*FELÍZ 31 DE DICIEMBRE DE 2021*
viernes, 31 de diciembre de 2021
POR UN AÑO NUEVO, NUEVO DE VERDAD
*FELÍZ 31 DE DICIEMBRE DE 2021*
FIN DE AÑO, !VIVA LA VIDA!
Fin de año, ¡viva la vida!
Se va el dos mil veintiuno
Con beso de Marte y Luna
Se va sin dejar fortuna
Ni legar tesoro alguno
Se va como inoportuno
Ladrón de muchas sonrisas
Que convirtió en cenizas
Vidas que fueron amores
Esfumados cual vapores
Que desvanecen las brisas.
II
Abrazo a quienes el luto
Aflige y se creen hundidos
Seres amados perdidos
Arrebatados cual fruto
Del destino cruel y bruto
Contra el amor ensañado
En un mundo atribulado
Por la más feroz pandemia
Donde la prudencia apremia
Y nadie está exonerado.
III
Entonces, amar la vida
Se exalta en necesidad
Valorar la intimidad
De la sensación vivida
Ver la planta florecida
Como una bendición
Y escuchar cada canción
Con el alma bien abierta
Pues cada día despierta
El sol en tu corazón.
IV
Que venga ya el veintidós
El veintitrés, veintisiete
Que el calendario sea ariete
Por la bonanza del nos
Cada cual pida a su Dios
Unidos codos con codos
En los más variados modos
Pero en completa armonía
Buena vibra en sinfonía
¡Feliz año para todos!
Yldefonso Finol
viernes, 24 de diciembre de 2021
Idealización de lo humano vs redefinición del humanismo
Idealización de lo humano vs redefinición del humanismo
Hoy, como todos los días estos tiempos recientes
(antes salía a comprar los periódicos y veía la televisión), enciendo temprano
el teléfono para ver noticias y saludar a las amistades madrugadoras. Gracias a
medios alternativos, me llegan titulares sobre Palestina: “Miles de colonos
israelíes llegaron hoy en autobuses hacia la aldea palestina de Burqa en
Cisjordania en preparación de pogromos bajo la protección del ejército de
ocupación israelí. Cantaron muerte a los árabes y llamaron a quemar sus aldeas.”
La tecnología actual me permite ver a los
protagonistas de la invasión saltar y gritar eufóricos con absoluta
prepotencia.
Simultáneamente me llegan –muchos, por suerte- los
mensajes acostumbrados en esta fecha, esos cargados de buenos deseos que
reivindican la idealización de una humanidad hermanada, esa que precisamente se
desmiente en los sucesos de Palestina; esa que yo, aunque lo intento año tras
año, no logro ver.
He visto sí, toda clase de lecturas y adivinanzas
sobre el devenir de esta humanidad sufriente de la primera pandemia del Tercer
Milenio. No deja de asombrarme la capacidad soñadora de quienes le atribuyen al
covid 19 el poder de provocar transformaciones estructurales del sistema
económico predominante y hasta del modelo civilizatorio impuesto desde tiempos
del colonialismo imperial europeo y reeditado en la era imperialista
contemporánea.
Pido disculpas por aguafiestas, pero no diviso esas
quimeras en el horizonte.
¿Qué condiciones del ser humano sobresalen de manera
crudísima en el marco pandémico mundial?
En primer -y obvio- lugar, nuestra condición de
frágiles seres biológicos. No somos más que eso en la hora de la existencia más
elemental; razón que debería bastar para que los “buenos deseos” de mis
amistades se cumpliesen al pie de la letra, así como ese eterno sueño por el
que ha luchado una parte de los humanos: la igualdad. Pero esto no ocurre por
efecto espontáneo, menos cuando –precisamente- esa esencial condición biológica,
lanza a millones de seres humanos al umbral de la sobrevivencia.
En segundo lugar, el humano, ese minúsculo ser de la
totalidad, constituye el elemento más problemático de la naturaleza: criatura
insaciable, de necesidades crecientes (naturales y creadas), con capacidad transformadora
por poseer raciocinio, que para proveerse de alimento, guarecerse de determinadas
condiciones climáticas o simplemente alcanzar más confort, crea herramientas,
acumula experiencia, sistematiza saberes, se confronta con la naturaleza y con
los otros que supone diferentes. Este individuo se mueve por el deseo de
satisfacción, por el miedo a lo incomprendido, y por el afán de pervivir (forma
grupo y concibe sus mitos).
Y en tercer lugar, lo más olvidado, lo que realmente
constituye y da existencia al ser humano, eso que los poderes fácticos a través
de la historia se han esmerado en ocultar, falsear, manipular: que lo verdadera
y únicamente humano es lo social.
No existe el individuo sin el colectivo. Y esto es
válido para otras especies vivientes. Algunas se extinguieron y otras están en
peligro de desaparecer, por drásticos cambios ambientales, que en nuestro
tiempo se aceleran por la intervención vertiginosa de la actividad humana.
En el humano se mantienen rasgos del origen animal,
como los instintos, la interdependencia y lo gregario, pero se desarrollan como
en ninguna otra forma de vida la comunicación y la creación: he allí lo
específico del trabajo social que crea lo humano.
La economía es eso en principio: la búsqueda de los
bienes de consumo y las formas de organizar
la producción, como componente imprescindible de la existencia y la formación
social.
Surge la posesión comunitaria como necesidad
existencial, y luego la propiedad particular como fuente de poder. El
intercambio exige definiciones del valor relativo de los bienes frente a las
necesidades y a las posibilidades: el valor de cambio. El mercado pasa a
definir la noción de lo humano en cada etapa del devenir histórico, como expresión
de esa categoría medular del proceso civilizatorio específico -y global- que es
la mercancía. El verbo “tener” antecede al sustantivo “poder”, y éste se torna
en relaciones que acrecientan la tenencia, y la acumulación como secuela de la
contradicción trabajo-propiedad.
La lógica de la sociedad capitalista se encarga de ir
triturando eso que la noción ingenua del humanismo quiere revivir con
nostalgia: “Las relaciones inconmovibles y mohosas del pasado, con todo su
séquito de ideas y creencias viejas y venerables, se derrumban, y las nuevas
envejecen antes de echar raíces. Todo lo que se creía permanente y perenne se
esfuma, lo santo es profanado, y, al fin, el hombre se ve constreñido, por la
fuerza de las cosas, a contemplar con mirada fría su vida y sus relaciones con los
demás” (Marx y Engels, 1848)
La confrontación por el poder radica en la
racionalidad de sociedades basadas en el control de la propiedad, más allá de
las necesidades de la comunidad. Entonces deja de existir lo “humano” como
figura idealizada desde perspectivas mágico-religiosas.
