sábado, 21 de febrero de 2026

LA AGRESIÓN IMPERIALISTA DEL 3 DE ENERO: HISTORIA Y MEMORIA

 


LA AGRESIÓN IMPERIALISTA DEL 3 DE ENERO: HISTORIA Y MEMORIA

La memoria colectiva es la savia de la conciencia histórica que forma pueblos libres.

La historia es la concatenación de procesos sociales en el transcurso del tiempo, no sólo factible de rememoración (y estudio) de determinantes hechos pasados, sino también de las vivencias del presente condicionadas por ese devenir precedente, y condicionantes a la vez, de la proyección y construcción que podamos hacer del futuro.

El pasado, aunque fácticamente es un rango inmodificable, no por ello limita nuestra capacidad crítica de apropiación del conocimiento histórico, para someterlo a la reinterpretación y comprensión, a la luz de las contradicciones de intereses que han movido las transformaciones de las realidades concretas en toda la existencia de la humanidad.

El ataque imperialista del 3 de enero contra Venezuela marca un hito histórico; es necesario pues, que nuestro pueblo conozca lo más a fondo que sea posible, las verdades que rondan este hecho gravísimo, para que la memoria colectiva post agresión, pueda analizar e interpretar concienzudamente las variables actuantes y consecuencias en el desarrollo de estos días aciagos y el futuro de la Patria, incluida la vindicación de nuestra soberanía mancillada, justicia para las víctimas del acto de guerra, y la suerte del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, rehenes del gobierno que los secuestró, secuestrando con ellos al país entero.   

Recordemos que ha sido una práctica estadounidense sacar a la fuerza presidentes latinoamericanos y caribeños que les son molestos. Algunos honorables dignatarios fueron eliminados físicamente con atentados terroristas orquestados por la CIA o fueron objeto de golpes de Estado, en países donde las fuerzas armadas sirvieron como fascistas subalternos del imperialismo bajo la Doctrina de Seguridad Nacional.

Un caso poco citado es el haitiano, por el racismo y la indiferencia con que se ha castigado a ese pueblo hermano. El presidente Jean-Bertrand Aristide fue secuestrado junto a su esposa (28-02-2004), obligado a abordar un avión con rumbo desconocido, hasta aterrizar -veinte horas después- en la República Centroafricana. Estados Unidos -en complicidad con Francia- perpetró el rapto. La injerencia imperialista venía desde finales del siglo XIX, con invasión militar a comienzos del XX y la imposición de la terrible dictadura fascista de los Duvalier, destruyendo su aparato productivo endógeno y empobreciendo al límite su población, bajo un régimen de terror permanente.

Aristide emergió desde las comunidades hundidas en la miseria y fue encarnación de la esperanza desde los tiempos de la primera independencia (que la culta Francia en su despecho, truncó con el chantaje de una “indemnización” insoportable). Precedieron al secuestro, el linchamiento contra el sacerdote que abrazó la Teología de la Liberación (catalogada como enemiga de USA en el Documento de Santa Fe I), al que ofendían llamándole “ratón” y falseando un relato como paciente psiquiátrico que difundió el New York Time, junto a la desalmada presión financiera de Estados Unidos, la cooptación de la fuerza armada y la creación de escuadrones de la muerte, en una Haití martirizada desde la invasión europea que exterminó a sus originarios habitantes tainos y esclavizó pueblos africanos como parte de su avara civilización.

El proyecto imperialista estadounidense, desde los mitos religiosos y la ideología supremacista que le dieron origen, llegó a concretarse fundamentalmente por la opresión y el saqueo que impusieron violentamente en Nuestra América. Particularmente, el petróleo de Venezuela fue un recurso clave en ese proceso durante el siglo XX.

Una de las aportaciones más importantes de la Doctrina Bolivariana es el ejercicio permanente de memoria histórica, tal como lo practicó El Libertador en su método de análisis situacional, patentizado en documentos como el Manifiesto de Cartagena (lecciones para rescatar), la Carta de Jamaica y el Discurso de Angostura.

