miércoles, 14 de diciembre de 2022

MANIFIESTO DE CARTAGENA: EL PRIMER DÍA DEL LIBERTADOR




MANIFIESTO DE CARTAGENA: EL PRIMER DÍA DEL LIBERTADOR

I

Precedentes

El 26 de marzo de 1812 un fuerte terremoto destruye a Caracas. Los colonialistas con el clero al frente, crean la matriz de opinión de que se trata de un castigo divino por la desobediencia de los criollos contra su rey. Entre quienes dan la batalla de ideas contra la manipulación religiosa, destaca Simón Bolívar, arengando a sus conciudadanos a quienes exhorta a continuar la lucha por la libertad y la independencia aunque se oponga la naturaleza misma.

Ese año, a comienzos de mayo, Bolívar es asignado al mando de Puerto Cabello como comandante político-militar.  El 30 de junio, la guarnición del porteño fuerte de San Felipe, se pronuncia a favor del rey, libera los realistas que allí se hallan presos, y desconocen el gobierno republicano. Fueron seis días de ardua resistencia, donde la traición y la sorpresa obligan a Bolívar a embarcarse hacia la Guaira con los pocos oficiales y soldados leales que le quedaron. El 25 de julio Miranda capitula. Se pierde el primer intento de constituir la República de Venezuela independiente y soberana.

En la medianoche del 30 al 31 de julio un grupo de oficiales patriotas, entre quienes estaba Bolívar, irritados por considerar errada e inconsulta la decisión de Miranda, lo arrestan y apresan en La Guaira. Se proponen continuar la lucha con nuevos mandos y bajo nuevas modalidades. Los realistas atacan y toman la plaza de La Guaira, allí encuentran preso al Precursor Miranda. Fue un muy mal momento para la gesta independentista.

Gracias al gran conocimiento de los caminos rurales, y a las muchas amistades en su región vital, Bolívar consigue mantenerse clandestino en Caracas y sus cercanías. Un amigo personal, el español Francisco Iturbe, logra proveerlo de un pasaporte a condición que debe abandonar el territorio de Venezuela inmediatamente. Pasa a la isla de Curazao, donde se esconde desde el 1° de septiembre hasta mediados de octubre que alcanza zarpar hacia Cartagena.  El 2 de noviembre ya se encuentra en la amurallada Cartagena de Indias.

El autor Santiago Key Ayala narra este suceso con Miranda, ofreciendo este resumen del lamentable evento: “En la prosecución de la guerra, Miranda confía a Bolívar la plaza y el castillo de Puerto Cabello. Un oficial traidor entrega la fortaleza a los realistas. Bolívar defiende como puede la plaza, de los fuegos del castillo. Su tropa acaba por desbandarse, y la plaza queda en poder del enemigo. Desesperado, Bolívar comunica la noticia a Miranda. El Generalísimo dice: Venezuela está herida en el corazón…Traidores insinúan a Miranda la infeliz idea de capitular con el jefe realista. El Generalísimo, creyendo salvar a Venezuela de la venganza enemiga, accede a la capitulación, que, en general, es reprobada por los patriotas. En la capitulación queda garantizada la seguridad de los vencidos. Monteverde, el aventurero afortunado, jefe de los realistas, viola la capitulación. Se impide la salida del territorio a los patriotas que intentan escapar. Bolívar es de estos. El propio Miranda está todavía en tierra. Rumores de traición se alzan contra Miranda. Bolívar es de los que sospechan, injusta, pero sinceramente, del Generalísimo. Indignado, se une a otros, y arresta a Miranda. Pero la verdadera traición viene de otra parte. Todo queda a merced del triunfador. Un español nobilísimo, a quien Bolívar guardará gratitud eterna, se interesa por el joven patriota y obtiene el pasaporte que le permite ausentarse del territorio de Venezuela. Ni Monteverde, ni el generoso Iturbe, sospechan el valor intrínseco ni la importancia futura del joven oficial. Bolívar se va a la Nueva Granada, donde la revolución se mantiene entre dificultades, pero firme. En Cartagena publica un manifiesto, donde explica las causas de la caída de su patria y alerta a los patriotas para que se salven de iguales errores. El documento atrae la atención general sobre Bolívar”.