La propiedad entendida como un fin en sí mismo que
provoca saltos cualitativos en la evolución de todo lo humano, sea individual o
colectivo, nos la presenta Galbraith como epicentro de la contradictoria dinámica
social: “Y la cuestión de la propiedad pública o privada de los medios de
producción marca la gran diferencia entre los mundos capitalista y socialista.
De modo que aunque la aportación teórica romana haya sido escasa, no por ello
dejó el genio romano de identificar y dar forma a la institución que, más que
cualquier otra, constituiría el punto de mira de las aspiraciones personales,
del desarrollo económico y del conflicto político en los siglos siguientes”.
La soledad del individuo entre la muchedumbre que
rinde culto a la mercancía, lanza al humano al llamado “darwinismo” social,
desvaneciendo toda noción de solidaridad, la competencia brutal convierte al
semejante en objeto utilitario y/o potencial enemigo; nada que no contemple la
cartilla de antivalores impuestos desde las exquisitas atalayas del
neoliberalismo económico.
El humanismo homocéntrico se autodestruye por la
voracidad del poder de los poderes: el capital transnacional. Las guerras y la
destrucción de los ecosistemas nos muestran con nitidez la verdadera condición
del humano. Hitler era tan humano como Netanyahu.
El “humanismo” cristiano que aflora en estas fechas –cada
vez más ensordecido por las jugarretas del mercado- no se sostiene ante los
demoledores martillazos de la cotidianidad, quedando marcado por el hereje
aforismo del Manifiesto: “El socialismo cristiano es el hisopazo con que el
clérigo bendice el despecho del aristócrata”.
Las selvas son devoradas por el afán de lucro de
empresarios que en el nombre de su “Dios” asesinan a los pueblos originarios
que sobrevivieron a la invasión que hace más de cinco siglos hicieron otros
genocidas en nombre de “Dios”.
Es iluso insistir en lo “humano” como lo puro y
virtuoso; y ofensivo a la dignidad, abusar de la creencia popular para
eternizar la opresión, como han hecho las iglesias –salvo muy contaditas
excepciones- a lo largo de la historia. Los nazis gozaron de bendiciones, como
los sionistas son elegidos de un “dios”.
La ciencia está en medio de la contradicción como
necesidad y fuente de poder. El control de las farmacéuticas por parte de los
capitales transnacionales condena a la humanidad excluida a padecer todas las enfermedades
sin derecho a nada: esa parte de la humanidad que aquella otra no consideró
humanos, los invadió, les hizo guerras injustas, despojó de sus naciones y les
esclavizó.
La creación artística es parte del juego: se está por
la igualdad o se sirve de bufón al capital. Me ha dado pena ajena, mucha pena,
por Blades y Milanés, otrora juglares de causas justas, trocados en tartufos
por hechicería de los Stefan: ¡Humanistas a lo Posada Carriles!
“El dinero humilla a todos los dioses del hombre y los
convierte en una mercancía…Hasta el mismo amor, la relación entre hombre y
mujer, se trueca en un objeto comerciable”, llegó a expresar el judío Carlos
Marx.
También el esclavista Aristóteles dijo lo suyo al
respecto: “Hay hombres que convierten cualquier cualidad o cualquier arte en un
medio de hacer dinero; lo toman por un fin en sí, y creen que todo debe
contribuir a alcanzarlo”.
La humanidad es diversidad cultural, lingüística,
nacional, más allá de la piel que tanto disgusto causa a las elites “blancas” y
sus seguidores, con sus creencias, sus religiones…sus “blancas navidades”, con
la blanca barba del consumismo y la nieve blanca de la frivolidad.
El poder feudal y el capitalista, los imperios
mercantiles y el imperialismo, asumen para sí el poder del “creador”, “salvador”,
“castigador”, “decisor” de destinos, fuente de poder político-racial-social, ritual
y amuleto de poder personal; “derecho divino” a hacer las guerras: allí están
los estragos causados por Estados Unidos, Inglaterra y la OTAN con argumentos
falsos en países que quedaron destruidos. “Dios me habló”, dijo Bush sediento
de sangre y ganancias.
Pero ni “Dios” ni el “humanismo” son culpables de
ninguna atrocidad cometida por el humano. Ya decía Bolívar: “llamo humano lo
que está más en la Naturaleza, lo que está más cerca de la primitivas
impresiones”. Lo dijo en Cuzco tras el Inti Raymi de 1825.
Un nuevo juego de guerra acecha. Los capitales se
disputan el control de los recursos naturales y los mercados. La pandemia no
los detiene ni les hace modificar un ápice sus apetencias. Al contrario, sacan
cuentas con su ábaco malthusiano para aprovechar la ocasión. Seguro que despoblar
regiones ricas en minerales y fuentes de energía matando su gente por falta de
vacunas les parece un negocio espectacular.
Una nueva civilización debe contemplar al menos estos tres
elementos:
1.- Ética ambiental: el humano es apenas una parte de
la Naturaleza, no su dueño.
2.- Propiedad común: desacralizar la propiedad
privada, todos los bienes, incluida las ciencias y las tecnologías, son
creaciones de la humanidad y a ella toda deben servir.
3.- Reivindicación de la ancestralidad: todos los
pueblos merecen respeto a su ser colectivo, su cultura e historia; debe ponerse
fin definitivo al colonialismo patriarcal y reiniciar el diálogo igualitario
entre las naciones.
Esta es mi fe y no soy iluso ni optimista: hay mucha
lucha que librar por esa sociedad que permita la coexistencia del humano entre
sí y de éste con la Madre Natura. Sería la única forma de preservar la vida en
el planeta, y no está predeterminado ni garantizado que podamos lograrlo.
Yldefonso Finol
martes, 21 de diciembre de 2021
LOS DICIEMBRES DE BOLÍVAR: la historia en una carta sin respuesta
Obra cortesía de su autor Néstor Nava de Isla de Toas
Los
diciembres de Simón Bolívar: la historia en una carta sin respuesta
Cuando su abuelo Feliciano Palacios murió en diciembre
de 1793, con apenitas -ay pena penita pena- diez años, Bolívar ya era huérfano:
su padre Juan Vicente había fallecido en enero de 1786, y su madre Concepción
Palacios el 6 de julio de 1792.
Entre los nueve y doce años –periodo tan sensible en
la vida de cualquier persona- Simón se
debate entre la orfandad absoluta, los conflictos existenciales típicos de la
edad, extremados por las circunstancias adversas que le tocaron en particular a
él, y los aprendizajes -formales o empíricos- que comenzaron a ser una de sus
más grandes pasiones.
