Entrevista con Clodovaldo Hernández
Yldefonso Finol: “Sólo después de la Batalla
Naval del Lago hubo capitulación española”
El historiador, economista, escritor y
constituyente zuliano (El Moján, 9-11-1959) reivindica la importancia medular
de esta confrontación que ocurrió 25 meses y 61 combates después de la Batalla de Carabobo
C. H. -Tal
vez por un enfoque de la historiografía caraqueña, siempre se habla de la Batalla
Naval del Lago de Maracaibo como si hubiese sido el epílogo del proceso de Independencia,
y un epílogo, igual que un prólogo, algo que uno lee si quiere. Bajo una visión
más amplia, es un capítulo con su propia naturaleza, con su propio derecho.
¿Cierto?
Y. F. -La
historiografía dominante, la que se impuso desde la colonia y a la que se dio
continuidad en la república burguesa dependiente, desde Páez para acá, nos
enseñó la historia ajustada a sus intereses. Se mantuvieron los cánones del
eurocentrismo y de la supremacía colonialista. El mismo Bolívar reconoció que
con tanto esfuerzo solo se había logrado la independencia política. El resto
quedó pendiente, y entre esos asuntos pendientes, está el cambio cultural, el
que más cuesta llevar a cabo porque tiene que partir de una decisión consciente
de la dirección de la sociedad. Si no se toma esa decisión, se mantienen los
mitos impuestos por la opresión. Esa forma de ver la historia y la cultura en
general (episódica, homocentrista, patriarcal, eurocéntrica, muy al gusto
estético de lo grecorromano, de la belleza del occidente europeo) se mantiene
presente después de la Independencia, y condiciona a esa poquita historia que
nos enseñaron para perpetuar la cultura de la sumisión de las mayorías
populares. Quienes tuvimos acceso al sistema educativo si acaso aprendíamos
algo, fue la Pinta, la Niña y la Santa María, la Madre Patria… Ese
enfoque, basado en la mirada positivista de la historia siguió predominando en
la época republicana y nos dijo, por ejemplo, que “Carabobo selló la
Independencia de Venezuela”. Ese es uno de los mitos republicanos, parecidos a
los mitos alienantes del colonialismo. Pretenden apoyarlo en una idea que
Bolívar expresó en el Parte de la Batalla de Carabobo, cuando dijo que, con esa
victoria espléndida, se lograba el nacimiento político de la República. Él no dijo
que “selló la Independencia”, sabía que todavía faltaba liberar el sur de la
Nueva Granada y la Gobernación de Quito (Ecuador). De hecho, si vamos a hablar
de frases de Bolívar sobre las batallas que marcaron el cierre del dominio
español en Venezuela, tenemos que remitirnos a una carta que escribió en
Trujillo (Perú) el 22 de diciembre de 1823, donde afirma que “la guerra del
norte se ha acabado con la capitulación de Morales”. Cuando dice “el norte”,
está hablando de aquella Colombia que él quería construir, a la que luego los
historiadores le inventaron el nombre de Gran Colombia, que no se utilizó oficialmente
en su momento, ni tuvo personalidad jurídica. Y al referirse a “la capitulación
de Morales” se refiere a la rendición del último Capitán General español que
fue derrotado en el Zulia (como también dimos de baja al primer gobernador
colonial, el agente alemán Ambrosio Alfinger, en el Sur del Lago). Todo eso ha
sido tergiversado por la historiografía paecista, entendiendo como tal aquella
republiqueta que continuó siendo un brazo de la neocolonia, la opresión
oligárquica, que no buscó desarrollar un modelo societario diferente, que nos
condenó a la dependencia y que estableció un régimen de injusticia contra el
que se alzó Ezequiel Zamora. Ese fue el plan de la oligarquía que se montó en
el prestigio militar de Páez para convertirlo en peón de aquel proyecto, al
punto de que, viniendo de donde venía, terminó convirtiéndose en un burgués,
pendiente del piano, de la vida neoyorquina y del francés. Páez era un tipo muy
ladino, muy mentiroso.
C. H. - ¿Cómo rebatir esa visión de la
historia de la Batalla Naval del Lago?
Y. F. -
Con datos. Para empezar, después de Carabobo no hubo capitulación del enemigo.
