Salvemos
a Simón Bolívar, y salvaremos a Venezuela
¿Qué
podemos decir de Bolívar a casi dos siglos y medio de su nacimiento (243 años)?
¿Qué podríamos agregar a las muchas biografías e infinitud de libros dedicados
a estudiar su gesta y su pensamiento, e incluso a tratar aspectos triviales de
su persona o a denostar de él?
Lo
llamativo es que la temática “Bolívar” no se agota. En cualquier rincón del
mundo aparece una nueva mirada que sigue su sorprendente trayectoria. He
afirmado que el mayor enigma de la historia de Nuestra América es la vigencia
de Bolívar, y que mientras más detractores le aparecen más se confirma la
necesidad que tenemos de volver a él. ¡Vaya que las circunstancias actuales así
lo corroboran!
¿Por
qué Bolívar es sinónimo de lo más admirable del ser humano?
Porque
creyó en una causa justa y nunca la traicionó. Porque luchó todo el tiempo y en
todos los lugares. Porque se forjó un espacio en la historia con valentía y sin
mezquindades. Porque fue generoso hasta los extremos. Porque encarnó lo más
admirado por la humanidad: el heroísmo. Porque fue capaz de derrotar a un
enemigo poderoso que representaba el atraso y la opresión. Porque se arriesgó,
se atrevió, fue derrotado, se sobrepuso al fracaso y triunfó. Porque formuló
propuestas trascendentes y las concretó. Porque honró la palabra con sus sacrificios.
Porque
su lucha no se encajonó en unos límites territoriales coloniales. Porque
modificó radicalmente la cartografía de su tiempo. Porque forjó una nueva
nacionalidad basada en la lucha por la emancipación. Porque creó un sistema de
ideas coherentes con los principios de independencia, igualdad, buen gobierno,
aboliendo los privilegios coloniales y monárquicos. Porque planteó la unidad de
las nacientes repúblicas (“hermanas”) en una confederación que las
salvaguardara de las apetencias imperiales. Porque propuso el concepto
geopolítico más brillante de su tiempo con plena vigencia en la actualidad: el
Equilibrio del Universo.
Porque
fue pionero de los derechos de los pueblos originarios y de las políticas
públicas ecologistas. Porque fue un vigoroso defensor de la ética pública y
enemigo acérrimo de la corrupción. Porque fue un visionario de la sociedad
futura, como pregonero de un tiempo mejor en lo económico, científico,
educacional, artístico, pero también advirtió contra flagelos morales y
políticos que acechaban a nuestros pueblos, sobre los que había que actuar con
planes claros e inmediatez. Porque predijo el rol imperialista de los Estados
Unidos en Nuestra América.
II
Está
vigente Bolívar en la irrenunciable lucha por la Independencia, contra el
imperialismo, por expulsar un ejército enemigo de nuestros territorios, por
tener gobiernos éticos y patrióticos, no ceder al coloniaje de nuevo cuño que
contagia al continente, volver al plan inicial del Congreso Anfictiónico,
insistir en la unión de Repúblicas hermanas, consolidar un coloso de poder que
sea salvaguarda de nuestras soberanías colectivas y eje del Equilibrio del
Universo; que se establezca de una vez la igualdad práctica, la seguridad
social, la estabilidad política; que la educación y el trabajo sean las
palancas que hagan progresar la sociedad; pareciera que estuviéramos hablando
de una “reforma que nunca se había hecho”.
¿Se
trata de alguien para recordar un día al año, o es un hombre destino, una marca
imborrable de cada día? ¿Quién es ese Bolívar que aparece en todas las
ecuaciones de nuestra existencia, a quien no dejan de aparecerle enemigos y
quien no ha podido entregarse por completo a la muerte para ser un difunto
lejano, huesos del olvido, un pedacito de recuerdo perdido en la infinita
oquedad del pasado?
¿Cómo
ver a Bolívar, cómo acercarnos a él, cómo asirnos a sus lecciones trascendentes
que hoy nos increpan a la cara el riesgo inminente de perder la Patria?
Propongo
estudiar a Bolívar desde Bolívar. Se trata de una metodología radical (“que
chupa los jugos de la tierra a la que sirve”, según Andrés Bello), que intenta
sortear las escaramuzas para ir al combate estratégico, que no se resigna a la xenofilia
epistémica que tanto abunda en la elite central-vertical y una
“intelectualidad” que sigue rindiendo culto a la colonialidad, porque se asume
-y presume- que el conocimiento viene importado desde locus exóticos o en la cancerígena
cábala online que niebla almas, porque los filósofos y pensadores deben tener
apellidos germánicos, anglosajones, en fin, europeos, mejor si vienen con el
prestigio de academias y oenegés financiadas por la hegemonía
científico-cultural nazisionista.
Es
Bolívar contra el fascismo global imperialista: un antídoto venezolano que
Venezuela no ha sabido valorar. Porque del “Sus Majestades Reyes Católicos”
saltamos al “ta barato, dame dos” y a la fase superior del cheverismo: el
cadivismo.
