jueves, 23 de noviembre de 2023

ANALISIS DEL CONFLICTO LIMITROFE CON GUYANA A LA LUZ DE LA DOCTRINA BOLIVARIANA

 

ANALISIS DEL CONFLICTO LIMITROFE CON GUYANA A LA LUZ DE LA DOCTRINA BOLIVARIANA



Yldefonso Rafael Finol Ocando


Introito

En la controversia territorial de Venezuela con Guyana se entrecruzan un conjunto de complejos elementos histórico-jurídicos, que deben tomarse en cuenta para una concienzuda comprensión del problema:

-        Resabios colonialistas vinculados al proceso de formación del territorio de ambos países, en particular, las ilegítimas ocupaciones de hecho consumadas en el siglo XIX por el Imperio Británico en el oeste del río Esequibo, que corresponden históricamente a Venezuela; vale decir, nuestra Guayana Esequiba.

-        La aplicación de la Doctrina Monroe, donde Estados Unidos se erige en único poder representativo de América frente a Inglaterra y resto de Europa, asumiendo para sí el rol de ser la voz válida de un continente que considera su “patio trasero”.

-        Irrupción del capital monopolista, los cárteles y trust, anunciando el advenimiento del imperialismo (1870) como etapa superior del capitalismo clásico, con la tendencia definitoria de esta fase signada por el reparto del mundo entre las potencias dominantes. (Hobson, 1902; Lenin, 1905; Hilferding, 1910)

-        La conspiración de estos poderes fácticos para repartirse zonas geográficas que consideran de su interés geopolítico específico, como fueron los casos de Cuba y Puerto Rico para Estados Unidos y nuestra Guayana Esequiba para Inglaterra, entre otras por todo el planeta.

-        La imposición del fraudulento Laudo Arbitral de París como resultado de ese acuerdo existencial entre Estados Unidos e Inglaterra, en el que se le pretendió dar forma jurídica a un acto pirático.

-        El rechazo histórico de Venezuela a dicho adefesio y la defensa sostenida de nuestra territorialidad en el Esequibo, que se plasmó en el Acuerdo de Ginebra, como único instrumento reconocido soberanamente por las partes para una solución satisfactoria, pacífica y dialogada, sin injerencia de factor externo alguno.

-        En la situación actual del conflicto se debe destacar el desconocimiento del Acuerdo de Ginebra por parte de Guyana, el empeño obcecado en la validación unilateral del Laudo Arbitral, su arrogante incursión en aguas marinas no delimitadas (y hasta en otras que son exclusivamente venezolanas), todo ello a raíz de la cooptación de ciertas elites políticas guyanesas por la transnacional petrolera EXXOM MOVIL y la notoria presencia de agentes del Pentágono, la jefa del Comando Sur, incrementándose el armamentismo y militarismo estadounidense en la República Cooperativa de Guyana.

-        Desde 2015 el gobierno de Guyana se prestó como aliado de posibles escenarios belicistas contra Venezuela, en esquemas calificados como “Operación Tenaza” en conjunción con los gobiernos colombianos involucrados en la guerra multiforme aplicada por el imperialismo yanqui a Venezuela.

I

La posición bolivariana en el proceso del despojo

La Doctrina Bolivariana sobre la primacía de lo territorial en el amplio concepto emancipatorio de la soberanía popular, está contenida, entre otros tantos documentos emitidos por El Libertador, en una carta a Andrés Santa Cruz, fechada en Popayán el 26 de octubre de 1826: “Primero el suelo nativo que nada; él ha formado, con sus elementos nuestro ser; nuestra vida no es otra cosa que la esencia de nuestro pobre país. Allí se encuentran los testigos de nuestro nacimiento, los creadores de nuestra existencia y los que nos han dado alma por la educación. Los sepulcros de nuestros padres yacen allí y nos reclaman seguridad y reposo; todo nos recuerda un deber, todo nos excita sentimientos tiernos y memorias deliciosas; allí fue el teatro de nuestra inocencia, de nuestros primeros amores, de nuestras primeras sensaciones y de cuanto nos ha formado. ¿Qué títulos más sagrados al amor y a la consagración?”. [1]

Pero el pensamiento de Bolívar nunca fue sólo idea y letras; es una de sus condiciones más destacadas como jefe revolucionario y estadista: siempre su pensamiento va acompañado de la acción transformadora. En el Cuartel General de Angostura, en fecha 15 de octubre de 1817, decreta formalmente la incorporación de Guayana a la República, basado en el territorio que nos disputábamos a sangre y fuego con el Imperio Hispano, constituido desde 1777 como Capitanía General de Venezuela: “Debiendo incorporarse a la República la Provincia de Guayana tomada últimamente por la primera vez bajo la protección de nuestras armas y leyes, he tenido a bien decretar y decreto lo siguiente. Artículo 1º - La Provincia de Guayana en toda su extensión queda reunida al territorio de Venezuela, y formará desde hoy una parte integrante de la República.” [2]

El 17 de diciembre de 1819, el Congreso de Venezuela, reunido en Angostura del Orinoco, declaró formalmente creada la República de Colombia. El Artículo 6° de la Constitución de la República de Colombia de 1821, sancionada en Cúcuta, estableció que: “El territorio de Colombia es el mismo que comprendía el antiguo Virreinato de Nueva Granada y de la Capitanía General de Venezuela.”

De manera que, para el movimiento independentista liderado por Simón Bolívar y una pléyade de próceres de toda Nuestra América, no había ninguna duda sobre la soberanía territorial que asistía a la República sobre el área geográfica correspondiente a la Guayana Esequiba, desde tiempos coloniales, desde la creación de la Capitanía General y desde la fundación temprana de la Venezuela independiente en 1810.

