jueves, 23 de julio de 2026

Entrevista de Clodovaldo Hernández con Yldefonso Finol sobre la Batalla Naval de Maracaibo

 


Entrevista con Clodovaldo Hernández

Yldefonso Finol: “Sólo después de la Batalla Naval del Lago hubo capitulación española”

El historiador, economista, escritor y constituyente zuliano (El Moján, 9-11-1959) reivindica la importancia medular de esta confrontación que ocurrió 25 meses y 61 combates después de la Batalla de Carabobo

C. H. -Tal vez por un enfoque de la historiografía caraqueña, siempre se habla de la Batalla Naval del Lago de Maracaibo como si hubiese sido el epílogo del proceso de Independencia, y un epílogo, igual que un prólogo, algo que uno lee si quiere. Bajo una visión más amplia, es un capítulo con su propia naturaleza, con su propio derecho. ¿Cierto?

Y. F. -La historiografía dominante, la que se impuso desde la colonia y a la que se dio continuidad en la república burguesa dependiente, desde Páez para acá, nos enseñó la historia ajustada a sus intereses. Se mantuvieron los cánones del eurocentrismo y de la supremacía colonialista. El mismo Bolívar reconoció que con tanto esfuerzo solo se había logrado la independencia política. El resto quedó pendiente, y entre esos asuntos pendientes, está el cambio cultural, el que más cuesta llevar a cabo porque tiene que partir de una decisión consciente de la dirección de la sociedad. Si no se toma esa decisión, se mantienen los mitos impuestos por la opresión. Esa forma de ver la historia y la cultura en general (episódica, homocentrista, patriarcal, eurocéntrica, muy al gusto estético de lo grecorromano, de la belleza del occidente europeo) se mantiene presente después de la Independencia, y condiciona a esa poquita historia que nos enseñaron para perpetuar la cultura de la sumisión de las mayorías populares. Quienes tuvimos acceso al sistema educativo si acaso aprendíamos algo, fue la Pinta, la Niña y la Santa María, la Madre Patria… Ese enfoque, basado en la mirada positivista de la historia siguió predominando en la época republicana y nos dijo, por ejemplo, que “Carabobo selló la Independencia de Venezuela”. Ese es uno de los mitos republicanos, parecidos a los mitos alienantes del colonialismo. Pretenden apoyarlo en una idea que Bolívar expresó en el Parte de la Batalla de Carabobo, cuando dijo que, con esa victoria espléndida, se lograba el nacimiento político de la República. Él no dijo que “selló la Independencia”, sabía que todavía faltaba liberar el sur de la Nueva Granada y la Gobernación de Quito (Ecuador). De hecho, si vamos a hablar de frases de Bolívar sobre las batallas que marcaron el cierre del dominio español en Venezuela, tenemos que remitirnos a una carta que escribió en Trujillo (Perú) el 22 de diciembre de 1823, donde afirma que “la guerra del norte se ha acabado con la capitulación de Morales”. Cuando dice “el norte”, está hablando de aquella Colombia que él quería construir, a la que luego los historiadores le inventaron el nombre de Gran Colombia, que no se utilizó oficialmente en su momento, ni tuvo personalidad jurídica. Y al referirse a “la capitulación de Morales” se refiere a la rendición del último Capitán General español que fue derrotado en el Zulia (como también dimos de baja al primer gobernador colonial, el agente alemán Ambrosio Alfinger, en el Sur del Lago). Todo eso ha sido tergiversado por la historiografía paecista, entendiendo como tal aquella republiqueta que continuó siendo un brazo de la neocolonia, la opresión oligárquica, que no buscó desarrollar un modelo societario diferente, que nos condenó a la dependencia y que estableció un régimen de injusticia contra el que se alzó Ezequiel Zamora. Ese fue el plan de la oligarquía que se montó en el prestigio militar de Páez para convertirlo en peón de aquel proyecto, al punto de que, viniendo de donde venía, terminó convirtiéndose en un burgués, pendiente del piano, de la vida neoyorquina y del francés. Páez era un tipo muy ladino, muy mentiroso.

