miércoles, 9 de abril de 2025

LA DEFENSA DE BOLÍVAR EN EL SIGLO XXI

 


Ilustraciones de Enrique Colina

LA DEFENSA DE BOLÍVAR EN EL SIGLO XXI

A pocos años del bicentenario de su fallecimiento, Simón Bolívar sigue siendo vilipendiado con furia por una elite intelectual agrupada en torno al pensamiento derechista global (con algún sector académico “progresista” -neoliberal- coreando bajito), particularmente en la industria comunicacional amarrada al centro hegemónico estadounidense-europeo, que actúa con énfasis apuntando al público latinoamericano.

¿Por qué? ¿Cuál es la razón de ser de esta transnacional antibolivariana en los albores del Tercer Milenio? ¿Por qué se ocupan tanto en desacreditar la obra y persona de un hombre cuyo protagonismo ocurrió las décadas segunda y tercera del siglo XIX?

Cierto es que los ataques más burdos se intentan masificar entre personas a quienes el cartel antibolivariano considera ignorantes de la historia; ya hemos sido testigos de los planes imperialistas por borrar el estudio de nuestras Historias Patrias de los programas educativos. Muchos gobiernos sumisos así lo hicieron.

Los neoliberales nos conminan a olvidar el pasado, mientras la maquinaria ideológica del capital transnacional nos atiborra los espacios cognitivos con la versión supremacista que favorece la hegemonía eurocéntrica, blanca, patriarcal, burguesa; esa donde las clases trabajadoras y campesinas no protagonizan, y los sectores subalternizados se presentan como masa inerme, prescindible, invisible.

Quisiera no incurrir en simples adjetivaciones para calificar a los personajes que atacan al Libertador con versiones rayanas en lo absurdo; no debo caer en la provocación de devolver ofensa con insultos; necesito saltar esas trampas del debate propias de la canalla fascista, y entrar al fondo de la cuestión: que en pleno siglo XXI las derechas proimperialistas están urgidas de destruir toda conexión sentipensante de los pueblos con su épica emancipatoria.

Un ejemplo de las barrabasadas que difunden los agentes del hegemonismo es acusar a Bolívar de “traidor de España”, por haber liderado la lucha anticolonial y antimonárquica. Esta acusación recaería contra todos los próceres de la Independencia americana, y -por extensión- contra toda persona que se rebele ante un sistema injusto y opresor; los esclavizados que se hicieron cimarrones y que se alzaron contra la oprobiosa esclavitud serían -de acuerdo a esta lógica- “traidores” de sus amos que les obligaban a trabajar como bestias, aplicándoles torturas insufribles, dándoles azotes, latigazos, y condenando a sus familias y pueblos al mismo destino de extremas penurias.

Aclaremos que, al referirnos a detractores, no incluimos a los enemigos en la contienda militar que fueron subordinados del régimen colonial monárquico español; estos fueron contendores circunstanciales por el oficio de las armas al que servían; al decir detractores -en este artículo-, estamos hablando de individuos que por diversas motivaciones y en épocas distintas, se dieron a la tarea de proferir toda clase de descalificaciones contra Simón Bolívar, las más de las cuales, resultaron de un odio personal o componenda conspirativa, hoy devenidas en campaña sistemática concebida por laboratorios reproductores de las doctrinas de la opresión.

Una metodología de esta temática nos llevaría a considerar varias generaciones de antibolivarianos, como también encontraríamos una curiosa clasificación de ataques, según la perspectiva específica del atacante de turno.      

Los detractores de Bolívar que fueron sus contemporáneos, tuvieron generalmente por motivación la envidia, desavenencias personales puntuales y, en pocos casos, explícitas diferencias ideológicas contra el proyecto que El Libertador propugnaba.

Algunos detractores posteriores, se movieron en torno al localismo patriotero por defender a algún personaje de su nacionalidad que llegó a tener conflictos con Bolívar; en algunos de estos casos, por defender emocionalmente al “héroe” de preferencia, se desfiguran hechos históricos que están suficientemente claros en documentación de la época.

Otros –que llegaron a escribir voluminosas biografías- fueron cronistas, periodistas o aventureros intelectuales contratados por agencias estadounidenses y españolas con el propósito de posicionar el tema “Bolívar” y generar una opinión pública internacional susceptible de aceptar los elegantes descréditos que querían “legitimar” contra el Libertador; todo ello mientras pregonaban y construían el Panamericanismo servil a los dictados de Estados Unidos, absolutamente opuesto al Proyecto Bolivariano de la Unidad de Nuestra América.

Una tercera generación de estos detractores podemos ubicarla en la etapa más reciente, última década del siglo XX y comienzos del XXI, donde la carga ideológica antibolivariana se muestra muy agresiva, al punto de alcanzar relevancia en las posiciones neoliberales pro-imperialistas.

No debemos pasar por alto -y menos subestimar- el estilo refinado, ladino, camaleónico, de determinados autores que hasta simulan simpatizar con lo “bolivariano”, mientras dejan colar, entre loas al genio militar, insinuaciones de perturbación psicológica, o repiten como si fuesen travesuras críticas, los chismes infundados que el antibolivarianismo primitivo ha difundido desde su gestación.

Otros menos inteligentes, apelan a comparaciones ridículas de la capacidad militar de Bolívar con los oficiales que actuaron bajo su mando y en cumplimiento de las tácticas y estrategias por él diseñadas. Suelen usar figuras sobresalientes como la de Sucre, para cacarear que el Mariscal de Ayacucho era "superior al Libertador", ocultando la inapelable verdad histórica que fue Bolívar quien escogió a Sucre como adelantado para la Campaña del Sur, y le encomendó hacer todo que con tanta efectividad realizó su gran amigo y fiel compañero; ese a quien los primeros antibolivarianos asesinaron cobardemente.

Entre las acusaciones más comunes contra El Libertador figuran actitudes y ambiciones que Él siempre despreció, y que toda su trayectoria desmiente con hechos contundentes.

De eso estaremos conversando en las próximas líneas de este ensayo libre, que esperamos sea útil a la nueva militancia bolivariana para defender al inmortal líder de la emancipación.

A Bolívar lo defenestraron quienes robaron y destruyeron su obra en el siglo XIX, y luego quisieron petrificar su legado y cooptarlo en el siglo XX como pieza del engranaje oligárquico e imperialista.

Pero la batalla más complicada que le toca librar a nuestro Simón Bolívar es ésta del siglo XXI, ahora que el pueblo venezolano -al influjo del liderazgo histórico de Hugo Chávez- rescató la esencia liberadora de su pensamiento y su gesta, para construir la verdadera independencia y la igualdad. 

 

Desde hace dos décadas he sostenido que, si requiriéramos una razón adicional para estar convencidos de la vigencia del pensamiento emancipatorio de Simón Bolívar, sólo tendríamos que observar los enemigos que aún lo persiguen con toda clase de calumnias.