Francisco Antonio Zea, quien ejerciera la vicepresidencia en Angostura y otras importantes misiones patrióticas, hallándose en Londres por órdenes del Libertador Presidente, dirige una nota a Lord Castlreagh, Primer Ministro de Gran Bretaña, el 20 de febrero de 1821, para precisar los límites de Colombia (la original); a tal efecto señala que su frontera oriental “termina en el Esequibo, siendo la ribera izquierda de este río la frontera con la Guayana holandesa”.

José Rafael Revenga, representante del Libertador Presidente Simón Bolívar en Londres, para negociar el reconocimiento oficial de Colombia (la original) por parte de Inglaterra, remite a los ingleses un oficio que precisaba muy nítidamente la soberanía sobre nuestro territorio Esequibo: “Séame lícito, sin embargo, llamar particularmente la atención de usted al artículo 2° del Proyecto de Tratado en punto de límites. Los ingleses poseen en el día la Guayana Holandesa, por cuya parte son nuestros vecinos. Convenga usted, tan exactamente como sea posible, sobre fijar la línea divisoria de uno y otro territorio según los últimos tratados entre España y Holanda. Los colonos de Demerara y Bérbice tienen usurpada una gran porción de tierra que según aquéllos nos pertenece, del lado del río Esequibo. Es absolutamente indispensable que dichos colonos o se pongan bajo la protección y obediencia de nuestras leyes, o que se retiren a sus antiguas posesiones. Al efecto se les dará el tiempo necesario según se establece en el proyecto”.

Este documento, citado por varios autores, alguno de los cuales atribuye su autoría al Libertador (el año 1822, el Libertador Simón Bolívar protesta de manera enérgica: “Es absolutamente indispensable que dichos colonos, o se pongan bajo la protección y obediencia de nuestras leyes, o que se retiren a sus antiguas posesiones”) [3], reviste una importancia crucial, porque además de indicar indudablemente cuál es el límite con las posesiones coloniales al este -mismo país con el que se está tratando el reconocimiento de la República-, se reclama el ingreso ilegal de colonos a nuestro territorio y se conmina a dejar esta práctica, o acogiéndose a la jurisdicción exclusiva de la República o saliendo inmediatamente de ella.

Estas negociaciones alcanzaron su propósito en agosto de 1824 y abril de 1825, cuando la Corona británica reconoció a la República de Colombia y se suscribió el Tratado de amistad, navegación y comercio. En el marco de esa nueva circunstancia diplomática, el entonces ministro Manuel José Hurtado, reiteró que el límite “se extiende por la Mar del Norte desde el río Esequibo, o confines de la provincia de Guayana, hasta el río de las Culebras que la separa de Guatemala”; límites aceptados por Gran Bretaña, como consta en el artículo 2° del Tratado de Reconocimiento: “la reconoció como Nación libre, soberana e independiente, compuesta de las provincias y territorios expresados en su Constitución y demás leyes posteriores, a saber: Margarita, Guayana, Cumaná, Barcelona, Caracas, Carabobo, Barquisimeto, Barinas, Apure, Mérida, Trujillo, Coro y Maracaibo y otros cualesquiera territorios e islas que puedan corresponderle”.

Luego se procedió a aprobar el Tratado de amistad, navegación y comercio el 1º de abril de 1825, cuyo espíritu expresado en el Artículo 1º que rezaba: “Habrá perpetua, firme y sincera amistad entre la República y pueblo de Colombia, y los dominios súbditos de Su Majestad el Rey del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda, sus herederos y sucesores” [4], fue burlado cínica e incisivamente por los británicos.

Pero el empeño de Bolívar de mantener una alianza táctica con Inglaterra durante todo el periodo de la Guerra de Independencia contra España y formación de las nuevas repúblicas, que algunos confunden con un sentimiento pro-británico, no cegó al Libertador para ver, saber y advertir los riesgos de la relación con aquél imperio: “Por ahora me parece que nos dará una grande importancia y mucha respetabilidad la alianza de la Gran Bretaña, porque bajo su sombra podremos crecer, hacernos hombres, instruirnos y fortalecernos para presentarnos entre las naciones en el grado de civilización y de poder, que son necesarios a un gran pueblo. Pero estas ventajas no disipan los temores de que esa poderosa nación sea en lo futuro soberana de los consejos y decisiones de la asamblea: que su voz sea la más penetrante, y que su voluntad y sus intereses sean el alma de la confederación, que no se atreverá a disgustarla por no buscar ni echarse encima un enemigo irresistible. Este es, en mi concepto, el mayor peligro que hay en mezclar a una nación tan fuerte con otras tan débiles.” [5]

Y ese peligro ya se cernía sobre nuestra Guayana Esequiba de manera subrepticia y traicionera.

 

II

Nuestra obligación con la Doctrina Bolivariana

En el caso venezolano en particular, he insistido en tres razones que nos obligan a profundizar en la Doctrina Bolivariana:

1) La primera es de carácter constitucional (condición necesaria y suficiente), de acuerdo al Artículo 1° de la Constitución de 1999 vigente, que textualmente establece: “La República Bolivariana de Venezuela es irrevocablemente libre e independiente y fundamenta su patrimonio moral y sus valores de libertad, igualdad, justicia y paz internacional en la doctrina de Simón Bolívar, el Libertador. Son derechos irrenunciables de la Nación la independencia, la libertad, la soberanía, la inmunidad, la integridad territorial y la autodeterminación nacional.” Esta disposición fundacional constituye un planteamiento sin precedente en el constitucionalismo latinoamericano, prueba de la transformación paradigmática que implicó desde sus inicios el proceso venezolano de la Revolución Bolivariana. El sólo salto a los tiempos históricos de la lucha de emancipación, volteando la mirada de la ciudadanía al ideario del más elevado Héroe Nacional, debían provocar una poderosa incitación a recuperar la memoria colectiva sobre nuestros orígenes como nación soberana. No quiere decir que bastara con enunciar estos principios normativos, porque los cambios culturales no se producen de manera instantánea ni mecánicamente; ellos son el resultado de complejos procesos sistemáticos de educación, debate, comunicación, praxis social, y realizaciones concretas en el plano de los derechos, con políticas públicas afinadas al ritmo de las exigencias históricas. Tampoco debemos soslayar la acción de los contrarios. La tradición política de las elites se veía amenazada por los nuevos contenidos revolucionarios que invocaban el Pensamiento Bolivariano. El sistema de dominación establecido desde 1830 se cimentaba sobre los hombros de un pueblo excluido del empoderamiento –y de su propio protagonismo- de nuestra Historia. Bolívar estaba en las plazas, era recordado en algunas efemérides, la intelectualidad al servicio de aquellos regímenes lo manoseaba y se extasiaba en su fastuosa erudición; pero los pueblos eran apartados de los centros del conocimiento historiográfico, y en general de las ciencias. Se mostraba un Bolívar cosificado, aristocrático, lejano, inalcanzable. La reversión del status quo sobrevino del agotamiento del modelo partidista-representativo que secuestraba la soberanía popular. Las insurrecciones populares de 1989 y militares de 1992 marcaron el punto de quiebre. El bolivarianismo se materializó en un proyecto político de mayorías que se propuso refundar la República sobre los cimientos de su pensamiento nacional revolucionario por excelencia.

2) La segunda razón se manifiesta en el plano de lo cultural-espiritual-simbólico y está esencialmente ligada a lo que considero una necesidad urgente: la reconstrucción del mito fundante de la venezolanidad. En las raíces históricas e ideológicas de la épica ancestral (originaria y republicana), están las mejores energías para revalorizar el sentido de pertenencia a una nación (plurinacional), la que parió al Precursor y al Libertador, y que ha sido sometida a la campaña de linchamiento más bestial e indignante que contra pueblo alguno del continente se haya realizado. Nuestra historia es nuestra mayor riqueza, y cultivarla como memoria colectiva de la ciudadanía, es dotarnos de las dos armas más poderosas de los pueblos: conciencia de pertenecer a una estirpe heroica, y amor por esa construcción almática llamada Patria.  

3) La tercera razón es de orden político-moral: si nuestra revolución se autocalifica de bolivariana, lo menos que debemos es conocer la Gesta y el Pensamiento del Libertador Simón Bolívar, para que, sobre esa base doctrinaria, formemos el modelo de sociedad, de Estado y de servidores públicos que requiere el país.    

Consideramos al bolivarianismo como el ideario para la emancipación antiimperialista de nuestros pueblos, que busca el establecimiento de sociedades democráticas populares, para la consolidación de la paz como condición ideal de las realizaciones creativas y productivas de la comunidad internacional; la construcción de un mundo en equilibrio, con relaciones internacionales e intercambios económicos basados en la cooperación y no en el ánimo de dominación; todo ello considerando la protección de la naturaleza como única garante de la vida y el acceso igualitario a la educación como vía democratizadora del conocimiento y –por ende- de la sociedad. 

El pensamiento de Simón Bolívar abarca con coherencia aspectos ético-filosóficos, socio-políticos, socioeconómicos, militares y geopolíticos, que, como construcciones teóricas, trascendieron a su tiempo, con un alto impacto en la transformación radical de las condiciones coloniales del continente y del mapa geopolítico mundial que vio desmoronarse aquel poderoso Imperio Hispano que sojuzgó por más de tres siglos a los pueblos de Abya Yala.

Las ideas del Libertador Bolívar fueron premonitorias respecto de lo nuevo que debía nacer sobre las cenizas de un orden establecido que se suponía eterno por designios divinos; y que aún en la actualidad, sus proposiciones programáticas son válidas para las más anheladas causas por realizarse.

Los tres contenidos esenciales de la Doctrina Bolivariana -transversales a toda su obra teórica y su gesta- tienen una vigencia sorprendente, y los encontramos en las bases políticas de todos los movimientos patrióticos de Latinoamérica y el Caribe desde el mismo siglo XIX hasta nuestros días; esas razones expuestas por Bolívar en el primer número del Correo del Orinoco: “se pelea contra el monopolio y el despotismo, por la libertad del comercio universal y los derechos del mundo”.

Esa “pelea” la seguimos dando los pueblos contra la obsesión imperialista por monopolizar el “comercio universal”, para lo cual ejerce toda clase de medidas coercitivas, llámense guerras económicas, cercos diplomáticos, “sanciones” y bloqueos, que burlan las más consensuadas normas del Derecho Internacional, esos “derechos del mundo”, que Bolívar visualizaba a finales de la segunda década del siglo XIX.

Hoy observamos un llamado de la historia a relanzar el bolivarianismo como herencia sintetizadora del pensamiento emancipador por excelencia de Nuestra América, frente a las pretensiones imperialistas de desempolvar las doctrinas de la opresión que le sirvieron de bitácora geoestratégica en el predominio que Estados Unidos impuso “a sangre y fuego” en la región. 

La Doctrina Bolivariana no es un asunto del pasado ni debe confundirse con una antología de “frases célebres” para recordar mecánicamente en las efemérides. No es una lectura aburrida, no es una filosofía enmarañada, no es un recetario ni una fórmula mágica. El bolivarianismo (o bolivarismo como preferían llamarlo Vasconcelos y Liévano Aguirre) es ante todo una lección de vida para emular lo más altruista del hombre y la mujer que quieren vivir sin las cadenas ideológicas del individualismo a que nos conmina el globalismo neoliberal, como “pensamiento único" en el “fin de la historia”; es un mensaje retador y estimulante, un aliciente para darle sentido a una vida de servicio por el bien común.