La agresión bélica del 3 de enero amerita un llamado general a la reflexión patriótica, un análisis profundo del hecho y sus secuelas, para el esclarecimiento del pueblo bolivariano que tendrá que procesar este golpe y repensar nuestra irrenunciable lucha por la soberanía, la autodeterminación y el modelo emancipatorio que nos planteamos construir. Los cambios vertiginosos -bajo amenazas- no son accesibles al pueblo trabajador que debe atender el difícil día a día familiar; menos para esa gran porción de la población hipnotizada por las redes antisociales, donde el fascismo imperialista global convierte en “verdades” las mentiras y en “valores” dominantes el individualismo exacerbado, el desdén hacia los semejantes, la antipatía, la xenofobia, el culto al capital y la aspiración masiva al servilismo proimperialista.

Bolívar nos hablaba de “aprender la verdad”, esa que “pura y limpia, es el mejor modo de persuadir”. “Las lecciones de la Historia” -nos decía- “la experiencia de veinte años de revolución han de serviros como otros tantos fanales colocados en medio de las tinieblas de lo futuro”. Hurguemos en nuestro acervo histórico hasta desenterrar las raíces de las nebulosas visiones del enrevesado presente.

Han proliferado opiniones sobre lo sucedido en nuestro país con la agresión gringa. Se ha citado a Lenin mencionando su obra “Un paso adelante, dos pasos atrás”, un texto referido a la crisis dentro del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (¿…?), donde el autor critica lo que en elemental suma algebraica resulta caminar en reversa. Hay cierto estilo “Dieterich” rondándonos: gente que nos dice qué hacer y cómo proceder en nuestra revolución, mientras que no han sido capaces de hacer la suya en sus países. Pero, bueno, se les agradece el interés, si es desinteresado. La solidaridad será siempre bienvenida, sobre todo cuando más se le requiere, como en el caso de Cuba actualmente.  

Para tornar al tema de la verdad histórica, de esa magna obra de Lenin rescatamos su noción de la misma: “La dialéctica genuina… estudia los giros inevitables, demostrando que eran inevitables mediante un estudio detallado del proceso de desarrollo en toda su concreción. Uno de los principios básicos de la dialéctica es que no existe la verdad abstracta; la verdad es siempre concreta...”    

Como pueblo revolucionario necesitamos empoderarnos en las verdades de este tiempo, para rediseñar el mapa de nuestras utopías en el universo de lo posible, preservando la capacidad creadora en resistencia de las fuerzas bolivarianas. En palabras de Mao Zedong, la práctica es el criterio de la verdad, y requerimos dar el salto de lo sensorial a lo racional, para descifrar la síntesis de las contradicciones en que nos desenvolvemos. Salir de la perplejidad, repensar las formas de lucha, reafirmar nuestra esencia antiimperialista. Siguiendo con Mao, “podemos percibir con mayor profundidad sólo aquello que ya comprendemos…La sensación sólo resuelve el problema de las apariencias, únicamente la teoría puede resolver el problema de la esencia”, que nunca podrían resolverse separándolos de la práctica.

Entonces, la urgente necesidad de leer en términos históricos la situación del país a partir del criminal ataque estadounidense, bajo el chantaje de apuntarnos desde el Caribe con una flota descomunal (anticomunal), amerita un llamado -unitario y no elitista- al encuentro dialogante entre patriotas, que permita crear la más clara teoría (guía de la praxis revolucionaria) para la comprensión de la historia que debemos honrar y continuar colectivamente, en las condiciones más adversas incluso.  

Hoy más que nunca, el enemigo es el imperialismo, y la resistencia, nuestro deber con la Patria y los pueblos hermanos.

 

Yldefonso Finol

Militante Bolivariano

lunes, 9 de febrero de 2026

PARA NOMBRAR A CUBA

 


PARA NOMBRAR A CUBA

Para nombrar a Cuba hay que adentrase con luz de espíritu en las confluencias originarias arahuacas que se fundieron en el ser ancestral taino del archipiélago verde poseedor de las delicias en el universo primario de nuestras sagradas raíces.

