba para crear y producir en base a los múltiples talentos de que estaba dotada, con lo cual siempre trabajó en la generación de bienes que fueron parte permanente de la economía familiar. Poseedora de una ortografía impecable y preciosa caligrafía, Rita Benicia –como la llamaba su mamá e institutriz- dominaba una interesante lista de artes y oficios que aprendió con Araminta: corte y costura, bordado, tejido, entre otros, y los que estudió en la educación formal: taquigrafía, mecanografía, contabilidad, etc… además de poseer una gran afición a la lectura y el estudio del idioma.

Amaba los libros como la vida misma. El idioma fue una pasión constante en Rita. Lectura y escritura serán placeres más que tareas cotidianas. Leer y descifrar significados, indagar en los orígenes de las palabras, jugar con ellas como ritual de encuentros amistosos, ayudaron a formar un intelecto inquieto, ávido de saberes, presto a lo sensible. Cantar tangos y canciones en italiano mientras lavaba en la batea era una vivencia cotidiana en nuestro patio.

De los diccionarios, revistas, periódicos, repertorios poéticos, novelas clásicas, se avanzó al debate de lo social y político. Nunca faltaron las Biblias, a cuyas diversas versiones dedicó siempre especial estudio, en conversatorio ecuménico con las confesiones tradicionales y otras minoritarias. Muy creyente y espiritual, asumió el mensaje cristiano como doctrina de la solidaridad y la igualdad, tal como se comprende en la denominada Teología de la Liberación. 

La ruta a ese nuevo pensamiento emancipador en la ejemplar “ama de casa” comenzó con una novela rusa que uno de sus hijos le dejó sobre la máquina de coser Singer, instrumento de trabajo que le servía para uno de los oficios con que apoyaba la economía familiar.

“La Madre”, de Máximo Gorki, cambió radicalmente el estilo de vida de Rita, problematizando su rutina, que comenzó a esfumarse como la madrugada ante el parto del sol. Se identificó profundamente con aquella mujer que por instinto condenó la represión contra los trabajadores, enfrentando los peligros a que se arriesgaba su hijo por una causa moralmente superior. En vez de huir, de acobardarse, se solidarizó, se hizo protectora y cómplice imprescindible.

Los libros “inocentes” que solía leer comenzaron a ser sustituidos por otros que hacían estremecer la cotidianidad aparentemente calma. “Así se templó el acero” de Nikolai Ostrosky; “La revolución no ha terminado” del Coronel Hugo Trejo; “En Cuba” de Ernesto Cardenal; y uno muy especial (“La emancipación de la mujer”, de Lenin) donde leyó la ciencia de rebelarse contra un mundo opresor: “La tarea principal del movimiento obrero femenino consiste en la lucha por la igualdad económica y social de la mujer, y no sólo por la igualdad formal. La tarea principal es incorporar a la mujer al trabajo social productivo, arrancarla de la esclavitud del hogar, liberarla de la subordinación -embrutecedora y humillante- al eterno y excepcional ambiente de la cocina y del cuarto de los niños. Esta es una lucha prolongada, que requiere una radical transformación de la técnica social y de las costumbres”.

Esas ideas lanzadas el 4 de marzo de 1920 en el periódico ruso Pravda, en su edición del 8 de marzo, fueron la espoleta de un cambio radical en la vida de Rita. Su casa, permanente referencia de caridad con la vecindad humilde que allí encontraba alimento y medicina, cuidados para niñas y niños desvalidos, para los enfermos y ancianos, ahora también sería el lugar de reunión de militantes revolucionarios, círculos de lectura y espacio de gestión cultural cargada de patriotismo y búsqueda de identidad colectiva.

Esto ocurría al comienzo del segundo lustro de la década de los setenta, abriéndose la etapa de militancia clandestina de Rita en el Partido de la Revolución Venezolana (PRV-RUPTURA) que dirigían los comandantes guerrilleros Douglas Bravo, Alí Rodríguez y Francisco Prada, entre otros.

Entre las primeras tareas asignadas a la camarada Rita, estuvo la de reunir un grupo de mujeres que estudiaran teoría revolucionaria en los textos clásicos del marxismo y los documentos del Partido, incluido el periódico Ruptura que comenzó a circular por aquel tiempo y servía –según la concepción leninista- para “propagar, agitar y organizar”. La actividad no llamaba la atención de los curiosos porque en casa de Rita era normal la concurrencia de amigas que venían a charlar de sus asuntos, buscar consejos o simplemente acicalarse un poco pintándose las uñas y peinándose.

El cambio de situación llevó a Rita a involucrase en trabajos de la administración pública, primero como secretaria en la Sindicatura Municipal y luego en el Registro Subalterno de municipio Mara. Los vínculos familiares con el partido legal Movimiento Electoral del Pueblo (MEP) del maestro Luís Beltrán Prieto Figueroa, que también pregonaba a su manera la liberación nacional y el socialismo, permitieron gestar la idea de que la “señora Rita”, ingresase al equipo local de la mano de su cuñado Nerio Finol, fiel y apasionado activista de dicho movimiento prietista. El PRV consideraba de utilidad esta táctica a los fines de legitimar y proteger a la militante clandestina, a la vez que se promovía un liderazgo comprometido con la revolución y la política de alianzas como parte importante del frente de masas.

