domingo, 23 de febrero de 2020


Mara, Maracay, Maracaibo: nuevas verdades de la toponimia originaria
Ser hijo del municipio Mara, único con ese nombre en Venezuela, siempre nos hizo sentir un sano sentimiento de orgullo. Toda la familia marense ama el topónimo que mantuvo viva la historia de un cacique legendario llamado Mara. También la palabra Moján es única en la nombradía geográfica venezolana, repitiéndose en algunos parajes colombianos con otra connotación. Ya escribí sobre eso a comienzos en 2009, pero resumo brevemente que Moján viene del añún nuku Mohán, “el espíritu de las aguas”. También por esos días expliqué que Toa es la “piedra caliza” y Zapara “mi mar, salado mar”, en el mismo idioma de los originarios añú del lago Maracaibo (Tinaja del Sol).
En un mapa-plano de 1774, titulado “Plano del Saco, Barra, Laguna y Fortificaciones que existen a la entrada del Puerto de Maracaibo”, de autor desconocido, aparecen por primera vez reseñadas las ubicaciones de Moján, y, en grafo algo difuso, por la caligrafía de la época y la vejez del documento, la isla de Toas, que parece escrita con una hache intercala, Toha o Toan. Zapara, en cambio, siempre fue muy nombrada por los españoles y su nombre se lee en los mapas desde 1707, por lo menos. En otro mapa de 1786 que está en el Museo Naval de Madrid, ya aparece El Moján, precedido de su artículo, y Tohas, con hache intercalada, pero en plural.
Pero ser nativo de Mara, pequeño emporio de todos los paisajes, con ríos, mar, lago, montañas y bellas tierras para todas las artes de la agricultura, también nos creó desde niños la curiosidad por el significado de estas mágicas palabras que no eran importadas, sino que venían desde el lejano pasado raigal de nuestras propias ancestralidades.
¿Qué significará Moján? ¿Qué quiere decir “Mara”? eran preguntas que me perseguían en cada etapa de la escuela, en cada rincón del liceo, en cada tertulia hogareña, y hasta en las farras trovadoras con la amistad que canta y celebra. Es que la estirpe orillera del estuario maracaibero porta en su sangre el gen Arein, especie de energía especial para la creación poética y musical, un impulso indetenible a expresarnos estéticamente con un alma desbordada en sensibilidad. Si, Arein es verbo y sustantivo espiritual que el Lago Patria regaló al pueblo añú para que le cantase y glorificase con la excelsa poesía.
La búsqueda de respuestas ha sido larga, tortuosa, a veces solitaria y dolorosa. Sin embargo, en el camino la satisfacción por la luz y las develaciones encontradas va justificando los esfuerzos. Ya puedo concluir que sé el significado del topónimo de mi pueblo y por carambola, el de otras localidades del país. Mara es la tinaja y kai es el sol. Maracay y Maracaibo son tocayas: Tinaja del Sol. El sonido “bo” que las diferencia no es original de aquí. Puede haber resultado de la castellanización errada o alguna pronunciación caprichosa de los extranjeros que se establecieron en la región tras la invasión de 1529 en adelante; incluso, pudiese ser un préstamo del tupi-guaraní como expliqué en un estudio de 2018 que más abajo transcribo. La certeza de lo que afirmo me viene de la constatación de que en el añú ancestral no existe el fonema “v”, ni su versión labial “b”. Por eso también hemos sostenido que la palabra Venezuela no es de origen indígena como algunas voces han intentado argumentar. No existe en las lenguas de la región el vocablo “ve” ni menos el sufijo “zuela”.
Pero volviendo al asunto inicial de este pronunciamiento, no tengo dudas de la conclusión sobre Mara, Maracay y Maracaibo. Ahora bien, las maravillas no se acaban y el estudio sistemático y sostenido de nuestra historia fundamental nos va deslumbrando. Permítanme agregar al debate un elemento verdaderamente sorprendente. En un documento viejísimo sobre las encomiendas y misiones religiosas, he encontrado el nombre de un cacique o principal de un pueblo ubicado en las inmediaciones surorientales del Lago, probablemente en la vía que conduce a Puricaure y Carora, llamado Maracaimo. Este hallazgo me tiene en vilo, representa la mayor aproximación documentada que conozco sobre la palabra Maracaibo, y su escritura me resulta muchísimo más veraz en correspondencia con los idiomas autóctonos de la biorregión maracaibera.   
