Bolívar:
entre el mausoleo y el manoseo, ¡nunca más!
“…desarrollar
una base doctrinaria y de acciones continuas e integrales para la edificación
del bolivarianismo”. Presidente Nicolás Maduro
La Revolución
Bolivariana que inició el Comandante Eterno Hugo Chávez significó en términos
históricos el rescate del bolivarianismo como movimiento emancipador nacional y
nuestroamericano, desmontando la visión que redujo Bolívar a un ritual en el
Panteón, plazas, efemérides costumbristas y algún que otro uso indigno desde
las esferas del poder burgués constituido.
La Doctrina
Bolivariana -en Venezuela- es el sustento constitucional de la República,
además de ser un aporte nacional al pensamiento revolucionario mundial.
Hoy Bolívar
no es un asunto vetusto, fuera de tiempo, aburrido como todo lo histórico,
según pragmáticos y neoliberales. Es el hombre-símbolo de la gesta que hizo
repúblicas. Sus ideas son un proyecto de sociedad por constituirse, con una
geopolítica de liberación y una ética del humano deseable: una utopía por
concretar.
La
enseñanza, difusión y comprensión de la Gesta y la Doctrina Bolivariana son una
necesidad urgente para: 1) Preservar la existencia de la nación en la cohesión
de la ciudadanía por sentido de pertenencia a un colectivo de propósitos
compartidos, 2) Para orientar las luchas emancipadoras actuales en materia de liberación
nacional y derechos sociopolíticos por alcanzar y consolidar, 3) La proyección
de una mejor humanidad como acto de fe (horizonte-esperanza), por un mundo de
paz, justicia y equilibrio, hincado en la autodeterminación de los pueblos y la
validez del derecho internacional consensuado.
Masificar
el conocimiento de Bolívar, como pensamiento nacional revolucionario y
movimiento emancipatorio por excelencia, debe ser la prioridad de la vanguardia
del proceso de liberación venezolano, desde el Estado y el Partido.
En
Bolívar hallamos el núcleo donde se funden las narrativas sentipensantes que
alimentan el mito fundacional de la venezolanidad; en el amasijo de todas las
vertientes que se mezclan en el gentilicio, el bolivarianismo es, sin la menor
duda, el componente que le da corporeidad y espiritualidad patria, el corazón
en torno al cual vamos adhiriendo todos los demás materiales que forman la complejidad
específica de lo venezolano.
Pero
el alma, ese éter que lo permea todo dotando de espíritu lo colectivo y haciendo
segregar la savia que nos hace árbol existencial, con historias que contar en
cada rama, en cada hoja, y, sobre todo, en cada raíz gloriosa, esa armadura
almática, está forjada en el hierro eterno de la Gesta y la Doctrina que nos
legó el Libertador.
Algunos
venimos sosteniendo la defensa del Libertador Simón Bolívar frente a una
campaña transnacional financiada desde los imperialismos, con las agencias de
los Estados Unidos y la monarquía española, más las oligarquías cipayas,
apostando duro a cualquier producción cultural que desacredite a nuestro héroe
y guía ideológico. Porque ésta es una feroz batalla cultural que ganaremos si
congregamos al pueblo trabajador en el mismo credo.
Debemos
advertir, sin embargo, que, al genial Bolívar guerrero, político, estadista, no
lo vencieron los enemigos frontales en la guerra; terminaron derrotándolo
quienes simularon ser de su misma causa, desde las oficinas capitalinas y los
círculos donde las camarillas de manos suaves y trajes planchados, fomentaron
jugarretas para completar la muerte política, moral y física del Libertador.
Luego plagiaron su prestigio atrapado entre mármoles y poses, para aprisionarlo
entre el mausoleo y el manoseo.
No
deberíamos permitir el escenario donde se forme una elite, siempre astuta,
calculadora y sigilosa, a veces modosita, con “luz verde” para hacer y
deshacer, que, en nombre del propio Bolívar, bajo livianas sugerencias, como
quien quiere y no quiere, le vayan quitando Bolívar al pueblo y el pueblo a
Bolívar.
Lo
creo y lo digo directo, sin temor a ser tildado de sectario: el pueblo
bolivariano es la reserva moral de la Revolución Bolivariana, y ésta, a su vez,
es la única garantía de la existencia soberana de la República de Venezuela.
Sólo
tenemos que echar una ojeada a la situación internacional (como lo hacía
Bolívar en cada análisis estratégico que nos legó), para saber lo que
enfrentamos en materia geopolítica, con el imperialismo estadounidense
replegando sus miras hacia nuestro continente. Entonces no es un anhelo
chauvinista mi llamado urgente a bolivarianizar nuestra sociedad para que haya
Patria Eterna.
