miércoles, 5 de agosto de 2026

Carta Pública al Encargado de Negocios y demás agentes de la Embajada de Estados Unidos en Caracas

 


CARTA PÚBLICA AL ENCARGADO DE NEGOCIOS Y DEMÁS AGENTES DE LA EMBAJADA DE ESTADOS UNIDOS EN CARACAS

A LOS INVASORES GRINGOS EN VENEZUELA:

Hoy, 5 de agosto de 2026, se conmemoran 197 años de la predicción que formuló El Libertador Simón Bolívar sobre el rol nefasto que vuestro país cumpliría en Nuestra América. Estaba Bolívar en Guayaquil esperando que la oligarquía peruana firmara el tratado de paz, después de haber invadido en forma traicionera y estúpida territorio de la original República de Colombia que el Libertador presidía. Los imbéciles José de la Mar y el cura Luna Pizarro se dejaron convencer del Cónsul estadounidense William Tudor que podían apoderarse de Guayaquil, Cuenca y hasta llegar a Quito, una vez que Simón Bolívar tuvo que salir urgentemente del Perú (septiembre de 1826) a contener el movimiento separatista que en Venezuela se engendró por parte de la oligarquía central, usando como estandarte el prestigio militar del General José Antonio Páez, seducido por el manoseo que hicieron de su propia ambición. Ese movimiento de traidores llamado La Cosiata, también contaba con la animada connivencia de los agentes del gobierno yanqui, tanto que se atrajeron al otrora Centauro de los Llanos, hasta hacerlo instrumento represor oligárquico y domado inmigrante en New York (sin ICE).

El Mariscal de Ayacucho, el invencible Antonio José de Sucre, se había encargado de los envalentonados títeres del agente yanqui William Tudor, en la Batalla del Portete de Tarqui el 27 de febrero de aquel año 1829 que presagiaba desenlaces funestos para la Patria Grande.

El Libertador Presidente de la Colombia que se desgajaba, estaba allí en Guayaquil cuidando las fronteras y la paz de la República, que se habían visto amenazadas por la impertinencia de una oligarquía peruana que, no habiendo sido capaz de independizar su país por mano propia, tuvo en cambio el atrevimiento de invadir sitios vecinos de la Colombia original y la naciente Bolivia.

 

Aquel 5 de agosto de 1829 Simón Bolívar ya era sobreviviente del atentado magnicida del 25 de septiembre de 1828 en Bogotá por la pandilla del traidor mayor Francisco de Paula Santander; hombre muy adicto al pitiyanquismo, muy monroísta, tanto que a los pocos meses del mensaje de Monroe que se convirtió en doctrina de la agresión contra la América mestiza, Santander declaraba que el mismo constituía un “consuelo para la humanidad”, y que Colombia ganaría mucho acercándose a un vecino tan amigable y poderoso. Y sí, se ganó por ejemplo, el despojo del Istmo de Panamá. Pero fueron vuestros antepasados, los gringos de 1832, los que trajeron al cooptado Santander a la presidencia, no de Colombia, porque hasta el nombre se lo quitaron por el odio y el temor que les causaba el fantasma de Bolívar, prefirieron regresar a la nomenclatura colonial: la Nueva Granada.

Los agentes yanquis en Bogotá estuvieron metidos hasta los tuétanos de toda la conspiración transnacional montada en Washington contra el Proyecto Bolivariano. Primero Richar Anderson y luego el descarado injerencista William Henry Harrison, el que hubo de ser expulsado (declarado persona non grata) por inmiscuirse en los asuntos internos de la original República de Colombia presidida por el Genio de América, el Libertador Simón Bolívar. Interesante precedente diplomático que nadie quiere recordar, sólo algunos impertinentes bolivarianos que quedamos por ahí.  

Este William Henry Harrison (que después llegó a presidente de EEUU), comunicaba el 7 de septiembre al Departamento de Estado: “El drama político de este país se apresura rápidamente a su desenlace”. Parte clave del plan gringo fue corromper cuadros militares repartiendo dólares entre los más débiles moralmente. Saben ya que la traición será la sepulturera del odiado y temido Proyecto Bolivariano: “Pero su confianza será su ruina. Una mina ya cargada se halla preparada y estallará sobre ellos dentro de poco”. Se referían a la infiltración del arribista José María Obando, la corrupción de Córdoba, y las revueltas que, desde Perú hasta Popayán, Cauca y Antioquia, se preparaban contra Bolívar.     

¿Alguien que haya estudiado la gesta bolivariana duda hoy que las complicaciones desatadas desde 1826, casi en forma simultánea, en Bogotá con provocaciones e intrigas, en Venezuela con proyectos separatistas, en Perú con renovadas ínfulas virreinales, con alzamientos de realistas infiltrados como Obando, con Santander detrás de todas las traiciones, pudieron ser posibles por generación espontánea?

Está claro que una red de tentáculos bien extendidos, estuvieron coordinando desde la propia presidencia de los Estados Unidos vía Departamento de Estado, para frustrar el proyecto emancipatorio de Nuestra América encarnado en Simón Bolívar.  Estados Unidos dedicó su “batería pesada” contra Bolívar; nombres como John Quincy Adams, Henry Clay, James Monroe, William Harrison, Joel Poinsett, William Tudor, entre otros, todos de la alcurnia política de la nación norteña, aparecen involucrados en la trama dirigida a hacer fracasar el plan bolivariano, único que garantizaba la verdadera independencia y fortalecimiento de las nacientes repúblicas.

Lo había escrito Thomas Jefferson desde 1786: “Nuestra Confederación debe ser como el nido desde el cual toda América, así como la del Norte como la del Sur, habrá de ser poblada. Mas cuidémonos (…) de creer que interesa a este gran continente expulsar a los españoles. Por el momento aquellos países se encuentran en las mejores manos, y solo temo que estas resulten demasiado débiles para mantenerlos sujetos hasta que nuestra población haya crecido lo suficiente para írselos arrebatando pedazo a pedazo.”

Las causas de ese odio se pueden leer en parte en la carta de 1827 del agente gringo en España, Alexander H. Everett: “Difícilmente podría ser la intención de Estados Unidos alentar el establecimiento de un despotismo militar en Colombia y Perú, cuyo primer movimiento sería establecer un puesto de avanzada en la isla de Cuba. Si Bolívar realiza su proyecto, será casi completamente con la ayuda de las clases de color; las que naturalmente, bajo esas circunstancias, constituirían las dominantes del país. Un déspota militar de talento y experiencia al frente de un ejército de negros no es ciertamente la clase de vecinos que naturalmente quisiéramos tener.”

La Secretaría de Estado en Washington y sus agentes diplomáticos en Quito, Bogotá, Lima o Santiago, en su correspondencia confidencial, se referían a Bolívar como “tratadista teórico de propósitos flotantes e indigestos, dictador, usurpador”. ¿Les suenan descalificaciones de actualidad?

La mejor ilustración del carácter antiimperialista de Bolívar la presentan los mismos agentes gringos que coordinan a los traidores en el terreno: “La esperanza de que los proyectos de Bolívar están ahora efectivamente destruidos, es una de las más consoladoras. Esto no es motivo de felicitación en lo relativo a la América del Sur, liberada de un despotismo militar y de proyectos de insaciable ambición que habrían consumido todos sus recursos, sino que también los Estados Unidos se ven aliviados de un enemigo peligroso en el futuro… si hubiera triunfado estoy persuadido de que habríamos sufrido su animosidad.”

Las razones más poderosas de la conspiración yanqui contra Bolívar fueron: su profunda convicción antiesclavista como parte de su concepción de la igualdad establecida y practicada que esbozó en el Discurso de Angostura, y su proyecto de unión de los pueblos liberados del yugo colonial español, que intentó concretar, primero con la creación de Colombia, país que los gringos envidiaron siempre; luego con su más genial propuesta geopolítica: el Congreso Anfictiónico de Panamá; y con otras iniciativas de tratados bilaterales y confederaciones que nos dotaran de un poder frente a los viejos imperios y el naciente imperialismo, ese concepto fundamental de su visión internacional, como fue el Equilibrio del Universo.

El Libertador, desde el 21 de octubre de 1825, le había comunicado sus opiniones francamente adversas a la invitación que fraudulentamente hizo Santander a una fiesta que no era la suya; lo dijo tajantemente: “No creo que los americanos deban estar en el Congreso del Istmo. Jamás seré de opinión que los convidemos a nuestros arreglos americanos”.

Le temían a estas “locas e indigestas” ideas: Legisladores, la infracción de todas las leyes es la esclavitud. La ley que la conservara sería la más sacrílega. ¿Qué derecho se alegaría para su conservación? Mírese este delito por todos los aspectos, y no me persuado que haya un solo boliviano tan depravado, que pretenda legitimar la más insigne violación de la dignidad humana, ¡Un hombre poseído por otro! ¡Un hombre propiedad!

Temen y odian el concepto bolivariano de Pueblo: El concepto de Bolívar sobre el pueblo: …es el pueblo que quiere, el pueblo que obra, y el pueblo que puede; todo lo demás es gente que vegeta con más o menos malignidad, o con más o menos patriotismo, pero todos sin ningún derecho a ser otra cosa que ciudadanos pasivos… No han echado sus miradas sobre los caribes del Orinoco, sobre los pastores del Apure, sobre los marineros de Maracaibo, sobre los bogas del Magdalena, sobre los bandidos de Patía, sobre los indómitos pastusos, sobre los guajibos de Casanare y sobre todas las hordas salvajes de África y de Amé­rica que, como gamos, recorren las soledades de Colombia. (Carta a Santander. San Carlos, 13 de junio de 1821)

 

 

¿Pero, cómo llegó Bolívar a odiar a los Estados Unidos y a predecir su condición de opresor de nuestros pueblos bajo su hipócrita discurso de la libertad?

