lunes, 18 de enero de 2021

EL ESEQUIBO Y EL ZULIA: PATRIOTISMO CULTURAL PERSEVERANTE

 

El Esequibo y el Zulia: patriotismo cultural perseverante 

El despojo de nuestra Guayana Esequiba es una de las primeras agresiones imperialistas de que fue víctima Venezuela en su vida republicana. El campante imperialismo inglés es el ejecutor principal de la ocupación ilegal de esa franja de nuestro territorio irrenunciable. El naciente imperialismo estadounidense es el cómplice necesario del crimen contra nuestra Patria. Aplicando la Doctrina Monroe los gringos se dieron el lujo de asumir la “representación” de Venezuela, considerándonos su “patio trasero” o unos minusválidos, negociando sin ninguna ética ni cualidad, en nuestro nombre, pero para dañarnos.  

Inglaterra fue muy diligente en traer sus barcos de guerra en 1902 junto a Alemania e Italia, países con los que unos años después protagonizaría conflagraciones inter-imperialistas de grandes proporciones y consecuencias.

Inglaterra es el principal responsable de la tragedia del pueblo palestino, cuando asumió el mandato de esa región tras el desmembramiento del Imperio Otomano, y desde 1900 apoyó la creación del movimiento sionista que invadiría las tierras palestinas. Gran Bretaña, el Reino Unido o como se llame ese engendro de los peores flagelos de la humanidad en la época capitalista: el expansionismo colonialista y el imperialismo, infestó el planeta con sus apetencias hegemónicas, dejando regados a su paso un sinfín de espacios territoriales problematizados; pedazos de enclaves coloniales que ampliaran su área de influencia, soportados en su belicosa armada imperial y su poderío económico industrial y comercial.

Estos países imperialistas, herederos del racismo y el supremacismo “blanco” anglosajón, eurocéntricos, colonialistas, nos consideraban apenas territorios con población incivilizada, que debían someter y explotar. Pongamos como ejemplo del exabrupto del tutelaje gringo, la carta dirigida al presidente Cleveland el 5 de diciembre de 1896, por el embajador de Estados Unidos en Londres, Thomas Bayard, supuesto defensor los intereses de Venezuela: “Nuestra dificultad está en el carácter completamente indigno de confianza de los gobernantes y del pueblo venezolano, lo que da por resultado una responsabilidad indefinible y, por lo tanto, peligrosa del manejo por ellos de sus propios asuntos”.

El desprecio y la subestimación son parte de la concepción que tienen los imperialistas sobre nuestros pueblos, razón suficiente para considerarlos enemigos de nuestra felicidad. En tiempos del predominio hispano en América y el Caribe, Inglaterra promovió, con la figura del corso, la proliferación de la piratería como forma de guerra sucia contra los intereses españoles, que llegó a causar daños inmensos a la población local en los puertos y ciudades costeras del llamado “Nuevo Mundo”. Maracaibo fue atacada y saqueada en sucesivas incursiones piráticas como las del holandés Enrique Gerald, el francés Jean Dei Nau “El Olonés”, y el inglés Henry Morgan, ladrón y asesino desalmado que llegó a ser nombrado “Caballero” por el rey Carlos II de Inglaterra en 1674, como premio por los negocios que sus fechorías significaron al Reino Unido. ¡Qué mal utilizada está la palabra “noble”!

La nueva piratería actuó con artimañas como el Tratado de Arbitraje, firmado en Washington el 2 de febrero de 1897 entre Gran Bretaña y una Venezuela maniatada por Estados Unidos; luego el Laudo Arbitral de París del 3 de octubre de 1899, donde la yunta de estos dos “Corsarios Unidos”, acomodan el papeleo para despojarnos 159.542 km² del territorio venezolano del Esequibo.

En 1949 el Memorándum de Mallet-Prevost reveló la farsa del Laudo de París, dando paso al descubrimiento de la amañada documentación que urdieron los imperialistas ingleses y gringos para arrebatarnos nuestra Guayana Esequiba. La Cancillería de Venezuela denunció este atropello ante la ONU en 1962, y surgió el Acuerdo de Ginebra en 1966 como instrumento reconocido por las partes para regularizar y sincerar por la vía pacífica, bilateral y negociada, la realidad histórica de la controversia limítrofe creada mal intencionadamente por los ingleses.

II

El pueblo venezolano nunca aceptó el robo que los ingleses hicieron de nuestro territorio guayanés. El Laudo Arbitral de París fue recibido con indignación por nuestro pueblo. En el Zulia, extremo noroccidental del país, se sintió el zarpazo como si una bestia enfurecida hubiera amputado a dentelladas una parte de nuestra existencia. Cada capítulo de esta trama antivenezolana fue vivido en Maracaibo y otras localidades lacustres, con tal intensidad, que los pocos periódicos editados en esos tiempos eran compartidos entre la ciudadanía, pasando de mano en mano sin importar quién lo hubiese comprado, como si se tratase de un asunto de interés casi familiar que todos debían conocer, razonar y asumir.

