domingo, 7 de junio de 2026

¿Dónde está Bolívar hoy?



¿Dónde está Bolívar hoy?

En la Nueva Granada. Si. Ya atravesó las anegadas llanuras del Apure, del Arauca y el Casanare, con su Ejército Libertador convertido en fábula acuática donde acechan las grandes constrictoras, los caimanes con mandíbulas de acero y los cardúmenes de pirañas; los guerreros avanzan entre depredadores llevando en sus hombros el arsenal que debe rebatir los muros que impiden la eutopía. Les espera el Ande con sus enhiestas pendientes, donde todo peso se acrecienta hasta el dolor, donde el frío no secará las humedades del andar anfibio que quedó atrás, pero si entumecerá los ánimos, los músculos, los huesos…hasta hacer crujir la voluntad, y quebrar las fuerzas como frágiles ramitas secas del solitario vegetal del páramo.

Pero Él se detiene a asistir un parto, socorre los desmayos, aplica curas ancestrales al soroche, atiende al lesionado, arenga los bríos, y entona cantos patrióticos para reanimar la tropa adormecida por la fatiga y el ahogo. La marcha sufre los rigores de los paisajes, se impregna de esos contrastes del espacio geográfico que ahora aman con más pasión, porque se lo tragaron con los ojos llorosos, les permeó la piel agrietada, sangrante, los inhalaron vía pulmonar hasta sembrarlo en el alma. Así vencieron en Pantano de Vargas y Boyacá. El virrey con sus cómplices corruptos y asesinos huyó despavorido. La Nueva Granada fue libre del colonialismo. Una señora al ver a Bolívar entrando a Bogotá montado en su caballo, corrió a abrazarse de su figura delgada pero poderosa, se saludaron como viejos amigos y ella le dijo en tono jocoso, con ese humor tan afilado del pueblo cundinamarqués: “Volviste fantasma”. En el ecograma se podían percibir los latidos del corazoncito de Colombia en el vientre de la Historia.

II

“Colombia es el corazón del mundo”, dice el presidente Petro, y de pronto a uno le suena un poco chauvinista, lo que por sí mismo no desmerita la afirmación; es normal que un patriota, más siendo líder de opinión y estadista, exalte las condiciones de su país con las mejores construcciones semánticas, aunque pueda parecer exagerado.

Pero Gustavo Petro no exagera: en las circunstancias particulares tan graves que vive la humanidad, a punto de perderse su propia existencia por la masacre de todas las perspectivas del humanismo perpetrada por el sionismo en Palestina, trasmitida en vivo y directo ante la “indiferencia del mundo que es sordo y es mudo”, una “voz que clame en el desierto” por la vida es, sin duda, el corazón del mundo.

Ese corazón late en el pecho que es Nuestra América, Nuestra Abya Yala continente y archipiélago, amenazada de muerte por el fascismo imperialista global que ejerce el gobierno estadounidense de Donald Trump, para imponer la “civilización Epstein”, usando sus aberrados subalternos, cipayos, mercenarios, sociópatas narcisistas. Los santanderistas que fracasaron en “la noche septembrina” han publicado en la prensa que matarán a Sucre: “puede que Obando haga con Sucre lo que no pudimos hacer con Bolívar”. Hay gente adicta a la necrofilia trajeada de narcopolítica. El deslumbre por los matones. La seducción por el abismo de Berruecos. No más “sangre derramada, que es petróleo para el yanqui” (y sus secuaces). Cantemos con Nando Marín: “Yo quiero que el mundo sea más pequeño y estar cerquita del cielo para jugar con el sol…yo quiero cambiar la guerra por paz y amor”.  

El 21 de junio ese corazón será defendido por Bolívar, con su Ejército Libertador como espada y escudo del pueblo colombiano, encarnado en uno de sus mejores hijos, el valiente y brillante Iván Cepeda.

III

Bolívar está en su amada Bolivia. Marcha al lado de Juana Azurduy. Sucre y Tupac Katari toman las alturas. Si el pueblo sabe su historia, sabrá también hacerla con sus propias manos, mirando el futuro, moldeándolo a sus anhelos. Recordáis “¿Qué quiere decir Bolivia? Un amor desenfrenado de libertad que, al recibirla vuestro arrobo, no vio nada que fuera igual a su valor”. La jauría fascista subordinada y neocolonial pretende desatar una masacre contra el bravo pueblo boliviano. ¡Alerta indómita Indoamérica! ¡Cese la represión contra la clase trabajadora y los movimientos sociales originarios en Bolivia!  

IV

Bolívar está en México como ciudadano honorario tomando un baño de sol azteca, en vigilia por la dignidad que celebra con Lucas Alamán, Benito Juárez, Pancho Villa, Emiliano Zapata coreando Carabina 30-30 en la Cuarta Transformación.

V

Simón Bolívar está en Perú. Conoce las perversiones de la oligarquía y los laberintos de la política ociosa e intrigante. Se enamora del Perú: “Los monumentos de piedra, las vías grandes y rectas, las costumbres inocentes y la tradición genuina, nos hacen testigos de una creación social de la que no tenemos idea, ni modelo ni copia. El Perú es original en los fastos de los hombres”. Se la juega con el pueblo peruano, y vencen.

VI

El Libertador está en Cuba. Se ha conmovido con las palabras que le ofrendó José Martí. Se ha admirado de la proeza que han hecho los patriotas cubanos. Se presentó voluntario para resistir junto a Fidel y Raúl, las criminales intenciones de los regatones del norte, esa canalla que tanto desprecia por su infame conducta hacia nuestros pueblos, a los que ha plagado de miserias en nombre de su falaz y prostituida estratagema de la libertad.

VII

Bolívar está vigilante en Nicaragua, donde ha conocido a su hijo Augusto César Sandino. Han hablado de Carlos Fonseca y Tomás Borges. Bolívar se siente muy emocionado al llegar con ellos a la plaza repleta de combatientes alegres, donde Daniel y Rosario los invitan a ocupar un sitio de honor en la tarima presidencial. La multitud grita con brío: ¡Patria libre o morir!