Ganamos en muy buena lid aquella Batalla Gloriosa, pero después de esa batalla
están registrados 61 combates solo en el territorio de lo que hoy es la República
Bolivariana de Venezuela. De esos, 52 fueron en tierra con ejércitos,
infantería y caballería; 6 fueron navales y 3 fueron acciones de sitio. Eso
ocurrió entre el 24 de junio de 1821 y la Batalla Naval, el 24 de julio de
1823, es decir, 25 meses en total. En el interín, no solo hubo ese conjunto de
acciones militares, sino también varias situaciones políticas complejísimas.
Bolívar estaba en la Campaña del Sur. Era tan evidente que aún no se había
derrotado a los realistas, que en algún momento Santander le pidió a Bolívar
que regresara porque le tenía pánico a Francisco Tomás Morales, que ya había
logrado llegar hasta Bailadores y amenazaba con avanzar hacia Bogotá, entrando
por Cúcuta, cosa que pudo ocurrir, de no ser porque Urdaneta se fue hasta
Táriba e hizo que Morales se regresara esmollejao para Maracaibo. Por eso se
habla de la Campaña del Zulia, porque fue un proceso de disputa por todo este
territorio que culminó definiéndose en las aguas del lago Tinaja del Sol, que
es el significado de Maracaibo en el idioma del pueblo añú.
C. H. - ¿Cómo fue que los españoles,
derrotados en Carabobo, lograron retomar el control de Maracaibo, que no era
cualquier zona, sino una extensa región con una posición geográfica
absolutamente estratégica?
Y. F. -
El proceso es largo. Los españoles no estaban en poder de Maracaibo para 1821,
cuando ocurre Carabobo. Si lo estaban de Caracas. Maracaibo era republicana
desde el 28 de enero de ese año, cuando triunfó la estrategia conspirativa que
trazó Urdaneta, con un trabajo de inteligencia muy fino, que incluyó la
construcción de bongos (embarcaciones un poco más grandes que las piraguas) con
las abundantes maderas del sur del Lago y el tejido de una red popular revolucionaria.
Esa insurrección ocurre apenas dos meses después de la firma del Tratado de
Regularización de la Guerra, que se hizo en Trujillo, entre Bolívar y Morillo.
La insurrección provocó la ruptura del armisticio, por eso digo, irónicamente,
que ese tratado duró más que los botones de hueso. El Pronunciamiento de
Maracaibo es el punto crítico del reinicio de la guerra en 1821. La ruptura del
armisticio es lo que desemboca en la Batalla de Carabobo. Esto nos lleva a otra
de las grandes mentiras de la historiografía centralista, la que dice que
Maracaibo se incorporó tardíamente a la República. Eso es absolutamente falso: Maracaibo
se incorporó precozmente porque el día que llegó Alonso de Ojeda al Golfo de
Venezuela, el 24 de agosto de 1499, hubo enfrentamiento armado y lo dice el
propio Américo Vespucci en su carta de 1500. De una forma fanfarrona, cuenta
que los indios los recibieron a flechazos y que ellos los cañonearon y “luego
probaron el filo de nuestros fierros”. Nosotros nos alzamos contra los
invasores desde el día que llegaron. Pero, además, Urdaneta ganó la plaza de
Maracaibo aplicando lo que Sun Tzu en El
arte de la guerra, llama la victoria perfecta, que es la que se logra sin
derramamiento de sangre y sin destruir la planta física. Él lo logró con los
patriotas locales que estaban alzados desde 1802 con una organización
clandestina llamada “Hijos de Maracaibo”, renombrada en 1808 como “Hijos de
Cristo”. Ese grupo lo encabezaba Juan Evangelista González, a quien Urdaneta
designó gobernador de Gibraltar, en el sur del Lago. Con los bongos que construyeron,
enviaron al Batallón de Tiradores la noche del 26 de enero de 1821 hacia
Maracaibo para declarar la insurrección. En tiempo récord, Urdaneta logró
reunir en Maracaibo una fuerza de 2 mil efectivos, que llegó a ser un tercio
del ejército que combatió en Carabobo. Se integraron el Batallón Tiradores, el
Batallón Maracaibo creado con residentes que se presentaron voluntarios, y que
llegó incluso hasta las grandes batallas del Sur, como Ayacucho y el Portete de
Tarqui; y trajo por barco y otra parte por la Guajira, desde Santa Marta, al
Batallón de Rifles y a los Húsares de la Guardia, saliendo el 30 de abril de
1821 rumbo a Carabobo, pero antes, en el camino, el 9 de mayo de ese año, liberó
Coro por primera vez desde que habían llegado los conquistadores. El Congreso
creó el 3 de octubre de 1821 el Departamento Zulia, que incluía las provincias
de Maracaibo, Coro, Trujillo, Mérida y la gobernación de la Grita (actual
Táchira), es decir, que iba desde la comarca de Cumarebo hasta Táriba, era muy
extenso.