Ser el cuerpo en llamas de Hatuey con su dolor, su heroísmo y sus cenizas sembradas en la sangre de todas las generaciones que nacieron de su martirio.

Ser paridos por Mariana Grajales en la fundición de su vientre creador del bronce titánico que hace Patria y Matria como cantos del areito en la manigua poseída por la canícula forjadora de valentías imperecederas.

Para nombrar a Cuba hace falta mucha humanidad magnánima abrazando la poética sublime de José Martí, con un jardín florido del amor universal irreductible, que tiende al infinito cuando un corazón palpita declamando cubanía como sinónimo de vida edificante, verso del horizonte que imanta lo maravilloso.

Ser la palabra luminosa que se crece en la distancia del tiempo como el anchuroso mar que le acoge cual ombligo de la virtud y la creatividad.

Decir Cuba es revivir la historia gloriosa de nuestros libertadores en el andar cotidiano del presente, con sencillez, pero con virilidad; con sacrificios inmensos, sin renunciar a la sonrisa y la ternura.

Porque Cuba es un tótem de soberanía arrancada de las fauces del monstruo con la fuerza invencible de la hermandad de un pueblo; es la madre de las revoluciones por la utopía pendiente en Nuestra América: no se entiende nuestro sueño de un mundo mejor sin la Revolución Cubana.

Porque para hablar de Cuba hay que reivindicar la épica que rompió cadenas en la expoliada África del apartheid, saldando con sus fierros y sangre la deuda de siglos oprobiosos con esa parte sufriente de la más aberrante paradoja humana que fue la esclavitud.

Sólo Cuba es ungüento medicinal en la piel discriminada, lacerada, marcada a latigazos en el alma del humano esclavizado por el humano desalmado, el avaro, supremacista, el explotador colonialista, el blanco europeo y anglosajón, el sanguinario capitalista. Las bestias rubias que enfrentó Sandino, los regatones del norte sobre los que advirtió Bolívar, esos en cuyas entrañas descubrió Martí que debían ser detenidos a tiempo…los enemigos de Cuba, mis enemigos, nuestros enemigos.

Para nombrar a Cuba, la proeza del altruismo ha creado un lenguaje de pioneros multiplicadores que colman la isla del saber, las artes y ciencias, y aún se derraman generosos manantiales de luces para otros pueblos que han ido a esa ínsula escuela a obtener tesoros de la episteme que les habían sido negados por la segregación opresora. Porque Cuba graduó médicos africanos, árabes, latinoamericanos y caribeños, mientras el imperialismo hacía guerras bacteriológicas, bombardeaba naciones, apoyaba los apartheid y genocidios.

Cuba es la diplomacia vestida de batas blancas, un ejército de sanaciones que no se arredra por las dificultades, como ese pueblo admirable que da lecciones de resistencia a los más corajudos luchadores por la autodeterminación y la independencia. La fortaleza moral de Cuba obliga reciprocidad en el amor demostrado con creces.

Para nombrar a Cuba los enemigos y los dudosos, los ignorantes e indiferentes, deben desinfectarse la jeta.

Porque cuando se dijo la palabra honor se erigió en nuestra historia un maestro de las enseñanzas y los valores llamado Fidel Castro Ruz, sin cuyo legado no existiría Cuba ni el derecho de la raza indoamericana a creer en la igualdad y una vida libre de hegemonías neocoloniales.

Porque para hablar de Cuba hay que hablar de Fidel.

Él trazó un camino irrenunciable de decoro, arrojo, sabiduría, victoria. El pueblo cubano lo creó de sus más sentidas luchas y anhelos libertarios.

Cuba ha sido con Fidel y los suyos, la cuna de la solidaridad, el desprendimiento, la fraterna comunión multicolor a la que siempre estuvo abierta en las duras circunstancias de Latinoamérica y el Caribe, y todos los pueblos en un mundo atribulado por las agresiones imperialistas, porque, además, a Cuba le ha tocado ser la primera línea de este reto humanitario: enfrentarse al imperialismo brutal y criminal, hoy pretendiendo imponer el fascismo global a fuerza de atroces despropósitos.

