EL
FASCISMO GLOBAL IMPERIALISTA: LA CIVILIZACIÓN EPSTEIN CONTRA LA HUMANIDAD
Lo que
Hitler, Musolini, Franco, el Imperio japonés, y sus tentáculos, no lograron
consumar en la primera mitad del siglo XX, lo están intentando imponer en la
actualidad Estados Unidos e Israel con la complicidad de los imperialismos segundones
de Inglaterra y Europa, las oligarquías lacayas y partidos ultraderechistas en
todo el mundo.
Es el
Fascismo Global Imperialista, que tiene del viejo nazi-fascismo románico y
germánico, la motivación hegemonista imperial, expansionista, etnocéntrica,
racista, y el uso de la mentira, los mitos colonialistas alienantes, el odio xenofóbico
y aporofóbico, justificantes de la violencia terrorista como herramienta para
alcanzar sus propósitos.
Un componente
fundamental de la estrategia hegemónica de este Fascismo Global Imperialista es
la guerra cognitiva-sensible, que llevan a cabo utilizando el vertiginoso
desarrollo de las tecnologías comunicacionales en manos de sus monopolios. La transnacional
mediática, el control de las redes antisociales, la industria cultural
recolonizadora, el manejo conspirativo de la apropiación de datos personales,
conforman un complejísimo entramado de dominación ideológica y manipulación psicopolítica
que ha tenido como primera víctima el espíritu gregario, la solidaridad, los
sentimientos empáticos, todo lo que hace virtuosa a la especie humana,
convirtiendo multitudes en agentes de la avaricia del capital, seres sin
capacidad de discernimiento, ensimismados en el más nefasto individualismo,
desarraigados de las nociones de soberanía, identidad, humanidad.
¿Qué humanidad
puede resultar de este proceso civilizatorio del oprobio y el desamor?
¿Qué
mundo puede surgir de la impunidad con que Estados Unidos e Israel masacraron
en Gaza los últimos reductos del humanismo?
¿Qué “sociedad
de naciones” puede existir cuando todo el acervo del Derecho Internacional ha
sido demolido por estos monstruos desalmados?
¿Quedará
abolido el derecho a tener dignidad, porque hay que inclinar la cerviz ante los
matones universales?
¿Todos
los humanismos nacidos tras siglos de luchas y desarrollo de perspectivas
emancipatorias, de fuentes religiosas o filosófico-políticas, como el
cristianismo, el marxismo, el bolivarianismo, quedarán derogados ante la
tiranía global del afán de codicia, el supremacismo, la megalomanía, el
apartheid, el genocidio, el desprecio hacia la diversidad intrínseca a la
condición humana?
¿Se
confirmará que la democracia liberal burguesa no vacila en mutar a fascismo
cuando de preservar o ampliar el predominio del capital se trata?
Lo vivimos
en Venezuela durante los sucesos recordados como “El Caracazo” en febrero y marzo
de 1989. La fascistización como mecanismo de exterminio de la disidencia y el
reclamo popular.
Bien lo
dijo Lenin: “en lo político, el imperialismo es una tendencia creciente a la
violencia y la reacción”. Lo vivimos el 3 de enero cuando los gringos nos
bombardearon asesinando a centenares de compatriotas para secuestrar al
Presidente Maduro junto a su esposa Cilia Flores, y con ambos, al país entero,
que ahora es rehén bajo el chantaje extorsivo de los criminales regatones del
norte. Lo vive el generoso pueblo iraní, tan amigable y siempre solidario con
la Venezuela Bolivariana, al cual abrazamos fraternalmente. Lo padece nuestra
hermana Cuba, campeona del internacionalismo humanitario, a quien se pretende
asfixiar con una guerra económica bestial.
Terribles
precedentes para la humanidad que sobreviva, para esas nuevas generaciones
condenadas a olvidar sus raíces, su épica, su honor nacional, so amenaza de
perecer bajo las armas de lo más inmoral del género humano: el sionismo o civilización
Epstein.
Los modelos
educacionales neutrales, burocratizados hasta el hastío, la cultura
farandulera, los discursos medias tintas, en países antes colonias, devenidos
en dependientes estructurales, exportadores de materias primas, atados al
extractivismo depredador, y cuyos talentos profesionales son robados por las
metrópolis del capital monopólico, nos sentencian a la perpetuación del
neocolonialismo expoliador y degradante. Es la fáctica e insalvable
inviabilidad de ese espejismo enajenante que aún llaman “desarrollo”.
El Libertador
Simón Bolívar (a quien no debe citársele falazmente), nos advirtió el 5 de
agosto de 1829 lo que ya sabemos sobre Estados Unidos, “predestinados a plagar
la América de miserias en nombre de la libertad”; pero un día antes, allí mismo
en Guayaquil, en carta a Mariano Montilla, sentenció que “un nuevo coloniaje
será el patrimonio que leguemos a la posteridad”.
Nueve años
atrás, el 27 de julio de 1820, desde su Cuartel General en Cúcuta, giró
instrucciones al General Rafael Urdaneta sobre el trato que debía darse a los
comisionados del jefe realista Pablo Morillo, quien buscó una negociación con
Simón Bolívar: “Usted deberá notificar de parte de la República a los señores
comisionados la voluntad del gobierno y el pueblo que por hacer desaparecer la
mancha de ser español está pronto a desaparecer de la faz del mundo, y que sólo
oirá con placer de parte de sus enemigos su eterno adiós. Esta es la conducta
que deberá Usted seguir en el caso de no ser la misión conforme lo demandan los
derechos y el respeto que han sabido inspirar las armas de la república a sus
enemigos, a quienes jamás verá sino rendidos o solicitando paz”.
La Revolución
Bolivariana es heredera de ese legado sagrado, así lo obliga el Artículo 1° de
la Constitución Nacional. Nuestra solidaridad con los pueblos que luchan por su
autodeterminación contra los empellones imperialistas, ha de ser invariable
hacia nuestros hermanos en causa e historia. ¡Honor y Gloria a todos los héroes
y mártires de esta resistencia irreductible e inclaudicable!
Yldefonso
Finol
Militante
Bolivariano
