¿Qué se está cocinando en los vericuetos judiciales de Estados Unidos contra el Presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores? ¿Hasta qué punto llegará la trama que se ensaña contra la soberanía de Venezuela, contra nuestra autodeterminación, nuestra inmunidad e integridad territorial?
miércoles, 25 de marzo de 2026
Pendientes de Nicolás
¿Qué se está cocinando en los vericuetos judiciales de Estados Unidos contra el Presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores? ¿Hasta qué punto llegará la trama que se ensaña contra la soberanía de Venezuela, contra nuestra autodeterminación, nuestra inmunidad e integridad territorial?
domingo, 8 de marzo de 2026
DEFENSA DE NICOLÁS
DEFENSA
DE NICOLÁS
No apelaré
a los exánimes papeles del Derecho Internacional. Nicolás Maduro es un
prisionero de guerra, tal cual él mismo se declaró en la primera -y única-
comparecencia ante un tribunal yanqui. Él es el Presidente de la República
Bolivariana de Venezuela, secuestrado junto a su señora esposa, la diputada
Cilia Flores, durante una agresión armada, premeditada y alevosa, por parte del
gobierno de Estados Unidos, resultando asesinadas una gran cantidad de
personas, aún no precisada por la vocería oficial. Urgimos la publicación exacta
de los nombres de las víctimas, héroes y mártires, de ese ataque criminal, a
quienes debe erigirse un monumento en su honor para que ésta y las nuevas
generaciones nunca las olviden, y sean recordadas con el dolor y la veneración merecida.
Este crimen imperdonable debe ser procesado como acto terrorista y sus
perpetradores materiales y autores intelectuales, ser juzgados legítimamente
por nuestro Poder Judicial.
He allí
una paradoja que por sí sola desmonta -por inmoral- el juicio que se le
pretende seguir al Presidente Nicolás Maduro en una jurisdicción incompetente e
invasiva, extraña e ilegítima, amañada y corruptora del derecho
consuetudinario, de la doctrina y jurisprudencia del derecho desarrollado en el
marco de las Resoluciones, Declaraciones, Convenciones y Estatutos de la
Organización de Naciones Unidas; instancia necesaria, pero herida de muerte por
la inutilidad en que la ha hundido la prepotencia de los fanáticos hegemonistas
y extremistas que gobiernan Estados Unidos.
El primer
argumento en defensa de Nicolás es la falta de autoridad moral de quienes le
retienen y le pretenden juzgar. (Y no me detendré en debatir la podredumbre
moral de esa sociedad imperialista-sionista que he calificado como la “Civilización
Epstein”).
La violación
de nuestra soberanía y la vulneración de la inmunidad del Jefe de Estado a
través de un acto de guerra (no declarada formalmente, aunque ejecutada en
versión multiforme desde hace dos décadas), desautoriza al país agresor que por
atajos írritos se autoproclama agente perseguidor y verdugo antes que juez. Esto
constituye un precedente peligrosísimo en el concierto de naciones, que
descarrila las prácticas diplomáticas, el derecho de igualdad de los Estados
soberanos, las elementales relaciones de convivencia pacífica, sustituyéndolas
por la barbarie, esa que los filmes gringos llaman “ley del oeste”.
En los
orígenes del agravio a la dignidad bolivariana, la mentira. La narrativa
imperialista contra Venezuela se ensañó en la persona que encarna el proyecto
emancipatorio construido por la Revolución Bolivariana: Nicolás Maduro, el
elegido para continuar la obra del Comandante Chávez. Recordemos que vivimos un
proceso de fascistización imperialista global, y que la primera arma del
flagelo nazi-fascista (sionista) es la falsedad. Las acusaciones que
repetidamente se han lanzado hacia el Presidente Maduro son todas calumniosas. Donald
Trump, que actúa como dictador en su país y lo aspira hacer en todo el mundo,
se refiere a nuestro Presidente como “dictador narcoterrorista”, y lo corean la
transnacional mediática antibolivariana, los presidentes cipayos citados en
Miami por el “emperador” mostaza (más algunos invisibles), y las derechas
furibundas de todos lados.
Nicolás
Maduro es un trabajador, persona humilde, decente y generosa. Nunca ha cometido
ningún tipo de delito, ni siquiera alguna falta menor. Su trayectoria es fácil
de conocer, porque desde joven hizo vida pública como activista social en las
barriadas caraqueñas, donde practicó deportes, aprendió música que interpretó
con sus amigos en agrupaciones juveniles, abrazó los ideales socialistas,
participó en movimientos populares por reivindicaciones ciudadanas, levantó una
familia, se hizo sindicalista, líder democrático, impulsó cambios que el país
reclamaba por vías pacíficas, llegó a parlamentario, luego fue electo constituyente
en 1999 y es uno de los padres de la Constitución de la República Bolivariana
de Venezuela.