El cartel antibolivariano selecciona algunas de sus voces más conspicuas en los gremios de historiadores y escritores, y cuando alguno se propone comenzar su monólogo descalificador, lo primero de que acusa a Bolívar es de ser humano; si, como lo leen, los verán anunciar con una gestualidad inocentona, casi que descubriendo el agua tibia: “Simón Bolívar tuvo sus defectos como todo ser humano”. ¡Vaya aporte tan significativo a las ciencias!

Pues, dicho el hallazgo sorprendente, comienzan a descargar la ráfaga de las mil y una imprecaciones. Hubo un escritor venezolano (buena pluma, por cierto) que derramó un río de inteligencia al aseverar que Bolívar era “de carne y hueso”. Luego destrozó el código deontológico de la psiquiatría atando al diván a un espíritu sin derecho a descansar en paz, descuartizando su psicología post mortem y exponiéndola al arbitrio del vecindario: cero ética y pudor, en la más impúdica y desaforada violación de la confidencialidad.  

Una periodista neogranadina llegó a sostener que Bolívar fue un padre irresponsable, porque “dejó más de treinta hijos regados en los pueblos a orillas del Bajo Magdalena”, cuando pasó por ahí en diciembre de 1812, antes de realizar la Campaña Admirable. ¡Caramba, qué ampulosa fertilidad! (Y qué capacidad de esta señora para recopilar el realismo mágico en la tradición oral de dos siglos). 

Un laureado escritor peruano, al recibir en España el premio Planeta 2002, no declaró a la prensa sobre su obra favorecida, sino que dedicó entrevistas a pregonar que el culpable del “subdesarrollo y la corrupción en América Latina” era (adivinen quién): nada más y nada menos que el venezolano Simón Bolívar.

De modo que Bolívar (“de esos muertos que nunca mueren”, al poetizar de Tomás Borges), fue vilipendiado en su vida terrenal y en la otra, la que aún hoy vive con tanta intensidad como la primera.

Algunos de sus primeros infamadores menospreciaron la formación intelectual del Libertador, y llegaron a tildarlo de ser un pésimo militar. Hay que tener mucho despecho para afirmar semejante disparate; reconcomio enajenante como padeció el oficial aventurero  Henri Louis Ducoudray-Holstein, quien difundió con rabia desde 1828 unas memorias donde se lanza en denuestos de todo calibre: que Bolívar no lee, que es flojo, que sólo trabaja un par de horas por día, que es adicto al baile y la hamaca, que su formación militar es muy escasa, que sólo disfruta leyendo historias simplistas y cuentos; que no tiene una biblioteca o colección de libros que sea apropiada para su rango y lugar que ha ocupado por los últimos quince años, y ocupa muy poco tiempo estudiando las artes militares. Él no entiende la teoría y muy rara vez hace una pregunta o mantiene una conversación relacionada con esto.

Imaginemos por un instante la amargura, la envidia sufrida por este hombre (Ducoudray-Holstein, el que ambicionó ser jefe donde sólo estorbaba con su impostura supremacista europea), que escribió estas alucinantes opiniones sobre Simón Bolívar en 1828, cuando ya nuestro líder político-militar, con su estrategia de unidad y guerra continental había logrado destruir hasta el último reducto del ejército enemigo, tejiendo un cordón de victorias desde el Mar Caribe al Perú y Alto Perú: Pantano de Vargas y Boyacá, Carabobo, Bomboná, Pichincha, Ibarra, Batalla Naval de Maracaibo, Junín, Ayacucho.

Sin embargo, no nos sorprendamos, el asombro ante la capacidad de odio de los despechados superará cualquier extremo imaginable. Las almas envenenadas disponen en su ponzoña de mucha tinta que encajar en las páginas de la maledicencia antibolivariana.

Uno que comenzó muy joven su diatriba contra El Libertador, pupilo del traidor mayor (aquel que fue perdonado por el exceso de magnanimidad bolivariana) acusó a Bolívar de “crímenes atroces”. Lo hizo desde Estados Unidos con profusa difusión, al tiempo que su mentor disfrutaba un exilio dorado en Europa.

Es que los detractores de Bolívar le achacaban los vicios y pretensiones que ellos si tenían: que se quería coronar, que se beneficiaba de los dineros públicos. Personajes que se jactaban de legalistas, “demócratas”, liberales, pero que no vacilaban en asesinar oponentes, como mataron en forma vil y cobarde al Coronel José Bolívar (primo del Libertador) durante la fuga de José Padilla en la conspiración magnicida del 25 de septiembre de 1828; esos que llamaron públicamente a asesinar al Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre en el periódico “El Demócrata”, mientras acusaban a Simón Bolívar de ser enemigo de la libertad de expresión. (No descuidemos recordar hechos recientes, donde se llamaba por televisión gringa a asesinar al Comandante Chávez, y en la prensa colombiana los uribistas pidieron abiertamente que se cometiera homicidio contra el Presidente Nicolás Maduro).

Aquellos individuos fueron los que se apropiaron y despilfarraron empréstitos de la República, cuando El Libertador requería con urgencia recursos que no llegaban para la Campaña del Sur. Son los mismos que se enfilaron en las nuevas oligarquías que mantuvieron el negocio de la esclavitud y se apropiaron de las tierras otorgadas por Decretos del Libertador a los pueblos indígenas y las tropas populares.

Bajo el pseudónimo Pruvonema, un señor que odió mucho a Bolívar -y todo lo que con él se relacionase-, pudiera ser premiado como el campeón de la chismografía antibolivariana, aunque ello haga arder de celos a varios de sus laureados escritores coterráneos. Este Pruvonema, cuyas memorias suman millar y medio de folios agrupados en dos tomos, son parte de la mitología de la xenofobia antivenezolana profesada por parte de la elite peruana, que en determinados periodos llegó a ostentar rango de política de Estado, incluso en la educación formal. 

Pues tomemos nota que, entre las acusaciones más graves divulgadas en la distancia por Pruvonema, estuvo esa de decir: “él es un zambo”.

 

¿Por qué debemos invertir tiempo y esfuerzos en defender a Bolívar en la actualidad?

La primera respuesta es tan simple como necesaria: porque lo atacan; lo atacan injustamente, con falsedades, con alevosía, y con intencionalidad política destructiva.

Es que en estos asuntos de la Historia no hay neutralidad; el estudio y debate de hechos pasados no se encajonan a la fuerza en eso que llaman “objetividad”; ¿qué objetividad puede haber en el discernimiento de los acontecimientos que ocurrieron en circunstancias políticas, culturales, militares, económicas, marcados por las contradicciones de épocas disímiles? Algunas de esas contradicciones fundamentales persisten, no han tenido síntesis.

El análisis de los documentos de archivos, las narrativas de la historiografía, las metodologías aplicadas al estudio de la historia, todo ello tiene una carga ideológica imposible de diseccionar en un laboratorio. Los intereses de clase y las perspectivas paradigmáticas adoptadas, predominan sobre el relato meramente descriptivo, haciendo de cada proposición epistémica una lectura comprometida: o con el statu quo, o con la alternativa emancipatoria.