Es harto relatada la crisis familiar desatada el 23 de
julio de 1795 cuando el mozuelo huye de su tutor legal el tío materno Carlos
Palacios para refugiarse en casa de su hermana María Antonia, y cómo fue
arrancado a la fuerza del regazo fraternal, para ser internado en la hacinada
escuelita de Simón Rodríguez.
¡No hay mal que por bien no venga!, dice el paradójico
refrán popular. Podríamos especular, en un exagerado determinismo psicosocial,
que ese día nació el Simón Bolívar que hizo Historia.
Diciembre de 1796 es de preparativos de recluta. Un 14
de enero de 1797, Bolívar inicia su formación militar, al ingresar como cadete
del Batallón de Blancos de los Valles de Aragua. En julio de 1798 es ascendido
a subteniente. Se puede leer en su hoja de servicio: “valor conocido;
aplicación, sobresaliente”.
En diciembre de 1798 está organizando su primer viaje
a España. Zarpa en enero de 1799 por la Guaira, en el barco San Ildefonso,
pasando por Veracruz a comienzos de febrero, aprovecha visitar la ciudad de
México; luego de un poco más de una semana torna al mar y hace una breve pausa
en La Habana, para arribar al puerto cántabro de Santoña en mayo y a la
veraniega Madrid del Manzanares un mes después. Allí cumple sus 16 años.
Diciembre de 1800 encuentra al joven Simón Bolívar
enamorado de la señorita española María Teresa Rodríguez del Toro, durante su
estancia en Madrid.
Diciembre de 1801 pasa navidades en Bilbao con la
familia de la novia.
El 15 de mayo de 1802 obtiene licencia real para
contraer matrimonio y así lo efectúa once días después, el 26 de ese mes.
Llegan a Caracas el 12 de julio.
Diciembre de 1802 está desesperado atendiendo a su
tierna esposa que ha enfermado de fiebre amarilla en las haciendas de San
Mateo. La lleva a Caracas buscando las mejores atenciones médicas, pero su
amada fallece el 22 de enero de 1803.
Simón queda destrozado de espíritu. Se siente el ser
más desdichado de la tierra, con sobradas razones. Justo cuando sintió florecer
el amor en sus entrañas y su alma, otra vez el zarpazo de la parca lo azota
como a un eterno castigado.
Diciembre de 1803 anda Bolívar en el Atlántico con la
penosa misión de ir a comparecer ante la familia de María Teresa. Su mentor
intelectual el Marqués de Uztáriz le recomienda viajar a París. Allí se codea
con sabios reconocidos como Humboldt y Bonpland. Pero el hecho más emotivo y
significante de ese viaje lo fue sin duda el reencuentro con su maestro Simón
Rodríguez, con quien en la primavera de 1805 iniciará un largo recorrido que
marcará hondamente la formación política del futuro Libertador.
Pasa diciembre de 1804 en Paris, donde presencia el
día 2 la coronación de Napoleón I. En abril de 1805 inicia el viaje de su
definitiva conversión con el maestro Simón Rodríguez; el 15 de agosto, en
presencia de Simón Rodríguez y Fernando toro, bolívar jura en el Monte Sacro de
Roma no dar reposo a su alma ni descanso a su brazo hasta que no haya logrado
libertar al mundo hispanoamericano del dominio español.
En 1806 sale de París en septiembre vía Alemania,
tomando un barco en el puerto de Hamburgo rumbo a la América del Norte. Ese
diciembre lo pasa navegando por el Atlántico Norte y en enero de 1807 llega a
Charleston, Carolina del Sur. En tierra visita Filadelfia, Nueva York y Boston.
Fue su única visita a Estados Unidos.
Desde 1808 a 1809 casi todos los mantuanos conspiraban
contra la corona española. El 19 de abril de 1810 es destituido el Capitán
General Vicente de Emparan. El 24 de mayo la Junta de Caracas asciende a
capitán a Simón Bolívar, y el 2 de junio acuerdan enviarlo en misión
diplomática a Londres, junto a Luis López Méndez y Andrés Bello, para tratar de
ganar reconocimiento para el nuevo gobierno. Hacia el 10 de julio llega la
delegación a Portsmouth, logrando en pocas semanas ser atendidos por el
ministro de relaciones exteriores británico, Marqués de Wellesley. Destaca el
contacto con Miranda, quien se convence de venir al país.
Esas fiestas decembrinas las pasó Bolívar en Caracas
rindiendo cuentas de su viaje.
El año de 1811 comienza con el impulso propulsor del
ánimo nacionalista que sentía nacer de sus manos la república independiente. El
2 de marzo se reúne en Caracas el Congreso Constituyente de la Primera
República de Venezuela.
Simón Bolívar pronuncia unas palabras que resonarán en
el mero corazón de la Sociedad Patriótica. Ante las dudas, las dilaciones, los
delicados excesos de prudencia, el futuro Libertador exclama: “¿Trescientos
años de calma no bastan?”. Tempranamente tuvo claro que la lucha era contra
toda la colonización, no sólo contra el dominio político circunstancial. El 5
de julio el Congreso proclamó la independencia de Venezuela. Bolívar es
ascendido al rango de coronel a mediados de agosto.
El 1812 es año de guerra inexperta y terremoto.
Bolívar logra llegar refugiado a Cartagena. Gracias al gran conocimiento de los
caminos rurales, y a las muchas amistades en su región vital, Bolívar consigue
mantenerse clandestino en Caracas y sus cercanías. Un amigo personal, el vasco Francisco Iturbe, logra proveerlo de un pasaporte a condición que debe
abandonar el territorio de Venezuela inmediatamente. Pasa a la isla de Curazao,
donde se esconde desde el 1° de septiembre hasta mediados de octubre que
alcanza zarpar hacia Cartagena. El 2 de
noviembre ya se encuentra en la amurallada Cartagena de Indias.
Este diciembre de 1812 está el aún desconocido Simón
Bolívar en Cartagena. El 15 de diciembre lanza su ópera prima en materia de
manifiestos con el título “Memoria de un caraqueño a los ciudadanos de la Nueva
Granada”, mejor conocida como el “Manifiesto de Cartagena”, haciendo un
descarnado balance de la caída de la Primera República de Venezuela y aportando
importantes reflexiones para una nueva estrategia independentista. Navidad en
Tenerife, San Benito en Mompox y vísperas de Noche Vieja en Guamal.