Estamos hablando del ya famoso Manifiesto de Cartagena, del 15 de diciembre de 1812, pieza prima de la esclarecida mente y prolija pluma bolivariana, donde se hace un balance descarnado de lo ocurrido en Venezuela, se alerta a los pueblos hermanos de los errores potenciales de la dispersión de esfuerzos, y se traza la nueva estrategia de la revolución, que no es otra que reunir la fuerza patriótica bajo un mismo estandarte.

De ese su primer exilio nace la Campaña Admirable. Guerrero sin fronteras, comienza a combatir para otros países, a comandar patriotas de cada rincón suramericano, a liberar pueblos recién conocidos y –con todo ello- a forjar una nueva nacionalidad. Se pone a la orden de Cartagena y la Nueva Granada. Se va forjando a sí mismo como el primer ciudadano de una república por nacer, fundiéndose en su ser la mezcla estratégica de los pueblos que harán posible la proeza. Dicho de otra forma, Bolívar cosecha con su entrega y su liderazgo, la autoridad moral para convocar a las huestes más claras y decididas.  

Del amargo capítulo con Miranda, que la transnacional antibolivariana ha manipulado para tratar de enlodar la gloria de Bolívar, nos legó un párrafo clarificador el historiador cubano Francisco Pividal: “La prisión de Miranda no obedeció a sentimientos innobles como pretenden los calumniadores del Libertador. Si esta imputación hubiera sido cierta, no se explica que Leandro y Francisco, los propios hijos de Miranda, viajaran desde Inglaterra para servir lealmente bajo las órdenes del ilustre caraqueño. Ellos vieron en Bolívar la continuación de la obra de su progenitor”.

Desde similar óptica martiana, mi maestro Raúl Valdés Vivó, considera que de haber existido en los hijos del Precursor la más mínima sospecha contra Bolívar respecto del desdichado destino de su venerado padre, no lo habrían adoptado como “guía espiritual” y protector, ni hubiesen aceptado ser empleados por el gobierno bolivariano, uno como editor de publicaciones y funcionario ministerial, y el otro como primer diplomático destacado en Londres.

Valdés Vivó concluye muy breve y contundente: “Estando Miranda preso de sus propios compañeros, por las intrigas de Peña, pudo ser capturado por los españoles, sin que eso implique que aquéllos lo entregaron. Ninguna prueba hace pensar en tamaña felonía”. (Tomado de La Doctrina Bolivariana. Esencia y Vigencia. Primera Edición. Fondo Nigale. Maracaibo, 2021) 

II

El Primer Manifiesto

Simón Bolívar había salido de Venezuela por La Guaira el 27 de agosto de 1812, vía Curazao, y allí estuvo hasta finales de octubre, cuando se dirigió al Estado de Cartagena, “libre y absolutamente independiente”, según el acta de Independencia del 11 de noviembre de 1811.

Allí redactó su “Memoria dirigida a los ciudadanos de la Nueva Granada por un caraqueño”, renombrado por la historiografía como el Manifiesto de Cartagena, cuya primera edición salió a inicios de 1813.

En este texto Bolívar hace un balance descarnado de la derrota de la Primera República de Venezuela. No dudo en calificar este hito histórico, como el primer acto político de Simón Bolívar por entretejer las luchas de Nueva Granada y Venezuela. Sorprende que en uno de sus últimos párrafos hable de “liberar la cuna de la Independencia colombiana”, idea que resume el propósito central del documento, cual es, convocar a la Nueva Granada a apoyarle en la causa de retomar Venezuela.

La tarea creativa del Manifiesto de Cartagena como alegato político, implica hurgar en las causas de la caída de la Primera República venezolana, extraer lecciones de esa significativa derrota, y formular propuestas, tal es la metodología del revolucionario caraqueño, válida para todo tiempo de aprendizajes en las luchas de liberación.

Busca persuadir “a la América”, anunciando la visión unitaria del todo, que sostendrá durante su insuperable trayectoria: la unidad de los pueblos sojuzgados por el Imperio Hispano como elemento esencial de la fórmula emancipadora frente al viejo colonialismo y los nuevos imperialismos. La recomendación de fondo para evitar repetir el fracaso: corregir “los vicios de unidad, solidez, y energía” de los incipientes gobiernos republicanos.

 

El reflexivo autor, en ejercicio de amarga autocrítica, distingue algunos factores que incidieron en la fallida experiencia venezolana.

1)    Factores políticos

Venezuela adoptó un sistema tolerante, lo que resultó fatal. El ejemplo de Coro: por no doblegarla a tiempo, se le permitió al enemigo envalentonarse.

