viernes, 16 de diciembre de 2022

BOLÍVAR ECHANDO VAINAS...

 


Bolívar echando vainas

¡Qué vainón les echó Bolívar a sus enemigos de siempre! Todavía sigue dirigiendo pueblos que no se rinden, creando movimientos emancipadores, asustando reyes e imperios de sólo asomar la punta de su espada.

Todos, sin excepción fueron (y son) efímeras piltrafas; mientras el mago de los imposibles, simplemente se hizo inmortal y no cesa de recrearse cada día en cualquier rincón donde florezca el bien.

Matarlo a traición, no pudieron, aunque la traición terminó matándolo de pena. Ninguna derrota logró derrotarlo, y se creció tras cada tropiezo, haciéndose maestro en “el arte de vencer”.

Es verdad que sufrió tristezas, pero contagió alegrías. Es cierto que poseyó riquezas como el que más, sin importarle tener que vivir por espinados momentos de pobreza, siéndole necesario apelar a la caridad de los amigos.

Bolívar dicta cátedras cotidianas de dignidad. Su fantasma mantiene en jaque a la canalla que se ha organizado en la transnacional antibolivariana más grande de la historia. Estos enemigos de la humanidad (a los que no nombraré por decencia), vociferan cualquier calumnia que se haya urdido desde los tiempos del Loco Mérida, Ducoudray Holstein, Riva Agüero y Lorenzo María Lleras.

Los gringos han intentado las más inverosímiles estratagemas para domesticar el legado bolivariano, como en vida conspiraron en su contra a través de tipos matones, aristocráticos esclavistas, genocidas de pueblos originarios, como Willian Henry Harrison, Joel Poinset y Willian Tudor, directamente mandados por los presidentes de turno en Estados Unidos.

¿Alguien recordará a estos agentes imperialistas? ¿Quién les habrá ofrendado una canción?

Para conocer a Bolívar bastaría ir mirando la lista de sus detractores: la gusanera más asquerosa les antecede: la podredumbre moral que destilan causa náuseas hasta en las cloacas del averno.

El Libertador, en cambio, ha inspirado a la poesía universal los más sublimes versos. Por doquier se cantan himnos a Bolívar. La trova libertaria de Abya Yala apela a su nombre para decir Patria, para jurar lealtad y soñar futuros.

Bolívar no pudo ser borrado de la historia (aunque lo tacharan en los textos) por más saña que le imprimieran los santanderistas en la Nueva Granada, los paecistas en Venezuela, la oligarquía peruana, las editoriales españolas. Imposible soslayar la gesta gigantesca de aquel genio de la libertad, al que la gloria se le rendía enamorada.

Menos pudieron sacarlo del corazón de los pueblos que hermanó como la hilandera que teje con hilos del alma.

Bolívar vivió más allá de la muerte en la lucha de Rafael Urdaneta por sostener su proyecto emancipatorio. Baralt lo reivindicó en la historiografía abriéndose paso entre los políticos que usurparon el poder de la República defenestrando a su fundador. Zamora hizo renacer los senderos de justicia perdidos.

El cubano José Martí rescató el bolivarianismo revolucionario a finales del siglo XIX, mientras el nicaragüense Augusto César Sandino lo relanza la primera mitad del XX.

En Ecuador, el Viejo Luchador Eloy Alfaro y su compatriota José Peralta, renuevan la vocación antiimperialista del Libertador a inicios del siglo pasado, y se plantean acuerdos (Pacto Secreto) con el presidente venezolano Cipriano Castro, José Santos Zelaya de Nicaragua, y el colombiano Rafael Uribe Uribe en la más absoluta orientación bolivariana.

Bolívar es el tema de conversación en una modesta casa frente al Océano Pacífico peruano, donde la revolucionaria Manuelita Sáenz, acompañada del Maestro Simón Rodríguez, reciben al italiano Giuseppe Garibaldi, artífice de la República de Italia.

Miguel de Unamuno dialoga con el Bolívar que lo deslumbra. Gabriela Mistral, Neruda y Rubén Darío y Miguel Ángel Asturias, y Los Olimareños, Gloria Martín, Lilia Vera, Los Guaraguaos, Serenata Guayanesa, Silvio Rodríguez, Pablito Milanés, Alí Primera, Miguelito Ordóñez y muchas gaitas del Lago Maracaibo, joropos llaneros, milongas sureñas; cantos de Inti Ilimani, Quillapayún, y las guerrillas de Guadalupe Salcedo, Argimiro Gabaldón, Farabundo Martí, Fidel y el Che, y un Chávez reivindicándolo en el siglo que camina, más la infinita creación artística del pueblo indoamericano que incesantemente invoca a Bolívar para existir y resistir.

¡Qué tronco de vaina les ha echado Bolívar a nuestros enemigos! Hacerse el muerto desde hace 192 años, cuando nada indica que algún día vaya a morir de verdad.

 

Yldefonso Finol

Militante Bolivariano

miércoles, 14 de diciembre de 2022

MANIFIESTO DE CARTAGENA: EL PRIMER DÍA DEL LIBERTADOR




MANIFIESTO DE CARTAGENA: EL PRIMER DÍA DEL LIBERTADOR

I

Precedentes

El 26 de marzo de 1812 un fuerte terremoto destruye a Caracas. Los colonialistas con el clero al frente, crean la matriz de opinión de que se trata de un castigo divino por la desobediencia de los criollos contra su rey. Entre quienes dan la batalla de ideas contra la manipulación religiosa, destaca Simón Bolívar, arengando a sus conciudadanos a quienes exhorta a continuar la lucha por la libertad y la independencia aunque se oponga la naturaleza misma.

Ese año, a comienzos de mayo, Bolívar es asignado al mando de Puerto Cabello como comandante político-militar.  El 30 de junio, la guarnición del porteño fuerte de San Felipe, se pronuncia a favor del rey, libera los realistas que allí se hallan presos, y desconocen el gobierno republicano. Fueron seis días de ardua resistencia, donde la traición y la sorpresa obligan a Bolívar a embarcarse hacia la Guaira con los pocos oficiales y soldados leales que le quedaron. El 25 de julio Miranda capitula. Se pierde el primer intento de constituir la República de Venezuela independiente y soberana.

En la medianoche del 30 al 31 de julio un grupo de oficiales patriotas, entre quienes estaba Bolívar, irritados por considerar errada e inconsulta la decisión de Miranda, lo arrestan y apresan en La Guaira. Se proponen continuar la lucha con nuevos mandos y bajo nuevas modalidades. Los realistas atacan y toman la plaza de La Guaira, allí encuentran preso al Precursor Miranda. Fue un muy mal momento para la gesta independentista.

Gracias al gran conocimiento de los caminos rurales, y a las muchas amistades en su región vital, Bolívar consigue mantenerse clandestino en Caracas y sus cercanías. Un amigo personal, el español Francisco Iturbe, logra proveerlo de un pasaporte a condición que debe abandonar el territorio de Venezuela inmediatamente. Pasa a la isla de Curazao, donde se esconde desde el 1° de septiembre hasta mediados de octubre que alcanza zarpar hacia Cartagena.  El 2 de noviembre ya se encuentra en la amurallada Cartagena de Indias.

