jueves, 6 de agosto de 2020

La Batalla de Boyacá

 

La Batalla de Boyacá en el siglo XXI: Bolívar contra plagiarios y traidores

Introito

Canta Amaury Pérez en una triste canción: “Debe ser triste negar a la familia, detestar los vecinos, los hermanos…”, y aunque se está refiriendo a una muchacha desdichada que perdió su “frágil papalote”, pareciera aludir a todo eso que hoy mencionan con el anglicismo “hater”.

Las gentes odiadoras (¡ay la mala gente!), víctimas de sí mismos, de sus envidias, sus fantasmas, sus resentimientos, suelen arrastrar a otras personas al espinal envenenado donde se revuelcan atormentados. Debe ser triste para estos miserables de espíritu tener que plagiar a sus seres odiados, tener que inventarse una épica y una heroicidad inexistentes. Debe ser muy triste para los santanderistas saberse plagiarios de proezas ajenas para tratar de convertir en héroe a un traidor. Algo más terrible aún, tener que vivir creyéndose sus mentiras, y someterse permanentemente a la pesadilla de conseguir por todas partes la gloriosa verdad del odiado venezolano que les regaló una patria.  

 

I

Ser un guerrero aguerrido y jefe de tropas, o ser un organizado oficinista con labia leguleya, no bastan para ser genio militar, líder revolucionario y estadista. Ni Páez ni Santander reunieron las virtudes para ser considerados héroes. Los méritos que alcanzaron en tres lustros de guerra, fueron enlodados por las miserias humanas en que incurrieron para hacerse del poder. Traicionaron (desde las sombras) al Libertador, uno execrándolo en su país natal, y el otro intentando asesinarlo; pero también traicionaron el proyecto emancipador, entregándose a la megalomanía, el enriquecimiento degradante, e instaurando gobiernos opresores del pueblo que ganó la Independencia.  

La victoria definitiva de las fuerzas patriotas sobre el ejército español en Nueva Granada y Venezuela fue posible gracias a las gestiones de Bolívar que hicieron posible la Expedición de los Cayos y la Campaña de Guayana que dio vida a la Tercera República de Venezuela, cuyo Presidente lleva la independencia a la Nueva Granada.

El 18 de Febrero de aquel glorioso 1819, El Libertador había sido nombrado Presidente de la República de Venezuela, y ese mismo día quedó aprobado en primera discusión su proyecto de Constitución. Tres días antes, Bolívar expuso sus ideas fundamentales ante la representación nacional; el Discurso de Angostura, como se le conoce a esta magnífica pieza oratoria, es el resumen más condensado de la reflexión creadora del Libertador, donde están contenidas las bases doctrinarias de la ideología que profesa el fundador de un Mundo Nuevo en el “Nuevo Mundo”. Independencia y soberanía, república, democracia, ciudadanía, igualdad social, abolición de la esclavitud, cultivo de la moral pública, fomento de las virtudes humanas, educación pública: tales son las categorías de la sociedad que propone construir con radiante originalidad.

Una especie de empate técnico entre las fuerzas que pugnaban dentro del territorio venezolano, más un sinfín de entorpecimientos que los localismos y celos de Mariño y Arismendi le opusieron a sus planes en el Oriente, habendo comisionado al General Rafael Urdaneta para mediar, sumadas a las trabas caudillistas de Páez, hacen que El Libertador Presidente conciba un giro estratégico que cambiaría definitivamente la correlación a favor de su campaña totalizante de liberación.

Militarmente Bolívar veía la ruta llanera por Apure, Arauca y Casanare como pista para acercarse a Bogotá, aunque tuviesen que saltar el Ande empinado para caerle de sorpresa a un enemigo más numeroso y bien equipado. Sus instrucciones las comenzó a girar temprano. Siempre secretas y sólo compartidas con sus oficiales de extrema confianza. Con mil fusiles, municiones, pertrechos y hasta uniformes, dotó la que sería su vanguardia en la operación que concebía secretamente. Ésta debía formarse a partir de guerrillas que actuaban dispersas en Casanare, para lo cual, con mucho tacto por conocer ciertos celos chauvinistas, designó al coronel cucuteño Francisco de Paula Santander, previo ascenso a General de Brigada. Sin embargo, no le confió su plan.