VIII

Simón mira desde el Chimborazo con el amor de Manuela Sáenz la resistencia creciente del Ecuador profundo, y supervisa -esta vez personalmente- el desarrollo del Congreso Anfictiónico de Panamá. Hoy como nunca antes urge construir el Equilibrio del Universo, con la unidad de Nuestra América y los pueblos en resistencia contra la ambición de Estados Unidos y Europa, y su engendro sionista.

IX

En Venezuela, Bolívar ha perdido la plaza de nuestro arsenal. Está herido de Patria, encolerizado. Protesta la capitulación del alto mando. Decide recomenzar. Vuelve “sin pedir perdón, ni olvido”, decreta la Guerra a Muerte. “Dicen que viene caliente por nuestro comportamiento, al dejar caer su espada, y también su pensamiento”. Los pueblos lo aclaman Libertador. Las derrotas dividen y las divisiones traen derrotas. Ciclo vicioso. Se salva de sus propios compatriotas. Recompone fuerzas por uno que nunca lo abandonó: Urdaneta. Diciembre 1814, en Ocaña: “Para nosotros la Patria es América”. Las bestias se han enseñoreado en Venezuela. Secuestraron el país. “El velo se ha rasgado; ya hemos visto la luz y se nos quiere volver a las tinieblas; se han roto las cadenas; ya hemos sido libres, y nuestros enemigos pretenden de nuevo esclavizarnos”.

Pero por aquí anda Bolívar, nunca se nos va del todo, o sabe estar simultáneamente donde se le requiere. Porque despierta con el pueblo, porque tiene mucho por hacer. Por aquí anda compañeros: “como el cocuyo en el aire, como la luna en el médano, como el potro en el Escudo, y el tricolor en el cielo”.

 

Yldefonso Finol

Militante Bolivariano


sábado, 6 de junio de 2026

Jesús Rojas Weffer In Memoriam

 



JESÚS ROJAS WEFER IN MEMORIAM

A 30 años de su siembra

Jesús Rojas Weffer fue, en primer término, un ser humano integral, afable, inteligente, querendón, familiar, solidario, bien humorado, firme, alejado de toda mezquindad, que repugnaba las miserias humanas y la avaricia, enamorado de la vida, de su esposa, hijas e hijos. Por eso estamos aquí convocados por sus más intensos y eternos amores.

Jesús Rojas Weffer fue un paraguanero telúrico, con un fuerte arraigo por su paisaje peninsular, donde el aire se renueva cada instante por los vientos nordestes creando una atmósfera traslúcida bajo el imperio del dios sol. Tal de esa natura está hecha su alma, que hoy podemos sentir con tan envolvente presencia entre su cosecha de eternidad.

Rojas Weffer fue un venezolano ejemplar. Un patriota como tanto requerimos en esta hora urgente que sean las actuales generaciones.

Su innato desprendimiento lo llevó al río de las luchas. En ese navegar, a veces sin embarcación ni remos ni velas ni timón, los naufragios no detuvieron sus brazadas, y su espalda, ancha y fuerte, fue barca para quienes desfallecíamos entre las turbulentas aguas.

La vocación, esa magnética sinfonía del espíritu, el instinto y la conciencia, lo convirtieron en el Camarada Rojas Weffer, su marca imborrable en la historia, ganada a pulso, con sacrificios, con entrega altruista, con convicciones marmóreas, que las elites no registrarán, tarea que debemos hacer por elementales razones de amor y honor.

Esta conmemoración -además de un sensible y respetable deseo de su familia-, es un paso pleno de justicia por la veneración que merecen seres humanos elevados e imprescindibles como Jesús Rojas Weffer. Esa estirpe que sintió en sus vísceras la Patria, que acudió a inmolarse al grito ¡Muera la opresión!, que no escatimó esfuerzos más allá de toda limitación, que despreció las falsas excusas para evadir la responsabilidad histórica de ser un revolucionario bolivariano.

Pero, sobre todo, que nos iluminó con lecciones dictadas desde una franca e invaluable amistad, con severidad cuando lo creyó necesario, y con la más hermosa sonrisa para animar las batallas en realidades cotidianas adversas: siguen lloviendo esos panales la miel del pueblo.

Recordamos vívidamente ese primer día que se presentó con Daniel a manifestar su decisión de juntarnos, no se trató de una simple sumatoria, fue un impulso cualitativo que nos hizo ser mejores personas. Porque en medio de la soledad el oasis vino a nosotros, prueba que el realismo mágico lo crean y escriben nuestros pueblos cada día, como silbar el Himno Nacional mientras amasamos las arepas.


Por muchas razones -y también por causas no racionales- hemos sido militantes de la amistad. Tal vez por esas motivaciones no muy razonadas también hemos sido amantes de la amistad. Así lo determinó el paisaje amigable de aguas, manglares y tardes hermosamente iluminadas y calurosas. Así debió ocurrir por las cataratas de amor que derramaban madres y abuelas sobre la condolida humanidad (representada en este caso por humildes vecindarios).  Si. Allí donde nuestros hogares también eran refugio tierno de los necesitados, enfermería del alma y mesa común compartida.

La amistad germina en el huerto amoroso donde frondosas hermandades florecen; en el colegio entre jardines de uniformes y pupitres; en la calle con cuerdas que lo mismo hacían bailar un trompo o sostenían el volantín huidizo hacia el azul, o se estiraban en un cuatro para cantar la liberación. Y entonces el gusanito de la rebeldía se abre paso en las costumbres nebulosas, compartiendo camarote, sueños y riesgos (camaradas) y comenzando a desgranar en busca de iguales, de misma causa. Que en eso de arriesgarlo todo por los ideales, la confianza es cuestión de vida o muerte.

Hay una manera bolivariana de amistad. La veo en su verbo llameante: “La amistad es mi pasión”; escribía en su carta a Leandro Palacios el 16 de mayo de 1817. Es cierto. “El título de amigo vale solo por un himno y por todos los dictados que puede dar la tierra”. Esa forma especial de afecto y lealtad la vemos en Bolívar con Sucre y Urdaneta, con su maestro Rodríguez más allá de las edades y las distancias.