La historia no es una ficción caprichosa del impulso creativo del historiador o la historiadora, que recrea el pasado a gusto de un público más o menos pasivo; no es lo que uno quisiera que hubiese sucedido, sino lo que inexorablemente sucedió en las condiciones económicas y sociales de un espacio-tiempo determinado.

Pero la relectura de la historia con enfoques radicales, insurgentes, decoloniales, revolucionarios, sin duda nos conlleva a cuestionar la narrativa positivista, recolonizadora, eurocéntrica, confrontando la historia oficial tradicional, la acomodada al sistema con predominio del capital transnacional y las burguesías criollas, reinterpretando la historia desde la mirada, la piel y el alma de los oprimidos.

En fin, que, como no nos sirve la categoría “objetividad”, nos aferramos -al menos- a la honestidad intelectual de buscar la verdad histórica, hurgando con afán permanente las fuentes más genuinas posibles, y los saberes más respetables, aunque medien diferencias puntuales con los interlocutores. No es la unanimidad o una coincidencia oportunista lo que nos interesa, quizás sí, el consenso del conocimiento pertinente, luminoso, desencadenante, liberador.         

La segunda respuesta, obvia de toda obviedad, aunque retadora de reflexiones muchísimo más complejas: porque el hombre no se puede defender a sí mismo de los múltiples y muy difundidos ataques que le propinan; no porque esté difunto, sino porque tiene cosas que para Él son mucho más importantes de atender.

Tal como sucedía allá por 1827-1828 que arreciaron la campaña de destrucción de su imagen pública para justificar el asesinato que tramaban, y más allá de matarlo físicamente, liquidar y desaparecer su gesta, su obra y su legado. Por entonces el Maestro Simón Rodríguez se persuadió del linchamiento moral instrumentado por los enemigos del Proyecto Emancipador Bolivariano, y redactó aquella primera defensa, hasta hoy insuperable en revelaciones, argumentos, y estilo original. 

Dijo Rodríguez: “Por él son independientes Colombia y el Perú. A él debe su existencia política Bolivia. Por el respeto que infunden sus virtudes morales y militares, gozan las tres repúblicas de seguridad, y de la confianza que inspira su confianza pública a los monarcas, puede esperar su existencia futura el Gobierno republicano en América. Digan los pueblos, pues, y díganlo, sin temor de ser desmentidos, porque no exageran, que todo lo ha hecho Bolívar o lo ha hecho hacer, y que sólo sus obras han tenido y pueden tener consistencia”.

Como dijera José Martí: “Bolívar tiene que hacer en América todavía”; y en esto radican las razones por las que debemos defenderlo.

Defendemos a Bolívar porque es un patrimonio espiritual de los pueblos. Donde suena ese apellido se activan las energías favorables al bien común. Dos siglos de lejanía existencial y todo el descrédito vertido por la mediática hegemónica, no mellaron el significado liberador de su nombre. Aunque las elites se regodeen despreciándolo, en los rincones de millones de hogares humildes la imagen de Bolívar representa la capacidad humana del desprendimiento y el heroísmo. Entre los referentes virtuosos que se apelan como sinónimo de valentía, honor, trascendencia, justicia, dignidad, liderazgo, gratitud, erudición, triunfo, siempre está la palabra Bolívar.

Porque su proyecto emancipatorio sigue vigente. Porque es el símbolo más poderoso del anticolonialismo. Porque es el componente más emblemático de la venezolanidad. Por todo ello defendemos a Bolívar.

La resistencia del pueblo bolivariano en muchos lugares de Nuestra América, pero muy especialmente en Venezuela, es un signo inconfundible de la vigencia de la Doctrina Bolivariana; la sola actitud insumisa frente al imperialismo estadounidense es un valor agregado sociopolítico de alto impacto: es lo más temido por los gringos, de allí su búsqueda incesante de actores serviles que le allanen el camino recolonizador al Comando Sur y al Departamento de Estado.

La defensa de las soberanías nacionales, la vocación igualitaria y el derecho a desarrollar modelos democráticos populares no tutelados, son valores inmanentes a la concepción bolivariana.

Defender hoy al Libertador Simón Bolívar, es reivindicar el derecho a tener Patria y a construir una sociedad basada en la dignidad colectiva.

 

¿Pero es que acaso Bolívar no tiene quien lo defienda?

Imagínense que vaya a creerme yo -simple ciudadano- el defensor del Libertador Simón Bolívar, si entre quienes lo han defendido están las mentes más destacadas, virtuosas, trascendentes; los espíritus más elevados, rutilantes, magnéticos, han cantado a su gesta y su gloria, como lo hizo Juana de América: “A Bolívar habría que cantarle con la garganta de los vientos y el pecho del mar.”

Uno de los primeros en defender a Bolívar fue el General en Jefe Rafael Urdaneta, su más leal compañero, que en 1826 advertía la presencia de intrigas y divisiones enfiladas a destruir el proyecto emancipador por el que lucharon toda la vida; dijo: “Su nombre es ya propiedad de la historia, que es el provenir de los héroes”.

Como hemos dicho antes, su maestro Simón Rodríguez fue también pionero en la defensa de El Libertador, quizás quien mejor supo leer la trayectoria de su personalidad, habiéndolo conocido de niño, compartido viajes y debates cuando joven, y acompañado en sus días de estadista: “Hombre perspicaz y sensible... por consiguiente delicado. Intrépido y prudente a propósito... contraste que arguye juicio. Generoso al exceso, magnánimo, recto, dócil a la razón... propiedades para grandes miras. Ingenioso, activo, infatigable... por tanto, capaz de grandes empresas. Esto es lo que importa decir de un hombre, a todas luces distinguido, y lo solo que llegará de él a la posteridad. El día y la hora de su nacimiento son de pura curiosidad. Los bienhechores de la humanidad, no nacen cuando empiezan a ver la luz; sino cuando empiezan a alumbrar ellos”, decía Rodríguez.

No sólo sus amigos y camaradas fieles le hicieron loas. El destacado General español Pablo Morillo exaltó su liderazgo y capacidad militar: “Bolívar en un solo día acaba con el fruto de cinco años de campaña, y en una sola batalla reconquista lo que las tropas del rey ganaron en muchos combates… La suerte de Venezuela y de Nueva Granada no puede ser dudosa... Estos prodigios, que así pueden llamarse por la rapidez con que los han conseguido, fueron obra de Bolívar y un puñado de hombres.” Morillo talló sobre el mármol de la épica universal una frase que se hizo dogma pétreo sobre el significado histórico de Bolívar que hoy reivindicamos: “Él es la Revolución”.

