jueves, 31 de diciembre de 2020

LOS DICIEMBRES DE BOLÍVAR

 

Los diciembres de Bolívar

Cuenta Luís Perú de Lacroix, en su Diario de Bucaramanga, que Bolívar, tosiendo y afiebrado, le manifestó un día: “Yo no nací para la felicidad…a los nueve años quedé huérfano de padre y madre y a los diecinueve, viudo. ¡La felicidad no es para mí, No!...veinte años en guerras y escabrosos triunfos. Y ahora totalmente desengañado por la gloria”. Era el año 1828 y unas semanas después en Bogotá sería el intento de magnicidio del 25 de septiembre que representó el quiebre definitivo de la alianza que sostenía el proyecto original de Colombia.

Ciertamente El Libertador Simón Bolívar fue marcado prematuramente por acontecimientos que lo convirtieron en un niño triste y rico. Murió su padre Juan Vicenta Bolívar en enero de 1786, su madre Concepción Palacios el 6 de julio de 1792 a las 11:30 de la mañana, y su abuelo Feliciano Palacios en diciembre de 1793. De luto en luto se le pasaron varias navidades. Comenzaría así la problemática legal sobre su custodia, que había recaído en su tío materno Carlos, con quien las cosas no iban nada bien. El 23 de julio de 1795, aprovechando la ausencia de su tío, el niño Simón huyó a refugiarse en casa de su hermana Juana y su esposo Pablo de Clemente. Huye de una insoportable convivencia. En ese tiempo estudia en una escuela pública donde un maestro debe atender a 114 alumnos. Solía escaparse con muchachos de su edad a jugar por las calles de Caracas. La alta sociedad veía mal estas libertades del mozo Bolívar. Ante un juez que dilucidaba sobre la crianza del niño entre su tío y su hermana Juana, el chamo declara: “que los tribunales bien podrían disponer de sus bienes y hacer de ellos lo que quisiesen más no de su persona, y que si los esclavos tenían libertad para elegir amo a su satisfacción, por lo menos no debía negársele a él la de vivir en casa que fuera de su agrado”.

El desprendimiento por la riqueza personal y su especial sensibilidad por lo social, junto a su enérgica vocación libertaria, quedaron definidas desde aquellos tempranos conflictos.

En enero de 1797 ingresó Bolívar, ya con catorce años, al Batallón de Milicias de Blancos de los valles de Aragua, el mismo del cual su padre había sido Coronel…El 4 de julio de 1798, por Real Orden, fue ascendido al grado de subteniente. El día 19 de enero de 1799, embarcó en La Guaira en el navío San Ildefonso para irse a estudiar a España. Tenía 16 años y se bebe todo el conocimiento filosófico, científico y literario que sus inquietas ánforas de gris le permiten almacenar.

Diciembre de 1801 está Bolívar en el País Vasco enamorado rondando a su novia María Teresa.  Tiempo de idilios e ilusiones. En 1803 está en Caracas con su esposa. Son navidades y fin de año felices. Breves instantes que se deshacen entre sus manos solitarias. Vuelve a Europa a presentarse ante la familia de María Teresa en Madrid, y pasa diciembre de 1804 en Paris, donde presencia el día 2 la coronación de Napoleón. En 1805 hace el viaje con su maestro Simón Rodríguez. Reflexiona y jura. En 1806 sale de París en septiembre vía Alemania, tomando un barco en el puerto de Hamburgo rumbo a la América del Norte.

Estallan las revoluciones inevitables. Es 1810. El 5 de diciembre Bolívar llega a La Guaira luego de cumplir su primera misión diplomática para la República de Venezuela; había partido rumbo a Londres el 9 de junio junto a Luís López Méndez y Andrés Bello, para intentar un acercamiento de Inglaterra a la causa independentista. En ese viaje, el 15 de septiembre de 1810, Bolívar escribió en el Morning Chronicle de Londres: “El día, que no está lejos, en que los venezolanos se convenzan de que su moderación, el deseo que demuestran de sostener relaciones pacíficas con la Metrópoli, sus sacrificios pecuniarios, en fin, no les hayan merecido el respeto ni la gratitud a que creen tener derecho, alzarán definitivamente la bandera de la independencia y declararán guerra a España. Tampoco descuidarán de invitar a todos los pueblos de América a que se unan en confederación. Dichos pueblos, preparados ya para tal proyecto, seguirán presurosamente el ejemplo de Caracas”.

El joven escritor trae una imprenta y deja listo a Miranda para sumarse a la aventura independentista recién iniciada. El día 7 de diciembre presenta informe a la Junta sobre su misión. El resto del mes estuvo en Caracas y posiblemente pasó por Valencia y su finca de San Mateo.

El año 1811 la muerte vuelve a apuñalar el alma de Bolívar: muere en agosto su hermano Juan Vicente en un presunto naufragio mientras trataba de hacer diplomacia en Estados Unidos y comprar armas con sus propios recursos para la revolución. El 21 está en Caracas, donde había ido desde agosto enviado por Miranda a rendir informes sobre las acciones militares en Valencia.

Sorprende 1812 a Bolívar exiliado en Cartagena. Otra vez su pluma llameante se luce ante el mundo, cuando publica su “Memoria dirigida a los ciudadanos de la Nueva Granada por un caraqueño” (Manifiesto de Cartagena). Escribe porque tiene mucho que decir y enseñar. Pero también combate. Vence en Tenerife, Mompox y Guamal…tiene la mira en Cúcuta para entrar sobre Venezuela.

Al terror realista que diezmaba a Venezuela, opuso su Decreto de Guerra a Muerte. Es 1813. La Campaña Admirable lo hace Libertador. El 1 de diciembre llega a San Carlos, el 5 Batalla de Araure, Valencia, el 31 se come sus hallacas en Caracas, sin descansar, porque tiene que convocar asamblea el 2 de enero.

En un informe del 31 de diciembre de 1813, argumenta su propuesta de unidad: “Si en estos siglos de ignominia, en que un continente más poblado y más rico que la España, fue la víctima de las miras pérfidas del Gabinete de Madrid; si este pudo desde dos mil leguas de distancia, sin enormes fuerzas, mantener la América desde el Nuevo México hasta Magallanes bajo su duro despotismo, ¿por qué entre la Nueva Granada y Venezuela no podrá hacerse una sólida reunión?”

