viernes, 24 de julio de 2026

SALVEMOS A BOLÍVAR, Y SALVAREMOS A VENEZUELA

 


Salvemos a Simón Bolívar, y salvaremos a Venezuela

¿Qué podemos decir de Bolívar a casi dos siglos y medio de su nacimiento (243 años)? ¿Qué podríamos agregar a las muchas biografías e infinitud de libros dedicados a estudiar su gesta y su pensamiento, e incluso a tratar aspectos triviales de su persona o a denostar de él?

Lo llamativo es que la temática “Bolívar” no se agota. En cualquier rincón del mundo aparece una nueva mirada que sigue su sorprendente trayectoria. He afirmado que el mayor enigma de la historia de Nuestra América es la vigencia de Bolívar, y que mientras más detractores le aparecen más se confirma la necesidad que tenemos de volver a él. ¡Vaya que las circunstancias actuales así lo corroboran!

¿Por qué Bolívar es sinónimo de lo más admirable del ser humano?

Porque creyó en una causa justa y nunca la traicionó. Porque luchó todo el tiempo y en todos los lugares. Porque se forjó un espacio en la historia con valentía y sin mezquindades. Porque fue generoso hasta los extremos. Porque encarnó lo más admirado por la humanidad: el heroísmo. Porque fue capaz de derrotar a un enemigo poderoso que representaba el atraso y la opresión. Porque se arriesgó, se atrevió, fue derrotado, se sobrepuso al fracaso y triunfó. Porque formuló propuestas trascendentes y las concretó. Porque honró la palabra con sus sacrificios.

Porque su lucha no se encajonó en unos límites territoriales coloniales. Porque modificó radicalmente la cartografía de su tiempo. Porque forjó una nueva nacionalidad basada en la lucha por la emancipación. Porque creó un sistema de ideas coherentes con los principios de independencia, igualdad, buen gobierno, aboliendo los privilegios coloniales y monárquicos. Porque planteó la unidad de las nacientes repúblicas (“hermanas”) en una confederación que las salvaguardara de las apetencias imperiales. Porque propuso el concepto geopolítico más brillante de su tiempo con plena vigencia en la actualidad: el Equilibrio del Universo.

Porque fue pionero de los derechos de los pueblos originarios y de las políticas públicas ecologistas. Porque fue un vigoroso defensor de la ética pública y enemigo acérrimo de la corrupción. Porque fue un visionario de la sociedad futura, como pregonero de un tiempo mejor en lo económico, científico, educacional, artístico, pero también advirtió contra flagelos morales y políticos que acechaban a nuestros pueblos, sobre los que había que actuar con planes claros e inmediatez. Porque predijo el rol imperialista de los Estados Unidos en Nuestra América.

II

Está vigente Bolívar en la irrenunciable lucha por la Independencia, contra el imperialismo, por expulsar un ejército enemigo de nuestros territorios, por tener gobiernos éticos y patrióticos, no ceder al coloniaje de nuevo cuño que contagia al continente, volver al plan inicial del Congreso Anfictiónico, insistir en la unión de Repúblicas hermanas, consolidar un coloso de poder que sea salvaguarda de nuestras soberanías colectivas y eje del Equilibrio del Universo; que se establezca de una vez la igualdad práctica, la seguridad social, la estabilidad política; que la educación y el trabajo sean las palancas que hagan progresar la sociedad; pareciera que estuviéramos hablando de una “reforma que nunca se había hecho”. 

¿Se trata de alguien para recordar un día al año, o es un hombre destino, una marca imborrable de cada día? ¿Quién es ese Bolívar que aparece en todas las ecuaciones de nuestra existencia, a quien no dejan de aparecerle enemigos y quien no ha podido entregarse por completo a la muerte para ser un difunto lejano, huesos del olvido, un pedacito de recuerdo perdido en la infinita oquedad del pasado?

¿Cómo ver a Bolívar, cómo acercarnos a él, cómo asirnos a sus lecciones trascendentes que hoy nos increpan a la cara el riesgo inminente de perder la Patria?

Propongo estudiar a Bolívar desde Bolívar. Se trata de una metodología radical (“que chupa los jugos de la tierra a la que sirve”, según Andrés Bello), que intenta sortear las escaramuzas para ir al combate estratégico, que no se resigna a la xenofilia epistémica que tanto abunda en la elite central-vertical y una “intelectualidad” que sigue rindiendo culto a la colonialidad, porque se asume -y presume- que el conocimiento viene importado desde locus exóticos o en la cancerígena cábala online que niebla almas, porque los filósofos y pensadores deben tener apellidos germánicos, anglosajones, en fin, europeos, mejor si vienen con el prestigio de academias y oenegés financiadas por la hegemonía científico-cultural nazisionista.

