La Muerte
de Arafat [1]
La Mukata es una prisión
construida por el colonialismo inglés en Ramala, cuando aún ocupaba esas
tierras. En esa edificación montó temporalmente Arafat la Autoridad Nacional
Palestina después que el ejército israelí destruyera a bombazos su sede oficial.
Pero los israelíes
decidieron que La Mukata fuera la cárcel de un Arafat condenado a cadena
perpetua y pena de muerte a la vez. El delito que le achacan es el de haber
dedicado toda la vida a la causa de su pueblo, de su patria, de la desterrada
Palestina que clama existir.
La mayor parte de su vida
cargó con el fardo de ser estigmatizado como terrorista. Y he allí una de las
mayores y más injustas paradojas de la lucha del pueblo palestino y del pueblo
árabe en general: ser un patriota que se enfrenta a la ocupación imperialista
es ser un terrorista. No es terrorista, sin embargo, el ejército que invade y
asesina a todo un pueblo. Si no, miremos a Irak: más de cien mil civiles
muertos calificados por los medios de comunicación como terroristas.
Hablar de Arafat, ahora que
un criminal ministro israelí celebra su muerte, es hablar del cinismo y el
fracaso del sistema de Naciones Unidas, y de la hipocresía y el fariseísmo de
la mayoría de los gobernantes y líderes del mundo árabe, entregados vergonzosamente
a los negocios con sus enemigos históricos. Es hablar también de la gran
contradicción de nuestro tiempo: emancipación de los pueblos versus
imperialismo.
¿Cómo se podría explicar que
un Estado de 21.000 kms2 –una tercera parte del Zulia- haya mantenido en jaque
a las Naciones Unidas, incumpliendo con arrogancia sus resoluciones? No nos
engañemos. El mundo está bajo la égida de la bota y la bomba imperialista.
Cualquier idiota que ocupe la Casa Blanca podrá decidir qué gobierno es estable
y respetado, y qué otro sucumbe. O lo que es lo mismo: el peso político de
todos los Estados del planeta juntos no inclina la balanza a su lado tanto como
la lleva al suyo el país de la CIA. Toda la ONU vota para levantar el bloqueo a
Cuba y a los gringos no les da la gana y punto. Toda la ONU vota para sancionar
a Israel y otra vez a los gringos no les da la gana. Claro que esas ganas no
son gratuitas: son las ganas del capital financiero transnacional.
Entonces se ve que cuando
uno quería hablar de Yasir Arafat, del héroe palestino por excelencia, termina
hablando del imperialismo. Los telediarios, noticieros y documentales de las
cadenas informativas internacionales dirán muchas cosas sobre él: que tal vez
lo envenenaron, que no se sabe la hora exacta de su fallecimiento, que el
entierro en Ramala fue un desorden que anuncia la falta de liderazgo y la
ingobernabilidad en que queda Palestina, que Bush y Blair ahora si ven una
salida política al conflicto árabe-israelí, que Hamas aprovechará la coyuntura
para enardecer a las bases de Al Fatah en su plan de radicalizar la lucha, que
Arafat no previó el surgimiento de un líder que lo sustituyera y, por tanto es
responsable de la acefalía del movimiento palestino. Dirán esto y mucho más.
Nosotros, desde este
rescoldo de las patrias oprimidas en proceso de liberación, como bolivarianos
solidarios comprometidos con la inmensa causa palestina, sólo diremos que ha
muerto un imprescindible, un hermano combatiente de todos los días de
toda la vida. Honor y gloria a Yasir Arafat, Abu Amar, Padre del Pueblo de la
Patria Palestina. Nazcan muchos como él.
Israel y un mundo cobarde
(Martes, 01/06/2010Yo estoy convencido que el llamado “problema palestino” es el principal problema político que tiene la humanidad. Dependiendo de cómo este asunto se resuelva, veremos si es posible una mejor humanidad o si se profundiza el actual estado de cosas.