Llega 1814 con torbellinos que hacen caer la II República. En diciembre está en Bogotá sirviendo a la Nueva Granada que es patria para sus luchas también. Debe irse en 1815 a Jamaica, donde el 10 de diciembre intentan asesinarlo espías de Morillo por medio del impío “Negro Pío”. Se traslada a Puerto Príncipe, diciembre en Haití. Petion, hijo del África esclavizada lo ayuda con armas y dinero para liberar a Venezuela. Fracasa. Pero en 1816 va a Haití de nuevo. El 21 decembrino sale de Jacmel en su segunda expedición apoyada por Haití. Margarita será el puerto de entrada, y se dan los combates de Clarines al desembarcar en Barcelona el 31. Esos cañonazos no eran festivos.

El año de 1817 tiene un nombre poético: Angostura; sigue 1818 con más Angostura, ríos y llanos; en esas sabanas es el suceso de Rincón de los Toros (abril 17) donde Bolívar se salva de chiripa.

Glorioso 1819. Luego de crear Colombia y liberar Nueva Granada, viene en diciembre a Angostura a consolidar el Primer Gobierno Bolivariano. El 17 sancionan la Ley Fundamental. Para 1820 está en Venezuela. Pocos días de calma tras firma de Tratados con Morillo.

Se inicia 1821 con el pronunciamiento de Maracaibo a favor de la Independencia. se rompe el armisticio. Reinicia hostilidades. Triunfo de Carabobo abre el camino a la Campaña del Sur, por lo que emprende viaje vía Maracaibo, donde realiza su primera visita por diecinueve días. En diciembre sigue su ruta Libertadora hacia el sur por Bogotá, Purificación y Neiva.

En abril de 1822 ya está en victoria sobre Bomboná. En junio lega a Quito y al corazón de Manuela Sáenz.

Diciembre 1823 Perú. El 19 en Trujillo y antes en poblaciones cercanas, el 8 en Pallasca, Huamacucho, Cajamarca…1824 comenzó enfermo en Pativilca. Delirante, con fiebres y dolores, responde al interrogante qué hacer: ¡Vencer! Exclama ante el curioso. Diciembre glorioso en Lima, Batalla de Ayacucho, convoca al Congreso de Panamá…

Diciembre 1825 está el Genio de América en plan fundador de la nueva República de Bolivia. Ramón Rojas Olaya nos regala estas líneas: “Simón Bolívar y Simón Rodríguez están en Chuquisaca en la navidad de 1825. Hacen un balance del año que está por concluir...Allí Bolívar habla de la importancia que para Nuestra América tiene haber derrotado al último virreinato español: “Soldados: Colombia os debe la gloria que nuevamente le dais; el Perú, vida, libertad y paz. La Plata y Chile también os son deudores de inmensas ventajas. La buena causa ha ganado con vuestras armas su terrible contienda contra los opresores”…Rodríguez le dice a Bolívar que es tal la “sed insaciable de riqueza” de los Estados Unidos que harán lo imposible para que no se consolide la unión. Monroe en Norteamérica extermina indios y los sustituye por blancos. Bolívar libera América para los indios, negros y zambos. Colombia es una amenaza para el destino manifiesto. Ambos recuerdan la carta que Bolívar le escribió a Santander el 6 de enero de 1825, en la que resalta la importancia de que Colombia logre consolidarse: “pues tengo la idea de que nosotros podemos vivir siglos siempre que podamos llegar a la primera docena de años de nuestra niñez” porque “las primeras impresiones duran siempre”. Rodríguez le advirtió aquel día de reyes que los angloamericanos intentarán sobornar a Páez y a Santander porque saben que Venezuela es epicentro geopolítico”.

1826. Diciembre problemático en Venezuela. Viene desde el Perú hasta Maracaibo, Coro, el 1 de enero 1827 en Puerto Cabello y el 10 en Caracas. La oligarquía divide e intriga. Bolívar se niega al baño de sangre de una guerra civil. Clama sensatez y unidad.

Bogotá 1827. Ocaña1828. Año de la Convención. Decreto de Poderes plenos. Convocatoria a elecciones para enero de 1830. En diciembre está en Bogotá resintiendo el golpe moral por el atentado de septiembre. Guerra por necia invasión peruana contra Guayaquil.

El 5 de agosto de 1829 en Guayaquil predice la condición imperialista de Estados Unidos, mientras espera se suscriba un tratado seguro con Perú que ha sido derrotado por las fuerzas bolivarianas al mando del Mariscal Sucre. El Libertador rechaza los proyectos de monarquía el 18 de diciembre. Está de regreso luego de tener que enfrentar la invasión peruana, vía Popayán, Cali, Buga, Bogotá.

Desde el 1º de diciembre de 1830 en Santa Marta, y el 7 lo llevan a San Pedro Alejandrino. Su cuerpo quedó allí exánime. Pero siguió viviendo. Fue su victoria más espectacular: vencer a la muerte que tantas tristezas le había causado.

 

Yldefonso Finol

Economista e Historiador Bolivariano

Cronista de Maracaibo

martes, 22 de diciembre de 2020

VENEZUELICIDIO

 

De la venezolanofobia al venezuelicidio: el subpresidente Duque recibe en visita de Estado al impune príncipe caníbal Leopoldo López

Unas horas después de reunirse con el novísimo “príncipe español”, Leopoldo López Mendoza, el subpresidente de la República Narcoparaca de Masacrelandia, Iván Duque, anunció que a los venezolanos radicados en ese país, no se les vacunará contra el Covid 19.

López y Duque coinciden con el descendiente de inmigrantes españoles Julio Borges Junyent, en que los migrantes venezolanos “son una enfermedad contagiosa”: “Ese problema migratorio, que ya es un problema de la región, se ve acompañado por otros problemas como crimen organizado, militarismo, paramilitarismo, tráfico de drogas, incluso el tema del terrorismo. De tal manera que Venezuela hoy es el foco de la inestabilidad y de todo lo que significa la degradación social, que puede ser una enfermedad contagiosa en toda América Latina”, sentenció el inmigrante emigrado.

La xenófoba alcaldesa de Bogotá –a veces disfrazada de “progresista”- sólo replicó esta teoría borgiana, que es compartida por la derecha ideológica del continente.

El terrorista Leopoldo López, conocido en los bajos fondos como “monstruo de Ramo Verde”, igual que la momia agente de la CIA María Corina Machado o los sionistas Smolansky y Capriles Radonsky, y el fascista Vecchio DeMarie, tienen algo en común que siempre me ha llamado la atención: pertenecen a familias extranjeras.