El francés, Alejandro Lameth, le escribió a Bolívar desde París, el 3 de abril de 1826, valorándolo como “el primer ciudadano del mundo”. En el sur de Suramérica, José Enrique Rodó superó todo alegato con su preciosa exégesis: “si el sentimiento colectivo de la América libre y una no ha perdido esencialmente su virtualidad, esos hombres, que verán como nosotros en la nevada cumbre del Sorata la más excelsa altura de los Andes, verán, como nosotros también, que en la extensión de sus recuerdos de gloria nada hay más grande que Bolívar”.  

Personaje de raigal distinción como Juan Bautista Túpac Amaru, de los Incas que defendieron su nación originaria, dejó para la antología del decoro de los tiempos, su conmovedor testimonio: “Si ha sido un deber de los amigos de la Patria de los Incas, cuya memoria me es la más tierna y respetuosa, felicitar al Héroe de Colombia y Libertador de los vastos países de la América del Sur, a mí me obliga un doble motivo a manifestar mi corazón lleno del más alto júbilo, cuando he sido conservado hasta la edad de ochenta y seis años, en medio de los mayores trabajos y peligros de perder mi existencia, para ver consumada la obra grande y siempre justa que nos pondría en el goce de nuestros derechos y nuestra libertad; a ella propendió don José Gabriel Tupamaro, mi tierno y venerado hermano, mártir del Imperio peruano, cuya sangre fue el riego que había preparado aquella tierra para fructificar los mejores frutos que el Gran Bolívar había de recoger con su mano valerosa y llena de la mayor generosidad…”

Desde China nos llegó la opinión que estudiosos de la Historia ya habían consolidado en la década del ochenta del siglo XX, como lo expuso el estudioso Sa Na en el Congreso Bicentenario de Simón Bolívar en 1983: “Por sus brillantes hazañas realizadas en los inicios del siglo pasado para el movimiento de independencia de América Latina, por su pensamiento y pronunciamiento político en favor de conducir a los diversos pueblos hacia el camino de la democracia, la libertad, el republicanismo, y la unidad entre estos mismos pueblos, Simón Bolívar no solamente ha ganado la gran admiración y elogio de los pueblos latinoamericanos, sino también el respeto y cariño de todos los pueblos del mundo”. (No deja de asombrarme que El Libertador habló de China en 1815)

La defensa de Bolívar -que algunos creen innecesaria y otros consideran una repetición mecánica de crónicas más que de argumentos- se plantea en este tiempo como la eterna lucha por la verdad; no como dogmática invocación moralista, sino porque es la única ruta legítima a la liberación duradera. Esta lucha nos enfrenta a los omnipresentes muros de la ignorancia y la desinformación. El sistema opresor internacional lo sabe, lo calcula, lo planifica, y lo perpetra.

Pausemos el calendario para recordar una carta que El Libertador envió a Rafael Urdaneta el 30 de julio de 1830: “Remito a Usted un papel de México donde se habla del tribunal, del juez, del consejo y de mí, que sentenciamos a Santander. Lo que dice este papel es poco más o menos lo que se repite en Estados Unidos y aun en Europa.”

Bolívar se manifiesta agobiado por la manipulación que se hacía de la opinión pública en su contra por el juicio a los complotados en la “Noche Septembrina”, especialmente en el caso de Santander, a quien se trató benévolamente, suavizando las sanciones que los mismos decretos dictados por éste en su gestión como vicepresidente preveían: “Debe manifestarse que ésta era la ley por la cual se juzgaba a los facciosos en tiempos de Santander, y que nosotros no hemos hecho más que continuarla y aplicársela a su autor”, escribía El Libertador.

Desde entonces la elite estadounidense orquestó la transnacional antibolivariana.

Deben darse a conocer a las nuevas generaciones los pormenores de aquellos acontecimientos, tal como lo pidió el propio Libertador, “para que se aclaren con todos los rayos de luz”. Porque no se trata de un empeño fanático la búsqueda de la verdad histórica, sino de una necesidad de justicia y emancipación de las conciencias. En una tarea prioritaria de los pueblos que luchan por su liberación.

 

Yldefonso Finol

Luchador político, economista, historiador, poeta, escritor y diplomático venezolano; integró la Asamblea Nacional Constituyente de 1999. Es miembro de la sección venezolana de la Asociación de Historiadores de América Latina y el Caribe. Se ha especializado en Historia Bolivariana, Etnohistoria y Descolonización

 

martes, 8 de abril de 2025

CARTA DE SIMÓN BOLÍVAR A LA CELAC (con copia a Donald Trump)

 




Carta de Simón Bolívar a la CELAC (con copia a Donald Trump)

A las altas autoridades de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños

Sus excelencias:

Nuestras repúblicas se han de ligar de tal modo que no parezcan naciones separadas sino hermanas, unidas por los vínculos que nos han estrechado en los siglos pasados, cuando luchamos contra la tiranía colonial, buscando abrazar una misma libertad, aunque con leyes diferentes y gobiernos diversos, pues cada pueblo es libre a su modo, y disfruta su soberanía, según la voluntad de su conciencia.

Me alegra que estén reunidos en una asamblea con representantes de cada Estado, que nos debe servir de consejo en los grandes conflictos, de punto de contacto en los peligros comunes, de fiel intérprete en los tratados públicos cuando ocurran dificultades, y de conciliador, en fin, de nuestras diferencias.

Las enemistades entre las naciones nacen del deseo de preponderancia y no del sistema de gobierno. Podemos convivir como hermanos aún teniendo formas de gobierno diferentes. Pero sólo la unión nos hará fuertes, libres e invencibles.

Ligadas mutuamente todas las repúblicas que combatimos el colonialismo, por el pacto implícito y virtual de la identidad de causa, principios e intereses, parece que nuestra conducta debe ser uniforme y una misma. Una sola debe ser la Patria de todos los latinoamericanos, ya que en todo vemos una perfecta unidad.

Pero una nueva tiranía se cierne sobre nuestros pueblos, pretendiendo convertirnos si acaso en siervos propios para el trabajo y simples consumidores.

El afán de lucro y propiedad no pueden imponerse. Yo antepongo siempre la comunidad a los individuos. Me reafirmo en los conceptos de mis maestros Rodríguez y Bello: debemos ser originales y radicales, en el sentido que nuestras ideas y soluciones han de beber los jugos de la tierra donde soñamos y construimos un mundo nuevo. ¡No copiar los códigos de Washington! No me gustan porque se parecen a los del presidente de los regatones y mercachifles norteamericanos. Aborrezco a esa canalla de tal modo, que no quisiera que se dijera que los latinoamericanos y caribeños hacemos las cosas como ellos.

Nosotros peleamos contra el monopolio y el despotismo, por la libertad del comercio universal y los derechos del mundo. No creo que los americanos del norte deban estar interfiriendo en nuestros asuntos. ¡Jamás seré de la opinión que los convidemos a nuestros arreglos indoamericanos!