Se trataba de un cambio sorpresivo del teatro de la guerra. Fue así que comenzó a mover su ejército hacia el suroeste llanero, mientras daba instrucciones secretas a algunos oficiales. En el hato de Cañafístula afirmó su histórica decisión en carta del 20 de mayo a Santander, en la cual le decía: “Para ejecutar una operación que medito sobre la Nueva Granada, conviene que reúna todas sus fuerzas en el punto más cómodo y favorable para entrar en el interior inmediatamente que reciba usted las órdenes que le comunicaré, luego que haya formado el plan y coordinado los movimientos entre ese cuerpo y los demás que deben cooperar a la empresa…me limito a indicarle el movimiento para que se prepare y a encargarle con el último encarecimiento el secreto, sin el cual nada podrá hacerse”.

Recordemos que Bolívar venía maquinando esa estrategia desde hacía tiempo. Él conocía el territorio neogranadino desde que recorrió la ruta del Magdalena desde Cartagena a Cúcuta en su célebre Campaña Admirable. Luego de la caída de la Segunda República de Venezuela en 1814, volvió a servir en el país vecino sometiendo la disidencia de Cundinamarca a solicitud del gobierno replegado en Tunja.

De manera que cuando diseña el Paso de los Andes -salvando el intrincado camino montañoso- tiene en su mente la imagen de un escenario andado, un espacio cabalgado, un mapa sobre el cual su creativa genialidad ha ido dibujando la secuencia de acontecimientos más tarde consumados con éxito.

En el Resumen de la Historia de Venezuela (Tomo I), escrito a pocos años tras la muerte del Libertador, Rafael María Baralt ya denuncia la intención de robarle a Bolívar las más sublimes páginas de su epopeya: “El empeño insensato de atribuirse glorias ajenas ha hecho decir a algunos hombres, ora que habían sugerido al Libertador el pensamiento de esta operación, ora que ya en Casanare quería éste variar de plan y a ellos se debió que siguiese el primitivo. Miserias todas de la vanidad…”. Valiente el maracaibero al haberle dado esa bofetada con guante de seda al caudillo que reinaba en Venezuela.

O acaso ¿quién trajo a Santander a este plan? ¿Quién lo ascendió a general dándole la tarea específica de asumir la guerrilla que ya existía en Casanare? ¿Quién decidió que esa fuerza sería la Vanguardia de la magna operación pensada en el delirio de Casacoima? ¿Quién dotó –con la ayuda diligente de Urdaneta- los mil fusiles y demás pertrechos para crear esa División? ¿Quién dispuso el momento en que debía moverse al pie de monte para desde allí emprender el tortuoso ascenso? ¿Quién ordenó a Santander absoluto secreto desde las primeras órdenes? ¿Quién ordenó silencio absoluto a Santander instruyéndole que los detalles se los informaría confidencialmente a través de un oficial de suma confianza que –en el momento indicado- se los entregaría en persona?

Y a Páez, ¿quién, a sabiendas de su renuencia de sumarse a la aventura alejándose del “feudo” llanero, le ordenó hacer un avance con sus tropas en dirección Cúcuta?

Bolívar puso a rodar el rumor que su ejército iría hacia Nueva Granada por Cúcuta, pero su plan secreto era ir por Casanare, escalar los Andes y saltar como cóndor sobre Bogotá. El Libertador ordena a Páez moverse en dirección Cúcuta para “llamar la atención del enemigo, cortarle sus comunicaciones con Venezuela, abrirlas conmigo y mandar partidas hacia Mérida, tanto para aumentar nuestras fuerzas allí, como para observar los movimientos del enemigo”. Le instruía al llanero que facilitara para las “tropas de mi mando las frazadas, mantas y vestidos que puedan necesitar, pues su desnudez no será fácil cubrirla” (otra prueba de la determinación de atravesar los páramos). En vano le expuso las penurias que podían padecer sin auxilio en alimentos y armas, porque Páez hizo caso omiso de su misión.