Cuenta Atenógenes Olivares (Hijo) que “cuando ante el Tribunal Arbitral de París los ingleses nos imputaban costumbres semibárbaras y que estábamos carentes de cualidades para querer llevar la civilización a los pueblos de nuestra Guayana”, razones para que el juicio inclinase la balanza a favor de sus espurios intereses, se produjo en Maracaibo una manifestación popular de rechazo a la pretensión de Inglaterra. En esa protesta patriótica realizada en El Empedado, el poeta Ildefonso Vázquez intervino para pronunciar un discurso improvisado en forma de soneto.

He aquí el verbo nacionalista de Ildefonso Vázquez, pleno de culto lirismo y elegante sátira, no exenta de punzantes sablazos literarios, contagiando las atiborradas callejuelas empedradas, aquella mañana del último octubre del siglo XIX:

Filantropía inglesa

Pulpo que tiende al orbe sus antenas

Con la insana ambición por atributo

Albión demanda codiciado fruto

Del Orinoco aurífero a las venas.

 

Patria de Darwin, nivelando apenas

Nuestra vil condición a la del bruto

Le ampara un filantrópico instituto

Contra el horror de bárbaras escenas.

 

Salva del yugo al buey…del circo al toro

Del hambre al perro…al gallo de la riña

Al pajarillo de la jaula de oro…

Más, por librarse del spleen ingrato,

Al redondel con júbilo se apiña

Donde se mata el hombre al pugilato.

 

En clara alusión al expansionismo inglés, regado en todo el planeta como mala hierba, el vate y galeno maracaibero usa la metáfora del monstruo marino atrapando en sus extensos y múltiples tentáculos al planeta entero. Ese “abrazo” no es amigable ni diplomático, su motivo es la “insana ambición” de un imperio que se acostumbró a sojuzgar naciones para apropiarse de sus riquezas (“codiciado fruto…aurífero”). Denuncia el poeta Vázquez la hipocresía de un gentilicio con poses de circunspección, que hace alarde de ponderación democrática y progresividad cívica, pero que no se ruboriza cuando empuja jaurías pendencieras a ensangrentar suelos ajenos con fines geopolíticos y lucrativos.

De esta herencia, de esta estirpe, le nace a la gaita zuliana ser el género musical que con más reciedumbre, con más virilidad, con más patriotismo, ha defendido la causa venezolana del Esequibo.

Comienza la década del sesenta con la polémica del Esequibo en primera plana por los hallazgos documentales que soportaban el reclamo venezolano, en razón de las patrañas ocurridas durante el amañado juicio parisino. En noviembre de 1962 se ventila el asunto en el seno de la Organización de Naciones Unidas. Los gaiteros de la época, siempre atentos a los grandes temas, además de las composiciones religiosas, jocosas y costumbristas, nunca dejaban de elevar la voz popular en reclamo de justas reivindicaciones, y cuando se trataba de la patria, la gaita se ponía delante como vanguardia del sentir nacional.

La Guayana Esequiba, gaita pionera, tal vez la primera canción a venezolana que aborda la cuestión, compuesta por Luis Guillermo Govea, autor de la letra, y música de Jesús Reyes “Reyito” (en colaboración con Renato Aguirre), fue cantada por Ricardo Aguirre con Los Cardenales del Éxito en 1965.

Sobre este tema emblemático, un protagonista del suceso musical, el compositor gaitero por excelencia Renato Aguirre, nos relata el siguiente pasaje: “recuerdo al respecto que Douglas Soto pasó a buscarme a la casa, andaban con él Ricardo y Wanger Castillo Finol; me dicen que venga con ellos y traiga mi cuatro porque el Maestro Reyito ( Jesús Reyes) le iba a poner música a una letra de Luís Guillermo Govea (El Guerrillero del Aire);  me estaban hablando del tema La Guayana Esequiba...sorpresa para mí que el encuentro fue en Ondas del Lago Televisión, en el estacionamiento, allí Reyito, Douglas, Wanger, Ricardo y yo, escuchamos la música del estribillo que hizo Reyito, y los comentarios favorables con respecto a la letra y música; por esas circunstancias extrañas, Jesús Reyes se quedaba pegado cuando le tocaba cantar la música del verso, obviamente no le salía, y en otros tantos intentos yo le tararee una melodía que se me ocurrió y así quedó el tema”.

En el Zulia esta gaita se la sabe la mayoría de nuestra gente; es un himno que nunca dejamos de cantar:

Mientras Venezuela viva

Y nos galope en el pecho

La sangre del corazón

Nuestra Guayana Esequiba

Por razón y por derecho

Pertenece a la nación.