Recordemos como lo anunciaba desde Kingston en su brillante Carta de Jamaica, al quejarse, tal vez con una dosis de ingenuidad, sobre la conducta desleal de ese país: …hasta nuestros hermanos del norte se han mantenido inmóviles espectadores de esta contienda, que por su esencia es la más justa, y por sus resultados la más bella e importante de cuantas se han suscitado en los siglos antiguos y modernos

No olvidemos que el 23 de diciembre de 1817 se produjo la primera invasión gringa contra la causa bolivariana en la República de las Floridas, posesión española tomada por patriotas venezolanos para tener un punto de acceso al movimiento marítimo con fines de abastecimiento y confrontación con la metrópoli colonial. Pero los “neutrales” anglosajones del norte la pretendían y España se las vendió dos años después.

Fue Monroe quien más insistió en el antibolivarianismo como guía de la política exterior gringa: “El conflicto no presenta el aspecto de una rebelión o insurrección, sino más bien el de una guerra civil entre partidos o bandos cuyas fuerzas están equilibradas y que son mirados sin preferencia” (Mensaje al Congreso, 2-12-1817). 

Pero, como informa el maestro Francisco Pividal en su obra clásica sobre Bolívar como precursor del pensamiento antiimperialista: … cuando el gobierno republicano de Venezuela dispuso —por decreto del 6 de enero de 1817, publicado incluso en los Estados Unidos— el bloqueo de Guayana y Angostura, los buques mercantes norteamericanos hicieron caso omiso y burlaron sistemáticamente el bloqueo. En ese mismo año fueron capturadas por las fuerzas marítimas de Venezuela las goletas norteamericanas Tigre y Libertad, cuando llevaban recursos bélicos a los realistas.

Este episodio da pie a un ejemplarizante duelo epistolar entre el Libertador Simón Bolívar y el agente gringo John Baptiste Irvine, diplomático de Estados Unidos destacado en Venezuela.

El 20 de agosto de 1818, escribe Bolívar a Irvine:

Si es libre el comercio de los neutros para suministrar a ambas partes los medios de hacer guerra, ¿por qué se prohíbe en el Norte? ¿Por qué a la prohibición se le añade la severidad de la pena, sin ejemplo en los anales de la república del Norte? ¿No es declararse contra los independientes negarles lo que el derecho de neutralidad les permite exigir? La prohibición no debe entenderse sino directamente contra nosotros que éramos los únicos que necesitábamos protección. Los españoles tenían todo cuanto necesitaban o podían proveerse en otras partes… Mr. Cobbett ha declarado en su semanario la parcialidad de los Estados Unidos a favor de la España en nuestra contienda. Negar a una parte los elementos que no tiene y sin los cuales no puede sostener su pretensión cuando la contraria abunda en ellos, es lo mismo que condenarla a que se someta, y en nuestra guerra con España es destinarnos al suplicio, mandarnos a exterminar.

Las notas prepotentes del espía yanqui no se hicieron esperar, pero serían rebatidas con la más digna diplomacia que dio nacimiento a nuestra Patria: … protesto a usted que no permitiré que se ultraje ni desprecie el Gobierno y los derechos de Venezuela. Defendiéndonos contra la España ha desaparecido una gran parte de nuestra población y el resto que queda ansía por merecer igual suerte. Lo mismo es para Venezuela combatir contra España que contra el mundo entero, si todo el mundo la ofende.

Aquí ya hay un punto de quiebre en la visión y la actitud del Libertador con los que en 1815 aún consideraba “nuestros hermanos del norte”. ¡Hermanos de nadie! ¡Adictos al saqueo y el genocidio!

Bolívar comienza a tener conciencia de que con aquel país no solo no se contaba como posible aliado, sino que definitivamente, era un enemigo con el que tarde o temprano habría que enfrentarse. Por eso su negativa tajante a que fuesen parte del Congreso Anfictiónico de Panamá, lo que fue burlado por el traidor Santander.

Cuando en forma oportunista Estados Unidos comenzó a amagar con otorgarnos el reconocimiento oficial como república, con el único interés de obtener primacía comercial sobre Inglaterra; el Libertador escribe el 25 de mayo de 1820 a José Tomás Revenga: Yo no sé lo que deba pensar de esta extraordinaria franqueza con que ahora se muestran los norteamericanos: por una parte, dudo, por la otra me afirmo en la confianza de que, habiendo llegado nuestra causa a su máximo, ya es tiempo de reparar los antiguos agravios. Si el primer caso sucede, quiero decir, si se nos pretende engañar, descubrámosles sus designios por medio de exorbitantes demandas; si están de buena fe nos concederán una gran parte de ellas, si de mala, no nos concederán nada, y habremos conseguido la verdad, que en política como en guerra es de un valor inestimable. Ya que por su anti neutralidad la América del Norte nos ha vejado tanto, exijámosle servicios que nos compensen sus humillaciones y fratricidios. Pidamos mucho y mostrémonos circunspectos para valer más…

Recordemos que, desde diciembre de 1810, una resolución conjunta del Congreso yanqui, delató sus “fraternas” intenciones: “…los revolucionarios de Hispanoamérica enfrentarían solos el poderío español y cuando hubieran alcanzado la independencia, si la alcanzaban, los Estados Unidos concurrirían entonces a exigirles lo que debía corresponderles. Como pago, accederían al reconocimiento”.

El 29 de octubre de 1812, James Monroe, siendo canciller, sostuvo: “Los Estados Unidos se encuentran en paz con España y no pueden, con ocasión de la lucha que esta mantiene con sus diferentes posesiones, dar ningún paso que comprometa su neutralidad”.

Aún en 1826, los barcos norteamericanos seguían introduciendo contrabando de armas para los realistas. Al respecto escribió Bolívar el 13 de junio de ese año al vicepresidente: “… yo recomiendo a usted que haga tener la mayor vigilancia sobre estos (norte)americanos que frecuentan las costas; son capaces de vender Colombia por un real”. 

¿O acaso no fue una de las primeras “propuestas” de nuestros “hermanos del norte” que disolviéramos nuestros ejércitos?

Que ya no serían necesarios después de haber derrotado a la España, y que mejor gastásemos esos recursos en el comercio que tanto se requería para elevar el nivel de sus “hermanas menores”. “Como uno de los requisitos -apunta el académico ruso Shulgovsky- principales para alcanzar ‘los beneficios de la libertad civil’, Henry Clay recomendaba insistentemente a Bolívar disolver el ejército libertador, fundamentando su propuesta ora con la derrota de las tropas españolas, ora con el supuesto peligro que para la causa de la libertad entraña la existencia de un ejército permanente. Tan amable consejo tenía, en nuestra opinión, un fin predeterminado: romper una de las más importantes fuerzas en que, al lado del pueblo, intentaba apoyarse Bolívar para realizar la política social reformadora y anti oligárquica.”

Y es así. Está explícito en el precitado concepto de Bolívar sobre el pueblo: Esos señores piensan que la voluntad del pueblo es la opinión de ellos, sin saber que… el pueblo está en el ejército, porque realmente está, y porque ha liberado este pueblo de mano de los tiranos.

Es parte del proceso que llevó a El Libertador, en comunicación con el Coronel Patricio Campbell, aquel caluroso 5 de agosto en Guayaquil, cuando nos legó la más exacta predicción antiimperialista de la ustedes gringos invasores, no se pueden evadir por los siglos de constataciones irrebatibles en la historia y que se reafirma en cada zarpazo contra nuestros pueblos; por eso Simón Bolívar y todo el bolivarianismo en cualquier rincón de la Patria Grande sabe que: “…los Estados Unidos parecen destinados por la providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad”.

Mucha sabiduría, método y elementos de convicción llegó a tener Bolívar para llegar a esa lapidaria conclusión sobre el país que nos atacó en forma criminal el 3 de enero, y que mantiene coaccionada a nuestra sociedad con la amenaza como chantaje extorsivo, burlando nuestra estirpe, usurpando nuestra soberanía nacional-popular y pretendiendo perpetuar un anómalo e inaceptable tutelaje neocolonial contra el que nos declaramos en resistencia ciudadana inclaudicable. Por eso odian y temen tanto al Libertador, porque descubrió como nadie antes, su vuestra esencia criminal, opresora y expoliadora. 

Pero no se preocupen, Bolívar también los llegó a odiar y mucho por lo que ustedes representan como supremacistas; así quedó plasmado en una de sus frecuentes cartas al vicepresidente, al comentarle sus formalismos epistolares: …se parecen a los del presidente de los regatones americanos. Aborrezco a esa canalla de tal modo, que no quisiera que se dijera que un colombiano (un venezolano, en este caso) hacia nada como ellos. (Carta a Santander. Potosí, 21 de octubre de 1825.)

Así se lo reiteramos hoy 5 de agosto de 2026 al grito: ¡Fuera yanquis de la Patria de Bolívar!

¡Viva eternamente el pensamiento emancipador del Libertador Simón Bolívar!

¡Viva Venezuela libre y soberana!