Debemos emular a las potencias en todo lo referente a nuestra seguridad política y defensa. La diferencia no debe ser otra que la relativa a los principios de justicia social. En los imperialismos todo se hace por la tiranía, acá por la libertad, la que ciertamente nos constituye enormemente superiores a tales imperios. Por ejemplo: ellos sostienen a los capitales monopólicos y hegemonías; nosotros sostenemos a los pueblos, a las repúblicas; ellos quieren la dependencia, nosotros la independencia. Por consiguiente, para elevarnos a la altura correspondiente y capaz de sostener la lucha, no podemos menos que adoptar medidas audaces y unitarias. La opresión está reunida en masa bajo un sólo estandarte, y si la libertad de nuestras naciones soberanas se dispersa, no podremos vencer.

Yo llamo a esto el equilibrio del universo, y debe entrar en los cálculos de la CELAC. Es menester que la fuerza de nuestras naciones sea capaz de resistir con suceso las agresiones que pueda intentar la ambición imperialista; y este coloso de poder que somos, que debe oponerse a aquel otro coloso, no puede formarse sino de la reunión de toda la América Meridional bajo un cuerpo de unión integral, para que un solo proyecto pueda usar nuestros grandes recursos en el propósito estratégico de la felicidad de los pueblos y resistir las tentativas coercitivas exteriores, en tanto que interiormente, multiplicándose la mutua cooperación de todos, nos elevará a una cumbre de poder y prosperidad.

Hace mucho tiempo advertí que los Estados Unidos parecían destinados por la providencia a plagar Nuestra América de miserias en nombre de la libertad. ¡Falaces liberticidas! No hay más libertad legítima sino cuando ésta se dirige a honrar la humanidad y a perfeccionarle su suerte. Todo lo demás es de pura ilusión, y quizás de una ilusión perniciosa.

Los estadounidenses, por ser extranjeros en este territorio, tienen el carácter de contrarios para nosotros. Yo recomiendo a ustedes tener la mayor vigilancia sobre estos norteamericanos que frecuentan algunos de nuestros países: son capaces de vender sus destinos por un dólar. Jamás conducta ha sido más infame que la de los norteamericanos con nosotros: ya ven decidida la suerte de las cosas y con promesas y ofertas, siempre falsas, nos quieren lisonjear para intimar y hacernos entrar en sus intereses…no nos dejemos alucinar con apariencias vanas; sepamos bien lo que debemos hacer y lo que debemos parecer.

Creer que acercándose a los Estados Unidos para aparentar “amistad” con el vecino poderoso salvará a algún país de sus garras, será como la fiesta de las ovejas cuando el león desee comerse a sus indefensos “amigos”. Hablo de la conducta de los Estados Unidos del Norte con respecto a los independientes del Sur, y de las rigurosas medidas promulgadas con el objeto de impedir toda especie de auxilio que pudiéramos procurarnos. Ya que por su ambición y prepotencia la América del Norte nos ha vejado tanto, exijamos con unidad y firmeza que cesen sus humillaciones y fratricidios.

Respecto de mi patria chica, mi amada Venezuela, permítanme recordar la solemne Declaración de Independencia que hiciera el Congreso de la República aquel glorioso 5 de julio de 1811: “A pesar de nuestras protestas, de nuestra moderación, de nuestra generosidad, y de la inviolabilidad de nuestros principios… se nos bloquea, se nos hostiliza, se nos envían agentes a amotinarnos unos contra otros, y se procura desacreditarnos entre las naciones… para oprimirnos… Sin hacer el menor aprecio de nuestras razones, sin presentarlas al imparcial juicio del mundo, y sin otros jueces que nuestros enemigos, se nos condena a una dolorosa incomunicación con nuestros hermanos; y para añadir el desprecio a la calumnia se nos nombran apoderados, contra nuestra expresa voluntad, para que en sus Cortes dispongan arbitrariamente de nuestros intereses bajo el influjo y la fuerza de nuestros enemigos.”

Esta situación oprobiosa la han repetido los supremacistas actuales con saña y alevosía contra mi pueblo, haciendo mucho daño, pero nunca lograrán doblegarnos.

Es nuestra ambición ofrecer a todos los pueblos una segunda patria, pero erguida, no abrumada de cadenas. Vendrán los de otras naciones a recoger los dulces frutos de la virtud, del saber, de la industria: no vendrán a arrancar los de la fuerza. Venezuela es un refugio generoso para todas las personas de todas las geografías; con nuestro sacrificio ayudamos a liberar un continente. No dejaremos que ningún regatón nos ofenda, y por nuestro honor, estamos dispuestos a seguir luchando contra los imperialismos que osan insistir en ofendernos.

Reitero a Ustedes, augurándoles muchos éxitos en esta Magna Cumbre, mi Proclama a la División Urdaneta en Pamplona el 12 de noviembre de 1814: ¡Para nosotros la Patria es América!

Simón Bolívar, ciudadano y Libertador.

 

Yldefonso Finol

Maracaibo, 8 de abril de 2025

miércoles, 26 de marzo de 2025

BUKELE CRIMINAL TRIPLE TRAIDOR

 


Bukele

En el Viejo Testamento Nayib Bukele hubiese sido Caín. En el Nuevo, Judas, sin ninguna duda. Durante la invasión a Abya Yala por el reino de Castilla, Bukele sería Torquemada, el inquisidor, aplicador de tormentos horribles, adicto a la hoguera para eliminar conversos, siendo él mismo descendiente de alguno de ellos.

Es que Nayib Bukele es el campeón de la traición, y ahora quiere serlo del servilismo. Es un señor feudal dispuesto a darle todo al Rey con tal de ser invitado al castillo.

En el cine lo veríamos haciendo el papel de Scar en El Rey León; en la saga Harry Potter se camuflaría de mascota para urdir el zarpazo que dejó huérfano al niño mago, sería el cobarde arrimado Peter Pettigrew, la rata.

Bukele traicionó a sus raíces. Traicionó a su padre, Armando Bukele, quien siempre se pronunció a favor de la causa Palestina, su patria ancestral. El doctor Armando Bukele era un crítico de los autoritarismos, y simpatizó con el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, habiendo cosechado una estrecha amistad con el líder Schafick Handal. 

El doctor Armando Bukele abogaba por mantener buenas relaciones con Cuba y Venezuela, así como por una justa distribución de la riqueza en el mundo, y en su país El Salvador, contra la avaricia de las cúpulas tradicionales. Su hijo ha hecho todo lo contrario.   

Nayib se valió de esa relación para colarse (como Peter Pettigrew) en las candidaturas del FMLN a los cargos que ocupó antes de abrir tienda aparte y hacerse presidente con un discurso demagógico fascistoide. 

Pero el descendiente de palestinos incurre en la peor traición al hacerle coro al sionismo genocida que está exterminando al pueblo árabe originario del cual viene su familia y su apellido, y aliarse con el fascista Milei que hace apología del más cruel etnocidio que hayamos presenciado. Nayib Bukele se solaza en la carnicería que Israel ha desatado en Gaza.

Este Bukele narcisista patológico y corrupto que se está apoderando de las mejores tierras y negocios del Salvador, es un cómplice desvergonzado de los enemigos históricos de la humanidad: los imperialistas, fascistas y sionistas.