Maracaimo tiene absoluta pertinencia en términos de esta investigación, del objetivo de explicarnos los significados de nuestras más raigales nombradías. Maracaimo –nombre maravilloso- nos permite diseccionarle en tres monemas muy clásicos del idioma añú: Mara, kai y mmo, que traducen “tinaja”, “sol”, y “tierra” simultáneamente. La etimología nos lleva a amalgamar los tres significados en uno nuevo, complejo y compacto a la vez: Tierra de la Tinaja del Sol. Nunca mejor nombre para la Patria Añú.
Paso de dejarles mis apuntes de septiembre de 2018, para continuar esta conversación con nuestras legítimas raíces soberanas:
Según Alfredo Jahn: “Todos los cronistas que han descrito los grupos aborígenes del Lago, están de acuerdo en reconocer que la denominación de Maracaibo fue tomada por los españoles del nombre de un importante cacique o principal que tenía dominio sobre la mayoría de las poblaciones indígenas del Lago (Simón, 1882, pp.37. Oviedo y Baños, 1940, pp. 22. Aguado, 1950, pp. 37. Arguellez y Párraga, 1579, pp. 157. Oviedo y Valdez, 1959, pp.) Según otros autores como Crevaux, la denominación de Maracaibo provendría del vocablo indígena “Maracai”, el cual significa “tigre” (Crevaux, 1883, pp. 446). Por su parte, Ernst sugiere que el término podría derivar del vocablo indígena “Maracayar-mbo”, el cual significa “pie de tigre” (Ernst, 1914, pp. 7)”.
Adolfo Salazar Quijada señala que “no se conoce a ciencia cierta el motivo, ni el significado exacto de esta voz que, desde sus comienzos sirvió de nombre a la actual capital del estado Zulia. La versión de Mara…cayó, no es más que una especulación popular, que ha tomado fuerza por la dificultad de la ciencia toponímica para explicar su etimología con precisión. El nombre de Maracaibo, aparece en la cartografía histórica del Zulia desde el año 1552, con una ortografía casi invariable. Un estudio toponímico a profundidad es necesario para saber el origen y significado del enigmático nombre de Maracaibo; sin embargo, existe la versión del doctor Adolfo Ernst, quien señala que esta voz significa en lengua guaraní y Caribe mano de tigre, cuestión que se habrá de precisar mejor”.
Este autor presenta dos posibles significados de “Mara”: “Mara es voz Caribe con que se denomina a un árbol maderable, cuyas ramas gruesas y tronco están casi todo el año desnudos de hojas, por lo que se le conoce más comúnmente con el nombre de indio desnudo (bursera simaruba). Mara, también es voz Caribe con que se denomina a una especie de canasto”.
El Hermano Nectario, escribe: “Sobre el origen del nombre de Maracaibo, los historiadores han emitido opiniones en las cuales la imaginación campea a veces más que la documentación histórica”.
Dice Nectario que “algunos han creído acertar en el significado de “Mano de Tigre” que dan al vocablo Maracaibo, al apuntar que Maracayar, en idioma Guaraní, significaría tigre o jaguar, y el sufijo bo, mano; mientras otros, con Juan de O’Leary, citado por Carlos Medina Chirinos, afirman que en Guaraní la voz Maracaibo quiere decir “río de los loros”…Esto evidencia que, para poder acertar en la recta interpretación de este y otros nombres, el conocimiento de la lengua de los Onotos sería requisito indispensable”.
El muy acucioso Nectario María da con la clave del asunto: el conocimiento del idioma del pueblo originario de Maracaibo, que él reincide en llamar –como los que llegaron con Alfinger- Onotos, pero que son los Añú, mal llamados Paraujanos. En cierto modo reconoce la imposibilidad de descifrar el asunto: “Por carecer totalmente de documentos y bases para el estudio de este idioma, no podemos formular un criterio acertado, lo cual nos obliga a reservar nuestro asentimiento sobre el valor de las interpretaciones expuestas, que sólo se dan con carácter informativo”.
Respecto del lago, el primer nombre hispano con que lo bautizó Ojeda, fue San Bartolomé. La palabra Maracaibo –en la escritura invasora- comenzó a usarse a partir de la invasión de 1529: “En la boca del lago estaba una isla situada más arriba de la de Toas, y a la cual los indios decían Maracaibo, por ser el nombre del jefe o cacique principal de aquella isla”.