 

Yldefonso Finol (Responsable)

C. I. V-7601509

Suscriben: 

Grupo Rafael Urdaneta del Poder Originario

Coordinadora Simón Bolívar (23 de Enero-Caracas) 

Cabimas Crea

Centro Antiimperialista Simón Bolívar

Colectivo ENSARTAOS

NUDE Cultural Capirugente

Semillero Alí Primera

Movimiento Estatuismo de Maracaibo

Sociedad Homo et Natura

Colectivo Patria Grande

Colectivo Control Obrero (CHS-Guayana)

Centro de Estudios Ambientales UBV

...siguen sumándose colectivos

sábado, 1 de agosto de 2026

!NO EN NUESTRO NOMBRE! RECHAZAMOS NEGOCIACIÓN DE CÚPULAS MANDADAS POR ESTADOS UNIDOS

 


TODA LA RESISTENCIA PATRIÓTICA ANTIIMPERIALISTA DECIMOS NO A LA NEGOCIACIÓN DE CÚPULAS MANDADAS POR ESTADOS UNIDOS

Nosotras y nosotros, el Pueblo Bolivariano de Venezuela, integrantes de diversos movimientos sociales, clase trabajadora del quehacer productivo, cultural y el pensamiento crítico, colectivos de luchas populares contra la agresión y la presencia yanqui en la Patria del Libertador Simón Bolívar, no avalamos, ni somos parte, ni reconocemos como válido, el proceso de negociación de cúpulas que se inicia hoy 1° de agosto de 2026, como parte del mal llamado “plan de tres fases” impuesto por el fascismo global imperialista que representa el gobierno de Estados Unidos en la figura despreciable del ladrón y asesino Donald Trump, y su pandilla de secuaces sionistas y lacayos criollos.

Los cada vez más notorios y humillantes síntomas del tutelaje gringo tras la agresión de guerra perpetrada el 3 de enero por la fuerza militar estadounidense, con saldo aún no precisado oficialmente de víctimas fatales, y el secuestro del Presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela Nicolás Maduro Moros y su esposa, la diputada Cilia Flores, ponen a prueba el más elemental sentido de patriotismo de la Nación Venezolana.

Reiteramos, como parte del Poder Constituyente Originario, que consideramos nulos de toda nulidad, los actos ejecutivos y legislativos aprobados durante esta etapa oprobiosa de nuestra historia, donde un funcionariado extranjero afiliado a la mafia de Miami, ha dictado las pautas de los intereses del capital transnacional en detrimento de nuestra soberanía y autodeterminación, modificando todo el acervo nacional del derecho minero y de hidrocarburos en forma retrógrada y vergonzosa; robándose los recursos energéticos y minerales estratégicos del pueblo venezolano, manejando esos ingresos a su antojo, y devolviéndonos al tiempo colonial con el propósito de convertir a Venezuela en cabeza de playa de la geopolítica de la opresión contra pueblos hermanos y amigos, a los que ahora damos la espalda y hasta ofendemos según los dictados del Departamento de Estado gringo.   

¡Los recursos del petróleo venezolano deben invertirse con carácter prioritario y urgente, en la atención integral de nuestra gente afectada por la tragedia del 24 de junio y sus terribles secuelas!     

Bastan un par de ejemplos para verificar la indecorosa actitud de la elite central-vertical que se solaza con sus privilegios y manoseadas egolatrías. El reciente 13 de julio, el “procónsul” (o “virrey” como le llaman en Washington), Marco Rubio, anunció una campaña para “desmantelar la Corte Penal Internacional” por considerarla contraria a la seguridad de Estados Unidos. De inmediato, Venezuela es el primer país en iniciar el retiro formal de la CPI. Recordemos que la Corte Penal Internacional emitió en noviembre 2024 una orden de arresto contra el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, por crímenes de guerra y de lesa humanidad. Los cargos incluyen el uso del hambre como arma y ataques letales contra civiles. Ya vimos pasearse por nuestra capital a genocidas confesos, haciendo marketing “humanitario” y anunciando la creación de “colonias” en territorio venezolano. Gozaron como ninguna delegación de voluntarios y rescatistas de verdad, de una esmerada hospitalidad oficial, que no cesan de publicitar.

Rechazamos por inconstitucional el supuesto diálogo que “revive” a un muerto: la Asamblea Nacional electa en 2015, esa que cometió todos los crímenes de lesa patria y promovió el uso de la fuerza extranjera contra nuestro pueblo, además de robarse activos nacionales y conspirar para entregar parte de nuestro territorio. ¿Quién hace el maleficio de la resurrección de Frankenstein? El mismo que nos bombardeó el 3 de enero, convirtiéndose, por el extravagante síndrome de “esto es el colmo”, cuando el colmo tiende a infinito, en el mejor amigo, socio y soporte del anómalo poder constituido. Nuestra Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999 ha sido derogada de hecho, y la V República desaparecida por inacción. Aquí nos gobiernan a través de “órdenes ejecutivas” y “licencias” gringas, y algún que otro capricho del pedófilo mayor.

Pero las extrañezas neocoloniales no se acaban. La agente opositora Dinorah Figuera al llegar “de visita” al país el 18 de junio, declaró que vino “invitada por el Departamento de Estado de Estados Unidos”, anunciando que primeramente se reuniría con el encargado de negocios, John Barrett, y, luego, con el presidente de la Asamblea Nacional en funciones (transitorias), “para tratar asuntos como la designación de un nuevo Consejo Nacional Electoral”.

“Yo estoy asumiendo una invitación que me hace el Departamento de Estado”, declaró Figuera. Es decir, viene a cumplir instrucciones del gobierno extranjero enemigo que actúa como fuerza ocupante. En fecha 11 de julio, el presidente de la Asamblea Nacional declaró que era “una ofensa, una falta de respeto” hablar de temas políticos electorales en medio de la tragedia por los sismos del 24 de junio. Algún poder superior lo obligó a cambiar su valoración ética.

La fuerza ocupante y la elite central-vertical a sus órdenes, están tratando al país como zamuros a una vaca muerta. La desguazan a picotazos. Están repartiendo los negocios energéticos y minerales, entre otros, a capitales del fascismo global imperialista. Pretenden condenarnos al esclavizante extractivismo del tiempo de Juan Vicente Gómez, y enredarnos en una monstruosa deuda externa, falsa, delictuosa, inflada, que hipotecará el futuro de Nuestra Patria por dos siglos. Unos papeles que las mafias de parásitos yanquis, sionistas y pitiyanquis compraron a precios de estiércol, las van a reconocer a valor de diamantes, bajo los auspicios del FMI y la intermediación de dos empresas de maletín impuestas por Narco Rubio.

Pero a ese mundo paralelo de la elite, de “diálogos” selectivos, poses elegantes y exquisita farándula, que excluye e invisibiliza la participación protagónica del pueblo, se oponen crudamente las carencias que vivimos las mayorías nacionales, los efectos de la voraz inflación y la devaluación cotidiana, mientras el BCV quema miles de millones de dólares entregados a la burguesía parasitaria, incluida la de reciente aparición, ligada a círculos políticos, cartelizados y nepotistas; a esas caritas risueñas con el invasor, las abofetean las pésimas condiciones y medio ambiente de trabajo en que laboran los legítimos productores de la riqueza, la clase trabajadora, víctimas de la traición de sindicatos y autoridades del trabajo inútiles, serviles a los patronos; a ese carnaval de entreguistas y genuflexos, lo desenmascara la propia jactancia del “emperador” Trump que a diario nos enrostra el dominio que ejerce sobre la burocracia y los bienes del país, sin dejar de aplicarnos la guerra económica eufemísticamente llamada “medidas coercitivas”.

Como diría nuestro Libertador Simón Bolívar en carta al General en Jefe Rafael Urdaneta el 19 de junio de 1827: “¿Puede saberse esto sin sentir la más viva indignación? ... cuando el ultraje ha ido hasta invadir la república y emplear las armas para imponer a los pueblos y oprimir la voluntad nacional, no es posible resistir los impulsos del patriotismo y el deber”.

¡No en nuestro nombre!

¡Rechazamos la negociación antinacional de las elites sumisas al imperialismo!

¡Fuera yanquis de la Patria de Bolívar!

¡Que sea el bolivarianismo nuestra fuente de “unidad, lucha, batalla y victoria”!  

En las ciudades, pueblos y campos de la Venezuela Bolivariana, hoy 1° de agosto de 2026, firmamos para dar la cara por la Dignidad de la Patria,

 

 Grupo Rafael Urdaneta del Poder Originario (GRUPO)

Firman colectivos y compatriotas...

 

martes, 28 de julio de 2026

El ataque del 3 de enero de 2026 fue un golpe contra la Internacional Antifascista creada por Nicolás Maduro

 


El ataque del 3 de enero de 2026 fue un golpe contra la Internacional Antifascista creada por Nicolás Maduro

Además de apoderarse del petróleo, el oro, todos los abundantes recursos nacionales, y hacer alarde del poderío militar en un vecindario latinoamericano y caribeño acoquinado (excepto Cuba y Nicaragua, y México a su manera), ¿por qué otra razón Estados Unidos atacó Venezuela y secuestró a Nicolás?

Obviamente destruir la Revolución Bolivariana fue un objetivo estratégico del imperialismo yanqui este cuarto de siglo, y logrado en gran parte el mismo, no tengo duda que tratarán de ir más allá: descuartizar a Venezuela, balcanizarla, en alianza con las oligarquías carroñeras que gobiernan las cercanías, y en función de los intereses de las transnacionales gringas que venían perdiendo poder en la región.

Vimos como al mes de la agresión el criminal Donald Trump reunió a una pandillita de presidentes cipayos bajo una denominación tan poco original como la pobreza intelectual del aberrado ricachón: “Escudo de las Américas”, el complemento de la juguetería bélica para la “Lanza del Sur”. Esto es política por otros medios. Pura y dura. Prácticas de tiro al blanco con lanchas de países caribeños. Jactancia presidencial de estar ganando guerras en par de horas, y dinero con el petróleo venezolano robado, por ejemplo, que se ufanan de controlar y que ha generado una fortuna en seis meses. Se estiman entre catorce y diez y seis mil millones de dólares de ingresos petroleros -sin contar los barcos que asaltaron antes del ataque del 3 de enero- que el gobierno de Trump se ha apropiado en detrimento del pueblo y la soberanía venezolana. Sin embargo, algunos aplaudieron una supuesta -cínica, burlona, desgraciada- ayuda humanitaria con la tragedia por los sismos del 24 de junio.