Su sueño de hoy es que Trump lo invite a los hoteles de lujo que el magnate megalómano proyecta construir sobre ese reducto de la dignidad humana en resistencia que es la franja de Gaza, donde el invasor israelita acaba de reiniciar bombardeos a pesar de estar vigente un alto al fuego. Niñas, niños, mujeres, trabajadores humanitarios, son las primeras víctimas de tan vil ensañamiento.

¿Qué se puede esperar de un personaje de esta calaña?

Si traicionó al FMLN que le abrió el camino de la política, traición a su padre y a sus orígenes, ¿qué nos puede extrañar que sea capaz este lamezuela de los gringos y los sionistas?

Bukele convirtió El Salvador en otra “base de Guantánamo” (con perdón de los hermanos cubanos que no cesan de exigir su territorio ocupado ilegalmente por la potencia norteña); un país soberano que mucho ha sufrido haber conquistado soberanía y un poco de democracia, luego que los ejércitos y escuadrones de la muerte subordinados a Estados Unidos provocaran décadas de masacres y terrorismo de Estado que el mundo conoció y recuerda, por su virulencia, fanatismo y crueldad.

Bukele ahora es compinche de los asesinos de Monseñor Romero, socio de quienes masacraron al campesinado indígena en 1932, anfitrión de los discípulos de Posada Carriles.

Por seis millones de dólares convalida el crimen de lesa humanidad al estigmatizar un gentilicio que brilla en la historia universal como sinónimo de heroísmo y libertad; accede -por miserable agiotista- a encarcelar personas que no han cometido delito en El Salvador, ni en el país que los expulsó encadenados sin haberles procesado debidamente, mucho menos condenado legítimamente.

Bukele se ha hecho reo de su propia infamia. El festín morboso que le excita la vanidad obsesiva que padece, se le revertirá como escupitajo y zapatazo en su alma traicionera, lanzados por los cientos de miles de espíritus que lo ven desde el cielo palestino.

Y se secará.

 

Yldefonso Finol    

TRUMP, BUKELE Y LA MALDICIÓN DE MALINCHE


 

Trump, Bukele y la “maldición de Malinche”: regresión al colonialismo bestial

 

Una práctica aplicada en la estrategia de colonización de los territorios invadidos fue aquella de enviar a las colonias personas que cumplían alguna pena impuesta por el sistema de justicia imperial; igual desterraban a esas tierras de ultramar a reos por delitos comunes, que a perseguidos por sus ideas políticas, religiosas, científicas, artísticas, consideradas proscritas por las monarquías; también a quienes estuviesen endeudados con algún señor que cobraba esclavizando a la víctima (engagé, le decían en francés, eufemísticamente “voluntario”, “comprometido”), y hasta por discriminación interétnica y de clanes.

Esta referencia historiográfica no roza siquiera a los venezolanos secuestrados en El Salvador por órdenes de Trump y sumisa complicidad de Bukele, porque ni son reos de delito alguno, ni preceden juicios ni sentencias que los condenasen; al contrario, tribunales estadounidenses se han pronunciado contra la extravagante medida del gobierno: ninguna voz en los organismos multilaterales y ONGs ultrademocráticas se ha levantado para acusar la transgresión a la sacrosanta separación, independencia y colaboración respetuosa entre los poderes públicos.

Pero hemos traído al debate esa práctica colonialista, para puntualizar que estamos en presencia de un retrógrado proceso de reproducción de aquellos sistemas de bestial opresión que suponíamos superados por la humanidad.      

El otro elemento del colonialismo que se concatena con lo anterior, es el uso de cipayos, es decir, soldados locales de la colonia que actuaban contra su propio pueblo a las órdenes del régimen invasor (muy típico del colonialismo inglés en la India). Esta conducta, corresponde a la actitud servil, de máxima subordinación en lo tocante al espíritu rastrero, que se define con la palabra lacayo.

Maldición de Malinche se cantó en Nuestra América con Gabino Palomares y Amparo Ochoa para describir este comportamiento.

Lacayismo extremo que los fascistas con cédula venezolana vienen padeciendo hace dos décadas: “Ese problema migratorio, que ya es un problema de la región, se ve acompañado por otros problemas como crimen organizado, militarismo, paramilitarismo, tráfico de drogas, incluso el tema del terrorismo. De tal manera que Venezuela hoy es el foco de la inestabilidad y de todo lo que significa la degradación social, que puede ser una enfermedad contagiosa en toda América Latina.” (abril de 2017: Julio Borges, promotor de las “sanciones” y coyote de la migración masiva, beneficiario del robo de activos nacionales en el exterior).

La vocera del fascismo subordinado al imperialismo gringo, María Machado, apoya descaradamente el trato degradante dado a los venezolanos diciendo “que es un mensaje poderoso contra quienes atentan contra la seguridad de Estados Unidos”. (Malinchismo elevado a la enésima potencia cuando “n” tiende a infinito)

Trump y Marcos Rubio han apelado a una fantasmal Ley sobre Enemigos Extranjeros del 6 de julio de 1798, cuando ese país era una franja atlántica que medía la quinta parte del territorio que hoy ostenta; pero, siendo inaudito que se pretenda darle un carácter extraterritorial a esta cosa caduca, la misma sería inaplicable porque no están presentes los supuestos que en su propio texto expone para ser invocada: “cuando haya una guerra declarada entre los Estados Unidos y cualquier nación o gobierno extranjero, o si se perpetra, intenta o amenaza una invasión o incursión depredadora contra el territorio de los Estados Unidos por parte de cualquier nación o gobierno extranjero, y el Presidente de los Estados Unidos haga una proclamación pública del evento, todos los nativos, ciudadanos, residentes o súbditos de la nación o gobierno hostil, siendo varones de catorce años en adelante, que se encuentren dentro de los Estados Unidos y no estén naturalizados, serán susceptibles de ser aprehendidos, retenidos, asegurados y expulsados como enemigos extranjeros.”

¿O será esta la confesión de parte del gobierno de Estados Unidos de que en verdad le está haciendo la guerra a Venezuela, hecho que hemos denunciado reiteradamente como guerra híbrida y que ciertas opiniones frígidas creen una exageración?

No han bastado más de mil medidas coercitivas unilaterales atentatorias contra nuestra soberanía y dañinas a nuestra población; la más reciente, un arancel punitivo a nivel planetario al petróleo y otros bienes exportados por Venezuela.

Estarían cayéndose las caretas de quienes han sido silentes testigos de estos desmanes, y poniéndose en evidencia la complicidad de los que voltean la mirada. (¿Les suena: cuando vinieron por los venezolanos no dijimos nada…?)

Bukele ha asumido su condición de alcaide de una factoría neocolonial que remeda los métodos brutales del viejo colonialismo, y los sucesos abominables de Abu Ghraib y la base de Guantánamo, que usurpa e infesta Estados Unidos en el sagrado suelo cubano.

