Donald
Trump: la bestia del bullying y el bullship
Punto
previo reiterante: soy de los que estamos convencidos que el imperialismo es
una tendencia a la reacción y la violencia, por lo tanto, no se puede
confiar en ellos ni tantito así, porque, además, son tan cínicos hijos
de cloacas, que están predestinados a plagarnos de miserias en nombre de la
libertad. Hemos dicho.
En
el caso de Estados Unidos, la dictadura del capital adquirió forma de
bipartidismo, mascarada que se encarga de procesar el engaño colectivo de la
democracia burguesa representativa, con alternancia de estilos, pero sin variar
la esencia opresora y hegemonista del sistema. La historia del posicionamiento
imperialista de ese país, es la historia de agresión y despojo de las naciones
originarias y las repúblicas dependientes latinoamericanas y caribeñas. Tal es
el par dialéctico que encierra el proceso en que aún nos debatimos.
Donald
Trump es la expresión del fascismo imperialista global, asociado a vertientes
atroces como el sionismo israelí, para el ejercicio del terrorismo deshumanizante
explícito, y las derechas lacayas que representan el fascismo subalterno,
destructoras de los derechos sociales, y legitimadoras de la cultura de la
sumisión y el supremacismo racial eurocéntrico-anglosajón. Personajes como
Javier Milei en Argentina o la española Díaz Ayuso son dos muestras
nauseabundas de esta categoría.
El
delito transnacional es una necesidad del fascismo imperialista global.
Indultar a un narcotraficante asesino convicto, como Juan Orlando Hernández,
mientras se bombardea a Venezuela y secuestran al presidente Maduro junto a su
esposa Cilia Flores, para juzgarlos con acusaciones falaces, descubre el fariseísmo
inmoral de ese sistema podrido. Al primero lo soltaron para que saliera a ejecutar
una operación criminal internacional auspiciada por una “junta de rabinos”. A
Nicolás lo raptaron para que no siguiera conduciendo el proceso emancipatorio
venezolano, actor clave en la construcción del mundo multipolar (Equilibrio del
Universo) y motor indispensable de la liberación latinoamericana y caribeña.
Trump
juega con Venezuela como el maltratador con su víctima. Se muestra ufano viendo
en directo los bombardeos del 3 de enero. Ofende nuestro gentilicio con
epítetos de toda índole. Denigra de nuestra fisonomía e idiosincrasia como
condimento del plan recolonizador; constantemente manifiesta su menosprecio
hacia lo indígena, afro, hasta lo hispano que forzosamente es parte del
mestizaje de Nuestra América. Llega al colmo ofensivo de equipararse con el
Libertador y especular sobre “su liderazgo” en el país. Un guion burlesco
supremacista contra lo más sagrado de nuestra Historia Patria y el espíritu
colectivo que sustenta la nacionalidad.
Preocupa
mucho que no haya habido respuestas de indignación, salvo algunas voces
individuales, que -extrañamente- parecieran molestar la priorizada armonía
diplomática.
Mientras
la presidenta encargada Delcy Rodríguez hablaba en La Haya sobre la defensa del
territorio venezolano del Esequibo, el mafioso pederasta Trump publicó un mapa
de Venezuela amputándole nuestra Guayana Esequiba, con la mancheta “Estado 51”
y todo manchado con la bandera yanqui. La “anexión” burlona amerita un enérgico
comunicado (más viril que los que emitimos ante los despropósitos del
gobernante guyanés), el llamado a consultas del Encargado de Negocios en
Washington, y una movilización masiva en todas las capitales de municipios del
país rechazando el inaceptable irrespeto del presidente gringo, esa bestia
ególatra adicto al maltrato y las sandeces, al que Xi Jinping despellejó en dos
minutos de numen marxista maoísta.
El
pueblo bolivariano sufre la peor parte de toda esta anómala pesadilla. Tenemos una
herida en el alma patriótica que queremos vengar, con la madurez para entender
los tiempos históricos y las realidades objetivas. Pero no hemos recibido
explicaciones convincentes de la dirigencia, mientras nuestros enemigos saben
todo al detalle, nos espían descaradamente, controlan aspectos exclusivos de la
gobernanza de la República, y son recibidos mimosamente. El pueblo bolivariano no
es objeto manipulable por un puñado que “piensa” y “negocia” por toda la
Patria. Estamos atrapados entre las partidistas “órdenes de operaciones” y las
invasoras “órdenes ejecutivas”. La pérdida de base social alarma. ¡Rectifiquemos
pues! En la teoría leninista del partido, en tiempos de dificultades deben
abrirse las puertas para que entren los más resteados y abnegados. Fue muy
fácil crecer en tiempos de vacas gordas, de relajo y cadivismo. Agradable
alimento para oportunismos y arribismos. La lista de casos es tan grande como
la desvergüenza y el daño causado. Y faltan.