La falta de una concepción revolucionario vernácula, sólida, coherente, unificada, trajo consigo la creación de “Repúblicas aéreas”, que “han procurado alcanzar la perfección política, presuponiendo la perfectibilidad del linaje humano”.

Se permitió la impunidad de los delitos de Estados, cometidos por los “españoles europeos”, vale decir, blancos peninsulares, funcionariado de altos cargos que detentaban el poder político, militar y religioso. Se perdonaba el delito de lesa patria: “a cada conspiración sucedía un perdón…”, incurriendo en lo que Bolívar caalifica como “clemencia criminal”.

A estas debilidades político-ideológicas, había que sumar las rivalidades localistas que no fueron bien manejadas desde el comienzo del intento independentista, degenerando en guerra civil.

La forma federal como inoportuna traba autoimpuesta. Bolívar fustiga ésta como la peor equivocación: el sistema federal puede ser el más perfecto, pero es “el más opuesto a los intereses de nuestros nacientes Estados”. Esa “confederación lánguida e insubsistente”, facilitó la disgregación de esfuerzos, generando la debilidad intrínseca al mando de la república naciente.

Por último, la falta de cultura política por la condición de súbditos sin la formación ciudadana necesaria, es decir, la ausencia de condiciones subjetivas para asumir la emancipación sin tutelajes feudales, frustró la estructuración del liderazgo que exigía el momento histórico.

Para rematar, el terremoto como determinante de la ruina física y anímica del pueblo, desató las fuerzas oscurantistas representadas por el clero adicto a la monarquía imperial. La campaña sacerdotal contra la revolución se afincaba en la impunidad general que reinaba por la “clemencia criminal” del Congreso; de allí que el levantamiento pro realista de Valencia que provocó miles de muertes, no tuvo el más mínimo castigo.

Resume las causas de la caída de Venezuela así: la naturaleza de la Constitución (federal), el espíritu de filantropía de los gobernantes, la oposición al establecimiento de un cuerpo militar profesional, el terremoto combinado al fanatismo religioso, y las facciones internas, sepultureras de la república.

Propone retomar Caracas desde la Nueva Granada, para evitar que cunda la reacción realista sobre la América meridional.

2)    Factor militar

No crear ejército regular, profesional, y en vez de eso, apelar a improvisadas milicias dispersas sin preparación para la guerra, debilitaron la agricultura y alejaron “a los paisanos de sus hogares”, incrementado la antipatía que muchas familias comenzaron a sentir hacia el liderazgo republicano.

Bolívar lo expone diáfanamente: “El resultado probó severamente a Venezuela el error de su cálculo; pues los milicianos que salieron al encuentro del enemigo, ignorando hasta el manejo del arma, y no estando habituados a la disciplina y obediencia, fueron arrollados al comenzar la última campaña, a pesar de los heroicos y extraordinarios esfuerzos que hicieron sus jefes, por llevarlos a la victoria. Lo que causó un desaliento general en soldados y oficiales; porque es una verdad militar que sólo ejércitos aguerridos son capaces de sobreponerse a los primeros infaustos sucesos de una campaña. El soldado bisoño lo cree todo perdido, desde que es derrotado una vez, porque la experiencia no le ha probado que el valor, la habilidad y la constancia corrigen la mala fortuna.”

3)    Factores económicos

La mala administración, dispendiosa en lo burocrático, ineficaz en lo fiscal, ignorante de las leyes de la economía real versus la financiera, presuponiendo la idoneidad de dinero ficticio, sin respaldo productivo ni validez simbólica, todo ello se complotó contra el sostenimiento de lo verdaderamente prioritario en aquel momento de despegue revolucionario, cual era, el financiamiento sostenido de la guerra y la concentración de los esfuerzos para optimizar su aprovechamiento.

“La disipación de las rentas públicas en objetos frívolos y perjudiciales; y particularmente en sueldos de infinidad de oficinistas, secretarios, jueces, magistrados, legisladores provinciales y federales dio un golpe mortal a la República, porque la obligó a recurrir al peligroso expediente de establecer el papel moneda, sin otra garantía que la fuerza de las rentas imaginarias de la Confederación. Esta nueva moneda, pareció a los ojos de los más, una violación manifiesta del derecho de propiedad, porque se conceptuaban despojados de objetos de intrínseco valor, en cambio de otros cuyo precio era incierto, y aún ideal. El papel moneda remató el descontento de los estólidos pueblos internos, que llamaron al comandante de las tropas españolas, para que viniese a librarlos de una moneda que veían con más horror que la servidumbre.”