En esta hora de extremo terrorismo de Estado perpetrado por el enemigo histórico, donde el neonazi gobierno de Estados Unidos intenta asfixiar a Cuba, hay que manifestar con resonante concreción, el rechazo más enérgico contra ese flagelo imperialista, y la más elevada solidaridad con Cuba, que se la ha ganado sin lugar a dudas con su amorosa entrega a la innegociable causa de una mejor humanidad.

En el Centenario de Fidel, no podemos fallarles a nuestros hermanos. La solidaridad con Cuba en este tiempo dominado por la ideología capitalista de la indolencia y el desamor, es una obligación moral.

¡Viva Cuba sin criminales coerciones imperialistas!

 

Yldefonso Finol

Militante Bolivariano   

jueves, 5 de febrero de 2026

EL "PLAN" DE LA ENCARGADA DE NEGOCIOS DE EEUU

 


El “plan” de la encargada de negocios de Estados Unidos

En un video de presentación que han difundido diversos medios informativos, la recién llegada encargada de negocios de los Estados Unidos en NUESTRO PAÍS, ha expresado: “Queremos una Venezuela amigable, estable, próspera y democrática…y para lograrlo vamos a trabajar con venezolanos representantes de una variedad de sectores y perspectivas; para lograrlo, vamos a ejecutar un plan de tres fases: 1. La estabilización del país y la restauración de la seguridad, 2. La recuperación de la economía, 3. La ¿transición? hacia una Venezuela amigable, estable, y democrática. El presidente Trump ha tomado unas decisiones y ahora las estamos implementando, vamos a asegurar que nuestro progreso sea sostenible…”

La “amigable” señora que llegó precedida de un ataque terrorista de su gobierno contra NUESTRO PAÍS (“el presidente Trump ha tomado unas decisiones”), con más de un centenar de víctimas, incluidos treinta y dos heroicos colaboradores cubanos, donde secuestraron al Jefe del Estado, presidente constitucional hasta el 2031, Nicolás Maduro Moros, y su esposa Cilia Flores, manteniéndolos como rehenes para el chantaje extorsivo, nos ha mostrado su más acabada versión de la “diplomacia”: el cinismo.  

La encargada de negocios se inauguró desconociendo la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas del 18 de abril de 1961 que entró en vigor el 24 de abril de 1964. (¿Qué se podía esperar…?) Este importante instrumento del Derecho Internacional, en su Artículo 41°, establece que: “1. Sin perjuicio de sus privilegios e inmunidades, todas las personas que gocen de esos privilegios e inmunidades deberán respetar las leyes y reglamentos del Estado receptor. También están obligados a no inmiscuirse en los asuntos internos de ese Estado. 2. Todos los asuntos oficiales de que la misión esté encargada por el Estado acreditante han de ser tratados con el Ministerio de Relaciones Exteriores del Estado receptor por conducto de él, o con el Ministerio que se haya convenido.”

La encargada de negocios ad interim de Estados Unidos, cuyo gobierno blande una amenaza constante con su poderío militar en el Mar Caribe, actúa con jactancia como si se tratase de la “procónsul” de un Imperio ocupante y no la diplomática de un Estado acreditante, como indica la citada Convención. ¿Será que asume con desparpajo el papel de emisaria de los secuestradores? ¿Será la cobravacuna de los extorsionadores que nos mandaron bombardear la madrugada del 3 de enero?

El Artículo 3° de la Convención de Viena define el rol de las misiones diplomáticas: “1. Las funciones de una misión diplomática consisten principalmente en: a. representar al Estado acreditante ante el Estado receptor; b. proteger en el Estado receptor los intereses del Estado acreditante y los de sus nacionales, dentro de los límites permitidos por el derecho internacional; c. negociar con el gobierno del Estado receptor; d. enterarse por todos los medios lícitos de las condiciones y de la evolución de los acontecimientos en el Estado receptor e informar sobre ello al gobierno del Estado acreditante; e. fomentar las relaciones amistosas y desarrollar las relaciones económicas, culturales y científicas entre el Estado acreditante y el Estado receptor.” (Este último literal parece una misión imposible con los misiles gringos apuntándonos al frente)

En ninguna parte del Derecho Internacional el país agresor puede a la vez ser garante o mediador en asuntos del país agredido, entonces la señora encargada de negocios no tiene que “trabajar con venezolanos representantes de una variedad de sectores y perspectivas”, porque, como lo indica el Artículo 41°, numeral 2 de la Convención, todos los asuntos deben ser “tratados con el Ministerio de Relaciones Exteriores del Estado receptor”.