 

Hay mucha claridad en los versos: se identifica a Inglaterra como usurpador, que es la verdad jurídica de aquí a Japón; la Guayana tiene que ser rescatada, es decir, la estrategia nacional de considerarla irrenunciable y trazar planes para recuperarla; indica que seremos perseverantes en ese reclamo, y como estaba claro que era un asunto de largo alcance, debía enseñarse a la infancia “desde la escuela” y por siempre (“mientras vivan”), que “la Guayana Esequiba pertenece a Venezuela”. Insuperable programa que bien podría adoptarlo el Estado como paradigma de esta lucha impostergable.  

 

Luego vino El Protocolo, del maestro de la gaita protesta Firmo Segundo Rincón. La canta Nerio Ríos con el Conjunto Los Cardenales del Éxito.

Dice la primera estrofa de versos:

Al nacido en esta tierra

Que no sienta este mensaje

Le pagamos el pasaje

Y que se vaya a Inglaterra

Es una mora que priva

A mi país sin razón

De plasmar su Pabellón

En la Guayana Esequiba.

Y el estribillo:

No deben cantar victoria

Los muy astutos ingleses

Porque con los guyaneses

No puede haber moratoria

Que dejen para la historia

El más cínico borrón

Nacido de una traición

Indigno de nuestra gloria

 

El gran Firmo Segundo Rincón blande su lápiz como espada libertadora, mientras el “Roble de la Gaita” Nerio Ríos, pone en sus cuerdas vocales los fusiles de Urdaneta:

Guayana es nuestra total

Yo lo repito mil veces

Y no feudo colonial

Como piensan los ingleses

 

El año 1981 vuelve a ponerse caliente la cosa fronteriza. El Poeta de la Gaita Luís Ferrer se lanza con Dos Fronteras, el tema fue grabado en dos versiones: la original (más un verso del cantor Nerio Ríos), con el conjunto Cardenales, y una segunda la interpreta el inolvidable Astolfo Romero con la Universidad de la Gaita, bajo el título Ni un pedazo más de tierra, correspondiente al primer verso del estribillo.

Ni un pedazo más de tierra

Daremos a otra nación

Me abro en dos el corazón

Para que en sangre se escriba

Si no luchan los de arriba

Pelearemos los de abajo

Y si hay que hacer una guerra

La guerra haremos, carajo.

La estrofa incorporada por Nerio en su interpretación, recoge sentimientos muy acendrados en el pueblo zuliano, que ha tenido que enfrentar la acechanza de intereses oligárquicos vecinos siempre con la traición y mala maña como praxis.

Alerta venezolano

Quieren pisotear tu orgullo

Te quieren quitar lo tuyo

Los que se la dan de hermanos

Pero es la verdad tajante

Que eso no lo aceptaremos

Si hay que pelear pelearemos

Fusil en mano y pa’lante.

 

El acucioso cultor popular cabimero, ingeniero químico Pedro Querales, nos recordó el tema que grabara en su prima producción de 1981 Gaiteros de Pillopo, de la batuta de Ricardo Portillo, en la voz de Rafael Sánchez con letra de Antonio Jiménez: La Guayana Esequiva, tocaya de la original del Ricardo Aguirre y el Guerrillero del Aire pero escrita con uve.

No se podía quedar atrás el grupo Guaco, que en sus tiempos gaiteros y protestones, grabó El Diferendo, de la fértil musa de dos consagrados compositores, el virtuoso Ricardo Hernández y el desaparecido Heriberto Molina, autor de las letras de grandes éxitos, como En casa se larga el forro, que hizo junto al gran Astolfo Romero.

Canta Guaco en el estribillo:

El suelo venezolano

No se seguirá perdiendo

Continuemos defendiendo

El logro bolivariano

Este pueblo soberano

No acepta más diferendo.

En esta gaita da gusto ver el despliegue de la capacidad musical de Gustavo Aguado, quien se entretiene tocando las tumbadoras mientras hace de solista. ¡Qué molleja, está sordo el muchacho!

Otros aires musicales también han tocado el asunto; en el calipso “Guayana es” se menciona al Esequibo como límite al este; la agrupación de música pop rock Témpano pegó en 1983 su canción que coreaba: “El Esequibo es mío, es tuyo, es tierra venezolana. El Esequibo es mío, es tuyo, es nuestro”, sin duda una oportuna contribución para recordarle al público de ese estilo musical un tema tan sensible a la Patria.

Pero está comprobado que la gaita es el ritmo de la defensa del justo reclamo venezolano por recuperar nuestra Guayana Esequiba. Porque el sol de Venezuela nace en el Esequibo, y en el ocaso se viene a descansar en el Zulia, donde le recargamos las pilas con el rayo del Catatumbo, para que cada nuevo amanecer vuelva a iluminar el oriente venezolano desde el río Esequibo, con el sagrado fuego bolivariano.

Yldefonso Finol

Economista e historiador bolivariano

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