C.H. - ¿Cómo fue, entonces, que Maracaibo
recayó en manos realistas?
Y. F. -
Recordemos que, tras la derrota, el jefe de los españoles en Carabobo, Miguel
de la Torre, logró atrincherarse en Puerto Cabello, aprovechando una zona
amurallada y artillada y en contacto por mar con la flota realista. Y no eran
cuatro pelagatos. Llegaron a reunir a 4 mil 200 efectivos entre los que tenían
en Puerto Cabello, una parte que se había ido por el llano y pudo regresar por
Borburata y algunas guerrillas muy fuertes y peligrosas, como la del francés Pedro
Luis Inchauspe en la región de Coro. Recibieron auxilios desde Cuba y Puerto
Rico por vía marítima. Además, sabían que el Departamento Zulia estaba
desguarnecido, con apenas 1 mil 700 efectivos en marzo de 1823, pues las tropas
fueron enviadas a la Campaña del Sur. Entonces movilizaron esas tropas que
estaban en Puerto Cabello, que eran muy preparadas y fogueadas, habían llegado
con Morillo en aquella expedición terrible de 1815. Allí estaba Morales, que
fue segundo de Boves, es decir, que estamos hablando de un criminal, un
genocida sanguinario, antivenezolano a rabiar, que conocía todo el territorio y
había cometido los más grandes desmanes después de la batalla de Aragua de
Barcelona, donde se pasó por filo a 3 mil personas que emigraron de Caracas.
Era un tipo muy prepotente, que después de la muerte de “el Taita” no quiso que
nadie más lo mandara. Por eso tuvo problemas con La Torre y con Ángel Laborde
(el que comandó la armada española en la Batalla del Lago). Montó una tropa de
unos mil 400 hombres, con los barcos que tenía en Puerto Cabello y se lanzó hasta
Cojoro, península de La Guajira, desembarcó y avanzó por tierra, pero envió los
barcos hacia el golfo, para que los patriotas creyeran que la tropa iba a
llegar en las naves. En su movimiento por tierra hubo batallas en Sinamaica,
cerca de El Moján, en el río Limón y llegó a las afueras de aquella Maracaibo
de apenas 40 mil habitantes, por la vía desde el Moján, al lugar llamado Salina
Rica. El 7 de septiembre de 1822, logró derrotar al intendente, Lino de
Clemente, en la Batalla de Salina Rica. Previamente, en abril, había tomado los
Puertos de Altagracia, donde fusiló a Domitila Flores y a Mercedes Alaña y
mandó a azotar, montada sobre un burro, a Ana María Campos, todas heroínas nacionales.
Por eso lo he señalado de misógino y feminicida. Hizo dos intentos de invadir
Maracaibo. Uno, por el norte, con un grupo comandado por el lugareño Juan
Ballesteros, y otro por el sur, por el río Manglar, hoy llamado Cañada de
Morillo. Clemente resistió contra los que venían por allí y envió al norte al
batallón Tiradores, dirigido por el comandante cubano José Rafael de las Heras,
muy cercano a Urdaneta, Héroe de Carabobo, uno de los libertadores de la Patria
y de Maracaibo en particular. En esa Batalla de Juana de Ávila -por el nombre
del hato donde se desarrolló el 24 de abril de 1822-, los patriotas ganan, pero
el Comandante de Las Heras falleció en el combate fortuitamente. Todo eso pasó
antes de que el 7 de septiembre de 1822, Morales tomara Maracaibo. Luego,
cuando lo logró se envalentonó y por eso fue a dar hasta Bailadores. Ya tenía a
Coro y Maracaibo y quería dominar todo el departamento.
