lunes, 2 de febrero de 2026

EL FASCISMO IMPERIALISTA GLOBAL CONTRA VENEZUELA

 


FASCISMO IMPERIALISTA GLOBAL: EL REINO DEL DESAMOR CONTRA LA INCLAUDICABLE REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

Introito

Inevitable apelar al acervo que guardo en mi alma repleta de canciones. Los versos proféticos del pesimismo tanguero enseñan mucho de la condición humana, indistintamente de los desfaces ideológicos y temporales que se atraviesan: “La indiferencia del mundo, que es sordo y es mudo…” (Enrique Santos Discépolo, tango Yira)

Había publicado el 17 de septiembre de 2025 el texto PELIGROSO MOMENTO SUBJETIVO: EL FIN DEL HUMANISMO, tema que deseo seguir desarrollando por la necesidad interior que me impulsa a compartir mis reflexiones, tal vez en busca de unos iguales para la resistencia que obliga nuestra dignidad bolivariana.

(https://yldefonsofinol.blogspot.com/2025/09/peligroso-momento-subjetivo-el-fin-del.html)

Y, aunque debería estar enfocado en la herida patriótica que nunca sanará después de la emboscada gringa del 3 de enero del año en curso, estoy pensado en Palestina, porque el genocidio “en vivo y directo” ejecutado por el sionismo contra la población indefensa en Gaza, y los planes banales del grupo Trump-Netanyahu de convertir la martirizada franja de esa ancestralidad árabe en un centro comercial turístico para la elite global, representan la más aberrante expresión de maldad y cinismo de la especie humana.

Para los perpetradores de tales crímenes imperdonables, la vida del otro es un estorbo para sus negocios. La avaricia y ambición de hegemonía los empuja a un juego macabro donde masacrar pueblos enteros, oprimir multitudes, desechar personas, destruir la convivencia, lucrarse de la guerra, subyugar al prójimo, son solo jugadas en la orgía de los capitalistas antropófagos y sus matones, proxenetas y siervos a sueldo.

La última vez que un premiado entregó su Nobel a otra persona, fue el escritor noruego Knut Hamsun, que le dio su presea al jefe propagandista nazi, Joseph Goebbels, en 1943. Ahora, una fascista subalterna, arrastrando sus carnes sin alma, regaló su -extraño- premio Nobel a otro nazi: su patrón imperialista. “La historia se repite, primero como tragedia, luego como farsa”, dijo Marx en El 18 Brumario de Luis Bonaparte (1852).

I

Nos conmovemos y hacemos propio el legado ético de José Martí: “El amor, madre, a la patria, no es el amor ridículo a la tierra, ni a la yerba que pisan nuestras plantas; es el odio invencible a quien la oprime, es el rencor eterno a quien la ataca.”
(Fragmento del poema Abdala, 23 de enero de 1869)

La madrugada del 3 de enero, más de 150 aeronaves, incluyendo bombarderos, cazas, plataformas de inteligencia y vigilancia, fueron lanzadas desde veinte bases terrestres y marítimas contra Venezuela, según el general de la Fuerza Aérea Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos. (Más algún arma desconocida, según se jactó Trump).

Par de meses antes, el imperialismo gringo desplegó en el Mar Caribe la IV Flota, con portaviones y submarinos nucleares, que involucran entre doce y quince mil efectivos militares (gubernamentales y contratistas privadas), haciendo puntería contra lanchas desarmadas de pescadores y marineros diversos, con el falaz argumento de la lucha contra el narcotráfico, 80% del cual les llega a sus calles (EEUU) por el Océano Pacífico, la mayoría proveniente del Ecuador fascistoide de Noboa Azin.

Pero la avasallante guerra cognitiva desarrollada por la transnacional antibolivariana, ya había impuesto el relato del “Cartel de los Soles” e imaginarias bandas delictivas con “millones” de integrantes “enviados” por Venezuela. Estigmatizaron una migración que ellos mismos provocaron.

Secuestraron al presidente Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores, dejando más de un centenar de héroes y mártires, cuya sangre regó la historia de sacrificios y epopeyas de nuestra estirpe bolivariana y martiana. Venezuela es hoy un país secuestrado, bajo el chantaje extorsivo de los asquerosos secuestradores. Su superioridad bélica no hace sino aumentar su minusvalía moral. Porque aquí no hay lugar para la claudicación y la rendición.

II

En un entorno adverso, por la presencia de gobiernos de derechas que son agentes sumisos del imperialismo (fascistas subalternos), y otros que se dicen “progresistas”, tibios y cobardes, se prestaron a aislarnos con desplantes y vetos, que le enviaban un mensaje fatal al enemigo estratégico de nuestros pueblos. Sin duda, esa correlación política dio luz verde a las pretensiones yanquis. Algunos llegaron a la complicidad cediendo su territorio como base para el lanzamiento del ataque del 3 de enero.

Nos toca resistir con toda la energía, la paciencia, la inteligencia, la estrategia, y con el mayor rencor contra el enemigo que mancilló nuestra Patria y que insistirá en recolonizarnos.

La reserva patriótica del pueblo bolivariano está herida, hay un dolor profundo, desasosiego, rabia contenida, perplejidad, indignación. Pero no nos engañemos, también hay gente atrapada por la pérdida de soberanía espiritual, producto de la guerra cognitiva, con una deformación malsana de su capacidad sentipensante, que es presa útil del plan enemigo.

Es éste un tiempo de mucho diálogo, mucha conversación, mucha comunicación luminosa y constructiva, en todos los espacios, territoriales y sectoriales, en los hogares, vecindarios, centros de trabajo y estudio; masificar la reflexión guiados por el pensamiento del Libertador, no incurramos en el error de querer “normalizar” la peor coyuntura, la más sanguinaria afrenta como país soberano en lo que va del siglo XXI.   

III

Nuestra principal arma es la unidad. En primera instancia la unidad bolivariana como núcleo de la conducción esclarecida de la sociedad. Cerrar filas al lado de la Presidenta encargada Delcy Rodríguez, leal y valiente compañera, en el objetivo fundamental de sostener la estabilidad, la gobernanza nacional, la soberanía nacional-popular, la territorialidad integral, los derechos ciudadanos y la prioritaria liberación del Presidente Maduro y la diputada Cilia Flores para que retornen a nuestra Patria sanos y salvos a seguir construyendo un futuro colectivo digno e irreversible.  

A los pueblos del mundo, especialmente a los hermanados en historia de la América mestiza y el Caribe (a Cuba nuestra vida si la requiere), agradecerles los múltiples y masivos gestos de solidaridad, y reiterar el llamado a la unión frente al proyecto de opresión que representa el fascismo imperialista global, el reino del desamor, encarnado en la repugnante figura del delincuente de lesa humanidad y criminal de guerra Donald Trump.

No perdamos de vista las pugnas inter-capitalistas e inter-imperialistas, y las antagónicas contradicciones de éstos y el surgimiento del mundo multipolar, cuyas tensiones pueden llevarnos a una conflagración de alcance planetario. Tampoco ignoramos la expresión xenófoba, racista y aporofóbica, de este nuevo fascismo en el propio territorio estadounidense, donde la represión brutal contra la población migrante -el enemigo interno- desenmascara la verdadera esencia odiadora y asesina del sistema.