Entonces voy a la revelación que quiero hacer en esta reflexión.  

En septiembre de 2024, el Presidente Niccolás Maduro convocó en Caracas el Primer Encuentro Internacional Antifascista que tuvo como propósito alertar a los países y pueblos latinoamericanos y caribeños acerca del peligro inminente del neofascismo mundial y la nueva hegemonía que los imperios intentan imponer.

Superadas las horas aciagas de violencia interna con que quisieron destruir la estabilidad alcanzada con el liderazgo del Presidente Nicolás Maduro -tras una década de guerra híbrida que mermó gravemente el Ingreso Nacional e implicó la trama de un fantoche “gobierno interino” que facilitó el saqueo de valiosos activos venezolanos-, nuestro país pasó a tomar la ofensiva política al convocar la iniciativa más trascedente de los últimos tiempos: el Congreso Mundial contra el Fascismo, Neofascismo y expresiones similares, realizado en Caracas los días 11 y 12 de septiembre de 2024 en homenaje a Salvador Allende, con un esfuerzo extraordinario que logró reunir en tiempo récord más de mil activistas y movimientos de 91 países, incluidos varios gobiernos.

Y como resultado de este histórico Congreso, la creación de la Internacional Antifascista que aglutinó en breve tiempo las más representativas voluntades democráticas y solidarias del planeta. Se realizó una agenda de encuentros parlamentarios (4 y 5 de noviembre 2024), jóvenes (finales de noviembre), y otros sectores sociales que enriquecieron el accionar coordinado de las fuerzas antifascistas llamadas a detener el fascismo global imperialista como amenaza a la convivencia universal y la autodeterminación de los pueblos.

Es que debemos decirlo tajantemente: el signo distintivo de este tiempo es el fascismo global imperialista, esta conjunción de democracias burguesas controladas directamente por los monopolios, y el terrorismo mundial ejercido por Estados Unidos e Israel (Sionismo) más una mafia de gobiernos lacayos (mayoría de Europa y gobiernos árabes serviles al sionismo), con su tridente mortífero: el poderío financiero, la hegemonía cibernética y la fuerza destructiva de su armamento. Lo está padeciendo el Pueblo de Irán y el Eje de la Resistencia en la martirizada Palestina, Yemen y Líbano, grupos de Irak, con todo el Honor y la Gloria de la humanidad decente.  

Derrocar a Nicolás Maduro y establecer una cabeza de playa militar y políticamente sumisa en Caracas, además de engrosar el poder energético del imperialismo, ha tenido dos consecuencias organizativas mortales para la resistencia de los pueblos: en lo interno se desmoviliza al pueblo bolivariano privándolo hasta del derecho a repudiar públicamente la invasión (las órdenes del cogollo con que funciona el modelo central-vertical instruye mantener un inexplicable y ofensivo “silencio digno”), mientras las figuras más vistosas de esa elite se pasean de manitos agarradas con los invasores y genocidas despreciables, y mantienen negociaciones secretas hipotecando el futuro del país a espaldas del pueblo trabajador, al que decidieron invisibilizar. En lo internacional, se han encargado de destrozar aquello que se había logrado con la Internacional Antifascista: articular un centenar de países que actuábamos coordinados en una agenda defensora de la soberanía, la autodeterminación y las causas justas de los pueblos en resistencia antiimperialista, anticolonialista, antisionista. ¡Quebraron el núcleo duro de la integración, comenzando por el ALBA! Venezuela hoy, duele en el alma, es parte del bloqueo a Cuba.

Así decidieron celebrar los gringos el Bicentenario del Congreso Anfictiónico de Panamá. Y se las pusimos de papaya, gracias a la idiosincrasia del cheverismo, fusión y fase superior del “ta’ barato” y el “cadivismo”. No tengamos duda que la corrupción y el afán de lucro desmedido de la elite central-vertical está en la médula de la terrible derrota que estamos sufriendo cada día. Porque no fue sólo el 3 de enero, que es mucho decir, lo peor es lo que hemos constatado a posteriori. La entrega descarada de la república. La V República ha muerto. La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela ha sido derogada de hecho. Adiós Poder Constituyente. La elite de los mil privilegios se cuadró con los gringos. Ahora la CIA es confiable supra árbitro electoral (2004-2020, no 2024, Nicolás nojorsi guaira). Ah, y Trump con Rubio (“bestias rubias”) los custodios de nuestros ingresos nacionales. Ya nos “donaron” 300 millones humanitarios de los diez y seis mil millones sanguinarios que retienen los piratas. Nos vemos en Qatar.

¡Welcome Tio Sam! El 1° de agosto tendremos nuestro Frankenstein con una tácita “Enmienda Platt” sobre nuestros cogotes. ¡Ay que bonito es bolar a Qatar! ¡Welcome SpaceX and Starlink! "Y muchas gracias Mr. Trump por mantener alejada a la señora aquella. ¿Ya le llegó la condecoración héroe de Venezuela?". 

El Golpe de Estado del 3 de enero no sólo secuestró a Nicolás y con él al país entero, violó nuestra soberanía y humilló nuestra Dignidad Patria, también cercenó la organización internacional más pertinente y exitosa del siglo XXI: la Internacional Antifascista, que apenas nacía y ya tenía cerca de un centenar de Capítulos Nacionales cada uno en sus especificidades, pero activos y creciendo sólidamente.

Es desconsolador ver todas las Efemérides recientes (24 de Julio Natalicio del Libertador) sin un acto oficial en la inmensa mayoría de las Plazas Bolívar del territorio nacional. Sólo reductos irreverentes nos hemos atrevido a salir espontáneos a dar la cara por la honra de la Patria.  

La Internacional Antifascista era la continuación de la Anfictionía Bolivariana del siglo XIX, un poderoso instrumento de la Geopolítica de la Liberación por el Equilibrio del Universo. Por eso los gringos, con nuestro líder secuestrado allá en New York, se han apurado en crear su propia coordinación de ultraderechistas con fines hegemónicos opresores.

II

Marcos Rubio inauguró la Internacional Fascista “democrática”: “La violencia de izquierda no solo se justificaba; se trataba como algo sagrado, una categoría protegida en sí misma: esa era debe terminar. El terrorismo político de extrema izquierda no es algo reciente ni una novedad moderna. No es una invención de políticos conservadores. Durante gran parte de la era moderna, fue, de hecho, la forma predominante de violencia política… la izquierda radical puede adoptar diversos lemas e ideologías, pueden llamarse a sí mismos anticapitalistas, antiimperialistas, comunistas, anarquistas o marxistas. Pero su naturaleza fundamental es un resentimiento disfrazado con el lenguaje de la igualdad, la justicia y la liberación; una necesidad abrumadora de derribar lo que hombres más grandes han construido, de destruir lo bello y lo justo en nombre de personas que solo rebosan fealdad y que no tienen nada más que ofrecer al mundo que violencia y terror. El mundo que imagina el comunismo es pequeño, plano, gris, despojado de toda excepcionalidad y vaciado de todo lo bueno y noble que hay en el alma humana. El mundo que imagina es un mundo sin valentía. Y el mundo que imagina el comunismo es un mundo sin Dios. Para estos arquitectos de la violencia revolucionaria, el gran logro de nuestra civilización, para ellos, supone una humillación insoportable; es un recordatorio de lo que no pueden hacer y de lo que no pueden llegar a ser. Así que, en su lugar, eligen destruir. Incluso hoy en día, la mera idea de que el terrorismo de extrema izquierda pueda constituir una amenaza seria se trata como una fantasía febril de la derecha o, peor aún, como una peligrosa conspiración fascista.” (Discurso de Marcos Rubio, 16 de julio de 2026)

Dos años antes, en Caracas logramos congregar 1100 delegados de 76 países, en el Encuentro Mundial del Equipo Promotor de la Internacional Antifascista, con el propósito de sentar las bases sólidas de una poderosa estructura orgánica mundial que enfrente decididamente al Fascismo, Neofascismo, Sionismo y expresiones similares. Nuestra Internacional Antifascista, “está inspirada en los principios del internacionalismo revolucionario a fin de articular la lucha de todos los pueblos del Sur para preservar la vida, salvar la especie humana y al planeta del fascismo, el neo- fascismo, sionismo y expresiones similares…con sus prácticas de instigación al odio, el fanatismo extremista, la xenofobia, la misoginia, la aporofobia, el revanchismo, la violencia, muerte y toda forma de aniquilación de las diferencias perseguidas por el fascismo.” (Declaración de Caracas)

Caracas se convirtió por dos años en el eje de la lucha mundial contra el fascismo, al constituirnos en Equipo Promotor de la Internacional Antifascista.

Nuestro lema ¡Humanidad o Fascismo! adquiere más vigencia en la medida que vemos actuar con total desparpajo a la monstruosa transnacional del mal, la dictadura de los mafiosos, avaros y matones de niñas y niños, los racistas, los genocidas, los ladrones del futuro de los pueblos libres.

Hoy, 28 de julio que recordamos el nacimiento de Hugo Chávez, Comandante Supremo y Eterno de la Revolución Bolivariana, nuestro juramento tiene que se ¡Patria o Muerte!