El autor Santiago Key Ayala narra este suceso con Miranda, ofreciendo este resumen del lamentable evento: “En la prosecución de la guerra, Miranda confía a Bolívar la plaza y el castillo de Puerto Cabello. Un oficial traidor entrega la fortaleza a los realistas. Bolívar defiende como puede la plaza, de los fuegos del castillo. Su tropa acaba por desbandarse, y la plaza queda en poder del enemigo. Desesperado, Bolívar comunica la noticia a Miranda. El Generalísimo dice: Venezuela está herida en el corazón…Traidores insinúan a Miranda la infeliz idea de capitular con el jefe realista. El Generalísimo, creyendo salvar a Venezuela de la venganza enemiga, accede a la capitulación, que, en general, es reprobada por los patriotas. En la capitulación queda garantizada la seguridad de los vencidos. Monteverde, el aventurero afortunado, jefe de los realistas, viola la capitulación. Se impide la salida del territorio a los patriotas que intentan escapar. Bolívar es de estos. El propio Miranda está todavía en tierra. Rumores de traición se alzan contra Miranda. Bolívar es de los que sospechan, injusta, pero sinceramente, del Generalísimo. Indignado, se une a otros, y arresta a Miranda. Pero la verdadera traición viene de otra parte. Todo queda a merced del triunfador. Un español nobilísimo, a quien Bolívar guardará gratitud eterna, se interesa por el joven patriota y obtiene el pasaporte que le permite ausentarse del territorio de Venezuela. Ni Monteverde, ni el generoso Iturbe, sospechan el valor intrínseco ni la importancia futura del joven oficial. Bolívar se va a la Nueva Granada, donde la revolución se mantiene entre dificultades, pero firme. En Cartagena publica un manifiesto, donde explica las causas de la caída de su patria y alerta a los patriotas para que se salven de iguales errores. El documento atrae la atención general sobre Bolívar”.

Estamos hablando del ya famoso Manifiesto de Cartagena, del 15 de diciembre de 1812, pieza prima de la esclarecida mente y prolija pluma bolivariana, donde se hace un balance descarnado de lo ocurrido en Venezuela, se alerta a los pueblos hermanos de los errores potenciales de la dispersión de esfuerzos, y se traza la nueva estrategia de la revolución, que no es otra que reunir la fuerza patriótica bajo un mismo estandarte.

De ese su primer exilio nace la Campaña Admirable. Guerrero sin fronteras, comienza a combatir para otros países, a comandar patriotas de cada rincón suramericano, a liberar pueblos recién conocidos y –con todo ello- a forjar una nueva nacionalidad. Se pone a la orden de Cartagena y la Nueva Granada. Se va forjando a sí mismo como el primer ciudadano de una república por nacer, fundiéndose en su ser la mezcla estratégica de los pueblos que harán posible la proeza. Dicho de otra forma, Bolívar cosecha con su entrega y su liderazgo, la autoridad moral para convocar a las huestes más claras y decididas.  

Del amargo capítulo con Miranda, que la transnacional antibolivariana ha manipulado para tratar de enlodar la gloria de Bolívar, nos legó un párrafo clarificador el historiador cubano Francisco Pividal: “La prisión de Miranda no obedeció a sentimientos innobles como pretenden los calumniadores del Libertador. Si esta imputación hubiera sido cierta, no se explica que Leandro y Francisco, los propios hijos de Miranda, viajaran desde Inglaterra para servir lealmente bajo las órdenes del ilustre caraqueño. Ellos vieron en Bolívar la continuación de la obra de su progenitor”.

Desde similar óptica martiana, mi maestro Raúl Valdés Vivó, considera que de haber existido en los hijos del Precursor la más mínima sospecha contra Bolívar respecto del desdichado destino de su venerado padre, no lo habrían adoptado como “guía espiritual” y protector, ni hubiesen aceptado ser empleados por el gobierno bolivariano, uno como editor de publicaciones y funcionario ministerial, y el otro como primer diplomático destacado en Londres.

Valdés Vivó concluye muy breve y contundente: “Estando Miranda preso de sus propios compañeros, por las intrigas de Peña, pudo ser capturado por los españoles, sin que eso implique que aquéllos lo entregaron. Ninguna prueba hace pensar en tamaña felonía”. (Tomado de La Doctrina Bolivariana. Esencia y Vigencia. Primera Edición. Fondo Nigale. Maracaibo, 2021) 

II

El Primer Manifiesto

Simón Bolívar había salido de Venezuela por La Guaira el 27 de agosto de 1812, vía Curazao, y allí estuvo hasta finales de octubre, cuando se dirigió al Estado de Cartagena, “libre y absolutamente independiente”, según el acta de Independencia del 11 de noviembre de 1811.

Allí redactó su “Memoria dirigida a los ciudadanos de la Nueva Granada por un caraqueño”, renombrado por la historiografía como el Manifiesto de Cartagena, cuya primera edición salió a inicios de 1813.

En este texto Bolívar hace un balance descarnado de la derrota de la Primera República de Venezuela. No dudo en calificar este hito histórico, como el primer acto político de Simón Bolívar por entretejer las luchas de Nueva Granada y Venezuela. Sorprende que en uno de sus últimos párrafos hable de “liberar la cuna de la Independencia colombiana”, idea que resume el propósito central del documento, cual es, convocar a la Nueva Granada a apoyarle en la causa de retomar Venezuela.

La tarea creativa del Manifiesto de Cartagena como alegato político, implica hurgar en las causas de la caída de la Primera República venezolana, extraer lecciones de esa significativa derrota, y formular propuestas, tal es la metodología del revolucionario caraqueño, válida para todo tiempo de aprendizajes en las luchas de liberación.

Busca persuadir “a la América”, anunciando la visión unitaria del todo, que sostendrá durante su insuperable trayectoria: la unidad de los pueblos sojuzgados por el Imperio Hispano como elemento esencial de la fórmula emancipadora frente al viejo colonialismo y los nuevos imperialismos. La recomendación de fondo para evitar repetir el fracaso: corregir “los vicios de unidad, solidez, y energía” de los incipientes gobiernos republicanos.

 

El reflexivo autor, en ejercicio de amarga autocrítica, distingue algunos factores que incidieron en la fallida experiencia venezolana.

1)    Factores políticos

Venezuela adoptó un sistema tolerante, lo que resultó fatal. El ejemplo de Coro: por no doblegarla a tiempo, se le permitió al enemigo envalentonarse.

La falta de una concepción revolucionario vernácula, sólida, coherente, unificada, trajo consigo la creación de “Repúblicas aéreas”, que “han procurado alcanzar la perfección política, presuponiendo la perfectibilidad del linaje humano”.

Se permitió la impunidad de los delitos de Estados, cometidos por los “españoles europeos”, vale decir, blancos peninsulares, funcionariado de altos cargos que detentaban el poder político, militar y religioso. Se perdonaba el delito de lesa patria: “a cada conspiración sucedía un perdón…”, incurriendo en lo que Bolívar caalifica como “clemencia criminal”.

A estas debilidades político-ideológicas, había que sumar las rivalidades localistas que no fueron bien manejadas desde el comienzo del intento independentista, degenerando en guerra civil.

La forma federal como inoportuna traba autoimpuesta. Bolívar fustiga ésta como la peor equivocación: el sistema federal puede ser el más perfecto, pero es “el más opuesto a los intereses de nuestros nacientes Estados”. Esa “confederación lánguida e insubsistente”, facilitó la disgregación de esfuerzos, generando la debilidad intrínseca al mando de la república naciente.

Por último, la falta de cultura política por la condición de súbditos sin la formación ciudadana necesaria, es decir, la ausencia de condiciones subjetivas para asumir la emancipación sin tutelajes feudales, frustró la estructuración del liderazgo que exigía el momento histórico.

Para rematar, el terremoto como determinante de la ruina física y anímica del pueblo, desató las fuerzas oscurantistas representadas por el clero adicto a la monarquía imperial. La campaña sacerdotal contra la revolución se afincaba en la impunidad general que reinaba por la “clemencia criminal” del Congreso; de allí que el levantamiento pro realista de Valencia que provocó miles de muertes, no tuvo el más mínimo castigo.

