viernes, 23 de diciembre de 2022

EL ROLLO GRINGO CONTRA VENEZUELA: del 23 de diciembre de 1817 primera invasión antibolivariana...

 





El rollo gringo con Venezuela: del 23 de diciembre de 1817 primera invasión antibolivariana, a una “ley” que mancilla el nombre del Libertador

Mucho se dice que Estados Unidos no tiene amigos, sino, intereses. Pues ya sería tiempo que en Venezuela no tuviera ni una cosa ni la otra. (Y en ningún país de Abya Yala)

Si en esa sociedad hubiese un mínimo de virtud, un hálito de decencia, lo único que deberían sentir por Venezuela es agradecimiento, con mayúsculas; porque todo lo que lograron en el siglo XX fue gracias a “nuestro” petróleo y a la clase trabajadora venezolana. (Hablo con sarcasmo, no con ingenuidad)

Ellos expresan con mucha sensibilidad social su “espíritu de la Navidad”: organizan exterminio de pueblos originarios, martirizan cuerpos esclavizados, provocan golpes de Estado, bloquean las economías de países vecinos, aprueban leyes para amargar la pascua de personas que en nada les molestan a ellos: las bestias rubias que advirtió Sandino.  

Se cumplió un siglo este 14 de diciembre del “Reventón del Barroso” (por cierto, sin pena ni gloria entre la dirigencia nacional), aquella erupción de óleo fósil que emergió de las entrañas del Lago Maracaibo en orillas de Cabimas, que significó la entrada protagónica de nuestro país en el mercado de hidrocarburos a nivel internacional. Pienso en tantos trabajadores sacrificados en las complicadas faenas exploratorias, productoras y refinadoras, y siento que hay una deuda moral y material muy grande; pienso en nuestro lago añú Tinaja del Sol, y sufro el inmenso daño ambiental causado (que no cesa).

Fueron los gringos, sin ninguna duda, los principales beneficiarios de esa riqueza natural que los dictadores y politiqueros entregaron principalmente al capital yanqui, más una parte al anglo-holandés.

La parasitaria burguesía criolla, sobre todo la central-capitalina, también se vaciló sus privilegios manejando la telaraña burocrática como bien lo sabe hacer desde Páez (¿o desde la Colonia?) para acá.

Las calles del barrio La Rosa de Cabimas, sede de Los Barrosos, son un desastre de arenas y aguas servidas; como la Falcón-Zulia sigue siendo una callejuela rural. Nada que ver con Las Mercedes y Chuao, y la autopista del Centro; extrapolemos la comparación con la Gran Manzana, Wall Street, y la interestatal 95 en la costa este de USA, para reiterarnos en la conclusión de que el saqueo colonialista no concluyó con la Guerra de Independencia que libraron los ejércitos de Simón Bolívar.

En la racionalidad imperialista anglosajona, expresada en un diciembre de 1823 como Doctrina Monroe, las gentes de Abya Yala somos considerados algo menos que súbditos, y la única “actitud” permitida, es la sumisión.

I

El 23 diciembre de 1817 se produce la primera arremetida bélica abierta de Estados Unidos contra el Proyecto Bolivariano: ese día invadieron la recién creada República de Florida en la Isla Amelia.

Siguiendo la obra del Presidente del Centro Fidel Castro, el historiador René González Barrios, encontramos que “en 1817 La Florida era territorio español. Con el fin de contrarrestar el poder de España en la región y crear una base avanzada para satisfacer necesidades logísticas y militares de su ejército, Bolívar envió ciento cincuenta bravos patriotas venezolanos a tomar isla Amelia, en la desembocadura del río Saint Mary, al norte de Jacksonville, y fundar la República de Florida, acción que se consumó el 29 de junio de ese año. Los comandaba el general Gregorio Mac Gregor, valiente escocés, fiel y devoto del Libertador. Aún Venezuela no era completamente independiente, pero el Libertador tenía planes estratégicos. La nueva República de Florida, pondría en peligro la hegemonía de España en el área porque –según Pividal- “esta se vería obligada a sacar de México sus fuerzas para proteger a Cuba o abandonar ésta para proteger a México”.

Continúa González Barrios en su antológico libro Cruzada de Libertad: Venezuela por Cuba (Ed. Verde Olivo, 2005): “Los patriotas venezolanos estaban convencidos del importante servicio que esta plaza ofrecería a los independentistas de todo el continente, sobre todo, porque albergaban las esperanzas de que se levantaría como punto seguro para el comercio militar con Estados Unidos. España no hizo mayores esfuerzos para reconquistarla. Estados Unidos se ocupó de ello. El presidente Monroe había calificado el hecho como “simple aventura privada y sin autoridad”…Cinco días después de quedar instaurada la República de Florida con capital en Fernandina, la flota venezolana confiscaba en los mares del Caribe sur, las goletas norteamericanas Tigre y Libertad, por comerciar pertrechos de guerra con las fuerzas españolas en Venezuela. El gobierno de Estados Unidos se sintió insultado y ofendido. No podía tolerar tamaña osadía. Primero, una República independiente en sus narices, establecida por una “potencia extranjera”; y segundo, la confiscación de dos de sus buques que violaban las leyes de neutralidad que supuestamente Estados Unidos observaba en el conflicto suramericano.”