Porque debemos recordar que el modelo social propuesto en la Doctrina Bolivariana, se resume a su vez en tres paradigmas fundamentales:

-        El anticolonialismo como causa principal de los revolucionarios de comienzos del siglo XIX, que se concatena con el antiimperialismo de finales de esa centuria y los siguientes siglos XX y XXI.

-        La igualdad social (“establecida y practicada”) como propósito irrenunciable del ser humano en sus luchas por una mejor humanidad, recogido en la contemporaneidad por el proyecto socialista.

-        El buen gobierno, ese que debe conjugar sabiamente el bien común con el buen vivir, para alcanzar la mayor suma de felicidad, estabilidad y seguridad social para los pueblos.

Con estos principios es que hemos enfrentado las doctrinas imperialistas que han enarbolado los distintos gobiernos de los Estados Unidos para “plagar la América de miserias en nombre de la Libertad”.

En resumen, podemos afirmar que la Doctrina Bolivariana contiene:

-        La raíz anticolonialista y antiimperialista latinoamericana

-        Un método de análisis situacional para la transformación sociopolítica

-        La valoración suprema de la educación popular como vía democratizadora de la sociedad

-        El abolicionismo de la esclavitud como cuestión previa de la emancipación anticolonial

-        El carácter pionero de los derechos indígenas

-        La nueva ética ciudadana como base del sistema de valores republicanos

-        El ecologismo raigal recogido en el contacto con las culturas originarias andinas

-        La unidad latinoamericana como núcleo del Equilibrio del Universo

-        El desarrollo de economías soberanas

 

II

La lucha actual por nuestra Guayana Esequiba

La convocatoria a Referéndum Consultivo por el Esequibo significa la reafirmación de soberanía nacional-popular contra neocolonialismo transnacional. Venezuela activa, por vías institucionales legítimas, un instrumento democrático participativo, y la transnacional que recolonizó a Guyana (EXXOM MOVIL-Pentágono) reaccionó pagando bufetes para que la Corte Internacional de Justicia le impida a nuestro pueblo el ejercicio de su soberano derecho a pronunciarse sobre una materia de altísimo interés nacional.

¿Qué tipo de jurisprudencia crearía la CIJ entrometiéndose en la democracia venezolana para limitarla, coartarla, truncarla? Ya sabemos que la presidenta de la CIJ es una agente del Departamento de Estado gringo. Venezuela no reconoce esa instancia para tratar el asunto de fondo que es la controversia con la vecina República Cooperativa de Guyana (por culpa del Imperio Británico) sobre nuestra Guayana Esequiba; mucho menos para meterse en una decisión legítima del Poder Legislativo de convocar al referéndum constitucional.

Aplicando la Doctrina Monroe los yanquis urdieron -con sus congéneres del Albión- el fraudulento Laudo Arbitral de París: allí no podían participar los venezolanos; es lo mismo que pretenden recrear con el exabrupto de un recurso en la CIJ: la nulidad los carcome a la luz del Derecho Internacional.

Venezuela es hoy una inmensa escuela de aulas abiertas a la Historia y la Filosofía Política. El Presidente Nicolás Maduro ha ejercido un magisterio nacional ante toda nuestra ciudadanía. En las calles se conversa de un concepto de doble significado, fundamental en la existencia del Estado: a) Soberanía nacional sobre nuestro territorio constituido en un proceso histórico de luchas ancestrales y republicanas. B) Soberanía para autodeterminarnos. C) Soberanía popular para expresarnos y decidir nuestro destino.

Hoy Venezuela es una sola conciencia de su valor como núcleo duro de los Derechos por una Humanidad liberada de coloniajes y presta a coexistir solidaria, pacífica, fraterna con todas las naciones; pero, eso sí, nunca sometida.

 

III

Apunte final

Por cortesía del profesor Víctor Reyes accedimos a este interesante aporte de Carlos Marx titulado El pago por la Guayana que constituye -de seguro- parte de esos intríngulis que la historia oficial no ha registrado, y que sólo la mirada crítica desde el campo revolucionario es capaz de develar: “Entre Inglaterra, Holanda y Rusia existió antaño un curioso convenio, el llamado préstamo ruso-holandés. Durante la guerra antijacobina el zar Alejandro obtuvo un empréstito de los señores Hope & Co. en Amsterdam. Tras la caída de Bonaparte, el rey de Holanda, “deseoso de retribuir adecuadamente a las potencias aliadas por haber liberado su territorio” y asimismo por la anexión de Bélgica -a la cual no tenía derecho alguno- se comprometió a formalizar un acuerdo con Rusia, por el cual convenía en pagar a plazos los 25 millones de florines adeudados por aquélla a los señores Hope & Co.; las otras potencias habían renunciado en favor de Rusia -entonces en grandes dificultades financieras- a sus reclamaciones. Para cohonestar su robo de las colonias holandesas en el Cabo de Buena Esperanza, así como de Demerara, Esequibo y Berbice, Inglaterra se adhirió a este acuerdo y se comprometió a pagar cierta proporción de los subsidios que correspondían a Rusia.” [6]

Con razón el agente ruso en la trama que generó el Laudo Arbitral de París, profesor F. de Martens, “distinguido autor de Derecho Internacional”, jugó un oprobioso papel similar a un proxeneta, durante los lleva y trae de la espuria negociación.

Ahora lo sabemos por el póstumo Memorándum del jurista Severo Mallet-Prevost, quien nos legó para la historia (y la justicia), verdades que el mundo debe conocer y que nuestra lucha por la Guayana Esequiba logrará hacer valer, referidas a la fraudulenta decisión plasmada en el Laudo Arbitral: “fue injusta para Venezuela y la despojó de un territorio muy extenso e importante, sobre el cual la Gran Bretaña no tenía en mi opinión, la menor sombra de derecho”.