 

II

Entonces, ¿con qué leyendas estos dos grises personajes se quieren plagiar la gloria?

Santander contrató cagatintas para que narraran una versión de su “heroísmo”. Desplegó con saña una campaña internacional de calumnias contra El Libertador. Él mismo predicó chismes ruines en Europa, que autores interesados convirtieron en “historias” de Colombia e Hispanoamérica; con apoyo del gobierno de Estados Unidos, para quienes trabajaba desde 1824 seducido por la Doctrina Monroe y las remesas en dólares, diseminó crónicas y noticias manipuladas a través de su amanuense Lorenzo María Lleras, mismo que en 1834 se encargó de expulsar de Bogotá a Manuela Sáenz.  Este adicto a Santander acusaba a Bolívar de estar “plagado de pensamientos comunes, puerilidades despreciables, y crímenes atroces”, y encabezaba pasquines por encargo de su patrón con expresiones propias del odio patológico que éste le contagió: “Nadie duda ya, ni en Colombia ni en los países extranjeros, que el General Simón Bolívar es criminal”. Eran los engendros de la red de espionaje desarrollada especialmente por el Departamento de Estado con tipos como Tudor en Perú, Harrison en Bogotá y Poinsset en México, para destruir la unidad y autodeterminación latinoamericana. 

Páez, por su parte, se dio el lujo de halagarse con una fastuosa autobiografía, concebida -¿casualmente?- en su dorado exilio neoyorquino.  

¿En qué cabeza cabe que estos dos traidores concibieran una sola idea de grandeza? El uno nunca consideró la lucha de Ecuador y Perú como suya, por eso las saboteaba. El otro ni siquiera quiso ir a luchar en el vecindario. Ninguno de los dos es autor de transformaciones sociales significativas, ni nunca vieron más allá de sus narices y bolsillos. Por cuenta de ambos, con visiones tan mezquinas y parroquiales, la independencia habría sido retrogradada por las fuerzas realistas desde el virreinato del Perú y las fortificadas islas caribeñas.

Solamente Bolívar junto a leales compañeros como Girardot, Urdaneta, Sucre, Silva, Lara, Anzoátegui y Manuela Sáenz, tuvieron la grandeza de mirar al continente como teatro de operaciones, en la convicción que la presencia de cualquier reducto español constituía un peligro acechante, y que sólo la libertad de todos haría viable la libertad de cada uno, y sólo la unidad nos daría la fortaleza para ser invencibles y soberanos.

Sólo Bolívar encarnó el protagonismo colectivo con que nuestros pueblos alcanzaron la gloria, traicionada por las castas políticas que asaltaron el poder para hacerse siervos del nuevo imperialismo.  

La autoría bolivariana de todas las campañas emprendidas con su liderazgo quedó ampliamente registrada en sus obras escritas, cartas, manifiestos y proclamas, particularmente ésta que culminó en la Batalla de Boyacá asegurando la liberación de la Nueva Granada y su incorporación efectiva a la República de Colombia fundada a orillas del Orinoco en la ciudad de Angostura, hoy Ciudad Bolívar.

En esas aguas de la Patria Grande, proclamó el 15 de agosto de 1818: “! Granadinos! El día de la América ha llegado, y ningún poder humano puede retardar el curso de la naturaleza guiado por la mano de la Providencia. Reunid vuestros esfuerzos a los de vuestros hermanos: Venezuela conmigo marcha a libertaros, como vosotros conmigo en los años pasados libertásteis a Venezuela. Ya nuestra vanguardia cubre con el brillo de sus armas provincias de vuestro territorio, y esta misma vanguardia poderosamente auxiliada, ahogará en los mares a los destructores de la Nueva Granada. El sol no completará –aquí el pronóstico casi mágico- el curso de su actual período sin ver en todo vuestro territorio altares a la libertad”.