En la compleja situación que vive este pueblo ancestral, hay muchos elementos tergiversados por manipulación ideológica de los grandes medios, empezando por el cine. La poderosa maquinaria cultural sionista ha impuesto en el mundo la idea del “holocausto judío” como hecho más trascendente de la mal llamada Segunda Guerra Mundial. Ciertamente la razzia llevada a cabo por la extrema derecha nazifacista es un hecho repudiable desde todo punto de vista. Pero cómo llamar entonces a los veintidós millones de muertos que sufrió la extinta Unión Soviética; pueblos enteros enterrados en fosas comunes, pueblos heroicos que con su inmenso sacrificio derrotaron a la bestia nazi.
Y, ¿cómo llamar los ochenta millones de seres humanos asesinados en la invasión europea al continente hoy llamado América?
Esas no son víctimas dignas de considerar ni de indemnizar. Ni de reivindicar en versión histórica alguna. Eran solo indios, gentilicio prestado por error.
Pero esta Israel no es la de la Biblia. Es un amasijo de gentes de todos lados, sobretodo de Europa, que han invadido con saña y alevosía desde hace 63 años la tierra palestina, engañando y asesinando a sus originarios habitantes.
Avigdor Lieberman, el canciller del actual gobierno, lleva apenas 25 años viviendo allí. Es un extranjero y tiene el poder de destruir vidas por miles. Lo mismo ocurre con la agresiva invasión con colonos. A Palestina le van dejando sólo un 13% del territorio que le reconocen las Resoluciones de Naciones Unidas.
La ONU está totalmente deslegitimada. La impunidad internacional impuesta por Israel con apoyo de Estados Unidos e Inglaterra es el cáncer que diezma la posibilidad de una comunidad de naciones en paz y con justicia.
El mundo observa indiferente el genocidio planificado, sostenido y creciente de un pueblo entero, donde el poder financiero transnacional hace gala de su prepotencia, y los gobiernos de países árabes y musulmanes, exhiben sin pudor su desvergüenza y su cobardía.
Al contrario, la actitud viril y solidaria de nuestro Gobierno Bolivariano, es motivo de orgullo nacional y mensaje de esperanza al pueblo árabe-palestino.
El único camino posible para detener la carnicería sionista contra Palestina, es darle una lección de fuerza a Israel, declarando el bloqueo de ese mercado y el boicot de sus productos y de empresas asociadas a nivel mundial; a la vez que se establece definitivamente el Estado Palestino con ayuda internacional para ser dotado de un ejército apertrechado con disuasivos suficientes para bajarle los humos al envalentonado guapetón del Medio Oriente.
Para lograr esto en indispensable la unidad de los patriotas palestinos.
Lo ocurrido con la flotilla humanitaria en aguas internacionales del Mediterráneo, es la última prueba que la ONU necesitaba para terminar con la impunidad sionista. Si no lo hacen institucionalmente, vendrán situaciones de mayor peligro aún, donde el riesgo de una guerra atómica podría ser la terrible desembocadura de un mundo cobarde y egoísta.
Economista, Historiador, Escritor y Diplomático. Constituyente de 1999
caciquenigale@yahoo.es
El
plan de Israel: exterminio y hegemonía en Oriente Medio [2]
Durante
la tortura de una mujer venezolana, militante de izquierda con ocho meses de
embarazo, el terrorista cubano al servicio de Estados Unidos Luís Posada
Carriles, ordenó que le patearan el vientre para “matar esa semilla”.
Ese
también fue el propósito de las esterilizaciones masivas en comunidades
indígenas de Latinoamérica, llevadas a cabo por el imperialismo en tiempos de
la “Alianza para el progreso”, cuando en el Pentágono decían que era más barato
matar los Che Guevara antes de nacer.
Tal es
el Plan de Israel con Palestina. El francotirador del ejército israelí David
Ovadia, se ufana públicamente de matar en un día 13 niños palestinos, mientras
un grupo de hinchas sionistas celebran el hecho en las calles de Tel Aviv,
cantando: “Mañana no hay escuela, ya no quedan niños en Gaza! Olé, Olé, Olé,
Olé. Gaza es un cementerio. Muerte a los árabes”.
Pensar
que la Liga Árabe fue diligente contra sus hermanos de Libia y Siria, pero le
lame las suelas a su enemigo histórico. ¡Nido de sanguijuelas!