Es Bolívar contra el fascismo global imperialista: un antídoto venezolano que Venezuela no ha sabido valorar. Porque del “Sus Majestades Reyes Católicos” saltamos al “ta barato, dame dos” y a la fase superior del cheverismo: el cadivismo. 

Celebrar a Bolívar es atrevernos a inventar una epistemología original. Es asumir la confrontación a la campaña transnacional antibolivariana, es tomar partido la Doctrina del Libertador por sobre los escribas y fariseos, quienes prefieren que Bolívar permanezca en los sepulcros blanqueados, entre el mausoleo y el manoseo. Es también desenmascarar a la casta falseadora, y exterminar las polillas que corroen el bolivarianismo desde el contrabando universitario.   

La Doctrina Bolivariana -en Venezuela- es el sustento constitucional de la República, además de ser un aporte nacional al pensamiento revolucionario mundial. La enseñanza, difusión y comprensión de la Gesta y la Doctrina Bolivariana son una necesidad urgente para: 1) Preservar la existencia de la República en la cohesión del Pueblo congregado como estirpe libertadora, 2) Para orientar las luchas de liberación nacional y por los derechos ciudadanos plenos, 3) La proyección de una mejor humanidad como horizonte, por un mundo de justicia y equilibrio (para que haya paz), hincado en la autodeterminación de los pueblos y la validez del derecho internacional consensuado.

No haber logrado estos objetivos por los desvaríos del modelo educativo, es el peor fracaso de la nación. En el Discurso de Angostura el Libertador Simón Bolívar lo expresó magistralmente: “El progreso de las luces es el que ensancha el progreso de la práctica, y la rectitud del espíritu es la que ensancha el progreso de las luces…de un pueblo que no se conforma con ser libre y fuerte, sino que quiere ser virtuoso”. (Recordemos una vez más al poeta Antonio Machado: El arma más destructiva que utiliza el fascismo es la mentira). Y reiteremos con Bolívar: “Por el engaño se nos ha dominado más que por la fuerza, y por el vicio se nos ha degradado más bien que por la superstición. La esclavitud es la hija de las tinieblas; un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción”. [1]

Como dijera el Maestro Rodríguez: “…unas a otras se temen, sin poder determinar la causa, y no es otra que el egoísmo, propio de la ignorancia en que yacen millones de hombres, por la falsa idea que tienen de la sociedad los pocos que la suerte ha puesto a gobernarla.[2]

III

Ser militante de una Concepción Bolivariana de la Historia, rebelde, radical e insurgente, exige defender la gesta y Doctrina del Libertador Simón Bolívar, misma que está basada en un ejercicio permanente de memoria histórica, el estudio profundo y sistemático del pensamiento más avanzado de su época, la observación crítica de la realidad internacional, el análisis situacional del estado político-militar del enemigo y la correlación de fuerzas en cada coyuntura del proceso de Independencia. Su praxis revolucionaria se sustentó en un enorme ejercicio de reinterpretación de la historia, concisamente proclamado aquel 4 de julio de 1811 en la Sociedad Patriótica: ¡300 años de calma no bastan! 

Anotemos algunas premisas de nuestras raíces ideológicas fundantes, comenzando por una muy puntual que perfectamente encaja en la lucha que estamos librando contra el rebrote del flagelo fascista: “Todo el cuerpo de la historia enseña que las gangrenas políticas no se curan con paliativos”. [3]

Este hombre que, en el clímax de su gloria, molestado por un intrigante misógino que objetaba el ascenso de Manuela Sáenz al rango de Coronela ganado en la Batalla de Ayacucho, respondió: “Un ejército se hace con héroes y éstos son el símbolo del ímpetu con que los guerreros arrasan a su paso en la contienda, llevando el estandarte de su valor”. [4] Es el enamorado de la Historia que no se conforma con estudiarla y comprenderla, sino que se mete en su torbellino a enrumbarla hacia la eutopía. “El gran poder existe en la fuerza irresistible del amor”, dice en una carta desde Caracas el 6 de abril de 1827 a su heredero Gran Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre.

Insistimos en salvar a Bolívar. Salvarlo de sus propias premoniciones: “Si la América no vuelve sobre sus pasos… bien poco hay que esperar respecto a la consolidación de sus gobiernos; y un nuevo coloniaje será el patrimonio que leguemos a la posteridad”. [5]

Para salvar a Bolívar, debemos seguir sus instrucciones, con la disposición combativa mostrada en los días más terribles: “Con motivo del mal estado de la situación por falta de energía de nuestra parte y por sobra de la ajena o de los contrarios, estamos resueltos a tomar un partido que salve la Patria, formando una reunión de los hombres más influyentes que… hagan lo que se determine.” [6]

IV

La “Noche Septembrina” continúa. Bolívar objetivo militar del fascismo global imperialista.