Resume las causas de la caída de Venezuela así: la naturaleza de la Constitución (federal), el espíritu de filantropía de los gobernantes, la oposición al establecimiento de un cuerpo militar profesional, el terremoto combinado al fanatismo religioso, y las facciones internas, sepultureras de la república.

Propone retomar Caracas desde la Nueva Granada, para evitar que cunda la reacción realista sobre la América meridional.

2)    Factor militar

No crear ejército regular, profesional, y en vez de eso, apelar a improvisadas milicias dispersas sin preparación para la guerra, debilitaron la agricultura y alejaron “a los paisanos de sus hogares”, incrementado la antipatía que muchas familias comenzaron a sentir hacia el liderazgo republicano.

Bolívar lo expone diáfanamente: “El resultado probó severamente a Venezuela el error de su cálculo; pues los milicianos que salieron al encuentro del enemigo, ignorando hasta el manejo del arma, y no estando habituados a la disciplina y obediencia, fueron arrollados al comenzar la última campaña, a pesar de los heroicos y extraordinarios esfuerzos que hicieron sus jefes, por llevarlos a la victoria. Lo que causó un desaliento general en soldados y oficiales; porque es una verdad militar que sólo ejércitos aguerridos son capaces de sobreponerse a los primeros infaustos sucesos de una campaña. El soldado bisoño lo cree todo perdido, desde que es derrotado una vez, porque la experiencia no le ha probado que el valor, la habilidad y la constancia corrigen la mala fortuna.”

3)    Factores económicos

La mala administración, dispendiosa en lo burocrático, ineficaz en lo fiscal, ignorante de las leyes de la economía real versus la financiera, presuponiendo la idoneidad de dinero ficticio, sin respaldo productivo ni validez simbólica, todo ello se complotó contra el sostenimiento de lo verdaderamente prioritario en aquel momento de despegue revolucionario, cual era, el financiamiento sostenido de la guerra y la concentración de los esfuerzos para optimizar su aprovechamiento.

“La disipación de las rentas públicas en objetos frívolos y perjudiciales; y particularmente en sueldos de infinidad de oficinistas, secretarios, jueces, magistrados, legisladores provinciales y federales dio un golpe mortal a la República, porque la obligó a recurrir al peligroso expediente de establecer el papel moneda, sin otra garantía que la fuerza de las rentas imaginarias de la Confederación. Esta nueva moneda, pareció a los ojos de los más, una violación manifiesta del derecho de propiedad, porque se conceptuaban despojados de objetos de intrínseco valor, en cambio de otros cuyo precio era incierto, y aún ideal. El papel moneda remató el descontento de los estólidos pueblos internos, que llamaron al comandante de las tropas españolas, para que viniese a librarlos de una moneda que veían con más horror que la servidumbre.”

4)    El azar

El terremoto del 26 de marzo de 1812 que destruyó Caracas y otras ciudades y pueblos de la República, cambió abruptamente el destino de la gestación del proceso independentista en Venezuela.

En los diversos enfoques ideológicos y científicos para el análisis situacional, se ha mirado con desdén el tema de los azares (y tiene sentido desde la denominada racionalidad occidental); pero en el desarrollo de reinterpretaciones de los procesos históricos, deslastrados de prejuicios cientificistas, aplicando visiones holísticas a la luz de las diversas civilizaciones, no son descartables las ocurrencias de fenómenos azarosos capaces de torcer el rumbo a historias mínimas o totalizantes.  

En un artículo de 2009 me atreví a incorporar el azar como parte dl carácter multdimensional de lo humano. “Los azares son situaciones casuísticas, contingencias que suceden todo el tiempo en todas partes pero que nos tocan en lo personal o grupal según circunstancias fortuitas. Tienen tal grado de complejidad y diversidad como de inverosimilitudes y misterios. Son expertos generadores de perplejidades en el ser humano, y junto a las fuerzas naturales que son parte de las determinaciones, han sido los responsables de las más disparatadas creencias, supersticiones, mitos, credos y leyendas. El azar no es más que la ocurrencia de hechos no previstos que modifican el devenir inmediato de un fenómeno, que pudiera ser desde la simple agenda diaria hasta la historia de la humanidad.” (Artículo “Teoría mutidimensional de lo humano”, varios sitios web, 2010)

El futuro Libertador, apela sabiamente a argumentos lógicos con uso de categorías matemáticas, aplicadas al análisis político para hacer más convincentes sus conclusiones: “Aplicando el ejemplo de Venezuela a la Nueva Granada, y formando una proporción, hallaremos: que Coro es a Caracas, como Caracas es a la América entera: consiguiente- mente el peligro que amenaza este país, está en razón de la anterior progresión; porque poseyendo la España el territorio de Venezuela, podrá con facilidad sacarle hombres y municiones de boca y guerra, para que bajo la dirección de jefes experimentados contra los grandes maestros de la guerra, los franceses, penetren desde las provincias de Barinas y Maracaibo hasta los últimos confines de la América meridional.”

Bolívar calcula que la pérdida de España a favor de los franceses, podría provocar una migración de españoles influyentes, entre militares y sacerdotes de todos los niveles, que influirían grandemente en la población local contra el proyecto independentista, fortaleciendo las fuerzas realistas en el continente. El llamado a no subestimar un punto focal, basado en la experiencia venezolana con Coro, tenía absoluta pertinencia.

En la prognosis de los escenarios probables, Bolívar hace una panorámica de la coyuntura internacional, como acostumbrará en su método de análisis situacional, precisando la correlación de fuerzas y los intereses de las partes más involucradas en nuestro devenir como proyectos de repúblicas soberanas. Prevé lo inconveniente de carecer de una marina de guerra, factor que se pondrá en cruda evidencia con la invasión de Pablo Morillo en 1815.

Propone también pasar a la ofensiva antes que quedarse a esperar un ataque enemigo desde los territorios vecinos quedando forzados a la lucha defensiva en los territorios liberados que serían azotados por la destrucción de la guerra.

Estima que la entrada de fuerzas patrióticas despertará el ánimo de los que ansían liberar a Venezuela, que se sumarían por miles a la causa, y predice la toma de Caracas “sin haber dado una batalla campal”. Desea entrar a Maracaibo por Santa Marta (idea que mantuvo hasta su intento de 1815) y por Cúcuta hacia Barinas.

Su proclama desesperada parece contener el sentimiento de frustración y dolor que lo embargó con la pérdida de Puerto Cabello, pero en plena lucha contra sus propios demonios para sobreponerse a las ruinas anímicas que nunca lo vencieron: “Corramos a romper las cadenas de aquellas víctimas que gimen en las mazmorras, siempre esperando su salvación de vosotros: no burléis su confianza: no seáis insensibles a los lamentos de vuestros hermanos. Id veloces a vengar al muerto, a dar vida al moribundo, soltura al oprimido y libertad a todos.”

Así habló en Cartagena el alma libertadora del más vigente Libertador de todos los tiempos.