4)    El azar

El terremoto del 26 de marzo de 1812 que destruyó Caracas y otras ciudades y pueblos de la República, cambió abruptamente el destino de la gestación del proceso independentista en Venezuela.

En los diversos enfoques ideológicos y científicos para el análisis situacional, se ha mirado con desdén el tema de los azares (y tiene sentido desde la denominada racionalidad occidental); pero en el desarrollo de reinterpretaciones de los procesos históricos, deslastrados de prejuicios cientificistas, aplicando visiones holísticas a la luz de las diversas civilizaciones, no son descartables las ocurrencias de fenómenos azarosos capaces de torcer el rumbo a historias mínimas o totalizantes.  

En un artículo de 2009 me atreví a incorporar el azar como parte dl carácter multdimensional de lo humano. “Los azares son situaciones casuísticas, contingencias que suceden todo el tiempo en todas partes pero que nos tocan en lo personal o grupal según circunstancias fortuitas. Tienen tal grado de complejidad y diversidad como de inverosimilitudes y misterios. Son expertos generadores de perplejidades en el ser humano, y junto a las fuerzas naturales que son parte de las determinaciones, han sido los responsables de las más disparatadas creencias, supersticiones, mitos, credos y leyendas. El azar no es más que la ocurrencia de hechos no previstos que modifican el devenir inmediato de un fenómeno, que pudiera ser desde la simple agenda diaria hasta la historia de la humanidad.” (Artículo “Teoría mutidimensional de lo humano”, varios sitios web, 2010)

El futuro Libertador, apela sabiamente a argumentos lógicos con uso de categorías matemáticas, aplicadas al análisis político para hacer más convincentes sus conclusiones: “Aplicando el ejemplo de Venezuela a la Nueva Granada, y formando una proporción, hallaremos: que Coro es a Caracas, como Caracas es a la América entera: consiguiente- mente el peligro que amenaza este país, está en razón de la anterior progresión; porque poseyendo la España el territorio de Venezuela, podrá con facilidad sacarle hombres y municiones de boca y guerra, para que bajo la dirección de jefes experimentados contra los grandes maestros de la guerra, los franceses, penetren desde las provincias de Barinas y Maracaibo hasta los últimos confines de la América meridional.”

Bolívar calcula que la pérdida de España a favor de los franceses, podría provocar una migración de españoles influyentes, entre militares y sacerdotes de todos los niveles, que influirían grandemente en la población local contra el proyecto independentista, fortaleciendo las fuerzas realistas en el continente. El llamado a no subestimar un punto focal, basado en la experiencia venezolana con Coro, tenía absoluta pertinencia.

En la prognosis de los escenarios probables, Bolívar hace una panorámica de la coyuntura internacional, como acostumbrará en su método de análisis situacional, precisando la correlación de fuerzas y los intereses de las partes más involucradas en nuestro devenir como proyectos de repúblicas soberanas. Prevé lo inconveniente de carecer de una marina de guerra, factor que se pondrá en cruda evidencia con la invasión de Pablo Morillo en 1815.

Propone también pasar a la ofensiva antes que quedarse a esperar un ataque enemigo desde los territorios vecinos quedando forzados a la lucha defensiva en los territorios liberados que serían azotados por la destrucción de la guerra.

Estima que la entrada de fuerzas patrióticas despertará el ánimo de los que ansían liberar a Venezuela, que se sumarían por miles a la causa, y predice la toma de Caracas “sin haber dado una batalla campal”. Desea entrar a Maracaibo por Santa Marta (idea que mantuvo hasta su intento de 1815) y por Cúcuta hacia Barinas.

Su proclama desesperada parece contener el sentimiento de frustración y dolor que lo embargó con la pérdida de Puerto Cabello, pero en plena lucha contra sus propios demonios para sobreponerse a las ruinas anímicas que nunca lo vencieron: “Corramos a romper las cadenas de aquellas víctimas que gimen en las mazmorras, siempre esperando su salvación de vosotros: no burléis su confianza: no seáis insensibles a los lamentos de vuestros hermanos. Id veloces a vengar al muerto, a dar vida al moribundo, soltura al oprimido y libertad a todos.”

Así habló en Cartagena el alma libertadora del más vigente Libertador de todos los tiempos.

 

Yldefonso Finol

Historiador Bolivariano

 

 

 


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