En Venezuela seguiremos resistiendo con la mayor entereza como lo hicieron las huestes bolivarianas en todas las derrotas parciales que sufrieron, y tras las cuales, emergían con más bríos y fortaleza para lograr la Independencia. Desde entonces sabemos que somos “el pueblo de las dificultades” y que “el gran poder está en la fuerza irresistible del amor”.

¡Venceremos!

  

Yldefonso Finol

Militante Bolivariano

miércoles, 28 de enero de 2026

SANGRE CUBANA EN LA LIBERACIÓN DE VENEZUELA

 

SANGRE CUBANA EN LA LIBERACIÓN DE VENEZUELA

A los Héroes del 3 de enero de 2026

A la unidad indestructible de los pueblos de Cuba y Venezuela en el Centenario del Comandante Fidel Castro

 

Introito

El patriota cubano José Rafael de las Heras, héroe y mártir de la liberación de Maracaibo, Venezuela, y la Colombia original, fue el comandante del Batallón Tiradores que por instrucciones de Rafael Urdaneta acudió a respaldar el pronunciamiento popular y autónomo de la provincia a favor de la Independencia el 28 de enero de 1821; tanto así, que al amanecer del día 29 está al frente de las tropas republicanas que desembarcan provenientes de Gibraltar, como parte del plan estratégico diseñado por Urdaneta en acuerdo con los revolucionarios maracaiberos que protagonizaron aquella impecable victoria.

Sobre este episodio del alzamiento de Maracaibo, nos dice Vicente Lecuna: “Provocado este movimiento por Urdaneta, el batallón Tiradores enviado por él desde Trujillo, ocupó la plaza el día siguiente”.

Y esto fue así, porque tal era la confianza del Libertador en Rafael Urdaneta que, al momento de acudir al encuentro con Pablo Morillo en Santa Ana de Trujillo para refrendar el armisticio, previendo cualquier escenario en circunstancias de guerra, extendió un nombramiento a Urdaneta designándolo General en Jefe de todos los Ejércitos de la República de Colombia (la original, la grande).

El maestro Federico Brito Figueroa resumió muy brevemente la primera participación protagónica de Las Heras en nuestra gesta maracaibera: “El 28 de enero de 1821 Maracaibo se incorporará a Colombia y José Heras, jefe patriota de un destacamento de Gibraltar, ocupará la ciudad, con lo cual los españoles considerarán roto el armisticio”.

En la autocomplaciente Autobiografía del General José Antonio Páez, dándoselas de escritor el caudillo, nadando entre medias verdades siempre con ventaja para sí mismo, tuvo la delicadeza de anotar: “La ocupación de Maracaibo por las tropas de Urdaneta, al mando del teniente coronel José Rafael Heras, que entró en dicha plaza de acuerdo con su gobernador, el venezolano Francisco Delgado, dio origen a una protesta por parte del jefe de los realistas; y como no le contestase Bolívar de una manera satisfactoria, se señaló el 28 de abril para abrir de nuevo la campaña y comenzar las hostilidades, que se habían suspendido por el armisticio celebrado el año anterior”.

Evidencia de que hasta los mezquinos debieron reconocer el mérito combativo del Comandante Heras.

La reacción del Capitán General español Miguel de La Torre, fue considerar ese acto soberano como una violación del armisticio que Bolívar y Morillo suscribieron en Santa Ana de Trujillo en noviembre de 1820. La posición bolivariana, sustentada por el jefe militar de la región, General Rafael Urdaneta Farías, era que se había acudido a dar protección bajo sus armas al pueblo de Maracaibo según los principios del derecho de gentes, y ante la inminencia de una retaliación por parte del poder colonial que intentaría retomar la plaza con despecho por la osadía de haberse independizado. Los meses siguientes dieron confirmación a esa fundada sospecha.

I

Como se sabe, las hostilidades se reanudaron el 28 de abril de 1821, resultando la derrota del ejército monárquico el 24 de junio en la Batalla de Carabobo. Pero el jefe realista La Torre no capituló ante las fuerzas independientes, sino que optó por replegarse hacia la fortificada plaza de Puerto Cabello, que sirvió de refugio al Estado Mayor del empecinado invasor y su reducto bélico.

El Libertador, en su Parte de Guerra de la Batalla de Carabobo, fechado en Valencia el 25 de junio de 1821, dejó para la inmortalidad este acápite: “Ayer se ha confirmado con una espléndida victoria el nacimiento político la República de Colombia…De la segunda división no entró en acción más que una parte del batallón de Tiradores de La Guardia que manda el benemérito comandante Heras”.

Rafael Urdaneta, en sus Memorias (muy ignoradas lamentablemente) refiere con emoción “el eco de las descargas de Tiradores de la Guardia que el bravo Heras condujo al combate”.

En su pionero Resumen de Historia de Venezuela, Rafael María Baralt informa cómo el Batallón de Tiradores (ante el infortunio de Urdaneta que quedó en Barquisimeto enfermo) estuvo en Carabobo en la Segunda División regida por el general Cedeño, y relata que “el fogoso Heras” condujo dos compañías del “Tiradores” al terreno donde resistían con sorprendente firmeza los soldados enemigos; la acción combinada de Heras y la caballería del “Apure”, hizo que cedieran al “ataque simultáneo que a la bayoneta le dieron estos cuerpos”.

Vencida la fuerza realista en Carabobo, ésta no entró a capitulación. Heras persigue hasta San Felipe al reducto del coronel Juan Tello, y queda operando en occidente con movimientos en pos de impedir el reacomodo del enemigo hacia plazas ya liberadas.  Desde Puerto Cabello, con apoyo naval, La Torre envió al General Francisco Tomás Morales a invadir las provincias de Coro y Maracaibo, donde además de tenerlas cerca por vía marítima, sabía que contaba aún con algunos apoyos locales que seguían –taimadamente- fieles al poder colonial. Así llegó un enconado ejército realista a la margen oriental del Lago, conquistando a sangre y fuego la muy patriótica población de Los Puertos de Altagracia, donde se ensañó contra toda persona que considerase del bando bolivariano; de igual forma avanzaron sobre La Rita, Cabimas y Lagunillas, tomando represalias y apoderándose de los bienes de los lugareños, sobre todo de las embarcaciones que pronto utilizarían para ir contra Maracaibo. 

Morales decide enviar a Maracaibo dos columnas comandadas por el Coronel Lorenzo Morillo y el Capitán Juan Ballesteros, mientras él se queda en Altagracia pendiente de los resultados de la operación para lanzarse con el resto de sus fuerzas sobre la capital.

Es válido un paréntesis para mencionar que posterior a la Batalla de Carabobo, Bolívar visita Maracaibo (30 de agosto al 18 de septiembre) por primera vez, para celebrar con este pueblo las glorias alcanzadas, y estando en plenos preparativos para la Campaña del Sur, quiere que Urdaneta sea el primer Intendente y Comandante General de su tierra natal; así le gira instrucciones a través del Ministro Pedro Briceño Méndez: “continuará Vuestra Excelencia sirviendo el departamento que se le ha confiado, cooperando por su parte a la ejecución de la expedición, haciendo que el Comandante Heras cumpla las instrucciones que se le han comunicado para vestir, equipar y marchar con los batallones Vencedor y Tiradores y con el escuadrón de Lanceros de La Guardia. V. E. tomará todo el interés que acostumbra en hacer que estos cuerpos se muevan oportunamente por la dirección que se les ha señalado, conforme a las instrucciones que tiene el Comandante Heras y que V. E. le pedirá para conocerlas y hacerlas cumplir estrictamente”. (San Carlos de Zulia: septiembre 22 de 1821).