 

Yldefonso Finol

Historiador Bolivariano

 

 

 


jueves, 24 de noviembre de 2022

PRIMERA BATALLA DE MARACAIBO: NOVIEMBRE DE 1573

PRIMERA BATALLA NAVAL DE MARACAIBO 

CIUDAD RODRIGO DE ALONSO PACHECO (del libro EL CACIQUE NIGALE Y LA OCUPACIÓN EUROPEA DE MARACAIBO)

Para 1569, fecha en que se produce el segundo intento de ocupación europea de Maracaibo, los colonizadores españoles están regados por todo el continente. Han acumulado setenta y siete años de experiencia en el sofisticado arte de expropiar a los indígenas de sus tierras, recursos naturales, dioses y libertad, la vida misma. Fuese por engaño, bajo subterfugios religiosos, abusando de su natural candidez, o a través del exterminio bélico y la esclavitud. También han probado todas las formas de estímulo material y de otra índole, para procurar que el conquistador se ocupe de hacer lo que convenga a la Corona de manera que sea su propia conveniencia. La invasión y el saqueo son la garantía de su éxito económico, porque del trabajo, en aquellos días, sólo vivían los siervos y artesanos, mientras que la promesa de estas aventuras apuntaba a convertir en ricos señores a los que corrieran con suerte.

La segunda invasión de Maracaibo se organizó en Trujillo. Con el encargo explícito del gobernador Pedro Ponce de León, de "fundar una ciudad en la laguna de Maracaibo", el capitán Alonso Pacheco se dedicó por varios meses a darle forma a su propuesta con el aval del gobernante de turno. Buscó socios en Trujillo y Mérida para reunir la logística de la expedición, con la promesa de repartir encomiendas entre los que apostaran a su plan.

En el puerto de Moporo, al sureste del Lago de Maracaibo, en la región conocida como Juruara donde algunos indígenas estaban aliados a los españoles, armó las dos embarcaciones, en las que hubo de vagar con su gente por largos días que fueron meses, recorriendo el Lago, reconociéndolo, ya que más allá del posible asentamiento hispano que pudiera lograrse, el sueño de Pacheco era encontrar la vía fluvial que los comunicara con la Nueva Granada, para hacerse acreedor del derecho exclusivo al cobro de tránsito y navegación por la tan ansiada ruta, que igual fue motivo de desvelos del Alfinger. Cada conquistador se inventó su Dorado, mundo mítico de riquezas incalculables que la codicia alimentó en las perturbadas mentes conquistadoras. Perdidos anduvieron al entrar erróneamente por la desembocadura de algún río del sur, y no dejaron de tener sus escaramuzas con guerreros que se topaban a su paso, hasta llegar al fin al lugar donde había estado el campamento de los welser. Comenzaba el mes de julio del año 1569.

La táctica de ocupación de Pacheco fue la puesta en práctica por los castellanos a partir de la experiencia de Ovando en La Española. Constituyó Cabildo colocando en los cargos claves a sus amigos Juan de Morón y Francisco Camacho, primeros Alcaldes de Ciudad Rodrigo de La Laguna de Maracaibo, nombre con que bautizaron la ocupación, por ser Pacheco oriundo de Ciudad Rodrigo en España. Construyeron sus casas con argamasa, piedras calizas porosas y varas de mangle, con techos de arcilla cocida, materiales todos muy abundantes por entonces en todas las riberas maracaiberas. Y hubieron de protegerlas con barricadas por las continuas incursiones de los añú que hostigaron permanentemente la indeseable presencia del invasor. Más fiero se hizo el ataque defensivo de los originarios al constatar que estos nuevos extraños reincidirían como los anteriores en la captura de sus gentes para esclavizarlos.

Es que Pacheco, apenas instalaron su ciudadela, comenzó a repartir encomiendas a sus compinches en esta aventura comercial. Lo hizo de tal manera que entregaba tierras con todo y las gentes que allí estuviesen. Al Alcalde Francisco Camacho le dio en encomienda, en la franja oriental, el pueblo de Paraute, con las familias añú del cacique Tomaenguola. Igual procedió con los poblados cercanos. A Miguel Trejo le encomendó atacar el pueblo de Cupari, al que con saña, alevosía y nocturnidad le quemó las casas atrapando a la mayoría que salieron despavoridos y aún medio dormidos cuando sintieron el rigor de las llamas en sus cuerpos. A Coro fueron a parar al mercado de la ignominia.

Pacheco necesitaba recursos para continuar su búsqueda de la vía fluvial que los comunicara con el Nuevo Reino de Granada. El fallecimiento del gobernador Pedro Ponce de León el 22 de marzo de 1569, les produjo toda suerte de dudas y temores, ya que ignoraban la posición que adoptaría el designado sustituto Francisco de Chávez, de gran influencia en la real Audiencia de Santo Domingo por ser el yerno de su presidente Grageda, quien tomó posesión del cargo de Gobernador de la Provincia de Venezuela ante el Cabildo de Nueva Segovia de Barquisimeto el 20 de diciembre de 1569. Estas preocupaciones las expuso el Cabildo de Maracaibo a la Real Audiencia de Santo Domingo en carta del 4 de agosto de ese año, por la incertidumbre de no saber en manos de quien quedaría su destino en aquellas apartadas y cada vez más hostiles regiones.

Pacheco fue ratificado en su cargo. Pero las limitaciones materiales continuaron intactas. Haber navegado con sus propios medios por el gran río del sur del Lago hasta alcanzar los hatos de ganado cercanos a Pamplona, tenía alborotado el ánimo de Pacheco y sus colaboradores, que todos sus bienes arriesgaban en esta apuesta. Con ciento cincuenta pesos de oro en su bolsa va al Tocuyo, donde se halla el Gobernador, a solicitar apoyo para consolidar la ruta que casi completan, pero que desmayaron en el intento por la falta de recursos. Su meta era llegar a la propia Real Audiencia a explicar personalmente los beneficios que para los negocios del reino tendría el descubrimiento y apertura de esta pista fluvial. Paradójicamente, lo que consigue es un oscuro calabozo donde lo encierran sin explicación unos oficiales reales, decomisándole el dinero que llevaba. El 6 de septiembre de 1570 Pacheco escribe a la Real Audiencia relatando lo sucedido. El 16 de diciembre de 1571, el Rey emite una Cédula apoyando la iniciativa de Alonso Pacheco e instando a las autoridades locales a colaborar para su feliz término. Ya en casa, su mujer Ángela de Graterol, con quien se había casado en Trujillo, junto a su primogénito Juan Pacheco Maldonado, y las niñas Inés y María Pacheco, le recibieron cariñosamente. Pero la tertulia familiar fue muy breve. Al instante de saberse la noticia del regreso del Capitán, todos los hombres se apresuraron a conocer el desenlace del trance que los mantuvo en vilo todos estos largos meses, como los ataques indígenas cada día más frecuentes e intensos. Libando un poco del vino que alcanzó traer del Tocuyo, Pacheco contó a sus compañeros las vicisitudes que le tocó vivir con un toque nada frecuente de humor en un hombre que solía pasar las horas con el entrecejo fruncido concentrado en resolver los detalles de su tarea magistral que era ésta a la que hoy se acercaba tanto. Les relató cómo la carta que ellos enviaron antes y la que luego él escribió surtieron un efecto tremendo en los miembros de la Real Audiencia despertando el interés del mismísimo monarca. Brindó y celebró el que ahora si lo lograrían, que todo el paso comercial atravesaría la hermosa laguna vía Nueva Granada dejándole una fortuna a él y a los suyos por los derechos exclusivos de tránsito y puerto, y el Rey, tendría en ellos a sus más fieles y productivos servidores, dispuestos a besar sus manos y pies y a dar su sangre por su grandeza.

De súbito, Pacheco paró el monólogo al sentirse escrutado por la mirada de un infante que le observaba fijamente como si alcanzara a entender el significado y sentido de sus argumentos. El niño posaba sus manos sobre la madera de la puerta trasera y sobre ellas su cara, ovalada, canela, con largos cabellos lisos y negros. Se trataba de uno de los pajecitos capturados en la entrada hecha a los añú del Mohán, poblado vecino de Parahedes en la desembocadura del río Macomite, con quien solía llevar a cabo sus travesuras de niño conquistador, el mayor de los Pacheco, Juan Pacheco Maldonado. Con el desdén de su dura mirada y el gesto altivo de su rostro, echó Pacheco al pequeño que más tarde se convertiría en Nigale, el jefe.