El grupo de Alfinger llamó al lago “de Nuestra Señora”, por la coincidencia del 8 de septiembre con la Natividad de la Virgen. Sigue Nectario: “con el nombre de Maracaibo, los Pemones-Bubures del sur del lago designaban a una de sus poblaciones situada a la orilla de un río principal, probablemente el Zulia”.
Detengamos un momento la atención en estos dos últimos párrafos, y destaquemos el hecho de que los españoles escucharon la palabra Maracaibo en diversos lugares del lago. Primero la oyeron entrando por la actual isla San Carlos, luego en la angostura del estuario en alguna orilla del municipio Mara, y, para rematar, también se las pronunciaron en el sur del lago. ¿Qué deberíamos inferir de estas “coincidencias”? Que Maracaibo no es el nombre de un punto específico en el lago, sino la denominación ancestral del Lago mismo.
Hemos indagado en la etimología de la palabra y en la complejidad del término, notando su aproximación al vocablo “Maraca”, que guarda gran relación con Maracay y Maracapana. Esta voz Maraca tiene una similar connotación en guaraní y taíno: instrumento musical de percusión hecho con cáscara de calabaza y rellena de semillas secas. Es la imitación humana del cascabel de la serpiente del mismo nombre.
Por eso versioné en el año 2000 la tesis que vincula el nombre de Maracaibo con la abundancia de especies ofídicas en el bosque seco tropical de la planicie circundante. “Al sur horizonte iba aquella expedición comercial entusiasta guiada serenamente por el gran cacique Maarak, líder de la lacustre nación Añú, que gobernaba bajo el influjo del tótem de la serpiente cascabel, en nombre del clan Maarak’iwo, que daba el nombre a la región de los que viven sobre el agua”, se lee en las primeras líneas del Cacique Nigale y la ocupación europea de Maracaibo.
Mara o Maraca son vocablos cuyo estudio debemos seguir profundizando a la luz de las últimas investigaciones sobre el añúnnuku, idioma de los añú. Un hallazgo que me sorprendió gratamente, lo encontré en los apuntes de Alfredo Jahn, antropólogo que visitó los pueblos “paraujanos” como jefe de una comisión del gobierno nacional entre 1910 y 1912, regresando por voluntad propia en los lapsos 1914-1917 y 1921-1922.
Jahn realizó un cuadro comparativo de los idiomas indígenas del occidente, y en el caso añú logró recoger los sonidos “Hara o Mara”, que traduce vasija de barro o tinaja. Este aporte ha trastocado toda mi apreciación del verdadero significado de Maracaibo, ya que el prefijo “Mara” es la mitad del topónimo lacustre que nos ocupa; pero aún si tomásemos los dos fonemas como una sola palabra compuesta, el sonido “Marahara”, mal escuchado, mal pronunciado y mal recordado por los invasores –que no eran precisamente lingüistas- bien pudiera ser el origen de Maracaibo.
La arqueología etimológica de la palabra, nos asombra con la causalidad –que no casualidad- de que en la cosmovisión añú, civilización acuática que tiene por hábitat ancestral al estuario, la forma cóncava de la vasija y su función vital como recipiente de agua y alimento, reproduce la forma y función del Lago, como dador de todo sustento material y espiritual.
Esta raíz “Mara” la encontraremos relacionada a Maracay, lugar adosado al lago de los Tacariguas, y a Maracapana, que también es un sitio pegado a un reservorio de aguas, en este caso al Golfo de Paria.
No se trata de simples coincidencias; estamos en presencia de un sustantivo venido del tronco común de los idiomas originarios de la fachada costera del país, vale decir el arahuaco, más los aportes caribe venidos casi siempre del tupi-guaraní, como el caso de “paráa”, que es el mar o una aglomeración de aguas.
Rescatemos entonces la aportación de Lizandro Alvarado que en su obra Glosario de voces indígenas, reseña la palabra “mara” como aguadera, según conoció de su uso por indígenas del oriente venezolano, entre los que se cuenta a los guaqueríes de costas anzoatiguenses y de Paraguachoa (Isla Margarita).
Conclusión, el significado de Maracaibo como fusión de “mara”: tinaja y “kai”: sol, es “tinaja del sol”. El sufijo “mbo” es impronta caribe, y lo encontramos en Paramaribo, Tacuarembó, y otras localidades suramericanas, jugando el papel de señalador geográfico.

Yldefonso Finol
Cronista de Maracaibo

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