Mucho menos puede abrogarse la agente estadounidense “ejecutar un plan” y que para “la estabilización del país y la restauración de la seguridad”. Hay que ser descarados. Esta señora se burla de la inteligencia de nuestro pueblo. Los gobiernos de su país han conspirado este cuarto de siglo para desestabilizar a la República Bolivariana de Venezuela (nombre oficial que ella está obligada a usar), aplicando todas las formas de injerencia imperialista, desde las mil medidas coercitivas unilaterales (guerra económica) para asfixiarnos y destruir el estado de bienestar que habíamos alcanzado la primera década de este siglo, hasta la agresión militar directa del 3 de enero, pasando por los intentos de magnicidio, la infiltración de paramilitares e incursiones mercenarias, creación de un “gobierno” fantoche para robarse nuestros activos en el exterior, y un extenso etcétera que fuimos derrotando con la resistencia corajuda de nuestro pueblo bolivariano.

¿Qué mensaje pretende trasmitir con eso de “restaurar la seguridad”? El día más inseguro de nuestra historia lo causó su gobierno la madrugada del 3 de enero descargando con desprecio su sofisticado armamento contra la calma que nos hemos dado a pesar de ustedes y sus cómplices locales. Su aparato militar -adicto a su histórica vocación genocida- causó la masacre más espantosa del siglo XXI en Nuestra América (copartícipes del holocausto palestino). ¿Sólo por la sed de robar nuestro petróleo? ¿Y de paso anunciar con ese desgraciado bombardeo la recolonización violenta del continente?

El historiador estadounidense Howard Zinn reseña episodios del genocidio sobre el que se erigió Estados Unidos contra los pueblos originarios, que dan una idea de la lógica supremacista de ese sistema. En Jamestown, Virginia, la primera colonia permanente de los ingleses en las Américas, el cacique Powhatan dirigió una comunicación al cabecilla de los invasores John Smith, cuando apenas se iniciaba el despojo de sus territorios ancestrales: “He visto morir a dos generaciones de mi gente. Conozco la diferencia entre la paz y la guerra mejor que ningún otro hombre de mi país. ¿Por qué toman Ustedes por la fuerza lo que pudieran obtener por vía pacífica? ¿Que pueden ganar con la guerra? ¿Por qué nos tienen envidia?”

Una parte del mundo sensible observa con estupor el odio que promueve el gobierno de Estados Unidos contra la población migrante, y la desproporcionada represión y persecución desatada con bestias torturadoras de toda una sociedad. ¡Qué sabias las dolorosas cuestiones planteadas a comienzos del siglo XVII por el cacique Powhatan!  

El “plan” de la encargada de negocios habla de “recuperación de la economía” que debe suponer la “normalización” del saqueo de los recursos venezolanos como han hecho con los barcos retenidos ilegalmente, al estilo pirático, para quedarse con el botín petrolero. Así quizá su gobierno pueda pagar los sueldos de los agentes enviados a promover el tercer y más grave punto del “plan”: la “transición hacia…”, es decir, el cambio de gobierno al antojo imperialista.

Alguien debe regalarle -con urgencia- a la agente estadounidense una Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. No la leerá -y menos la acatará-, pero le producirá urticarias en el alma al repudiable klan monroista que nos ofende con su existencia.

Aquí hay un Gobierno electo el 28 de julio de 2024 que hoy preside dignamente -como encargada- la doctora Delcy Rodríguez, por ausencia temporal del presidente Nicolás Maduro (secuestrado por el gobierno de Estados Unidos), el cual deben liberar y devolver a la Patria sano y salvo, junto a su esposa, la diputada Cilia Flores. Esa es la única gestión a que debe abocarse quien quiera mantener una relación “amigable” con NUESTRO PAÍS.