Durante la noche, en la choza común donde pernoctaban sobre el suelo crudo y frío todos los indígenas que –obligados- prestaban sus servicios a la casa de los Pacheco, Nigale, con sus escasos seis años y repitiendo la rutina de las últimas veinte lunas, contó a los de su sangre lo que había escuchado decir al jefe de los extranjeros: “Él dijo que vendría ayuda. Que otros como ellos llegarían. Dijo, que de Río Hacha les enviarían sapuana (extranjeros negros) como refuerzos para remar sus grandes canoas hasta el sur, a donde ellos quieren llegar. Que si logran esto serían invencibles. Estaban alegres celebrando", resumió el tierno informante.

En efecto. Una de las cosas que Pacheco pidió en su famosa carta a la Real Audiencia, fue que le enviasen esclavos negros para fortalecer el grupo de remeros y así poder avanzar con más velocidad y seguridad por las vírgenes aguas del Catatumbo hacia su Dorado personal. Las instrucciones reales llegaron a Río de Hacha desde donde el llamado Mariscal de las Perlas Miguel de Castellanos, quedó comprometido a enviar 30 esclavos negros, como ciertamente lo había dispuesto sólo que éstos se fugaron cerca de su destino. Castellanos envió entonces a su cuñado Cristóbal de Ribas al frente de 25 hombres bien armados y apertrechados a recapturar a los cimarrones. Las familias aliles, toas, zaparas, onotos de la nación Añú, y los otros grupos autóctonos de la región del Maracaibo, habían aprendido mucho sobre la guerra en estas décadas recientes. Permitir que los refuerzos del enemigo llegaran a auxiliarlos, ahora que estaban debilitados militarmente, constituiría un error gravísimo que podría convertirse en más peligros para ellos.

Se trazaron un cronograma de vigilancia de los lugares por donde eventualmente entrarían los que vinieran. Un sitio clave era la angostura del Macomite al oeste de Parahedes que, por estar en tiempo de sequía, podía atravesarse sin tantos tropiezos. La vigilia fue larga, pero el día llegaría. A mediados de 1573, se vieron los españoles atravesando cómodamente el río. Parecían contentos de hallar el agua dulce y fresca del Macomite después de recorrer toda la aridez y soledad de Woumain y Karrouya. El vigía añú en lo alto de un mangle rojo, alzó su brazo derecho para dar la señal. Los sesenta guerreros armados de sus arcos, flechas, veneno y macanas, esperaban ansiosos en un claro que abrieron entre el sagrado matorral. El paisaje a esa hora del día, cuando el sol inicia su definitivo ascenso al cenit, tan cargado de luminosidad, es un canto a la vida, es la danza de miles de peces saltando en el trampolín del río y la fábula aérea de los buchones haciendo alarde de su apolínea condición. Son las risas de los monos y el silencio de los zorros, venados y osos hormigueros, que observan al trasluz el andar de las auroras. Es la sigilosa seducción de las aguas en el rozar de las serpientes que hacen del conticinio su estancia natural.

Tuvo que erguirse el grito espantoso de la muerte sobre la sinfonía celeste para que el cosmos fuera caos penetrante.

La justicia justiciera del indio rebelado contra su opresión cobró en sus victimarios 23 víctimas. Los bagres y zamuros hicieron el resto.

Los días de Ciudad Rodrigo estaban contados en la Maracaibo Añú. El duro golpe asestado a los españoles a orillas del Macomite, en los que murió el cuñado del influyente Miguel de Castellanos, generó una corriente de opiniones en contra de la aventura pachequiana, a la que se unieron los duros conceptos del nuevo Gobernador Diego de Mazariegos, de los que dejó constancia en dos importantes documentos que mellaron la fuerza y tenacidad del capitán Alonso Pacheco que decidió abandonar su ciudad al punto que los que allí quedaron tuvieron que ingeniárselas para emprender el retiro de aquella que fue su apuesta más gruesa y que se esfumaba entre sus manos al calor de las flechas indígenas que no paraban de advertir la decisión irreversible de defender sus tierras su lago sus cantos su poesía su existencia.

jueves, 13 de octubre de 2022

BOLÍVAR DELIRANTE: EN EL BICENTENARIO DE "MI DELIRIO SOBRE EL CHIMBORAZO"

 


Bolívar delirante

Cómo no delirar subiendo al vigía de los tiempos. El héroe que se sabe hacedor de libertad. El amante del paisaje que recién acaricia en vertiginosa espiral de glorias. Pichincha y Cotopaxi custodian la alcoba de Manuela. El enamorado alucinante debe escalar al cenit de su balcón por esos divinos abrigos que le cubren los secretos más difusos: la sanación cósmica.

El hombre que liberó el Magdalena y dominó el Orinoco y cruzó los Andes para volverse venerable “fantasma” en Bogotá, tiene sed de nieves. La eternidad se metió en su apuñalada hamaca de Jamaica, en su abaleada hamaca de Rincón de Toros.

Entrar en trance chamánico, recostado en el ahogo de Casacoima, con las mordeduras de caimanes y pirañas aun sangrantes, extasiado con los huesos crujiendo en el espiral abrazo de una constrictora gigante. Y ahora desembocar en las entrañas dulces del amor tras vencer la muerte que lo persiguió antes de nacer.

Todo el mal se ha esfumado a su paso y ante sus ojos resplandece una acuarela de inmensos valles verdes, cielos azules brillantes penetrados por pétreas lanzas blanquecinas. Chimborazo le pide poseerla. Él, sabiéndola tan elevada, se le entrega delirante: el alma se le llena de vida. Entonces la poesía se derrama desde las cumbres hacia el océano donde tributan sus versos los cantos ancestrales.

El equinoccio le regaló la fiesta del Kulla Raymi, había empezado la primavera. La tierra es fruta de adoración a la femineidad.

Amanece la Independencia con un sol radiante que inspira el genio que la conduce. Su mirada tiene al Universo como campo de sueños. Piensa la Utopía. Despierta ungido de ensueños. Aparta las sábanas para estirar los besos. Ella es la beldad hecha causa. Chimborazo: una humanidad amasada por la fuerza histórica del amor.

Bolívar le susurra: “es pasión, delirio de estar contigo”. Ella le corresponde jadeante: “alma mía, la gloria eres tú”.

 

Yldefonso Finol

En el Bicentenario de Mi Delirio sobre el Chimborazo

Maracaibo, 13 de octubre de 2022

 

domingo, 9 de octubre de 2022

TEÓRGIDO RINCÓN: LUCHADOR AÑÚ POR LA PATRIA BUENA

 




TEÓRGIDO RINCÓN

Teórgido Elí Rincón nació en la población El Moján, municipio Mara del estado Zulia, en la República Bolivariana de Venezuela, el 23 de enero de 1961.

Hijo de una humilde y numerosa familia de pescadores, su madre María Eligia Rincón y su padre Telemago Paz, eran descendientes directos del pueblo añú originario de la Cuenca del Maracaibo.

Su infancia la pasó en el barrio Nazaret, como se llama la comunidad palafítica del Moján autóctono. Comenzó sus primeros estudios en la escuela cercana a su barrio, también llamada Nazaret, terminó la primaria en la escuela Sixto de Vicente, y comenzó el bachillerato en el liceo Hugo Montiel Moreno en la capital marense.