Esta gentuza no pueden ni siquiera llamarse “inmigrantes”, estos son invasores. Lo digo clarito y raspao: estas castas europeas siempre han visto a Venezuela como la vieron Carlos V y los Welser. No la sienten como su país, no; la asumen como su propiedad, como la concesión que les legó el Papa Alejandro Borgia vía su amantísima Lucrecia, antepasados de Escrivá de Balaguer.

Esta gentuza criminal y ladrona, aborrecen la venezolanidad profunda, la única y verdadera venezolanidad formada en las luchas emancipatorias que arrancaron con la resistencia originaria a la invasión europea, continuaron con las insurrecciones de indígenas y afros contra la opresión colonial, triunfaron expulsando a las monarquías europeas durante la Guerra de Independencia, y que hoy la Venezuela mestiza continúa por la liberación nacional y el socialismo bolivariano.   

Esas gentuzas conservan la nacionalidad europea de la que se sienten representantes. Nosotros somos la chusma de indios y niches que debemos servirles. Esto es así y no debemos perfumarlo con consideraciones eufemísticas para no herir oídos frágiles. ¡Que se quiebren los cristales de la farsa democrática! Negociación e impunidad significará recolonización.

Esta visión que les propongo se basa en una señora Vanessa Newman Donnelly entregando nuestra Guayana Esequiba y el oro venezolano depositado erróneamente en Inglaterra, u otra señora Trotta Gamus, en Buenos Aires desprestigiando a Venezuela. Toda esta gentuza tiene ONGs financiadas por Estados Unidos e Inglaterra: ahijadas del sionismo internacional. No son venezolanas ni venezolanos.

La nueva Asamblea Nacional debe abrir un debate para quitarle la nacionalidad ficticia a toda esta gentuza: o tendremos que reformar la Constitución para eliminar la doble nacionalidad. Esto no es cuestión de “razas”, cuyo concepto rechazamos, ni de “guerra de colores”; es un asunto muy serio, basado en evidencias históricas recientes.

Toda esa gentuza reporta a las agencias terroristas del espionaje gringo y europeo. Son financiados por esos gobiernos enemigos de Venezuela. Entonces son enemigos y como tal deben ser tratados. O, ¿vamos a quedarnos cruzados de brazos mientras continúan asesinando nuestra Patria?, la única que tenemos nosotros los mestizos, indios, afros, criollos café con leche y zambos que constituimos el pueblo trabajador de Venezuela, con una sola cédula de identidad y un pasaporte (si acaso).

La Asamblea Nacional de Nicaragua acaba de aprobar la Ley de Defensa de los Derechos del Pueblo a la Independencia, la Soberanía y Autodeterminación para la Paz, que inhabilita a los traidores a la Patria para optar a cargos públicos. Digno ejemplo a seguir.

Ya somos víctimas de una guerra mutante y un linchamiento moral contra la venezolanidad, que ha implicado la migración compulsiva, pero también discriminaciones inaceptables, al extremo de excluirnos de eventos y plataformas donde fue común haber estado.

Terminar de arrancarnos el Esequibo. Plagiarnos el cuatro y la arepa. Robarnos el joropo. Dejarnos sin gasolina. Hacernos sufrir para tumbar un gobierno. Destruir al bolívar. Dolarizar la cotidianidad. Provocar la gran migración. Estigmatización de nuestros migrantes. Xenofobia. Aporofobia. Venezolanofobia. Medios y vocerías gubernamentales lanzando acusaciones generalizadas antivenezolanas. Asesinatos de venezolanos, femicidios contra venezolanas, especialmente en Colombia.

No son sólo Estados Unidos con sus secuaces en la Unión Europea y el limado Grupo de Lima, quienes pretender destruir a Venezuela para repartirse los trozos; la elite parásita eurodescendiente que desangró nuestro país en el siglo XX, es la contrarrevolución mercenaria dispuesta a cometer venezuelicidio a cambio de su tajada.

¿Se los permitiremos?

 

Yldefonso Finol

 

jueves, 17 de diciembre de 2020

LA LIBERTADORA

Bolívar Inmortal

 Paisano caraqueño: te extiendo mi abrazo desesperado como el náufrago a la sensación de vida.

A tu inmensidad me aferro como el marino al horizonte de puertos fantasmas.
Preguntarte por tempestades sé que me tapiará de nuevas ansias de saber.
Unos campos de sangre alfombran la ruta del retorno.

General invicto: sólo la causa humana te apartó del lecho divino donde Manuela te abrazó al paraíso de sus batallas, esas -únicas- en las que siempre venciste rindiéndote
Patriota Camarada: deseo leer tus sueños en la borra del café, aprender de tu inocencia cuando la jauría de traidores te martirizó.

Yo te sigo desde mis tiempos ancestrales, soy un soldado anónimo que alza su lanza a los picos andinos como rayo del Inti.
Voy en el humo del tabaco jamaiquino que te inspiró aquella Carta, y antes fuí Manifiestos de derrotas fertilizantes.
Nunca una espada cortó tantas cadenas, ni ejército cosechó la gloria sin mancharse en el fango de la avaricia.
Por tus luchas brotaron libros entre los pobres, y luces para los ciegos.

Te odiaron y temieron los imperios, los viejos que derrumbaste, los engendros cobardes que te acecharon.
Tu nombre resuena en la orquesta del tiempo como rara sinfonía que nunca cesa.
Tu rostro inspira honores en todos los idiomas.
Canta a tu gesta la poesía universal, porque de sólo nombrarte el mundo entiende tu fértil inmortalidad.

YLDEFONSO FINOL

martes, 15 de diciembre de 2020

LA LIBERTADORA: CONTRADANZA ZULIANA EN HONOR A BOLÍVAR

 


La Libertadora de Silverio Añez: contradanza zuliana en honor a Simón Bolívar

Introito

El 13 de diciembre de 1826 Simón Bolívar viajó en bote por el río Zulia hacia el puerto La Horqueta, donde la noche del 14 debía tomar el vapor de ruedas Steamboat, que lo llevaría sobre el río Escalante desde el sur del lago hasta la ciudad de Maracaibo. Seguro la húmeda clorofila que se respiraba en la espesa flora y el cantar polifónico del fauno plural, dieron obertura a la contemplación de un paisaje que al verse atrapado en la opacidad, descarga mágicas pinceladas de luz desde la oquedad convexa.