C. H. - ¿Cómo rebatir esa visión de la historia de la Batalla Naval del Lago?

Y. F. - Con datos. Para empezar, después de Carabobo no hubo capitulación del enemigo. Ganamos en muy buena lid aquella Batalla Gloriosa, pero después de esa batalla están registrados 61 combates solo en el territorio de lo que hoy es la República Bolivariana de Venezuela. De esos, 52 fueron en tierra con ejércitos, infantería y caballería; 6 fueron navales y 3 fueron acciones de sitio. Eso ocurrió entre el 24 de junio de 1821 y la Batalla Naval, el 24 de julio de 1823, es decir, 25 meses en total. En el interín, no solo hubo ese conjunto de acciones militares, sino también varias situaciones políticas complejísimas. Bolívar estaba en la Campaña del Sur. Era tan evidente que aún no se había derrotado a los realistas, que en algún momento Santander le pidió a Bolívar que regresara porque le tenía pánico a Francisco Tomás Morales, que ya había logrado llegar hasta Bailadores y amenazaba con avanzar hacia Bogotá, entrando por Cúcuta, cosa que pudo ocurrir, de no ser porque Urdaneta se fue hasta Táriba e hizo que Morales se regresara esmollejao para Maracaibo. Por eso se habla de la Campaña del Zulia, porque fue un proceso de disputa por todo este territorio que culminó definiéndose en las aguas del lago Tinaja del Sol, que es el significado de Maracaibo en el idioma del pueblo añú.  

C. H. - ¿Cómo fue que los españoles, derrotados en Carabobo, lograron retomar el control de Maracaibo, que no era cualquier zona, sino una extensa región con una posición geográfica absolutamente estratégica?

Y. F. - El proceso es largo. Los españoles no estaban en poder de Maracaibo para 1821, cuando ocurre Carabobo. Si lo estaban de Caracas. Maracaibo era republicana desde el 28 de enero de ese año, cuando triunfó la estrategia conspirativa que trazó Urdaneta, con un trabajo de inteligencia muy fino, que incluyó la construcción de bongos (embarcaciones un poco más grandes que las piraguas) con las abundantes maderas del sur del Lago y el tejido de una red popular revolucionaria. Esa insurrección ocurre apenas dos meses después de la firma del Tratado de Regularización de la Guerra, que se hizo en Trujillo, entre Bolívar y Morillo. La insurrección provocó la ruptura del armisticio, por eso digo, irónicamente, que ese tratado duró más que los botones de hueso. El Pronunciamiento de Maracaibo es el punto crítico del reinicio de la guerra en 1821. La ruptura del armisticio es lo que desemboca en la Batalla de Carabobo. Esto nos lleva a otra de las grandes mentiras de la historiografía centralista, la que dice que Maracaibo se incorporó tardíamente a la República. Eso es absolutamente falso: Maracaibo se incorporó precozmente porque el día que llegó Alonso de Ojeda al Golfo de Venezuela, el 24 de agosto de 1499, hubo enfrentamiento armado y lo dice el propio Américo Vespucci en su carta de 1500. De una forma fanfarrona, cuenta que los indios los recibieron a flechazos y que ellos los cañonearon y “luego probaron el filo de nuestros fierros”. Nosotros nos alzamos contra los invasores desde el día que llegaron. Pero, además, Urdaneta ganó la plaza de Maracaibo aplicando lo que Sun Tzu en El arte de la guerra, llama la victoria perfecta, que es la que se logra sin derramamiento de sangre y sin destruir la planta física. Él lo logró con los patriotas locales que estaban alzados desde 1802 con una organización clandestina llamada “Hijos de Maracaibo”, renombrada en 1808 como “Hijos de Cristo”. Ese grupo lo encabezaba Juan Evangelista González, a quien Urdaneta designó gobernador de Gibraltar, en el sur del Lago. Con los bongos que construyeron, enviaron al Batallón de Tiradores la noche del 26 de enero de 1821 hacia Maracaibo para declarar la insurrección. En tiempo récord, Urdaneta logró reunir en Maracaibo una fuerza de 2 mil efectivos, que llegó a ser un tercio del ejército que combatió en Carabobo. Se integraron el Batallón Tiradores, el Batallón Maracaibo creado con residentes que se presentaron voluntarios, y que llegó incluso hasta las grandes batallas del Sur, como Ayacucho y el Portete de Tarqui; y trajo por barco y otra parte por la Guajira, desde Santa Marta, al Batallón de Rifles y a los Húsares de la Guardia, saliendo el 30 de abril de 1821 rumbo a Carabobo, pero antes, en el camino, el 9 de mayo de ese año, liberó Coro por primera vez desde que habían llegado los conquistadores. El Congreso creó el 3 de octubre de 1821 el Departamento Zulia, que incluía las provincias de Maracaibo, Coro, Trujillo, Mérida y la gobernación de la Grita (actual Táchira), es decir, que iba desde la comarca de Cumarebo hasta Táriba, era muy extenso.