C. H. - El almirante José Prudencio Padilla, uno
de los protagonistas de la Batalla Naval del Lago, tuvo luego un triste y
polémico fin. ¿Sobre este personaje influye también la visión centralista de la
historia?
Y. F. -
Seguiré hablando con absoluta franqueza, sin maquillar nada. La historiografía
antibolivariana se encargó de marginar a Manuel Manrique (verdadero vencedor de
Morales), a Pedro Lucas Urribarrí, a Felipe Baptista, a Tomás Vegas, nuestras
heroínas y, extrañamente, a ensalzar a Padilla, al punto de que, en Maracaibo,
la avenida más importante del centro de la ciudad se llama Libertador, y la
segunda, Padilla. Se le intentó cambiar el nombre a Avenida Urdaneta, y los
antibolivarianos pegaron el grito al cielo. Al segundo puente sobre el lago le
iban a poner Padilla. Yo le envié una carta a Chávez con mi libro sobre el
cacique Nigale y Chávez le cambió el nombre, aunque igual, los encargados de la
obra se robaron los cobres y no la hicieron. El flagelo de la corrupción que
tanto daño nos ha hecho. No quiero restarle ni un gramo de mérito a Padilla,
pero el relato hay que leerlo con cuidado y pasarlo por el tamiz de las
emociones, del que perdió, el que ganó, el que está despechado, el que está
picado. Lo cierto es que los méritos que hizo como hombre de la armada, los
tiró por la borda al dejarse enredar por Santander en intrigas plagadas de
bajas pasiones. Hoy, cierto padillismo que pulula por ahí, es antibolivariano y
proimperialista. Un documento fundamental es el de Rafael María Baralt, una
persona muy culta, con formación militar, que tuvo la oportunidad de presenciar
el combate. Luego hay que tener en cuenta a los demás autores serios que han
trabajado el tema, como Eljuri, Vargas, Nava Urribarí y Jurado Toro. La
estrategia de cruzar la barra y entrar al lago con los barcos de la Armada
republicana, la diseñó Mariano Montilla, el comandante general de las fuerzas
patriotas en el Departamento del Magdalena, que era toda la costa caribe
colombiana de entonces. Él había vencido a los realistas en Cartagena y Santa Marta,
y por eso Bolívar decidió que fuese él quien se encargara de esta acción contra
Morales, en una fase de la guerra que, como lo vislumbró Pedro Briceño Méndez,
sería fundamentalmente marítima. Montilla incorporó a navegantes como Renato
Beluche y Nicolás Joly. A otro que se le debe dar crédito es a Pedro Lucas Urribarrí,
que era un marinero vergatario. Se robó un barco de la Armada española en las
islas Canarias y se lo trajo para acá, a lo arrecho. Lo persiguieron los
españoles hasta la mitad del Atlántico. Y Felipe Baptista era un marino
mercante que luego se incorporó a la Armada. Los investigadores españoles del
Archivo Histórico Naval dicen que Montilla consultó a unos indios nativos
del lago, que desde niños habían nadado y navegado por esas orillas. Esos
indios son el pueblo añú, los que viven en palafitos, que aún hoy son
pescadores artesanales. Montilla le
dio instrucciones a Padilla para que se trajera un barco desde Cartagena, igual
como lo hizo con Beluche, quien fue a La Guaira. Por cierto, que cuando iban
hacia Maracaibo él y el comodoro John Daniels fueron atacados por la flota de
Laborde, que había zarpado de Curazao. Daniels quedó prisionero, pero Beluche logra
salvarse, llegar hasta Los Taques y dar la información de que se acercaba
Laborde con unas naves impresionantes y es cuando deciden adelantar la acción. El
8 de mayo se lanzan, aprovechando el viento nordeste de Paraguaná hacia la
entrada del golfo. Los españoles se vanagloriaban de que esa entrada era
inexpugnable, por la fortaleza de San Carlos, pero nuestra flota lo hizo y
dobló hacia el sureste, rumbo a la bahía de El Tablazo, una jugada maestra que
sólo podían haber diseñado conocedores del estuario. Al colocarse en la franja
oriental tuvieron una posición privilegiada debido a los vientos predominantes.