Por su parte la célula abierta del brazo político RUPTURA realizaba su trabajo desde un palafito en el barrio añú del Moján (Nazaret), hasta donde llegó la ola represiva del gobierno de Carlos Andrés Pérez en agosto de 1976, con asedios, allanamientos y persecución. Algunos de los compañeros fueron detenidos y torturados. Esta prueba de fuego puso en jaque la embrionaria presencia del PRV en la zona, y despertó mayores preocupaciones y temores en la madre que sintió en carne propia lo que había leído de experiencias lejanas, o escuchado de tiempos dictatoriales pasados. El hijo que la acercó a esta aventura debía separarse de casa por un tiempo según instrucciones superiores, y todo el grupo aplicar las medidas de seguridad que el sentido común y la disciplina partidista exigían.

El trago amargo no hizo mella en el compromiso de Rita. La política de masas lanzada desde el trabajo cultural con el Movimiento de los Poderes Creadores del Pueblo Aquiles Nazoa (MPCPAN), motivó la creación del grupo Amigos de la Cultura, del cual Rita Ocando de Finol fue anfitriona de la reunión constitutiva, cofundadora e integrante de la directiva. En esta época colaboró en la edición de diversas publicaciones como el periódico artesanal Tres Esquinas y el libro de sonetos del desaparecido poeta mohanense José Joaquín Bravo Ríos, cuyos textos manuscritos transcribió y corrigió minuciosamente.

Junto al núcleo de RUPTURA participó en 1977 en el Primer Encuentro Armando Molero de Cultura Popular realizado en Maracaibo como correlativo del MPCPAN. Este activismo le dio muchas satisfacciones por el despliegue de múltiples iniciativas artísticas y comunitarias, iniciándose en forma pionera las consciencias ecologistas, indigenistas y la cultura popular como vías de generación de un amplio movimiento social de vocación transformadora.

En el año de 1979 se realiza el Primer Encuentro Nacional Indígena de Venezuela, y como siempre, la casa de Rita Ocando de Finol se convierte en base de apoyo de tan significativa convocatoria, que marcó un hito sin lugar a dudas en el desarrollo del movimiento reivindicativo de los pueblos originarios en nuestro país.

Una feliz noticia nos llegó desde Nicaragua. El dictador había sido derrotado por el pueblo de Sandino. Las jornadas de solidaridad con el Frente Sandinista de Liberación Nacional contaron con el concurso entusiasta de Rita. Durante la visita del poeta Ernesto Cardenal a Maracaibo para traer personalmente el agradecimiento del FSLN, nuestra delegación tuvo el honor de incluirla. Resultó tan emocionante para Ella, que no pudo evitar las lágrimas cuando se abrazó al sacerdote Cardenal mientras éste le dedicaba un ejemplar del libro “50 años de lucha sandinista” de Humberto Ortega Saavedra. Esa era la camarada Rita, un alma especial, una vocación sensible y vibrante de humanidad.

Ese mismo año, convocadas como fueron las elecciones separadas de los Concejos Municipales, recibimos la orientación de intentar participar, luego de una trayectoria de radical abstencionismo. Se propuso crear un grupo de electores con el nombre de Unidad Marense, con Rita de Finol y otras figuras notables de la comunidad, abanderando una lista de gran dignidad para las concejalías; aunque se cumplieron todos los requisitos legales, se truncó esa posibilidad por las malas prácticas que predominaban en el viejo Consejo Supremo Electoral, dominado por los partidos del sistema Acción Democrática y Copei.

La discusión sobre un viraje táctico en filas del PRV, llevó a estadios complejos de “rebelión interna e irreverencia a la autoridad”, en un marco de cuestionamiento de la sacralización de la lucha armada, las tendencias foquistas y el sectarismo, como frenos al desarrollo del movimiento revolucionario. En cualquier momento tocaría vivir la crisis interna que cundía como un virus en la izquierda latinoamericana. El torbellino fue inevitable. La división entre “los jefes” destruyó aquella otra familia que para Rita eran sus compañeros. Vinieron días de profunda tristeza para muchas buenas personas. Pero la vida y la luchan continúan. No fue fácil procesar anímicamente aquella fractura, ni nunca se pudo evaluar cuánto incidió realmente la triste coyuntura en el devenir de quienes la sufrieron.  

El proceso de formación profesional de Rita fue modesto aunque fértil. Las oportunidades eran escasas, sin embargo, entre sus titulaciones agregó –con las máximas calificaciones- todos los niveles del curso superior de contabilidad del INCE, que incluía la complicada contabilidad de costos.

Los últimos años de su brevísima vida laboró en una entidad bancaria, fungiendo simultáneamente como formadora del personal que era incorporado a nuevas sedes en la región. Estaba siendo promovida a cargos gerenciales cuando se le descubrió cáncer de hígado en julio de 1981.

Rita, la hija de Araminta Chacón, madre adorada por sus cinco hijos, falleció el 25 de noviembre de 1981, a la temprana edad de 42 años.

Pasado mucho tiempo, su amiga de juventud y cuñada Aida Finol, relató que siempre le venía el recuerdo que la conmovió muchas veces al visitarla: “Rita cosiendo en su máquina, con sus pequeños hijos sentados a su alrededor”.

Esa imagen, en tonos sepias, flota en el espíritu de esta crónica como un poema de amor, una evocación de historias inasibles, fugaces, pero imperecederas.

 

Yldefonso Finol