Sigue González Barrios, todo un experto en historia de la guerra de liberación cubana: “Se sucedieron entonces, a una velocidad increíble, declaraciones amenazantes e incidentes que tuvieron como colofón el apresamiento e incendio del buque venezolano Tentativa por el capitán norteamericano John Elton, comandante del crucero de guerra Saranac. Por esos días fue que Bolívar, respondiendo a amenazas de funcionarios norteamericanos, declaró: “lo mismo es para Venezuela combatir contra España que contra el mundo entero, si todo el mundo la ofende”. “El 23 de diciembre de 1817, fuerzas navales y terrestres norteamericanas invadieron isla Amelia, ocuparon Fernandina y disolvieron la República de Florida. Poco después, en 1819, adquirieron de España la península a cambio de un pasivo de cinco millones de dólares.”

II

Duelo epistolar y punto de inflexión

“Pividal informa en su obra clásica sobre Bolívar como precursor del pensamiento antiimperialista, que “cuando el gobierno republicano de Venezuela dispuso –por decreto del 6 de enero de 1817, publicado incluso en los Estados Unidos- el bloqueo de Guayana y Angostura, los buques mercantes norteamericanos hicieron caso omiso y burlaron sistemáticamente el bloqueo. En ese mismo año fueron capturadas por las fuerzas marítimas de Venezuela las goletas norteamericanas Tigre y Libertad, cuando llevaban recursos bélicos a los realistas”.

Este episodio da pie a un ejemplarizante duelo epistolar entre El Libertador Simón Bolívar y el agente gringo Bautista Irvine, diplomático de Estados Unidos destacado en Venezuela.

El 20 de agosto de 1818, escribe Bolívar a Irvine: “Si es libre el comercio de los neutros para suministrar a ambas partes los medios de hacer guerra, ¿por qué se prohíbe en el Norte? ¿Por qué a la prohibición se le añade la severidad de la pena, sin ejemplo en los anales de la república del Norte? ¿No es declararse contra los independientes negarles lo que el derecho de neutralidad les permite exigir? La prohibición no debe entenderse sino directamente contra nosotros que éramos los únicos que necesitábamos protección. Los españoles tenían todo cuanto necesitaban o podían proveerse en otras partes…Mr. Cobbett ha declarado en su semanario la parcialidad de los Estados Unidos a favor de la España en nuestra contienda. Negar a una parte los elementos que no tiene y sin los cuales no puede sostener su pretensión cuando la contraria abunda en ellos, es lo mismo que condenarla a que se someta, y en nuestra guerra con España es destinarnos al suplicio, mandarnos a exterminar”.

Las notas hipócritas y prepotentes del espía yanqui no se hicieron esperar, pero serían jaqueadas por la pluma encendida del ilustre guerrero venezolano: “protesto a usted que no permitiré que se ultraje ni desprecie el Gobierno y los derechos de Venezuela. Defendiéndonos contra la España ha desaparecido una gran parte de nuestra población y el resto que queda ansía por merecer igual suerte. Lo mismo es para Venezuela combatir contra España que contra el mundo entero, si todo el mundo la ofende”.

Más claro no canta un gallo, dice nuestro pueblo. Bolívar comienza a tener conciencia de que con aquel país no sólo no se contaba como posible aliado, sino que definitivamente, era un enemigo con el que tarde o temprano habría que enfrentarse.

Como afirma Pividal, “la tendencia expansionista y hegemónica de los Estados Unidos habría de encontrar su contrapartida en el ideal bolivariano”. También en este aspecto el bolivarismo adquiere la condición de doctrina que sustenta la igualdad de las naciones y el rechazo a toda pretensión de hegemonía en el continente americano.

