martes, 21 de diciembre de 2021

LOS DICIEMBRES DE BOLÍVAR: A 191 DE UNA CARTA SIN RESPUESTA

 


Los diciembres de Simón Bolívar: a 191 años de una carta sin respuesta

Cuando su abuelo Feliciano Palacios murió en diciembre de 1793, con apenitas -ay pena penita pena- diez años, Bolívar ya era huérfano: su padre Juan Vicente había fallecido en enero de 1786, y su madre Concepción Palacios el 6 de julio de 1792.

Entre los nueve y doce años –periodo tan sensible en la vida de cualquier persona-  Simón se debate entre la orfandad absoluta, los conflictos existenciales típicos de la edad, extremados por las circunstancias adversas que le tocaron en particular a él, y los aprendizajes -formales o empíricos- que comenzaron a ser una de sus más grandes pasiones.

Es harto relatada la crisis familiar desatada el 23 de julio de 1795 cuando el mozuelo huye de su tutor legal el tío materno Carlos Palacios para refugiarse en casa de su hermana María Antonia, y cómo fue arrancado a la fuerza del regazo fraternal, para ser internado en la hacinada escuelita de Simón Rodríguez.

¡No hay mal que por bien no venga!, dice el paradójico refrán popular. Podríamos especular, en un exagerado determinismo psicosocial, que ese día nació el Simón Bolívar que hizo Historia.

Diciembre de 1796 es de preparativos de recluta. Un 14 de enero de 1797, Bolívar inicia su formación militar, al ingresar como cadete del Batallón de Blancos de los Valles de Aragua. En julio de 1798 es ascendido a subteniente. Se puede leer en su hoja de servicio: “valor conocido; aplicación, sobresaliente”.

En diciembre de 1798 está organizando su primer viaje a España. Zarpa en enero de 1799 por la Guaira, en el barco San Ildefonso, pasando por Veracruz a comienzos de febrero, aprovecha visitar la ciudad de México; luego de un poco más de una semana torna al mar y hace una breve pausa en La Habana, para arribar al puerto cántabro de Santoña en mayo y a la veraniega Madrid del Manzanares un mes después. Allí cumple sus 16 años.

Diciembre de 1800 encuentra al joven Simón Bolívar enamorado de la señorita española María Teresa Rodríguez del Toro, durante su estancia en Madrid.

Diciembre de 1801 pasa navidades en Bilbao con la familia de la novia.

El 15 de mayo de 1802 obtiene licencia real para contraer matrimonio y así lo efectúa once días después, el 26 de ese mes. Llegan a Caracas el 12 de julio.

Diciembre de 1802 está desesperado atendiendo a su tierna esposa que ha enfermado de fiebre amarilla en las haciendas de San Mateo. La lleva a Caracas buscando las mejores atenciones médicas, pero su amada fallece el 22 de enero de 1803.

Simón queda destrozado de espíritu. Se siente el ser más desdichado de la tierra, con sobradas razones. Justo cuando sintió florecer el amor en sus entrañas y su alma, otra vez el zarpazo de la parca lo azota como a un eterno castigado.

Diciembre de 1803 anda Bolívar en el Atlántico con la penosa misión de ir a comparecer ante la familia de María Teresa. Su mentor intelectual el Marqués de Uztáriz le recomienda viajar a París. Allí se codea con sabios reconocidos como Humboldt y Bonpland. Pero el hecho más emotivo y significante de ese viaje lo fue sin duda el reencuentro con su maestro Simón Rodríguez, con quien en la primavera de 1805 iniciará un largo recorrido que marcará hondamente la formación política del futuro Libertador.

Pasa diciembre de 1804 en Paris, donde presencia el día 2 la coronación de Napoleón I. En abril de 1805 inicia el viaje de su definitiva conversión con el maestro Simón Rodríguez; el 15 de agosto, en presencia de Simón Rodríguez y Fernando toro, bolívar jura en el Monte Sacro de Roma no dar reposo a su alma ni descanso a su brazo hasta que no haya logrado libertar al mundo hispanoamericano del dominio español.

