miércoles, 1 de octubre de 2025

BOLÍVAR Y LA GUERRA POPULAR PROLONGADA

 




BOLÍVAR Y LA GUERRA POPULAR Y POLONGADA

Preámbulo

El Hofburg de Viena

“Aquellos días se celebraron bailes, carnavales, justas, que atrajeron al mundo elegante de Viena. Ninguno esperó con mayor ansiedad la apertura del Congreso que el Zar Alejandro de Rusia. Su participación en las guerras napoleónicas, cuando el frío de las estepas paralizó las armas en manos de las tropas francesas, hacía de él, el árbitro de Europa y del Congreso. Las dos figuras centrales en el manejo de la política de entonces fueron Talleyrand y Metternich. El último, alma del sistema emanado de Viena es considerado por los historiadores como el eje de la política en la primera mitad del Siglo XIX. Si el Zar Alejandro fue el inspirador del Congreso de Viena y el creador de la Santa Alianza, el príncipe Clemente Lotario de Metternich fue el árbitro entre emperadores y reyes, el defensor de la monarquía como el mejor y único sistema para gobernar a los pueblos, enemigo de las repúblicas como forma política y por ende el opositor de la naciente independencia americana; se creía entonces en Europa que las nuevas repúblicas eran la amenaza más seria para cualquier monarquía. Por ello la figura del Libertador no pasó desapercibida en los ambientes del antiguo continente, como lo prueban los vivas a Bolívar en las calles de París en la revolución del treinta, cuando Benjamín Constant lo critica por sus actos durante la dictadura. ¿Qué pensó el mismo Bolívar de la ideología de la Santa Alianza y de su oposición a la Independencia de Suramérica?” [1]

La hegemonía de la Santa Alianza, con Austria, Prusia, Francia, incluso Inglaterra, abanderadas por el victorioso Zar de Rusia Alejandro I, dejó atrás los tormentosos tiempos napoleónicos y abrió las puertas a las monarquías absolutistas, que no se resignaban a perder de sus dominios las tierras americanas, ni descuidaban los pasos del líder que inspiró la emancipación del Nuevo Mundo: Simón Bolívar.

Las rivalidades comerciales y otros recelos entre el cónclave conservador, restaurador del absolutismo, no impedían en mantener claridad común sobre considerar a la liberada América mestiza una amenaza, así que sobre los escritorios coronados siempre estaba marcado con íconos especiales el mapa de las nacientes repúblicas desprendidas en quince años de guerra.

De este lado del globo terráqueo, el hombre de mirada telescópica, también los observaba y, como era usual en su método exitoso de comprensión de la realidad internacional, consideraba todos los actores, todos los escenarios y todas las posibilidades para vencer.

 

I

Siglo XX

Era el año 1938 cuando el camarada Mao Zedong se explayó a exponer el tema de la Guerra Prolongada. Ya en 1936 había adelantado algunas apreciaciones en entrevistas concedidas a corresponsales extranjeros, pero básicamente sobre la particular Guerra de Resistencia que libraba el heroico pueblo chino bajo la conducción del glorioso Partido Comunista de China. [2]

Mao, el mismo que acuñó “del fusil nace el poder”, aclarando que es el Partido (Comunista de China) quien manda al fusil, también nos legó de la sabiduría de las luchas de su pueblo, que “es el Ejército (entendido como la Fuerza Armada en todas sus partes) es el principal componente del poder Estatal”, (p 303), y corresponde a la dirección político-militar la armonización táctica de las formas de la Guerra de Resistencia: sea de movimientos, adquiriendo modalidades guerrilleras, la guerra de posiciones, menos probable en estos casos de asimetría bélica y logística, pero no descartable en una fase de ofensiva final.

Nuestro Libertador lo supo cada instante de aquellos tres lustros de guerra inédita: “De la paz se deben esperar todos los bienes y de la guerra nada más que desastres”. [3]

Sólo la causa de la liberación contra un opresor extranjero que buscaba la subyugación del ser nacional, apropiándose del “suelo nativo” e imponiendo el colonialismo y la esclavitud (como nos había ocurrido aquí en Hispanoamérica por tres siglos), justificaba asumir la decisión extrema de ir a la guerra.

Mao habla de “guerra sin precedentes” refiriéndose a la que China libraba entra el imperialismo japonés, tal cual “sin precedentes” fue la gesta dirigida por Bolívar contra España a comienzos del siglo XIX.  Para el venerable líder histórico chino, los pueblos del mundo estaban atentos al desarrollo de esa guerra. Divide las opiniones entre dos bandos igualmente errados: los derrotistas (y entreguistas) que aseguraban que China sería inexorablemente tomada por Japón, dada su superioridad militar y otras ventajas de su poderío y debilidades de la Resistencia china. También estaban los optimistas (idealistas, superfluos) que, ante cualquier avance chino, apostaban por una victoria rápida y sin mayores esfuerzos.

El Gran Timonel se hace la autocrítica de no haber hecho la suficiente propaganda y ofrecido más explicaciones a los pueblos sobre la situación y sus posibles escenarios futuros. Critica fuertemente la falta de formación ideológica, porque ella constituye el espíritu de la Doctrina y la victoria. Mao no tiene duda sobre la victoria, pero sabe que será costosa, que ameritará todos los sacrificios. Siempre tuvo claro que había que dotar a la Guerra Prolongada de una dirección (estrategia) firme y bien definida; y unir todas las fuerzas posibles para “vencer a los abominables invasores”.  

La milenaria sabiduría china se presenta como majestuoso prólogo de las ideas del camarada Mao, quien nunca dudó en combinar el acervo ancestral de su pueblo con el marxismo-leninismo como filosofía política por excelencia de la revolución en el siglo XX: “La vía significa que habrá de preocuparse que el propósito del mando y el de las tropas sea el mismo, para que al compartir la vida y la muerte no se tenga miedo al peligro”. [4]

Un elemento vital de la guerra es la Doctrina Político-Militar que la justifica, explica y la orienta. Nunca será lo mismo una invasión militar imperialista que una guerra de liberación nacional.  Hay guerras y “guerras”, hoy las hacen desde salas tecnológicas como si se tratara de un juego de videos, donde artefactos sofisticados pero manejables (drones), en muchos casos desechables, “cazan” líderes o bombardean instalaciones con una precisión que no exageramos en calificar de exacta.

Pero es la conciencia del pueblo de la nación el primer campo de batalla. La propaganda y la formación ideológica siguen siendo insustituibles, es más, hoy resultan determinantes en los desenlaces de procesos históricos que conducen a la guerra. Por eso la “vía”, que es el alma de la Doctrina, debe fundir un solo sentimiento nacional en torno a la jefatura de la Guerra de Resistencia. 

Venezuela en este aspecto crucial es un país privilegiado: tenemos un pensamiento revolucionario por excelencia, que, a su vez, representa el mito fundante más interiorizado por las mayorías populares: el bolivarianismo. (Insistimos en la necesidad de un Plan Integral Nacional de Bolivarianizar la República)    

Nunca como hoy tiene vigencia lo afirmado por Bolívar en 1822 desde Quito: “Las enemistades entre naciones nacen del deseo de preponderancia y no del sistema de gobierno”. [5]

El afán del gobierno estadounidense en manos de fascistas ególatras, cuando ya al imperialismo no les basta poner en la presidencia a lobistas de sus empresas, sino que van ellos -los capitalistas monopólicos transnacionales- en persona a asumir el mando en directo, es una sintomatología de decadencia y desesperación por el cambio en la correlación de fuerzas a nivel internacional.

Y son tres los aspectos a tomar en cuenta en las conferencias de Mao sobre la Guerra Prolongada: 1) la cohesión interna del pueblo trabajador, los estratos medios y empresariales nacionalistas en torno a la estrategia de la vanguardia revolucionaria, 2) el máximo apoyo internacional, no sólo en términos logísticos sino en la formación de una opinión pública favorable a la causa de la liberación nacional, y 3) la correlación de fuerzas y el apoyo que logremos dentro del país imperialista invasor.