C.H. - ¿Cómo fue, entonces, que Maracaibo recayó en manos realistas?

Y. F. - Recordemos que, tras la derrota, el jefe de los españoles en Carabobo, Miguel de la Torre, logró atrincherarse en Puerto Cabello, aprovechando una zona amurallada y artillada y en contacto por mar con la flota realista. Y no eran cuatro pelagatos. Llegaron a reunir a 4 mil 200 efectivos entre los que tenían en Puerto Cabello, una parte que se había ido por el llano y pudo regresar por Borburata y algunas guerrillas muy fuertes y peligrosas, como la del francés Pedro Luis Inchauspe en la región de Coro. Recibieron auxilios desde Cuba y Puerto Rico por vía marítima. Además, sabían que el Departamento Zulia estaba desguarnecido, con apenas 1 mil 700 efectivos en marzo de 1823, pues las tropas fueron enviadas a la Campaña del Sur. Entonces movilizaron esas tropas que estaban en Puerto Cabello, que eran muy preparadas y fogueadas, habían llegado con Morillo en aquella expedición terrible de 1815. Allí estaba Morales, que fue segundo de Boves, es decir, que estamos hablando de un criminal, un genocida sanguinario, antivenezolano a rabiar, que conocía todo el territorio y había cometido los más grandes desmanes después de la batalla de Aragua de Barcelona, donde se pasó por filo a 3 mil personas que emigraron de Caracas. Era un tipo muy prepotente, que después de la muerte de “el Taita” no quiso que nadie más lo mandara. Por eso tuvo problemas con La Torre y con Ángel Laborde (el que comandó la armada española en la Batalla del Lago). Montó una tropa de unos mil 400 hombres, con los barcos que tenía en Puerto Cabello y se lanzó hasta Cojoro, península de La Guajira, desembarcó y avanzó por tierra, pero envió los barcos hacia el golfo, para que los patriotas creyeran que la tropa iba a llegar en las naves. En su movimiento por tierra hubo batallas en Sinamaica, cerca de El Moján, en el río Limón y llegó a las afueras de aquella Maracaibo de apenas 40 mil habitantes, por la vía desde el Moján, al lugar llamado Salina Rica. El 7 de septiembre de 1822, logró derrotar al intendente, Lino de Clemente, en la Batalla de Salina Rica. Previamente, en abril, había tomado los Puertos de Altagracia, donde fusiló a Domitila Flores y a Mercedes Alaña y mandó a azotar, montada sobre un burro, a Ana María Campos, todas heroínas nacionales. Por eso lo he señalado de misógino y feminicida. Hizo dos intentos de invadir Maracaibo. Uno, por el norte, con un grupo comandado por el lugareño Juan Ballesteros, y otro por el sur, por el río Manglar, hoy llamado Cañada de Morillo. Clemente resistió contra los que venían por allí y envió al norte al batallón Tiradores, dirigido por el comandante cubano José Rafael de las Heras, muy cercano a Urdaneta, Héroe de Carabobo, uno de los libertadores de la Patria y de Maracaibo en particular. En esa Batalla de Juana de Ávila -por el nombre del hato donde se desarrolló el 24 de abril de 1822-, los patriotas ganan, pero el Comandante de Las Heras falleció en el combate fortuitamente. Todo eso pasó antes de que el 7 de septiembre de 1822, Morales tomara Maracaibo. Luego, cuando lo logró se envalentonó y por eso fue a dar hasta Bailadores. Ya tenía a Coro y Maracaibo y quería dominar todo el departamento.