En 1806 sale de París en septiembre vía Alemania, tomando un barco en el puerto de Hamburgo rumbo a la América del Norte. Ese diciembre lo pasa navegando por el Atlántico Norte y en enero de 1807 llega a Charleston, Carolina del Sur. En tierra visita Filadelfia, Nueva York y Boston. Fue su única visita a Estados Unidos.

Desde 1808 a 1809 casi todos los mantuanos conspiraban contra la corona española. El 19 de abril de 1810 es destituido el Capitán General Vicente de Emparan. El 24 de mayo la Junta de Caracas asciende a capitán a Simón Bolívar, y el 2 de junio acuerdan enviarlo en misión diplomática a Londres, junto a Luis López Méndez y Andrés Bello, para tratar de ganar reconocimiento para el nuevo gobierno. Hacia el 10 de julio llega la delegación a Portsmouth, logrando en pocas semanas ser atendidos por el ministro de relaciones exteriores británico, Marqués de Wellesley. Destaca el contacto con Miranda, quien se convence de venir al país.

Esas fiestas decembrinas las pasó Bolívar en Caracas rindiendo cuentas de su viaje.

El año de 1811 comienza con el impulso propulsor del ánimo nacionalista que sentía nacer de sus manos la república independiente. El 2 de marzo se reúne en Caracas el Congreso Constituyente de la Primera República de Venezuela.

Simón Bolívar pronuncia unas palabras que resonarán en el mero corazón de la Sociedad Patriótica. Ante las dudas, las dilaciones, los delicados excesos de prudencia, el futuro Libertador exclama: “¿Trescientos años de calma no bastan?”. Tempranamente tuvo claro que la lucha era contra toda la colonización, no sólo contra el dominio político circunstancial. El 5 de julio el Congreso proclamó la independencia de Venezuela. Bolívar es ascendido al rango de coronel a mediados de agosto.

El 1812 es año de guerra inexperta y terremoto. Bolívar logra llegar refugiado a Cartagena. Gracias al gran conocimiento de los caminos rurales, y a las muchas amistades en su región vital, Bolívar consigue mantenerse clandestino en Caracas y sus cercanías. Un amigo personal, el español Francisco Iturbe, logra proveerlo de un pasaporte a condición que debe abandonar el territorio de Venezuela inmediatamente. Pasa a la isla de Curazao, donde se esconde desde el 1° de septiembre hasta mediados de octubre que alcanza zarpar hacia Cartagena.  El 2 de noviembre ya se encuentra en la amurallada Cartagena de Indias.

Este diciembre de 1812 está el aún desconocido Simón Bolívar en Cartagena. El 15 de diciembre lanza su ópera prima en materia de manifiestos con el título “Memoria de un caraqueño a los ciudadanos de la Nueva Granada”, mejor conocida como el “Manifiesto de Cartagena”, haciendo un descarnado balance de la caída de la Primera República de Venezuela y aportando importantes reflexiones para una nueva estrategia independentista. Navidad en Tenerife, San Benito en Mompox y vísperas de Noche Vieja en Guamal.

Comienza 1813 en Ocaña. En San Cayetano, a orillas del río Zulia, se suman los refuerzos, entre los que viene un patriota maracaibero de nacimiento y bogotano de insurrección, que pronto sería uno de los más fieles camaradas de armas y amigo muy querido de Simón Bolívar: Rafael Urdaneta. El 28 de febrero liberan Cúcuta y siguen hacia La Grita. Hay insubordinación de tropas neogranadinas azuzadas por Manuel del Castillo y Francisco Santander. Al contrario, Urdaneta da un espaldarazo fundamental al nuevo líder: “General: si con dos hombres bastan para emancipar la Patria, pronto estoy a acompañarlo a Usted”. Así nació la Campaña Admirable.

El 6 de agosto Bolívar entra triunfante en Caracas culminando la que se conocería como Campaña Admirable, partera de la Segunda República de Venezuela.

Bolívar está dichoso en su Caracas. El 14 de octubre la municipalidad lo nombra Capitán General de los Ejércitos de Venezuela y le ratifica el título -antes aclamado en Mérida- de Libertador.

En un informe del 31 de diciembre de 1813, argumenta su propuesta de unidad: “Si en estos siglos de ignominia, en que un continente más poblado y más rico que la España, fue la víctima de las miras pérfidas del Gabinete de Madrid; si este pudo desde dos mil leguas de distancia, sin enormes fuerzas, mantener la América desde el Nuevo México hasta Magallanes bajo su duro despotismo, ¿por qué entre la Nueva Granada y Venezuela no podrá hacerse una sólida reunión?”