 

Yldefonso Finol

 



[1] José Díaz Bermúdez: El pensamiento vivo de los libertadores de esta América.pdf, mayo 2011, p 12

[3] Ministerio del Poder Popular para Relaciones Exteriores: Guayana Esequiba: Historia de un Despojo, Caracas 2015/ Al momento de realizar este artículo no se encontró dicho texto ni en el archivodellibertador.gob.ve ni en otra fuente original. Lo he utilizado en razón de las muy frecuentes referencias que se hace del mismo en múltiples publicaciones, incluida ésta del MPPRE de carácter oficial. 

[5] Carta fechada en Magdalena (Perú), 11 de febrero de 1826 a José Rafael Revenga a propósito de la convocatoria del Congreso Anfictiónico de Panamá. DOCUMENTO 1033 archivodellibertador.gob.ve

[6] Del tercer artículo de la serie Lord Palmerston, publicado el 5 de noviembre de 1853 en The People's Paper. Traducción del original inglés según Revelations, etc., and The Story of the Life of Lord Palmerston, ed. cit., p. 190-191/Karl Marx y Federico Engels: Materiales para la historia de América Latina. Cuadernos Pasado y Presente 30, Córdoba, Argentina, 1972.

domingo, 12 de noviembre de 2023

CLASE MAGISTRAL CON EL PRESIDENTE NICOLÁS MADURO SOBRE NUESTRA GUAYANA ESEQUIBA

 


CLASE MAGISTRAL CON EL PRESIDENTE NICOLÁS MADURO: EL ESEQUIBO VENEZOLANO

Por: Yldefonso Finol

El ambiente del auditorio que acompañó al Presidente de la República Bolivariana de Venezuela este martes 7 de noviembre durante su disertación al país sobre el tema de nuestra Guayana Esequiba no podía ser mejor: todo el estamento político con funciones de gobierno nacional, estadal y municipal estuvo presente, incluidos gobernadores y alcaldes militantes de la oposición.

Representantes de los movimientos sociales, las fuerzas sindicales, las cámaras empresariales, autoridades de las universidades, líderes religiosos, personalidades de la cultura, generadores de opinión pública y, por supuesto, nuestra gloriosa Fuerza Armada Nacional Bolivariana, estuvieron en esta cita histórica que envía un poderoso mensaje de unidad nacional, el propósito fundamental de la iniciativa presidencial y esencia de nuestra fortaleza como nación acechada por intereses foráneos perturbadores.

El ciudadano Presidente Nicolás Maduro, con su acostumbrado estilo pedagógico, colaborativo y colectivo, se hizo acompañar de las vocerías más doctas en la delicada temática que ya forma parte de nuestra historia de resistencia anticolonialista contra los imperios nefastos que sembraron el mundo de las peores injusticias, y pretenden, absurdamente, seguir haciéndolo.  

Permítanme compartir los apuntes que tomé de la clase magistral ofrecida por nuestro Presidente, no sin antes destacar que, el gesto de ascender al maestro Pompeyo Torrealba, toda una autoridad consagrada a la defensa de los derechos inalienables de Venezuela sobre el Esequibo, constituyó un acto honroso que colma el sentimiento de todo el país hacia este insigne compatriota del que todos hemos aprendido.

Nos dijo el Presidente:

-        La lucha por nuestro Esequibo ha sido la búsqueda por 200 años de una solución aceptable.

-        Con la activación del referéndum consultivo, la Asamblea Nacional inició una campaña inédita, que debe tener un carácter pedagógico, creadora de conciencia y lazos de unión. Se trata del séptimo referéndum que realizamos con base a la Constitución de 1999. El debate respetuoso y esclarecedor, dando paso a una jornada nacional de diálogo.

-        Definió el asunto del Esequibo como el despojo más descarado cometido por el Imperio Británico contra Venezuela. La historia de nuestra Guayana Esequiba abarca varios siglos que podemos analizar en cinco momentos.

-        Primer momento caracterizado como de la formación del territorio en el proceso colonial y gesta de independencia (1492-1840)

-        Segundo momento entre 1840-1899 periodo de la agresión imperial: despojo y fraude arbitral.

-        Tercer momento diplomacia imperial de las cañoneras, denuncia del fraude y Acuerdo de Ginebra 17 de febrero de 1966.

-        Cuarto momento surgimiento de la República Cooperativa de Guyana, donde se genera la reserva que hizo Venezuela al reconocer ese nuevo Estado (1966-2015)

-        Quinto momento 2015 en adelante donde Guyana pacta con EXXON MOVIL y el Pentágono para patear el Acuerdo de Ginebra y mostrarse inamistosa con Venezuela.

-        Todo ello nos trajo a este momento del referéndum consultivo

-        Presidente Maduro asume proponer un Sexto momento “2023 en adelante), una nueva etapa que bautizó como del “ahora sí”: la misma comienza con esta conversación profunda de la sociedad venezolana para lograr la unión sobre ideas fuerza que esclarezcan la verdad y nos lleven a fundir el alma nacional en una posición compartida.

-        Los intereses imperialistas y sus lacayos buscan crear un conflicto para desestabilizar a Venezuela y el Caribe, y eso llevaría a desestabilizar toda América Latina…

-        Recordemos que esta situación -y otras similares- tienen raíces en el colonialismo.

-        Nos impusieron la tesis del “descubrimiento”, y se adueñaron de todo tras el genocidio contra nuestros pueblos originarios y la destrucción de sus civilizaciones.

-        Cuando los Países Bajos se separan del Reino de España, los holandeses se aventuran en las Guayanas al este del río Esequibo.