¿Qué
quiero decir con bolivarianizar? Debo aclararlo, porque seguro saltarán como
cotufas las derechas a acusar la imposición de un dogmatismo bolivariano, y, de
otros lados del alto clero historiográfico, me señalarán de incurrir en el
pecado mortal del “culto a Bolívar”. No temo esas descalificaciones, y estoy
listo para debatir el asunto. En Venezuela ya existe -y muy acendrado- un culto
a lo colonial, aunque lo disfracen de sincretismos. (Con el derecho a libertad
de cultos no me meto, porque está garantizado en la Constitución, y yo no estoy
hablando de religiones)
Estoy
planteando cultivar el bolivarianismo, hacer al pueblo culto en Bolívar y toda
nuestra Gesta de Emancipación, para que se fortifique el eje cohesionador de la
nacionalidad. ¿Por qué? Porque sin mito fundante no hay Patria-Matria, no se
consolida el sentido de pertenencia a un colectivo que es más que un territorio,
tres símbolos, y algunas tradiciones.
Las
instituciones deben ser soportes y ejecutantes, pero no generan esa
confraternidad. Sólo las naciones con una sólida mitología histórica compartida
por el pueblo, son capaces de resistir y vencer la voracidad de los
imperialismos, su estrategia disgregadora, divisionista, fragmentadora.
Todos
los países que fuimos formados a partir del dominio colonial, padecemos esa
debilidad de origen. Venezuela -por excepción- tiene una fortaleza inédita, un
privilegio histórico: ser la matriz de una épica generadora de independencias,
con un líder que reunió en sus capacidades virtuosas: ser el jefe
político-militar, proponente de una Doctrina integral para la emancipación de
los pueblos, que trascendió el tiempo convertido en icono de los valores más
preciados de libertad y lucha contra la opresión.
Lo he
dicho de otra forma: los países que pierden conexión con su ancestralidad son
presa fácil de intereses foráneos. El mundo vive actualmente un proceso de
reacomodo de fuerzas, donde los imperialismos pretenden recolonizar y forzar un
nuevo reparto de los recursos del planeta y más allá.
Esta
realidad nos estalla a la vista cotidianamente. El arraigo palestino versus la
maligna leyenda del “pueblo elegido”, y la instrumentalización imperialista de
éste, contra la fe profunda que une la nación iraní, dando una lección
universal de dignidad. El supremacista mito del “destino manifiesto” exacerbado
por Trump, frente a la milenaria cultura china que reivindica con orgullo su
victoria de 1949 bajo la dirección invicta del Partido Comunista.
La
falta de formación de la población sobre esa raíz que es fuente de existencia,
razón de unidad y sostén del porvenir, es una condena para la República.
En grupos
que se autodefinen estudiosos de la historia desde una perspectiva
comprometida, se dicen cosas como “a Bolívar no se le puede creer todo que
dice”, mientras loan a autores abiertamente antibolivarianos; o afirmar que
“hay un exceso de conmemoraciones a Bolívar”, a la vez que se exaltan personajes
que fueron acérrimos oponentes del Libertador, quienes llegaron a calumniarlo,
execrarlo, y hasta intentar asesinarlo.
Por
eso cuando hablo de bolivarianizar la venezolanidad, estoy proponiendo la
masificación del empoderamiento de nuestra Historia Patria y la Doctrina
Bolivariana en el pueblo todo. No basta dejarle la “tarea” a grupos que se
suponen garantes o custodios del bolivarianismo. He allí el error. No se puede
encerrar el espíritu nacional en una “junta de panas”. La burocracia académica
o se mata a chismes, o se soba, se “asocia”, para controlar espacios de poder y
autocomplacerse. La mediocridad es adictiva y prepara terrenos para que se
instalen monopolios u oligopolios del protagonismo opinativo, donde pulula el
“peroísmo”, esa rama intelectual de “críticos” que luego de torear el debate
para disimular su ignorancia del tema bolivariano o su antibolivarianismo taimado,
siempre concluyen: “pero tenía equis defecto, era un ser humano”. ¡Hallazgo
sorprendente!
Es
urgente formular y poner en práctica un Plan Nacional para Bolivarianizar y
Descolonizar la venezolanidad; esto es, poner todo el aparato educativo,
comunicacional y de gestión cultural en sintonía con el objetivo supremo de retomar,
reinstalar y reposicionar el bolivarianismo como elemento cohesionador de la
ciudadanía y el gentilicio: ese sentido de pertenencia a una estirpe que puede.
El
Estado asume la rectoría del Plan desde su concepción, formulación, elaboración
y desarrollo, pero en unidad indisoluble con el pueblo en movimiento. La
población en general debe ser tocada por este Plan, priorizando la colectividad
educativa en todos los niveles, docentes y estudiantes de primaria a la
universidad. El sistema de medios públicos debe ser abordado plenamente en el
Plan para que se convierta en actor multiplicador del mensaje, junto a la
gestión cultural como gran organizadora, difusora y movilizadora. Las instancias
del poder popular deben sentir la vibración de una campaña envolvente e
iluminada, que los convoca, incluye y empodera.
La
metodología es muy sencilla: ver a Bolívar desde Bolívar, para hacernos
cultivadores de Bolívar después de Bolívar. En la fase de comprender a Bolívar
desde Bolívar, encontraremos la Doctrina Bolivariana, y como sembradores de
Bolívar, seremos una comunidad hacedora del bolivarianismo como sistema de
valores que sostienen una renovada e indestructible venezolanidad.
Yldefonso
Finol

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