Es un tema para otro debate, pero Estados Unidos no sólo lanzó las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki por asombrar al mundo, también lo hizo para detener el movimiento revolucionario que se surgiría en Japón al influjo del triunfo comunista en China y el agotamiento de las clases populares de seguir pisados por la misma bota imperial que los sometió al hambre y al deshonor.

El presidente Ho Chi Minh declaró ante su pueblo como preámbulo a la resistencia antifrancesa: “En el pasado, solo luchábamos en el ámbito militar, pero hoy luchamos en todos los frentes: militar, económico, político e ideológico; por eso la gente la llama una guerra integral. La guerra hoy es compleja y extremadamente difícil. Sin usar toda la fuerza del pueblo en todos los aspectos para responder, no podemos ganar”. [6]

Siguiendo las enseñanzas de los maestros que desde lejanos países asiáticos nos legaron tanta virtud y valor, recordemos al mariscal Vo Nguyen Giap: “Desde el punto de vista material el enemigo era indiscutiblemente más fuerte que nosotros. Nuestras tropas recibieron, pues, la orden de combatirlo en todas partes donde tuviera guarnición, para debilitarlo e impedirle desplegarse demasiado rápidamente; seguidamente, cuando las condiciones llegasen a ser desfavorables para nosotros, replegar la mayor parte de nuestros efectivos hacia la retaguardia para preservar nuestras fuerzas con el objetivo de una resistencia prolongada”. [7] (Su prologuista Ernesto Che Guevara, en 1962, calificó la obra de Vo Nguyen Giap -muy al estilo bolivariano- como de una “actualidad permanente”)

II

En una carta de Simón Bolívar a Santander del 11 de marzo de 1825, El Libertador plantea el tema de la Guerra Prolongada y va más allá, al considerar el escenario -muy probable en esos días- de una invasión francesa apoyada en la llamada Santa Alianza: “Según el historiador inglés Robertson, la intervención de Francia en favor de España y contra la independencia hispanoamericana fue una posibilidad concreta debatida en el gabinete, y Chateaubriand en su nota al embajador francés en Madrid en 1823, consideró específicamente esta eventualidad.” [8]

La amenaza se había dejado colar desde un par de años cuando se estableció la fuerza conservadora llamada “Cien Mil Hijos de San Luís”, con la que Francia amenazaba reinstalar coronas afines en Europa e Hispanoamérica. Así que la eventualidad de una flota superior incluso a la de Pablo Morillo, no era una especulación en los círculos del poder europeo. La Santa Alianza era la base política de semejante incursión bélica, sostenida fundamentalmente por el poderoso zar de Rusia, Alejandro I.  

Lo que al comienzo de las especulaciones parecía un rumor, llegó a manejarse de manera oficial por Francia entre ministros y diplomáticos, lo que llevó al Libertador a concebir unos movimientos tácticos también en esos terrenos de la política internacional: “Francia y la Santa Alianza están resueltas a combatirnos a causa de nuestra democracia. Si el ministerio británico encontrare por conveniente para evitarnos una guerra, ofrecer a los aliados mis ideas políticas, como medio de impedir una ruptura de hostilidades y un principio de negociación, que lleve por objeto…la Independencia de América, modificada por gobiernos mixtos de aristocracia y democracia, Usted está autorizado por mí para instruir al gobierno británico de determinación (…) Todo esto en la suposición de que se considere…como inevitable la guerra -con Francia-, de otro modo no, no, no”. [9]

La presencia de la agresiva flota francesa, envalentonada por el poderío de las monarquías absolutistas restauradas y pactadas en la Santa Alianza, quedó plasmada para la historia en el humillante y expoliador pago impuesto a la República de Haití por 150 millones de francos como indemnización por los negocios en plantaciones y propiedades esclavistas perdidos por la elite gala en la guerra de independencia.

Mientras, en Europa el representante del Libertador, Ignacio Sánchez Tejada, hacía malabarismos diplomáticos entre la reticencia española apoyada con firmeza por Rusia y Francia- a reconocer la Independencia y establecer relaciones con las Repúblicas Bolivarianas, y la ligera posibilidad del apoyo del Vaticano y otros países menos influyentes, salvo Inglaterra que jugaba pragmáticamente a favorecer sus intereses comerciales.

Los años 1824 y 1825 el Libertador Bolívar andaba más que ocupado en consolidar un Ejército Unido para concluir la liberación del Perú y Alto Perú, fundar nuevas repúblicas, desarrollar instituciones, inventar y poner en ejecución políticas públicas que ayudaran a superar tres siglos de colonialismo. Pero también tenía que estar atento al movimiento geopolítico de Estados enemigos de la Independencia y aliados circunstanciales dispuestos a sacar la mayor tajada de su nula solidaridad y soberbia intromisión.

De manera que todo el año 1825 lo pasó Bolívar pendiente de los movimientos internos y militares de la Santa Alianza; para lo primero hizo mandar agentes secretos que se mantuvieran al tanto de todas las noticias de la Alianza y sus partes, y para lo segundo, no descuidó mantener aceitado el aparato de guerra de su Colombia original y de las recién liberadas naciones andinas, de las que aspiraba gratitud para con los sacrificios de la primera y consecuencia con su propia libertad. Tal vez algo de sosiego sobre este peligro inminente obtuvo al enterarse de la muerte del sostén de la Santa Alianza, el zar de Rusia Alejandro I, ocurrida el 1° de diciembre de aquel año, noticia que le llegó por lo menos un mes y medio después del suceso.

Al respecto, Bolívar tomó un punto a favor: “Se ha confirmado la muerte de Alejandro… Yo he considerado esta muerte como una fortuna para nosotros y que va a sernos muy útil… y, en fin, que podrá destruir la Santa Alianza, ya que no existe el alma que la animaba”. [10]

Sin embargo, Fernando VII restaurado por Francia en el trono, aspiraba que ésta le tornase sus antiguas colonias americanas a la gobernanza de España. por eso la máxima atención que Bolívar concentró en vigilar los cabildeos europeos y los barcos galos en el Atlántico.  

Salvo algunos detalles de otra índole también interesantes, nos concentraremos en el debate de la concepción de Guerra Prolongada y la previsión de la Guerra Universal manejadas en forma pionera por El Libertador frente a la amenaza de la invasión francesa con el patrocinio de la Santa Alianza.

Esta carta de Bolívar fechada en Lima, el 11 de marzo de 1825, analiza ampliamente esa posible invasión francesa y la guerra popular prolongada como única respuesta estratégica de las repúblicas recién independizadas, y esa guerra originalmente concebida por Bolívar en esta complicada telaraña geopolítica, abriría cauces a la Guerra Universal, dada la dimensión de los Estados (y sus colonias) e intereses geoeconómicos involucrados, que en su análisis llegaban hasta Turquía.

Decía Bolívar en esa carta donde se trata por primera vez el concepto de Guerra Prolongada: “Acabamos de recibir las comunicaciones del 6 de enero y del 27 y 28 de noviembre en Maracay del general Páez, en que anuncia la aproximación de fuerzas marítimas francesas a Venezuela. Todo esto es muy creíble en el estado de las cosas, siempre que sean genuinas las instrucciones dadas a Chasseriau por el ministro francés, en que le habla del empleo de la fuerza en caso de resistencia. Si la batalla de Ayacucho no contiene a los franceses, debemos prepararnos a una brillante guerra, digo brillante, porque sin duda, lo será a la larga; pero siempre muy costosa.” [11]

Bolívar se tomó muy en serio la potencial amenaza de la Santa Alianza, por eso encontramos documentos suyos muy importantes de finales de 1824 y todo el año 1825 refiriéndose a las diferentes movidas de las monarquías aliadas, y sus probables acechanzas concretas sobre nuestras frágiles pero aguerridas Repúblicas, al menos mientras tuviésemos un Jefe de la genialidad y entrega del Libertador Simón Bolívar, el único que entendía el carácter vital de la unidad de la ex colonias en una federación defensiva.