-        En 1777 al crearse la Capitanía General de Venezuela, queda establecido el límite en el río Esequibo. (el Presidente pide un comentario al Embajador Samuel Moncada, quien aprovecha muy bien el espacio para reforzar nuestra tesis)

-        El pueblo venezolano como forjador de los ejércitos que liberaron medio continente se dio la Constitución de Angostura, precisamente en el territorio guayanés, y en diciembre de 1819 reconoce sus diez provincias, desde nuestra oriental Guayana con el Esequibo hasta la occidental provincia de Maracaibo.

-        El territorio de Colombia recién creada integró aquella Venezuela y la Nueva Granada

-        En 1830 el Artículo 5° de la Constitución de Venezuela reitera el territorio original. (Comentario del diputado Dr. Herman Escarrá: 145 documentos que constituyen la formación del espacio nacional. El Artículo 10° de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela reitera de manera contundente cuál es nuestro territorio).

-        En 1825 Inglaterra reconoce que ese territorio es venezolano. Luego entre 1840-1842 comienzan las maniobras imperiales sobre esa zona de Venezuela, con ambición de llegar al delta del Orinoco.

-        En 1895 se producen incursiones británicas hasta Guasipati y El Callao, recibiendo la valiente y aguerrida respuesta del General Domingo Sifontes, quien, con el pueblo en armas, los frenó y repelió.

-        La inminencia de una agresión británica contra Venezuela provocó que los gobernantes de entonces acudieran “ingenuamente” a Estados Unidos, ilusionados con una aplicación favorable de la Doctrina Monroe.

-        El Presidente de Estados Unidos, Grover Cleveland, aprovechó para equiparar el poder gringo al de Europa, fijando los límites de sus dominios en continente americano.

-        A Venezuela se le negó presencia en esas “negociaciones”: Tratado de Washington entre EEUU e Inglaterra (pacto secreto)

-        La traición al Libertador, las divisiones caudillistas y la ruina económica tras tantas guerras fratricidas, impidieron que tuviéramos un ejército fuerte en el siglo XIX: La división nos debilitó: débiles nos pretendían descuartizar.

-        El Tratado de 1897 fue presión de EEUU para evitar bloqueo británico contra Venezuela: gringos proponen el arbitraje, era una trampa: los ingleses dijeron que no devolverían nada a “esos salvajes”. Se pusieron de acuerdo con el reparto territorial y de recursos de varios países. Desconocieron toda la formación histórica del territorio venezolano. Cláusula leguleya que valida el robo como práctica inglesa “normal”: pirática. Tribunal fraudulento. (Pompeyo Torrealba: el Laudo Arbitral de París es el principal documento del robo a Venezuela: es el que tenemos que desmontar, desenmascarar y derrotar)

-        Declive del imperialismo inglés. El testimonio póstumo de Prevost: 1949 memorándum reconociendo engaño en detrimento de Venezuela.

-        1962 surge la investigación meticulosa del asunto Guyana. Gran Bretaña inicia proceso de reconocer independencia de Guyana. Destaca papel del Canciller Marcos Falcón Briceño.

-        La posición Lara Peña era tomar el territorio Esequibo a la fuerza. Otras corrientes en las universidades y en las academias proponían la vía diplomática

-        12 de noviembre 1962: el Canciller de Venezuela expuso en la ONU los derechos de Venezuela sobre la Guayana Esequiba

-        El Reino Británico acepta que existe una controversia sin resolverse y se da el Acuerdo de Ginebra 17 de febrero 1966. Controversia pendiente que invalida todo “laudo” o “tratado” previo. La solución debe alcanzarse amistosamente, aceptable y satisfactoria para ambas partes: Único documento aceptado por las partes y el derecho internacional.

-        Un elemento fundamental es la reserva que hace Venezuela al reconocimiento de la naciente República Cooperativa de Guyana (26 de mayo de 1966): apela al Acuerdo de Ginebra y precisa que dicho reconocimiento no implica renuncia al territorio nacional al oeste del río Esequibo; se reserva soberanía a la margen derecha del Esequibo, y define los límites según la posición histórica venezolana.

-        2015: Decreto Obama y avanzada corrupta de la EXXOM en Guyana. Arrecia guerra económica y multiforme contra Venezuela.

-        Históricamente Venezuela no ha reconocido la CIJ para el asunto de nuestra Guayana Esequiba.

-        El ex secretario de la ONU, Ban Ki-moon, se excedió al establecer un írrito plazo máximo de un año para la vía del Buen Oficiante, y Antonio Guterres cayó en ese juego contra Venezuela, violando el Derecho Internacional que sólo da validez a la solución bilateral en base al Acuerdo de Ginebra.

-        El Comando Sur se ha posicionado de Guyana. El gobierno de Guyana títere del Comando Sur ha incurrido en provocaciones: año 2000 Guyana anuncia que construiría una estación de lanzamientos aeroespaciales. El actual presidente entrega bloques petroleros en aguas del Delta Amacuro y otras aguas no delimitadas, vestido de militar y ofendiendo a Venezuela. Todas las pretensiones del gobierno títere de Guyana y las transnacionales se aferran al fraude gigantesco del Laudo Arbitral de Paris. (Comentario del presidente de la AN Jorge Rodríguez: nos pretenden robar 159.000 kms2 de la Patria y nunca lo permitiremos: el pueblo tiene derecho a pronunciarse y dejar un mandato para todas las generaciones).

-        Ya en la parte final de su prolija exposición al país, el Presidente Maduro, se refirió a un Sexto momento: es éste de la consulta nacional y la unidad venezolana por nuestro Esequibo. Recordó los referéndums que se han realizado desde 1999. Explicó las cinco preguntas del referéndum consultivo del 3 de diciembre. Invocó la Unión del Alma Nacional, e informó que Guyana con un bufete pagado por la EXXOM ha solicitado -ridículamente- a la CIJ detener el referéndum.