Unos días antes de esa visita, desde Carora, escribió Bolívar el 19 de agosto al Teniente Coronel efectivo José Rafael de las Heras, Comandante del Batallón de Tiradores de la Guardia, para informarle que se “le declaró antigüedad en estos empleos en 13 de agosto de 1819”; vale decir, que su ascenso tiene validez desde el arribo de Bolívar a Bogotá tras el triunfo en Boyacá.

Urdaneta, por su parte, habiendo acudido sin éxito a verse con El Libertador en su patria chica, navegó en reversa y presuroso a darle alcance en Cúcuta. Los planes expuestos en la misiva surlaguense cambiaron y el maracaibero tuvo nuevo destino en Cundinamarca.

Dadas las escasas reseñas biográficas disponibles, este dato es muy importante para conocer más de José de las Heras, ya que parece errónea la versión según la cual había llegado a Venezuela en 1808, incorporándose desde 1810 a la lucha por la Independencia de Venezuela. Las fuentes consultadas para este ensayo permiten identificar con mayor verosimilitud que este Las Heras (hubo otro cubano de nombre José Agustín de las Heras que luchó en la Campaña del Sur junto a Sucre y Bolívar) nacido en La Habana en 1785, estuvo en España durante la guerra contra la invasión francesa de 1808 hasta 1814, y de allí –luego de sortear una sanción por sus ideas liberales- pasó a Estados Unidos hacia 1816-1817 donde entró en contacto con revolucionarios venezolanos que cumplían misiones diplomáticas y logísticas en apoyo a la campaña de Guayana que permitió al Libertador instalar la Primera República Bolivariana en Angostura.

Es por entonces cuando el cubano viaja a enrolarse definitivamente en el Ejército Libertador en el año de 1818, seguramente entrando por el rosario de islas del Caribe oriental que conducían a la Guayana liberada; momento en el cual estaba Rafael Urdaneta ejerciendo de General en Jefe del ejército formado en Margarita, de la Legión Británica, la columna alemana y demás tropas isleñas, para obrar sobre las costas de Cumaná, Barcelona y Caracas. Como se puede ver, la cercanía de Heras a Urdaneta fue el camino que condujo al patriota habanero a ligarse tan estrechamente a la gesta libertadora en Maracaibo.

II

La derrota de los realistas en Carabobo, si bien consolidó la independencia, no significó la aniquilación del ejército enemigo ni mermó el empeño imperial por retomar el control del país. El reducto de las fuerzas españolas se replegó a Puerto Cabello y giró movimientos tácticos hacia occidente, donde su clásica condición marítima le brindaba ciertas posibilidades de maniobra.

En la Maracaibo independiente desde el 28 de enero de 1821, que eufórica de victorias y glorias recibió al Libertador por primera vez en agosto de ese año, se comienzan a escuchar noticias agoreras sobre las acechanzas de La Torre y Morales que continúan su estúpido afán de dominar Venezuela.

“El General Clemente se apresura a tomar providencias. El 16 de marzo un Bando anuncia las medidas a tomar y las causas que le dan origen. La ciudad se pone en estado de alerta…el jefe realista Francisco Tomás Morales es enviado por el General La Torre desde Coro para tomar Maracaibo. Marcha sobre Los Puertos de Altagracia sembrando el terror por donde pasa”, escribe Adolfo Romero Luengo en su obra Bolívar en el Zulia.

En los pueblos desde Coro a la costa oriental del lago, la tropa realista dejó una estela de atrocidades, asesinando a mansalva, saqueando, destruyendo. No escaparon a sus ruindades las valerosas mujeres que osaron repudiarlos: las fusiladas Mercedes Alaña en San Félix y Domitila Flores en Los Puertos, y la torturada Ana María Campos, por nombrar las más conocidas. ¡Qué merecido homenaje se le ha negado a la mujer revolucionaria que ha dado su vida y su sangre por la redención de la Patria! (Este Cronista exige que tal deuda sea honrada).

La inminencia de la confrontación hace que el 1º de abril se llame a las armas a la población. La noche del 23 es sabido que el enemigo ha llegado a la orilla occidental, en el sector denominada La Hoyada. El Batallón Maracaibo acude a darles frente pero ya los invasores se habían guarecido en predios enmontados aprovechando la oscuridad. Al amanecer ambos contendores se desplazan por puntos estratégicos. Los patriotas dirigidos por el General Lino de Clemente reconocen las ubicaciones del adversario y despliegan sus unidades: piquete de caballería conducido por el Capitán Rudesindo Oberto, guerrillas al mando de Ramón Farías, y el Batallón de Tiradores del Coronel José Rafael de las Heras.

La fuerza invasora sabe moverse en el terreno, ya que su jefe es el maracaibero Juan Ballesteros, quien además posee relaciones amistosas y ejerce alguna influencia política en sectores descontentos con la elite que asumió el poder local en Maracaibo tras su incorporación a la República; entre ellos, el pueblo de Lagunillas, que apoyó momentáneamente a los realistas. De Clemente (tal vez haciendo honor de su apellido) ofreció la paz a Ballesteros para evitar derramamiento de sangre, pero fue en vano, ya éste venía severamente instruido por sus superiores de actuar con determinación militar.

En la tarde el combate fue inevitable. Más de una hora de férrea lucha dejó caídos en el campo de batalla cerca de un centenar de guerreros de ambas tropas, entre los cuales se contaban nuestros héroes José Rafael de Las Heras, el capitán Silvestre Ochoa y el teniente José María Guevara, y del enemigo el jefe realista Ballesteros. Este fue el resultado trágico generado por la arrogancia de los invasores que no supieron valorar el gesto humanista del Intendente Lino de Clemente al ofrecerles la paz con un retiro digno y oportuno.

La columna española desembarcada al sur de Maracaibo, en La Cañada, al mando del teniente coronel Lorenzo Morillo, marchó sobre Perijá asolando los pueblos que se hallaban en el camino, particularmente la Villa que fue terriblemente saqueada. Sin embargo, al enterarse de la derrota de sus pares en los hechos de Juana de Ávila, Morillo aceptó capitular ante De Clemente, siendo enviados los rendidos a Cuba. 

III

Siguiendo la línea narrativa del eximio erudito zuliano Vinicio Nava Urribarrí, dilecto amigo con quien tuvimos el honor -y el placer- de compartir más de dos décadas de camaradería bolivariana, el General Lino de Clemente, a la sazón intendente del recién creado Departamento Zulia, movilizó sus tropas hacia la Cañada del Manglar; “empero, cuando comienza el desembarco de Morillo, recibe la noticia de una invasión semejante por Bellavista. Entonces, ordena al Coronel José Rafael de las Heras, ir con el batallón Maracaibo a hacerle frente”.