Hubo algunas escaramuzas hasta que Laborde logró entrar con embarcaciones
pequeñas (las grandes no pudieron pasar por la barra), y armaron su flota en
Maracaibo, mientras los patriotas estaban en la otra orilla con las
embarcaciones que forzaron la barra el 8 de mayo, más muchas “naves sutiles”
(piraguas, bongos, chalanas, canoas) convertidas en flecheras y naves de
guerra. Los realistas intentaron esta batalla porque ya estaban derrotados en
tierra. Manuel Manrique, uno de los héroes olvidados de nuestra Independencia
que era la autoridad político-militar del Departamento Zulia (Intendente), se
dio el lujo, el 16 de junio, de tomar la ciudad por la zona sur, por Los
Haticos, destruir todas las baterías españolas que tenían en el puerto, confiscar
el polvorín y los alimentos. Dejó a Morales sin logística, muy debilitado en
tierra y con diferencias tácticas muy fuertes con Laborde.
C. H. - ¿Cómo fue la batalla?
Y. F. -
A las 10 de la mañana los nuestros intentaron moverse, pero el viento cambio un
poco y prefirieron esperar en Punta de Palma y los Puertos de Altagracia. A las
2 de la tarde, Padilla manda a avanzar a la flota sutil y luego, a las 2:20 pm
se ordena izar velas a la Armada, y a las 2:37 da la orden de abordaje. La batalla
duró tres horas y media, los españoles fueron prácticamente liquidados. Laborde
logró irse a Cuba en una nave llamada Especuladora,
del Batallón Valencey. Morales y todos los demás fueron detenidos y Manrique,
muy prudentemente, y contra la opinión de Padilla, evitó que se produjeran saqueos
y pillaje. Acogiéndose al tratado de regularización de la guerra y a la
estrategia de que la República se mostrase ante el mundo como una nación
civilizada, les ofrece a los oficiales realistas la opción de firmar la
rendición. Eso ocurrió el 3 de agosto en la famosa Casa de la Capitulación de Maracaibo.
A los pocos días se marcharon los españoles, custodiados por nuestra flota, a
cargo de Felipe Baptista.
C. H. - ¿Qué importancia tuvo esa batalla
en el contexto general de la guerra?
Y. F. -
Primero que nada, debemos verla con enfoque de unión cívico-militar, porque Ana
María Campos, Mercedes Alaña y Domitila Flores no eran militares y tampoco los
pescadores de la flota sutil; eran pueblo orillero simple, pero amantes de la
liberación y leales patritas. Por otro lado, el impacto continental, este
resultado lo celebraron desde Guayaquil hasta Panamá. Eso fue una rumba de tres
días en todos lados cuando la gente se enteró de aquella primera gran derrota
naval contra España, y la gaita sonó fuerte durante en Maracaibo que así
celebró el cumpleaños del Libertador. No era para menos porque Morales, el
derrotado, fue un monstruo que había victimizado a Venezuela desde el extremo
oriente y sur hasta el occidente. La derrota provocó un cisma en el seno de las
fuerzas realistas porque Morales y Laborde se hicieron ataques hasta el fin de
sus días y en La Habana hubo un debate que repercutió en Madrid sobre los
errores tácticos y estratégicos que cometieron ambos. El fracaso causó una
desmoralización general que ayudó a que los derrotáramos en el sur, porque
Bolívar quedó con las manos y la mente libres para avanzar sobre Perú.
C. H. - Hay quienes preguntan dónde estaba
Bolívar en esos días…
Y. F. -
Sí, es una pregunta frecuente. Apenas una semana antes estaba terminando de
sellar la independencia de Ecuador al derrotar a los terribles pastusos,
comandados por Agustín Agualongo y Estanislao Merchancano en la Sabana de
Ibarra, una batalla ignorada, pero muy importante porque completó lo que había
logrado en Bomboná e impidió que los pastusos entraran a Quito. No estaba
jugando dominó, sino redondeando a Colombia.
C. H. - Volviendo al triste fin de
Padilla, siempre se ha criticado a Bolívar porque, luego del atentado
septembrino, perdonó a Santander, pero fusiló a Padilla.