Durante
esta nueva masacre que ejecuta Israel contra Palestina, la muerte de
trescientos niños y muchas mujeres, no es un “daño colateral”, al contrario, es
parte clave de plan terrorista israelí: exterminar para robar tierras y
recursos e imponer una hegemonía imperialista en la región.
En
tres semanas sesenta mil palestinos perdieron sus hogares y 460 mil han sido
desplazados. Destruyeron la única planta eléctrica, atacaron ambulancias y
bombardearon hospitales. Delitos de lesa humanidad puros y duros. Por algo ese
Estado criminal no reconoce la Corte Penal Internacional.
Israel
ha ejecutado dos mil ataques aéreos, y movilizó 86 mil efectivos militares en
la operación “Margen Protector”, y ha solicitado a Estados Unidos más
municiones de su arsenal local con equipamiento valorado en mil millones de
dólares.
Al
menos diez escuelas, incluidas las que regenta Naciones Unidas, fueron
agredidas por la maquinaria bélica judía. Hasta el 1º de agosto ha matado más
de 1.700 y herido más de 12.000. Datos del ministerio de salud palestino y
organizaciones internacionales estiman que 80% de las víctimas son civiles,
entre niños, mujeres y ancianos.
Para
el gran cartel mediático imperialista, se trata de un conflicto entre Israel y
Hamas, ya que éste último lanza cohetes a territorio sionista. Esta falsedad se
cae sola a la vista de la verdad histórica: cuando Hamas fue fundada a finales
de 1987, Israel llevaba 40 años violentando a Palestina.
Obama
es culpable de este genocidio, y Ban Ki Moon alcahuete.
En el
otro extremo, el del amor, el chavismo mundial exige paz, cese del genocidio y
el derecho a un Estado Palestino soberano, con todo su territorio libre del
terrorismo global israelita. Para esto hay que desarmar al monstruo sionista.
Repito,
en Palestina se decide el futuro de la humanidad. Sólo los pueblos alzados
contra el imperialismo la salvarán.
Yo soy palestino
Yo soy palestino
No necesito que me mate el ejército israelí para aborrecerlo
Me basta verlo pasearse todo maquillado ante la cámara de CNN para
despreciarlo
Yo no necesito nacer en Gaza para saber que las finanzas internacionales
son una maldición
Porque yo soy palestino aunque nadie me lo autorice
Tengo mi pasaporte entre el pecho y la rabia que es el amor elevado al
despojo insolente del imperialismo
Tengo mi residencia debajo de la penúltima piedra de la Intifada más
reciente que recogió León Felipe para hacer un poema de verdad
Mi condición de palestino no me la quita nadie
Porque yo desde niño he soñado con danzas jolgorios de manos alzadas
al aire
Corderos en llamas de leña perfumada rodeados de abrazos tribales que
oran
Leches vegetales mosaicos de verdes de miles de coles aliñadas
Yo soy el jugo de naranja que llueve sobre Palestina
No me hace falta el dios de los judíos ni ningún otro para ser miel de
las almendras
Menos para encontrar la verdad debajo del pañuelo crisálida de un alma
que respira
Yo soy palestino sin derechos ni prebendas soy solo el deber de resistir
Otros caminan por ver la luz yo palestino me entierro para añorarla
Y otros muy otros tan otros que no son ni ellos
Me buscan en el vientre de mi madre para descuartizar lo que yo he sido
Me matan si he nacido para evitar que pueda ser
Porque yo soy palestino dueño ancestral y amoroso de lo que el odio
envidia
Soy perseguido del ogro el señor de los perfumes y las transacciones
Me culpan de estar aquí donde estuvieron siempre los míos
A esos otros tan otros que no son ni ellos
Les ha dado por borrarnos del mapa para establecer el planeta de la
dolarfilia
Yo soy palestino sin agua ni dólar ni alimento
Palestino sin noche de amor ni amanecer
Pero seré palestino por siempre lunas estrellas cielos tierra
Aunque los otros que de tan otros ya no humanos
Me nieguen a bombazos un día de sol.
Soy palestino
Y mi ternura ya es daga vengadora de mil entregas
De mil poemas humanidad.
Yldefonso
Finol


No hay comentarios:
Publicar un comentario