Augusto Mijares valora que “la campaña del Libertador en 1819 tiene la apariencia…de un salto prodigioso, análogo a los de César o Napoleón cuando ascendían, y la victoria de Boyacá parece así mismo un golpe de garra semejante a los de aquellos genios militares; pero su verdadero sentido, lo más fascinante de ella, está en aquellos largos años de prueba, de sufrimiento y de coraje que la precedieron. Y que son también los que identifican plenamente a Bolívar con los soldados cuyas penalidades compartía. Que él no era sino uno de ellos, y que él y ellos corrían arrebatados por un mismo destino a realizar la independencia de América, es una convicción que repite numerosísimas veces. Profundamente sumergido en lo colectivo, aquel Federico es ante todo, y sólo quiere ser, un criollo americano”. 

Daniel Florencio O’leary narra un pasaje en el que se lee con diáfano diagnóstico la actitud que mantuvo El Libertador en toda la travesía: “Un cúmulo de incidentes parecía acumularse para destruir las esperanzas de Bolívar, que era el único a quien se veía firme, en medio de contratiempos tales que el menor de ellos habría bastado para desanimar a un corazón menos grande. Reanimaba las tropas con su presencia y con su ejemplo, hablábales de la gloria que les esperaba y de la abundancia que reinaba en el país que marchaban a libertar. Los soldados le oían con placer y redoblaban sus esfuerzos”. 

 

III

“¡Dios te bendiga, fantasma!”, le dijo una señora humilde el 10 de agosto a las 5 de la tarde cuando Bolívar tomó tranquilamente su Bogotá: “Yo estuve presente —escribió Pablo Carrasquilla— cuando llegó el Libertador a palacio. Desmontó con agilidad y subió con rapidez la escalera. Su memoria era felicísima, pues saludada con su nombre y apellido a todas las personas que había conocido en 1814. Sus movimientos eran airosos y desenfadados. Tenía la piel tostada por el sol de los llanos, la cabeza bien modelada y poblada de cabellos negros, ensortijados. Los ojos negros, penetrantes, y de una movilidad eléctrica. Sus preguntas y respuestas eran rápidas, concisas, claras y lógicas. Se informaba sobre los pormenores del suplicio del doctor Camilo Torres y el de don Manuel Bernardo Álvarez. De este último dijo que él le había pronosticado, el año 14, que sería fusilado por los españoles. Su inquietud y movilidad eran extraordinarias. Cuando hablaba o preguntaba, cogía con las dos manos la solapa; cuando escuchaba a alguien, cruzaba los brazos”.

¡Cuántos oportunistas se esmeraron en bañarse en esa playa oceánica de gloria!

El General español Pablo Morillo, desde Caracas, escribe al rey un pesimista balance: “El sedicioso Bolívar ha ocupado a Santa Fe y el fatal éxito de esta batalla ha puesto a su disposición todo el reino y los inmensos recursos de un país muy poblado, rico y abundante, de donde sacará cuanto necesite para continuar la guerra en estas provincias, pues los insurgentes, y menos este caudillo, no se detienen en fórmulas ni consideraciones. Esta desgraciada acción entrega a los rebeldes, además del Nuevo Reino de Granada, muchos puertos en el mar del Sur, donde se acogerán sus piratas; Popayán, Quito, Pasto y todo el interior de este continente hasta el Perú quedan a la merced del que domina a Santa Fe, a quien, al mismo tiempo, se abren las casas de moneda, arsenales, fábricas de armas, talleres y cuanto poseía el rey nuestro señor en el virreinato. Bolívar en un solo día acaba con el fruto de cinco años de campaña, y en una sola batalla reconquista lo que las tropas del rey ganaron en muchos combates”.

No fue “en un solo día”, señor conde de Cartagena, fue por lo menos un año, desde que lo pensó y comenzó a concebir esta operación, pasando el peligroso llano anegado y las cúspides gélidas, hasta vencer a los necios que lo fastidiaban.