C. H. - El almirante José Prudencio Padilla, uno de los protagonistas de la Batalla Naval del Lago, tuvo luego un triste y polémico fin. ¿Sobre este personaje influye también la visión centralista de la historia?

Y. F. - Seguiré hablando con absoluta franqueza, sin maquillar nada. La historiografía antibolivariana se encargó de marginar a Manuel Manrique (verdadero vencedor de Morales), a Pedro Lucas Urribarrí, a Felipe Baptista, a Tomás Vegas, nuestras heroínas y, extrañamente, a ensalzar a Padilla, al punto de que, en Maracaibo, la avenida más importante del centro de la ciudad se llama Libertador, y la segunda, Padilla. Se le intentó cambiar el nombre a Avenida Urdaneta, y los antibolivarianos pegaron el grito al cielo. Al segundo puente sobre el lago le iban a poner Padilla. Yo le envié una carta a Chávez con mi libro sobre el cacique Nigale y Chávez le cambió el nombre, aunque igual, los encargados de la obra se robaron los cobres y no la hicieron. El flagelo de la corrupción que tanto daño nos ha hecho. No quiero restarle ni un gramo de mérito a Padilla, pero el relato hay que leerlo con cuidado y pasarlo por el tamiz de las emociones, del que perdió, el que ganó, el que está despechado, el que está picado. Lo cierto es que los méritos que hizo como hombre de la armada, los tiró por la borda al dejarse enredar por Santander en intrigas plagadas de bajas pasiones. Hoy, cierto padillismo que pulula por ahí, es antibolivariano y proimperialista. Un documento fundamental es el de Rafael María Baralt, una persona muy culta, con formación militar, que tuvo la oportunidad de presenciar el combate. Luego hay que tener en cuenta a los demás autores serios que han trabajado el tema, como Eljuri, Vargas, Nava Urribarí y Jurado Toro. La estrategia de cruzar la barra y entrar al lago con los barcos de la Armada republicana, la diseñó Mariano Montilla, el comandante general de las fuerzas patriotas en el Departamento del Magdalena, que era toda la costa caribe colombiana de entonces. Él había vencido a los realistas en Cartagena y Santa Marta, y por eso Bolívar decidió que fuese él quien se encargara de esta acción contra Morales, en una fase de la guerra que, como lo vislumbró Pedro Briceño Méndez, sería fundamentalmente marítima. Montilla incorporó a navegantes como Renato Beluche y Nicolás Joly. A otro que se le debe dar crédito es a Pedro Lucas Urribarrí, que era un marinero vergatario. Se robó un barco de la Armada española en las islas Canarias y se lo trajo para acá, a lo arrecho. Lo persiguieron los españoles hasta la mitad del Atlántico. Y Felipe Baptista era un marino mercante que luego se incorporó a la Armada. Los investigadores españoles del Archivo Histórico Naval dicen que Montilla consultó a unos indios nativos del lago, que desde niños habían nadado y navegado por esas orillas. Esos indios son el pueblo añú, los que viven en palafitos, que aún hoy son pescadores artesanales.  Montilla le dio instrucciones a Padilla para que se trajera un barco desde Cartagena, igual como lo hizo con Beluche, quien fue a La Guaira. Por cierto, que cuando iban hacia Maracaibo él y el comodoro John Daniels fueron atacados por la flota de Laborde, que había zarpado de Curazao. Daniels quedó prisionero, pero Beluche logra salvarse, llegar hasta Los Taques y dar la información de que se acercaba Laborde con unas naves impresionantes y es cuando deciden adelantar la acción. El 8 de mayo se lanzan, aprovechando el viento nordeste de Paraguaná hacia la entrada del golfo. Los españoles se vanagloriaban de que esa entrada era inexpugnable, por la fortaleza de San Carlos, pero nuestra flota lo hizo y dobló hacia el sureste, rumbo a la bahía de El Tablazo, una jugada maestra que sólo podían haber diseñado conocedores del estuario. Al colocarse en la franja oriental tuvieron una posición privilegiada debido a los vientos predominantes. Hubo algunas escaramuzas hasta que Laborde logró entrar con embarcaciones pequeñas (las grandes no pudieron pasar por la barra), y armaron su flota en Maracaibo, mientras los patriotas estaban en la otra orilla con las embarcaciones que forzaron la barra el 8 de mayo, más muchas “naves sutiles” (piraguas, bongos, chalanas, canoas) convertidas en flecheras y naves de guerra. Los realistas intentaron esta batalla porque ya estaban derrotados en tierra. Manuel Manrique, uno de los héroes olvidados de nuestra Independencia que era la autoridad político-militar del Departamento Zulia (Intendente), se dio el lujo, el 16 de junio, de tomar la ciudad por la zona sur, por Los Haticos, destruir todas las baterías españolas que tenían en el puerto, confiscar el polvorín y los alimentos. Dejó a Morales sin logística, muy debilitado en tierra y con diferencias tácticas muy fuertes con Laborde.

