domingo, 1 de marzo de 2026

EL FASCISMO GLOBAL IMPERIALISTA: LA CIVILIZACIÓN EPSTEIN CONTRA LA HUMANIDAD

 


EL FASCISMO GLOBAL IMPERIALISTA: LA CIVILIZACIÓN EPSTEIN CONTRA LA HUMANIDAD

Lo que Hitler, Musolini, Franco, el Imperio japonés, y sus tentáculos, no lograron consumar en la primera mitad del siglo XX, lo están intentando imponer en la actualidad Estados Unidos e Israel con la complicidad de los imperialismos segundones de Inglaterra y Europa, las oligarquías lacayas y partidos ultraderechistas en todo el mundo.

Es el Fascismo Global Imperialista, que tiene del viejo nazi-fascismo románico y germánico, la motivación hegemonista imperial, expansionista, etnocéntrica, racista, y el uso de la mentira, los mitos colonialistas alienantes, el odio xenofóbico y aporofóbico, justificantes de la violencia terrorista como herramienta para alcanzar sus propósitos.

Un componente fundamental de la estrategia hegemónica de este Fascismo Global Imperialista es la guerra cognitiva-sensible, que llevan a cabo utilizando el vertiginoso desarrollo de las tecnologías comunicacionales en manos de sus monopolios. La transnacional mediática, el control de las redes antisociales, la industria cultural recolonizadora, el manejo conspirativo de la apropiación de datos personales, conforman un complejísimo entramado de dominación ideológica y manipulación psicopolítica que ha tenido como primera víctima el espíritu gregario, la solidaridad, los sentimientos empáticos, todo lo que hace virtuosa a la especie humana, convirtiendo multitudes en agentes de la avaricia del capital, seres sin capacidad de discernimiento, ensimismados en el más nefasto individualismo, desarraigados de las nociones de soberanía, identidad, humanidad.

¿Qué humanidad puede resultar de este proceso civilizatorio del oprobio y el desamor?

¿Qué mundo puede surgir de la impunidad con que Estados Unidos e Israel masacraron en Gaza los últimos reductos del humanismo?

¿Qué “sociedad de naciones” puede existir cuando todo el acervo del Derecho Internacional ha sido demolido por estos monstruos desalmados?

¿Quedará abolido el derecho a tener dignidad, porque hay que inclinar la cerviz ante los matones universales?

¿Todos los humanismos nacidos tras siglos de luchas y desarrollo de perspectivas emancipatorias, de fuentes religiosas o filosófico-políticas, como el cristianismo, el marxismo, el bolivarianismo, quedarán derogados ante la tiranía global del afán de codicia, el supremacismo, la megalomanía, el apartheid, el genocidio, el desprecio hacia la diversidad intrínseca a la condición humana?

¿Se confirmará que la democracia liberal burguesa no vacila en mutar a fascismo cuando de preservar o ampliar el predominio del capital se trata?

Lo vivimos en Venezuela durante los sucesos recordados como “El Caracazo” en febrero y marzo de 1989. La fascistización como mecanismo de exterminio de la disidencia y el reclamo popular.

Bien lo dijo Lenin: “en lo político, el imperialismo es una tendencia creciente a la violencia y la reacción”. Lo vivimos el 3 de enero cuando los gringos nos bombardearon asesinando a centenares de compatriotas para secuestrar al Presidente Maduro junto a su esposa Cilia Flores, y con ambos, al país entero, que ahora es rehén bajo el chantaje extorsivo de los criminales regatones del norte. Lo vive el generoso pueblo iraní, tan amigable y siempre solidario con la Venezuela Bolivariana, al cual abrazamos fraternalmente. Lo padece nuestra hermana Cuba, campeona del internacionalismo humanitario, a quien se pretende asfixiar con una guerra económica bestial.

Terribles precedentes para la humanidad que sobreviva, para esas nuevas generaciones condenadas a olvidar sus raíces, su épica, su honor nacional, so amenaza de perecer bajo las armas de lo más inmoral del género humano: el sionismo o civilización Epstein.

Los modelos educacionales neutrales, burocratizados hasta el hastío, la cultura farandulera, los discursos medias tintas, en países antes colonias, devenidos en dependientes estructurales, exportadores de materias primas, atados al extractivismo depredador, y cuyos talentos profesionales son robados por las metrópolis del capital monopólico, nos sentencian a la perpetuación del neocolonialismo expoliador y degradante. Es la fáctica e insalvable inviabilidad de ese espejismo enajenante que aún llaman “desarrollo”.

El Libertador Simón Bolívar (a quien no debe citársele falazmente), nos advirtió el 5 de agosto de 1829 lo que ya sabemos sobre Estados Unidos, “predestinados a plagar la América de miserias en nombre de la libertad”; pero un día antes, allí mismo en Guayaquil, en carta a Mariano Montilla, sentenció que “un nuevo coloniaje será el patrimonio que leguemos a la posteridad”.

Nueve años atrás, el 27 de julio de 1820, desde su Cuartel General en Cúcuta, giró instrucciones al General Rafael Urdaneta sobre el trato que debía darse a los comisionados del jefe realista Pablo Morillo, quien buscó una negociación con Simón Bolívar: “Usted deberá notificar de parte de la República a los señores comisionados la voluntad del gobierno y el pueblo que por hacer desaparecer la mancha de ser español está pronto a desaparecer de la faz del mundo, y que sólo oirá con placer de parte de sus enemigos su eterno adiós. Esta es la conducta que deberá Usted seguir en el caso de no ser la misión conforme lo demandan los derechos y el respeto que han sabido inspirar las armas de la república a sus enemigos, a quienes jamás verá sino rendidos o solicitando paz”.

La Revolución Bolivariana es heredera de ese legado sagrado, así lo obliga el Artículo 1° de la Constitución Nacional. Nuestra solidaridad con los pueblos que luchan por su autodeterminación contra los empellones imperialistas, ha de ser invariable hacia nuestros hermanos en causa e historia. ¡Honor y Gloria a todos los héroes y mártires de esta resistencia irreductible e inclaudicable!

    

Yldefonso Finol

Militante Bolivariano

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