Se entabla la refriega en la desembocadura del río Manglar (hoy día conocida como Cañada Morillo), pero los realistas logran desembarcar en la orilla sur y retirarse hacia Perijá. Mientras tanto, “la otra columna española saltó a tierra por el hato de La Hoyada. Su comandante, Ballesteros, busca el lugar propicio para plantear el combate; y en este afán, penetra en el hato de Juana de Ávila, haciendo ubicar sus efectivos en ventajosas posiciones, detrás de cercas de curarire a pique, y de enormes piedras de ojo, usadas como escudos y mampuestos”.

El también coautor de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, el talentoso hijo de los Puertos de Altagracia, Vinicio Romero, nos relata cómo el comandante de Las Heras buscó con afán al invasor, empezando la batalla con “un formidable asalto. Las tropas del imperio español, se comportan con la mayor bravura sin poder disparar sus cañones, y a cambio, hacen cerradas descargas de fusilería. Las detonaciones en medio de una densa nube de humo y polvo, dan paso a los golpes secos y chirridos de bayonetas, sables y cuchillos. Ballesteros se crece en audacia y resiste temerariamente el masivo y certero ataque de los independientes. Se trata de un sangriento combate en que infantería y caballería pelean en muy poco espacio, levantando demasiada arena y creando terrible confusión. Esta batalla había comenzado a las tres de la tarde, y transcurrida media hora, sus contrincantes no cedían campo. En una segunda etapa de la contienda, Heras, espada en mano se aparta, toma distancia y se lanza montado sobre su brioso equino, señalando hacia donde se halla el comandante realista. Quiere concentrar la actividad en el punto de más poder de fuego, con la mala fortuna, de que su caballo enreda sus extremidades en una trinchera, causa de que el bizarro prócer saliera proyectado contra una gigantesca piedra, inmolando allí mismo su vida”.

Los nombres de Manuel León, héroes casi anónimos Paredes y Ochoa, los hermanos Carlos, Bruno y Fermín Mas y Rubí, que siguieron comandando con valentía tras la caída de su jefe ejemplar Las Heras, deberían adornar los podios escolares para que nuestra infancia se nutra de la savia de aquellos que “convertidos en titanes” derrotaron las pretensiones de los que osaron venir a reconquistarnos para ser entregados a intereses extranjeros.

IV

El enfurecido Francisco Tomás Morales, enterado de la derrota realista en Maracaibo, se regresó a Puerto Cabello a informar a La Torre, quien no pudo reprenderlo por tan aplastante revés, puesto que ya tenía instrucciones de entregarle el cargo de Capitán General de España en Venezuela.

Embestido de mayores poderes, Morales se plantea volver sobre su apetecida plaza: Maracaibo. Desea vengarse del pueblo que lo acaba de poner en fuga. Navega con su ejército hacia la península Guajira, desembarcando en las arenas gualdas de Cojoro. Habrá combates en Sinamaica, y aunque triunfan los patriotas, los invasores continúan su paso hasta la entrada norte de Maracaibo, dándose otra lucha en Salina Rica, que permite a Morales retomar la ciudad.

Los patriotas rescatarán al Zulia en la Batalla Naval del Lago, y el mismo Morales firmará su Capitulación el 3 de agosto de 1823, quedando la Patria libre para siempre.

Como recuerdo de esta gloriosa Batalla de Juana de Ávila, ganada por el heroísmo del Comandante José de las Heras y sus soldados el 24 de abril de 1822, permanece en terrenos de La Universidad del Zulia la piedra de ojo que fue testigo de este capítulo de la Independencia de Venezuela y Suramérica.

 

V

Bolívar y Cuba

La ola bolivariana no dejó orilla del Mar Caribe sin bañar con sus espumas libertarias. La isla de Cuba fue de las primeras regiones americanas que supo de los esfuerzos independentistas. “Dos venezolanos, Juan Jorge Peoli y su esposa Socorro Mancebo, laboraron arduamente en propagar las ideas bolivarianas en Cuba. Tanto el comerciante Peoli como Socorro Mancebo sostuvieron correspondencia con el Libertador y sufragaron con su dinero las compras de armamentos para la insurrección que se preparaba (en Cuba) en 1823. Socorro Mancebo estaba unida por lazos familiares a la cubana Inés Mancebo, radicada en Venezuela. La antillana había alimentado con su leche materna a Bolívar durante su infancia”. (Francisco Pérez Guzmán, 1988)

En esa Cuba a la que se aferró el colonialismo español hasta sus agónicos epílogos, se debatían los extremos de dos bandos en irreconciliable contienda: el bloque de poder constituido por el ejército realista derrotado en las plazas continentales pero campante en la isla junto a la oligarquía colonial que sojuzgaba al pueblo cubano, versus los sectores patrióticos nacionales unidos a personalidades de otros países latinoamericanos allí radicados. Ya desde finales de 1819, la armada venezolana formada en el primer gobierno de Simón Bolívar en Angostura, pasó por costas cubanas en el puerto de Manzanillo. El ecuatoriano Vicente Rocafuerte (que luego fue Presidente de Ecuador), el argentino José Antonio Miralla, el cartagenero José Fernández Madrid, entre otros, difundieron las informaciones que traían de tierra firme sobre la lucha emancipadora, y ayudaron a gestar el movimiento independentista cubano.

En su obra Bolívar y la Independencia de Cuba (1988), Pérez Guzmán demuestra el interés permanente del Libertador por la liberación de Cuba y Puerto Rico, y la inspiración que despertó en el pueblo cubano el ejemplo bolivariano: “La labor realizada en La Habana por los revolucionarios del continente fue muy meritoria. Desde el prisma histórico, trajeron a Cuba la solidaridad hispanoamericana y contribuyeron a formar la conciencia de la nacionalidad en un sector de la población. Difundieron la verdadera imagen y el pensamiento de Simón Bolívar cuando el Gobierno colonial de Cuba se esforzaba por detractarlo. Y sobre la levadura bolivariana construyeron los cimientos de la gigantesca conspiración que, conocida después como Soles y Rayos de Bolívar, pasó a ser la organización política más temida por el poder colonial durante el primer cuarto del siglo XIX cubano”.

A este movimiento bolivariano cubano lo calificó el fiscal acusador Francisco Hernández de La Hoya, en el juicio que se les siguió una vez capturados, como “jóvenes irreflexivos e incautos y candorosos campesinos”. Uno de esos “jóvenes irreflexivos” fue el poeta José María Heredia, autor de estos magníficos versos que hablan de la irreversible determinación cubana de alcanzar la independencia: “Cuba al fin te verás libre y pura/ como el aire de luz que respiras/ cual las hondas hirvientes que miras/ de tus playas la arena besar/. Aunque viles traidores le sirvan/ del tirano es inútil la saña/ que no en vano entre Cuba y España/ tiende inmenso sus olas el mar”. (Historia de Cuba por Torres-Cuevas y Loyola Vega)

Uno de los líderes fundacionales de Soles y Rayos de Bolívar, el rico habanero José Francisco Lemus, se había entrevistado con Pedro Gual y Lino de Clemente en Estados Unidos en 1817, habiéndole sido otorgado por estos emisarios de Bolívar el grado de Coronel del Ejército Libertador. Una vez más aparece Maracaibo como punto de intersección de la causa emancipadora de Cuba, por la relación de Lemus con Clemente, quien sería el primer Intendente oficial del Departamento Zulia con sede en la ciudad lacustre. Y no son casuales ni el año ni el lugar de ese encuentro, puesto que los dos venezolanos se hallaban en plena ejecución del plan bolivariano para liberar la isla Amelia en las Floridas españolas, muy cerca de Cuba, punto clave en el control de la navegación por el Caribe. Allí fue donde se fundó la efímera República de Las Floridas, luego anexada por el engendro imperialista en los umbrales de la gestión Monroe. Es que los intereses de Estados Unidos siempre han sido contrarios a los de Venezuela, Cuba y los pueblos soberanos de Nuestra América.