C. H. - ¿Cómo fue la batalla?

Y. F. - A las 10 de la mañana los nuestros intentaron moverse, pero el viento cambio un poco y prefirieron esperar en Punta de Palma y los Puertos de Altagracia. A las 2 de la tarde, Padilla manda a avanzar a la flota sutil y luego, a las 2:20 pm se ordena izar velas a la Armada, y a las 2:37 da la orden de abordaje. La batalla duró tres horas y media, los españoles fueron prácticamente liquidados. Laborde logró irse a Cuba en una nave llamada Especuladora, del Batallón Valencey. Morales y todos los demás fueron detenidos y Manrique, muy prudentemente, y contra la opinión de Padilla, evitó que se produjeran saqueos y pillaje. Acogiéndose al tratado de regularización de la guerra y a la estrategia de que la República se mostrase ante el mundo como una nación civilizada, les ofrece a los oficiales realistas la opción de firmar la rendición. Eso ocurrió el 3 de agosto en la famosa Casa de la Capitulación de Maracaibo. A los pocos días se marcharon los españoles, custodiados por nuestra flota, a cargo de Felipe Baptista.

C. H. - ¿Qué importancia tuvo esa batalla en el contexto general de la guerra?

Y. F. - Primero que nada, debemos verla con enfoque de unión cívico-militar, porque Ana María Campos, Mercedes Alaña y Domitila Flores no eran militares y tampoco los pescadores de la flota sutil; eran pueblo orillero simple, pero amantes de la liberación y leales patritas. Por otro lado, el impacto continental, este resultado lo celebraron desde Guayaquil hasta Panamá. Eso fue una rumba de tres días en todos lados cuando la gente se enteró de aquella primera gran derrota naval contra España, y la gaita sonó fuerte durante en Maracaibo que así celebró el cumpleaños del Libertador. No era para menos porque Morales, el derrotado, fue un monstruo que había victimizado a Venezuela desde el extremo oriente y sur hasta el occidente. La derrota provocó un cisma en el seno de las fuerzas realistas porque Morales y Laborde se hicieron ataques hasta el fin de sus días y en La Habana hubo un debate que repercutió en Madrid sobre los errores tácticos y estratégicos que cometieron ambos. El fracaso causó una desmoralización general que ayudó a que los derrotáramos en el sur, porque Bolívar quedó con las manos y la mente libres para avanzar sobre Perú.

C. H. - Hay quienes preguntan dónde estaba Bolívar en esos días…

Y. F. - Sí, es una pregunta frecuente. Apenas una semana antes estaba terminando de sellar la independencia de Ecuador al derrotar a los terribles pastusos, comandados por Agustín Agualongo y Estanislao Merchancano en la Sabana de Ibarra, una batalla ignorada, pero muy importante porque completó lo que había logrado en Bomboná e impidió que los pastusos entraran a Quito. No estaba jugando dominó, sino redondeando a Colombia.

C. H. - Volviendo al triste fin de Padilla, siempre se ha criticado a Bolívar porque, luego del atentado septembrino, perdonó a Santander, pero fusiló a Padilla.