Teórgido Rincón, conocido cariñosamente como “Teo” o “Machito” por sus familiares y amistades, era el tercero de siete hermanos, cinco varones y dos hembras, fue un adolescente inquieto, recio, trabajador y sensible. Realizaba labores de ayudantía en la faena pesquera para la manutención del hogar. Participaba en las actividades comunitarias tradicionales y asumió tempranamente luchas reivindicativas, tanto en su barrio como en los quehaceres estudiantiles.

A mediados de la década de los setenta, se había instalado en un palafito del barrio Nazaret una célula del Partido de la Revolución Venezolana (PRV) bajo la fachada de Casa de la Cultura Popular. En esa sede se comenzó un trabajo político vinculado a las necesidades más notorias de la población. Lo primero que se hizo fue implementar una jornada de alfabetización, ya que había muchas personas adultas sin esta elemental formación. Simultáneamente, se inició un intenso movimiento cultural con la creación de diversos grupos en las artes del teatro de calle, títeres, danzas folclóricas, decimistas, y la edición del periódico El Proletario, elaborado totalmente en forma manual con la técnica de la batea.

Teo fue de los primeros muchachos del barrio en incorporarse a aquél proyecto de concienciación y organización popular, que conjugaba su activismo con la Unión de Jóvenes Marenses que era un colectivo de vinculación del movimiento juvenial a las luchas ciudadanas en el municipio Mara, y el Comité Estudiantil Pro Asamblea (CEPA), expresión de la militancia abstencionista que no participaba en las tradicionales elecciones de centros de estudiantes por considerarlos mediatizados.

La organización política que canalizaba la presencia pública del PRV fue el Movimiento Político RUPTURA, con el periódico de igual nombre, a través del cual se difundían las líneas tácticas y estratégicas del partido. Teórgido formó parte de RUPTURA como joven comprometido y fue madurando una posición cada vez más sólida hasta hacerse un cuadro con liderazgo en el seno de la organización.

Por este tipo de compromisos, fue trasladado a la ciudad de Maracaibo, donde continuó sus estudios en la Escuela Técnica Industrial ubicada en Sierra Maestra. En esa institución educativa Teórgido descolló como líder estudiantil, tanto como representante de sus compañeros de estudio, como agitador de las masas empobrecidas del sur de la capital zuliana, donde las carencias de servicios públicos y el abandono gubernamental en general eran causa de un gran malestar social.

Por su entrega y combatividad el sistema lo sometió a persecución, impidiéndole continuar su formación profesional.

Llegada la década de los ochenta, ante la división de los jefes del PRV, Teórgido opta por seguir la línea oficial dentro de la organización que la lidera el legendario jefe guerrillero Douglas Bravo. Es cuando se traslada a la ciudad de Cabimas, apoyado por sus leales compañeros, partícipes de la misma posición, María Álvarez y Ender Fula.

Fue así como Teórgido Rincón, el Teo, el Machito del barrio añú del Moján originario, se hizo cabimero de vivencia, luchas y corazón.

II

En Cabimas Teórgido se involucró rápidamente con las luchas sociales. Entre las actividades económicas de manutención, casi siempre en el comercio informal y el emprendimiento en el área alimentaria, lo más importante era ser consecuente con las aspiraciones que los marginados de la Venezuela “saudita”, los cordones de excluidos en las ciudades petroleras, tuvieran acceso a derechos humanos esenciales.

Su personalidad enérgica y rebelde, lo llevó a movilizarse por otras partes del país, contribuyendo siempre al debate por una alternativa revolucionaria para la Patria. Anduvo con Alí Primera en las iniciativas unitarias del Padre Cantor y en eventos de trascendencia como las Canciones Solidarias y la Canción Bolivariana, evento mago con el cual Alí convocó al país y al continente a retomar el bolivarianismo como camino emancipatorio antiimperialista.

Junto al dirigente social de Cabimas Douglas Querales y su hermano Pedro, a María Álvarez y Ender Fula, y una pléyade de personas luchadoras, mantuvieron incólume una vanguardia patriótica en toda la Costa Oriental del Lago Maracaibo, aupando al movimiento obrero de conciencia clasista y el movimiento cultural que se aferraba a la creación de espacios libertarios e igualitarios en una mejor sociedad.

En esa perspectiva se atrevieron a rescatar para el pueblo humilde aquellos derechos que el sistema bipartidista negaba a las mayorías. Uno de ellos sin duda, la vivienda, una de las carencias más sentidas de aquellos tiempos injustos.

El proyecto de El Golfito no sólo fue la recuperación de tierras urbanas por vía de la acción popular organizada, sino que, más allá de la mera ocupación del terreno, se concebía como la semilla de un nuevo paradigma civilizatorio que asumía la reivindicación social como construcción colectiva de nuevas relaciones humanas basadas en la solidaridad, la autodeterminación, la corresponsabilidad, conceptos que más luego formaron parte del proceso constituyente que dio origen a la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

Entender la comunidad con un sentido holístico, integral e integrador, implicaba la concepción de la autonomía ciudadana como elemento básico de la redención y el conocimiento como sendero de la formación del nuevo republicano pensado por Simón Rodríguez y su discípulo Simón Bolívar, Nuestro Libertador. Por ello la escuela debía ser toda la comunidad. El barrio como escenario para compartir saberes y gestar aprendizajes para alcanzar los más altos estadios de conciencia humanista, ecologista y transformadora.

Es así que desde el primer momento se implementan acciones comunitarias para darle vida a esa utopía: “la escuela es el barrio”. Visión perseverante de la profesora María Álvarez, por demás pionera que el propio Maestro Prieto Figueroa llegó a alabar como modélica. Esta fue una de las causas justas a las que Teórgido Rincón consagró sus esfuerzos como bastión fundamental del liderazgo social emergente en la Cabimas de los ochenta.

Líderes nacionales como José Vicente Rangel y regionales como Luís Hómez dieron su concurso en pro de esta lucha emblemática en los anales de la historia revolucionaria en el Zulia.

Teórgido asumió también el combate en espacios electorales en llave con Douglas Querales, llegando a ocupar responsabilidades en la estructura institucional del municipio en representación de la izquierda cabimense.

Llegado el tiempo insurgente del 4 de Febrero de 1992, el llamado de la Patria contó con Teórgido Rincón entre los revolucionarios civiles que arriesgaron sus vidas por el despertar del pueblo bolivariano. Él es uno de esos héroes anónimos que escribieron la historia con los mayores sacrificios sin ser apenas reconocidos.

Por eso el recuerdo amoroso de quienes le conocimos y tuvimos el honor de luchar a su lado, debe ser llama eterna que lo consagre entre las páginas inmortales de las batallas de la Venezuela profunda por su libertad y su felicidad.  

El resto de la década de los noventa, Teórgido, junto al grueso de la militancia revolucionaria de la región, trabajó tesoneramente en la consolidación de un nuevo sindicalismo en la clase trabajadora petrolera y otras ramas industriales en la Costa Oriental del Lago, como parte de la estrategia de cuajar una fuerza revolucionaria capaz de tomar el poder y comenzar los cambios radicales que la Patria reclamaba.

Se sumó con entusiasmo a la campaña electoral presidencial al lado del Comandante Hugo Chávez y al Proceso Constituyente convocado por éste para refundar la República.