El historiador cubano Sergio Guerra Vilaboy, maestro de la Historia de Nuestra América y autor de obras antológicas de prestigio internacional, destaca que “la conspiración de los Soles y Rayos de Bolívar, preparada para sublevar la Isla el 17 de agosto de 1823, se nutrió con elementos de las capas medias y trabajadores humildes, así como de algunos emigrados latinoamericanos residentes en la isla, entre ellos…Miralla, Vidaurre, Fernández Madrid y el comerciante venezolano Juan Jorge Peoli –quien se dice financiaba la conspiración con letras giradas por Bolívar, con quien además se carteaba-, el guayaquileño Vicente Rocafuerte y el joven granadino Manuel Ancízar que actuaba de Secretario”.

Esos días Rocafuerte está en Filadelfia reunido con el Embajador José María Salazar y el Cónsul General del gobierno bolivariano Leandro Palacios, primo del Libertador, quienes llevan la misión de motivarlo a retomar la causa de Cuba participando en una expedición libertadora por iniciativa del Gobierno de Colombia. En algunos testimonios Rocafuerte comenta que los diplomáticos venían muy entusiasmados por la victoria del “joven General Manrique” que “ha expedido de Maracaibo al Coronel Morales (se refiere al Capitán General que ha capitulado) y a todas las tropas españolas”.

Y a esa triunfante Maracaibo de Manrique la emprendió Rocafuerte a buscar la fuerza combativa para liberar Cuba, tarea en la cual ya trabajaba el general puertorriqueño  Antonio Valero, y para la cual estaba muy ganado el “joven General Manrique”, quien, en el esplendor de su brillante carrera, enfermó súbitamente y murió en Maracaibo el 30 de noviembre de 1823, a la edad de 30 años.

Sin duda, la terrible animadversión de la elite colonial cubana contra el ideal bolivariano que iluminaba a los patriotas de la isla, tenía un aliciente muy fuerte en el compromiso antiesclavista del proyecto de sociedad encarnado por El Libertador, y más aún, a la simpatía que cosechara por la Revolución Haitiana y por su amigo y protector el Presidente Petion. Este significativo detalle causaba pavor en la clase terrateniente y traficantes de esclavos que dominaban la sociedad cubana.

Hay que precisar dos aspectos claves en el papel jugado por Cuba bajo control del gobierno colonial: uno, que la isla iba quedando como residuo militar de aquel Imperio, sirviendo de bisagra marítima en la estrategia de guerra como puerto de abastecimiento y traslado de tropas; dos, que la elite económica isleña fue adquiriendo privilegios de la Corona en razón de mantenerla adicta a la monarquía, logrando prebendas antes inconcebibles como la propiedad de la tierra, la exoneración de aranceles, la libertad de negociar con otros mercados, y el sostenimiento del lucrativo negocio esclavista.

Por eso desde Cuba se aplicó con rigor el bloqueo temprano decretado por España primero contra Venezuela y luego contra Colombia toda, se aportaron ingentes recursos para las sucesivas invasiones bélicas organizadas contra las fuerzas independentistas, se desplegó un aparato de espionaje en toda la región caribeña, y se propagó toda clase de campañas difamadoras contra Bolívar y sus compañeros.

José Agustín Arango siguió a Bolívar hasta Lima y allí hablaron de la liberación de Cuba. En dicha plática recordaron al héroe caído en Maracaibo, Coronel José Rafael Heras, a quien Bolívar elogió en la Batalla de Carabobo, donde el cubano aprovechó la ocasión de requerirle al Libertador no olvidar hacer esfuerzos para liberar a su oprimida patria insular.

José Aniceto Iznaga se entrevista con Bolívar en Caracas en febrero de 1827 y mantienen contacto directo hasta marzo intentando generar alguna posibilidad de incursión patriótica hacia Cuba. No se logra, pero queda latente el compromiso.

Pérez Guzmán cita un testimonio de José Aniceto Iznaga, publicado en la capital cubana en julio de 1900 con el llamativo título “Peregrinación de un insurrecto de antaño”, donde se señala que “el teniente coronel José Rafael Heras nació en La Habana. Durante la invasión napoleónica prestó servicios militares al lado del pueblo español. En 1821, en Venezuela, era jefe del batallón de Tiradores en la provincia de Trujillo. En la batalla decisiva de Carabobo en 1821, tuvo una destacada participación. Condujo a dos compañías de Tiradores cuando el batallón de Apure comenzó a arremolinarse y los ingleses fueron en su ayuda. Simón Bolívar le profesaba admiración y entre el habanero y el Libertador siempre existió una excelente amistad, nacida en medio de los combates por la Independencia”.

Junto al nombre de Rafael Urdaneta y Manuel Manrique, deben brillar los nombres de José Rafael de las Heras y demás patriotas cubanos que ofrendaron sus vidas por la liberación del continente, que son y serán, como lo fueron para Martí, musa de inspiración raigal de la inmarcesible causa bolivariana.

 

Yldefonso Finol

 

martes, 27 de enero de 2026

JOSÉ MARTÍ: HIJO DE BOLÍVAR, HEREDERO DE SU ANTORCHA

 

José Martí: hijo de Bolívar, heredero de su antorcha

José Martí es –sin duda- el continuador del Proyecto Bolivariano a finales del siglo XIX. Primero desde la palabra va gestando la resurrección del Libertador (Lourdes Ocampo Andina, 2012) proponiendo una mitología constituyente. Luego, como la crisálida, vive su propia metamorfosis catalizada por el amor infinito que siente por la libertad de su patria oprimida. De la tribuna y la reivindicación textual salta a la transfiguración del héroe que, habiéndolo invocado como referente inspirador, lo encarna a todo riesgo poniendo el pecho ejemplar en los combates que anunciaban una lucha más compleja y prolongada. He allí la vigencia del pensamiento, del ejemplo, de la dignidad, de estos prohombres de la gesta emancipadora de nuestra Abya Yala.

El legado heroico y literario de Martí bien podría calificarse como la excelsa continuación de las aspiraciones ciudadanas del Libertador. La vigencia del bolivarianismo como Doctrina de la emancipación latinoamericana y caribeña, se demuestra en la continuidad que le dieron los más preclaros revolucionarios de todos los tiempos, cada cual con sus aportes y especificidades. Es el caso del cubano José Martí, el más aventajado continuador del bolivarianismo a finales del siglo XIX.

Nos invitaba a amar a Bolívar como un padre, a rendirle honores más allá de los escollos, a materializar su proyecto inconcluso para nuestros pueblos. Martí oficia sobre el agradecimiento a los próceres como elixir de la construcción de ciudadanías patrióticas en un continente acechado por opresores foráneos.