La
paradoja es doblemente cruel: somos un país secuestrado por el fascismo
imperialista bajo chantaje extorsivo, y a la vez, vivimos chantajeados sin
derecho a discutir la gravísima vulneración de nuestra soberanía, menos a
criticar y ¡ay de aquel que se atreva a dudar! No se puede dudar -por ejemplo- si
el 3 de enero hubo o no complicidad criolla con los agresores extranjeros. Aunque
la duda parezca mínimamente razonable, y en un balance serio de tan grave
suceso, por lo menos debería entrar en el análisis de inteligencia y
contrainteligencia (que no es sinónimo de brutalidad, para aclararle a los “influencers”).
La
duda como cuestionamiento es, en las ciencias y la filosofía, el origen de los
hallazgos, el móvil de las hipótesis, el camino de las certezas, del saber
profundo, del conocimiento humano a través de la historia. No se resuelve la
duda desdeñándola. Se resuelve con argumentos y creando convicciones. Se dictan
sentencias previas contra estos atributos intrínsecos a la condición humana: la
condena: estigmatización, descalificación, exclusión, humillación, descrédito. Hay
personas que se lucran en el oficio de verdugos comunicacionales. Lanzan compañeros
a la hoguera con un lenguaje que desenmascara ignorancias arrogantes. El castigo
fue la reacción inquisidora que quemó vidas, pero no pudo evitar que
florecieran las verdades entre las cenizas.
Lo
genuinamente revolucionario es la crítica; el chisme es una práctica miserable.
Esa cosa entre lo farandulero y lo morboso que llaman “influencer” es obra de
la decadencia moral y cultural de la civilización carroñera que le conviene al
imperialismo. Siembran cizaña y dividen, exacerban esnobismos individualistas y
pretenden chispear odio desde el estercolero donde pululan. ¡Adiós libros,
adiós debate entre iguales, adiós análisis político, adiós estudio de la historia
y el pensamiento bolivariano! ¡Viva la mediocridad!
Resistámonos
al reino de Trump. Abramos y elevemos el debate entre camaradas, es la vía más
sana para identificar las diferencias y fortalecer la unidad. La militancia
bolivariana sabrá encausar las energías hacia la acumulación de fuerzas y la
preparación para próximos retos. No se puede seguir aparentando “normalidad” y
muchísimo menos pregonando expectativas economicistas de un optimismo ilusorio.
Eso desmoviliza y desencanta. Engaña. “La verdad pura y limpia…es el mejor modo
de persuadir”, dice Bolívar, fundamento constitucional de la República.
¡Cuidado
con jugar a la ruleta sin sentir el malestar que se contiene en la penosa
cotidianidad de los humildes!
Hoy
que recordamos al poeta constituyente de nuestra nacionalidad Aquiles Nazoa,
honremos los Poderes Creadores del Pueblo, dejemos de lado el “que si patatín
que si patatán”, y recitemos con Argimiro Gabaldón: “No permitas que tu dolor
se esconda, oblígalo a salir desnudo a que combata…”
Las
derrotas desmoralizan y dividen, peor si no se canalizan sabiamente. Todo repliegue
o -incluso- retirada, debe hacerse con unas pautas conocidas por los
combatientes (no a ciegas o por mero autoritarismo del mando), única forma de
garantizar unidad y disciplina, evitando dispersión, confusión y desaliento. Las
Proclamas del Libertador dan lecciones en estos asuntos, si hasta entonaba
canciones patrióticas en las marchas para animar la tropa. Recordemos los
inicios de la Campaña Admirable y el fin de la Segunda República. No podemos
permitir que esto llegue a un punto de distanciamiento y desconfianza como el
que se vivió en 1828, cuando Bolívar afirmó el 14 de diciembre: “Yo lo temo
todo de los que están fuera como de los que están dentro”.
Yldefonso
Finol
Militante
Bolivariano
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