El 16 llega Bolívar a Maracaibo. Dos ambientes disímiles marcan sus visitas a esta ciudad en un lustro: de la euforia por triunfo en Carabobo, al problemático año 1826, en cuyas postrimerías, se desata el torbellino que dará al traste con su Proyecto y su vida. El Libertador celebró en la jubilosa ciudad lacustre cuando partió a liberar el sur de Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia; y ahora entra por ella a Venezuela viniendo del Perú para atender la crisis política generada por Páez y Santander. De la apoteosis de 1821 a las tensiones de 1826. Mientras él estaba gestando glorias inmensurables en Bomboná, Junín, Ayacucho; Maracaibo fue azotada por los restos del ejército realista dirigido por el sanguinario Francisco Tomás Morales, y tras expulsar definitivamente al último opresor extranjero, un gobierno paecista se fue incubando en el resentimiento contra la arrogancia centralista ejercida desde Bogotá por un vil vicepresidente.

En aquella capital le habían ofrecido pomposos agasajos al Libertador. La Gaceta de Colombia del 26 de noviembre de ese año reseñaba que “el gobierno le dio un lucido convite en el palacio el día 14 en que hizo su entrada, y al siguiente día otro en la quinta de Su Excelencia. En la noche del 17 el director de la música militar Antonio de Velasco le dio un famoso concierto, en el cual por primera vez se tocó la ópera de Tancredi para música instrumental. El día 21 le dio un magnífico convite el coronel Campbell encargado de negocios de Su majestad Británica. El día 22 otro no menos magnífico el Sr. Francisco Montoya. El día 23 por la mañana un espléndido almuerzo el señor Segismundo Leidersdorf, y por la noche un hermoso baile el mismo encargado de negocios de S. M. B. El 24 un elegante y espléndido convite los señores Juan Manuel y Manuel Antonio Arrublas. Ayer 25 salió el Libertador de esta capital y debe comer y dormir en la hacienda del Excmo. Sr. vicepresidente, donde sabemos se ha preparado un lucido recibimiento. Hoy debe recibirle en su hacienda de Boita el Sr. Luis Montoya y allí pernoctará”.

Mucho sarao y más hipocresía, si apuntamos que los nombres destacados en la crónica periodística corresponden a connotados negociantes testaferros del vicepresidente, saqueadores del erario colombiano, que en adelante en vez de lujosos festines serían los encargados de urdir traiciones y asesinatos, y que en algún último baile de máscaras en 1828 montaron la danza de los asesinos enmascarados, que oportunamente se las aguó la “aguafiestas” de Manuelita Sáenz.

I

En la Maracaibo prenavideña de 1826, Bolívar es la calma que un liderazgo telúrico amado por el pueblo, brinda para sosiego de una sociedad que parecía sucumbir al llamado de las provocaciones. La fuerza moral elevada a la máxima potencia que atrae al bien expeliendo el éter del respeto. La ciudadanía se volcó al puerto a recibirlo y se aglomeró frente a la Casa Fuerte que sirvió de hospedaje al ilustrísimo visitante.

Vivas, aplausos y hurras se mezclaban con las declamaciones de décimas y sonetos, hasta que sonaba una gaita y todos los presentes se unían en un coro afinado y bullicioso que animó al Libertador a asomarse en varias oportunidades a compartir la algarabía popular. Pese a las complicadas circunstancias que provocaron este viaje intempestivo, la ocasión de agasajar al líder más importante de la historia continental, hijo de esta patria, no podía dejarse pasar sin hacer el más sentido homenaje. Incluso quienes habían tomado partido por la opción paecista, ante la magna presencia, prefirieron sumarse al protocolo o -si acaso- marginarse para no deslucir.  

Entre los más entusiastas que acudieron emocionados a celebrar con El Libertador, estuvo Silverio Añez, el mohanense que puso a bailar a Bolívar una contradanza hecha en su honor, que además de clarinetista, compositor y director de orquesta, era médico. Así podemos leerlo en el célebre Diccionario General del Zulia, de nuestros amigos historiadores Luís Guillermo Hernández (muy estimado y fecundo erudito zuliano, ya fallecido) y su compañero de labores, Jesús Ángel Parra (a quien deseamos larga vida y salud), que nos ofrece una breve reseña, informando que el maestro Silverio Añez nació en El Moján hacia 1775, que fue médico de profesión y músico, autor de esta obra que nos ocupa La Libertadora, aceptando como fecha de su creación el año 1819, por haber sido compuesta para conmemorar la entrada triunfal de Bolívar a Bogotá, y posteriormente tocada por la orquesta que el autor dirigió en esa noche decembrina de 1826 para El Libertador en la Casa Fuerte de Maracaibo, donde el homenajeado la bailó varias veces con doña Casimira Flores, esposa del General Juan Nepomuceno Santana, Comandante de la Guarnición Militar de la provincia.

Merece destacar que el General Rafael Urdaneta en ese momento ocupa la Comandancia General del Departamento Zulia, y encabeza las atenciones y diligencias militares que implica la llegada de su amigo el Presidente de Colombia.

Una de las primeras lecturas para acercarse a esta efemérides, nos la ofrece Manuel Matos Romero en su libro de 1968 “Historia de la Música en el Zulia”, donde muy brevemente anota sobre Silverio Añez el siguiente párrafo: “Vástago de una familia pródiga en verdaderos artistas, fue organizador de una orquesta criolla en Maracaibo por los años de 1820 y es autor de una hermosa contradanza intitulada La Libertadora que dedicó al Libertador Simón Bolívar, cuando en 1826 estuvo de paso en Maracaibo el Padre de la Patria, procedente de Bogotá. Esta contradanza fue bailada por el Libertador en una fiesta que le fue ofrecida en la Casa Fuerte o Casa de la Moneda, situada en la calle Urdaneta en el cruce con la calle Bolívar”.

Matos Romero destaca en su ensayo un dato digno de subrayar: “esta pieza musical típicamente maracaibera fue rescatada del olvido en el que estaba, debido al Dr. Jesús Enrique Lossada, siendo Rector de la Universidad del Zulia, en 1947, y la hizo representar en el Auditórium de dicha Alma Mater por el conjunto artístico y orfeónico de dicha Universidad, que dirigían en ese entonces los maestros españoles Juan B. Badía y Emilio Moratal”. 

Tenía que ser Lossada.