Esta magnífica actividad que contó con la audiencia de todo el país y millones de personas en la comunidad internacional, demuestra inequívocamente la pertinencia del referéndum consultivo como momento para divulgar la verdad de Venezuela, potenciar el aprendizaje colectivo sobre un tema vital, y sensibilizar a la opinión pública -más allá de nuestras fronteras- sobre el fraude gigantesco del Laudo Arbitral de París que se pretende reimponer en la CIJ con la jugarreta imperialista del Pentágono y la EXXOM MOVIL.

El pueblo guyanés no es nuestro enemigo, hemos sido vecinos y amigos generosos, queremos seguirlo siendo. Nuestro enemigo es el imperialismo. Los derechos históricos usurpados por la piratería inglesa, esos criminales esclavistas que mantuvieron muchos pueblos en la servidumbre y el oprobio, no pueden eternizarse con nuevas apetencias transnacionales. Venezuela se respeta, y se hará respetar, como nos enseñó El Libertador Simón Bolívar. Nunca olviden eso.

Gracias Profesor Maduro.

jueves, 12 de octubre de 2023

LA DOCTRINA DEL "DESCUBRIMIENTO"

La Doctrina del “Descubrimiento”: desmontando el glosario de la autoflagelación colonialista



El lugar común más difundido durante cinco siglos y treintaiún años dice: “Colón descubrió América”. Tres palabras que resumen una historia de falacias y crímenes de lesa humanidad. El continente Abya Yala -como le llamamos gracias al pueblo guna- fue descubierto endógenamente hace más de veinte mil años (el tiempo estimado sigue siendo tema de indagación y debate) por otros seres humanos que desarrollaron una gran diversidad de naciones, idiomas y civilizaciones.

Descubrimiento es la categoría primaria que el opresor dominio colonial concibió para “legitimar” el despojo perpetrado por el Imperio Hispano contra los pueblos originarios, aplicada en otras latitudes invadidas por las monarquías europeas en expansión. Esta palabra centra su trampa ideológica en que todo comienza con la llegada de los invasores. Nadie sino ellos, poseen el don de “descubrir”. Sólo su mirada da existencia a la inmensa morfología planetaria.

Se trasmitió de generación en generación la certeza de que el europeo nos “descubrió”, como si antes no hubiésemos existido o -peor aún- no tuviésemos conciencia de nuestra propia existencia. Por siglos se consolidó la versión colonialista que garantizaba la sujeción a la perspectiva eurocéntrica: esto es la colonialidad.

Se equivocan quienes crean que este es un tema del pasado. Miremos el mapamundi y constataremos que los países que hoy padecemos el problema de la dependencia y las inequidades más extremas de la sociedad capitalista, somos precisamente aquellos que sufrimos la invasión europea (incluyo al imperialismo gringo): el concepto “países en desarrollo” y el propio “subdesarrollo”, son creaciones ideológicas del imperialismo, que disfrazan la dependencia, y presuponen un único destino: el modelo capitalista occidental.

Esta realidad es la secuela material de la colonialidad, que, en el campo espiritual, se sostiene por el culto a lo colonial, la reverencia al señorío civilizatorio eurocéntrico.

La “doctrina del descubrimiento” vino implícita en las Capitulaciones de los Reyes Católicos otorgadas a Cristóbal Colón el 17 de abril de 1492 en el campamento militar antiárabe de Santa Fe, en la Vega de Granada: “Las cosas publicadas y que Vuestras Altezas dan y otorgan a D. Cristóbal Colón en alguna satisfacción de lo que ha de descubrir en las mares Oceanicas, del viaje que agora, con la ayuda de Dios, ha de hacer por ellas en servicio de Vuestras Altezas, son las que siguen: Primeramente, que vuestras Altezas, como señores que son de dichas mares Océanas, hacen desde agora al dicho D. Cristóbal Colón su Almirante en todas aquellas islas y tierras firmes que por su mano o industria se descubrieren o ganaren en las dichas mares Océanas, para durante su vida, e, después de él muerto, a sus herederos o sucesores, de uno en otro perpetuamente, con todas aquellas preeminencias y prerrogativas pertenecientes al tal oficio. Vuestras Altezas hacen al dicho D. Cristóbal Colón su virrey y gobernador general en las dichas islas y tierras firmes, que, como es dicho, Él descubriere o ganare en las dichas mares…” [1]

Para “perfeccionar” la creación de una potestad usurpadora de territorios ajenos, y perturbadora de las vidas de millones de seres humanos, el Papa Alejandro VI dio en donación a los Reyes Católicos las “islas y tierras firmes que se hallaren descubiertas y si descubrieren”: “las damos, concedemos y asignamos perpetuamente”, con la única salvedad de que hubiesen sido ocupadas antes por otro “príncipe cristiano”, para proteger los intereses de Portugal.

Según Pérez Luño “los españoles podían con justicia requerir a los indios para que les entregaran sus tierras, ya que el Papa Alejandro VI, en cuanto representante de Dios en el mundo, había concedido aquellas regiones a la Corona de España en virtud de la Bula Inter Caetera del año 1493.” [2]

Luego los doctrineros del Imperio, como Ginés de Sepúlveda, se encargaron de elaborar su teoría de las “guerras necesarias” contra nuestros ancestros originarios, esgrimiendo sus fanáticas “razones”: “1. Por la gravedad de los pecados que los indios habían cometido, en especial sus idolatrías y sus pecados contra la naturaleza. 2) A causa de la rudeza de su naturaleza que les obligaba a servir a personas que tuvieran una naturaleza más refinada, tales como los españoles. 3) A fin de difundir la fe, cosa que se haría con más facilidad mediante la previa sumisión de los naturales. 4) Para proteger a los débiles contra los mismos indígenas.” [3]

La valoración interesada de esa visión dominante, se hizo parte esencial del discurso colonialista desde aquellos lejanos tiempos que aún se niegan a desaparecer de nuestras vidas; por ende, sigue siendo relevante para los pueblos que luchan por redimirse de la honda herida colonial, desmontar los mitos alienantes construidos sobre la falacia del “descubrimiento”.