Comienza 1813 en Ocaña. En San Cayetano, a orillas del
río Zulia, se suman los refuerzos, entre los que viene un patriota maracaibero
de nacimiento y bogotano de insurrección, que pronto sería uno de los más
fieles camaradas de armas y amigo muy querido de Simón Bolívar: Rafael
Urdaneta. El 28 de febrero liberan Cúcuta y siguen hacia La Grita. Hay
insubordinación de tropas neogranadinas azuzadas por Manuel del Castillo y
Francisco Santander. Al contrario, Urdaneta da un espaldarazo fundamental al
nuevo líder: “General: si con dos hombres bastan para emancipar la Patria,
pronto estoy a acompañarlo a Usted”. Así nació la Campaña Admirable.
El 6 de agosto Bolívar entra triunfante en Caracas culminando
la que se conocería como Campaña Admirable, partera de la Segunda República de
Venezuela.
Bolívar está dichoso en su Caracas. El 14 de octubre
la municipalidad lo nombra Capitán General de los Ejércitos de Venezuela y le
ratifica el título -antes aclamado en Mérida- de Libertador.
En un informe del 31 de diciembre de 1813, argumenta su propuesta de unidad: “Si en estos siglos de ignominia, en que un continente más poblado y más rico que la España, fue la víctima de las miras pérfidas del Gabinete de Madrid; si este pudo desde dos mil leguas de distancia, sin enormes fuerzas, mantener la América desde el Nuevo México hasta Magallanes bajo su duro despotismo, ¿por qué entre la Nueva Granada y Venezuela no podrá hacerse una sólida reunión?” Y propone su genial categoría geopolítica: el Equilibrio del Universo.
Llega 1814. Bolívar y Mariño son derrotados por Boves
y sus hordas en la Segunda Batalla de la Puerta el 15 de junio. En los primeros
días septiembre, en Carúpano, el mando de Bolívar es desconocido por Ribas y
Piar, quienes le lanzan graves acusaciones, al punto de encarcelarlo, y
pensaron imponerle penas insalvables, si no hubiese escapado el 7 de septiembre
de aquel tormentoso 1814. Logra salvarse huyendo por el Caribe a su querida
Nueva Granada.
Enterado de la sabia retirada llevada a cabo por
Urdaneta con sus fuerzas desde San Carlos en ruta inversa a la realizada
durante la Campaña Admirable, el 27 de octubre de 1814 le escribe desde Ocaña: “Mi
querido Urdaneta: Con la más grande satisfacción he sabido que Usted ha salvado
el ejército de Caracas con el cual podemos decir que ha salvado las esperanzas
de la república; este servicio es grande: este servicio lo aprecio yo en tanto
como la más grande victoria, aunque algunos tengan que criticar una operación
tan prudente y acertada; yo le doy a Usted las gracias en nombre de Venezuela,
que si vuelve a ser libertada deberá a Usted este beneficio.”
El presidente Camilo Torres, quien ya lo había apoyado
para entrar a Venezuela en 1813, le dice el 24 de noviembre: “Vuestra Patria no
ha perecido mientras exista vuestra espada. Habéis sido un militar desgraciado,
pero sois un grande hombre”. El Gobierno
de la Nueva Granada lo asciende a General de División y lo encarga de someter
el Estado de Cundinamarca que se hallaba en disidencia de la Unión Granadina.
El ejército salvado por Urdaneta estuvo en la primera línea de esta misión.
Muchos fueron los servicios que estos dos compañeros de armas (y del alma)
prestaron a la unidad e integridad de la actual Colombia. En esa ocasión fue que expresó en Proclama a la División Urdaneta: "Para nosotros la Patria es América". (Concepto original que debería ser respetado y citado tal cual lo expresó el autor Simón Bolívar).
Este diciembre de 1814 lo pasó Bolívar en campaña
militar. Cumplida la tarea encomendada, el 23 de enero de 1815 sale de Bogotá
rumbo a Cartagena, con la misión de consolidar la liberación de la costa
caribe, vía Santa Marta y Maracaibo, para reactivar la campaña libertadora en
Venezuela. Los refuerzos que debía recibir de Cartagena le son negados. Allí
están empoderados algunos de sus más acérrimos detractores: Castillo, el mismo
que dos años atrás se insubordinó con excusas chovinistas en La Grita, y
Bermúdez, quien llevó a los extremos su rencor hacia Bolívar.
Renuncia al mando vil que no surte efectos gratos a la
causa, y el 8 de mayo de 1815 se va a Jamaica, donde pasa necesidades
materiales extremas, lo intentan asesinar el 10 de diciembre, pero escribe su
“Carta” más brillante. Ese diciembre entre Kingston y Haití reafirma su genio y
su liderazgo. Otro 31 de diciembre buscando los tortuosos caminos de la gloria, está en Haití con el General Alexander Petion, quien con su sabiduría y generosidad salva solidariamente la causa de la Independencia de Venezuela.
El año 1816 es el de las expediciones desde Haití: La
de los Cayos que llega en mayo a la Isla de Margarita. Asalto a Carúpano y
decreto de liberación de esclavos. La expedición pasa luego al puerto de
Ocumare de la Costa, donde Bolívar se ve separado accidentalmente del grueso de
sus fuerzas. Regresa a Haití, en donde organiza una segunda expedición desde
Jacmel que llega a la Isla de Margarita a fines del año: otro diciembre
bolivariano de luchas irreductibles entre polos, galerones y pastel de chucho.
Y hay miserables que sólo se esmeran en nimiedades de su vida personal, como si
el héroe no tuviese derecho al amor.
Muchos sucesos adversos que se tradujeron en la
Primera República Bolivariana (Tercera República) con la entrada triunfal en
Angostura. Momentos amargos se vivieron con el caso del General Manuel Piar. Pero
aquel diciembre de 1817 hubo que comer mucha sapoara del Orinoco en Angostura
para reponer tantas energías dejadas en el camino.
El 30 de enero del nuevo año Bolívar conoce a Páez, caudillo militar llanero, que terminó siendo socio de la oligarquía y los Estados Unidos en la destrucción del Proyecto Bolivariano.
Diciembre de 1818 El Libertador y sus compañeros están
en ejercicio de gobierno y preparativos del Congreso que se instalará los
primeros días del año 19. Desde junio tienen periódico: El Correo del Orinoco.
Ese año tuvimos duelo epistolar con el agente gringo Juan Bautista Irvine.
Bolívar comenzó a variar su opinión hasta entonces un tanto ingenua sobre los
Estados Unidos.
El diciembre de 1819 en Angostura hay Constitución y
Ley Fundamental de Colombia. Bolívar va triunfando en su estrategia unitaria.
Para ello se hizo El Paso de los Andes, se ganó en Pantano de Vargas y Boyacá.
Se fue forjando una nueva nacionalidad desde la épica de los pueblos que
seguían la justa causa bolivariana.