 

Llega 1814. Bolívar y Mariño son derrotados por Boves y sus hordas en la Segunda Batalla de la Puerta el 15 de junio. En los primeros días septiembre, en Carúpano, el mando de Bolívar es desconocido por Ribas y Piar, quienes le lanzan graves acusaciones, al punto de encarcelarlo, y pensaron imponerle penas insalvables, si no hubiese escapado el 7 de septiembre de aquel tormentoso 1814. Logra salvarse huyendo por el Caribe a su querida Nueva Granada.

Enterado de la sabia retirada llevada a cabo por Urdaneta con sus fuerzas desde San Carlos en ruta inversa a la realizada durante la Campaña Admirable, el 27 de octubre de 1814 le escribe desde Ocaña: “Mi querido Urdaneta: Con la más grande satisfacción he sabido que Usted ha salvado el ejército de Caracas con el cual podemos decir que ha salvado las esperanzas de la república; este servicio es grande: este servicio lo aprecio yo en tanto como la más grande victoria, aunque algunos tengan que criticar una operación tan prudente y acertada; yo le doy a Usted las gracias en nombre de Venezuela, que si vuelve a ser libertada deberá a Usted este beneficio.”

El presidente Camilo Torres, quien ya lo había apoyado para entrar a Venezuela en 1813, le dice el 24 de noviembre: “Vuestra Patria no ha perecido mientras exista vuestra espada. Habéis sido un militar desgraciado, pero sois un grande hombre”.  El Gobierno de la Nueva Granada lo asciende a General de División y lo encarga de someter el Estado de Cundinamarca que se hallaba en disidencia de la Unión Granadina. El ejército salvado por Urdaneta estuvo en la primera línea de esta misión. Muchos fueron los servicios que estos dos compañeros de armas (y del alma) prestaron a la unidad e integridad de la actual Colombia.

Este diciembre de 1814 lo pasó Bolívar en campaña militar. Cumplida la tarea encomendada, el 23 de enero de 1815 sale de Bogotá rumbo a Cartagena, con la misión de consolidar la liberación de la costa caribe, vía Santa Marta y Maracaibo, para reactivar la campaña libertadora en Venezuela. Los refuerzos que debía recibir de Cartagena le son negados. Allí están empoderados algunos de sus más acérrimos detractores: Castillo, el mismo que dos años atrás se insubordinó con excusas chovinistas en La Grita, y Bermúdez, quien llevó a los extremos su rencor hacia Bolívar.

Renuncia al mando vil que no surte efectos gratos a la causa, y el 8 de mayo de 1815 se va a Jamaica, donde pasa necesidades materiales extremas, lo intentan asesinar el 10 de diciembre, pero escribe su “Carta” más brillante. Ese diciembre entre Kingston y Haití reafirma su genio y su liderazgo.

El año 1816 es el de las expediciones desde Haití: La de los Cayos que llega en mayo a la Isla de Margarita. Asalto a Carúpano y decreto de liberación de esclavos. La expedición pasa luego al puerto de Ocumare de la Costa, donde Bolívar se ve separado accidentalmente del grueso de sus fuerzas. Regresa a Haití, en donde organiza una segunda expedición desde Jacmel que llega a la Isla de Margarita a fines del año: otro diciembre bolivariano de luchas irreductibles entre polos, galerones y pastel de chucho. Y hay miserables que sólo se esmeran en nimiedades de su vida personal, como si el héroe no tuviese derecho al amor.

Muchos sucesos adversos que se tradujeron en la Primera República Bolivariana (Tercera República) con la entrada triunfal en Angostura. Momentos amargos se vivieron con el caso del General Manuel Piar. Pero aquel diciembre de 1817 hubo que comer mucha sapoara del Orinoco en Angostura para reponer tantas energías dejadas en el camino.

El 30 de enero del nuevo año Bolívar conoce a Páez, ese mañoso megalómano que terminó siendo picapleitos de la oligarquía y patiquín niuyorquino.