Desde el Sur se comprometía a movilizar 10.000 o 12.000 hombres dispuestos a marchar donde lo determinara el Gobierno, una vez que se dispusiera de su transporte desde el Istmo panameño hacia las costas de la fachada caribeña-atlántica de la Colombia original.

La alta moral de las tropas en general por los recientes triunfos de Junín y Ayacucho, insuflaban una disposición combativa al Ejército Unido que lo hacía capaz de enfrentar la fuerza que se le opusiera. Y Bolívar, como Jefe Militar de aquella nueva protagonista mundial recién nacida, con un prestigio ganado en quince años de lucha admirable, cuando la mayoría de esas elites europeas no creían en nuestra victoria, sentenció con irrefutable firmeza: Yo tomaré medidas capaces de auxiliar extraordinariamente a Colombia.

El Libertador estaba dispuesto a dar todos los pasos con tal de salvar a Colombia de los efectos destructivos de otra guerra cuando apenas salía de haber liberado al Perú y Alto Perú. Continuaba exponiendo sus ideas al vicepresidente sus ideas que no descartaban la simulación de devaneos diplomáticos y hasta acuerdos parciales que detuvieran o pospusieran la conflagración: “Yo creo que se debe hacer entender a la Francia que yo no estoy muy distante de prestarme a combinar nuestras ideas con las que tiene la Santa Alianza, y que por medio de mi influencia se puede lograr la reforma de nuestro gobierno, sin sacrificio de una guerra que debe decidir de la suerte del universo. En efecto yo no tengo el menor inconveniente en ponerme a la cabeza de una negociación que paralice las furias de los franceses en este momento. Aun cuando sacrifique mi popularidad y mi gloria, quiero salvar a Colombia de su exterminio en esta nueva guerra. Si salgo bien, quedaré contento, y si salgo mal, también, porque habré dado el último paso de salvación.” [12]

Como decimos en criollo, “mano zurda, mano derecha”, Bolívar no descartaba los escenarios políticos y diplomáticos mientras ordenaba sus medidas para preparar la guerra de resistencia. Sabía del desgaste sufrido por el pueblo estos quince años, y no se fiaba ni de los recursos provenientes de los ricos criollos ni de los auxilios de nuestros supuestos países amigos. Tal como repitió insistentemente toda su vida, la salvación de la Patria estaba muy por encima de su propia gloria.

El Libertador estableció cuatro elementos que podrían salvar la Independencia: “Yo creo que se puede salvar la América con estos cuatro elementos: primero, un grande ejército para imponer y defendernos; segundo, política europea para quitar los primeros golpes; tercero, con la Inglaterra; y cuarto, con los Estados Unidos. Pero todo muy bien manejado y muy bien combinado, porque sin buena dirección, no hay elemento bueno. Además, insto sobre el congreso del Istmo de todos los estados americanos, que es el quinto elemento.[13]

El instrumento principal de la estrategia era una grande y moralizado ejército, y era lo único que podíamos garantizar con nuestros propios esfuerzos, incluso trayendo tropa andina de la que venció en Ayacucho; porque si esta victoria esplendorosa no disuadía a la Santa Alianza de atacarnos, necesariamente debíamos mover todas las fichas del tablero, incluida la diplomacia pragmática de los ingleses y las pautas geopolíticas de los estadounidenses de no aceptar reconquistas europeas en este continente. No olvidemos que de este año 1825 es la definición más clara que Bolívar ofrece del concepto geoestratégico del Equilibrio del Universo, y que él no espero solidaridad de los anglosajones, sólo que en la confrontación con los otros poderes europeos, sin ninguna duda iba a requerir sino el apoyo por acuerdo de conveniencia, al menos evitar que estos factores apoyasen al enemigo concreto: la Santa Alianza representada en este caso por Francia.   

Le decía convencido a su interlocutor: “Crea Usted, mi querido general, que salvamos el Nuevo Mundo si nos ponemos de acuerdo con la Inglaterra en materias políticas y militares. Esta simple cláusula debe decirle a Usted más que dos volúmenes. Yo creo que Usted debe mandar inmediatamente a saber a Inglaterra qué se piensa en el gabinete británico en orden a gobiernos americanos.” [14]

Bolívar estaba en Lima, tratando de dotar aquellos países de una institucionalidad no colonial, es decir, estaba creando para Perú y Bolivia gobiernos fuertes, estables, justos, inclusivos. Pero le urgía saber qué se estaba pensando en los círculos ingleses, por eso decía sobre el último subrayado nuestro: “estas dos líneas merecen una inmensa explicación que no puedo dar por la distancia y por la inseguridad de las comunicaciones escritas.

Sobre el enfrentamiento propiamente dicho, el Libertador tenía una concepción muy particular y original: “En fin, con todo lo que he dicho antes de ayer y hoy, puede entender el espíritu que yo tengo para lograr paralizar la invasión francesa. Yo creo que toda resistencia que se les haga a esos señores de frente al llegar, es destructiva para nosotros. Puerto Cabello y Cartagena, deben ser defendidos a todo trance, y meterles 6 u 8.000 hombres a cada uno, no debiendo haber ningún inconveniente para suministrarles víveres, debiendo tener nosotros favorables a los ingleses y americanos (cálculo optimista en base a los intereses opuestos de estos dos países con la Europa continental) que protegerán a nuestros convoyes por mar, en todo caso. El territorio que se evacue, debe cubrirse por guerrillas y mandadas por oficiales muy determinados. Nuestra guerra activa no debe comenzar sino uno o dos años después que el ejército francés esté casi destruido. Lo que se llama guerra de posiciones es inútil con ellos; porque son muy atrevidos, y con su artillería hacen prodigios. La guerra de Rusia y la de Haití, debe servirnos de modelo en algunas cosas; pero no en el género horrible de destrucción que, adoptaron, pues, aunque allí fue útil, aquí no sirve para nada, porque lo que se destruye es inútil a todo. Los franceses recibirán refuerzos de fuera, y nosotros no recibiríamos otros que los de casa. Además, cuando el país se destruye, el enemigo lo evacúa, y el amigo perece en élEn una palabra, lo que se destruye es nuestro y ya nos queda poco por destruir.” [15]

La experiencia le enseñaba que, en un caso como este, de enfrentarse a un enemigo poderoso que llegaba por el mar: “debemos saber perder al principio para saber ganar después. Dejémosles a los enemigos las costas porque son enfermizas y las que deben utilizar los ingleses y americanos. Muy a lo interior debemos hacer nuestra defensa: primero, porque los alejamos de sus bases de operaciones que es la costa; segundo, porque es más provisto de víveres, más sano de temperamento, y al llegar a tanta distancia sus fuerzas deben haberse disminuido mucho. Además, debemos dar tiempo a nuestros aliados, si los tenemos, a que se armen y los utilicen de concierto con nosotros.[16]

En base a estas convicciones concluyó que: “a los franceses se les vence muy fácilmente con las demoras, las privaciones, los obstáculos, el clima, el fastidio, y cuanto trae consigo una guerra prolongada. Pero al contrario son invencibles en el ataque, en el asalto y en cuanto lleva por divisa la prontitud. Todo esto es muy sabido, pero no debemos olvidar lo sabido”. [17]

En carta anterior, El Libertador ya olfateaba las posibles intenciones reaccionarias de la Santa Alianza, y demarcó nítidamente los intereses que cada uno representaba en el tablero de la lucha mundial por quienes pretendían sostener el establecimiento monárquico colonialista y quienes luchábamos por la utopía de la independencia y la igualdad, reconociendo que debíamos elevarnos a las capacidades de seguridad política y estabilidad que representaba la Santa Alianza: “La diferencia no debe ser otra que la relativa a los principios de justicia. En Europa todo se hace por la tiranía, acá por la libertad…ellos sostienen a los tronos, a los reyes; nosotros a los pueblos, a las repúblicas; ellos quieren la dependencia, nosotros la independencia… La opresión está reunida en masa bajo un sólo estandarte, y si la libertad se dispersa no puede haber combate”. [18]

Bolívar hace mucho énfasis en utilizar todos los elementos de propaganda, hasta los religiosos, en el sentido de contraponer al clero criollo contra los “herejes” franceses.