El Estatuto de Roma califica en su Artículo 7° estos crímenes de lesa humanidad como los actos que se cometan “como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil: deportación o traslado forzoso de población; encarcelación u otra privación grave de la libertad física en violación de normas fundamentales de derecho internacional; tortura; persecución de un grupo o colectividad con identidad propia fundada en motivos políticos, raciales, nacionales, étnicos, culturales, religiosos, de género… desaparición forzada de personas.”

Muchas voces se han levantado contra esta violación horrenda a la dignidad humana. El 25 de marzo se realizó una jornada mundial de solidaridad con la Revolución Bolivariana y nuestros migrantes criminalizados injustamente. Los culpables de estos crímenes de lesa humanidad están siendo juzgados por la ciudadanía decente de todas las naciones. Y la historia nunca los absolverá.  

El Pueblo y Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela jamás abandonaremos a nuestros compatriotas. El Presidente Nicolás Maduro es el único en el mundo con un plan sistemático e integral de Vuelta a la Patria. Daremos la pelea legal, diplomática y política hasta lograr este objetivo supremo, de honor, de justicia. ¡Lo juramos! ¡Y venceremos!

Yldefonso Finol    

 

lunes, 20 de enero de 2025

LOS MATONES ANTIVENEZOLANOS QUIEREN GUERRA

 

Los matones antivenezolanos quieren guerra

Nuevamente coinciden dos matones neogranadinos en arengar una guerra contra Venezuela: Uribe, el paraco mayor, lo aúlla en la frontera; Santos, el ministro de defensa que bombardeó Ecuador, lo escribe en carta pública. (Un puñado de malnacidos con cédula venezolana -pero con alma y pasaporte colonial- los secundan).

Pregunta: ¿la legislación del país vecino permite este tipo de llamados belicistas, así no más?

En 2017 un abogado uribestia publicó un artículo llamando a matar al Presidente Nicolás Maduro. https://www.alainet.org/de/node/186720

Pregunta: ¿cómo se logra la “paz total” con los matones predicando impunemente su belicosa religión necrofílica?

Unos días después del gravísimo acto de Álvaro Uribe en Cúcuta pidiendo una invasión militar extranjera contra Venezuela, estalla otra crisis de violencia en la zona limítrofe del Catatumbo, provocando la enésima afluencia masiva de personas expulsadas desde Colombia hacia nuestro país (mucho guillo). La guerra interna continúa haciendo estragos en la sociedad colombiana, con cientos de miles de víctimas mortales tras seis décadas, más desapariciones que en las dictaduras del Cono Sur, y terribles violaciones de Derechos Humanos que reproducen la perversa imaginación nazi-fascista o nazi-sionista.

Paradoja: en el discurso dominante de la mediática pro-imperialista, el llamado “sistema interamericano”, el campo otanista promovido como “comunidad internacional”, Colombia ha sido exhibida como un “modelo de democracia”.

La economía privilegiada por el crimen transnacional (drogas, armamentismo, tráfico y trata de personas) está perfectamente insertada en el mercado global controlado por las agencias conspirativas estadounidenses y asociados. Los carteles del narcotráfico y sus guardias pretorianas en el terreno, en ese gran portaviones gringo que va del Chocó a Tumaco y del Casanare al Catatumbo, cuentan con los avales de una oligarquía añejamente antivenezolana, misma que ambiciona estratégicos espacios geográficos -y los recursos- de nuestra Patria. https://www.alainet.org/es/articulo/206911

Ingrediente peligrosísimo es el impresionante poder sionista en Colombia, muy acoplado al santanderismo, esa sub-doctrina monroísta que por dos siglos hizo del Estado un ente opresor de su pueblo y servil al imperialismo gringo. Antecedentes de esa relación criminal hay muchos, pero baste por ahora recordar el caso Rafael Rafi Eitan, agente israelí que diseñó y orquestó el genocidio de la Unión Patriótica y otros grupos de izquierda cuando la presidencia de Virgilio Barco, y, unos años después, el del coronel del ejército israelí Yair Klein, quien dirigió, junto a otros tres de igual rango y procedencia, el entrenamiento de los jefes paramilitares colombianos.

El negocio del guerrerismo ha sido el gran articulador de los intereses israelíes con Colombia. La clase política del vecino país está muy comprometida en estos manejos. El uribismo, y su variante camaleónica el santismo, son abiertamente sionistas. Pegasus es un nombre clave para indagar en el submundo de la triangulación que EEUU ha perfeccionado desde el satélite granadino. El software de espionaje Pegasus está en manos del paramilitarismo campante, y es utilizado en el plan antinacional de la derecha venezolana subalterna del mismo patrón.

Personajes polifacéticos del sionismo actúan con fachadas de empresas expertas en ciberseguridad (espionaje), perros de la guerra, finanzas, seguros, automóviles, joyería, también controlan gran parte del negocio mediático, financiero, y cooptan figuras de los sectores religiosos, artísticos, educativos, y otras mamparas como inofensivas ONGs; todo cuanto sirva para legitimar dineros del narcotráfico y posicionarse en el portaviones contra Venezuela Bolivariana.

Hoy, mientras se posesiona Donald Trump como presidente de Estados Unidos, en tierras colombianas desanda el espíritu del presidente más breve en la historia del país norteño, William Henry Harrison, quien como “diplomático” de Washington en Bogotá, conspiró depravadamente contra El Libertador Simón Bolívar, coordinando y financiando a los santanderistas que intentaron el magnicidio de la Noche Septembrina y los que mataron al Gran Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre.

Desde esos tiempos las huestes bolivarianas sabemos quienes son unos y otros: los que dan las órdenes y los matones que acuden a perpetrarlas.

 

Yldefonso Finol

Militante Bolivariano

sábado, 11 de enero de 2025

EL GENERAL RAFAEL URDANETA ANTE LA TRISTE NOTICIA DE LA MUERTE DEL LIBERTADOR.

 9 de enero 1831

EL GENERAL RAFAEL URDANETA ENCARGADO DEL PODER EJECUTIVO DE COLOMBIA ANTE LA TRISTE NOTICIA DE LA MUERTE DEL LIBERTADOR.
El General en Jefe Rafael Urdaneta, por las circunstancias destructoras que se desataron sobre la Colombia original, para tratar de salvar lo que quedaba del proyecto emancipador y evitar la persecución criminal contra los bolivarianos, se hizo cargo del gobierno en Bogotá el 5 de septiembre de 1830 a petición de los cabildos de Cundinamarca que clamaban el retorno de Bolívar; así se lo pidió Urdaneta encarecidamente en cuatro cartas, la última de las cuales llegó a Santa Marta el 21 de diciembre.
La distancia y dificultades del camino retrasaban las comunicaciones. Por eso esta conmovedora Proclama es del 9 de enero cuando confirmó Rafael Urdaneta la infausta noticia de la muerte del Libertador.
En breves párrafos, Urdaneta demuestra su inmensa calidad humana, sus sinceras convicciones democráticas, y sus anhelos por la paz y la fraternidad.
Seguimos en la ruta virtuosa que nos legaron aquellos prohombres, nuestros Próceres y guías eternos.
¡Seamos leales como Urdaneta!
¡Patria o muerte, venceremos!
Yldefonso Finol

*Proclama de Urdaneta*
Colombianos! Agobiado por el peso del dolor, me esfuerzo, no obstante por cumplir con el más triste de mis deberes como magistrado, como ciudadano, como amigo. Os anuncio que ha cesado de existir el más ilustre entre todos los hijos de Colombia, el LIBERTADOR, el fundador de tres Repúblicas, el inmortal SIMÓN BOLÍVAR. Después de haber agotado hasta las últimas heces del cáliz de amargura que le ofreció la suspicacia de algunos conciudadanos suyos, ha pasado a la región de las almas, dejando un vacío inmenso en Colombia, en América, en el orbe civilizado.