Diciembre de 1818 El Libertador y sus compañeros están en ejercicio de gobierno y preparativos del Congreso que se instalará los primeros días del año 19. Desde junio tienen periódico: El Correo del Orinoco. Ese año tuvimos duelo epistolar con el agente gringo Juan Bautista Irvine. Bolívar comenzó a variar su opinión hasta entonces un tanto ingenua sobre los Estados Unidos.

El diciembre de 1819 en Angostura hay Constitución y Ley Fundamental de Colombia. Bolívar va triunfando en su estrategia unitaria. Para ello se hizo El Paso de los Andes, se ganó en Pantano de Vargas y Boyacá. Se fue forjando una nueva nacionalidad desde la épica de los pueblos que seguían la justa causa bolivariana.

Diciembre del 1820 tiene como obra de arte el Armisticio suscrito a finales de noviembre en Trujillo por Bolívar y Morillo, tremendo éxito diplomático para la República. De allí viajó a Bogotá, y pasando por Cúcuta inaugura la legislación republicana a favor de los derechos indígenas, el derecho laboral, la educación pública, entre otros temas pioneros.

Maracaibo se declara unida a la República en enero 28 de 1821 y la tregua se deshace. ¡A prepararse que viene Carabobo!

Diciembre de 1821 encuentra a Bolívar siendo Presidente de Colombia y elevándose como cometa al cénit de la gloria. Se mueve hacia el sur con el propósito de liberar el sur de Colombia que incluye Quito hasta Guayaquil.

El año 1822 lo hallamos en enero en Popayán. El 7 de abril rompe el muro realista al sur de Colombia en la Batalla de Bomboná. El 24 de mayo Sucre vence en Pichincha garantizando la gobernación de Quito, y en junio llega Bolívar esa bella ciudad de valles mágicos y volcanes seductores, donde conoce a la revolucionaria Manuela Sáenz. No digo más. El 13 de julio se encuentran en Guayaquil el Libertador Simón Bolívar y el rioplatense General José de San Martín.

Diciembre del 1823 Bolívar descubre Perú. Es el segundo “extranjero” en entrar a libertar ese país de ancestralidad imperial que fue oprimido por el reino de España bajo la forma de virreinato. El primero fue San Martín. Pero sobre todo descubrirían una oligarquía, la más cobarde y parasitaria que tal vez hayan tenido las colonias hispanas.

La nueva República de Colombia y el Ejército Libertador cubrían una extensión de tres millones de kilómetros cuadrados que abarcaban desde el Atlántico al Pacífico con el istmo de Panamá como penacho, siendo el primer país que logra esta estratégica conformación territorial desde 1819, antes que los Estados Unidos con sus artimañas despojara el oeste a los pueblos originarios y a Francia, España y México los territorios apetecidos por los colonos angloparlantes de las Trece Colonias.

Por eso ese diciembre de 1823 que los gringos saben la llegada de Bolívar (el más temido y odiado por la élite gringa) lanzan la doctrina Adams-Monroe. Enero de 1824 la enfermedad le amarga unos días al Libertador.

Diciembre 1824 todo es gloria para el Ejército Bolivariano en Perú: el 7 de agosto vence en Junín, derrotando al Ejército Real del Perú; mientras Bolívar entra en Lima y restablece el sitio del Callao el 5 de diciembre, Sucre sella definitivamente la libertad indoamericana el 9 de diciembre en Ayacucho.  

Mientras el Libertador Simón Bolívar, el 6 de diciembre de 1824, ocupaba la ciudad de Lima, los ejércitos colombianos, al mando de Sucre, se desplegaban en formación de batalla en la histórica planicie de Ayacucho. El 7 de diciembre de 1824 firmó la histórica Circular dirigida a los Jefes de Estado de Hispanoamérica convocando la tan ansiada unión que debía decidirse en el Congreso de Panamá.

Las intrigas estadounidenses contra el proyecto bolivariano se acrecentaron y perfeccionaron. Crearon la primera organización de espionaje continental, antecedente de la CIA, sólo para vigilar y sabotear el Proyecto Bolivariano.

La Navidad de 1825 está El Libertador con su Maestro Simón Rodríguez en Chuquisaca, Bolivia. Simbólicamente podríamos graficar sobre el plano el punto más alto desde el cual comienzan a entretejerse las circunstancias que anunciarían el inicio del ocaso.   