Para Bolívar lo principal, y lo que en cierta forma lo descolocaba, era que habiéndose sabido en Europa el triunfo patriota de Ayacucho y la terminación de la guerra en América, los franceses emprendieran sus operaciones contra nosotros. El Libertador llamaba a prepararnos “para sostener la contienda más importante, más ardua y más grande de cuantas han ocupado y afligido a los hombres hasta ahora. Esta debe ser la guerra universal. Estas son mis razones: la Francia, suponiéndonos ocupados en el Perú, y poseyendo en el Brasil un gran poder auxiliar, ha podido pensar distraernos con operaciones falsas, o ciertas”. [19]

Si la iniciativa era puramente francesa, la victoria de Ayacucho debía persuadirla de parar todas sus conspiraciones. Pero si después de una batalla tan decisiva en el orden americano (y español), los Santa Alianza insistiera en su plan de hostilidad, y desoyesen igualmente nuestras proposiciones políticas, es una prueba evidente de que el plan definitivo es librar en una contienda general (Guerra Universal) el triunfo de los tronos contra la libertad. Esta lucha no puede ser parcial de ningún modo, porque se cruzan intereses inmensos esparcidos en todo el mundo. Desde luego, todo nuevo hemisferio queda de hecho comprometido, la Inglaterra con sus colonias e influencias en las tres partes del mundo, y por auxiliar a esta contienda tenemos el espíritu constitucional de los pueblos de Portugal, España, Italia, Grecia, Holanda, Suecia y el imperio Turco, por salvarse de las garras de la Rusia. Los aliados tendrán a todos los gobiernos del continente europeo, y, por consiguiente, a sus ejércitos. Así el fin de este litis político y militar depende de tales combinaciones y sucesos que ninguna probabilidad ni penetración humana puede señalarle el término final. Luego podemos concluir por mi proposición de prepararnos para una lucha muy prolongada, muy ardua, muy importante. El remedio paliativo a todo esto -si se encuentra- es el gran congreso de plenipotenciarios en el Istmo, bajo un plan vigoroso estrecho y extenso, con un ejército de 100.000 hombres a lo menos, mantenido por la confederación e independiente de las partes constitutivas. Además de las chucherías de una política refinada a la europea, una marina federal, y una alianza íntima y estrechísima con la Inglaterra y la América del Norte. Después de esta guerra horrible, en que quedaremos asolados, sacaremos por toda ventaja gobiernos bien constituidos y hábiles, y naciones americanas unidas de corazón y estrechas por analogías políticas, a menos que quede nuestra nueva Grecia como la vieja después de la guerra del Peloponeso, en estado de ser conquistada por un nuevo Alejandro, lo que tampoco se puede prever ni adivinar.” [20]

Así quedó para la Historia esta incursión conceptual bolivariana en la definición de Guerra Popular Prolongada; hubo otras cartas como la del 27 de octubre, donde Bolívar se muestra inquieto por la falta de precisión en la información que le trasmite Santander, que sólo le habla de cosas burocráticas, a pesar que ya él sabe de un desembarco importante (cerca de 6 mil franceses en La Habana).

Los conceptos de Pueblo y soberanía según Bolívar ya habían sido expuestos años antes, parte de las razones porqué las oligarquías se opusieron a su proyecto de una nueva sociedad “Esos señores piensan que la voluntad del pueblo es la opinión de ellos, sin saber que en Colombia el pueblo está en el ejército, porque realmente está, y porque ha conquistado este pueblo de mano de los tiranos; porque además es el pueblo que quiere, el pueblo que obra y el pueblo que puede; todo lo demás e gente que vegeta con más o menos malignidad, o con más o menos patriotismo, pero todos sin ningún derecho a ser otra cosa que ciudadanos pasivos. Esta política, que ciertamente no es la de Rousseau, al fin será necesario desenvolverla para que no nos vuelvan a perder esos señores...Piensan esos caballeros que Colombia está cubierta de lanudos, arropados en las chimeneas de Bogotá, Tunja y Pamplona. No han echado sus miradas sobre los caribes del Orinoco, sobre los pastores del Apure, sobre los marineros de Maracaibo, sobre los bogas del Magdalena, sobre los bandidos de Patía, sobre los indómitos pastusos, sobre los guajibos de Casanare y sobre todas las hordas salvajes de África, de América, que, como gamos, recorren las soledades de Colombia.” (De una carta de Bolívar a Santander del 13 de junio de 1821, rumbo a Carabobo)

Fue así como nuestro amado Libertador Simón Bolívar habló de la Guerra Prolongada ciento trece años antes que el venerable camarada Mao.

Yldefonso Finol

Estudiante Bolivariano



[1] José Arboleda, SJ: Bolívar y la Santa Alianza. UNIV. HUM. Bogotá. Vol. 15, Nº 26-Jul. -Dic. 1986

[2] Para este artículo estaré utilizando como fuente la selección de escritos militares de Mao Tse Tung, una Primera Edición de 1967 de Ediciones en Lenguas Extranjeras.

[3] Simón Bolívar: carta a Tomás de Heres, Pativilca, 9 de enero de 1824

[4] Sun Tzu: El Arte de la Guerra, Editorial Elektra, 1993, p 27

[5] Bolívar en carta a Santander, Quito, 6 de diciembre de 1822

[6] Ho Chi Ming: https://www.vietnam.vn/es/tu-tuong-ho-chi-minh-ve-chien-tranh-toan-dan-coi-nguon-suc-manh-dai-thang-mua-xuan-1975-y-nghia-trong-nhiem-vu-bao-ve-to-quoc-hien-nay

[7] Vo Nguyen Giap: Guerra del Pueblo, Ejército del Pueblo. Primera edición popular, 1971. Prólogo de Ernesto Che Guevara. pofile:///C:/Users/Yldefonso%20Finol/Desktop/Guerra_del_pueblo_ejrcito_del_pueblo-K.pdf

[9] Simón Bolívar, Carta a Manuel José Hurtado, Lima, 12-03-1825

[11] Simón Bolívar: carta del 11 de marzo de 1825 desde Lima al vicepresidente F. P. Santander en www.archivodellibertador.gob.ve

[12] Idem

[13] Idem

[14] Misma carta

[15] Idem

[16] Idem

[17] Idem

[18] Carta a Santander del 23 de febrero de 1825

[19] José Arboleda, Ob. Cit. p 164

[20] Misma carta a Santander del 11 de marzo de 1825


miércoles, 17 de septiembre de 2025

PELIGROSO MOMENTO SUBJETIVO: EL FIN DEL HUMANISMO

 


PELIGROSO MOMENTO SUBJETIVO: EL FIN DEL HUMANISMO

Toda la existencia ocurre en dos dimensiones: la material y la inmaterial. En estos dos planos transcurren las contradicciones esenciales que crean el espacio-tiempo a la naturaleza y a la sociedad. La una preexiste a la otra, a la que generó a través del humano. La primera puede existir independientemente de la segunda, pero no a la inversa, la sociedad no puede existir sin la naturaleza, aunque puede transformarla permanentemente, incluso destruir parte importante de ella, hasta las condiciones que permiten la propia vida. Aquí sonamos a un bemol de Enrique Dussel, porque el humano es en primera instancia biológico, es una mínima parte de la naturaleza como totalidad abarcadora de la existencia. Sin circulación sanguínea no hay cerebro que funcione, ni ideas que liberen. Y no por minúscula deja de ser la criatura más peligrosa y problemática de la Madre Natura. 