II

En la actual República de Colombia, algunos cronistas y musicólogos mantienen la versión según la cual el 10 de agosto de 1819, una pieza musical en ritmo de contradanza, titulada La Libertadora, fue interpretada por primera vez durante el apoteósico recibimiento en Santa Fe de Bogotá al Presidente Simón Bolívar y su glorioso Ejército Libertador, tras completar la liberación de la Nueva Granada en la Batalla de Boyacá el día 7 de ese mes; y hasta hay quienes afirman que esta obra fue considerada el Himno Nacional de la Gran Colombia. En la búsqueda de documentación para este artículo no encontramos fuentes formales que certificaran esta creencia de algunos autores, que también mencionan la obra La Vencedora, pieza que sonó en los combates del Pantano de Vargas y el Puente de Boyacá.

Sin embargo, dos misterios quedaron tejidos en torno a la contradanza La Libertadora: primero, que la opinión neogranadina aún se debate entre considerar esta composición de autor desconocido o reconocer al venezolano Silverio Añez como su creador; y, dos, que confirmada por nuestros historiadores la autoría original del tema en la persona del clarinetista Silverio Añez, saltan inquietantes las preguntas: ¿cómo llegó esa partitura hecha por un nativo de la población del Moján, en las orillas noroccidentales del estuario maracaibero, a la Bogotá de 1819? ¿Se hallaba el autor entre quienes celebraban ese diez de agosto en Bogotá la incorporación efectiva de la Nueva Granada a la Colombia fundada por Bolívar en Angostura del Orinoco? Siendo que a Silverio Añez se le señala ser médico de profesión, ¿será que cursó sus estudios en aquella ciudad que desde inicios del siglo XIX tuvo su embrión de facultad de medicina?

Adolfo Romero Luengo en su libro “Bolívar en el Zulia, Enfoque de una época”, en nota de pie de página se cuestiona sobre este asunto de las fechas de creación de La Libertadora: “…en cuanto a la contradanza La Libertadora, sí fue compuesta, como se ha dicho, en el año 1819, y sí para 1820 el Maestro Añez organizaba su orquesta ¿no es factible pensar que la hubiese estrenado en 1821, con Bolívar en Maracaibo para entonces? ¿O, la fecha cierta de su composición, es la de 1826? Son interrogantes obligadas, en virtud de no haberse tenido a mano la fuente original”.

Ocando Yamarte, se aventura a afirmar, no sabemos con qué basamento, que La Libertadora fue escrita en 1826 con motivo del paso de El Libertador por Maracaibo. Pero esta conjetura se tropieza con las versiones anteriores que ubican la obra en los días victoriosos de 1819-1821, lo que le da más justificación a la creación de una obra festiva, intensa y apologista, con intención de animar bailes; y con el hecho irrebatible que esta visita del Libertador en 1826 no fue informada con antelación al común de la gente porque la misma implicaba riesgos bélicos y de seguridad del Jefe del Estado, en el maremágnum de complicaciones al que venía de tan lejos a atender. Son las razones que hacen improbable la versión del sacerdote Ocando Yamarte.  

Silverio Añez creó su propia Orquesta Criolla entre 1820-1821, y se cree que es la primera agrupación instrumental de Venezuela. Debo lamentar el desamor que en general existe entre nuestra clase dirigente para con la Historia y nuestros valores humanos. Resulta ofensivo que no se haya hecho un seguimiento y registro de estos hermosos aportes artísticos de nuestros creadores ancestrales, mientras se rinde pleitesía a productos decadentes de factura extranjera. Este Cronista ha tratado en vano que se instaure oficialmente un acto recordatorio de esta sinigual aportación musical y de las especiales circunstancias que la inspiraron.

III

Incontrastable es el hecho de que la música tuvo su espacio protagónico en las luchas de nuestro pueblo por su Independencia. En su trabajo “La música en el proceso emancipador”, María Antonia Palacios, afirma que la primera canción patriótica de la que se tiene noticia es “Caraqueños, otra época empieza”, con letra atribuida al escritor de la gramática americana Andrés Bello, y la música a Cayetano Carreño, hermano de Simón Rodríguez, el maestro de Bolívar. Nuestro propio Himno Nacional es un canto popular que resonaba retador en la Caracas revolucionaria que gritó ¡Independencia! al nacer la segunda década del mil ochocientos.  

En la actual República de Colombia, entre músicos que tratan de mantener estas manifestaciones, La Libertadora es considerada una significativa composición en ritmo de contradanza, ejecutada para el recibimiento triunfal en Santa Fe de Bogotá el 10 de agosto de 1819 del Ejército Libertador, comandado por Simón Bolívar. Diversas publicaciones coinciden en que “esta canción se alternó con La Vencedora en los festejos por la recién obtenida Independencia, que duraron 15 días y en los bailes ofrecidos en el Palacio de San Carlos”. En fechas contemporáneas se destacan los arreglos musicales y las transcripciones de partituras para piano que fueron realizadas por el maestro Oriol Rangel en 1955.

Bolívar –como buen venezolano- es un amante de la música y bailarín afamado. Por doquier lleva partituras de sus obras predilectas. Bailó como un trompo en los salones parisienses con su prima Fanny. Bailando se enamoró con Manuela en Quito, y hasta bailó con el General José Asunción Silva, cuando el racismo de la aristocracia altoperuana en Potosí le negaba al meritorio oficial mestizo la complacencia de una pareja. La anécdota de Bolívar en medio del ataviado salón pidiendo a viva voz a su compañero de armas que le concediera bailar un vals, es un tesoro de solidaridad y testimonio del igualitarismo que caracterizó a la vanguardia venezolana que liberó medio continente. Tal actitud desprejuiciada les valió a los nuestros la mirada desdeñosa de las oligarquías que por entonces aspiraban beneficiarse de la sangre derramada por valientes y humildes soldados revolucionarios. También del baile en ocasión del encuentro entre Bolívar y  San Martín en Guayaquil, quedaron plasmadas opiniones cargadas de intriga antivenezolana por algún señorito supremacista del séquito del Libertador rioplatense.

IV

Mi valoración personal de La Libertadora puedo resumirla así: Introito marcial y romántico; un aire solemne abre giros armoniosos hacia la poética exaltación del heroísmo y la gloria. Baile primaveral que anuncia esperanzas de un mundo nuevo, con chispazos de Vivaldi y Mozart…que de seguro el autor imaginó en sus trotes a caballo por los plantíos frutales y floridos en su ruta playera a la ciudad maracaibera. Hay algo de marchas rusas y acordeones napolitanos en los menores de esta contradanza que envidiaron los exquisitos salones londinenses…El autor y su paisaje nativo nos invitan a despertares luminosos por la generosidad solar, sobre ese espejo de agua que es la esencia del impulso natural del pueblo originario del Lago Maracaibo a la creación poética-musical, deleitando el camino del hombre estudioso, soñador y sensible.