También nuestra alma de rockola se pasea en surcos de amistad al portador. Como esas canciones de Alberto Cortez que son recitales principistas a la amistad: “barco frágil de papel”…que navega seguro por el capitán amor que lo conduce. Nostalgia conmovedora “cuando un amigo se va”…la canción como encuentro de sentires. La cátedra serena que embebimos con Serrat, ese experto que sabe qué quiere “decir amigo”; o el incesante buscar entre los versos el destino de quienes hemos querido, con la pregunta sencilla que escruta Pablo Milanés: ¿dónde andarán? Es Alí Primera preguntándose aún “en qué traste se perdió la canción y la sonrisa” que queman su guitarra. Es Amaury Pérez viendo fijamente la genial mirada de Silvio Rodríguez para decirle: “yo tengo un amigo que ríe conmigo, que no anida enojos para mí castigo”, Hasta la religiosa exageración poética de Nazoa creyendo que “la amistad es mejor invento” que la vida misma.

Sigamos con Bolívar: “El gran poder existe en la fuerza irresistible del amor”.

¡Camarada Rojas Weffer, Presente!

Tu siembra seguirá germinando Amor, Patria y Humanidad.

Yldefonso Finol

Maracaibo, 27 de mayo de 2026

martes, 2 de junio de 2026

BOLÍVAR CONTRA LA ESCLAVITUD (Conmemorando el Decreto de Carúpano del 2 de junio 1816)

 


Bolívar contra la esclavitud

Por sentimiento y convencimiento Bolívar está contra la esclavitud. Considera abominable esa aberración del humano dueño de otra vida humana. Tampoco quiere enfrentamientos raciales. Su lucha por la igualdad implica eliminar odiosas brechas socioeconómicas y culturales. La humanidad es una. La condición humana es una sola y un solo título anhela para todas las personas: ciudadanos. Sabe además que la unidad del pueblo es la única garantía de victorias sobre el coloniaje, al que considera una modalidad de esclavitud, en este caso, de muchas naciones sojuzgadas por un imperio.

La esclavización del indígena por parte de los invasores europeos, inició esta práctica que exhibe el colmo del afán de lucro como propiciador de la perversión humana. Luego fueron incorporados forzosamente grandes contingentes de africanos traídos como esclavos, en un comercio desaforado de vidas que provocó la miseria secular de aquel continente, y plasmó con encadenados ríos de sangre las páginas más atroces de la historia.

El joven Simón Bolívar, heredero de ricas propiedades que incluyen varios cientos de esclavos, no es indiferente a la realidad cruel que significa la esclavitud. Practica el buen trato y aún sabe que no es suficiente. Tiene afectos muy sentidos entre esta gente de piel achocolatada a los que considera dignos de todos los derechos. Ha sido amamantado y criado por una de ellas: su mamá Hipólita, a la que también considera “un padre”. Sentimientos y convicciones mueven a la acción por lo justo. Tempranamente el Bolívar que se entrega sin reservas a la causa de la independencia, con solo 29 años, cuenta entre sus tropas a antiguos esclavos que ya no lo son porque quien pregona con el ejemplo los ha llamado a combatir por la libertad.

La concepción bolivariana de igualdad tiene basamento científico. Bolívar comparte con Humboldt una amistad entrañable, basada en la comunión de ideas y la visión compartida de un mundo mejor. El Libertador le da brillo a su espada con el aceite del saber liberador. Humboldt —como recuerda Mijares— aporta desde la ciencia su concepción de la igualdad: “Al afirmar la unidad de la especie humana, también nos oponemos a aceptar el antipático supuesto de razas humanas superiores e inferiores. Todas están destinadas a la libertad por igual”.

Al inaugurar el Congreso de Angostura, refiriéndose a una de sus grandes preocupaciones, el tipo de Gobierno que ha de darse la nueva república, expresa: “Un Gobierno republicano es, ha sido y debe ser el de Venezuela; sus bases deben ser la soberanía del pueblo, la división de los poderes y la proscripción de la esclavitud”.

Su primer decreto abolicionista lo dicta como Jefe Supremo en Carúpano el 2 de junio de 1816, al arribar a tierra firme con la gloriosa expedición de Los Cayos que patrocinó el generoso presidente haitiano Petión:

Considerando que la justicia, la política, y la Patria reclaman imperiosamente los derechos imprescriptibles de la naturaleza, he venido en decretar, como decreto, la libertad absoluta de los esclavos que han gemido bajo el yugo español en los tres siglos pasados.

 

El 6 de julio de ese mismo año de 1816, al desembarcar en Ocumare de la Costa dicta su segundo decreto sobre la libertad de los esclavos:

Esta porción desgraciada de nuestros hermanos que han gemido bajo las miserias de la esclavitud, ya es libre. La naturaleza, la justicia y la política piden la emancipación de los esclavos: de aquí en adelante solo habrá en Venezuela una clase de hombres, todos serán ciudadanos.

 

La maduración de sus ideas progresistas e igualitarias, se alimenta también de los reveces sufridos ante una ideología dominante que no solo encarnan los enemigos realistas, sino que coexiste en las propias filas independentistas. No en balde la clase de “mantuanos”, de la que Bolívar proviene, es la primera en oponerse a sus radicales reformas sociales.

Le ocurrió con el Congreso de Angostura, donde el ala más conservadora desoyó su dramático llamado antiesclavista, mediatizando las decisiones adoptadas.

El 23 de octubre de 1820, por la vía de un decreto, el Libertador decide la confiscación de la hacienda “Ceiba Grande” y la liberación de sus esclavos. Este decreto manda un mensaje muy nítido sobre la concepción política de Bolívar acerca del delicado asunto de la esclavitud, visión no compartida por la mayoría de las clases pudientes de la época, incluidas importantes figuras de la vanguardia militar independentista y de la burocracia republicana.

