Amores
y letras del maestro Uriana
Una generación de jóvenes del pueblo wayúu tuvo por
vocación la docencia. El oficio de enseñar -ese tan urgente en sociedades que
requieren formarse para ver la luz y zafarse las cadenas- atrajo a pioneros que
corrieron desde las arenas asoleadas a las aulas escolares donde por su bizarro
empeño, fueron ellos la escuela.
El anhelo de saber, las ansias de atrapar el
conocimiento de otros mundos –ya que el propio lo aprenden en el hogar con sus
madres y ancianos- lanzó a muchachos (jimai’irrua) como José Antonio Uriana y
su hermano Roberto al viaje hacia las urbes donde la educación oficial les
planteaba el reto de apropiarse de saberes de la cultura dominante sin
renunciar a unos orígenes que, en el caso wayúu, se aferran a la existencia con
la perseverancia de los viejos cujíes y cardones que siguen erguidos en medio de
la sequía y el olvido.
Pero el maestro Uriana, al igual que su paisano y amigo
Ramón Paz Ipuana, también sucumbiría ante el sortilegio de Erato: musa griega
de la poesía. Estos hombres vivieron maravillados por las letras, por el
idioma; primero por el suyo propio que bebieron en el seno materno, con el cual
simbolizaban todo lo que existe en el mundo material e inmaterial (incluido el
de los sueños y el de la muerte), así como sentir las emociones que cada
vivencia despertaba en sus entrañas y almas; en segundo lugar, la lengua
oficial heredada del proceso colonial, el castellano, lo asumieron como vía de
expresión hacia la sociedad criolla mayoritaria, con sapiencia y practicidad,
con elegancia y adaptabilidad.
El poeta José Antonio Uriana es un wayúu destacado en
el ambiente cultural maracaibero de su tiempo. Entabla amistad con los bardos
de moda, participa de los grupos literarios locales, pero no abandona sus
encuentros con la figura emblemática de la incursión wayúu sobre Maracaibo: el “Chino
Julio”.
Su obra se debate entre la influencia en las letras
zulianas de autores como José Ramón Yépez y Udón Pérez, ambos interesados en
los temas “indianos” para recrear tragedias y épicas de tono greco-romano, y la
oralidad terrígena con que la sociedad matrilineal le mostró una cosmogonía
absolutamente diferente del culto eurocéntrico predominante. Entonces, José
Antonio Uriana, como precursor de la literatura escrita desde el diverso mundo
sentipensante indígena, se abre paso con un verbo original que encierra el
combate doloroso por legitimar la ancestralidad frente a la comunidad nacional
hispanohablante; esa construcción poética nace en el flujo existencial
germinado desde la oralidad wayúu’naiki, siendo luego transportada al colectivo
mayoritario en la palabra escrita con el idioma oficial.
Uriana es por esto el primer poeta indígena bilingüe
del país; grande deuda se tiene aún con esas creaciones raigales marginadas por
la burocracia cultural de la república, el estado y los municipios, que no se
interesaron en publicarlas, difundirlas, estudiarlas y valorarlas. Es parte del
racismo subyacente, tan trajeado de ignorancias ofensivas y arrogantes, que aún
la fraseología rimbombante de empoderados indigenistas, no resarce, todo lo
contrario, exacerba la evidencia de su fracaso.
Sólo circunstancias tan repugnantes impidieron que la
obra literaria de aquellos sabios y vates, no fuese motivación suficiente para
haber creado instituciones serias y estables para la preservación, estudio y
fomento de los idiomas originarios de la región. Este Cronista testimonia con
absoluta veracidad cómo se bloqueó en 1997-1998 la Ley de Pueblos Indígenas del
Zulia que propuse como diputado de la extinta Asamblea Legislativa y se
ninguneó la creación del Instituto de Lenguas Indígenas promovido en mis
artículos desde finales del siglo pasado y comienzos del presente. Las
gloriosas reivindicaciones plasmadas en la CRBV y sucesivas leyes en materia
indígena, no se han logrado concretar en gran parte por esa falta de voluntad
política e inconsistencia científica que padecen determinados liderazgos
burocratizados.
