EL FASCISMO SUBALTERNO en América Latina y el
Caribe: engendro de la dominación imperialista
Yldefonso Finol/Monte Ávila Editores Latinoamericanos/FILVEN
2025
Un libro de gran relevancia en nuestra actualidad, que
recupera las raíces teóricas que definieron al fascismo desde sus inicios en
Italia, Alemania y oros países de Europa, reivindica el marxismo
latinoamericano y la teoría de la dependencia como instrumentos paradigmáticos
de emancipación y -dato importante-, incorpora el pensamiento nacional
revolucionario venezolano, comenzando por el bolivarianismo, como antídotos a
la ofensiva recolonizadora imperialista de signos fascistizantes.
Como bolivariano que es, fundamentalmente, además de su
formación marxista-leninista desde muy joven, Finol se atreve a proponernos una
heterodoxia epistémica que nos convoca a conmovernos con el testimonio al pie
de la horca de Julius Fucik, a enfilarnos en la resistencia armada con un
soneto de nuestro Aquiles Nazoa, y a debatir las posiciones optimistas -y las
cautelosas- de las principales voces del marxismo en las décadas de 1930 y
1940.
Los clásicos, comenzando por Marx, Engels, Lenin, Gramsci,
Dimitrov, Trotsky, Rosa Luxemburgo, Mao Zedong, entran con sus idas originales
a darle sustento ideológico e histórico al debate qua aún es necesario dar. Más,
definidos el contexto teórico-histórico del surgimiento y crecimiento del
fascismo, se abre paso al aporte diverso del marxismo latinoamericano la teoría
de la dependencia para alimentar la comprensión del modelo fascista desatado en
América Latina y el Caribe al influjo de la Doctrina de Seguridad Nacional del
imperialismo estadounidense.
Pero el libro El Fascismo Subalterno tiene el propósito de
descifrar la existencia de un fascismo que no nace como sentimiento de
hegemonía etno-nacional ni tiene aspiraciones imperiales, lo que representaría
una negación -o una deformación inaceptable- del fenómeno ultraderechista
europeo de la primera mitad del siglo XX.
El Fascismo Subalterno -también caracterizado como
dependiente, subordinado, neocolonial- es definido como una estrategia de
opresión política desarrollada por Estados Unidos para controlar al continente
latinoamericano y su archipiélago caribeño. Este fascismo fue instrumentalizado
por Estados Unidos en Nuestra América a través de sus “escuelas” militares y
operaciones de espionaje y contraespionaje durante la mal llamada “Guerra Fría”.
En muchos países instauraron dictaduras abiertamente fascistas subordinadas y
neocoloniales como en Chile, Argentina, y antes Brasil y Uruguay. Infestaron Centroamérica
con regímenes militares genocidas y escuadrones de la muerte. El mapa de nuestra Abya Yala se tiño de sangre
con las dictaduras (Operación Cóndor) y prácticas fascistizantes como la
proliferación de manuales de torturas y las desapariciones, que en el caso venezolano
fueron traídas por los agentes de la CIA Luís Posada Carriles y Orlando Bosh. ¿No
fue acaso la masacre del 27-28 de febrero un paréntesis fascista en la
Venezuela de la opulenta democracia petrolera?
El pensamiento emancipatorio de Nuestra América se hace
presente con las ideas de Fidel Castro, Hugo Chávez, Juan Bosh, Agustín Cueva,
Britto García, Edmundo Aray, Julio Cortázar, los aportes del uruguayo Rodney
Arismendi, el mexicano Leopoldo Zea, el chileno Osvaldo Fernández, Darcy Ribeiro,
entre otras voces luminosas que vivieron y enfrentaron al fascismo subalterno
en pleno apogeo.
Yldefonso Finol expone en su libro, presentado recientemente
en la FILVEN 2025 por el ministro de cultura de Venezuela Ernesto Villegas, fue
calificado por éste como “un texto fundamental para el conocimiento del
fascismo en sus raíces históricas y en sus manifestaciones actuales, es una
herramienta para la lucha que ofrece luces para las masas y algunos dirigentes que
pueden estar confundidos”.
En la Tercera Parte “El Fascismo como verdugo del amor y
del arte”, el libro se adentra en la lucha por la espiritualidad, donde el
fascismo pone en práctica técnicas atroces contra sus oponentes y -a la vez-
desarrolla una creencia, un mito cohesionador de las masas nacionales, para
imponer la cultura de la sumisión al capitalismo sea privado o estatal, porque
el corporativismo es una herramienta del fascismo que le permite colocar la
producción en todos los órdenes al servicio de la extinción de la resistencia
popular y las guerras con fines expansionistas. El fascismo logra destruir la
red amorosa que los pueblos tejen en sus relaciones cotidianas de familia,
trabajo, creación, esparcimiento, para suplantarlas -a la fuerza bruta y la
propaganda preconcebida con tal propósito- por la egolatría al caudillo junto
con fascinación por la ficción del supremacismo racial y la ambición de la
hegemonía sobre otros pueblos y nacional.
A esto Finol opone la visión del bolivarianismo considerándolo
“un antídoto contra el fascismo”, por tres fortalezas propias de la Doctrina
Bolivariana que son fundamentales: una que por sí sola bastaría, venida de
aquella máxima expresada a Sucre, que reza “el gran poder existe en la fuerza
irresistible del amor”; la segunda que toda la Gesta Bolivariana -y por tanto
su legado- es una poderosa obra anticolonial, el antiimperialismo es uno de los
tres componentes más definitorios de la Doctrina del Libertador; y, una tercera
fortaleza antifascista del bolivarianismo como movimiento político que propugna
una nueva sociedad es el equilibrio entre bien común y el buen vivir. Bolívar
lo resumía: “Yo antepongo siempre la comunidad a los individuos”.
Recatar las aportaciones originales, incluso pioneras en
algunos temas como la descolonización epistemológica, del Congreso Cultural
Cabimas 70 y de publicaciones emblemáticas de aquellos años de lucha contra el
fascismo subordinado a los “regatones” yanquis, es otra virtud de este libro
que, en medio de la vorágine destructora de la inteligencia humana y del etéreo
campo de batalla por el control del universo cognitivo, recomendamos leer y
compartir.
Colectivo Cacique Nigale
Agosto 2025
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