Nicolás
es un político dialogante, de buen talante y que gusta cultivar la amistad,
como buen venezolano y bolivariano que es; lo demostró internacionalmente como
Canciller, promoviendo escenarios de encuentro entre pueblos hermanos y en la consolidación
de espacios multilaterales, donde prevalecieran la paz y la cooperación, la
preeminencia de los Derechos Humanos y la preservación de la vida como valor
supremo, en vez de las guerras y las odiosas discriminaciones que siguen
teniendo adictos en los imperialismos y mentalidades neofascistas.
Como Presidente
Constitucional, tuvo que enfrentarse a las sucesivas agresiones fraguadas por
Estados Unidos, las oligarquías vecinas y la derecha pitiyanqui, que casi
destruyeron nuestra economía con la guerra híbrida mutante que nos aplicaron
desde el Decreto Obama, y llegaron a intentar todas las formas de violencia,
incluido el magnicidio. Aún así, reconstruimos el tejido productivo y la
asistencia social hacia los sectores más vulnerables, por encima de la maldad
desplegada por nuestros enemigos: pandilla de ladrones vendepatria.
Nunca podrán
mostrar una prueba ni un elemento de convicción serio de las acusaciones falaces
que han proferido con el único propósito de estigmatizar a una persona inocente
para liquidar al militante revolucionario que les estorbaba.
La opinión
pública universal debe saber estas verdades. Estados Unidos ha cometido crimen
de guerra contra Venezuela, como lo venía haciendo contra Cuba, y en macabra
alianza con Israel en Palestina, Líbano y ahora en Irán.
Estados
Unidos no tiene autoridad moral, ni legitimidad institucional, ni jurisdicción
legal, ni razón política, para juzgar a Nicolás Maduro y Cilia Flores. Lo único
que procede es retornarlos sanos y salvos a nuestra Patria, para retomar la
digna normalidad que merecemos, en cumplimiento cabal de la Carta Magna.
El chantaje
extorsivo, las dilaciones y manipulaciones del írrito proceso, el montaje de jugarretas
con supuestos “juristas” lacayos en la CPI, la imposición del “plan de tres
fases” de los corsarios yanquis, anuncian un tiempo de confrontaciones que
pueden retrotraernos a dilemas de siglos pasados, sólo despejados por la
claridad y el heroísmo de nuestros Libertadores.
Yldefonso
Finol
domingo, 1 de marzo de 2026
EL FASCISMO GLOBAL IMPERIALISTA: LA CIVILIZACIÓN EPSTEIN CONTRA LA HUMANIDAD
EL
FASCISMO GLOBAL IMPERIALISTA: LA CIVILIZACIÓN EPSTEIN CONTRA LA HUMANIDAD
Lo que
Hitler, Musolini, Franco, el Imperio japonés, y sus tentáculos, no lograron
consumar en la primera mitad del siglo XX, lo están intentando imponer en la
actualidad Estados Unidos e Israel con la complicidad de los imperialismos segundones
de Inglaterra y Europa, las oligarquías lacayas y partidos ultraderechistas en
todo el mundo.
Es el
Fascismo Global Imperialista, que tiene del viejo nazi-fascismo románico y
germánico, la motivación hegemonista imperial, expansionista, etnocéntrica,
racista, y el uso de la mentira, los mitos colonialistas alienantes, el odio xenofóbico
y aporofóbico, justificantes de la violencia terrorista como herramienta para
alcanzar sus propósitos.
Un componente
fundamental de la estrategia hegemónica de este Fascismo Global Imperialista es
la guerra cognitiva-sensible, que llevan a cabo utilizando el vertiginoso
desarrollo de las tecnologías comunicacionales en manos de sus monopolios. La transnacional
mediática, el control de las redes antisociales, la industria cultural
recolonizadora, el manejo conspirativo de la apropiación de datos personales,
conforman un complejísimo entramado de dominación ideológica y manipulación psicopolítica
que ha tenido como primera víctima el espíritu gregario, la solidaridad, los
sentimientos empáticos, todo lo que hace virtuosa a la especie humana,
convirtiendo multitudes en agentes de la avaricia del capital, seres sin
capacidad de discernimiento, ensimismados en el más nefasto individualismo,
desarraigados de las nociones de soberanía, identidad, humanidad.