En varios municipios del Zulia, incluido su pueblo natal El Moján, hizo campaña por el Referéndum Consultivo del 25 de abril de 1999 para convocar la Asamblea Constituyente, luego para obtener el triunfo de elegir todos los Constituyentes por el estado, y la aprobación del pueblo el 15 de diciembre de la nueva Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

A comienzos del año 2001, su salud se había deteriorado en gran medida como consecuencia de una vida de exclusión, sacrificios, y precondiciones circulatorias incapacitantes. El 5 de julio de ese año, mientras trabajaba como vendedor informal en la población de Encontrados, municipio Catatumbo del estado Zulia, sufrió una crisis; en pleno traslado al Hospital de Mérida, fallecía ese gran luchador y buen compañero que fue Teórgido Rincón.

Sus restos fueron sepultados en el cementerio del Moján, donde a su entristecida familia se sumaron multitud de camaradas venidos de muchos lugares de la Patria.

Honor y gloria en su memoria.

 

Yldefonso Finol

Historiador Bolivariano

sábado, 24 de septiembre de 2022

LA NOCHE SEPTEMBRINA: TRAICIÓN Y ASESINATO EN LA HISTORIA DE COLOMBIA

 


El 25 de septiembre de 1828: historia de traición y asesinato en Colombia

 

Introito

¿Qué novedad podría agregarse a un tema tan lejano en el tiempo, que ha sido relatado en muchas obras escritas y audiovisuales? La respuesta: un análisis histórico-jurídico.

Propondré en este artículo un nuevo enfoque que trabaja cuatro hipótesis:

-       Que la culpabilidad de Santander en el intento de magnicidio contra El Libertador durante la noche del 25 de septiembre de 1828, no sólo quedó demostrada en el juicio sumario llevado impecablemente por el General en Jefe Rafael Urdaneta, sino también en las declaraciones y actuaciones posteriores del traidor.

-       Que más allá de la envidia enfermiza que Santander engendró contra Bolívar, la acción criminal de esa noche fue concebida como parte de un plan político para revertir los contenidos emancipatorios, igualitarios y antiimperialistas de la revolución de independencia concebida por El Libertador.

-       Que este movimiento retrógrado pro oligárquico y pro imperialista, es el mismo que ejecuta en Berruecos el vil asesinato del Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, inaugurando la práctica terrorista del sicariato y las masacres aplicada hasta la actualidad contra quienes representan en Colombia la opción popular progresista.

-       Que al tomar el poder tras la muerte del Padre de la Patria, este grupo de megalómanos serviles de la Doctrina Monroe, aplicó el terrorismo de Estado contra el pueblo trabajador de la ciudad y el campo, favoreciendo la acumulación de las tierras y las riquezas en muy pocas familias oligarcas, mientras en el plano internacional servía como peón de los peores intereses estadounidenses. 

Reitero sí, que lo repetitivo pero necesario respecto de esta fecha, es nunca olvidar el suceso por constituir una marca muy profunda en el devenir de los pueblos de Nuestra América, que debería ser estudiada en todos los niveles educativos para que cada nueva generación comprenda la podredumbre espiritual que representa la traición, y las consecuencias nefastas de mezclar el delito de asesinato con las ambiciones de poder. 

I

Santander tuvo tres versiones sobre su vinculación al suceso de la “Noche Septembrina”, en que se intentó asesinar al Libertador Simón Bolívar:

-       Primero dijo que no sabía nada del complot.

-       Cuando algunos testigos manifestaron haberle informado el plan al susodicho, entonces dijo que si supo algo pero que se opuso…

-       Luego que las evidencias lo fueron acorralando, fue soltando fragmentos de veracidad como ese de haber sugerido que no era el momento oportuno y que mejor pospusieran la acción hasta después de emprender su viaje a Estados Unidos, para que no se pensase que él tenía algo que ver...¡vaya descaro!

Lo que no hizo fue cumplir su deber ciudadano, ni su obligación de militar y funcionario diplomático recién nombrado por el Gobierno Bolivariano. Porque Santander decía en privado objetar la dictadura (en la acepción romana) impuesta circunstancialmente por Bolívar, pero no se negó a aceptar ufano que esa “dictadura” lo nombrase embajador ante el gobierno gringo.

Un individuo tan soterrado y ladino, que nunca fue frontal sino intrigante, acostumbrado a usar plumíferos imberbes como espadachines entintados para verter opiniones ocultas, apenas se atrevió a mostrar sus verdaderos sentimientos al confirmarse la muerte del Libertador.

Otra fábula que pretendió argumentar hablaba de una supuesta carta anónima enviada por él a Bolívar advirtiendo de la inminente conspiración. Todo un creativo de la farsa el señor. En el viaje a la costa Caribe para salir expatriado, sostuvo este diálogo donde el oficial italiano que le acompañó y que reportaba a Manuela Sáenz los pormenores del recorrido, lo interpela sagazmente:

-       Montebrune. “Y sabiendo usted que se intentaba contra la persona que sostiene la república, deduzco que conocía fácilmente que se seguiría la destrucción del edificio; era, pues, un deber de usted delatar claramente al gobierno el plan que se formaba para lograr su exterminio, y este deber es tanto más positivo cuanto que usted, además de ser un general, acababa de recibir de su excelencia las pruebas de la más alta confianza con el destino que se le había conferido”.

-       Santander. “Siempre he creído que todo delator se envilece”.

-       Montebrune. “Mas no se envilece aquel ciudadano que salva a su patria; además yo, en lugar de usted, nunca aduciría o diría tal cuento de anónimo, porque usted sabe que en el reglamento de correos hay un artículo, y creo que no está anulado, por el cual se previene que todas las cartas que se introducen en el buzón y son dirigidas a individuos que habiten el lugar, deben quemarse y no dárseles curso; ahora mucho menos a una dirigida a su excelencia, por mil razones que no acabaría nunca de explicar si me pusiese a detallarlas”.

-       Santander. Yo ignoraba tal cosa (¿Cómo así? ¿el “Hombre de las Leyes” ignoraba un simple reglamento?), y como observé el silencio de París que me invitó la noche del 23, toqué el mismo negocio aunque en términos generales y Herrán estaba presente.

-       Montebrune. ¿Usted dijo a Herrán y a París el contenido del anónimo?

-       Santander. “No, pero les hice entender que estábamos amenazados de una revolución, y París despreció mi proposición, riéndose de ella, sabiendo sin embargo yo que hablaba de buena fe”.

-       Montebrune. Señor, todas estas razones lo hacen a mis ojos más criminal; usted perdió la ocasión de probar a Colombia que desea su felicidad; usted tuvo en sus manos los medios de destruir la larga serie de cosas que se han escrito sobre usted y de dar pruebas al Libertador de que era digno de su confianza.

-       Santander. “Yo jamás creía que los conspiradores fueran capaces de llevar adelante tal locura”.

-       Montebrune. ¿Y por qué les daba consejos?

El análisis de esta personalidad tan ponzoñosa queda para más estudio y reflexión. El derecho penal de todos los tiempos le señala por actuar con simulación, saña, alevosía, nocturnidad, y reincidencia.

II

Debo hacer una advertencia previa como investigador de procesos históricos: desde que fue captado por el aparato de inteligencia yanqui, Santander no trazaba línea sin calcular su efecto en el futuro, y en las comunicaciones con sus cómplices utilizó codificaciones y palabras claves cuyo significado sólo ellos manejaban; también está comprobado que ordenó el robo de correspondencia de Bolívar y de leales bolivarianos como Lara, Urdaneta, Manuela; y usó a expertos falsificadores para adulterar documentos, por lo que ninguna carta de algún prócer –especialmente las de Bolívar- proveniente de su archivo personal es confiable; lo más seguro es que haya sido manipulada con la agregación de alguna frase inadecuada para el remitente o favorable al tenedor.

