domingo, 17 de mayo de 2026

DONALD TRUMP: LA BESTIA DEL BULLYING Y EL BULLSHIP CONTRA VENEZUELA

 


Donald Trump: la bestia del bullying y el bullship

Punto previo reiterante: soy de los que estamos convencidos que el imperialismo es una tendencia a la reacción y la violencia, por lo tanto, no se puede confiar en ellos ni tantito así, porque, además, son tan cínicos hijos de cloacas, que están predestinados a plagarnos de miserias en nombre de la libertad. Hemos dicho.

En el caso de Estados Unidos, la dictadura del capital adquirió forma de bipartidismo, mascarada que se encarga de procesar el engaño colectivo de la democracia burguesa representativa, con alternancia de estilos, pero sin variar la esencia opresora y hegemonista del sistema. La historia del posicionamiento imperialista de ese país, es la historia de agresión y despojo de las naciones originarias y las repúblicas dependientes latinoamericanas y caribeñas. Tal es el par dialéctico que encierra el proceso en que aún nos debatimos.

Donald Trump es la expresión del fascismo imperialista global, asociado a vertientes atroces como el sionismo israelí, para el ejercicio del terrorismo deshumanizante explícito, y las derechas lacayas que representan el fascismo subalterno, destructoras de los derechos sociales, y legitimadoras de la cultura de la sumisión y el supremacismo racial eurocéntrico-anglosajón. Personajes como Javier Milei en Argentina o la española Díaz Ayuso son dos muestras nauseabundas de esta categoría.

El delito transnacional es una necesidad del fascismo imperialista global. Indultar a un narcotraficante asesino convicto, como Juan Orlando Hernández, mientras se bombardea a Venezuela y secuestran al presidente Maduro junto a su esposa Cilia Flores, para juzgarlos con acusaciones falaces, descubre el fariseísmo inmoral de ese sistema podrido. Al primero lo soltaron para que saliera a ejecutar una operación criminal internacional auspiciada por una “junta de rabinos”. A Nicolás lo raptaron para que no siguiera conduciendo el proceso emancipatorio venezolano, actor clave en la construcción del mundo multipolar (Equilibrio del Universo) y motor indispensable de la liberación latinoamericana y caribeña.

Trump juega con Venezuela como el maltratador con su víctima. Se muestra ufano viendo en directo los bombardeos del 3 de enero. Ofende nuestro gentilicio con epítetos de toda índole. Denigra de nuestra fisonomía e idiosincrasia como condimento del plan recolonizador; constantemente manifiesta su menosprecio hacia lo indígena, afro, hasta lo hispano que forzosamente es parte del mestizaje de Nuestra América. Llega al colmo ofensivo de equipararse con el Libertador y especular sobre “su liderazgo” en el país. Un guion burlesco supremacista contra lo más sagrado de nuestra Historia Patria y el espíritu colectivo que sustenta la nacionalidad.

Preocupa mucho que no haya habido respuestas de indignación, salvo algunas voces individuales, que -extrañamente- parecieran molestar la priorizada armonía diplomática.  

Mientras la presidenta encargada Delcy Rodríguez hablaba en La Haya sobre la defensa del territorio venezolano del Esequibo, el mafioso pederasta Trump publicó un mapa de Venezuela amputándole nuestra Guayana Esequiba, con la mancheta “Estado 51” y todo manchado con la bandera yanqui. La “anexión” burlona amerita un enérgico comunicado (más viril que los que emitimos ante los despropósitos del gobernante guyanés), el llamado a consultas del Encargado de Negocios en Washington, y una movilización masiva en todas las capitales de municipios del país rechazando el inaceptable irrespeto del presidente gringo, esa bestia ególatra adicto al maltrato y las sandeces, al que Xi Jinping despellejó en dos minutos de numen marxista maoísta.