Yldefonso Finol

Militante Bolivariano

viernes, 24 de julio de 2026

SALVEMOS A BOLÍVAR, Y SALVAREMOS A VENEZUELA

 


Salvemos a Simón Bolívar, y salvaremos a Venezuela

¿Qué podemos decir de Bolívar a casi dos siglos y medio de su nacimiento (243 años)? ¿Qué podríamos agregar a las muchas biografías e infinitud de libros dedicados a estudiar su gesta y su pensamiento, e incluso a tratar aspectos triviales de su persona o a denostar de él?

Lo llamativo es que la temática “Bolívar” no se agota. En cualquier rincón del mundo aparece una nueva mirada que sigue su sorprendente trayectoria. He afirmado que el mayor enigma de la historia de Nuestra América es la vigencia de Bolívar, y que mientras más detractores le aparecen más se confirma la necesidad que tenemos de volver a él. ¡Vaya que las circunstancias actuales así lo corroboran!

¿Por qué Bolívar es sinónimo de lo más admirable del ser humano?

Porque creyó en una causa justa y nunca la traicionó. Porque luchó todo el tiempo y en todos los lugares. Porque se forjó un espacio en la historia con valentía y sin mezquindades. Porque fue generoso hasta los extremos. Porque encarnó lo más admirado por la humanidad: el heroísmo. Porque fue capaz de derrotar a un enemigo poderoso que representaba el atraso y la opresión. Porque se arriesgó, se atrevió, fue derrotado, se sobrepuso al fracaso y triunfó. Porque formuló propuestas trascendentes y las concretó. Porque honró la palabra con sus sacrificios.

Porque su lucha no se encajonó en unos límites territoriales coloniales. Porque modificó radicalmente la cartografía de su tiempo. Porque forjó una nueva nacionalidad basada en la lucha por la emancipación. Porque creó un sistema de ideas coherentes con los principios de independencia, igualdad, buen gobierno, aboliendo los privilegios coloniales y monárquicos. Porque planteó la unidad de las nacientes repúblicas (“hermanas”) en una confederación que las salvaguardara de las apetencias imperiales. Porque propuso el concepto geopolítico más brillante de su tiempo con plena vigencia en la actualidad: el Equilibrio del Universo.

Porque fue pionero de los derechos de los pueblos originarios y de las políticas públicas ecologistas. Porque fue un vigoroso defensor de la ética pública y enemigo acérrimo de la corrupción. Porque fue un visionario de la sociedad futura, como pregonero de un tiempo mejor en lo económico, científico, educacional, artístico, pero también advirtió contra flagelos morales y políticos que acechaban a nuestros pueblos, sobre los que había que actuar con planes claros e inmediatez. Porque predijo el rol imperialista de los Estados Unidos en Nuestra América.

II

Está vigente Bolívar en la irrenunciable lucha por la Independencia, contra el imperialismo, por expulsar un ejército enemigo de nuestros territorios, por tener gobiernos éticos y patrióticos, no ceder al coloniaje de nuevo cuño que contagia al continente, volver al plan inicial del Congreso Anfictiónico, insistir en la unión de Repúblicas hermanas, consolidar un coloso de poder que sea salvaguarda de nuestras soberanías colectivas y eje del Equilibrio del Universo; que se establezca de una vez la igualdad práctica, la seguridad social, la estabilidad política; que la educación y el trabajo sean las palancas que hagan progresar la sociedad; pareciera que estuviéramos hablando de una “reforma que nunca se había hecho”. 

¿Se trata de alguien para recordar un día al año, o es un hombre destino, una marca imborrable de cada día? ¿Quién es ese Bolívar que aparece en todas las ecuaciones de nuestra existencia, a quien no dejan de aparecerle enemigos y quien no ha podido entregarse por completo a la muerte para ser un difunto lejano, huesos del olvido, un pedacito de recuerdo perdido en la infinita oquedad del pasado?

¿Cómo ver a Bolívar, cómo acercarnos a él, cómo asirnos a sus lecciones trascendentes que hoy nos increpan a la cara el riesgo inminente de perder la Patria?

Propongo estudiar a Bolívar desde Bolívar. Se trata de una metodología radical (“que chupa los jugos de la tierra a la que sirve”, según Andrés Bello), que intenta sortear las escaramuzas para ir al combate estratégico, que no se resigna a la xenofilia epistémica que tanto abunda en la elite central-vertical y una “intelectualidad” que sigue rindiendo culto a la colonialidad, porque se asume -y presume- que el conocimiento viene importado desde locus exóticos o en la cancerígena cábala online que niebla almas, porque los filósofos y pensadores deben tener apellidos germánicos, anglosajones, en fin, europeos, mejor si vienen con el prestigio de academias y oenegés financiadas por la hegemonía científico-cultural nazisionista.

Es Bolívar contra el fascismo global imperialista: un antídoto venezolano que Venezuela no ha sabido valorar. Porque del “Sus Majestades Reyes Católicos” saltamos al “ta barato, dame dos” y a la fase superior del cheverismo: el cadivismo. 

Celebrar a Bolívar es atrevernos a inventar una epistemología original. Es asumir la confrontación a la campaña transnacional antibolivariana, es tomar partido la Doctrina del Libertador por sobre los escribas y fariseos, quienes prefieren que Bolívar permanezca en los sepulcros blanqueados, entre el mausoleo y el manoseo. Es también desenmascarar a la casta falseadora, y exterminar las polillas que corroen el bolivarianismo desde el contrabando universitario.   

La Doctrina Bolivariana -en Venezuela- es el sustento constitucional de la República, además de ser un aporte nacional al pensamiento revolucionario mundial. La enseñanza, difusión y comprensión de la Gesta y la Doctrina Bolivariana son una necesidad urgente para: 1) Preservar la existencia de la República en la cohesión del Pueblo congregado como estirpe libertadora, 2) Para orientar las luchas de liberación nacional y por los derechos ciudadanos plenos, 3) La proyección de una mejor humanidad como horizonte, por un mundo de justicia y equilibrio (para que haya paz), hincado en la autodeterminación de los pueblos y la validez del derecho internacional consensuado.

No haber logrado estos objetivos por los desvaríos del modelo educativo, es el peor fracaso de la nación. En el Discurso de Angostura el Libertador Simón Bolívar lo expresó magistralmente: “El progreso de las luces es el que ensancha el progreso de la práctica, y la rectitud del espíritu es la que ensancha el progreso de las luces…de un pueblo que no se conforma con ser libre y fuerte, sino que quiere ser virtuoso”. (Recordemos una vez más al poeta Antonio Machado: El arma más destructiva que utiliza el fascismo es la mentira). Y reiteremos con Bolívar: “Por el engaño se nos ha dominado más que por la fuerza, y por el vicio se nos ha degradado más bien que por la superstición. La esclavitud es la hija de las tinieblas; un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción”. [1]

Como dijera el Maestro Rodríguez: “…unas a otras se temen, sin poder determinar la causa, y no es otra que el egoísmo, propio de la ignorancia en que yacen millones de hombres, por la falsa idea que tienen de la sociedad los pocos que la suerte ha puesto a gobernarla.[2]

III

Ser militante de una Concepción Bolivariana de la Historia, rebelde, radical e insurgente, exige defender la gesta y Doctrina del Libertador Simón Bolívar, misma que está basada en un ejercicio permanente de memoria histórica, el estudio profundo y sistemático del pensamiento más avanzado de su época, la observación crítica de la realidad internacional, el análisis situacional del estado político-militar del enemigo y la correlación de fuerzas en cada coyuntura del proceso de Independencia. Su praxis revolucionaria se sustentó en un enorme ejercicio de reinterpretación de la historia, concisamente proclamado aquel 4 de julio de 1811 en la Sociedad Patriótica: ¡300 años de calma no bastan! 

Anotemos algunas premisas de nuestras raíces ideológicas fundantes, comenzando por una muy puntual que perfectamente encaja en la lucha que estamos librando contra el rebrote del flagelo fascista: “Todo el cuerpo de la historia enseña que las gangrenas políticas no se curan con paliativos”. [3]

Este hombre que, en el clímax de su gloria, molestado por un intrigante misógino que objetaba el ascenso de Manuela Sáenz al rango de Coronela ganado en la Batalla de Ayacucho, respondió: “Un ejército se hace con héroes y éstos son el símbolo del ímpetu con que los guerreros arrasan a su paso en la contienda, llevando el estandarte de su valor”. [4] Es el enamorado de la Historia que no se conforma con estudiarla y comprenderla, sino que se mete en su torbellino a enrumbarla hacia la eutopía. “El gran poder existe en la fuerza irresistible del amor”, dice en una carta desde Caracas el 6 de abril de 1827 a su heredero Gran Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre.

Insistimos en salvar a Bolívar. Salvarlo de sus propias premoniciones: “Si la América no vuelve sobre sus pasos… bien poco hay que esperar respecto a la consolidación de sus gobiernos; y un nuevo coloniaje será el patrimonio que leguemos a la posteridad”. [5]

Para salvar a Bolívar, debemos seguir sus instrucciones, con la disposición combativa mostrada en los días más terribles: “Con motivo del mal estado de la situación por falta de energía de nuestra parte y por sobra de la ajena o de los contrarios, estamos resueltos a tomar un partido que salve la Patria, formando una reunión de los hombres más influyentes que… hagan lo que se determine.” [6]

IV

La “Noche Septembrina” continúa. Bolívar objetivo militar del fascismo global imperialista.