Diciembre del 1820 tiene como obra de arte el
Armisticio suscrito a finales de noviembre en Trujillo por Bolívar y Morillo,
tremendo éxito diplomático para la República. De allí viajó a Bogotá, y pasando
por Cúcuta inaugura la legislación republicana a favor de los derechos
indígenas, el derecho laboral, la educación pública, entre otros temas pioneros.
Maracaibo se declara unida a la República en enero 28
de 1821 y la tregua se deshace. ¡A prepararse que viene Carabobo!
Diciembre de 1821 encuentra a Bolívar siendo
Presidente de Colombia y elevándose como cometa al cénit de la gloria. Mueve fuerzas con el propósito de liberar el sur de Colombia que incluye Quito
hasta Guayaquil.
El año 1822 lo hallamos en enero en Popayán. El 7 de
abril rompe el muro realista al sur de Colombia en la Batalla de Bomboná. El 24
de mayo Sucre vence en Pichincha garantizando la gobernación de Quito, y en
junio llega Bolívar esa bella ciudad de valles mágicos y volcanes seductores,
donde conoce a la revolucionaria Manuela Sáenz. No digo más. En julio se
encuentran en Guayaquil el Libertador Simón Bolívar y el héroe rioplatense General
José de San Martín.
Diciembre del 1823 Bolívar descubre Perú. Es el
segundo “extranjero” en entrar a libertar ese país de ancestralidad imperial
que fue oprimido por el reino de España bajo la forma de virreinato. El primero
fue San Martín. Pero sobre todo descubrirían una oligarquía, la más cobarde y
parasitaria que tal vez hayan tenido las colonias hispanas.
La nueva República de Colombia y el Ejército
Libertador cubrían una extensión de tres millones de kilómetros cuadrados que
abarcaban desde el Atlántico al Pacífico con el istmo de Panamá como penacho,
siendo el primer país que logra esta estratégica conformación territorial desde
1819, antes que los Estados Unidos con sus artimañas despojara el oeste a los
pueblos originarios y a Francia, España y México los territorios apetecidos por
los colonos angloparlantes de las Trece Colonias.
Por eso ese diciembre de 1823 que los gringos saben la
llegada de Bolívar (el más temido y odiado por la élite gringa) lanzan la
doctrina Adams-Monroe. Enero de 1824 la enfermedad le amarga unos días al
Libertador.
Diciembre 1824 todo es gloria para el Ejército
Bolivariano en Perú: el 7 de agosto vence en Junín, derrotando al Ejército
Real del Perú; mientras Bolívar entra en Lima y restablece el sitio del Callao
el 5 de diciembre, Sucre
sella definitivamente la libertad indoamericana el 9 de diciembre en Ayacucho.
Mientras el Libertador Simón Bolívar, el 6 de
diciembre de 1824, ocupaba la ciudad de Lima, los ejércitos colombianos, al
mando de Sucre, se desplegaban en formación de batalla en la histórica planicie
de Ayacucho. El 7 de diciembre de
1824 firmó la histórica Circular dirigida a los Jefes de Estado de
Hispanoamérica convocando la tan ansiada unión que debía decidirse en el
Congreso de Panamá.
Las intrigas estadounidenses contra el proyecto
bolivariano se acrecentaron y perfeccionaron. Crearon la primera organización
de espionaje continental, antecedente de la CIA, sólo para vigilar y sabotear
el Proyecto Bolivariano.
La Navidad de 1825 está El Libertador con su Maestro
Simón Rodríguez en Chuquisaca, Bolivia. Simbólicamente podríamos graficar sobre
el plano el punto más alto desde el cual comienzan a entretejerse las circunstancias
que anunciarían el inicio del ocaso.
Las noticias de división se inauguran en 1826 en la
propia Venezuela. El aparato conspirador urdido por el alto gobierno
estadounidense comienza a captar acólitos y va colocando sus intrigas en donde
sabe que brotarán más pronto los espinales. Páez se la juega con la oligarquía
central y surge la Cosiata como expresión del entramado divisionista.
En diciembre de 1826 –luego de cinco años dedicados al
Sur- El Libertador entra por Maracaibo para dialogar con Urdaneta sobre cómo resolver
la crisis en ciernes. Aunque sabe que con Páez la opción armada es casi
inevitable, jura impedir una guerra civil a costa de su propia gloria. Allí
quedó la Proclama de Maracaibo como oración por la paz y la convivencia entre
hermanos.
Pero Bolívar, que ya gozaba un oasis caraqueño con la
situación venezolana más o menos controlada, tuvo que acudir de nuevo a las
cada vez más complicadas cuestiones de gobierno en Bogotá. Sale de Caracas el 5
de julio.
¿Qué lo obliga a salir del lugar donde se hallaba más
cómodo y bien acogido, resolviendo una situación muy delicada para el futuro
inmediato de la causa patriótica?
El 19 de junio le escribe a Urdaneta: “La últimas
noticias que me han llegado del Sur me han obligado a variar de plan y de
posición. Ya Usted verá cómo las tropas rebeldes de Lima han invadido a
Guayaquil y amenazan desde allí y desafían Colombia entera. ¿Puede saberse esto
sin sentir la más viva indignación? Usted me ha vista indiferente a todas las
intrigas de Bogotá, aguardar tranquilo el resultado del Congreso sin tomar
parte en nada, pero cuando el ultraje ha ido hasta invadir la república y
emplear las armas para imponer a los pueblos y oprimir la voluntad nacional, no
es posible resistir a los impulsos del patriotismo y del deber”.
El 18 de julio ya está en Cartagena. Desde allí
también refiere a Urdaneta sobre las intrigas de Santander. Diciembre del 1827
en Buga está organizando un encuentro con Páez para resolver las diferencias y
pensando en la salvación de la Patria, como corresponde a su elevado espíritu
de revolucionario auténtico.
Los agentes gringos ubicados estratégicamente en las
capitales van tejiendo toda clase de rumores, mientras van promoviendo los
parroquialismos e individualismos de ambiciosos que aspiraban el poder así
fuese a costa del descuartizamiento de la original Colombia.
Convocada la Convención de Ocaña para dilucidar las diferencias
sobre el tipo de gobierno y el sistema que debía regir la construcción de la
joven república, Bolívar se instala en Bucaramanga. En septiembre sus enemigos
van a asesinarle junto a sus más cercanos camaradas, aunque fracasan por la
resistencia bravía de éstos y el apoyo popular que está sin ninguna duda del
lado de su Libertador. Mal diciembre ese de sinsabores y decepciones que
mellaron el ánimo del Gran Genio de América.
La oligarquía peruana azuzada por los agentes
norteamericanos (William Tudor) y sus lacayos peruanos Luna Pizarro y José de
la Mar, invadieron el territorio sur de Colombia en Guayaquil, provocando la
acción decidida de Bolívar de defender la malograda soberanía y poner a los
traidores en su sitio.