Naturaleza y sociedad (lo específicamente humano), se explican por lo permanente que es el movimiento, los cambios gestados por las contradicciones (dialécticas) rigen los hábitats “del cielo y la tierra”, las relaciones del humano con el entorno natural y entre sí, las relaciones sociales de producción, el Oikos-nomos, donde el trabajo creador sintetiza las características del humano como sujeto transformador del mundo material, creador/portador del inmaterial, generador del conocimiento, y actor (consciente o no) de la construcción societaria.

La espiral que tiene su punto de partida en la comunidad originaria, el espíritu gregario, la propiedad colectiva, es violentamente sacudida por la confrontación de otros que temen la diferencia superficial y sienten el poder de la apropiación de los bienes del otro y hasta de su persona. Estado nación etnocéntrico, esclavitud, imperios, feudalismo, capitalismo, imperialismo, y, en cada etapa, luchas de los oprimidos por su emancipación, guerras de invasión y resistencias de liberación. La espiral no se detiene, el humano no le da receso, ni las condiciones objetivas se aquietan solas. No se domestican los saltos de las fuerzas productivas, ni el afán de predominio de la categoría determinante del actual modelo civilizatorio: el capital.

Instituciones que fueron forjadas durante siglos por las fuerzas sociales que propugnaron en el mundo a favor de derechos, ciudadanía e igualdades (extraviadas), están siendo destruidas en estos momentos por poderes que se aferran a hegemonías impuestas en el pasado que parecen deshacerse, por instrumentos de esos poderes que pretenden erigirse superiores, herederos del mercantilismo con el que acumularon bienes (materiales e inmateriales) productores de riqueza, invadiendo, causando genocidios, colonizando, esclavizando y robando pueblos por todo el planeta.

Europa -a la cola de USA- ha asesinado la política, sustituyéndola por lobistas recaderos de las empresas transnacionales. Estados Unidos ha declarado -de hecho- el fin de la diplomacia. Israel -apoyado por los dos prenombrados- exterminó el humanismo. Tal es el caos del que intentan partir para recolonizar la humanidad, suprimiendo -con los veloces y eficaces nuevos medios de alienación- los sentimientos y la conciencia de una especie humana solidaria y no sumisa.

El ADN de la formación social dominante es la propiedad, con énfasis en la propiedad privada de los medios de producción a partir de la modernidad eurocentrada. El capital, que es la acumulación de esas propiedades en una elite violenta y engañosa, necesita que la población no propietaria, le sea servil, de manera que su fuerza de trabajo entre también en el inventario de lo apropiado por el entramado capitalista. De allí que el marxismo plantee que la historia de las sociedades se desarrolle según el principio de la lucha de clases: “La historia de todas las sociedades hasta nuestros días, es la historia de las luchas de clases”, dicen los autores del Manifiesto Comunista, Carlos Marx y Federico Engels.

Obviamente, los debates sobre el contenido total del Manifiesto durante estos ciento setenta y siete años, han sido muchísimos y muy profundos; lo cierto es que más allá de los determinismos cuestionados al llamado “marxismo ortodoxo”, el aporte del paradigma marxista, el materialismo histórico, sigue siendo una herramienta relevante para el análisis de los procesos socioeconómicos en el devenir de los pueblos y en las relaciones geopolíticas que han predominado el ámbito internacional.

No queremos concentrar las ideas de esta disertación en las categorías del clásico análisis marxista (“condiciones objetivas” y “condiciones subjetivas”), que hemos usado en el movimiento revolucionario para debatir coyunturas y determinar -cual nigromantes- el despegue de la crisis revolucionaria, ese momento ideal donde se interceptan la curva descendente de las condiciones materiales de vida de las grandes mayorías trabajadoras con la curva ascendente de la toma de conciencia de clase y capacidad organizativa de ese pueblo y sus organizaciones políticas. También hemos incurrido en la pretensión de decretar el fin del imperialismo, como si se tratara de una pandemia controlada por una milagrosa inmunización global.

Estaríamos entrando en el concepto de “momento subjetivo” desarrollado por George Lukács, que se refiere al potencial transformador por excelencia de las condiciones subjetivas de las clases oprimidas en una sociedad históricamente determinada, que llevaría al pueblo a la acción revolucionaria autónoma para transformar las condiciones objetivas a su favor, fundando una sociedad justa e igualitaria. Este planteamiento fue calificado de “idealista”. La experiencia histórica demuestra que los estallidos populares no necesariamente derrocan el poder explotador establecido, hemos constatado casos en que, incluso, si no son masacrados por las fuerzas represivas del sistema, pueden llegar a ser manipulados por los laberínticos senderos del poder constituido. Bolívar decía: “El débil necesita una larga lucha para vencer; el fuerte, como en Waterloo, libra una batalla y desaparece un imperio.”

El asunto al que quiero invitarles a dirigir la mirada, es al hecho que nuestros enemigos, los imperialistas y las oligarquías capitalistas y terratenientes, por medio de sus aparatos ideológicos y la intelectualidad que les sirve, también ha estudiado estas teorías marxistas en todas sus versiones, como también las han infiltrado para tergiversarlas, a través de teóricos, medios de desinformación, oenegés, industria cultural y universidades, captadas y cooptadas vía financiamientos “generosos” e “inofensivas” convocatorias a becas y foros internacionales que son el deleite de muchos académicos.

Dicho esto, paso a exponer lo que motivó este texto.

Las condiciones subjetivas generales a nivel global son extremadamente peligrosas para la existencia humana (sobre las ambientales advirtió Fidel en 1992). Los imperialismos están “al borde de un ataque de nervios” (Pedro Almodóvar, 1988). Estamos claros que la conducta psicopolítica de las potencias occidentales tiene entre sus causas fundamentales las condiciones objetivas actuales, consistentes en la pérdida de la hegemonía y privilegios que amasaron tras las guerras inter imperialistas de comienzos del siglo XX, particularmente el engolosinamiento que les “enloqueció” al derrumbarse el campo socialista en la URSS y Europa del Este (“El Imperio del Mal”, en palabras de Ronald Reagan).

De ese deslave político como hecho concreto que generó unas condiciones objetivas y subjetivas desastrosas para las fuerzas populares contrahegemónicas, los imperialistas concluyeron erróneamente que podían imponer un régimen de explotación más voraz, inspirado en el credo neoliberal, que decretó el fin de las ideologías y de la historia. ¡Vaya enajenación del oráculo capitalista!

Lograron hacerlo en algunos países, “a sangre y fuego”. Pero no pudieron enjaular la globalización en el dogma del neoliberalismo; porque -además de partir de unas premisas absurdas-, la globalización se movió como creatura objetiva-subjetiva en el espacio-tiempo del desarrollo de las fuerzas productivas, demostrándose otra enésima vez que la historia continuaba como resultado de la sencilla vida común de los seres humanos y las inevitables contradicciones inmanentes al sistema capitalista, con el insoslayable componente ideológico que conlleva todo proceso social, por ende, toda acción humana.

En el ámbito internacional, la contradicción entre la autodeterminación de las naciones y la tendencia imperialista al expansionismo y el neocolonialismo (“explotados y explotadores), también le insufló combustible a la (“¿difunta”?) historia; hemos afirmado y lo reiteramos que, en esta etapa de los decadentes imperialismos, fracasada la globalización neoliberal de conformación mononuclear, el primer derecho humano es tener patria, porque esos que vendieron y siguen traficando una supuesta disminución o eliminación del Estado, son los que más fortalecen sus aparatos estatales con fines opresores, priorizando el gasto en los departamentos bélicos y conspirativos contra el pueblo trabajador de sus países y otros pueblos que no se doblegan al yugo foráneo.

Sin ninguna duda, el plan de recolonización de los territorios y la consiguiente apropiación de sus recursos, ha sido destruir Estados Nacionales por medio de la intriga y la violencia, valiéndose en muchos casos de mercenarios bajo la figura de contratistas con las que tercerizaron el negocio de las guerras de invasión. Un hito de esta práctica fue el descuartizamiento de Yugoslavia, la guerra de Kosovo, donde bombardearon a placer a la población serbia principalmente. Luego vinieron Irak, Libia, Siria, Sudán; es demasiado evidente el proyecto de desestructurar países y regiones para tomar sus riquezas por medio de pandillas armadas por las agencias de inteligencia y contrainteligencia de Estados Unidos, Inglaterra, y el Frankenstein de Asia Occidental y bisagra con África Nororiental: Israel.