Por cierto, nos preguntamos, ¿la “diplomática” ya les pidió perdón a los familiares de las víctimas del 3 de enero? ¿Le pidió perdón a nuestro Pueblo?

 

Yldefonso Finol

Militante Bolivariano

lunes, 2 de febrero de 2026

EL FASCISMO IMPERIALISTA GLOBAL CONTRA VENEZUELA

 


FASCISMO IMPERIALISTA GLOBAL: EL REINO DEL DESAMOR CONTRA LA INCLAUDICABLE REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

Introito

Inevitable apelar al acervo que guardo en mi alma repleta de canciones. Los versos proféticos del pesimismo tanguero enseñan mucho de la condición humana, indistintamente de los desfaces ideológicos y temporales que se atraviesan: “La indiferencia del mundo, que es sordo y es mudo…” (Enrique Santos Discépolo, tango Yira)

Había publicado el 17 de septiembre de 2025 el texto PELIGROSO MOMENTO SUBJETIVO: EL FIN DEL HUMANISMO, tema que deseo seguir desarrollando por la necesidad interior que me impulsa a compartir mis reflexiones, tal vez en busca de unos iguales para la resistencia que obliga nuestra dignidad bolivariana.

(https://yldefonsofinol.blogspot.com/2025/09/peligroso-momento-subjetivo-el-fin-del.html)

Y, aunque debería estar enfocado en la herida patriótica que nunca sanará después de la emboscada gringa del 3 de enero del año en curso, estoy pensado en Palestina, porque el genocidio “en vivo y directo” ejecutado por el sionismo contra la población indefensa en Gaza, y los planes banales del grupo Trump-Netanyahu de convertir la martirizada franja de esa ancestralidad árabe en un centro comercial turístico para la elite global, representan la más aberrante expresión de maldad y cinismo de la especie humana.

Para los perpetradores de tales crímenes imperdonables, la vida del otro es un estorbo para sus negocios. La avaricia y ambición de hegemonía los empuja a un juego macabro donde masacrar pueblos enteros, oprimir multitudes, desechar personas, destruir la convivencia, lucrarse de la guerra, subyugar al prójimo, son solo jugadas en la orgía de los capitalistas antropófagos y sus matones, proxenetas y siervos a sueldo.

La última vez que un premiado entregó su Nobel a otra persona, fue el escritor noruego Knut Hamsun, que le dio su presea al jefe propagandista nazi, Joseph Goebbels, en 1943. Ahora, una fascista subalterna, arrastrando sus carnes sin alma, regaló su -extraño- premio Nobel a otro nazi: su patrón imperialista. “La historia se repite, primero como tragedia, luego como farsa”, dijo Marx en El 18 Brumario de Luis Bonaparte (1852).

I

Nos conmovemos y hacemos propio el legado ético de José Martí: “El amor, madre, a la patria, no es el amor ridículo a la tierra, ni a la yerba que pisan nuestras plantas; es el odio invencible a quien la oprime, es el rencor eterno a quien la ataca.”
(Fragmento del poema Abdala, 23 de enero de 1869)

La madrugada del 3 de enero, más de 150 aeronaves, incluyendo bombarderos, cazas, plataformas de inteligencia y vigilancia, fueron lanzadas desde veinte bases terrestres y marítimas contra Venezuela, según el general de la Fuerza Aérea Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos. (Más algún arma desconocida, según se jactó Trump).

Par de meses antes, el imperialismo gringo desplegó en el Mar Caribe la IV Flota, con portaviones y submarinos nucleares, que involucran entre doce y quince mil efectivos militares (gubernamentales y contratistas privadas), haciendo puntería contra lanchas desarmadas de pescadores y marineros diversos, con el falaz argumento de la lucha contra el narcotráfico, 80% del cual les llega a sus calles (EEUU) por el Océano Pacífico, la mayoría proveniente del Ecuador fascistoide de Noboa Azin.