Y. F. - Claro, incluso en algunos documentos de Bolívar que han sido manipulados, lo presentan como arrepentido del fusilamiento. Esa carta hay que leerla completa porque el arrepentimiento que él muestra es por haber perdonado a Santander. Por eso dice: “tienen razón los de la casta de Piar y Padilla (se refería a los pardos) en pensar que cometí una gran injusticia, para no decir una idiotez, al haber salvado al blanquito”. También pronosticó que “ese hombre será la ruina de Colombia”. Santander fue quien organizó todo, pero sin comprometer su seguridad. Él no combatía desde la batalla de Boyacá, cuando según algunos, se escondió debajo del puente. Padilla no tuvo ese perdón porque ya era reo (reincidencia) de delitos graves, como la sedición e intento de secesión en Cartagena (azuzado por Santander, a quien acudió secretamente a reportarse en Ocaña); delitos por los cuales fue detenido y sería juzgado de acuerdo al rango militar, pero las faltas fueron más allá, sumándose al grupo magnicida que intentó matar a Bolívar el 25 de septiembre de 1828; ahora pesaba el agravante de que en su fuga fue asesinado el oficial que tenía asignado como custodio, el coronel José Bolívar, primo del Libertador y un gran militante bolivariano. Por eso la justicia con él tenía que ser severa de acuerdo a la gravedad de sus crímenes.



C. H. - Usted ha planteado la idea de agregar la novena estrella a la bandera. ¿Cuál es su argumentación?

Y. F. - Fui proponente de la novena estrella en enero de 2021, a propósito del Bicentenario del Pronunciamiento de Maracaibo a favor de la Primera República Bolivariana, que es como yo llamo a la Tercera República de la historiografía dominante. La llamo así porque es la primera vez que Bolívar fue designado presidente y pudo poner en vigor parte de sus ideales. Comencé a acariciar la idea de la novena estrella en 1999, en la Asamblea Constituyente, junto a Vinicio Romero Martínez, pero él me convenció de que no había ambiente para eso. Otro señor, Vinicio Nava Urribarrí, gran historiador, maestro, erudito y excelente amigo, le envió un telegrama a Chávez pidiendo la novena estrella. Cuando la oposición ganó la mayoría en la Asamblea Nacional yo tenía el temor de que los oportunistas regionalistas de pacotilla se plagiaran la idea. Mantuve guardada la propuesta hasta que ganamos la AN en 2020. Me molestaba porque la novena estrella no puede ser sino bolivariana. Esa es una deuda del poder central con las regiones, en especial con el Zulia. Al presidente Maduro le gustó la iniciativa que apoyó el entonces gobernador Omar Prieto. Se trata de reconocer que aquí están el Golfo de Venezuela, el rayo del Catatumbo, la sierra de Perijá, Los Monjes; de aquí son Rafael Urdaneta, el Cacique Nigale, Ana María Campos, Domitila Flores, los obreros petroleros de la huelga de 1936. Eso, desde el punto de vista de la guerra cognitiva, tiene un gran peso simbólico. Colocar la novena estrella podría permitir agregar otras. Desde hace mucho tiempo se ha denigrado de Coro porque hasta grandes historiadores como Augusto Mijares y Vicente Lecuna decían que después de Pasto, Coro era el lugar más realista del mundo. Pero, un momento, Coro también es el pueblo originario caquetío, que fue exterminado por los Welser; es el alzamiento de José Leonardo Chirinos, mucho antes que los mantuanos de Caracas; Coro es Josefa Camejo, una de las grandes heroínas de la independencia continental; es Alí Primera y el pueblo guerrillero del Frente José Leonardo Chirinos. Y no quiero formar lío, pero si fuera parlamentario, el día que esto se debata y se decida hacer justicia con el pueblo del Zulia y de Coro, plantearía la undécima estrella para el Esequibo. Sería un tremendo mensaje a nivel geopolítico.

 

(Esta entrevista la realizó el periodista Clodovaldo Hernández para la Revista Libertador Ocho Estrellas del Centro de Estudios Simón Bolívar en 2023 con ocasión del Bicentenario de la Batalla Naval de Maracaibo)

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