El documento definidor de la política derechista en Estados Unidos Santa Fe IV del año 2000, prestó especial atención a la Patria Bolivariana, partiendo del diagnóstico de un país muy conocido por el imperialismo petrolero gringo desde comienzos del siglo XX y al que observaron temerosos sus más importantes estadistas desde los días convulsos de la lucha por la Independencia: “Venezuela es un país paradójico. Es uno de los países productores de petróleo más importantes del mundo y, sin embargo, la mayoría de la población es muy pobre. En Venezuela, hace mucho que la industria petrolera está en manos del Estado y la riqueza que produce, en su mayor parte, ha sido absorbida por una gran cantidad de contratistas internacionales y un aparato administrativo inflado. Una gran clase gubernamental y comercial ha prosperado a la sombra de la industria petrolera, pero grandes sectores de la población general viven en la miseria, en terrenos ilegalmente ocupados, con comida, agua, atención sanitarias y educación inadecuadas. Durante muchos años, la política partidaria de Venezuela ha sido nominalmente democrática y blanda, y ha hecho poco por resolver los problemas socioeconómicos del país y de sus masas cada vez más alienadas”. [7]

Hay que leer con mucha atención el manejo minucioso que exhiben los tanques pensantes yanquis en Santa Fe IV: es la interpretación de las condiciones objetivas y subjetivas en el primer año del Tercer Milenio: “Las condiciones estaban maduras para el surgimiento de Hugo Chávez. Hombre de orígenes humildes, Chávez ascendió rápidamente por las filas del ejército debido a sus habilidades como atleta y soldado. Hace ocho años, en 1992, fue parte de un golpe militar fallido y pasó cierto tiempo en la cárcel por su intervención. Después de su liberación, Chávez decidió tomar el poder por medios electorales. Utilizando en su campaña la promesa de usar la riqueza petrolera de Venezuela para aliviar la pobreza de las masas, Chávez sorprendió a muchos al ganar la presidencia en el otoño de 1998. Chávez se movió rápidamente para consolidar su poder. Estableció una nueva convención constitucional, que promulgó una nueva Constitución a su medida, y disolvió el Congreso existente. También instituyó una gran purga de la compañía estatal petrolera y ha asumido un papel prominente en la OPEP: se considera que ha sido el impulsor del reciente movimiento de la OPEP para cortar la producción mundial de petróleo y subir los precios. El gran héroe de Chávez es Simón Bolívar. Apoyándose en el bolivarismo, aspira a formar la Gran Colombia (Venezuela, Colombia, Panamá y Ecuador), probablemente como república socialista”. [8]

En su segundo mandato, Donald Trump, desempolvó el Documento de Santa Fe IV, para cuyos autores, nuevos enemigos desafiarían la hegemonía estadounidense: después de la estratégica China, “el castrista Chávez de Venezuela y el surgimiento de un militarismo izquierdista en los países andinos que finalmente está obteniendo un poco de atención por parte de los medios, en la medida en que el bolivarismo se convierte en un grito de ataque de los comunistas y socialistas.” [9]

Desde los días en que Bolívar presidía la original Colombia, en mayo de 1823, John Quincy Adams nos veía con insana apetencia: “llamada a ser en adelante una de las naciones más poderosas de la tierra, tanto por su acceso a los océanos Pacífico y Atlántico, y sus ríos navegables, el Amazonas, el Orinoco y el Magdalena, como por la fertilidad de su suelo y la abundancia de sus riquezas mineras”. [10]

Bolívar anda por ahí desde un 24 de julio de 1783, entre escombros y un pueblo sufriente, entre la solidaridad y la indignación. No deja de luchar. Nosotros, que no creemos en leyendas, ni en religiones, hemos constatado diariamente la voluntad de este hombre por vencer las dificultades, incluida la muerte.

Yldefonso Finol



[1] Simón Bolívar (2019). Discurso de Angostura. Edición conmemorativa del Bicentenario 1819-2019.

[2] Simón Rodríguez: Sociedades Americanas. Obras completas. Tomo I. Ediciones de la Universidad Simón Rodríguez, 1975, p. 331

[3] Simón Bolívar: carta a José María del Castillo. Bucaramanga, 11 de abril de 1828

[4] Simón Bolívar: carta a Santander desde Lima el 17 de febrero de 1825.

[5] Archivo del Libertador. Simón Bolívar: carta a Mariano Montilla, Guayaquil, 4 de agosto 1829.

[6] Cartas de Bolívar y Urdaneta. Bogotá, 18 de abril de 1830.

[8] Idem

[9] Eduardo Rivas: los condicionantes externos en los procesos de integración. El rol de los Estados Unidos de América ante los casos europeo y latinoamericano (2002).  https://www.eumed.net/libros-gratis/2007a/256/51.htm

[10] Germán A. De La Reza. El intento de integración de Santo Domingo a la Gran Colombia (1821-1822). Revista Secuencia número 93 México (sep./dic. 2015), p 74

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