Las noticias de división se inauguran en 1826 en la propia Venezuela. El aparato conspirador urdido por el alto gobierno estadounidense comienza a captar acólitos y va colocando sus intrigas en donde sabe que brotarán más pronto los espinales. Páez se la juega con la oligarquía central y surge la Cosiata como expresión del entramado divisionista.

En diciembre de 1826 –luego de cinco años dedicados al Sur- El Libertador entra por Maracaibo para dialogar con Urdaneta cómo resolver la crisis en ciernes. Aunque sabe que con Páez la opción armada es casi inevitable, jura impedir una guerra civil a costa de su propia gloria. Allí quedó la Proclama de Maracaibo como oración por la paz y la convivencia entre hermanos.

Pero Bolívar, que ya gozaba un oasis caraqueño con la situación venezolana más o menos controlada, tuvo que acudir de nuevo a las cada vez más complicadas cuestiones de gobierno en Bogotá. Sale de Caracas el 5 de julio.

¿Qué lo obliga a salir del lugar donde se hallaba más cómodo y bien acogido, resolviendo una situación muy delicada para el futuro inmediato de la causa patriótica?

El 19 de junio le escribe a Urdaneta: “La últimas noticias que me han llegado del Sur me han obligado a variar de plan y de posición. Ya Usted verá cómo las tropas rebeldes de Lima han invadido a Guayaquil y amenazan desde allí y desafían Colombia entera. ¿Puede saberse esto sin sentir la más viva indignación? Usted me ha vista indiferente a todas las intrigas de Bogotá, aguardar tranquilo el resultado del Congreso sin tomar parte en nada, pero cuando el ultraje ha ido hasta invadir la república y emplear las armas para imponer a los pueblos y oprimir la voluntad nacional, no es posible resistir a los impulsos del patriotismo y del deber”.

El 18 de julio ya está en Cartagena. Desde allí también refiere a Urdaneta sobre las intrigas de Santander. Diciembre del 1827 en Buga está organizando un encuentro con Páez para resolver las diferencias y pensando en la salvación de la Patria, como corresponde a su elevado espíritu de revolucionario auténtico.

Los agentes gringos ubicados estratégicamente en las capitales van tejiendo toda clase de rumores, mientras van promoviendo los parroquialismos e individualismos de ambiciosos que aspiraban el poder así fuese a costa del descuartizamiento de la original Colombia.

Convocada la Convención de Ocaña para dilucidar las diferencias sobre el tipo de gobierno y el sistema que debía regir la construcción de la joven república, Bolívar se instala en Bucaramanga. En septiembre sus enemigos van a asesinarle junto a sus más cercanos camaradas, aunque fracasan por la resistencia bravía de éstos y el apoyo popular que está sin ninguna duda del lado de su Libertador. Mal diciembre ese de sinsabores y decepciones que mellaron el ánimo del Gran Genio de América.

La oligarquía peruana azuzada por los agentes norteamericanos (William Tudor) y sus lacayos peruanos Luna Pizarro y José de la Mar, invadieron el territorio sur de Colombia en Guayaquil, provocando la acción decidida de Bolívar de defender la malograda soberanía y poner a los traidores en su sitio. 

Los meses finales del año 1828 Bogotá es la “noche septembrina”. También la lealtad de las mejores camaraderías: Manuela y Urdaneta. Gestos ladinos desde la Venezuela de Páez. Los arribistas alborotadores del Cauca lo ensombrecen todo. Diciembre del 28 es la develación del vínculo de Santander con la revuelta en Perú y cómo éste alentó aquella inquina con promesas de complicidad bogotana. También se supo que el traidor mayor invitó a Bermúdez a hacer algo similar en el oriente venezolano. Son los días decembrinos que pasa Bolívar en Bojacá.

Febrero de 1829 nos enfrenta a la corrupta y traidora elite peruana por su jactancia expansionista sobre Guayaquil. El 1° de enero Bolívar recibe el año en Purificación rumbo a Neiva. Tiene en sus manos pruebas de la implicación de Obando y los santanderistas en la jugada peruana. Los traidores le están entregando Ecuador a la oligarquía limeña para despedazar la unidad hispanoamericana y postrarnos ante el patrón yanqui, quedándose cada caudillo con una migaja del banquete. Padilla va por su feudo en el Magdalena. El Libertador debe atender a la vez una guerra estúpida provocada por la necedad de la oligarquía peruana lisonjeada por Estados Unidos y las tropelías de unos ambiciosos señores feudales que se reparten Colombia como res recién sacrificada.