Los meses finales del año 1828 Bogotá es la “noche
septembrina”. También la lealtad de las mejores camaraderías: Manuela y
Urdaneta. Gestos ladinos desde la Venezuela de Páez. Los arribistas
alborotadores del Cauca lo ensombrecen todo. Diciembre del 28 es la develación
del vínculo de Santander con la revuelta en Perú y cómo éste alentó aquella
inquina con promesas de complicidad bogotana. También se supo que el traidor
mayor invitó a Bermúdez a hacer algo similar en el oriente venezolano. Son los
días decembrinos que pasa Bolívar en Bojacá.
Febrero de 1829 nos enfrenta a la corrupta y traidora
elite peruana por su jactancia expansionista sobre Guayaquil. El 1° de enero
Bolívar recibe el año en Purificación rumbo a Neiva. Tiene en sus manos pruebas
de la implicación de Obando y los santanderistas en la jugada peruana. Los
traidores le están entregando Ecuador a la oligarquía limeña para despedazar la
unidad hispanoamericana y postrarnos ante el patrón yanqui, quedándose cada
caudillo con una migaja del banquete. Padilla va por su feudo en el Magdalena.
El Libertador debe atender a la vez una guerra estúpida provocada por la
necedad de la oligarquía peruana lisonjeada por Estados Unidos y las tropelías
de unos ambiciosos señores feudales que se reparten Colombia como res recién
sacrificada.
El Mariscal de Ayacucho con la mitad de la fuerza que
tenían los invasores peruanos, los
deshace como a soldaditos de juguete el 27 de febrero en Tarqui. En vez de
humillarlos y desbaratarlos, les tiende la mano de la reconciliación con el
Tratado de Girón, que los derrotados engreídos intentan burlar con estiradas
excusas. Bolívar se instala en la zona a consolidar la paz: ese cálido y
anhelado puerto de llegada para todas sus luchas. El santanderismo abusa de esa
ausencia y de la mano de sus amos estadounidenses fermentan las pócimas de la
destrucción.
De hecho estuvieron metidos en lo del Perú
depravadamente. Las intenciones peruanas eran conocidas por Bolívar, por una
carta que el General Heres había enviado a su amigo el General en Jefe Rafael
Urdaneta, en la que decía: “Voy descubriendo aquí cosas muy buenas, en una mesa
pública, brindando Lamar por Santander, añadió que venían llamados por él, que
había sugerido los planes de invasión. La intención era ir hasta Juanangú,
convocar un Congreso en Quito, y separar el Sur con el título de República del
Ecuador. La Mar debía ser Presidente como hijo del Azuay, y Gamarra del Perú,
reuniéndole a Bolivia”.
A pesar de los crímenes atroces cometidos por los
ocupantes peruanos en Guayaquil, al final se acuerda con Gamarra el armisticio al
que se negaba La Mar con dilaciones, y Bolívar entra a la ciudad que lo recibe
gozosa y donde celebra su 46 cumpleaños. El 5 de septiembre hace su famosa
predicción sobre el carácter falaz de los Estados Unidos en Nuestra
América.
Diciembre de 1830 El Libertador llega a Santa Marta.
Todavía el día 21 recibe una carta de su hermano de luchas y vida Rafael
Urdaneta: “Vuestra Excelencia puede evitar esta (guerra fratricida) haciéndose
cargo del Gobierno. Los pueblos del Centro han proclamado a Usted como Jefe de
la Nación, y los del Sur y Popayán como padre y protector; y poseyendo Usted la
confianza de todos, está llamado a hacer la dicha común y a cortar de raíz los males
de mucha trascendencia, que nos amenazan de una absoluta destrucción. Sea que
Usted piense que debe establecerse la unión, sea que opine por la división en
tres Estados, Vuestra Excelencia, con su prestigio y su influencia, podrá
ejecutar una u otra cosa en beneficio de los pueblos, que con diversas
denominaciones le han llamado depositándole su confianza para que los salve.
Ruego por tanto a Usted, por cuarta vez, para que
acepte el Gobierno y venga cuanto antes a hacerse cargo de él. Que el bien
común decida a Vuestra Excelencia, y que atendiendo a las circunstancias de
este desgraciado país, se resuelva a admitir el gobierno, y libertarle de las
calamidades de que está amenazado si Vuestra Excelencia no lo admite, son mis deseos y los de todos
estos habitantes.
Soy de Usted con sentimientos de respeto y distinguido
aprecio, obediente servidor.”
Cuánta razón tenía Urdaneta en esa carta desesperada a
su amigo El Libertador Presidente de Colombia. Todos sus temores y advertencias
se cumplieron irremediablemente.
Han muchos diciembres de esa carta llena de amor
por la patria, por la vida y la humanidad, que aún espera –y merece- una
respuesta favorable.
Yldefonso Finol
Historiador Bolivariano
Maracaibo, 21 diciembre
de 2021
lunes, 13 de diciembre de 2021
domingo, 12 de diciembre de 2021
sábado, 11 de diciembre de 2021
miércoles, 24 de noviembre de 2021
Rita Ocando de Finol y la emancipación de la mujer (a 40 años de su siembra)
Rita Ocando de Finol y la emancipación de la mujer (a 40 años de su siembra)
Rita Ocando de Finol nació con el nombre de Rita
Benicia Chacón el 24 de agosto de 1939 (aunque su partida de nacimiento y cédula
de identidad fechan el 26) en la población de El Moján, por entonces distrito
Mara del estado Zulia, República de Venezuela. Fue su madre Araminta Chacón
Cardozo y su padre Ángel Antonio Ocando Morales, quien la reconocería
legalmente cuando ya tenía 16 años, por eso sus apellidos legales -según la
tradición patriarcal y el Código Civil- fueron Ocando Chacón, hasta casarse con
Ildemaro Finol y adoptar –según los mismos cánones- el “de Finol”.
Cuando Rita nació, Araminta, igual a tantas mujeres de
nuestras naciones, fue madre y padre (como se suele decir), heroína de la
república humana, esa que sólo se constituye con espíritus indoblegables, con
valores altruistas, con el amor que “convierte en milagro el barro”. Araminta
no se amilanó por su condición de madre en solitario, muy estigmatizada en esa
época culturalmente marcada por el machismo predominante en las leyes, las
religiones, la burocracia y el vecindario. Con su niña a cuestas se mudó
Araminta al pueblo de Carrasquero, donde fue destacada por el ministerio de
educación como primera maestra de escuela, para lo cual hubo de formarse en los
centros de magisterio creados ad hoc, y cumplir los exigentes requisitos
pautados por entonces bajo el enfoque de Arturo Uslar Pietri. En esa comarca
ribereña del río Limón, la maestra Araminta conoció a José Ramón Labarca, con
quien contrajo matrimonio y quien fungió responsable y cariñosamente como padre
de crianza de Rita.