El documento definidor de la política derechista en Estados Unidos Santa Fe IV del año 2000, prestó especial atención a la Patria Bolivariana, partiendo del diagnóstico de un país muy conocido por el imperialismo petrolero gringo desde comienzos del siglo XX y al que observaron temerosos sus más importantes estadistas desde los días convulsos de la lucha por la Independencia: “Venezuela es un país paradójico. Es uno de los países productores de petróleo más importantes del mundo y, sin embargo, la mayoría de la población es muy pobre. En Venezuela, hace mucho que la industria petrolera está en manos del Estado y la riqueza que produce, en su mayor parte, ha sido absorbida por una gran cantidad de contratistas internacionales y un aparato administrativo inflado. Una gran clase gubernamental y comercial ha prosperado a la sombra de la industria petrolera, pero grandes sectores de la población general viven en la miseria, en terrenos ilegalmente ocupados, con comida, agua, atención sanitarias y educación inadecuadas. Durante muchos años, la política partidaria de Venezuela ha sido nominalmente democrática y blanda, y ha hecho poco por resolver los problemas socioeconómicos del país y de sus masas cada vez más alienadas”. [7]

Hay que leer con mucha atención el manejo minucioso que exhiben los tanques pensantes yanquis en Santa Fe IV: es la interpretación de las condiciones objetivas y subjetivas en el primer año del Tercer Milenio: “Las condiciones estaban maduras para el surgimiento de Hugo Chávez. Hombre de orígenes humildes, Chávez ascendió rápidamente por las filas del ejército debido a sus habilidades como atleta y soldado. Hace ocho años, en 1992, fue parte de un golpe militar fallido y pasó cierto tiempo en la cárcel por su intervención. Después de su liberación, Chávez decidió tomar el poder por medios electorales. Utilizando en su campaña la promesa de usar la riqueza petrolera de Venezuela para aliviar la pobreza de las masas, Chávez sorprendió a muchos al ganar la presidencia en el otoño de 1998. Chávez se movió rápidamente para consolidar su poder. Estableció una nueva convención constitucional, que promulgó una nueva Constitución a su medida, y disolvió el Congreso existente. También instituyó una gran purga de la compañía estatal petrolera y ha asumido un papel prominente en la OPEP: se considera que ha sido el impulsor del reciente movimiento de la OPEP para cortar la producción mundial de petróleo y subir los precios. El gran héroe de Chávez es Simón Bolívar. Apoyándose en el bolivarismo, aspira a formar la Gran Colombia (Venezuela, Colombia, Panamá y Ecuador), probablemente como república socialista”. [8]

En su segundo mandato, Donald Trump, desempolvó el Documento de Santa Fe IV, para cuyos autores, nuevos enemigos desafiarían la hegemonía estadounidense: después de la estratégica China, “el castrista Chávez de Venezuela y el surgimiento de un militarismo izquierdista en los países andinos que finalmente está obteniendo un poco de atención por parte de los medios, en la medida en que el bolivarismo se convierte en un grito de ataque de los comunistas y socialistas.” [9]

Desde los días en que Bolívar presidía la original Colombia, en mayo de 1823, John Quincy Adams nos veía con insana apetencia: “llamada a ser en adelante una de las naciones más poderosas de la tierra, tanto por su acceso a los océanos Pacífico y Atlántico, y sus ríos navegables, el Amazonas, el Orinoco y el Magdalena, como por la fertilidad de su suelo y la abundancia de sus riquezas mineras”. [10]

Bolívar anda por ahí desde un 24 de julio de 1783, entre escombros y un pueblo sufriente, entre la solidaridad y la indignación. No deja de luchar. Nosotros, que no creemos en leyendas, ni en religiones, hemos constatado diariamente la voluntad de este hombre por vencer las dificultades, incluida la muerte.

Yldefonso Finol



[1] Simón Bolívar (2019). Discurso de Angostura. Edición conmemorativa del Bicentenario 1819-2019.

[2] Simón Rodríguez: Sociedades Americanas. Obras completas. Tomo I. Ediciones de la Universidad Simón Rodríguez, 1975, p. 331

[3] Simón Bolívar: carta a José María del Castillo. Bucaramanga, 11 de abril de 1828

[4] Simón Bolívar: carta a Santander desde Lima el 17 de febrero de 1825.

[5] Archivo del Libertador. Simón Bolívar: carta a Mariano Montilla, Guayaquil, 4 de agosto 1829.

[6] Cartas de Bolívar y Urdaneta. Bogotá, 18 de abril de 1830.

[8] Idem

[9] Eduardo Rivas: los condicionantes externos en los procesos de integración. El rol de los Estados Unidos de América ante los casos europeo y latinoamericano (2002).  https://www.eumed.net/libros-gratis/2007a/256/51.htm

[10] Germán A. De La Reza. El intento de integración de Santo Domingo a la Gran Colombia (1821-1822). Revista Secuencia número 93 México (sep./dic. 2015), p 74

jueves, 23 de julio de 2026

Entrevista de Clodovaldo Hernández con Yldefonso Finol sobre la Batalla Naval de Maracaibo

 


Entrevista con Clodovaldo Hernández

Yldefonso Finol: “Sólo después de la Batalla Naval del Lago hubo capitulación española”

El historiador, economista, escritor y constituyente zuliano (El Moján, 9-11-1959) reivindica la importancia medular de esta confrontación que ocurrió 25 meses y 61 combates después de la Batalla de Carabobo

C. H. -Tal vez por un enfoque de la historiografía caraqueña, siempre se habla de la Batalla Naval del Lago de Maracaibo como si hubiese sido el epílogo del proceso de Independencia, y un epílogo, igual que un prólogo, algo que uno lee si quiere. Bajo una visión más amplia, es un capítulo con su propia naturaleza, con su propio derecho. ¿Cierto?

Y. F. -La historiografía dominante, la que se impuso desde la colonia y a la que se dio continuidad en la república burguesa dependiente, desde Páez para acá, nos enseñó la historia ajustada a sus intereses. Se mantuvieron los cánones del eurocentrismo y de la supremacía colonialista. El mismo Bolívar reconoció que con tanto esfuerzo solo se había logrado la independencia política. El resto quedó pendiente, y entre esos asuntos pendientes, está el cambio cultural, el que más cuesta llevar a cabo porque tiene que partir de una decisión consciente de la dirección de la sociedad. Si no se toma esa decisión, se mantienen los mitos impuestos por la opresión. Esa forma de ver la historia y la cultura en general (episódica, homocentrista, patriarcal, eurocéntrica, muy al gusto estético de lo grecorromano, de la belleza del occidente europeo) se mantiene presente después de la Independencia, y condiciona a esa poquita historia que nos enseñaron para perpetuar la cultura de la sumisión de las mayorías populares. Quienes tuvimos acceso al sistema educativo si acaso aprendíamos algo, fue la Pinta, la Niña y la Santa María, la Madre Patria… Ese enfoque, basado en la mirada positivista de la historia siguió predominando en la época republicana y nos dijo, por ejemplo, que “Carabobo selló la Independencia de Venezuela”. Ese es uno de los mitos republicanos, parecidos a los mitos alienantes del colonialismo. Pretenden apoyarlo en una idea que Bolívar expresó en el Parte de la Batalla de Carabobo, cuando dijo que, con esa victoria espléndida, se lograba el nacimiento político de la República. Él no dijo que “selló la Independencia”, sabía que todavía faltaba liberar el sur de la Nueva Granada y la Gobernación de Quito (Ecuador). De hecho, si vamos a hablar de frases de Bolívar sobre las batallas que marcaron el cierre del dominio español en Venezuela, tenemos que remitirnos a una carta que escribió en Trujillo (Perú) el 22 de diciembre de 1823, donde afirma que “la guerra del norte se ha acabado con la capitulación de Morales”. Cuando dice “el norte”, está hablando de aquella Colombia que él quería construir, a la que luego los historiadores le inventaron el nombre de Gran Colombia, que no se utilizó oficialmente en su momento, ni tuvo personalidad jurídica. Y al referirse a “la capitulación de Morales” se refiere a la rendición del último Capitán General español que fue derrotado en el Zulia (como también dimos de baja al primer gobernador colonial, el agente alemán Ambrosio Alfinger, en el Sur del Lago). Todo eso ha sido tergiversado por la historiografía paecista, entendiendo como tal aquella republiqueta que continuó siendo un brazo de la neocolonia, la opresión oligárquica, que no buscó desarrollar un modelo societario diferente, que nos condenó a la dependencia y que estableció un régimen de injusticia contra el que se alzó Ezequiel Zamora. Ese fue el plan de la oligarquía que se montó en el prestigio militar de Páez para convertirlo en peón de aquel proyecto, al punto de que, viniendo de donde venía, terminó convirtiéndose en un burgués, pendiente del piano, de la vida neoyorquina y del francés. Páez era un tipo muy ladino, muy mentiroso.

C. H. - ¿Cómo rebatir esa visión de la historia de la Batalla Naval del Lago?

Y. F. - Con datos. Para empezar, después de Carabobo no hubo capitulación del enemigo. Ganamos en muy buena lid aquella Batalla Gloriosa, pero después de esa batalla están registrados 61 combates solo en el territorio de lo que hoy es la República Bolivariana de Venezuela. De esos, 52 fueron en tierra con ejércitos, infantería y caballería; 6 fueron navales y 3 fueron acciones de sitio. Eso ocurrió entre el 24 de junio de 1821 y la Batalla Naval, el 24 de julio de 1823, es decir, 25 meses en total. En el interín, no solo hubo ese conjunto de acciones militares, sino también varias situaciones políticas complejísimas. Bolívar estaba en la Campaña del Sur. Era tan evidente que aún no se había derrotado a los realistas, que en algún momento Santander le pidió a Bolívar que regresara porque le tenía pánico a Francisco Tomás Morales, que ya había logrado llegar hasta Bailadores y amenazaba con avanzar hacia Bogotá, entrando por Cúcuta, cosa que pudo ocurrir, de no ser porque Urdaneta se fue hasta Táriba e hizo que Morales se regresara esmollejao para Maracaibo. Por eso se habla de la Campaña del Zulia, porque fue un proceso de disputa por todo este territorio que culminó definiéndose en las aguas del lago Tinaja del Sol, que es el significado de Maracaibo en el idioma del pueblo añú.  