Quiero en este punto compartir lo contenido en la Revista de la Asociación de Amigos de la Música Zuliana, número 1, abril 2010, sobre La Libertadora.

Dice así: “La segunda visita del Libertador Simón Bolívar a Maracaibo fue en diciembre de 1826, en esta ocasión se le ofreció una recepción en la Casa Fuerte o Casa de la Moneda situada en la esquina de las calles que después se llamaron Urdaneta (avenida 5) y Bolívar (calle 97). Esa noche bailó la contradanza “La Libertadora” que, según la tradición, había sido compuesta en su honor, después de la batalla victoriosa de Boyacá en 1819. Y conforme con las mismas fuentes, su autor fue el médico, músico y compositor Silverio Añez, ejecutante del clarinete, quien había nacido a finales del siglo XVIII en el pequeño poblado El Moján (actual San Rafael de El Moján). El grupo musical que ejecutó la referida contradanza estuvo dirigido por su señalado autor, Dr. Silverio Añez. Se ha comentado que el Libertador se sintió complacido y entusiasmado por la belleza de su melodía, la que disfrutó bailando con la señora Casimira Flores de Santana, esposa del general Juan Nepomuceno Santana, Comandante de la Guarnición de la entonces Provincia de Maracaibo”.

En la revista AMUZ número 2, encontramos esta otra nota: “En la Batalla de Boyacá (7 de Agosto de 1819), nuestras tropas tenían una pequeña banda cuyo director era el neogranadino José María Cansino, y la carga decisiva se efectuó al son de una contradanza bastante conocida entonces, la que después se designó con el título de La Vencedora, por haberse ejecutado en tan señalada ocasión. Días más tarde cuando Bolívar entró a Bogotá, le dedicaron otra contradanza llamada La Libertadora, que también se ejecutó en varias batallas, porque era su favorita” (Revista El Farol. No. 237 -1971. Concierto de Música Histórica Venezolana. José Antonio Calcaño. Caracas: Creole Petroleum Corporation)”.

En una entrevista con el musicólogo José Peñín, se le consultó: ¿Es verdad que a nuestro Libertador Simón Bolívar, le gustaba el baile y qué tipo de música prefería?” A lo que el experto respondió: “Si. Fue un experto en bailar el vals vapor, música muy de moda para ese momento. Precisamente los ejércitos bolivarianos fueron los grandes difusores de este género por la cordillera andina bajo la denominación de pasillo, o pasito, por la morisqueta o pasito corto que hacían los bailarines sobre el segundo tiempo del compás”. 

Juan Francisco Sans, en su interesante ensayo “Baile y poder en la Colombia de Bolívar”, publicado en Ensayos. Historia y teoría del Arte (Número 22, 2012), al referirse a la contradanza, expone: “De todos estos antiguos bailes de la nobleza, solo la contradanza sobrevivirá hasta bien entrado el siglo XX. Esto puede deberse quizá a su versatilidad para adaptarse a los nuevos gustos. De hecho, la última figura de la contradanza, el cedazo, solía hacerse valsada. De las mutaciones de la contradanza se origina en América la danza, cuya base rítmica de tango o habanera la hace característica. La paulatina toma del poder por las nuevas élites en los regímenes liberales que surgen en los primeros años del siglo XIX viene precedida de la instalación de nuevos gustos y formas de ver el mundo, donde la apropiación y control del ruido se convierten en símbolos del poder político. La transformación del exclusivo salón aristocrático en un salón burgués mucho más democratizado y popular, integrado por miembros de las clases emergentes, en la que se verifica un notable cambio en el carácter y naturaleza de la música y la coreografía asociadas a estos espacios, van de la mano con las transformaciones sociales del periodo”.

Un testimonio de primera mano que dejó escrito la estadounidense Jeanette Hart, quien bailó en diversas ocasiones con Bolívar, da cuenta de la destreza del caraqueño que se deleitaba bailando mientras derrotaba al ejército más poderoso del planeta: “Cuando bailaba con el general Bolívar pude notar que solamente los pies de un bailarín por naturaleza podían llevarme a través de aquellos intricados pasos y figuras de aquellas danzas exóticas y poco familiares para mí; la última pieza que tocó la banda y que bailamos los dos, fue un vals; la multitud cesó de bailar dejándonos el centro del salón a nosotros solos y colocándose alrededor para vernos bailar… La armonía de nuestros movimientos era tan bella, que ninguna otra pareja hubiese podido competir. El general se movía como si los acordes de aquel vals emanaran de su propio cuerpo, era algo como una disposición heredada”.

Hart usa la palabra “exóticas” para referirse a la contradanza y al vals a la venezolana.

Daniel Florencio O’Leary, confirma en varios pasajes de sus voluminosas memorias, que Bolívar “hacía mucho ejercicio; después de una jornada que bastaría para rendir al hombre más robusto, le he visto trabajar cinco o seis horas, o bailar otras tantas, con aquella pasión que tenía por el baile”.

Por todo lo antes dicho, no tenemos duda que, en medio de los tormentos políticos que comenzaban a encapotar los cielos de la patria, nuestro Libertador bailó sabroso a lo zuliano la magnífica contradanza que un paisano mojanero, virtuoso y patriótico, le compuso en su honor.

Su ánimo, que al llegar jalado por las turbulencias, lo colocaba al borde de la disposición última de la guerra civil, fue suavizado por el amor del pueblo cantor y danzante, que en cada humilde hogar de bahareque y techo de enea, lo arropó con calurosa veneración. Un poco de esa hospitalidad sincera y mucho de sus magnánimos atributos espirituales, quedaron plasmadas en proclamas de infinita fraternidad.

Al zarpar del puerto de buchones y yaguasas, piraguas y cayucos, chistes y abrazos, el inquieto, creativo y benévolo Libertador, al cruzar el lago rumbo a Altagracia, estuvo pendiente de esa isla llana cercana a la costa oriental, donde Rafael Urdaneta le había comentado que podían establecer un hospital para atender a los enfermos de lepra.

Que estos dos amigos tan altruistas, sólo pensaban en hacer el bien a los desvalidos y en la felicidad de la Patria.

En su honor, y con la venia del Maestro Silverio Añez, permítanme presentarles el poema que he escrito para que sirva de letra a la excelsa contradanza La Libertadora.