Colombianos! Las pasiones contemporáneas, aun las más encarnizadas, deben darse ya por satisfechas. BOLÍVAR no pertenece de hoy más, sino al dominio de la historia; y mientras ella le asigna en sus páginas el prominente lugar a que le han hecho acreedor sus relevantes servicios a la causa de la humanidad, nosotros, los que tenemos la desgracia de sobrevivirle, debemos reunirnos en torno de su tumba helada, a llorar la pérdida que hemos hecho, a meditar sobre la situacion de Colombia, y prestarle los auxilios de que tanto necesita la patria para revivir.
Colombianos! Deseoso de que no se malogren los esfuerzos inauditos de aquel varon esclarecido, por la independencia y la libertad de nuestra tierra, me ocupo actualmente de dictar aquellas medidas que demandan el reposo y bienestar de los que viven sometidos al Gobierno nacional, y de negociar, con los que no lo están, los medios de llegar a un avenimiento amistoso, que tenga por resultado, reorganizar a Colombia y presentarla de nuevo a los ojos de las naciones en su pasada majestad y esplendor. En nombre de la independencia y de la libertad, convido a todos los que abriguen en su pecho sentimientos nobles y generosos, a que coadyuven a la bella empresa de restaurar a Colombia. Venid pues, colombianos, al templo de la concordia, venid conmigo a darnos un abrazo fraternal. Sólo así evitaremos que el país sea patrimonio de la anarquía más espantosa y devoradora que jamás vieron los siglos.

Bogotá, Enero 9 de 1831.
RAFAEL URDANETA

lunes, 6 de enero de 2025

EL 10 DE ENERO DE 2025: VENEZUELA EN EL CENTRO DE LA GEOPOLÍTICA MUNDIAL

 


EL 10 DE ENERO DE 2025: VENEZUELA EN EL CENTRO DE LA REVOLUCIÓN MUNDIAL

Benjamín Netanyahu apoyó a Guaidó y -por supuesto- no reconoce a Nicolás Maduro como Presidente. Milei se erige en súbdito del genocida Israel y el de Paraguay fue a rendirles pleitesía, mientras los cipayos del capital criminal le organizan giras y foros al Guaidó II.

Una pandilla de ociosos ex presidentes corruptos y con las manos ensangrentadas, son comparsa del sainete orquestado contra la Revolución Bolivariana. Los agentes de la peor parte del imperialismo, el sionismo, que es el fascismo actual, montaron la farsa de unas “actas” que debían mostrarse para validar el triunfo claro y contundente de Nicolás Maduro en las presidenciales del 28 de julio de 2024 (caso único en este mundo); de inmediato la mediática antibolivariana se desplegó a nivel planetario para imponer la matriz falaz. Parte del plan fue provocar violencia desalmada, asesinatos de señoras mayores, lideresas populares, y de algunos servidores públicos civiles y uniformados. La maligna jefa de la operación pidiendo a gritos una intervención militar extranjera contra nuestro país a los “humanitarios” Biden y Netanyahu. El segundón Edmundo González, matón de monjas y sacerdotes salvadoreños, firmó un acuerdo para irse a España, violándolo pronto para seguir acumulando “aportes”.

Hay que decirlo: nuestros enemigos nos convirtieron en el centro de la geopolítica mundial con el 10 de enero como hito de lo que serán las relaciones internacionales en adelante.

En las calles de Venezuela hay varios consensos que forman una fuerza inexpugnable: el pueblo bolivariano (contando en él a nuestra Fuerza Armada, por supuesto) es garantía de una Venezuela en paz, con un gobierno muy democrático, profundamente democrático, presidido, sin la más mínima duda, por Nicolás Maduro, y con la determinación de continuar el camino de la recuperación económica y los avances sociales que habíamos alcanzado la primera década del siglo, para seguir por el horizonte de libertad, poder popular y potenciación productiva que nos hemos planteado como nación soberana, generosa, pero no pendeja, pacífica, pero preparada para combatir a quien se atreva a agredirnos.

Estas verdades se respiran en los aires de la diversa geografía nacional, y -apúntenlo- son compartidas por gente de todas las tendencias políticas. Así lo constatan a diario los diplomáticos y corresponsales de medios extranjeros, así lo han visto compatriotas emigrados que vinieron a pasar navidades y fin de año con sus familiares y amistades. Por cierto, cada vez son más los que deciden retornar viendo la nueva situación de bonanzas, y -también- huyendo de las discriminaciones de que han sido víctimas en países con gobiernos xenófobos.

La juramentación de Nicolás junto al Pueblo Presidente este 10 de enero ha generado expectativas superiores a la toma de posesión de Trump en EEUU. Las potencias amigas enviarán delegaciones de alto nivel, seguro sorprenderán a quienes están apostando al vacío. Se estima que asistirán cerca de cinco mil representantes de partidos y movimientos sociales solidarios con la Revolución Bolivariana. El pueblo venezolano colmará Caracas de alegría, fraternidad, y amor por nuestro líder con la consigna Yo Juro con Maduro.

El mercado de hidrocarburos, las bolsas de valores, las tramposas empresas “calificadoras”, los sesudos analistas internacionales, tienen sus telescopios ajustados hacia Venezuela.

Nadie es indiferente al Vientre de la Emancipación, que parió a los vencedores de hace doscientos años en Junín y Ayacucho. Los pueblos que luchan por su dignidad, soberanía y su vida misma, tienen mente, alma y corazón abrazados con la Venezuela de Bolívar, Chávez y Maduro. No les fallaremos.

Dos modelos de sociedad se debaten la hegemonía mundial: el decadente imperialismo que se niega a perder sus privilegios y exige servilismo, aún a costa de llevar las guerras a extremos inhumanos, o un mundo multipolar en equilibrio y paz con dignidad que aspiran los pueblos mayoritariamente. Venezuela es motor de la opción que salvará la humanidad de la barbarie. 

¡Seguiremos Venciendo!

 

Yldefonso Finol

Militante Bolivariano