C. H. - ¿Cómo fue que los españoles, derrotados en Carabobo, lograron retomar el control de Maracaibo, que no era cualquier zona, sino una extensa región con una posición geográfica absolutamente estratégica?

Y. F. - El proceso es largo. Los españoles no estaban en poder de Maracaibo para 1821, cuando ocurre Carabobo. Si lo estaban de Caracas. Maracaibo era republicana desde el 28 de enero de ese año, cuando triunfó la estrategia conspirativa que trazó Urdaneta, con un trabajo de inteligencia muy fino, que incluyó la construcción de bongos (embarcaciones un poco más grandes que las piraguas) con las abundantes maderas del sur del Lago y el tejido de una red popular revolucionaria. Esa insurrección ocurre apenas dos meses después de la firma del Tratado de Regularización de la Guerra, que se hizo en Trujillo, entre Bolívar y Morillo. La insurrección provocó la ruptura del armisticio, por eso digo, irónicamente, que ese tratado duró más que los botones de hueso. El Pronunciamiento de Maracaibo es el punto crítico del reinicio de la guerra en 1821. La ruptura del armisticio es lo que desemboca en la Batalla de Carabobo. Esto nos lleva a otra de las grandes mentiras de la historiografía centralista, la que dice que Maracaibo se incorporó tardíamente a la República. Eso es absolutamente falso: Maracaibo se incorporó precozmente porque el día que llegó Alonso de Ojeda al Golfo de Venezuela, el 24 de agosto de 1499, hubo enfrentamiento armado y lo dice el propio Américo Vespucci en su carta de 1500. De una forma fanfarrona, cuenta que los indios los recibieron a flechazos y que ellos los cañonearon y “luego probaron el filo de nuestros fierros”. Nosotros nos alzamos contra los invasores desde el día que llegaron. Pero, además, Urdaneta ganó la plaza de Maracaibo aplicando lo que Sun Tzu en El arte de la guerra, llama la victoria perfecta, que es la que se logra sin derramamiento de sangre y sin destruir la planta física. Él lo logró con los patriotas locales que estaban alzados desde 1802 con una organización clandestina llamada “Hijos de Maracaibo”, renombrada en 1808 como “Hijos de Cristo”. Ese grupo lo encabezaba Juan Evangelista González, a quien Urdaneta designó gobernador de Gibraltar, en el sur del Lago. Con los bongos que construyeron, enviaron al Batallón de Tiradores la noche del 26 de enero de 1821 hacia Maracaibo para declarar la insurrección. En tiempo récord, Urdaneta logró reunir en Maracaibo una fuerza de 2 mil efectivos, que llegó a ser un tercio del ejército que combatió en Carabobo. Se integraron el Batallón Tiradores, el Batallón Maracaibo creado con residentes que se presentaron voluntarios, y que llegó incluso hasta las grandes batallas del Sur, como Ayacucho y el Portete de Tarqui; y trajo por barco y otra parte por la Guajira, desde Santa Marta, al Batallón de Rifles y a los Húsares de la Guardia, saliendo el 30 de abril de 1821 rumbo a Carabobo, pero antes, en el camino, el 9 de mayo de ese año, liberó Coro por primera vez desde que habían llegado los conquistadores. El Congreso creó el 3 de octubre de 1821 el Departamento Zulia, que incluía las provincias de Maracaibo, Coro, Trujillo, Mérida y la gobernación de la Grita (actual Táchira), es decir, que iba desde la comarca de Cumarebo hasta Táriba, era muy extenso.

C.H. - ¿Cómo fue, entonces, que Maracaibo recayó en manos realistas?

Y. F. - Recordemos que, tras la derrota, el jefe de los españoles en Carabobo, Miguel de la Torre, logró atrincherarse en Puerto Cabello, aprovechando una zona amurallada y artillada y en contacto por mar con la flota realista. Y no eran cuatro pelagatos. Llegaron a reunir a 4 mil 200 efectivos entre los que tenían en Puerto Cabello, una parte que se había ido por el llano y pudo regresar por Borburata y algunas guerrillas muy fuertes y peligrosas, como la del francés Pedro Luis Inchauspe en la región de Coro. Recibieron auxilios desde Cuba y Puerto Rico por vía marítima. Además, sabían que el Departamento Zulia estaba desguarnecido, con apenas 1 mil 700 efectivos en marzo de 1823, pues las tropas fueron enviadas a la Campaña del Sur. Entonces movilizaron esas tropas que estaban en Puerto Cabello, que eran muy preparadas y fogueadas, habían llegado con Morillo en aquella expedición terrible de 1815. Allí estaba Morales, que fue segundo de Boves, es decir, que estamos hablando de un criminal, un genocida sanguinario, antivenezolano a rabiar, que conocía todo el territorio y había cometido los más grandes desmanes después de la batalla de Aragua de Barcelona, donde se pasó por filo a 3 mil personas que emigraron de Caracas. Era un tipo muy prepotente, que después de la muerte de “el Taita” no quiso que nadie más lo mandara. Por eso tuvo problemas con La Torre y con Ángel Laborde (el que comandó la armada española en la Batalla del Lago). Montó una tropa de unos mil 400 hombres, con los barcos que tenía en Puerto Cabello y se lanzó hasta Cojoro, península de La Guajira, desembarcó y avanzó por tierra, pero envió los barcos hacia el golfo, para que los patriotas creyeran que la tropa iba a llegar en las naves. En su movimiento por tierra hubo batallas en Sinamaica, cerca de El Moján, en el río Limón y llegó a las afueras de aquella Maracaibo de apenas 40 mil habitantes, por la vía desde el Moján, al lugar llamado Salina Rica. El 7 de septiembre de 1822, logró derrotar al intendente, Lino de Clemente, en la Batalla de Salina Rica. Previamente, en abril, había tomado los Puertos de Altagracia, donde fusiló a Domitila Flores y a Mercedes Alaña y mandó a azotar, montada sobre un burro, a Ana María Campos, todas heroínas nacionales. Por eso lo he señalado de misógino y feminicida. Hizo dos intentos de invadir Maracaibo. Uno, por el norte, con un grupo comandado por el lugareño Juan Ballesteros, y otro por el sur, por el río Manglar, hoy llamado Cañada de Morillo. Clemente resistió contra los que venían por allí y envió al norte al batallón Tiradores, dirigido por el comandante cubano José Rafael de las Heras, muy cercano a Urdaneta, Héroe de Carabobo, uno de los libertadores de la Patria y de Maracaibo en particular. En esa Batalla de Juana de Ávila -por el nombre del hato donde se desarrolló el 24 de abril de 1822-, los patriotas ganan, pero el Comandante de Las Heras falleció en el combate fortuitamente. Todo eso pasó antes de que el 7 de septiembre de 1822, Morales tomara Maracaibo. Luego, cuando lo logró se envalentonó y por eso fue a dar hasta Bailadores. Ya tenía a Coro y Maracaibo y quería dominar todo el departamento.

C. H. - El almirante José Prudencio Padilla, uno de los protagonistas de la Batalla Naval del Lago, tuvo luego un triste y polémico fin. ¿Sobre este personaje influye también la visión centralista de la historia?