El salto a una nueva fase de la visión bolivariana sobre Estados Unidos, comenzó a gestarse un quinquenio más tarde de sus quejas de Kinstong y par de años tras los sucesos de Tigre y Libertad en el Orinoco; particularmente con los conceptos emitidos en la carta precitada del 25 de mayo de 1820, dirigida a José Tomás Revenga, que continúa así: “Yo no sé lo que deba pensar de esta extraordinaria franqueza con que ahora se muestran los norteamericanos: por una parte, dudo, por la otra me afirmo en la confianza de que, habiendo llegado nuestra causa a su máximo, ya es tiempo de reparar los antiguos agravios. Si el primer caso sucede, quiero decir, si se nos pretende engañar, descubrámosles sus designios por medio de exorbitantes demandas; si están de buena fe nos concederán una gran parte de ellas, si de mala, no nos concederán nada, y habremos conseguido la verdad, que en política como en guerra es de un valor inestimable. Ya que por su anti neutralidad la América del Norte nos ha vejado tanto, exijámosle servicios que nos compensen sus humillaciones y fratricidios. Pidamos mucho y mostrémonos circunspectos para valer más…”

Los antagonismos entre la visión bolivariana de una América Hispana independiente, unida y, por tanto fuerte, comenzaron a chocar de frente con la predisposición de los patriarcas blancos protestantes, esclavistas y usurpadores de territorios y bienes de los pueblos originarios a quienes masacraron, que llegaron a temer tanto como a aborrecer la  integración planteada por Bolívar, la misma que comenzó a materializarse en acuerdos y tratados que incluían –como era de esperar- lo militar. Esto sabían los gringos por el espionaje constante a que sometieron el proceso del parto libertario indoamericano.

Tal lo fue intuyendo Bolívar, que comenzó a enviar las instrucciones sólo con oficiales de extrema confianza, al tiempo que le recomendaba a Urdaneta y Sucre, hacer lo suyo, cuidando que los correos viajasen rápido y bien resguardados de los enemigos de fuera y dentro. Se lo dijo a Urdaneta, su más leal General. Sabe que están detrás de sus cartas: “temo que en estas circunstancias mis cartas sean sorprendidas”.

Estados Unidos temía y odiaba en Bolívar el propósito central de crear una sociedad diametralmente opuesta a la deseada por los “padres fundadores”: “Era preferible entonces que la débil España permaneciera dueña de sus colonias en América y que se aplazara la independencia de estos territorios hasta que los Estados Unidos estuvieran en condiciones de enfrentar a Inglaterra por el dominio (económico) del continente”; porque sentían que se les venía encima “la amenaza que representó para su sistema esclavista que las revoluciones al sur del continente comenzaran a incorporar a los programas de lucha la abolición de la esclavitud”. (Pividal)

Le temían a estas “locas e indigestas” ideas: “Legisladores, la infracción de todas las leyes es la esclavitud. La ley que la conservara sería la más sacrílega. ¿Qué derecho se alegaría para su conservación? Mírese este delito por todos los aspectos, y no me persuado que haya un solo boliviano tan depravado, que pretenda legitimar la más insigne violación de la dignidad humana, ¡Un hombre poseído por otro! ¡Un hombre propiedad!”.

Tal es el programa bolivariano para una nueva humanidad. Por eso, era lo más lógico que los que planeaban apoderarse del continente y luego del planeta, lo adversaran. Más, cuando ese pequeño cuerpo que guardaba un humano gigante en valores, tenía entre sus ideas revolucionarias, sobre las que legisló y puso en práctica de gobierno haciendo palpable su compromiso: derechos de los indígenas, fin de la esclavitud en general (y de los africanos en América en particular), derecho a la educación popular, soberanía estatal de las minas y otros bienes del suelo patrio, entre otras.

Estados Unidos combatió a Bolívar vivo y muerto, y junto a la comparsa de envidiosos, intrigantes y traidores que le acecharon, trató de matarlo física y moralmente, en vida y ya difunto. Valga el realismo mágico.

Desde el 10 de diciembre de 1810, muy temprano, los Estados Unidos trazaron su estrategia del cinismo como política de Estado hacia las nacientes repúblicas nuestroamericanas. Pividal cita la resolución conjunta del Congreso yanqui, donde queda demostrada la hipocresía utilitarista del Norte: “los revolucionarios de Hispanoamérica enfrentarían solos el poderío español y cuando hubieran alcanzado la independencia, si la alcanzaban, los Estados Unidos concurrirían entonces a exigirles lo que debía corresponderles. Como pago, accederían al reconocimiento”.

Claro que las encontrarían destrozadas por las guerras, con sus arcas públicas no sólo agotadas sino comprometidas, y las oportunidades de negocios les serían favorables a “los que siempre quieren más”. (Tomado del libro La Doctrina Bolivariana. Esencia y vigencia. Y. Finol, 2021)

Todavía en 1823, días antes de la bicentenaria Batalla Naval de Maracaibo, nuestras fuerzas marinas detuvieron barcos gringos con armamento para el genocida Francisco Tomás Morales. Y en diciembre de ese año, el azote de la soberanía indoamericana James Monroe, lanzó su doctrina imperialista que hoy han aplicado en el parlamento gringo, aprobando un “ley” oprobiosa, inaceptable, írrita, pero que sirve para poner al descubierto la malsana relación que aspiran tener estos malnacidos con los pueblos invencibles de la Abya Yala bolivariana.

 

Yldefonso Finol

 

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