Este engendro genocida enclavado en territorio ancestral palestino, que crearon con el propósito de mantener en jaque al mundo árabe y a Irán, que desde su gestación infestó la región de conflictos y violencia permanente, que las potencias imperialistas convirtieron en el más sofisticado engranaje militarista, con el arma atómica disponible en forma instantánea, la cual estuvo dispuesta a vender al régimen del apartheid en Suráfrica, es hoy una de las principales amenazas a la paz mundial y a la existencia de una “especie en extinción”.

Hace un siglo Lenin estableció cinco condiciones para definir al imperialismo como “fase superior del capitalismo”, aunque, en una de ellas no acertó, en la quinta que afirmaba: “ha terminado el reparto territorial del mundo entre las potencias capitalistas más importantes”. Pareciera no ser tan recomendable darle un uso tajante al participio pasado del verbo “terminar”, en el análisis de procesos históricos. Dos décadas después estalló la Segunda Guerra Mundial, los imperialismos se empeñaron en ese “reparto territorial”, los pueblos antes colonizados lucharon por la liberación nacional con experiencias exitosas (al influjo -entre otras- de las ideas leninistas), y todavía hoy continúa esa refriega planetaria por un mundo multicéntrico y pluripolar.

El tema que me jala a retomar el “momento subjetivo” es el esquema de valores que llevó a una parte de la humanidad a dominar y/o destruir a otros humanos, a quienes ni esa condición les reconoce. La superestructura moral que justifica la más vil y cruel opresión, los genocidios, el exterminio y el saqueo. Ese impulso “divino” que llevó a los primeros “colonos” ingleses a asesinar a millones de originarios del norte de Abya Yala, repitiendo lo que España hizo desde 1492, y que el fraile dominico Bartolomé de las Casas resumiera en conmovedor testimonio: “Mis ojos han visto estos actos tan extraños a la naturaleza humana, y ahora tiemblo mientras escribo.” [1]

Pero ese es el humano mi querido hermano Bartolomé.  

Estados Unidos se limita cada vez más a su rol de imperialismo bélico, mientras pierde terreno en su carácter de superpotencia económica y tecnológica. Esto tiene un impacto severo en el estado de ánimo de su población, convencida a lo largo de cinco siglos estar destinada por designios superiores a cumplir una misión encomendada por dios, tal como lo creyeron los invasores españoles y los nazis del Tercer Reich.

La ideología dominante, basada en exaltar y amoldar el ego, instaló una cosmovisión del egoísmo (individualismo), con el egocentrismo como pauta de ascenso social, y la egolatría como motor del etnocentrismo desde el cual se proyecta el odio a la diversidad humana, que sí es una condición cultural inmanente al desarrollo de sociedades nacionales.     

Dice Wilhelm Reich: “Nos han enseñado que la falsificación de los hechos y los enardecimientos por sugestión superficial conducen con certeza al descorazonamiento de las masas, desde que la férrea lógica del proceso histórico revela la realidad.” [2]

La elite hegemonista de Estados Unidos, Inglaterra y Europa, diseñaron y diseminaron campañas de rusofobia, islamofobia, sinofobia, xenofobia, aporofobia, en simultáneo con la promoción de políticas armamentistas, antiinmigrantes, neoliberales reduccionistas de la inversión social, recrudeciendo la represión a los movimientos sociales, eliminando derechos laborales, todo lo cual ha creado la crispación dentro de esos países y en el ámbito internacional, con el riesgo de guerras a gran escala pendiendo sobre la frágil coexistencia que “tiembla mientras escribo”.

Permítanme una pausa, no quise aburrirles. Por los momentos les dejo un fragmento de carta del cacique Powhatan al jefe de la invasión inglesa (“colonos”) John Smith: “He visto morir a dos generaciones de mi gente. Conozco la diferencia entre la paz y la guerra mejor que ningún otro hombre de mi país. ¿Por qué toman ustedes por la fuerza lo que pudieran obtener por vía pacífica? ¿Por qué quieren destruir a los que les abastecen de alimentos? ¿Que pueden ganar con la guerra? ¿Por qué nos tienen envidia?”.  

 

Yldefonso Finol

Militante Bolivariano



[1] Bartolomé de las Casas citado por Howard Zinn en la Otra Historia de los Estados Unidos, edición digitalizada Universidad Madres de la Plaza de Mayo, p 10

[2] Wilhelm Reich: Psicología de masas. Editorial Ayuso, Madrid 1972, p 8

viernes, 5 de septiembre de 2025

AQUEL BOLÍVAR DE JAMAICA, AQUEL INCREIBLE 1815

 

                                                           Ilustración de Enrique Colina

Aquel Bolívar de Jamaica, aquel increíble 1815

El Libertador comenzó el año habiendo logrado la reunificación de Cundinamarca. El 12 de diciembre de 1814 dijo a la División Urdaneta: “Para nosotros la Patria es América”. Al Gobierno General de la Nueva Granada dijo en Bogotá el 23 de enero de 1815: “Hagamos que el amor ligue con un lazo universal a los hijos del hemisferio…y que el odio, la venganza y la guerra se alejen de nuestro seno”.

Pero las diatribas le acechaban y se apartó tácticamente. Sus pensamientos y sentimientos los plasmó en Jamaica: “Nuestras discordias tienen su origen en dos copiosas fuentes de calamidad pública: la ignorancia y la debilidad. España fomentaba la una por la superstición y perpetuaba la otra por la tiranía. En el estado anterior de las cosas nuestra situación estaba reducida a la nulidad, vivíamos ajenos a todos los acontecimientos que se cumplían, extraños a la contemplación del mundo político y separados de todo lo que pudiera de algún modo ejercitar nuestra inteligencia, o dar valor a nuestras riquezas y nuestro poder.”

Bolívar en Jamaica brilló en su momento de mayor desesperación patriótica y revolucionaria. Derrochó sapiencia, cultura universal, capacidad predictiva, y sintetizó la historia en un puñado de folios: “China no manda buscar mandarines a la cuna de Gengis Khan que la conquistó”. Bolívar señaló el camino descolonizador en claves por descifrar.

Su amigo Hyslop lo auxilió porque no tenía ni unos centavos para sostenerse. Henry Cullen le escribió interpelándolo, lo que provoca esa carta inmortal del 6 de septiembre de 1815. España reconquistó Nueva Granada luego que la portentosa flota de Pablo Morillo tomó Cartagena tras un sitio implacable.  

La casera donde se hospedó al llegar lo asfixiaba cobrándole. Algunos compañeros lo acogieron en la posada donde se hallaban, un par de noches, pero de allí pasó a casa de Madame Julienne. Una lluvia torrencial impidió a Bolívar ir a buscar sus pertenencias en el albergue anterior, y eso le salvó la vida, porque su hamaca fue apuñalada ene veces por el Negro Pío, quien había sido su ayudante y los españoles captaron con dinero para cometer el asesinato. En la hamaca estaba el desafortunado Félix Amestoy, quien murió esa misma noche. El traidor Negro Pío fue enjuiciado y ejecutado el 23 de diciembre.  

La mente del Libertador no paraba de esparcir sabiduría: “Es cierto que el peso de la libertad es liviano, pero también es difícil mantenerlo en equilibrio aun en las naciones más cultas y civilizadas…El débil necesita una larga lucha para vencer; el fuerte, como en Waterloo libra una batalla y desaparece un imperio.”

La última semana de ese año casi fantástico, Bolívar estaba en Haití.  