Celebrar
a Bolívar es atrevernos a inventar una epistemología original. Es asumir la
confrontación a la campaña transnacional antibolivariana, es tomar partido la
Doctrina del Libertador por sobre los escribas y fariseos, quienes prefieren
que Bolívar permanezca en los sepulcros blanqueados, entre el mausoleo y el
manoseo. Es también desenmascarar a la casta falseadora, y exterminar las
polillas que corroen el bolivarianismo desde el contrabando universitario.
La
Doctrina Bolivariana -en Venezuela- es el sustento constitucional de la
República, además de ser un aporte nacional al pensamiento revolucionario
mundial. La enseñanza, difusión y comprensión de la Gesta y la Doctrina
Bolivariana son una necesidad urgente para: 1) Preservar la existencia de la República
en la cohesión del Pueblo congregado como estirpe libertadora, 2) Para orientar
las luchas de liberación nacional y por los derechos ciudadanos plenos, 3) La
proyección de una mejor humanidad como horizonte, por un mundo de justicia y
equilibrio (para que haya paz), hincado en la autodeterminación de los pueblos
y la validez del derecho internacional consensuado.
No
haber logrado estos objetivos por los desvaríos del modelo educativo, es el
peor fracaso de la nación. En el Discurso de Angostura el Libertador Simón
Bolívar lo expresó magistralmente: “El progreso de las luces es el que ensancha
el progreso de la práctica, y la rectitud del espíritu es la que ensancha el
progreso de las luces…de un pueblo que no se conforma con ser libre y fuerte,
sino que quiere ser virtuoso”. (Recordemos una vez más al poeta Antonio
Machado: El arma más destructiva que utiliza el fascismo es la mentira).
Y reiteremos con Bolívar: “Por el engaño se nos ha dominado más que por la
fuerza, y por el vicio se nos ha degradado más bien que por la
superstición. La esclavitud es la hija de las tinieblas; un pueblo ignorante es
un instrumento ciego de su propia destrucción”. [1]
Como
dijera el Maestro Rodríguez: “…unas a otras se temen, sin poder determinar la
causa, y no es otra que el egoísmo, propio de la ignorancia en que yacen
millones de hombres, por la falsa idea que tienen de la sociedad los pocos que
la suerte ha puesto a gobernarla.” [2]
III
Ser
militante de una Concepción Bolivariana de la Historia, rebelde, radical e
insurgente, exige defender la gesta y Doctrina del Libertador Simón Bolívar,
misma que está basada en un ejercicio permanente de memoria histórica, el
estudio profundo y sistemático del pensamiento más avanzado de su época, la
observación crítica de la realidad internacional, el análisis situacional del
estado político-militar del enemigo y la correlación de fuerzas en cada
coyuntura del proceso de Independencia. Su praxis revolucionaria se sustentó en
un enorme ejercicio de reinterpretación de la historia, concisamente proclamado
aquel 4 de julio de 1811 en la Sociedad Patriótica: ¡300 años de calma no
bastan!
Anotemos
algunas premisas de nuestras raíces ideológicas fundantes, comenzando por una
muy puntual que perfectamente encaja en la lucha que estamos librando contra el
rebrote del flagelo fascista: “Todo el cuerpo de la historia enseña que las
gangrenas políticas no se curan con paliativos”. [3]
Este
hombre que, en el clímax de su gloria, molestado por un intrigante misógino que
objetaba el ascenso de Manuela Sáenz al rango de Coronela ganado en la Batalla
de Ayacucho, respondió: “Un ejército se hace con héroes y éstos son el símbolo
del ímpetu con que los guerreros arrasan a su paso en la contienda, llevando el
estandarte de su valor”. [4] Es el enamorado de la
Historia que no se conforma con estudiarla y comprenderla, sino que se mete en
su torbellino a enrumbarla hacia la eutopía. “El gran poder existe en la fuerza
irresistible del amor”, dice en una carta desde Caracas el 6 de abril de 1827 a
su heredero Gran Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre.
Insistimos
en salvar a Bolívar. Salvarlo de sus propias premoniciones: “Si la América no
vuelve sobre sus pasos… bien poco hay que esperar respecto a la consolidación
de sus gobiernos; y un nuevo coloniaje será el patrimonio que leguemos a la
posteridad”. [5]
Para
salvar a Bolívar, debemos seguir sus instrucciones, con la disposición
combativa mostrada en los días más terribles: “Con motivo del mal estado de la
situación por falta de energía de nuestra parte y por sobra de la ajena o de
los contrarios, estamos resueltos a tomar un partido que salve la Patria,
formando una reunión de los hombres más influyentes que… hagan lo que se
determine.” [6]
IV
La
“Noche Septembrina” continúa. Bolívar objetivo militar del fascismo global
imperialista.
El
documento definidor de la política derechista en Estados Unidos Santa Fe IV del
año 2000, prestó especial atención a la Patria Bolivariana, partiendo del
diagnóstico de un país muy conocido por el imperialismo petrolero gringo desde
comienzos del siglo XX y al que observaron temerosos sus más importantes
estadistas desde los días convulsos de la lucha por la Independencia: “Venezuela
es un país paradójico. Es uno de los países productores de petróleo más
importantes del mundo y, sin embargo, la mayoría de la población es muy pobre.