Y. F. - Seguiré hablando con absoluta franqueza, sin maquillar nada. La historiografía antibolivariana se encargó de marginar a Manuel Manrique (verdadero vencedor de Morales), a Pedro Lucas Urribarrí, a Felipe Baptista, a Tomás Vegas, nuestras heroínas y, extrañamente, a ensalzar a Padilla, al punto de que, en Maracaibo, la avenida más importante del centro de la ciudad se llama Libertador, y la segunda, Padilla. Se le intentó cambiar el nombre a Avenida Urdaneta, y los antibolivarianos pegaron el grito al cielo. Al segundo puente sobre el lago le iban a poner Padilla. Yo le envié una carta a Chávez con mi libro sobre el cacique Nigale y Chávez le cambió el nombre, aunque igual, los encargados de la obra se robaron los cobres y no la hicieron. El flagelo de la corrupción que tanto daño nos ha hecho. No quiero restarle ni un gramo de mérito a Padilla, pero el relato hay que leerlo con cuidado y pasarlo por el tamiz de las emociones, del que perdió, el que ganó, el que está despechado, el que está picado. Lo cierto es que los méritos que hizo como hombre de la armada, los tiró por la borda al dejarse enredar por Santander en intrigas plagadas de bajas pasiones. Hoy, cierto padillismo que pulula por ahí, es antibolivariano y proimperialista. Un documento fundamental es el de Rafael María Baralt, una persona muy culta, con formación militar, que tuvo la oportunidad de presenciar el combate. Luego hay que tener en cuenta a los demás autores serios que han trabajado el tema, como Eljuri, Vargas, Nava Urribarí y Jurado Toro. La estrategia de cruzar la barra y entrar al lago con los barcos de la Armada republicana, la diseñó Mariano Montilla, el comandante general de las fuerzas patriotas en el Departamento del Magdalena, que era toda la costa caribe colombiana de entonces. Él había vencido a los realistas en Cartagena y Santa Marta, y por eso Bolívar decidió que fuese él quien se encargara de esta acción contra Morales, en una fase de la guerra que, como lo vislumbró Pedro Briceño Méndez, sería fundamentalmente marítima. Montilla incorporó a navegantes como Renato Beluche y Nicolás Joly. A otro que se le debe dar crédito es a Pedro Lucas Urribarrí, que era un marinero vergatario. Se robó un barco de la Armada española en las islas Canarias y se lo trajo para acá, a lo arrecho. Lo persiguieron los españoles hasta la mitad del Atlántico. Y Felipe Baptista era un marino mercante que luego se incorporó a la Armada. Los investigadores españoles del Archivo Histórico Naval dicen que Montilla consultó a unos indios nativos del lago, que desde niños habían nadado y navegado por esas orillas. Esos indios son el pueblo añú, los que viven en palafitos, que aún hoy son pescadores artesanales.  Montilla le dio instrucciones a Padilla para que se trajera un barco desde Cartagena, igual como lo hizo con Beluche, quien fue a La Guaira. Por cierto, que cuando iban hacia Maracaibo él y el comodoro John Daniels fueron atacados por la flota de Laborde, que había zarpado de Curazao. Daniels quedó prisionero, pero Beluche logra salvarse, llegar hasta Los Taques y dar la información de que se acercaba Laborde con unas naves impresionantes y es cuando deciden adelantar la acción. El 8 de mayo se lanzan, aprovechando el viento nordeste de Paraguaná hacia la entrada del golfo. Los españoles se vanagloriaban de que esa entrada era inexpugnable, por la fortaleza de San Carlos, pero nuestra flota lo hizo y dobló hacia el sureste, rumbo a la bahía de El Tablazo, una jugada maestra que sólo podían haber diseñado conocedores del estuario. Al colocarse en la franja oriental tuvieron una posición privilegiada debido a los vientos predominantes. Hubo algunas escaramuzas hasta que Laborde logró entrar con embarcaciones pequeñas (las grandes no pudieron pasar por la barra), y armaron su flota en Maracaibo, mientras los patriotas estaban en la otra orilla con las embarcaciones que forzaron la barra el 8 de mayo, más muchas “naves sutiles” (piraguas, bongos, chalanas, canoas) convertidas en flecheras y naves de guerra. Los realistas intentaron esta batalla porque ya estaban derrotados en tierra. Manuel Manrique, uno de los héroes olvidados de nuestra Independencia que era la autoridad político-militar del Departamento Zulia (Intendente), se dio el lujo, el 16 de junio, de tomar la ciudad por la zona sur, por Los Haticos, destruir todas las baterías españolas que tenían en el puerto, confiscar el polvorín y los alimentos. Dejó a Morales sin logística, muy debilitado en tierra y con diferencias tácticas muy fuertes con Laborde.

C. H. - ¿Cómo fue la batalla?

Y. F. - A las 10 de la mañana los nuestros intentaron moverse, pero el viento cambio un poco y prefirieron esperar en Punta de Palma y los Puertos de Altagracia. A las 2 de la tarde, Padilla manda a avanzar a la flota sutil y luego, a las 2:20 pm se ordena izar velas a la Armada, y a las 2:37 da la orden de abordaje. La batalla duró tres horas y media, los españoles fueron prácticamente liquidados. Laborde logró irse a Cuba en una nave llamada Especuladora, del Batallón Valencey. Morales y todos los demás fueron detenidos y Manrique, muy prudentemente, y contra la opinión de Padilla, evitó que se produjeran saqueos y pillaje. Acogiéndose al tratado de regularización de la guerra y a la estrategia de que la República se mostrase ante el mundo como una nación civilizada, les ofrece a los oficiales realistas la opción de firmar la rendición. Eso ocurrió el 3 de agosto en la famosa Casa de la Capitulación de Maracaibo. A los pocos días se marcharon los españoles, custodiados por nuestra flota, a cargo de Felipe Baptista.

C. H. - ¿Qué importancia tuvo esa batalla en el contexto general de la guerra?

Y. F. - Primero que nada, debemos verla con enfoque de unión cívico-militar, porque Ana María Campos, Mercedes Alaña y Domitila Flores no eran militares y tampoco los pescadores de la flota sutil; eran pueblo orillero simple, pero amantes de la liberación y leales patritas. Por otro lado, el impacto continental, este resultado lo celebraron desde Guayaquil hasta Panamá. Eso fue una rumba de tres días en todos lados cuando la gente se enteró de aquella primera gran derrota naval contra España, y la gaita sonó fuerte durante en Maracaibo que así celebró el cumpleaños del Libertador. No era para menos porque Morales, el derrotado, fue un monstruo que había victimizado a Venezuela desde el extremo oriente y sur hasta el occidente. La derrota provocó un cisma en el seno de las fuerzas realistas porque Morales y Laborde se hicieron ataques hasta el fin de sus días y en La Habana hubo un debate que repercutió en Madrid sobre los errores tácticos y estratégicos que cometieron ambos. El fracaso causó una desmoralización general que ayudó a que los derrotáramos en el sur, porque Bolívar quedó con las manos y la mente libres para avanzar sobre Perú.

C. H. - Hay quienes preguntan dónde estaba Bolívar en esos días…

Y. F. - Sí, es una pregunta frecuente. Apenas una semana antes estaba terminando de sellar la independencia de Ecuador al derrotar a los terribles pastusos, comandados por Agustín Agualongo y Estanislao Merchancano en la Sabana de Ibarra, una batalla ignorada, pero muy importante porque completó lo que había logrado en Bomboná e impidió que los pastusos entraran a Quito. No estaba jugando dominó, sino redondeando a Colombia.

C. H. - Volviendo al triste fin de Padilla, siempre se ha criticado a Bolívar porque, luego del atentado septembrino, perdonó a Santander, pero fusiló a Padilla.

Y. F. - Claro, incluso en algunos documentos de Bolívar que han sido manipulados, lo presentan como arrepentido del fusilamiento. Esa carta hay que leerla completa porque el arrepentimiento que él muestra es por haber perdonado a Santander. Por eso dice: “tienen razón los de la casta de Piar y Padilla (se refería a los pardos) en pensar que cometí una gran injusticia, para no decir una idiotez, al haber salvado al blanquito”. También pronosticó que “ese hombre será la ruina de Colombia”. Santander fue quien organizó todo, pero sin comprometer su seguridad. Él no combatía desde la batalla de Boyacá, cuando según algunos, se escondió debajo del puente. Padilla no tuvo ese perdón porque ya era reo (reincidencia) de delitos graves, como la sedición e intento de secesión en Cartagena (azuzado por Santander, a quien acudió secretamente a reportarse en Ocaña); delitos por los cuales fue detenido y sería juzgado de acuerdo al rango militar, pero las faltas fueron más allá, sumándose al grupo magnicida que intentó matar a Bolívar el 25 de septiembre de 1828; ahora pesaba el agravante de que en su fuga fue asesinado el oficial que tenía asignado como custodio, el coronel José Bolívar, primo del Libertador y un gran militante bolivariano. Por eso la justicia con él tenía que ser severa de acuerdo a la gravedad de sus crímenes.



C. H. - Usted ha planteado la idea de agregar la novena estrella a la bandera. ¿Cuál es su argumentación?

Y. F. - Fui proponente de la novena estrella en enero de 2021, a propósito del Bicentenario del Pronunciamiento de Maracaibo a favor de la Primera República Bolivariana, que es como yo llamo a la Tercera República de la historiografía dominante. La llamo así porque es la primera vez que Bolívar fue designado presidente y pudo poner en vigor parte de sus ideales. Comencé a acariciar la idea de la novena estrella en 1999, en la Asamblea Constituyente, junto a Vinicio Romero Martínez, pero él me convenció de que no había ambiente para eso. Otro señor, Vinicio Nava Urribarrí, gran historiador, maestro, erudito y excelente amigo, le envió un telegrama a Chávez pidiendo la novena estrella. Cuando la oposición ganó la mayoría en la Asamblea Nacional yo tenía el temor de que los oportunistas regionalistas de pacotilla se plagiaran la idea. Mantuve guardada la propuesta hasta que ganamos la AN en 2020. Me molestaba porque la novena estrella no puede ser sino bolivariana. Esa es una deuda del poder central con las regiones, en especial con el Zulia. Al presidente Maduro le gustó la iniciativa que apoyó el entonces gobernador Omar Prieto. Se trata de reconocer que aquí están el Golfo de Venezuela, el rayo del Catatumbo, la sierra de Perijá, Los Monjes; de aquí son Rafael Urdaneta, el Cacique Nigale, Ana María Campos, Domitila Flores, los obreros petroleros de la huelga de 1936. Eso, desde el punto de vista de la guerra cognitiva, tiene un gran peso simbólico. Colocar la novena estrella podría permitir agregar otras. Desde hace mucho tiempo se ha denigrado de Coro porque hasta grandes historiadores como Augusto Mijares y Vicente Lecuna decían que después de Pasto, Coro era el lugar más realista del mundo. Pero, un momento, Coro también es el pueblo originario caquetío, que fue exterminado por los Welser; es el alzamiento de José Leonardo Chirinos, mucho antes que los mantuanos de Caracas; Coro es Josefa Camejo, una de las grandes heroínas de la independencia continental; es Alí Primera y el pueblo guerrillero del Frente José Leonardo Chirinos. Y no quiero formar lío, pero si fuera parlamentario, el día que esto se debata y se decida hacer justicia con el pueblo del Zulia y de Coro, plantearía la undécima estrella para el Esequibo. Sería un tremendo mensaje a nivel geopolítico.

 

(Esta entrevista la realizó el periodista Clodovaldo Hernández para la Revista Libertador Ocho Estrellas del Centro de Estudios Simón Bolívar en 2023 con ocasión del Bicentenario de la Batalla Naval de Maracaibo)