El decreto de “Ceiba Grande” guarda una especial significación, porque muestra la progresiva evolución del pensamiento de Bolívar en materia de esclavitud. Él mismo recoge los precedentes ya establecidos a la vez que perfecciona anteriores limitaciones en la legislación de la primera jefatura bolivariana. Ahora es presidente de su Colombia original, cuelgan en su pecho las proezas del Paso de los Llanos y los Andes, y las victorias de Pantano de Vargas y Boyacá. Por eso, con gran autoridad moral, parte de considerar “que las leyes fundamentales de Colombia han decretado la libertad de los esclavos de derecho, y que las propiedades de la República no pueden emplearse más útilmente en favor de la humanidad que en la emancipación de estos desgraciados colombianos”; vale decir, valida las medidas anteriormente dictadas a favor de los esclavos, y les considera ciudadanos de pleno derecho en la Colombia bolivariana.

En su articulado, el decreto confisca la hacienda “Ceiba Grande”, antes propiedad del “Erario Real y actualmente correspondiente al de la República”; simultáneamente declara que “los esclavos que fueron pertenecientes a esta hacienda son desde hoy en adelante perpetuamente libres y por consiguiente ciudadanos de Colombia”, con una sola condición que obliga a “los hombres útiles de llevar las armas” a tomarlas “mientras que dure la actual guerra”, estableciendo por primera vez que el delito de deserción o abandono, no acarreará castigos a su familia, sino que serán tratados “como los demás soldados del ejército”.

Esta última cláusula no debe pasar desapercibida en el estudio de la legislación antiesclavista americana, ya que inaugura una etapa superior que trasciende la medida utilitaria de sumar esclavos a la tropa que, en el caso de abandonar su obligación militar, en castigo eran devueltos con sus familias a la previa condición. En adelante la incorporación a la lucha patriótica los haría irreversiblemente libres, y sus faltas no implicarían sanciones diferenciadas, sino en condición de ciudadanos iguales a los soldados de cualquier color de piel.

En 1821 el Congreso de Cúcuta encuentra nuevamente a Bolívar abogando por la abolición de la esclavitud, aunque solo aprueban promulgar la libertad de vientre con la Ley de Manumisión, que contempla la libertad de hijos de esclavas que solo gozarían al cumplir los 18 años de edad. El Libertador, insistiendo en concretar la que considera una reivindicación fundamental de la humanidad, otorga la libertad al último grupo de esclavos que poseían sus familiares en los Valles de Aragua.

El 24 de marzo de 1824, estando en Perú, dirige un oficio al prefecto de Trujillo, en el cual solicita:

Protección a los esclavos para que escojan en libertad el dueño que les convenga: Todos los esclavos que quieran cambiar de señor, tengan o no tengan razón, y aun cuando sea por capricho, deben ser protegidos y debe obligarse a los amos a que les permitan cambiar de señor concediéndoles el tiempo necesario para que lo soliciten… dispense a los pobres esclavos toda la protección imaginable del Gobierno, pues es el colmo de la tiranía privar a estos miserables del triste consuelo de cambiar de dominador.

 

Tal sería la oposición que encontró a sus ideas abolicionistas en Perú, que replegándose tácticamente de los avances que ya había mostrado en su Colombia, trata sin embargo de introducir algunas tímidas conquistas para la población esclava, lo que demuestra su constante interés en superar la vieja esclavitud.

En cambio, para la proyectada Constitución del nuevo Estado en la región llamada hasta entonces Alto Perú, bautizada por Sucre como Bolivia, su planteamiento emancipador de esclavos fue directo, considerando como ciudadanos bolivianos a “todos los que hasta el día han sido esclavos; y por lo mismo quedarán de derecho libres, en el acto de publicarse la Constitución”.

El 28 de junio de 1827, de paso por Caracas en la infructuosa tarea de conjurar el separatismo autócrata de Páez, emite otro decreto: “Dando eficacia a la Ley de Manumisión” que aún múltiples oligarcas se negaban a aplicar. Una muestra más de lo cuesta arriba que resultó la efectiva concreción de sus mandatos antiesclavistas en el ancho territorio que su genio libertó.  

Queda demostrado que Bolívar nunca dejó de gestionar, por todas las vías posibles, la liberación de los esclavos. Así lo comenta Morón Urbina:

Uno de los aspectos que se resalta linealmente en el pensamiento bolivariano es su claro planteamiento a favor de la libertad civil y la igualdad mediante la abolición total de la esclavitud, considerada por el Libertador como una locura. En este tema ya Bolívar había avanzado mediante sus acciones personales (personalmente manumitió a sus propios esclavos), lo mantuvo permanentemente en sus proclamas personales, y en sus proyectos constitucionales para Angostura y Bolivia.

 

El maestro Miguel Acosta Saignes lo resume con sobrada claridad:

No solo el deseo de Petión, en 1816, llevó a Bolívar a promulgar la libertad de los esclavos en Carúpano y en Ocumare, sino el convencimiento, nacido de la lección del Año Terrible de 1814, de que no se podría lograr éxito sin contar con el concurso de todos los sectores, incluidos los esclavos, bravísimos combatientes que nada tenían que perder, sino sus cadenas… Bolívar fue un extraordinario ser humano, de inagotable energía y capacidades increíbles, al servicio de una causa históricamente progresiva. Vivió los ideales de su clase, impulsó algunos y entró en contradicción con otros, como cuando se convirtió en el gran líder de la libertad de los esclavos, decretada por él en Carúpano y en Ocumare, y pedida a los congresos constituyentes, desde Angostura en 1819, hasta Bolivia en 1826, sin éxito.

 

El historiador haitiano Paul Verna, autor de un estudio extraordinario sobre Petión y Bolívar, pone en el tapete la metamorfosis ideológica experimentada, ya que: … al convertirse en Libertador de los esclavos y en su protector, es cuando Bolívar se transforma en verdadero revolucionario. Atacará directamente el viejo problema social venezolano, de castas y diferencias étnicas, tratando de lograr, para beneficio de la lucha de los patriotas, la supresión de la desigualdad social.