¿Qué humanidad
puede resultar de este proceso civilizatorio del oprobio y el desamor?
¿Qué
mundo puede surgir de la impunidad con que Estados Unidos e Israel masacraron
en Gaza los últimos reductos del humanismo?
¿Qué “sociedad
de naciones” puede existir cuando todo el acervo del Derecho Internacional ha
sido demolido por estos monstruos desalmados?
¿Quedará
abolido el derecho a tener dignidad, porque hay que inclinar la cerviz ante los
matones universales?
¿Todos
los humanismos nacidos tras siglos de luchas y desarrollo de perspectivas
emancipatorias, de fuentes religiosas o filosófico-políticas, como el
cristianismo, el marxismo, el bolivarianismo, quedarán derogados ante la
tiranía global del afán de codicia, el supremacismo, la megalomanía, el
apartheid, el genocidio, el desprecio hacia la diversidad intrínseca a la
condición humana?
¿Se
confirmará que la democracia liberal burguesa no vacila en mutar a fascismo
cuando de preservar o ampliar el predominio del capital se trata?
Lo vivimos
en Venezuela durante los sucesos recordados como “El Caracazo” en febrero y marzo
de 1989. La fascistización como mecanismo de exterminio de la disidencia y el
reclamo popular.
Bien lo
dijo Lenin: “en lo político, el imperialismo es una tendencia creciente a la
violencia y la reacción”. Lo vivimos el 3 de enero cuando los gringos nos
bombardearon asesinando a centenares de compatriotas para secuestrar al
Presidente Maduro junto a su esposa Cilia Flores, y con ambos, al país entero,
que ahora es rehén bajo el chantaje extorsivo de los criminales regatones del
norte. Lo vive el generoso pueblo iraní, tan amigable y siempre solidario con
la Venezuela Bolivariana, al cual abrazamos fraternalmente. Lo padece nuestra
hermana Cuba, campeona del internacionalismo humanitario, a quien se pretende
asfixiar con una guerra económica bestial.
Terribles
precedentes para la humanidad que sobreviva, para esas nuevas generaciones
condenadas a olvidar sus raíces, su épica, su honor nacional, so amenaza de
perecer bajo las armas de lo más inmoral del género humano: el sionismo o civilización
Epstein.
Los modelos
educacionales neutrales, burocratizados hasta el hastío, la cultura
farandulera, los discursos medias tintas, en países antes colonias, devenidos
en dependientes estructurales, exportadores de materias primas, atados al
extractivismo depredador, y cuyos talentos profesionales son robados por las
metrópolis del capital monopólico, nos sentencian a la perpetuación del
neocolonialismo expoliador y degradante. Es la fáctica e insalvable
inviabilidad de ese espejismo enajenante que aún llaman “desarrollo”.
El Libertador
Simón Bolívar (a quien no debe citársele falazmente), nos advirtió el 5 de
agosto de 1829 lo que ya sabemos sobre Estados Unidos, “predestinados a plagar
la América de miserias en nombre de la libertad”; pero un día antes, allí mismo
en Guayaquil, en carta a Mariano Montilla, sentenció que “un nuevo coloniaje
será el patrimonio que leguemos a la posteridad”.
Nueve años
atrás, el 27 de julio de 1820, desde su Cuartel General en Cúcuta, giró
instrucciones al General Rafael Urdaneta sobre el trato que debía darse a los
comisionados del jefe realista Pablo Morillo, quien buscó una negociación con
Simón Bolívar: “Usted deberá notificar de parte de la República a los señores
comisionados la voluntad del gobierno y el pueblo que por hacer desaparecer la
mancha de ser español está pronto a desaparecer de la faz del mundo, y que sólo
oirá con placer de parte de sus enemigos su eterno adiós. Esta es la conducta
que deberá Usted seguir en el caso de no ser la misión conforme lo demandan los
derechos y el respeto que han sabido inspirar las armas de la república a sus
enemigos, a quienes jamás verá sino rendidos o solicitando paz”.
La Revolución
Bolivariana es heredera de ese legado sagrado, así lo obliga el Artículo 1° de
la Constitución Nacional. Nuestra solidaridad con los pueblos que luchan por su
autodeterminación contra los empellones imperialistas, ha de ser invariable
hacia nuestros hermanos en causa e historia. ¡Honor y Gloria a todos los héroes
y mártires de esta resistencia irreductible e inclaudicable!
Yldefonso
Finol
Militante
Bolivariano