La Carta

Recién había cumplido Bolívar sus 32 años cuando se hallaba en Kingston exiliado por evitar una guerra civil contra los saboteadores de la campaña para liberar la franja caribeña que va desde Santa Marta hasta Maracaibo. Acababa de librar exitosamente la contienda con quienes mantenían insubordinada la provincia de Cundinamarca, uno de los tantos servicios que prestó por entonces a la Nueva Granada.

Siempre muy inquieto –por naturaleza- y centrado en concebir su retorno a Tierra Firme para continuar su gesta libertaria, en Jamaica desarrolla una intensa actividad teórica y propagandística. Escribe a diario artículos, correspondencias, planes militares, todo ello orientado a conseguir apoyos para traer una fuerza a Venezuela que, estableciéndose en un territorio liberado, fuera capaz de ir desalojando al ejército español que la copaba por entonces.

Ese hombre joven aún pero ciertamente algo desgarbado, rico de cuna pero sin un centavo para mantenerse, golpeado por los dolores del amor perdido y los empellones de la política, pero con el espíritu elevado y fuerte; ese Bolívar que ya ha peleado en dos docenas de batallas y ha sorteado dos intentos de asesinarlo a traición, que ha visto perderse dos veces la natal República de Venezuela y enredarse por pugnas de sus entrañas la libertad de la Nueva Granada; ese Bolívar con sudado camisón, bigotes y patillas sin afeitar, melena crecidita y hamaca por lecho, es el que redacta en la noche del 6 de septiembre de 1815 la Carta de Jamaica.

Siempre en actitud esperanzadora y predictiva. Didáctico en la explicación, denso en el análisis, culto en la redacción. Así es su discurso. Este hombre parece elevarse a una altura epistémica, dotado de mirada telescópica para descubrir los escenarios en el ancho teatro de operaciones históricas, y de la lectura microscópica cuando se trata de escudriñar la esencia de los acontecimientos que determinan la compleja situación del continente.

 

En la Carta he detectado –empalmándola con los Manifiestos de Cartagena y Carúpano, y con el Discurso de Angostura- la aplicación de una metodología científica en la construcción del argumento: en primer lugar se desarrolla un formidable esfuerzo de memoria histórica; en segundo lugar, subyace en el acervo del autor, el conocimiento previo de las teorías científicas y filosóficas más influyentes de su tiempo; en tercer lugar, se expone una visión panorámica de la realidad internacional y sus conexiones con el propósito revolucionario que lo mueve; y en cuarto lugar, no se desdeña el componente matemático-estadístico en las definiciones de diagnóstico y soportes de la argumentación. Tal es el método científico usado por El Libertador en toda su obra, y muy especialmente, en su famosa epístola jamaiquina.

 

Repasemos algunos de los sorprendentes anuncios que hace Simón Bolívar en este texto tan representativo de su genio:

- Se nos revela como un convencido lascasiano, aunque no era de extrañar que Bolívar ya hubiese leído la obra del polémico dominico, si partimos del hecho que fue un lector voraz de todas las literaturas de su tiempo y las anteriores. Tampoco debería creerse que su maestro Rodríguez hubiere obviado la voluminosa crónica que Bartolomé de las Casas dejó como testimonio vivo de las aberraciones humanas cometidas por la invasión europea en Abya Yala. Y además de conocerle, Bolívar también desea reconocerle el aporte que Las Casas hizo a la humanidad, fundando una ciudad con su nombre: que el deseo de hacer justicia es en Bolívar una filosofía de vida.

- Asoma por primera vez su interés en el tema indígena, a los que califica como legítimos propietarios de esta tierra americana. Aunque se nota que no ha tenido un contacto directo con esa parte de la población –hecho que ocurrirá a posteriori- El Libertador sabe que su lucha histórica por la igualdad tendrá que reivindicar tarde o temprano a las primeras víctimas del coloniaje europeo. Destaca el trato traicionero y criminal que los invasores dieron en particular a los líderes de las naciones indígenas del continente, mancillando sus dignidades para humillar al colectivo que les veneraba.

- También aparece reseñada su versión original de Colombia como nuevo Estado que surgirá de la fusión de Venezuela y la Nueva Granada, con capital en un punto equidistante y con cómoda salida al mar como Maracaibo. Esta idea varió luego por las exigencias de la elite granadina y por las ventajas en la estrategia de independizar regiones más al sur, para lo que Bogotá ofrecía facilidades geográficas. Cuánto pudo influir esta decisión en la futura disolución de la Colombia original y en la caída del proyecto bolivariano, es un asunto que sólo los poderosos azares podrían explicar, aunque no se exceptúa de antemano el deseo de analizarlo desde la óptica de la especulación dialéctica de la historia.

- El Libertador entra, sin embargo, en el movedizo terreno de imaginar el futuro político de las naciones americanas; esa permanente preocupación que lo acompañó hasta sus últimos días por la necesaria unidad frente a las complejidades de las aspiraciones locales y los intereses particulares, corporativos o regionales. La diatriba entre los modelos republicano y monárquico, y entre la forma de gobierno centralizada y el federalismo. Las limitaciones que la falta de experiencia en cuestiones de gobierno imponían a una generación que se había revelado contra una estructura de poder con trescientos años de solidez indiscutible. El reto de ser originales hasta en las instituciones que debíamos darnos como pueblos nacientes, va acompañado de la angustia democrática por darle estabilidad al gobierno sin dejarse arrastrar por las tentaciones del absolutismo y la monarquía, sin descartar ni la condición electoral como fuente de legitimidad ni la posibilidad del carácter vitalicio del jefe del ejecutivo, que en ningún caso sería hereditario. Aquí queda plasmada esa otra parte fundamental de la Doctrina Bolivariana, conformada por el trípode República, Democracia y Buen Gobierno.

- Haciendo gala de su profundo conocimiento de la realidad continental y del manejo adecuado de la estadística, Bolívar realiza un viaje por la coyuntura política de cada uno de los países latinoamericanos, del estado de su lucha por la independencia y de su población, singularizando las potenciales capacidades para emerger del dominio español con éxito. Allí se ponen de manifiesto otras de las herramientas claves del método bolivariano, cuales son: el análisis situacional y la estadística.

- Visto el grandioso campo de batalla desde México a la Patagonia, sin dejar por fuera de esa patria grande las islas de Cuba y Puerto Rico, Bolívar expone con nítida convicción la imposibilidad de que España pueda sostener su imperio en Nuestra América, ni siquiera el sistema económico que había configurado sobre bases ficticias de privilegios para sí y exclusión para el resto. Reclama, eso sí, que tanto la Europa que se supone liberal y defensora del libre comercio, como los Estados Unidos, hayan permanecido indiferentes al sacrificio de los patriotas meridionales.

- Bolívar evalúa la realidad presente desde las sapiencias acumuladas por la inmensa humanidad que va desde China y Persia a los confines de Europa y América. Caracteriza con cualificada pericia sociológica que “los americanos, en el sistema español” que estaba “en vigor”, no ocupaban “otro lugar en la sociedad que el de siervos propios para el trabajo, y cuando más, el de simples consumidores”. Esta discriminación además de odiosa, constituía un freno insalvable para el progreso de nuestras naciones, toda vez que la metrópoli, se reservaba para sí toda actividad generadora de beneficios económicos y fiscales, aun las que no era capaz de llevar a cabo. Tal fue la causa de fondo del movimiento independentista continental.

- Discute la pertinencia de los distintos modelos de gobierno, la perfectibilidad de sistemas que pudieran no ser adaptables a la cosmovisión criolla americana; pugna por moderar las apetencias democráticas exageradas que pueden conducir naciones recién organizadas a desórdenes que las hagan inviables, y reflexiona sobre cuestiones tan detallistas como la magnitud de la injerencia del sector militar en los asuntos de gobierno y la dimensión territorial de las repúblicas. Concluye que esas repúblicas deben ser grandes en virtudes y ciudadanía, más que en riquezas materiales y poderes fácticos.