La militancia de Bolívar en la causa abolicionista alcanzó niveles de doctrina continental, cuando su propuesta buscó la adhesión de los gobiernos representados en el Congreso de Panamá. Sin embargo, las maquinaciones del conservadurismo impidieron un pronunciamiento decisivo que hubiera convertido a Latinoamérica en una región libre de esclavitud. Así lo analiza Liévano Aguirre:

Con respecto al problema de la esclavitud, Bolívar deseaba que en el Congreso se hiciera un pronunciamiento que comprometiera a los países signatarios a tomar medidas, en sus respectivas legislaciones, para ponerle pronto término a la ominosa institución. Sus deseos tropezaron, sin embargo, con los poderosos intereses vinculados al sistema esclavista en los países representados en Panamá y particularmente con la oposición de los Estados Unidos, cuyos agentes no economizaban esfuerzos para generalizar la idea de que la abolición inmediata de la esclavitud solo podía conducir a que se repitieran, en escala continental, las depredaciones y matanzas de blancos a que dio origen la rebelión de los esclavos en Haití y Santo Domingo.

 

Finalmente, para quienes por mi o por fa han puesto y siguen poniendo en duda la convicción abolicionista del Libertador, o pretenden minimizar los esfuerzos realizados por Él para abolir el régimen esclavista, recordemos que el 15 de febrero de 1819, en su magistral Discurso de Angostura, predica con vehemencia la libertad absoluta de los esclavos como paradigma de una nueva vida en las nacientes repúblicas. Consciente como estaba de las dificultades de esta iniciativa, en una economía agraria colonial basada en la mano de obra esclava, que atentaba desde profundas estructuras de poder contra el consenso requerido, apeló a los argumentos más desesperados por conseguir apoyo a su ferviente deseo: “… yo imploro la confirmación de la libertad absoluta de los esclavos, como imploraría mi vida, y la vida de la República”.

Suenan aún sus palabras en este mundo azotado por las bestias de un pasado oprobioso que se empeña en reencarnar:

¡Legisladores! La infracción de todas las leyes es la esclavitud. La ley que la conservara, sería la más sacrílega. ¿Qué derecho se alegaría para su conservación? Mírese este delito por todos aspectos, y no me persuado que haya un solo boliviano tan depravado que pretenda legitimar la más insigne violación de la dignidad humana.

¡Un hombre poseído por otro! ¡Un hombre propiedad! ¡Una imagen de Dios puesta al yugo como el bruto! Dígasenos, ¿dónde están los títulos de los usurpadores del hombre? La Guinea no los ha mandado, pues el África desbastada por el fratricidio, no ofrece más que crímenes. Trasplantadas aquí estas reliquias de aquellas tribus africanas ¿qué ley o potestad será capaz de sancionar el dominio sobre estas víctimas? Trasmitir, prorrogar, eternizar este crimen mezclado de suplicios es el ultraje más chocante. Fundar un principio de posesión sobre la más feroz delincuencia no podría concebirse sin el trastorno de los elementos del derecho, y sin la perversión más absoluta de las nociones del deber. Nadie puede romper el santo dogma de la igualdad; y ¿habrá esclavitud donde reina la igualdad? Tales contradicciones formarían más bien el vituperio de nuestra razón que el de nuestra justicia; seríamos reputados por más dementes que usurpadores.

 

(Fragmento del libro Simón Bolívar: ideología y método de la emancipación de Nuestra América. Centro de Estudios Simón Bolívar. caracas 2022)

https://drive.google.com/file/d/1xASKHcJSXeNFckqnsSZg0duHLOYkAGAd/view?usp=sharing 

miércoles, 27 de mayo de 2026

Elecciones en Colombia: su impacto en Nuestra América

 


Elecciones en Colombia: su impacto en Nuestra América

El domingo 31 de mayo hay elecciones presidenciales en Colombia; con absoluto respeto por su soberanía y autodeterminación, debo expresar lo que considero serán las consecuencias del resultado de la contienda para Venezuela y Nuestra América.

Se enfrentan la opción de continuar un gobierno (mejorado tal vez) de cambios con vocación social y en la onda de ampliar derechos ciudadanos, contra el retroceso a un pasado (peor tal vez) de terrorismo estatal, violación masiva de Derechos Humanos, entrega de soberanía, desprecio por la convivencia respetuosa con los países vecinos. Es la disyuntiva terrible que vive la humanidad: el anhelo de paz y justicia, versus el fascismo genocida. El pueblo colombiano conoce muy bien, pagando un altísimo saldo en dolor, la frustración de ver imponerse el régimen de las masacres, el exterminio, las fosas comunes, los falsos positivos, el paramilitarismo. Fascismo subalterno puro y duro, subordinado a los Estados Unidos, disfrazado de “democracia”, multiplicador de la miseria, patrocinador del crimen transnacional como vía de lucro y opresión.

El candidato de esa barbarie es un mafioso conocido y descarado, que llamó públicamente a asesinar al presidente venezolano Nicolás Maduro.

https://albaciudad.org/2017/07/uribistas-piden-matar-a-maduro-por-yldefonso-finol/

Lo digo de una vez sin tapujos: si la derecha fascista gana estas elecciones, intentará hacer una guerra contra Venezuela.

https://diariovea.com.ve/los-matones-antivenezolanos-quieren-guerra/

¿Tienen este escenario en la sala situacional de nuestro Gobierno? Atención FANB.

No hablaré en esta nota de la situación de secuestro en que nos mantiene el patrón de los canallas: el fascismo imperialista global de Donald Trump. Pero esta variable jode demasiado.

Un triunfo del delincuente que va de segundo en las encuestas, por alianza con la que va de tercera, sería una amenaza para el pueblo colombiano y la región. El personaje compite en narcisismo psicopático con Bukele. Seguro aspirará a liderar las derechas sumisas: el panyanquismo.

Nuestra Venezuela Bolivariana sería rodeada por estas hienas, y ya sabemos que Brasil tiene otras prioridades geopolíticas, bajo la vieja doctrina del sub-imperialismo que incubó la oligarquía, y el corolario hipócrita del lulaísmo, fase superior del oportunismo megalómano.

Cuba y Nicaragua tendrán un acérrimo enemigo en la Casa de Nariño, que moverá la colita al patrón gringo con tal de una sobadita en el cogote.

El cartel mundial neofascista sumará un actor importante, fuente de financiamiento para cualquier maldad con el fondo monetario internacional de la cocaína.