 

Yldefonso Finol

Economista e historiador bolivariano

Cronista de Maracaibo

 

viernes, 31 de julio de 2020

OBRA GANADORA DEL CERTAMEN MARACAIBO CIUDAD DE CRONISTAS Y BARDOS



Datos del autor:
Nombre: Heberto Antonio González  Ferrer
Cédula de identidad: 4.147.551
Obra: Décimas 


1.    MALDITO IMPERIO ASESINO
(Décima Acróstica con sílabas)

Maldito   Imperio asesino
Difusor   de la maldad
Tortura   la humanidad
Imponiendo   un cruel destino.
Pero   ese gran pueblo chino
Rió   ante sus agresiones
Anuló   aquellas sanciones
Sentido,   Trump le atacó
Si   viral guerra ordenó
No   pensó en repercusiones.

2.    RETOÑA EL MUNDO

Ahora que se están cayendo
Todas las bolsas del mundo
Tiembla el Imperio iracundo
Su sistema se está hundiendo.
Y el ambiente renaciendo
Pues la contaminación
Merma por esa inacción
De industrias y capitales
Un mundo sin esos males
Retoña en Revolución.

3.  CUMPLIENDO CON CHAVEZ
     (Décima Tautograma)

Cubreboca colocado
Cumpliendo conscientemente
Compatriota consecuente
Colabora con cuidado.
Cualquier caso contagiado
Comunícalo corriendo
Con cautela, conteniendo
Cuarentena cumpliremos
Casa cerrada cuidemos
Con Chávez, coño,...cumpliendo.

martes, 28 de julio de 2020


Este es mi país. Este es mi mapa. Mis desvelos por un mundo mejor ocurren en este mapa. Mi amor mis entregas mis frutos mis dolores mis alegrías mis sueños mis muertos mis recuerdos mis anhelos mis cuentas pendientes mis cafés mañaneros mis arepas mis hamacas mis rones y cocuy mis pabellones mis caimaneras mis amistades mis detractores mis vigilias mis venganzas mis serenatas mis libros mis poetas mis heroinas mis ancestros mis cepillaos mis guarapos mis mareos en el páramo mis hipnosis frente al mar mis delirios bajo el sol mis manías mis llantos mis espíritus mis pesadillas mis batallas mis historias mis compromisos mi vida. Todo está aqui, en este mapa: mi afinque para construir una nueva humanidad.

viernes, 24 de julio de 2020




El Cronista de Maracaibo
informa a la colectividad sobre los resultados del certamen literario
MARACAIBO CIUDAD DE BARDOS Y CRONISTAS

Ganador único en el renglón Décimas
Heberto González
Quien presentó una alta coherencia temática, creatividad, adecuado uso del lenguaje, exigencia métrica y discurso poético, además de agregar composiciones gráficas y de compleja elaboración que engalanaron sus décimas.

Mención Especial a
Joaquín Carrasquero
Por el compromiso social latente en sus versos y la adecuada utilización de la exigente métrica de la espinela.

Diploma Honorífico (Post Mortem) a:
Mario Villasmil
Maestro decimista prolijo y comprometido, que dedicó toda una vida al cultivo de los valores humanos que exaltan la venezolanidad. Poeta nato con fuerte vocación popular y patriótica, quien hasta sus últimos días colaboró con la concepción y realización de diversos eventos decimeros nacionales e internacionales, incluido este certamen.

Las otras menciones se declararon desiertas, y en vista de la poca participación, no se cumplieron las expectativas para realizar una publicación antológica. La obra ganadora será difundida por los mismos medios a través de los cuales se hizo la convocatoria.
Agradecemos a todas las personas que participaron y les animamos a continuar haciendo sus aportes literarios y solidarios en pro de una mejor sociedad.

Yldefonso Finol
En Maracaibo, a los 24 días del mes de julio de 2020
A 237 del Natalicio del Libertador Simón Bolívar

La Primera Batalla de Maracaibo la libró el pueblo Añú en noviembre de 1573 derrotando al invasor español Alonso Pacheco que huyó a Trujillo. La Segunda fue en julio de 1823, donde trunfaron las tropas bolivarianas de Manuel Manrique y José Padilla sobre el último tirano extranjero Francisco Morales. Hoy se cumplen 197 años de esa victoria que selló la Independencia de las actuales Repúblicas de Colombia y Venezuela.