Y. F. -
Claro, incluso en algunos documentos de Bolívar que han sido manipulados, lo
presentan como arrepentido del fusilamiento. Esa carta hay que leerla completa
porque el arrepentimiento que él muestra es por haber perdonado a Santander.
Por eso dice: “tienen razón los de la casta de Piar y Padilla (se refería a los
pardos) en pensar que cometí una gran injusticia, para no decir una idiotez, al
haber salvado al blanquito”. También pronosticó que “ese hombre será la ruina
de Colombia”. Santander fue quien organizó todo, pero sin comprometer su
seguridad. Él no combatía desde la batalla de Boyacá, cuando según algunos, se
escondió debajo del puente. Padilla no tuvo ese perdón porque ya era reo (reincidencia)
de delitos graves, como la sedición e intento de secesión en Cartagena (azuzado
por Santander, a quien acudió secretamente a reportarse en Ocaña); delitos por
los cuales fue detenido y sería juzgado de acuerdo al rango militar, pero las
faltas fueron más allá, sumándose al grupo magnicida que intentó matar a
Bolívar el 25 de septiembre de 1828; ahora pesaba el agravante de que en su
fuga fue asesinado el oficial que tenía asignado como custodio, el coronel José
Bolívar, primo del Libertador y un gran militante bolivariano. Por eso la
justicia con él tenía que ser severa de acuerdo a la gravedad de sus crímenes.
C. H. - Usted ha planteado la idea de
agregar la novena estrella a la bandera. ¿Cuál es su argumentación?
Y. F. -
Fui proponente de la novena estrella en enero de 2021, a propósito del Bicentenario
del Pronunciamiento de Maracaibo a favor de la Primera República Bolivariana,
que es como yo llamo a la Tercera República de la historiografía dominante. La
llamo así porque es la primera vez que Bolívar fue designado presidente y pudo
poner en vigor parte de sus ideales. Comencé a acariciar la idea de la novena estrella
en 1999, en la Asamblea Constituyente, junto a Vinicio Romero Martínez, pero él
me convenció de que no había ambiente para eso. Otro señor, Vinicio Nava
Urribarrí, gran historiador, maestro, erudito y excelente amigo, le envió un
telegrama a Chávez pidiendo la novena estrella. Cuando la oposición ganó la
mayoría en la Asamblea Nacional yo tenía el temor de que los oportunistas regionalistas
de pacotilla se plagiaran la idea. Mantuve guardada la propuesta hasta que
ganamos la AN en 2020. Me molestaba porque la novena estrella no puede ser sino
bolivariana. Esa es una deuda del poder central con las regiones, en especial
con el Zulia. Al presidente Maduro le gustó la iniciativa que apoyó el entonces
gobernador Omar Prieto. Se trata de reconocer que aquí están el Golfo de
Venezuela, el rayo del Catatumbo, la sierra de Perijá, Los Monjes; de aquí son Rafael
Urdaneta, el Cacique Nigale, Ana María Campos, Domitila Flores, los obreros
petroleros de la huelga de 1936. Eso, desde el punto de vista de la guerra
cognitiva, tiene un gran peso simbólico. Colocar la novena estrella podría
permitir agregar otras. Desde hace mucho tiempo se ha denigrado de Coro porque
hasta grandes historiadores como Augusto Mijares y Vicente Lecuna decían que
después de Pasto, Coro era el lugar más realista del mundo. Pero, un momento,
Coro también es el pueblo originario caquetío, que fue exterminado por los
Welser; es el alzamiento de José Leonardo Chirinos, mucho antes que los
mantuanos de Caracas; Coro es Josefa Camejo, una de las grandes heroínas de la
independencia continental; es Alí Primera y el pueblo guerrillero del Frente
José Leonardo Chirinos. Y no quiero formar lío, pero si fuera parlamentario, el
día que esto se debata y se decida hacer justicia con el pueblo del Zulia y de
Coro, plantearía la undécima estrella para el Esequibo. Sería un tremendo
mensaje a nivel geopolítico.
(Esta
entrevista la realizó el periodista Clodovaldo Hernández para la Revista Libertador Ocho Estrellas del Centro de Estudios Simón Bolívar en 2023 con ocasión del Bicentenario de la Batalla Naval de Maracaibo)


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