Los países pequeños que hace ratos son lavanderías de dólares con trazas blancas, se verán acorralados por la virulencia de la violencia. Síntomas hay a la vista. Prepárense para el peligro de ser estancias de la narcopolítica. Fascismo con drogas no es pan y circo.

Nuestra Patria Venezuela en su laberinto. La vuelta gringa al “patio trasero”, ese gimnasio donde formó su musculatura original, donde se hizo imperialismo, ya tomó la primera reserva de petróleo del mundo, quinta de gas, y un etcétera largo como el Chile refascistizado.

México lindo y querido, avanzando con su mayor reserva de riqueza: la dignidad, mientras la “bestia rubia” acecha. Bolivia insurge para hacer honor a su nombre. Argentina requiere desesperada algo de cordura para revivir. Honduras teledirigida por un indultado de Trump, a la orden de Netanyahu. El sionismo infestándolo todo con el dios dinero, su ritual de muerte, su maleficio infernal.    

Deseamos al pueblo de Colombia el mejor futuro posible, que abrió hace pocos años -por primera vez en dos siglos- con unidad histórica, en el camino de que cesara “la horrible noche”.

Que en esta primera vuelta ganen los buenos, para que toda Colombia y Nuestra América cantemos con alegría: “El bien germina ya”.

Yldefonso Finol     

 

 

domingo, 24 de mayo de 2026

Sentido llamado bolivariano: diálogo entre nos, prioridad A1

 


Sentido llamado bolivariano: diálogo entre nos, prioridad A1

Punto previo: alguien aquí está simulando.

El 23 de mayo, que celebramos la exaltación de Simón Bolívar al título inmortal de Libertador por el pueblo de la preciosa ciudad de Mérida, el ejército genocida de Estados Unidos simuló que haría un “simulacro de evacuación de personal” (según informó leyendo un comunicado el ministro venezolano para relaciones exteriores), pero realmente ejecutaron una prepotente maniobra militar violando una vez más el suelo, el mar y los cielos de nuestra Patria.   

El imperialismo siempre simula. Una semana antes de atacar a Irán estaban sentados en una mesa de negociaciones que “priorizaba la diplomacia”, según declaró el secretario de Estado.

Los gringos siempre simulan, desde tiempos de la invasión en que los colonos ingleses “regalaron” mantas infestadas de viruela a pueblos originarios para -según instrucciones documentadas- “exterminar esa raza”.

Simularon la explosión del Maine en la Bahía de La Habana el 15 de febrero de 1898 para apoderarse de Cuba, Puerto Rico, y otras colonias del agónico Imperio Hispano, tal como habían ambicionado los “padres fundadores” de esa plaga. Al año siguiente, simulando amistad con Venezuela, asumieron “representarnos” (monroistamente) en la controversia con Inglaterra por el Territorio Esequibo, y fraguaron el despojo con el Laudo Arbitral de París. ¡Zamuro cuidando carne! Por algo el insolente “Estado 51” viene sin nuestra Guayana Esequiba.

¿Alguien que “sienta la patria hasta en las vísceras” puede simular normalidad?   

I

Cuando un funcionario de magnas responsabilidades exhibe un video diciendo -en tono retador y sarcástico- que quienes quieran “inmolarse den un paso al frente”, mi mente me dibujó múltiples escenas terriblemente heroicas de la resistencia de los pueblos originarios a la invasión colonialista y de la generación libertadora durante la gesta independentista; y, claro, inevitable revivir el dolor por las heroínas y héroes que recién se inmolaron por esta Patria el 3 de enero.

Los laboratorios enemigos azuzan verbalizaciones rabiosas, señalan traiciones, todo muy beneficioso para la arremetida yanquisionista que está recolonizando Nuestra América. No le sirven a la Patria ni la maledicencia ni la adulancia. Es tiempo de verdades. Informes políticos serios. Debates de altura. ¡Bolivarianismo, carajo!

Una articulista usa la palabra “perro” en fábula nada constructiva, para confrontar a personas que han expresado opiniones de “izquierda inútil”.

Clamo por atender la advertencia del inmaculado Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre: “Veo delante de nosotros todos los peligros y todos los males de las pasiones exaltadas, y que la ambición y las venganzas van a desplegarse con todas sus fuerzas”.

Paréntesis primero: reestudiar el significado de educar en Simón Rodríguez.

II

Impertinencia histórica molestó a Bolívar en su cenit glorioso, cuando Santander le escribió pidiendo revocar el ascenso a Coronela ganado por Manuela Sáenz en plena Batalla de Ayacucho. El Libertador abofeteó al misógino agente monroísta, diciéndole: “Sucre me lo pide por oficio, el batallón de Húsares la proclama; la oficialidad se reunió para proponerla, y yo… le doy ascenso, sólo con el propósito de hacer justicia... venga entonces y salgamos juntos al campo de batalla y démosles a los inconformes una bofetada con el guante del triunfo de la causa del Sur”. El traidor mayor se “atrincheró” en las oficinas a intrigar. Ya sabemos el poder pernicioso del intrigante.

La respuesta de Bolívar cierra con una máxima doctrinaria: “Un ejército se hace con héroes y éstos son el símbolo del ímpetu con que los guerreros arrasan a su paso en la contienda, llevando el estandarte de su valor”.  

III

En medio de la consternación por el anuncio de un falso “simulacro” circularon instrucciones (apócrifas, pero muy difundidas) a las “bases” que indicaban mantener un “silencio digno”. Extraña frase sólo procesable en casos extremos de confidencialidad como enunció en su día José Martí, o en el heroísmo martirizante del torturado que no delata a sus camaradas. Silencios de vida o muerte, forzosos en ambos casos.

Inhalemos la luz del canto necesario con nuestro Himno Nacional que nos manda “Gritemos con brío, muera la opresión, compatriotas fieles, la fuerza es la unión”; con Alí Primera “es mejor perder el habla que temer hablar”, con Horacio Guaraní “porque el silencio cobarde apaña la maldad que oprime”, con Silvio Rodríguez “¿Qué silencio aprendido nos preserva la vida? ¿Qué silencio oportuno nos convierte en prudentes? ¿Qué silencio asesino nos llena la barriga?”.