Dicho esto, pasemos a revisar algunas expresiones que reflejan el odio exhalado por Santander contra el hombre que lo sacó del anonimato y lo subió con generosidad sincera al carruaje de la Historia.

La noticia de la muerte del Libertador es recibida por Santander el 1º de marzo de 1831 en Génova, Italia. Al día siguiente escribe a Francisco Soto con despreciable cinismo: “muerto Bolívar, ya no queda ni pretextos para estar echando abajo las constituciones y nombrando dictadores”. A Vicente Azuero, le habla con abierta fruición: “¿Con que al fin murió don Simón? El tiempo nos dirá si su muerte ha sido útil o no a la paz y a la libertad; para mí tengo que no sólo ha sido útil, sino necesaria”. Son las palabras de un asesino. Luego a Herrán, en otra fecha desde Londres: “la muerte del general Bolívar ha allanado los dos tercios del camino para resolver (diferencias políticas) sin acudir a las armas”.

El tiempo lo desmintió categóricamente: la muerte de Bolívar y el ascenso de esos canallas al poder, sólo trajo ausencia de paz y libertad al pueblo colombiano, que aún hoy es masacrado por las armas, habiendo sufrido dos siglos de indetenible guerra interna.

¿Con quiénes gobernó Santander al regresar a Bogotá, luego que Estados Unidos cuadrara su llegada triunfal como (sub) presidente de la Nueva Granada?

Al primero que premió con el cargo de Ministro de Guerra fue al asesino de Sucre. El 1º de junio de 1830 los santanderistas publicaron una arenga al magnicidio contra el Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre: “Puede ser que Obando haga con Sucre lo que no hicimos con Bolívar”. ¿Díganme si esto no es una apología del magnicidio?. El periódico de los sicarios ostentaba el nombre de “El Demócrata”. Son los mismos matones de septiembre 1828 y junio 1830 que hasta hoy se hacen llamar “demócratas”. La lista sigue con Azuero, los “Pachos” Soto y González, Lorenzo María, el primero de la antivenezolana familia Lleras, y una pandilla de asesinos en serie, antecesores de tipos como el alias “Popeye”, típicos en la Colombia secuestrada por ese santanderismo.

III

En la acera de la justicia y el honor, perfectamente hilada con las razones y evidencias que hemos expuesto, estuvo la Sentencia de Urdaneta, en cuyo numeral 3º dictaba:

-       Que el expresado general no sólo se manifiesta sabedor de una conspiración, sino también de aconsejador y auxiliador de ella, sin que pueda valerle de ningún modo el que no haya estado en su ánimo la conspiración del 25, pues él mismo confiesa haber aprobado una rebelión, y aun haber aconsejado los medios de realizarla por el establecimiento de la sociedad republicana, circunstancia que le califica de cómplice en la conjuración del 25, pues poco importa para su defensa que haya estallado en aquél día o en cualquiera otro la revolución que aconsejaba y caracterizaba de justa, porque lo que se deduce es que abortó su plan por la opinión del capitán Benedicto Triana, cuyo acontecimiento no dio lugar a que se efectuase cuando el general Santander se pusiese en marcha para los Estados Unidos del Norte, según él lo deseaba. Por estos fundamentos, y lo más que resulta de cierto, se concluye que el general Francisco de Paula Santander ha infringido el artículo 26 del tratado 8, título 10, de las ordenanzas del ejército, que impone pena de horca a los que intentasen una conjuración, y a los que sabiéndola, no la denunciaren; ha infringido el artículo 4 del decreto de 24 de noviembre del año 26, por el que se prohíben las reuniones clandestinas; y con más eficacia el decreto de 20 de febrero del presente año contra los conspiradores. En esta virtud se declara que el general Santander se halla incurso en la clasificación que comprende el segundo inciso del artículo 4 de este último decreto, y se le condena, a nombre de la República y por autoridad de dicho decreto, a la pena de muerte y confiscación de bienes en favor del estado, previa degradación conforme a ordenanza; consultándose esta sentencia para su aprobación o reforma con su excelencia el Libertador presidente.

La consulta implicó que el Consejo de Ministros sugiriera la conmutación de la pena por el exilio, y Bolívar, siempre elevado por encima de las miserias humanas, pensando en no echar más leña a la hoguera donde se avivaban rivalidades xenófobas contra los venezolanos fieles al Proyecto Bolivariano, lo aprobó, aunque después tuviera que exclamar: “Yo he conservado el título de magnánimo y la Patria se ha perdido”, reconociendo amargamente la imprudencia de “haber salvado a Santander”.

Y para más detalles de lo acontecido aquella noche trágica para la historia ejemplar que se venía escribiendo de la mano del Gran Genio de América, dejemos que sea Manuela Sáenz, quien nos relate lo sucedido, de primera mano:

-       “Serían las doce de la noche cuando latieron mucho dos perros del Libertador, y a más se oyó un ruido extraño que debe haber sido al chocar con los centinelas (...). Desperté al Libertador, y lo primero que hizo fue tomar su espada y una pistola y tratar de abrir la puerta. Le contuve y le hice vestir, lo que verificó con mucha serenidad y prontitud. Me dijo: “Bravo, vaya, pues, ya estoy vestido; y ahora ¿qué hacemos? ¿Hacernos fuertes?” volvió a querer abrir la puerta y lo detuve. Entonces se me ocurrió lo que había oído al mismo general un día: “¿Usted no dijo a Pepe París que esta ventana era muy buena para un lance de estos?” “Dices bien”, me dijo, y fue a la ventana. Yo impedí el que se botase, porque pasaban gentes, pero lo verificó cuando no hubo gente, y porque ya estaban forzando la puerta. Yo fui a encontrarme con ellos para darle tiempo a que se fuese; pero no tuve tiempo para verle saltar, ni cerrar la ventana. Desde que me vieron me agarraron: “¿Dónde está Bolívar?” Les dije que en Consejo, que fue lo primero que se me ocurrió; registraron la primera pieza con tenacidad, pasaron a la segunda, y viendo la ventana abierta exclamaron: “¡Huyó; se ha salvado!” Yo les decía: “No, señores, no ha huido, está en el Consejo”. “¿Y por qué está abierta la ventana?” “Yo la acabo de abrir porque deseaba saber qué ruido había”. Unos me creían y otros no. Pasaron al otro cuarto, tocaron a cama caliente, y más se desconsolaron, por más que yo les decía que estuve acostada en ella esperando que saliese del Consejo para darle un baño (…). El Libertador se fue con una pistola y con el sable que no se quien le había regalado en Europa. Al tiempo de caer en la calle iba pasando su repostero y lo acompañó. El general se quedó en el río (bajo las arcadas del puente del Carmen) y mandó a éste a saber cómo andaban los cuarteles; con el aviso que le llevó, salió y fue para el Vargas (al cuartel del batallón Vargas) (…). Por no ver curar a Ibarra me fui hasta la plaza, y allí encontré al Libertador a caballo, entre mucha tropa que daba vivas al Libertador. Cuando regresó a la casa me dijo: “Tu eres la Libertadora del Libertador” (…). Su primera opinión fue que se perdonase a todos; pero usted sabe que para esto tenía que habérselas con el general Urdaneta y Córdoba, que eran los que entendían en estas causas”. (Carta a O’Leary, 10 de agosto de 1850)

A juzgar por los hechos recientes, a 192 años del crimen histórico, podemos concluir que el régimen antibolivariano surgido de aquellas traiciones, es culpable de haber impuesto la cultura de la muerte como fuente de poder y de riqueza.

Los pueblos tenemos la palabra. Bolívar espera justicia, reparación y –sobre todo- que sus sueños de máxima felicidad, truncados por la manada sanguinaria, se hagan realidad.