Bukele
En
el Viejo Testamento Nayib Bukele hubiese sido Caín. En el Nuevo, Judas, sin
ninguna duda. Durante la invasión a Abya Yala por el reino de Castilla, Bukele
sería Torquemada, el inquisidor, aplicador de tormentos horribles, adicto a la
hoguera para eliminar conversos, siendo él mismo descendiente de alguno de
ellos.
Es
que Nayib Bukele es el campeón de la traición, y ahora quiere serlo del
servilismo. Es un señor feudal dispuesto a darle todo al Rey con tal de ser
invitado al castillo.
En
el cine lo veríamos haciendo el papel de Scar en El Rey León; en la saga Harry
Potter se camuflaría de mascota para urdir el zarpazo que dejó huérfano al niño
mago, sería el cobarde arrimado Peter Pettigrew, la rata.
Bukele
traicionó a sus raíces. Traicionó a su padre, Armando Bukele, quien siempre se
pronunció a favor de la causa Palestina, su patria ancestral. El doctor Armando
Bukele era un crítico de los autoritarismos, y simpatizó con el Frente
Farabundo Martí para la Liberación Nacional, habiendo cosechado una estrecha
amistad con el líder Schafick Handal.
El
doctor Armando Bukele abogaba por mantener buenas relaciones con Cuba y
Venezuela, así como por una justa distribución de la riqueza en el mundo, y en
su país El Salvador, contra la avaricia de las cúpulas tradicionales. Su hijo
ha hecho todo lo contrario.
Nayib
se valió de esa relación para colarse (como Peter Pettigrew) en las
candidaturas del FMLN a los cargos que ocupó antes de abrir tienda aparte y
hacerse presidente con un discurso demagógico fascistoide.
Pero
el descendiente de palestinos incurre en la peor traición al hacerle coro al
sionismo genocida que está exterminando al pueblo árabe originario del cual
viene su familia y su apellido, y aliarse con el fascista Milei que hace
apología del más cruel etnocidio que hayamos presenciado. Nayib Bukele se
solaza en la carnicería que Israel ha desatado en Gaza.
Este
Bukele narcisista patológico y corrupto que se está apoderando de las mejores
tierras y negocios del Salvador, es un cómplice desvergonzado de los enemigos
históricos de la humanidad: los imperialistas, fascistas y sionistas.
Su
sueño de hoy es que Trump lo invite a los hoteles de lujo que el magnate
megalómano proyecta construir sobre ese reducto de la dignidad humana en
resistencia que es la franja de Gaza, donde el invasor israelita acaba de
reiniciar bombardeos a pesar de estar vigente un alto al fuego. Niñas, niños,
mujeres, trabajadores humanitarios, son las primeras víctimas de tan vil
ensañamiento.
¿Qué
se puede esperar de un personaje de esta calaña?
Si
traicionó al FMLN que le abrió el camino de la política, traición a su padre y
a sus orígenes, ¿qué nos puede extrañar que sea capaz este lamezuela de los
gringos y los sionistas?
Bukele
convirtió El Salvador en otra “base de Guantánamo” (con perdón de los hermanos
cubanos que no cesan de exigir su territorio ocupado ilegalmente por la
potencia norteña); un país soberano que mucho ha sufrido haber conquistado
soberanía y un poco de democracia, luego que los ejércitos y escuadrones de la
muerte subordinados a Estados Unidos provocaran décadas de masacres y
terrorismo de Estado que el mundo conoció y recuerda, por su virulencia,
fanatismo y crueldad.
Bukele
ahora es compinche de los asesinos de Monseñor Romero, socio de quienes
masacraron al campesinado indígena en 1932, anfitrión de los discípulos de
Posada Carriles.
Por
seis millones de dólares convalida el crimen de lesa humanidad al estigmatizar
un gentilicio que brilla en la historia universal como sinónimo de heroísmo y
libertad; accede -por miserable agiotista- a encarcelar personas que no han
cometido delito en El Salvador, ni en el país que los expulsó encadenados sin
haberles procesado debidamente, mucho menos condenado legítimamente.
Bukele
se ha hecho reo de su propia infamia. El festín morboso que le excita la
vanidad obsesiva que padece, se le revertirá como escupitajo y zapatazo en su
alma traicionera, lanzados por los cientos de miles de espíritus que lo ven
desde el cielo palestino.
Y
se secará.
Yldefonso
Finol