El ideario de Martí es una antorcha viva iluminando entre las penumbras que imponían el agonizante Imperio Hispano y el gestante engendro imperialista de Norteamérica: “Los pueblos de América son más libres y prósperos a medida que más se apartan de los Estados Unidos”. (Patria, Nueva York, 22 de septiembre de 1894)

Según Francisco Pividal, José Martí “tomó en sus manos toda la carga histórica de Latinoamérica para continuar, con mayor profundidad y radicalización la obra de Bolívar: pensamiento precursor del antiimperialismo”.

Las ideas bolivarianas fundamentales de independencia, soberanía, fuerza moral, justicia social, libertades públicas, todas ellas forman una fértil amalgama en el pensamiento político martiano. Lo mismo ocurre con la estrategia de la unidad latinoamericana y caribeña como medida de aseguramiento de la estabilidad de nuestras repúblicas, y con todas las expresiones de un humanismo que, al decir de Pablo Guadarrama, adquiere carácter práctico en “el heroico ejemplo personal”.

Sobre la convocatoria del Congreso de Panamá, dijo Martí: “Uno de los sueños más hermosos y visionarios de Bolívar fue la unión de los países hispanoamericanos independizados en una gran confederación de Estados. Para él, esa era la única vía que podía mantener la invulnerabilidad de la independencia alcanzada frente a los apetitos imperiales de la época, sobre todo frente a los que ya se veían venir desde el Norte”.

A propósito del desdén de los Estados Unidos por nuestras luchas de independencia, en 1889 escribía Martí: “No fue nunca la de Norte América, ni aun en los descuidos generosos de la juventud, aquella libertad humana y comunicativa que echa a los pueblos, por sobre montes de nieve, a redimir un pueblo hermano, o los induce a morir en haces, sonriendo bajo la cuchilla, hasta que la especie se pueda guiar por los caminos de la redención con la luz de la hecatombe. Del holandés mercader, del alemán egoísta, y del inglés dominador, se amasó con la levadura del ayuntamiento señorial, el pueblo que no vio crimen en dejar a una masa de hombres, con pretexto de la ignorancia en que la mantenían, bajo la esclavitud de los que se resistían a ser esclavos.”

Martí redondeó su pensamiento antiimperialista en un artículo publicado en 1889 en La Nación de Buenos Aires, relacionado con el panamericanismo y el libre comercio propuesto por Washington: “Jamás hubo en la América, de la Independencia para acá, asunto que requiera más sensatez, ni obligue a más vigilancia, ni pida examen más claro y minucioso, que el convite que los Estados Unidos potentes, repletos de productos invendibles, y determinados a extender sus dominios en América, hacen a las naciones americanas de menos poder…De la tiranía de España supo salvarse la América española, y ahora, después de ver con ojos judiciales los antecedentes, causas y factores del convite, urge decir, porque es la verdad, que ha llegado para la América española la hora de declarar su segunda independencia.”

Una tarea en la que aún estamos empeñados, y que el gran pensador ecuatoriano José Peralta nos señala sin ambages en su clarísima comprensión del fenómeno imperialista estadounidense: “En un Congreso Panamericano se condenó con solemnidad y unánimemente, el llamado derecho de conquista; la anexión de territorios por medio de la violencia; la intervención en los negocios domésticos de un país. Y no pasó mucho sin que la República dechado hollase tan sabias como justas resoluciones, en pueblos indefensos, a los que había invitado -como por sarcasmo- al Congreso que las expidió con mundial aplauso. ¿Cómo dar crédito a las repetidas declaraciones de los pacifistas de aquella nación falaz y artera? ¿Cómo soñar en la unión con una potencia que no medita sino esclaviza a sus hermanas? El Panamericanismo es imposible; y de ser hacedero, equivaldría al suicidio de la raza latinoamericana.”

La obra de José Martí, de una belleza lírica conmovedora, abarcó por igual la prosa y la poesía, que frecuentemente se mezclan en su discurso profundamente humanista y antiimperialista, como en esta carta premonitoria que es pieza obligada de la antología martiana: “Ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por la Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso…Viví en el monstruo y le conozco las entrañas, y mi honda es la de David.” (Carta a Manuel Mercado, Campamento de Dos Ríos, mayo 18 de 1895)

El 19 de mayo cayó combatiendo por Cuba y Nuestra América, pero también por una mejor humanidad que se encaminara a una vida digna del colectivo social, inspirada en los más sublimes valores de la épica, la estética y la ética que alimentan la utopía revolucionaria.

Lo advertía constantemente porque sabía que no bastaba tener la razón histórica, sino que ésta habría que arrancarla de las fauces de unos imperios moribundos –como el español- y otros jóvenes, impulsivos y avaros, como el anglosajón que Bolívar pronosticó en su testamento antiimperialista guayaquileño del 5 de agosto de 1829: “Los Estados Unidos que parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miserias en nombre de la Libertad”.

Martí por su parte, como sabio estudioso de la Historia, sabía que: “Los grandes derechos no se compran con lágrimas, -sino con sangre…Antes que cejar en el empeño de hacer libre y próspera a la patria, se unirá el mar del Sur al mar del Norte, y nacerá una serpiente de un huevo de águila”, exponía el 24 de enero de 1880, New York, y en perfecta correspondencia con ese compromiso jurado, empalma su promesa con la herencia bolivariana que considera sagrada: “impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso”.

Fue Fidel Castro quien dijo en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela el 3 de febrero de 1999 que “Martí no sólo era martiano, sino que era aún más bolivariano que martiano”

Había llegado a Caracas, 21 de enero de 1881, donde desarrolló un torbellino de actividades, fundando la Revista Venezolana el 1° de julio de ese año, pudiendo apenas editar un solo número, por haber sido expulsado por el gobierno de Guzmán Blanco el 27 de julio. Las razones: su elogio a Cecilio Acosta, quien era su gran amigo y odiado adversario de Guzmán.

Martí tiene la más alta valoración de Bolívar, que en Caracas se le brota como sentimiento conmovedor de patriotismo y amor filial. El 21 de marzo de 1881 pronuncia su discurso en el Club del Comercio: “busqué en torno mío la montaña más alta de los Andes, como si allá sobre la más alta cresta…debiera reposar nuestro gigante, como mensaje, el más enérgico que pudiera enviar la tierra al cielo”.

Se refiere a sí mismo como “el peregrino humilde” que invoca el “derecho del asilo”, pero que realmente viene en “busca de su solar nativo y pueblo propio”. Le habla a las venezolanas y venezolanos a quienes considera “hijos de Bolívar, sus primogénitos, sus herederos obligados, los ejecutores de su voluntad”.

Martí se hermana con la herencia bolivariana, desea integrarse a esa familia que ya abrazó como suya; dice: “luché en mi patria y fui vencido”, como buscando consuelo en la tierra que parió al Libertador, a la que ofrece volver con los triunfos para ofrendar “en el altar del Padre Americano, el fruto de nuestra redención y el brillo y el honor de nuestra historia”.