Honrar la vida y obra del maestro José Antonio Uriana,
y con él, a todas las generaciones de poetas y docentes wayúu, no puede hacerse
sino desde la inconformidad y rebeldía planteada en sus versos que reafirman con
orgullo la condición india, el apego vital a la “madre telúrica”, la veneración
por el ancestro común, el respeto por la otredad, aún aquella que pretende
negarte; reencontrarse con el mito y la épica, invocar a Mara como legendario
referente combativo, al Mohán como nombradía misteriosa que emana de las
lagunas, y a Nigale como héroe de una lucha que no ha cesado, que el mismo Uriana
está librando en cada gajo de derechos que logra arrancarle al sistema negador
de nuestras nacionalidades. Estas presencias en los textos y en la cotidianidad
del maestro José Antonio, testifican su cercanía afectiva hacia el pueblo añú,
siempre presente en su quehacer poético.
Hombre de familia, esposo y padre amoroso, cosechó
junto a Matilde Pocaterra -su compañera de vida- un ramillete de críos, en
quienes sembró el amor por el estudio y el trabajo, como era lógico de su
honorable proceder. También al nombrarles vertió la impronta filosófica de sus
impulsos más sensibles: Atala, Maruma, José Antonio, Bolívar, Zulia, Camilo,
Waldo, y los nietos José Martí, Nigale, Sucre, Huascar, Urimare, entre otros;
la literatura admirada, la revitalización de lo ancestral, la convicción
patriótica, las inquietudes políticas, todas las substancias fundadoras se
fusionaron en la alquimia particular de un joven enérgico y tierno que no
evadió el compromiso con una nueva humanidad pacífica y solidaria.
Los estragos de las guerras, las coerciones
antidemocráticas, las carencias impuestas a los humildes, son realidades que
Uriana confronta desde una lírica por ratos adepta de las beldades del lenguaje,
pero que no duda en estallar en un grito libertario, allí donde la épica
reclama las entregas heroicas.
Sueño con una tertulia donde José Antonio Uriana, junto
a otros sabios wayúu como Ramón Paz Ipuana y Miguel Ángel Jusayú, entre jayeshi
y shirrú’una, nos deleiten con sus inmarcesibles lumbres en la noche de Tou’main.
Yldefonso Finol
Cronista de Maracaibo
Vaya mi sentido homenaje a la familia Uriana Pocaterra,
especialmente a mi entrañable amiga Atala, heredera de la poesía wayúu, en esta
hora triste de despedir a su hermanita Maruma. Un abrazo solidario.
La Indianidad en el Zulia es un rompecabezas para mi, no logro comprender, porque siendo tan apasionante y vital, conocer y saborear esta temática, no vemos en los espacios Culturales, exposiciones ni presencia, en los estudios básicos del Sistema Escolar. Por fortuna, mi madre recibió en nuestra casa a Cipriano Epinayu Gonzalez, desde los 12 años, y hoy, 33 de Septiembre, 2020, cumple 60 Años, y con élhe oído con su propio acento wayuu, el legado de sus ancestros, revoloteando en mi alma, la presencia milenaria de una Cultura, que medianamente lucha por no desaparecer. Además, desde 1984, estudiando Sánscrito y Bengalí, por recomendación del Teólogo y Pionero del Teatro Contemporáneo, en espacios de la UCV, JESÚS ANTONIO MIJARES LUY, descubro los orígenes de la Humanidad, que tristemente, en la Escuela de Letras de LUZ, ignoraban cuando pasé por todos los Semestres. Así, me percato de un valor sustancial, un agregado humanista, sobre la Cultura Wayuu, y otras apariciones Indígenas en América Latina. Un día, expresé mi desacuerdo ante una Catedrática de Literatura, porque usted inicia con Literatura Griega esta materia? Y añado: acaso antes de los Griegos, no hubo Culturas y Pueblos que merecen estudiar? La dama me responde: Bueno, Gonzalez, prepare una clase y expongala pero sin puntuación para mi Materia (?!) ...dicha clase pude dar y quedó el gusanillo de la envidia intelectual de algunos compañeros burgueses. Refiero este contexto, merecido además, por el contenido de este Blog de Idelfonso Finol, quien como presagio del Destino, ha podido emerger en estos tiempos difíciles y de cuarentena cultural, el rescate de estas memorias que no son palabras huecas, ni posturas pasajeras.
ResponderEliminarCuando recién ingresaba en la Escuela de Letras, Atalaya Uriana, culminaba sus estudios, y su voz y trato tocó mi consciencia, de como un WAYUU estudiaba con amor y pasión
agradecería por favor te identificaras
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