El pueblo bolivariano sufre la peor parte de toda esta anómala pesadilla. Tenemos una herida en el alma patriótica que queremos vengar, con la madurez para entender los tiempos históricos y las realidades objetivas. Pero no hemos recibido explicaciones convincentes de la dirigencia, mientras nuestros enemigos saben todo al detalle, nos espían descaradamente, controlan aspectos exclusivos de la gobernanza de la República, y son recibidos mimosamente. El pueblo bolivariano no es objeto manipulable por un puñado que “piensa” y “negocia” por toda la Patria. Estamos atrapados entre las partidistas “órdenes de operaciones” y las invasoras “órdenes ejecutivas”. La pérdida de base social alarma. ¡Rectifiquemos pues! En la teoría leninista del partido, en tiempos de dificultades deben abrirse las puertas para que entren los más resteados y abnegados. Fue muy fácil crecer en tiempos de vacas gordas, de relajo y cadivismo. Agradable alimento para oportunismos y arribismos. La lista de casos es tan grande como la desvergüenza y el daño causado. Y faltan.  

La paradoja es doblemente cruel: somos un país secuestrado por el fascismo imperialista bajo chantaje extorsivo, y a la vez, vivimos chantajeados sin derecho a discutir la gravísima vulneración de nuestra soberanía, menos a criticar y ¡ay de aquel que se atreva a dudar! No se puede dudar -por ejemplo- si el 3 de enero hubo o no complicidad criolla con los agresores extranjeros. Aunque la duda parezca mínimamente razonable, y en un balance serio de tan grave suceso, por lo menos debería entrar en el análisis de inteligencia y contrainteligencia (que no es sinónimo de brutalidad, para aclararle a los “influencers”).

La duda como cuestionamiento es, en las ciencias y la filosofía, el origen de los hallazgos, el móvil de las hipótesis, el camino de las certezas, del saber profundo, del conocimiento humano a través de la historia. No se resuelve la duda desdeñándola. Se resuelve con argumentos y creando convicciones. Se dictan sentencias previas contra estos atributos intrínsecos a la condición humana: la condena: estigmatización, descalificación, exclusión, humillación, descrédito. Hay personas que se lucran en el oficio de verdugos comunicacionales. Lanzan compañeros a la hoguera con un lenguaje que desenmascara ignorancias arrogantes. El castigo fue la reacción inquisidora que quemó vidas, pero no pudo evitar que florecieran las verdades entre las cenizas.

Lo genuinamente revolucionario es la crítica; el chisme es una práctica miserable. Esa cosa entre lo farandulero y lo morboso que llaman “influencer” es obra de la decadencia moral y cultural de la civilización carroñera que le conviene al imperialismo. Siembran cizaña y dividen, exacerban esnobismos individualistas y pretenden chispear odio desde el estercolero donde pululan. ¡Adiós libros, adiós debate entre iguales, adiós análisis político, adiós estudio de la historia y el pensamiento bolivariano! ¡Viva la mediocridad!

Resistámonos al reino de Trump. Abramos y elevemos el debate entre camaradas, es la vía más sana para identificar las diferencias y fortalecer la unidad. La militancia bolivariana sabrá encausar las energías hacia la acumulación de fuerzas y la preparación para próximos retos. No se puede seguir aparentando “normalidad” y muchísimo menos pregonando expectativas economicistas de un optimismo ilusorio. Eso desmoviliza y desencanta. Engaña. “La verdad pura y limpia…es el mejor modo de persuadir”, dice Bolívar, fundamento constitucional de la República.

¡Cuidado con jugar a la ruleta sin sentir el malestar que se contiene en la penosa cotidianidad de los humildes!

Hoy que recordamos al poeta constituyente de nuestra nacionalidad Aquiles Nazoa, honremos los Poderes Creadores del Pueblo, dejemos de lado el “que si patatín que si patatán”, y recitemos con Argimiro Gabaldón: “No permitas que tu dolor se esconda, oblígalo a salir desnudo a que combata…”

Las derrotas desmoralizan y dividen, peor si no se canalizan sabiamente. Todo repliegue o -incluso- retirada, debe hacerse con unas pautas conocidas por los combatientes (no a ciegas o por mero autoritarismo del mando), única forma de garantizar unidad y disciplina, evitando dispersión, confusión y desaliento. Las Proclamas del Libertador dan lecciones en estos asuntos, si hasta entonaba canciones patrióticas en las marchas para animar la tropa. Recordemos los inicios de la Campaña Admirable y el fin de la Segunda República. No podemos permitir que esto llegue a un punto de distanciamiento y desconfianza como el que se vivió en 1828, cuando Bolívar afirmó el 14 de diciembre: “Yo lo temo todo de los que están fuera como de los que están dentro”.

 

Yldefonso Finol

Militante Bolivariano

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