La prosa del Apóstol de Cuba se sublimiza en la entrega emocionada de sus más altruistas ideales: “Así armado de amor, vengo a ocupar mi puesto humilde en la urgentísima batalla; a ungir vengo mi frente en este aire sagrado, cargado de las sales del mar libre, y del espíritu potente e inspirador de hombres egregios, a pedir vengo a los hijos de Bolívar un puesto en la milicia de la paz”.

Martí se asume hijo de Bolívar; afirma en la Edad de Oro en julio de 1889: “todos los americanos deben querer a Bolívar como un padre”. Le habla a las niñas y los niños esperando sembrar la semilla futurista de un continente redimido: “Jamás se peleó tanto, ni se peleó mejor, en el mundo por la libertad. Bolívar no defendió con tanto fuego el derecho de los hombres a gobernarse por sí mismos, como el derecho de América a ser libre. Bolívar murió de pesar del corazón, más que de mal del cuerpo…Murió pobre, y dejó una familia de pueblos”.

“El corazón se llena de ternura al pensar en esos gigantescos fundadores. Esos son héroes; los que pelean para hacer a los pueblos libres, o los que padecen en pobreza y desgracia por defender una gran verdad. Los que pelean por la ambición, por hacer esclavos a otros pueblos, por tener más mando, por quitarle a otro pueblo sus tierras, no son héroes, sino criminales.” Vale anotar un paréntesis que viene como jalado por los hilos del espíritu común: “La ambición de las naciones de Europa lleva el yugo y la esclavitud a las demás partes del mundo…".

El bolivarianismo de Martí se explaya en todas las direcciones, bien como militante de la emancipación continental, bien como solidario servidor de Venezuela: “De América soy hijo: a ella me debo. Y de la América, a cuya revelación, sacudimiento y fundación urgente me consagro, ésta es la cuna; ni hay para labios dulces, copa amarga; ni el áspid muerde en pechos varoniles; ni de su cuna reniegan hijos fieles. Deme Venezuela en qué servirla: ella tiene en mí un hijo.”

Se va a New York. Agosto a octubre de 1889 publica su revista La Edad de Oro. Luego viene Nuestra América, en 1891. En agosto publican Versos Sencillos, escritos un año antes. Crea el Partido Revolucionario Cubano con exiliados en Tampa y Cayo Hueso a comienzos (5 de enero) de 1892. El 10 de abril es fundado oficialmente el PRC. Surge el periódico Patria el 14 de marzo. El 25 suscribe el Manifiesto de Montecristi con Máximo Gómez

Los desenlaces fatales fueron veloces. Campamento de Dos Ríos. A Manuel Mercado: “Mi hermano queridísimo: Ya puedo escribir: ya puedo decirle con qué ternura y agradecimiento y respeto lo quiero, y a esa casa que es mía, y orgullo y obligación: ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber –puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo – de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. En silencio ha tenido que ser y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin (...)”.

La gesta y obra martiana, vive muy intensamente en las luchas contemporáneas del pueblo cubano, y es un ingrediente insustituible en el pensamiento emancipador latinoamericano y caribeño, como contribución enriquecedora al humanismo bolivariano del siglo XXI, antiimperialista, igualitario y democrático-popular.

Sirvan las palabras de Fidel, para resumir la más exacta explicación del significado histórico de José Martí: “Martí nos enseñó su ardiente patriotismo, su amor apasionado a la libertad, la dignidad y el decoro del hombre, su repudio al despotismo y su fe ilimitada en el pueblo. En su prédica revolucionaria estaba el fundamento moral y la legitimidad histórica de nuestra acción armada. Por eso dijimos que él fue el autor intelectual del 26 de Julio”.

Eso lo dijo el Comandante en Jefe el 26 de julio de 1973, y siguen siendo enseñanzas irrenunciables del tesoro más grande que tenemos en América Latina y el Caribe: nuestra Historia Rebelde de Resistencia y Dignidad Irreductible.

En ese proceso de continuidad de la liberación latinoamericana, el papel de Martí destaca como continuador de Simón Bolívar, al que revivió y revalorizó con tal entrega, enriqueciéndolo con sus propios aportes invaluables, y ofrendando su existencia material a la inmortalidad donde se fundieron sus legados para una nueva -y mejor- humanidad.

 

Yldefonso Finol

jueves, 22 de enero de 2026

¡Viva la Revolución Bolivariana!

 


¡Viva la Revolución Bolivariana!

I

Cuna del Libertador
Por las bestias ultrajada
En la oscura madrugada
Los cobardes sin honor
Provocaron el terror
Bombardeando los hogares
Víctimas por centenares
Desde el aire provocaron
Y a Nicolás secuestraron
Los gringos coñosdemadres.
II
Donald Trump matón bestial
Ladrón de petróleo en barcos
Indultando socios narcos
Sufre obsesión imperial
No conoce la moral
Menos aún la valentía
Patrón de la mafia impía
Que agredió a Venezuela
Sin importar la secuela
Que su maldad causaría.
III
Avaricia y prepotencia
Por encima de las leyes
Trump se porta como reyes
De imperios en decadencia
Desprecia el arte y la ciencia
Y los Derechos Humanos
Se rodea de gusanos
Que pudren la democracia
Y matan la diplomacia
Son del mundo los tiranos.

IV

Donald Trump es un fascista

Con adicción al dinero
Saqueador filibustero
Un maldito imperialista
Violador, ladrón, racista
Que debe ser detenido
Antes que este pervertido
Perturbe la paz mundial
Con la guerra universal
Y el planeta destruido.
V
Venezuela es heroísmo
Nicolás lo ha demostrado
Junto al humilde soldado
Que cayó por patriotismo
¡Viva el bolivarianismo!
Que sea siempre nuestra escuela
Aunque el corazón nos duela
Profundo como un volcán
Más unidas lucharán
Hoy, Cuba y Venezuela.
VI
Quedará el tres de enero
Marcado en hierro candente
En el pueblo que es consciente
Del ataque más artero
Bolívar dijo primero
Seamos libres, soberanos
Uniéndonos como hermanos
Venceremos la invasión
¡Viva la Revolución!
La historia está en nuestras manos.

 

Yldefonso Finol

Maracaibo, 6 de enero 2026

domingo, 18 de enero de 2026

Túnel

 


Túnel


Hoy quiero cavar un túnel
Hoy domingo sin descanso
Un pasadizo secreto al corazón de la historia
Un atajo misterioso que salve vidas y sueños
Que sirva de mirador predictivo
Que tenga una brújula infalible
Un sensor que perfeccione la intuición

Mi túnel parte del barro de la memoria
Se camufla de pescadores muertos
Y se alza hasta el sol de los dormidos.

Un ducto en el hielo submarino de pueblos inuit
Unos caminos secretos en el bosque amazónico
Un símil de río mutante como lomo de serpiente
Ser el diálogo de las piedras más profundas de Machu Pichu
Canales invisibles en el istmo guna que une las masas de Abya Yala.
 
Nuestro túnel es el rastro de los espíritus de guerreros liberadores
Es un laberinto de hoyos en la soledad de esclavos de las minas
Es el agua permeando la sed de la tierra arrasada 
Un túnel que lleva vida a los mártires y héroes
Un túnel que despierta la luz para el festín de los colores.
 