“Silencio” inconstitucional que cercena el derecho a expresarse libremente. Revictimiza y reprime a las víctimas directas de la agresión imperialista del 3 de enero, que ni siquiera podrían exigir justicia.

IV

¿Tendremos que volver a la clandestinidad?

El “plan de tres fases” gringo va rumbo a imponer un fascismo subalterno, es cuestión de meses. Todas las señales así lo indican. Las huestes bolivarianas debemos reinventarnos para dar una pelea larga, hoy con la palabra, la cohesión principista, el reagrupamiento de fuerzas, el debate científico de la situación. El pueblo chavista es la reserva moral que sostiene esta posibilidad de tener Patria, y otras voces que se han pronunciado dignamente.

La tarea es conversar, reflexionar en unidad, comprometernos en convicciones. Ya no hay opción para liderazgos intocables, privilegiados, altivos con el pueblo trabajador y amables con el capital.

Volvamos a Bolívar y Urdaneta en la disposición combativa mostrada en los días más terribles, en cartas admirables que conmueven la fibra patriótica: “Con motivo del mal estado de la situación por falta de energía de nuestra parte y por sobra de la ajena o de los contrarios, estamos resueltos a tomar un partido que salve la Patria, formando una reunión de los hombres más influyentes que, de acuerdo con el gobierno, hagan lo que se determine. Con tales propósitos me he atrevido a contar con Usted para que coopere a tal fin”. (Bogotá, 18 de abril de 1830)

El enemigo principal es el imperialismo. La supremacía bélica no nos debe inmovilizar, al contrario, vamos a mantenernos movilizados hasta rescatar la soberanía secuestrada.

¡Que la Patria cuente con toda la militancia bolivariana!

 

Yldefonso Finol

Militante Bolivariano

En el 204 aniversario de la Batalla de Pichincha comparto mi libro Simón Bolívar: relatos de vida y guerra




https://drive.google.com/file/d/1wAWcTJN8Hx1kuMzQVjkt_syBm1hp_9Oy/view 

https://editorialurgente.blogspot.com/ 

file:///C:/Users/Yldefonso%20Finol/Desktop/LIBROS%20FINOL/Sim%C3%B3n%20Bol%C3%ADvar-Relatos%20de%20Vida%20(1).pdf 

sábado, 23 de mayo de 2026

Bolívar es proclamado Libertador: Mérida 23 de mayo de 1813





Yldefonso Finol

(Fragmento del libro Simón Bolívar: relatos de vida y guerra. Editorial Urgente, 2023)

Su espada puso en huida a los opresores, su magnanimidad y verbo le granjearon el amor eterno de aquellos pueblos. Va liberando a su paso poblados y espíritus. El 30 de diciembre está en Guamal, y en enero de 1813 llega a Ocaña, donde reorganiza y prepara su ejército para emprender la ofensiva sobre la importante plaza de Cúcuta. En San Cayetano, a orillas del río Zulia, se suman los refuerzos, entre los que viene un patriota maracaibero de nacimiento y bogotano de insurrección, que pronto sería uno de los más fieles camaradas de armas y amigo muy querido de Simón Bolívar: Rafael Urdaneta. Cúcuta queda en manos bolivarianas en la célebre batalla del 28 de febrero. Esta acción impidió que los realistas invadieran Cundinamarca y se enseñorearan con la Nueva Granada.

Luego avanzan a San Antonio del Táchira. Pese a las oposiciones de algunos intrigantes que ya comenzaban a envidiar el prestigio del héroe venezolano, el presidente de la confederación de la Nueva Granada, Camilo Torres, da su visto bueno al pedido hecho por Bolívar para seguir su victoriosa campaña en territorio de Venezuela. Cuenta el caraqueño con 29 años de edad cuando está por realizar una de sus grandes hazañas militares: la Campaña Admirable. Los oficiales neogranadinos de apellidos Castillo y Santander se inauguran como gérmenes del antibolivarianismo que años después sería clave para truncar la verdadera independencia de Nuestra América. En el trance de desconocer el mando y pretender insubordinar a las tropas contra Bolívar, se produce el encuentro con Urdaneta, quien da un espaldarazo fundamental al líder indiscutible del ejército: “General: si con dos hombres bastan para emancipar la Patria, pronto estoy a acompañarlo”. Estos seres elevados por la energía de la lealtad a los principios, vivieron para honrar la palabra que alguna vez empeñaron a sus afectos y su causa.

En sus memorias, Urdaneta relata la actitud de los intrigantes: “pero el Coronel Manuel Castillo, influyente entonces y jefe de las armas del Estado de Pamplona, se opuso a la expedición y con él el Mayor Santander, pretextando que el país quedaba indefenso si se alejaban sus fuerzas; que Bolívar no era hombre para tamaña empresa y otra porción de razones de localidad que redujeron el ejército casi a la disolución. Removiéronse todos estos inconvenientes por la constancia del Libertador, por la buena disposición del Gobierno, por la anterior incorporación de Urdaneta, de Girardot, D'Eluyar y otros oficiales; y la división de Bolívar se puso en marcha sin Santander y Castillo, y a pesar de la deserción que promovieron sus diferencias”.

Valdés Vivó destaca la madurez militar alcanzada por Bolívar, por eso de que “el arte de vencer se aprende en las derrotas”. Venido de la experiencia fallida de la Primera República de Venezuela, sabe que el mando dividido genera divisiones en la tropa, más cuando se interponen localismos chovinistas. En el caso del coronel cartaginés Castillo, “la división comenzó como discrepancias militares de índole técnica. Bolívar defendía el plan de realizar un ataque conjunto sobre Cúcuta, donde estaba el grueso de las tropas realistas, para controlar el camino a San Antonio, vía lógica de invasión a Venezuela. Castillo, en cambio, prefería inmovilizar sus tropas en una línea defensiva que protegiera simplemente a la Nueva Granada”. Ese inmovilismo conservador fue en muchas ocasiones el mejor aliado de las fuerzas colonialistas.