La Libertadora

Deslumbrante lucidez eximia

Que hizo la mágica arcilla alquimia

Con el rutilante sol caribe

Que su universo con orgullo exhibe

Sorprendente cuece la victoria

En refulgentes brasas de la gloria

Que la multitud clama con gozo

Libertador en su cenit glorioso.

 

Bolívar en sus andanzas

Creó luces y esperanzas

Tiró el cetro decadente

Por la Patria siempre independiente

Tras su paso de genio inmortal

Van los pueblos en marcha triunfal

A la lidia del invasor

Doblega Bolívar El Libertador.

 

Salió raudo de Angostura

Por la anegada llanura

Pasó los Andes erguidos

Los realistas cayeron vencidos

Liberada fue en Boyacá

La simiente colombiana

La espada venezolana

Llegó vestida de gloria a Bogotá.

 

Yldefonso Finol

Economista e historiador.

Cronista de Maracaibo.

16-12-2020

 

jueves, 10 de diciembre de 2020

El modelo sociopolítico de Bolívar

Carta al Sec. Gral. ONU Antonio Guterres sobre Derechos Humanos en Colombia

 

EN EL LXXII ANIVERSARIO DE LA DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS

 

Señor

António Guterres

SECRETARIO GENERAL

ORGANIZACIÓN DE NACIONES UNIDAS

Nueva York

 

Reciba nuestro saludo cordial junto al deseo por su bienestar personal y éxito institucional.

Con muy honda preocupación, quienes firmamos esta comunicación, ciudadanas y ciudadanos de varios países de Nuestra América, acudimos a usted, conscientes de su sensibilidad y su solidaridad, para una tarea que compete a todo el género humano: preservar la vida y la integridad.

El pasado 10 de noviembre, el Instituto de Desarrollo y la Paz y su Observatorio de Conflictos, Paz y Derechos Humanos informó que “ya son 251 los líderes sociales que habrían sido asesinados en Colombia a lo largo de 2020”; lamentablemente esa cifra se quedó corta, en una escalada de violencia que parece no cesar. Según la misma fuente, un promedio de seis líderes sociales son asesinados en Colombia cada semana.

Internamente, vocerías autorizadas de movimientos sociales denuncian decenas de masacres y asesinatos selectivos de líderes y lideresas en una cifra superior a mil; así mismo han sido ejecutados 245 ex guerrilleros de las FARC que se habían acogido al proceso de paz, poniendo en riesgo todos los esfuerzos hechos por quienes confiamos en el fin de la guerra interna en Colombia.

Esta racha de noticias fatales conmueve las conciencias libres del planeta. No podemos permanecer impasibles y en silencio ante estos hechos que avergüenzan a la civilización en los albores del Tercer Milenio.

Necesitamos de su voz y de su acción, en representación de los pueblos de la Tierra, para detener la masacre y la impunidad, y destacar el derecho de las organizaciones sociales y comunidades, especialmente las más vulnerables, indígenas y afro descendientes, a que sus dirigentes elegidos puedan desempeñar sus cargos y responsabilidades, sin temor a perder su vida y su dignidad.

Su exhorto a los organismos de Naciones Unidas, encargados de velar por la vida y los derechos humanos, y a las Autoridades de Colombia, en particular al Presidente Iván Duque Márquez, será un potente anuncio de que la Humanidad rechaza la violencia contra esas personas, sus familias y vecinos, y apoya todo esfuerzo que restablezca la convivencia pacífica y el diálogo, como vías expeditas para lograr la tan ansiada -y hoy amenazada- paz.

Agradecemos su atención y acción ante esta misiva, y le reiteramos nuestros votos por el éxito de su urgente gestión.

 

Firman

Gloria Gaitán (Colombia, escritora, economista, filósofa política, defensora de Derechos Humanos, luchadora por la memoria histórica)

Yldefonso Finol (Venezuela, economista e historiador, experto en Derechos Humanos)

Luís Varese (Perú, periodista e internacionalista, experto en Derechos Humanos)

Imelda Daza (Colombia, Defensora de Derechos Humanos)

Iris García (Venezuela, Dirigente Política)

Gladys Oliveros (Colombia, Dirigente Política)

Déborah Santana (Puerto Rico, Defensora de Derechos Humanos)

Luís Prieto (Historiador, profesor jubilado de la Universidad de los Andes, Venezuela)

Ilenia Medina (Internacionalista, Dirigente Política, Venezuela)

Vidal Cisneros (Venezuela, arquitecto, ex diputado al Parlatino)

Jorge Forero (Profesor, experto en temas fronterizos colombo-venezolanos)

Eliécer Jiménez (Colombia, periodista exiliado en Suiza)

Liliana Hernández (Periodista venezolana, experta en sociología de género)

Alonso Zambrano (Periodista venezolano, experto en fronteras colombo-venezolanas)

Ynes Gerardo (República Dominicana, socióloga, defensora de Derechos Humanos)

Luís Álvarez (Profesor de la Universidad Bolivariana de Venezuela)

Víctor Ramírez (Venezuela, Maestro y líder social)

Jorge Pedroza (Venezuela, científico ecologista)

Carlos Pino (Venezuela, luchador social)

Carolina Granadillo (Historiadora, docente en Universidad Rafael María Baralt)

Carlos Molinares (Analista internacional colombo-venezolano)

Luís Darío Bernal (Colombia, Escritor y promotor internacional de literatura infantil)

Francis Jiménez (Cantora y escritora venezolana)

Alexis Rodríguez (Venezuela, profesor, dirigente político, ex parlamentario)

Douglas Querales (Abogado, experto penalista, y en Derechos Humanos, Venezuela)

Esteban Silva Cuadra (Chile, Movimiento Popular Democrático)

Jimmy Viera (Dirigente social, Colombia)

José Martí Uriana Morán (Internacionalista, experto en asuntos indígenas, Venezuela)

Segundo Mora (Federación Sindical Mundial capítulo Colombia)  

Asmerys González (Antropóloga y profesora venezolana)

Jhonny Salcedo (Profesor, promotor cultural)

Nelson Muñoz (Venezuela, comunicador político)

Gerardo Liévano (Colombia, internacionalista)

Roque Zambrano (Venezuela, cineasta)

Humberto Gómez García (Venezuela, Historiador y luchador social)

Pedro Querales (Venezuela, promotor cultural, ingeniero químico)

Zaidy Fernández (Venezuela, profesora universitaria)

 

Con copia a:

Señora

Michelle Bachelet

ALTA COMISIONADA DE NACIONES UNIDAS PARA LOS DERECHOS HUMANOS

Ginebra

miércoles, 9 de diciembre de 2020

Legitimidad Asamblea Nacional

 

Legitimidad de la Asamblea Nacional de Venezuela: el combate de estos días

Consumado el triunfo del pueblo de Venezuela con la realización de las elecciones legislativas del 6 de diciembre, viene ahora el combate por hacer reconocer la legitimidad de la nueva institución parlamentaria. Algunos conceptos y enfoques habrá que debatir sobre lo que se considera legítimo. ¿Es legítimo sólo aquello fijado por la ley? ¿O también debemos considerar legítimo lo que está asociado a lo ético, lo justo, lo moral, lo bueno? ¿Estas dos visiones entrarían en contradicción o se complementarían para una definición integral de la legitimidad? Y aún más, cabría preguntarse, ¿quién tiene la cualidad de determinar lo legítimo? ¿La llamada legitimidad de origen, en cuanto a representaciones populares y nacionales, está determinada por consideraciones cualitativas o magnitudes cuantitativas? ¿Tienen acaso un grupo de Estados la potestad de interpretar y calificar la legitimidad de los actos políticos internos de otro Estado determinado?

I

Entremos en materia. Pasemos revista a los aspectos legales formales que tanto interesan a la clase política tradicional que medra en la “democracia representativa”, liberal, burguesa, sufragista.

El plazo. La elección del 6 de diciembre no fue el capricho de un sector político en particular, interesado en sorprender a sus potenciales competidores y tomar algún tipo de ventaja. Es un mandato constitucional con vigencia previa desde el 15 de diciembre de 1999, que, en el caso concreto que nos ocupa, se activó desde el mismo 5 de enero de 2016 cuando tomó posesión la diputación actual para un periodo de cinco años, conclusivos en igual fecha del próximo 2021; más allá de la cual, cualquier pretensión de continuidad es absurda, ilegal, ilegítima y perturbadora, a menos que quien así lo desee se haya sometido al escrutinio del 6 de diciembre pasado, obteniendo una votación favorable para considerarse reelecto según el dictamen del Consejo Nacional Electoral.

El voto. En Venezuela el voto es un derecho que se ejerce libre de toda coacción. Es un acto voluntario y espontáneo de la ciudadanía habilitada al efecto. No lo comparo, por elemental elegancia diplomática, con ningún otro país, pero en Venezuela, votar no es obligado. No existe ningún tipo de sanción administrativa, civil, política y mucho menos penal, para quien simplemente se quede en su casa el día de cualquier elección de las tantas que hacemos. Por eso tampoco es dable una comparación desde otros Estados donde existen parámetros legales diferentes. Más, si hay un aspecto significativo de esta particular condición venezolana del voto, y es que la ciudadanía que decide participar, serena y confiada del carácter personalísimo, secreto y verificable de su sufragio, es la verdadera y única representación del Pueblo de la Nación, que ejerce su soberanía en forma directa o indirecta como actor político fundamental del destino de la Patria.

El árbitro. Este voto venezolano además, goza del soporte estatal al más alto nivel, puesto que la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela creó el Poder Electoral –según la Doctrina del Libertador- como entidad autónoma garante de la pulcritud y transparencia de los procesos eleccionarios, ya que en ellos descansa la solidez de la democracia participativa y protagónica que insistimos en construir. No es extraño entonces, que la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, como parte del Pueblo y arma del Estado Social de Derecho y de Justicia, funja como vigilia celosa de la pureza de la elección en todo su proceso logístico y de seguridad. El CNE como rector y encarnación de ese Quinto Poder Público, se ha ganado en sucesivas contingencias el respeto y credibilidad de la Nación, que confía en su gestión y sus resultados. La actual directiva del CNE fue renovada en parte por la vía excepcional del Poder Judicial, precisamente por la dejación que la diputación saliente hizo de sus obligaciones, para dedicarse a robar activos y atentar contra la paz de la República, bajo instrucciones de gobiernos extranjeros hostiles. Esta situación, al contrario de mermarle legalidad a las autoridades electorales, las eleva en su corresponsabilidad para con la tranquilidad institucional, política y social de la Patria, puesto que ellas mismas fueron víctimas de los desmanes de un puñado de peligrosos delincuentes mercenarizados.

II

Las cuestiones de fondo en esta discusión sobre la legitimidad, pasan por una profunda reflexión sobre el concepto de soberanía en sus dos acepciones: popular y nacional. Al descansar la existencia de la República sobre la Doctrina Bolivariana, es innegociable el hecho que la autodeterminación y la independencia son inviolables. Ninguna fuerza foránea puede intervenir en las decisiones que sólo el Pueblo de la Nación debe tomar. El empeño necio del gobierno de Estados Unidos, de algunos en la Unión Europea y otros cipayos en la OEA, de “no reconocer” a priori la elección para renovar la Asamblea Nacional, ya constituye un inaceptable irrespeto a nuestra soberanía, que desautoriza moralmente a esos Estados para cualquier tipo de interlocución. Menos debemos perder tiempo atendiendo su estúpida insistencia en ponerle nombre propio a la jugarreta, como si la opinión de unos extraños fuese a decidir el destino de la Patria del Libertador Simón Bolívar.

Por el contrario, la mayoría absoluta de la Organización de Naciones Unidas, o sea, la comunidad internacional, tiene muy claro que Venezuela se ha dado libérrimamente las instituciones que nuestro Pueblo aprobó a través de los mecanismos constitucionales establecidos. Entonces, también en el marco del Derecho Internacional, las actuaciones del Estado venezolano se apegan a la legalidad y legitimidad que rigen la convivencia en los organismos multilaterales, tan vilipendiados por esa derecha que nos agrede.

En esta confrontación continuada a que nos obligan los imperios decadentes y sus lacayos, tenemos que ser muy inteligentes, explicar nuestras razones con un lenguaje claro y digerible, masificar nuestros argumentos, ser convincentes y didácticos, intensificar los esfuerzos comunicacionales y diplomáticos, también hacia dentro del país, para que los enemigos queden desenmascarados y aislados en sus pretensiones insolentes. Sí, que quede explícitamente aclarada la legitimidad formal y esencial de nuestra institucionalidad republicana, y que la nueva Asamblea Nacional corra a encontrarse con las exigencias de la Venezuela profunda, la que votó y la que aguantó callada porque requiere con urgencia volver a tener esperanzas.

 

Yldefonso Finol