El Mariscal de Ayacucho con la mitad de la fuerza que tenían los invasores peruanos,  los deshace como a soldaditos de juguete el 27 de febrero en Tarqui. En vez de humillarlos y desbaratarlos, les tiende la mano de la reconciliación con el Tratado de Girón, que los derrotados engreídos intentan burlar con estiradas excusas. Bolívar se instala en la zona a consolidar la paz: ese cálido y anhelado puerto de llegada para todas sus luchas. El santanderismo abusa de esa ausencia y de la mano de sus amos estadounidenses fermentan las pócimas de la destrucción.

De hecho estuvieron metidos en lo del Perú depravadamente. Las intenciones peruanas eran conocidas por Bolívar, por una carta que el General Heres había enviado a su amigo el General en Jefe Rafael Urdaneta, en la que decía: “Voy descubriendo aquí cosas muy buenas, en una mesa pública, brindando Lamar por Santander, añadió que venían llamados por él, que había sugerido los planes de invasión. La intención era ir hasta Juanangú, convocar un Congreso en Quito, y separar el Sur con el título de República del Ecuador. La Mar debía ser Presidente como hijo del Azuay, y Gamarra del Perú, reuniéndole a Bolivia”.

A pesar de los crímenes atroces cometidos por los ocupantes peruanos en Guayaquil, al final se acuerda con Gamarra el armisticio al que se negaba La Mar con dilaciones, y Bolívar entra a la ciudad que lo recibe gozosa y donde celebra su 46 cumpleaños. El 5 de septiembre hace su famosa predicción sobre el carácter falaz de los Estados Unidos en Nuestra América.  

Diciembre de 1830 El Libertador llega a Santa Marta. Todavía el día 21 recibe una carta de su hermano de luchas y vida Rafael Urdaneta: “Vuestra Excelencia puede evitar esta (guerra fratricida) haciéndose cargo del Gobierno. Los pueblos del Centro han proclamado a Usted como Jefe de la Nación, y los del Sur y Popayán como padre y protector; y poseyendo Usted la confianza de todos, está llamado a hacer la dicha común y a cortar de raíz los males de mucha trascendencia, que nos amenazan de una absoluta destrucción. Sea que Usted piense que debe establecerse la unión, sea que opine por la división en tres Estados, Vuestra Excelencia, con su prestigio y su influencia, podrá ejecutar una u otra cosa en beneficio de los pueblos, que con diversas denominaciones le han llamado depositándole su confianza para que los salve.

Ruego por tanto a Usted, por cuarta vez, para que acepte el Gobierno y venga cuanto antes a hacerse cargo de él. Que el bien común decida a Vuestra Excelencia, y que atendiendo a las circunstancias de este desgraciado país, se resuelva a admitir el gobierno, y libertarle de las calamidades de que está amenazado si Vuestra Excelencia  no lo admite, son mis deseos y los de todos estos habitantes.

Soy de Usted con sentimientos de respeto y distinguido aprecio, obediente servidor.”

Cuánta razón tenía Urdaneta en esa carta desesperada a su amigo El Libertador Presidente de Colombia. Todos sus temores y advertencias se cumplieron irremediablemente.

Han pasado 191 diciembres de esa carta llena de amor por la patria, por la vida y la humanidad, que aún espera –y merece- una respuesta favorable.

 

Yldefonso Finol

Historiador Bolivariano

Maracaibo, 21 diciembre de 2021

2 comentarios:

  1. Excelente primacho!!👏👏👏👏👏👏

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  2. Contando con la historia como fuente donde se descomponen los anhelos América sigue siendo una herida sangrante, en la cual sus habitantes no se ven haciendo parte de un cuerpo lacerado por un sistema basado en el egoísmo personal, fundamento de todos nuestros males, lugar común para una humanidad siempre presta a vender su destino. Igual Bolivar fue un ser confundido entre sus sueños.

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