Sin embargo, el término “descubrimiento”, como construcción semántica hegemónica, es un engendro mutante indetenible, no se conformó con devorar lo inmenso de unos continentes y unos océanos; su apetencia también posicionó las maravillas naturales y los más discretos espacios de nuestra geografía física y sentipensante. El control ideológico colonialista ejercido por medio de este penetrante dispositivo, se reproduce cotidianamente entre nuestros pueblos, como asidero de un culto inconmovible al supremacismo cultural y racial de origen europeo (de la raza “blanca”).

Durante medio milenio, la categoría “descubrimiento” se mantuvo incuestionable; las ciencias sociales se rendían a su dogmático embrujo, la historiografía cacareaba su divina veracidad y el resto de las disciplinas coreaban como eco de sirenas; de allí, a los sistemas de enseñanza, el discurso político y toda postura del intelecto colonizado, sólo había unos grilletes invisibles que se encargaban de inmovilizar la conciencia colectiva, aprisionada entre los barrotes de la servidumbre espiritual: 12 de octubre: “día de la raza”, “día de la hispanidad”.

Los debates alrededor del quinto centenario de la llegada de Colón, introdujeron algunas terminologías que buscaban sustituir el caduco “descubrimiento” por eufemismos al estilo “encuentro de dos mundos”. Las reflexiones críticas intentaron poner en la escena otras miradas cuestionadoras, que no alcanzaban a visibilizarse ante las bambalinas y el espectáculo desplegado por las elites que protagonizaron aquella fastuosa celebración.

Pese al envolvente mensaje hegemónico, los conceptos de “descubrimiento”, “madre patria” y “día de la raza” entraron en crisis, y comenzamos a hablar de resistencia indígena, invasión, genocidio, saqueo, aunque seguían predominando en el lenguaje coloquial, en la enseñanza escolar, en el discurso político tradicional, las nociones impuestas desde tiempos coloniales. Nada es más difícil que desmontar la dominación cultural que se apropia de las conciencias a través de la lengua y otras simbologías, como construcciones específicas de lo humano, es decir, de lo social, de esa contradicción permanente entre la dominación que se aferra al poder y el privilegio, y la insurgencia transformadora que nunca se resigna al yugo.

Provocar una ruptura con el conocimiento -y los métodos de alcanzarlo- impuesto por el poder colonial, repetido sin revisión en los modelos educativos de las repúblicas oligárquicas, y reimplantado en la época del imperialismo contemporáneo como base cultural para la sumisión y la dependencia, no es una tarea menos exigente que la confrontación política directa contra la opresión del capital monopolista de apetencias globalizantes.

Compartimos la convocatoria que hace Mario Rufer a “pensar lo colonial no (solo) como acontecimiento, periodo o formación histórica discreta, sino como una condición estructurante del presente”. [4]

De manera que el antiimperialismo y la descolonización en nuestra Abya Yala se funden en una sola lucha, que debe incorporar la defensa de las soberanías nacionales, el derecho a la autodeterminación de los pueblos, el fin del colonialismo (con la Independencia de Puerto Rico de los Estados Unidos y otras islas caribeñas que aún son colonias europeas), la devolución de Malvinas a la República Argentina y el reconocimiento de los irrenunciables derechos de la República Bolivariana de Venezuela sobre el territorio Esequibo; pero también corresponde a esta perspectiva decolonial, el desmontaje del predominio ideológico racista, eurocéntrico-patriarcal, que alimenta el espíritu de la sumisión, terreno en el cual todo neocolonialismo y toda recolonización serán siempre un peligro para el proyecto emancipatorio.

Rescato las palabras de una guerrera de nuestros días, Elisa Loncón, lideresa del pueblo mapuche de Chile, quien declaró en Buenos Aires (Argentina) para Página 12, el 14 de agosto 2023: “El despojo territorial y lingüístico está en la base de la colonización y de la imposición de este sistema económico y cultural…No es cierto que seamos pobres, sino que nos han empobrecido quitándonos el territorio, la lengua, la sabiduría, nuestra forma de pensar”.

Alguna gente -incluso letrada- mira con cierto desdén el debate de estos términos; se regodean (y hasta citan a Bolívar fuera de contexto) sobre el “incuestionable” mestizaje (ultraje) que se supone clausuró el debate sobre el glosario de la autoflagelación colonialista. Les invito a observar la milmillonaria campaña sistemática de los centros hegemónicos europeos y estadounidense que hace apología de la invasión.

Por alguna razón (interés) la primera gramática del castellano fue encabezada con la expresión: “Que siempre fue la lengua compañera del Imperio”.

Cierro por hoy estas breves anotaciones, con un aporte de Alí Primera: Por decir patroncito, es que existe el patrón.

 

Yldefonso Finol

Este artículo es en parte un extracto del ensayo Análisis crítico de las categorías reproductoras del colonialismo ideológico en la historiografía y la cultura nacional, como una contribución a la Comisión Presidencial por la Verdad de los 300 años de Colonialismo/MinCyT



[1] Santos Rodulfo Cortés: Antología Documental de Venezuela, Caracas 1960, p 1

[2] Antonio Pérez Luño: La polémica sobre el Nuevo Mundo. Editorial Trotta 1995, p 20 

[3] Antología Documental de Venezuela, Santos Rodulfo Cortés, 1960, p 25

[4] La colonialidad y sus nombres: conceptos claves. CLACSO, 2023, p 11