Pero la avasallante guerra cognitiva desarrollada por la transnacional antibolivariana, ya había impuesto el relato del “Cartel de los Soles” e imaginarias bandas delictivas con “millones” de integrantes “enviados” por Venezuela. Estigmatizaron una migración que ellos mismos provocaron.

Secuestraron al presidente Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores, dejando más de un centenar de héroes y mártires, cuya sangre regó la historia de sacrificios y epopeyas de nuestra estirpe bolivariana y martiana. Venezuela es hoy un país secuestrado, bajo el chantaje extorsivo de los asquerosos secuestradores. Su superioridad bélica no hace sino aumentar su minusvalía moral. Porque aquí no hay lugar para la claudicación y la rendición.

II

En un entorno adverso, por la presencia de gobiernos de derechas que son agentes sumisos del imperialismo (fascistas subalternos), y otros que se dicen “progresistas”, tibios y cobardes, se prestaron a aislarnos con desplantes y vetos, que le enviaban un mensaje fatal al enemigo estratégico de nuestros pueblos. Sin duda, esa correlación política dio luz verde a las pretensiones yanquis. Algunos llegaron a la complicidad cediendo su territorio como base para el lanzamiento del ataque del 3 de enero.

Nos toca resistir con toda la energía, la paciencia, la inteligencia, la estrategia, y con el mayor rencor contra el enemigo que mancilló nuestra Patria y que insistirá en recolonizarnos.

La reserva patriótica del pueblo bolivariano está herida, hay un dolor profundo, desasosiego, rabia contenida, perplejidad, indignación. Pero no nos engañemos, también hay gente atrapada por la pérdida de soberanía espiritual, producto de la guerra cognitiva, con una deformación malsana de su capacidad sentipensante, que es presa útil del plan enemigo.

Es éste un tiempo de mucho diálogo, mucha conversación, mucha comunicación luminosa y constructiva, en todos los espacios, territoriales y sectoriales, en los hogares, vecindarios, centros de trabajo y estudio; masificar la reflexión guiados por el pensamiento del Libertador, no incurramos en el error de querer “normalizar” la peor coyuntura, la más sanguinaria afrenta como país soberano en lo que va del siglo XXI.   

III

Nuestra principal arma es la unidad. En primera instancia la unidad bolivariana como núcleo de la conducción esclarecida de la sociedad. Cerrar filas al lado de la Presidenta encargada Delcy Rodríguez, leal y valiente compañera, en el objetivo fundamental de sostener la estabilidad, la gobernanza nacional, la soberanía nacional-popular, la territorialidad integral, los derechos ciudadanos y la prioritaria liberación del Presidente Maduro y la diputada Cilia Flores para que retornen a nuestra Patria sanos y salvos a seguir construyendo un futuro colectivo digno e irreversible.  

A los pueblos del mundo, especialmente a los hermanados en historia de la América mestiza y el Caribe (a Cuba nuestra vida si la requiere), agradecerles los múltiples y masivos gestos de solidaridad, y reiterar el llamado a la unión frente al proyecto de opresión que representa el fascismo imperialista global, el reino del desamor, encarnado en la repugnante figura del delincuente de lesa humanidad y criminal de guerra Donald Trump.

No perdamos de vista las pugnas inter-capitalistas e inter-imperialistas, y las antagónicas contradicciones de éstos y el surgimiento del mundo multipolar, cuyas tensiones pueden llevarnos a una conflagración de alcance planetario. Tampoco ignoramos la expresión xenófoba, racista y aporofóbica, de este nuevo fascismo en el propio territorio estadounidense, donde la represión brutal contra la población migrante -el enemigo interno- desenmascara la verdadera esencia odiadora y asesina del sistema.

En Venezuela seguiremos resistiendo con la mayor entereza como lo hicieron las huestes bolivarianas en todas las derrotas parciales que sufrieron, y tras las cuales, emergían con más bríos y fortaleza para lograr la Independencia. Desde entonces sabemos que somos “el pueblo de las dificultades” y que “el gran poder está en la fuerza irresistible del amor”.

¡Venceremos!

  

Yldefonso Finol

Militante Bolivariano