El apogeo petrolero en predios marenses llevó a la
familia Labarca Chacón a establecerse en Campo Mara, donde las empresas de
hidrocarburos se apuraban en extraer los petróleos livianos que brotaban
ancestralmente de esas tierras, que los originarios habitantes conocían como
mene. Llevaban la oficina de correos, y Rita hacía sus estudios en los clásicos
colegios creados en los campos petroleros, mezcla de instrucción pública
tutorada por la transnacional gringa o anglo-holandesa que poseyera la
concesión.
En esas aulas conocería a un maestro en particular que
alguna influencia pudo tener en sus ideas sociales. Se llamaba Silvino Varela,
un alto y delgado caballero de modales marciales que, aparte de impartir clases
a su alumnado, secretamente organizaba la clase trabajadora en los llamados
“sindicatos rojos”. Algún papelillo le pidió llevar escondido en sus zapatos de
liceísta con mensajes cifrados para un “camarada” que pasaría discretamente a
retirarlo en el correo. También se rozaban sus días de adolescente con las
entusiastas recolectas de “un bolívar para la Sierra Maestra” que se
organizaban en solidaridad con la lucha del pueblo cubano contra la dictadura
de Fulgencio Batista.
Rita no habló de estas cosas hasta que ya siendo adulta
y afinque de familia, narró a este cronista, con mucha timidez, aquellos cándidos
acercamientos a los asuntos políticos.
Sus estudios los continuó en Maracaibo, llegando a
graduarse de Bachiller Comercial en el Colegio María Montessori, donde fue invitada
a ingresar como docente de dicha institución. En esa profesión se desempeñaba aún
a tierna edad cuando el amor la convocó a formar su propio hogar y asumir
plenamente las obligaciones que el modelo societario imponía a la mujer en el
rol de “ama de casa”. A los 18 años contrajo matrimonio con Ildemaro Finol
Parra, joven egresado de la Escuela Artesanal como Técnico Electricista y
absorbido por la transnacional petrolera Shell.
Rita dio a luz cinco hijos en seis años: Ildemaro,
Ildefonso, Amira, Josefina e Ildegar. Pero tiempo encontraba para crear y
producir en base a los múltiples talentos de que estaba dotada, con lo cual
siempre trabajó en la generación de bienes que fueron parte permanente de la
economía familiar. Poseedora de una ortografía impecable y preciosa caligrafía,
Rita Benicia –como la llamaba su mamá e institutriz- dominaba una interesante
lista de artes y oficios que aprendió con Araminta: corte y costura, bordado,
tejido, entre otros, y los que estudió en la educación formal: taquigrafía,
mecanografía, contabilidad, etc… además de poseer una gran afición a la lectura
y el estudio del idioma.
Amaba los libros como la vida misma. El idioma fue una
pasión constante en Rita. Lectura y escritura serán placeres más que tareas
cotidianas. Leer y descifrar significados, indagar en los orígenes de las palabras,
jugar con ellas como ritual de encuentros amistosos, ayudaron a formar un
intelecto inquieto, ávido de saberes, presto a lo sensible. Cantar tangos y
canciones en italiano mientras lavaba en la batea era una vivencia cotidiana en
nuestro patio.
De los diccionarios, revistas, periódicos, repertorios
poéticos, novelas clásicas, se avanzó al debate de lo social y político. Nunca
faltaron las Biblias, a cuyas diversas versiones dedicó siempre especial
estudio, en conversatorio ecuménico con las confesiones tradicionales y otras
minoritarias. Muy creyente y espiritual, asumió el mensaje cristiano como
doctrina de la solidaridad y la igualdad, tal como se comprende en la
denominada Teología de la Liberación.
La ruta a ese nuevo pensamiento emancipador en la
ejemplar “ama de casa” comenzó con una novela rusa que uno de sus hijos le dejó
sobre la máquina de coser Singer, instrumento de trabajo que le servía para uno
de los oficios con que apoyaba la economía familiar.
“La Madre”, de Máximo Gorki, cambió radicalmente el
estilo de vida de Rita, problematizando su rutina, que comenzó a esfumarse como
la madrugada ante el parto del sol. Se identificó profundamente con aquella
mujer que por instinto condenó la represión contra los trabajadores,
enfrentando los peligros a que se arriesgaba su hijo por una causa moralmente
superior. En vez de huir, de acobardarse, se solidarizó, se hizo protectora y
cómplice imprescindible.
Los libros “inocentes” que solía leer comenzaron a ser
sustituidos por otros que hacían estremecer la cotidianidad aparentemente
calma. “Así se templó el acero” de Nikolai Ostrosky; “La revolución no ha
terminado” del Coronel Hugo Trejo; “En Cuba” de Ernesto Cardenal; y uno muy
especial (“La emancipación de la mujer”, de Lenin) donde leyó la ciencia de
rebelarse contra un mundo opresor: “La tarea principal del movimiento obrero
femenino consiste en la lucha por la igualdad económica y social de la mujer, y
no sólo por la igualdad formal. La tarea principal es incorporar a la mujer al
trabajo social productivo, arrancarla de la esclavitud del hogar, liberarla de
la subordinación -embrutecedora y humillante- al eterno y excepcional ambiente
de la cocina y del cuarto de los niños. Esta es una lucha prolongada, que
requiere una radical transformación de la técnica social y de las costumbres”.
Esas ideas lanzadas el 4 de marzo de 1920 en el
periódico ruso Pravda, en su edición del 8 de marzo, fueron la espoleta de un
cambio radical en la vida de Rita. Su casa, permanente referencia de caridad
con la vecindad humilde que allí encontraba alimento y medicina, cuidados para niñas
y niños desvalidos, para los enfermos y ancianos, ahora también sería el lugar
de reunión de militantes revolucionarios, círculos de lectura y espacio de
gestión cultural cargada de patriotismo y búsqueda de identidad colectiva.
Esto ocurría al comienzo del segundo lustro de la
década de los setenta, abriéndose la etapa de militancia clandestina de Rita en
el Partido de la Revolución Venezolana (PRV-RUPTURA) que dirigían los comandantes
guerrilleros Douglas Bravo, Alí Rodríguez y Francisco Prada, entre otros.