En Venezuela, hace mucho que la industria petrolera está en manos del Estado y
la riqueza que produce, en su mayor parte, ha sido absorbida por una gran
cantidad de contratistas internacionales y un aparato administrativo inflado.
Una gran clase gubernamental y comercial ha prosperado a la sombra de la
industria petrolera, pero grandes sectores de la población general viven en la
miseria, en terrenos ilegalmente ocupados, con comida, agua, atención
sanitarias y educación inadecuadas. Durante muchos años, la política partidaria
de Venezuela ha sido nominalmente democrática y blanda, y ha hecho poco por
resolver los problemas socioeconómicos del país y de sus masas cada vez más
alienadas”. [7]
Hay
que leer con mucha atención el manejo minucioso que exhiben los tanques
pensantes yanquis en Santa Fe IV: es la interpretación de las condiciones
objetivas y subjetivas en el primer año del Tercer Milenio: “Las condiciones
estaban maduras para el surgimiento de Hugo Chávez. Hombre de orígenes
humildes, Chávez ascendió rápidamente por las filas del ejército debido a sus
habilidades como atleta y soldado. Hace ocho años, en 1992, fue parte de un
golpe militar fallido y pasó cierto tiempo en la cárcel por su intervención.
Después de su liberación, Chávez decidió tomar el poder por medios electorales.
Utilizando en su campaña la promesa de usar la riqueza petrolera de Venezuela
para aliviar la pobreza de las masas, Chávez sorprendió a muchos al ganar la presidencia
en el otoño de 1998. Chávez se movió rápidamente para consolidar su poder.
Estableció una nueva convención constitucional, que promulgó una nueva
Constitución a su medida, y disolvió el Congreso existente. También instituyó
una gran purga de la compañía estatal petrolera y ha asumido un papel
prominente en la OPEP: se considera que ha sido el impulsor del reciente
movimiento de la OPEP para cortar la producción mundial de petróleo y subir los
precios. El gran héroe de Chávez es Simón Bolívar. Apoyándose en el
bolivarismo, aspira a formar la Gran Colombia (Venezuela, Colombia, Panamá y
Ecuador), probablemente como república socialista”. [8]
En
su segundo mandato, Donald Trump, desempolvó el Documento de Santa Fe IV, para cuyos
autores, nuevos enemigos desafiarían la hegemonía estadounidense: después de la
estratégica China, “el castrista Chávez de Venezuela y el surgimiento de un
militarismo izquierdista en los países andinos que finalmente está obteniendo
un poco de atención por parte de los medios, en la medida en que el bolivarismo
se convierte en un grito de ataque de los comunistas y socialistas.” [9]
Desde
los días en que Bolívar presidía la original Colombia, en mayo de 1823, John
Quincy Adams nos veía con insana apetencia: “llamada a ser en adelante una de
las naciones más poderosas de la tierra, tanto por su acceso a los océanos
Pacífico y Atlántico, y sus ríos navegables, el Amazonas, el Orinoco y el
Magdalena, como por la fertilidad de su suelo y la abundancia de sus riquezas
mineras”. [10]
Bolívar
anda por ahí desde un 24 de julio de 1783, entre escombros y un pueblo
sufriente, entre la solidaridad y la indignación. No deja de luchar. Nosotros,
que no creemos en leyendas, ni en religiones, hemos constatado diariamente la
voluntad de este hombre por vencer las dificultades, incluida la muerte.
Yldefonso
Finol
[1]
Simón Bolívar (2019). Discurso de
Angostura. Edición conmemorativa del Bicentenario 1819-2019.
[2] Simón
Rodríguez: Sociedades Americanas. Obras completas. Tomo I. Ediciones de la
Universidad Simón Rodríguez, 1975, p. 331
[3]
Simón Bolívar: carta a José María del Castillo. Bucaramanga, 11 de abril de
1828
[4]
Simón Bolívar: carta a Santander desde Lima el 17 de febrero de 1825.
[5]
Archivo del Libertador. Simón Bolívar: carta a Mariano
Montilla, Guayaquil, 4 de agosto 1829.
[6]
Cartas de Bolívar y Urdaneta. Bogotá, 18 de abril de 1830.
[7] Eduardo Rivas: los condicionantes externos en los procesos
de integración. El rol de los Estados Unidos de América ante los casos europeo
y latinoamericano (2002). https://www.eumed.net/libros-gratis/2007a/256/51.htm
[8] Idem
[9] Eduardo
Rivas: los condicionantes externos en los procesos de integración. El rol de
los Estados Unidos de América ante los casos europeo y latinoamericano
(2002). https://www.eumed.net/libros-gratis/2007a/256/51.htm
[10] Germán
A. De La Reza. El intento de integración de Santo Domingo a la Gran Colombia
(1821-1822). Revista Secuencia número
93 México (sep./dic. 2015), p 74

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