- Reveló también la esencial contradicción dialéctica entre reformadores y conservadores, como la confrontación de la que surgen los sistemas políticos, que serán justos y liberadores si la correlación de fuerzas favorece a los primeros, o retrógrados y opresores si se imponen los segundos. Esa ha sido la ley fundamental de la política hasta nuestros días.

 

-       Predijo la realización del Congreso de Panamá y la construcción en ese lugar del canal que comunicaría, uniendo los dos océanos, a todos los continentes.

La Carta de Jamaica representa la consagración de Bolívar como escritor, sociólogo, arqueólogo forense de nuestra historia raigal y arquitecto de la sociedad por construir. No fructificó su clamor para que las naciones ilustradas de Europa y “nuestros hermanos del Norte” nos auspiciasen con su protección y ayuda. Pero –paradójicamente- vino a conseguir esos auxilios salvadores en una pequeña república de humildes afrodescendientes que le esperaban en el vecindario caribeño para darle la mano solidaria que lo subió de manera definitiva a la nave de la victoria y la gloria universal.

 

Yldefonso Finol

Militante Bolivariano

 

miércoles, 3 de septiembre de 2025

EL MUERTO QUE SE HACE EL VIVO

 


El muerto que se hace el vivo

Para el pueblo estadounidense.

Advirtió en 1819 El Libertador Simón Bolívar en el Congreso de Angostura: “Por el engaño se nos ha dominado más que por la fuerza; y por el vicio se nos ha degradado más bien que por la superstición.” 

Trump está muerto, pero va ganando (¿popularidad?, ¿en el golf?, ¿la guerra?) Hashtags al estilo #TrumpIsDead y #WhereIsTrump proliferaron por la ola de rumores acalorada fríamente por el vicepresidente Vance: “estoy preparado para asumir el liderazgo si ocurriera una tragedia”.

Las pesadillas recurrentes con el fantasma Epstein rondan la Casa Blanca. Wall Street Journal difundió que Trump “fue informado en mayo por su fiscal general de que su nombre aparecía en archivos relacionados con las investigaciones.”

En la campaña electoral de 2024, Trump dijo estar dispuesto a publicar esos archivos escandalosos que protagoniza -junto a un elenco internacional de altísimo standing- su difunto amigo desde 1990, Jeffrey Epstein. Hasta este momento, Trump no ha sido acusado de algún caso concreto en relación con la red de pederastia y otros crímenes, pero ya está confirmado que su nombre aparece en el inmoral staff.

Se atribuye al poeta español Antonio Machado, fundido ya irremisiblemente en la causa del pueblo, la máxima: “El arma más destructiva que utiliza el fascismo es la mentira”.

El índice de rechazo al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, actualizado al 3 de septiembre de este año por The Economist es del 60 por ciento: “Desde su regreso al cargo, la aprobación de su gestión económica ha disminuido, impulsada por su errática política comercial y los precios persistentemente altos en las cajas registradoras. En menos de dos meses, su índice de aprobación cayó por debajo de cero, donde se ha mantenido desde entonces. Su índice de aprobación neta actual es de -14.”

Anotemos este nombre: María Farmer. Esta ciudadana estadounidense denunció en 1996 y -ratificó sus aseveraciones- en 2006 ante el Departamento de Policía de Nueva York, y el FBI, sobre las agresiones que ella y su hermana menor de edad, sufrieron por parte del dúo Epstein y Maxwell, tiempo en el que constató que en el entorno de la pervertida pareja estaba el empresario Donald Trump. Nos ha relatado una fuente desde New York, que el testimonio de Farmer es contundente, que los detalles darían un jaque mate.

La BBC lanza su cizaña desde orillas del Támesis: “Pareciera una decisión sencilla para el gobierno de Donald Trump hacer públicos los archivos relacionados con Jeffrey Epstein, o mantenerlos fuera de la vista del público. Pero las batallas que se libran entre los partidarios del presidente estadounidense en algunos de los espacios más conspiranoicos de Internet sugieren que la elección a la que se enfrenta Trump no es nada fácil. En esos espacios, los usuarios discuten sobre si confiar o no en la Casa Blanca, y especulan sobre lo que podría estar ocurriendo entre bastidores.”

Mientras, en ese otro mundo que los gringos (“un pueblo ignorante, instrumento ciego”) no ven, o simplemente desprecian, el presidente de la República Popular China, Xi Jinping, ha presentado en Tianjin la Iniciativa de Gobernanza Global durante la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái, inspirado en los objetivos supremos de “defender la coexistencia pacífica y la cooperación beneficiosa para todos, e instó al establecimiento de un sistema de gobernanza global más justo y equitativo, que valore la igualdad, el estado de derecho, el multilateralismo y los beneficios tangibles para la población.”

El presidente ruso Vladimir Putin, al anunciar su apoyo a la propuesta china, manifestó: “Creo que precisamente la Organización de Cooperación de Shanghái podría asumir el liderazgo en los esfuerzos por crear en el mundo un sistema de gobernanza global más justo y equitativo”.

Desde Caracas, el Presidente Constitucional Nicolás Maduro, proclamó nuestra adhesión a la iniciativa de China por “un sistema de gobernanza global basado en la igualdad soberana, el respeto al derecho internacional y el multilateralismo”, siguiendo la línea histórica del Equilibrio del Universo planteado por Bolívar y el nuevo orden mundial multipolar pregonado por el Comandante Eterno Hugo Chávez.

La Organización de Cooperación de Shanghái reunió en esta cumbre más de veinte Estados euroasiáticos que constituyen cerca del 50% de la población mundial y generan un tercio del PIB global.

Entre tanto, el Mar Caribe es infestado por un despliegue militar grotesco, pirático, y que para “combatir el narcotráfico”, pero que el discípulo de Posada Carriles, Marcos Rubio, trata de teñir de invasión contra Venezuela.

El Presidente Maduro lo ha denunciado virilmente, llamando al pueblo bolivariano a alistarse y estar preparados para cualquier escenario. “Somos un pueblo pacífico, pero iríamos a la lucha armada ante el más mínimo asomo de agresión extranjera contra la Patria”, ha expresado el Jefe del Estado en declaraciones ante medios de información internacionales y en discursos durante las masivas manifestaciones populares patrióticas.

Las pantomimas marítimas -sin dejar de precisar lo ilegítimas y peligrosas que son- han alcanzado niveles hollywoodenses. Trump (no Reagan) se jactó de haber “matado” once personas en una embarcación en algún lugar del Caribe (¿Pesadilla en la Isla de Epstein?). La Inteligencia Artificial no se puede inyectar o colocar en una liposucción, menos en una cirugía estética.  

En 1997 se estrenó la película gringa Wag the Dog, vendida en España como La cortina de humoMentiras que matan, en Argentina, o Escándalo en la Casa Blanca, en la mayoría de Latinoamérica. El filme trata de la creación cinematográfica de una guerra ficticia (con Albania) para distraer a la opinión pública de un escándalo sexual que perseguía la imagen presidencial deteriorándola drásticamente a poco tiempo de una nueva elección. Los publicistas del presidente-candidato contratan a un director que exige los créditos por su “creación”, que incluyó la muerte (real) de un supuesto soldado, al que retornaron en el acostumbrado ataúd abanderado convertido en héroe caído. La población estuvo medio atenta a la falsa guerra y la presencia de terroristas del país enemigo con bombas atómicas que entrarían por Canadá (el director fue agregando paranoias azuzado por los “productores”). La propia CIA -para no seguir sintiéndose burlada- se ve obligada a ponerle “the end” a la película anunciando que “la guerra” había terminado.

Imposible no recordar “las armas de destrucción masiva de Irak”, “los vínculos con Al Qaeda”, hasta la explosión del barco Maine en la Habana para declararle la guerra a España en 1898. La mentira es parte constitutiva del sistema de vida estadounidense, comenzando por esa del “Destino Manifiesto” y de que son el “gendarme necesario” del planeta.

Vuelvo entonces al poeta Machado: “No basta despertar cuando amanece: Hay que mirar al horizonte, ¡Alerta!”

 

Yldefonso Finol