Desde esos días tan tempranos, comenzó la intriga a filtrarse como polillas entre el maderamen independentista. Santander –desertando por mezquindad junto a Castillo- al verse sustituido por Urdaneta en la cadena de mando, engendró en sus adentros un odio perenne que lo llevó hasta los últimos extremos del encono. Tampoco escatimó sigilo cuando tuvo que soterrar sus ambiciones mostrándose lisonjero mientras planeaba los zarpazos contra quienes lucieron un brillo glorioso por sus sobrados méritos y elevación vocacional.   

Este traidor que boicoteó desde dentro el proyecto bolivariano y que planificó el intento de magnicidio en septiembre de 1828, es el mismo que el 3 de junio de 1819 le escribió desde Tame a Bolívar: “! Gloria inmortal al Protector de la Nueva Granada, al Benemérito hijo de la tierra de Colón! V. E. ha dado ya la salud a aquel infortunado país y ha preparado la de Venezuela por la cual tanto se ha fatigado. El proyecto de V. E. de que me ha impuesto el coronel Lara es el proyecto que arrancará a Fernando el cetro de la parte de la América que posee”.

Adular era para este prototipo de Judas, sólo una forma más de vivir su envidia y su enfermiza ambición personalista.

Contra toda obstrucción y para dicha de la Venezuela andina, el 23 de mayo entra triunfante en Mérida el compatriota que por primera vez –y para siempre- fue llamado “Libertador”. El ejército de Bolívar gana importantes apoyos, con adhesiones valiosísimas como la del insigne Vicente Campo Elías, más contribuciones que fortalecieron la logística y la moral de la tropa.

El recorrido por los páramos de líquenes y frailejones, con la custodia estoica de los cinco picos de nieves perpetuas, va confirmando –sin embargo- la demencia de un enemigo sanguinario, que ha regado de mártires, miseria, miedo, atraso y desolación, los más recónditos parajes de la patria. La tortura se aplica por igual al luchador por la libertad que a su mujer y sus hijos. Los fusilamientos de pueblos enteros, sin mediar juicio ni pesquisa, mantienen bajo un régimen de terror a la población civil indefensa. Los informes confirman en Bolívar la imagen genocida que vio retratada en la lectura del cronista justiciero Bartolomé de Las Casas. Había que detener al bárbaro con la fuerza necesaria para persuadirle de cesar en su carnicería. Arrancarle los colmillos a la fiera en combate cuerpo a cuerpo con la determinación de vencerle o dejar la vida en el intento.   

Las atrocidades cometidas por la dictadura de Monteverde mantienen bajo régimen de terror a la población. El 8 de junio de 1813, Bolívar dice en Mérida: “Las víctimas serán vengadas, los verdugos serán exterminados. Nuestra bondad se agotó ya, y puesto que nuestros opresores nos fuerzan a una guerra mortal, ellos desaparecerán de América y nuestra tierra será purgada de los monstruos que la infestan. Nuestro odio será implacable y la guerra será a muerte…”

Se sube al cenit de la historia la contradicción fundamental: emancipación nacional o dominación colonial. Y, con Brito Figueroa podemos decir que lo más creador en Bolívar es precisamente su odio a toda dominación colonial.

Para poner las cosas en su lugar, el 15 de junio dicta en Trujillo el Decreto de Guerra a Muerte contra los realistas. Los detractores de ayer y hoy han usado esta decisión para crear una “leyenda negra” con Bolívar, así como se le calumnió con la supuesta pretensión de coronarse monarca, cuando nada aborrecía más que la usurpación de la soberanía popular que genera la peor de las desigualdades entre los humanos.

Lecuna, Parra Pérez, Brito Figueroa, entre otros, consideran que esta medida extrema no fue un capricho ni la bravuconada de una psique perturbada como se han empeñado en tergiversar los resentidos antibolivarianos; esa legislación de efectos político-militares severos, todavía en 1819, cuando Bolívar se acerca a Bogotá tras el triunfo de Boyacá, puso en fuga al virrey Sanamo, quien la creía vigente, siendo que su autor la había derogado a inicios de la Campaña de Oriente y Guayana.

Brito Figueroa resalta las condiciones propias de una guerra que encerraba profundas luchas clasistas: “Tampoco fue el Decreto de Guerra a Muerte el que impuso la crueldad y la desolación en Venezuela en 1813; ambas fueron expresiones de la intensa lucha de clases –que de una manera sorda y silenciosa había fermentado en la sociedad colonial- y que la lucha por la Independencia, con la consecuente incorporación de la clase terrateniente a los combates por la creación de la nacionalidad, sacó a flote. Instrumento de una causa justa, que no crueldad de Simón Bolívar, fue la promulgación del Decreto de Trujillo”.

El General Rafael Urdaneta, testigo de excepción como protagonista de todo ese período, anota en sus crónicas dos consecuencias del Decreto de 1813: “que los españoles, sabiendo que encontraban una muerte cierta se acobardarían, como sucedió, y que los criollos engrosarían las filas de Bolívar, como era necesario”; para concluir con nítida lógica militar: “Los resultados de la ocupación de Caracas justificaron la medida exuberantemente”. 

Ese 31 de julio, con la Batalla de Taguanes en los llanos que se estrechan hacia los valles centrales, la victoria le abre el camino de retorno a su lar natal. El 6 de agosto Bolívar entra triunfante en Caracas culminando la que se conocería como Campaña Admirable, partera de la Segunda República de Venezuela. Guerra a Muerte es lo que se impone desde los resentimientos hacia las clases propietarias criollas, bajo la fachada de una guerra social que involucra a mucho pueblo aún no convencido de la necesidad y la posibilidad de zafarse al poder colonial. La causa independentista deberá lidiar simultáneamente contra el ejército regular español y las castas desposeídas del llano acaudilladas por el canario José Tomás Boves.

Bolívar está dichoso en su Caracas. El 14 de octubre la municipalidad lo nombra Capitán General de los Ejércitos de Venezuela y le ratifica el título -antes aclamado en Mérida- de Libertador.


Yldefonso Finol