Por nuestro túnel desaparecerán los opresores
Los invasores nocturnos que disparan pesadillas
Los ogros que tragan aceite negro y vomitan muerte
Los negadores del poema, lo asesinos del amor
Nuestro pasillo mágico borrará toda su saña
Serán lo inexistente, ni el recuerdo los mencionará.
 
Por este túnel perforado con una espada libertadora
Volverán los hermanos secuestrados
Retornarán las glorias del pueblo que resiste
Envueltas en melodías de notas ancestrales
Nunca escuchadas, nunca imaginadas.
 
El túnel guarda una marcha bienhechora e insumisa
Protegida por entidades poderosas del cosmos
La misión de ser libres convoca benignas energías
El enemigo anda devorando la belleza y la armonía
Su ego capital fascismo universal amenaza al ser
Su voracidad no tiene límites porque nadie es su semejante.
 
El Túnel que hicimos a mano de madres tejedoras
Tiene que llevarnos al manantial de la liberación
La sangre que riega nuestra gesta clama el aire digno que les prometimos.   
 
 Yldefonso Finol
Maracaibo, 18 de enero de 2026
Recordando la fuga de 23 guerrilleros del Cuartel San Carlos el 18 de enero de 1975

martes, 13 de enero de 2026

SEGUNDA CARTA A NICOLÁS: LOS PODERES CREADORES DEL PUEBLO

 


SEGUNDA CARTA A NICOLÁS: LOS PODERES CREADORES DEL PUEBLO

Introito

En el palafito de mi comadre y camarada Leida Rodríguez vive con ella su hijo Leo, pescador desde niño, portador excepcional del humor y la sabiduría que caracteriza al pueblo añú del Lago Maracaibo, como a la gran mayoría del pueblo trabajador venezolano, ese mismo en el que creía Aquiles Nazoa, autor original de la magnífica frase-verso, aunque el discurso oficial ha creado confusiones otorgándole a otra persona la autoría del texto más colectivo y discutido de la Constitución: su Preámbulo.

En octubre de 2013 comencé la aventura -a tientas- de grabar videos con testimonios del pueblo añú, lo hice particularmente porque llegué a la conclusión que el discurso visual le había ganado la carrera al escrito, y no habíamos logrado hacer notar la presencia del pueblo primero y único en habitar estas aguas, que seguía resistiendo sin voz, la invisibilidad a que lo condenó la colonia, la república oligárquica centralista y el imperialismo petrolero.

En ese amado rancho, donde alguna vez cantó Alí Primera, conspiró Alí Rodríguez, hizo campaña José Vicente, grabamos a Leida y su familia. Todas las vivencias narradas fueron bellas, conmovedoras. Al tocarle el turno a Leo, los presentes estábamos boca abierta, piel erizada y ojos llorosos. Leo nos hizo reír con anécdotas fantasiosas, pero cuando habló en serio, dejando de lado su risa pícara, yo le apunté “Leo vos habláis de Chávez en presente”, y él apenas me vio de reojo sin detener su elocuente fabla: “Es que Chávez está vivo, él no murió, se convirtió en una idea; y como él luchó por las ideas de Bolívar, ahora nosotros tenemos que luchar por las de él”. Se hizo un profundo silencio y las miradas de aprobación, asombro, admiración, acierto, se mezclaron como señales de lucha en la brisa lacustre que batía palmas y hamacas en los palafitos del Moján.

I

Este enero de 2026 que pone a prueba toda nuestra venezolanidad, nuevamente Leo Rodríguez, el hijo de mi comadre y camarada Leida, vuelve con sus sorprendentes “ocurrencias”, esas que hacen realidad lo que de maravilloso, epopéyico y legendario ha tenido nuestra historia en plena ebullición de insurgencia: “Los gringos vinieron a secuestrar un villano, y se encontraron con un héroe”. Tal cual, Leo, así lo está constatando en el mundo toda persona con un hálito de decencia.

Cierta filosofía china (bastante que leímos a Mao en el rancho desde el cual Leo me envió el audio citado) enseña que no se puede esculpir la madera podrida. ¿Qué espantapájaros puede sacarse del Cartel de Epstein?

Nicolás Maduro se formó en las luchas estudiantiles que reclamábamos -junto al pueblo patriota- la plena nacionalización del petróleo, no la “chucuta” que impusieron con los contratos de asistencia tecnológica y comercialización para eternizar la dependencia de las transnacionales.

II

Nicolás comenzó militando en el movimiento político RUPTURA donde orábamos “la línea justa es luchar hasta vencer”, él supo desde entonces con Argimiro Gabaldón que “el camino es duro, pero es el camino”, y que “somos la alegría y la vida en tremenda lucha contra la tristeza y la muerte”. Por cierto, es el PRV-RUPTURA quien primero activa el carácter insurgente del legado del poeta Nazoa al constituir el Movimiento de los Poderes Creadores del Pueblos Aquiles Nazoa, y también fue aula de los primeros debates sobre el Árbol de las Tres Raíces, reivindicando siempre a Bolívar, Rodríguez y Zamora como fuentes de nuestro paradigma insurreccional. Nicolás pasó a la Liga Socialista, organización paridora de valiosos cuadros revolucionarios como José Zabala, Marelis Pérez, y el mártir Jorge Rodríguez, a quien asesinaron torturándolo para eliminar un esperanzador liderazgo de nuevo tipo, desmoralizarnos y enlutar a toda la Patria Buena.

Como muchacho urbano, Nicolás se la juega en la corredera -y a veces el encierro- de la lucha clandestina, la organización comunitaria, las inquietudes culturales, los esfuerzos formativos, el estudio de las teorías revolucionarias y de nuestra historia, sin dejar de asumir el combate reivindicativo y las peleas patrióticas generales en la calle. Destaca por su modestia, su disciplina, su camaradería, su don de buena gente, eso que los presentes en el tribunal donde espuriamente lo juzgan percibieron apenas entró sereno saludando sin resentimiento ni altivez, pero con sobrado decoro y valentía, tranquilo y sin nervios como venezolano de madera fina que es.

No diré más, porque hoy no soy su biógrafo, y su desempeño como sindicalista, parlamentario, Canciller, Presidente son del conocimiento público, aunque seguro se pueden construir muchos contenidos historiográficos contemporáneos siguiendo sus pasos de conductor de la República Bolivariana de Venezuela bloqueada, desestabilizada, atacada de todas las formas que el imperialismo sabe para derrocar un gobierno no sumiso a su avaricia. De la pérdida del Comandante Eterno Hugo Chávez, pasando por el infame “Decreto Obama” y la guerra mutante que nos aplicaron, Nicolás dio lecciones de ser un Jefe de Estado íntegro, inteligente, democrático al extremo, y fiel al pueblo de Bolívar, nuestra reserva moral contra toda adversidad.

Sólo quería compartirles lo dicho por Leo, un pescador artesanal añú de la Tinaja del Sol (Maracaibo), porque su razón y su verbo vienen de muy adentro nuestra historia de resistencia ancestral, y allí hay más sabiduría que en la raza mercenaria que nos acecha, que nos atacaron a traición, luego de instalar la narrativa del “villano” y ahora tienen entre rejas a un héroe, que los pueblos reclaman sea liberado y retornado a su Patria de Libertadores.

 

Yldefonso Finol

Maracaibo, 12 de enero 2026