Entre las primeras tareas asignadas a la camarada Rita,
estuvo la de reunir un grupo de mujeres que estudiaran teoría revolucionaria en
los textos clásicos del marxismo y los documentos del Partido, incluido el
periódico Ruptura que comenzó a circular por aquel tiempo y servía –según la
concepción leninista- para “propagar, agitar y organizar”. La actividad no
llamaba la atención de los curiosos porque en casa de Rita era normal la
concurrencia de amigas que venían a charlar de sus asuntos, buscar consejos o
simplemente acicalarse un poco pintándose las uñas y peinándose.
El cambio de situación llevó a Rita a involucrase en
trabajos de la administración pública, primero como secretaria en la
Sindicatura Municipal y luego en el Registro Subalterno de municipio Mara. Los vínculos
familiares con el partido legal Movimiento Electoral del Pueblo (MEP) del
maestro Luís Beltrán Prieto Figueroa, que también pregonaba a su manera la
liberación nacional y el socialismo, permitieron gestar la idea de que la “señora
Rita”, ingresase al equipo local de la mano de su cuñado Nerio Finol, fiel y
apasionado activista de dicho movimiento prietista. El PRV consideraba de
utilidad esta táctica a los fines de legitimar y proteger a la militante
clandestina, a la vez que se promovía un liderazgo comprometido con la
revolución y la política de alianzas como parte importante del frente de masas.
Por su parte la célula abierta del brazo político
RUPTURA realizaba su trabajo desde un palafito en el barrio añú del Moján (Nazaret),
hasta donde llegó la ola represiva del gobierno de Carlos Andrés Pérez en
agosto de 1976, con asedios, allanamientos y persecución. Algunos de los
compañeros fueron detenidos y torturados. Esta prueba de fuego puso en jaque la
embrionaria presencia del PRV en la zona, y despertó mayores preocupaciones y temores
en la madre que sintió en carne propia lo que había leído de experiencias
lejanas, o escuchado de tiempos dictatoriales pasados. El hijo que la acercó a
esta aventura debía separarse de casa por un tiempo según instrucciones
superiores, y todo el grupo aplicar las medidas de seguridad que el sentido
común y la disciplina partidista exigían.
El trago amargo no hizo mella en el compromiso de
Rita. La política de masas lanzada desde el trabajo cultural con el Movimiento
de los Poderes Creadores del Pueblo Aquiles Nazoa (MPCPAN), motivó la creación
del grupo Amigos de la Cultura, del cual Rita Ocando de Finol fue anfitriona de
la reunión constitutiva, cofundadora e integrante de la directiva. En esta
época colaboró en la edición de diversas publicaciones como el periódico
artesanal Tres Esquinas y el libro de sonetos del desaparecido poeta mohanense José
Joaquín Bravo Ríos, cuyos textos manuscritos transcribió y corrigió minuciosamente.
Junto al núcleo de RUPTURA participó en 1977 en el
Primer Encuentro Armando Molero de Cultura Popular realizado en Maracaibo como
correlativo del MPCPAN. Este activismo le dio muchas satisfacciones por el
despliegue de múltiples iniciativas artísticas y comunitarias, iniciándose en
forma pionera las consciencias ecologistas, indigenistas y la cultura popular
como vías de generación de un amplio movimiento social de vocación
transformadora.
En el año de 1979 se realiza el Primer Encuentro
Nacional Indígena de Venezuela, y como siempre, la casa de Rita Ocando de Finol
se convierte en base de apoyo de tan significativa convocatoria, que marcó un
hito sin lugar a dudas en el desarrollo del movimiento reivindicativo de los
pueblos originarios en nuestro país.
Una feliz noticia nos llegó desde Nicaragua. El dictador
había sido derrotado por el pueblo de Sandino. Las jornadas de solidaridad con
el Frente Sandinista de Liberación Nacional contaron con el concurso entusiasta
de Rita. Durante la visita del poeta Ernesto Cardenal a Maracaibo para traer personalmente
el agradecimiento del FSLN, nuestra delegación tuvo el honor de incluirla. Resultó
tan emocionante para Ella, que no pudo evitar las lágrimas cuando se abrazó al
sacerdote Cardenal mientras éste le dedicaba un ejemplar del libro “50 años de
lucha sandinista” de Humberto Ortega Saavedra. Esa era la camarada Rita, un
alma especial, una vocación sensible y vibrante de humanidad.
Ese mismo año, convocadas como fueron las elecciones
separadas de los Concejos Municipales, recibimos la orientación de intentar
participar, luego de una trayectoria de radical abstencionismo. Se propuso
crear un grupo de electores con el nombre de Unidad Marense, con Rita de Finol
y otras figuras notables de la comunidad, abanderando una lista de gran dignidad
para las concejalías; aunque se cumplieron todos los requisitos legales, se
truncó esa posibilidad por las malas prácticas que predominaban en el viejo
Consejo Supremo Electoral, dominado por los partidos del sistema Acción
Democrática y Copei.
La discusión sobre un viraje táctico en filas del PRV,
llevó a estadios complejos de “rebelión interna e irreverencia a la autoridad”,
en un marco de cuestionamiento de la sacralización de la lucha armada, las
tendencias foquistas y el sectarismo, como frenos al desarrollo del movimiento
revolucionario. En cualquier momento tocaría vivir la crisis interna que cundía
como un virus en la izquierda latinoamericana. El torbellino fue inevitable. La
división entre “los jefes” destruyó aquella otra familia que para Rita eran sus
compañeros. Vinieron días de profunda tristeza para muchas buenas personas. Pero
la vida y la luchan continúan. No fue fácil procesar anímicamente aquella
fractura, ni nunca se pudo evaluar cuánto incidió realmente la triste coyuntura
en el devenir de quienes la sufrieron.
El proceso de formación profesional de Rita fue
modesto aunque fértil. Las oportunidades eran escasas, sin embargo, entre sus
titulaciones agregó –con las máximas calificaciones- todos los niveles del
curso superior de contabilidad del INCE, que incluía la complicada contabilidad
de costos.
Los últimos años de su brevísima vida laboró en una
entidad bancaria, fungiendo simultáneamente como formadora del personal que era
incorporado a nuevas sedes en la región. Estaba siendo promovida a cargos
gerenciales cuando se le descubrió cáncer de hígado en julio de 1981.
Rita, la hija de Araminta Chacón, madre adorada por
sus cinco hijos, falleció el 25 de noviembre de 1981, a la temprana edad de 42
años.
Pasado mucho tiempo, su amiga de juventud y cuñada
Aida Finol, relató que siempre le venía el recuerdo que la conmovió muchas
veces al visitarla: “Rita cosiendo en su máquina, con sus pequeños hijos sentados
a su alrededor”.
Esa imagen, en tonos sepias, flota en el espíritu de
esta crónica como un poema de amor, una evocación de historias inasibles,
fugaces, pero imperecederas.
Yldefonso
Finol