martes, 18 de agosto de 2026

RÉQUIEM PARA ALEXANDER MARÍN


 

RÉQUIEM PARA ALEXANDER MARÍN

Reposa ya amigo solitario que desanudaste amarras terrenales.

Un pueblo sembrado en el pasado seguirá siendo tu hogar. Entre luces y sombras tu universo onírico se detendrá en el arenal, allí donde se recrea un nacimiento legendario, pero que realmente habitan espíritus raigales hospedados en vasijas milenarias de la trascendencia.

La vida encarcelada en el sistema del egoísmo nos lanzó como débiles semillas voladoras a merced del viento. Nos desperdigamos cada cual por una prisión de asfalto y hormigón sin la dulzura del retorno ni la salvación de materializar las nostalgias. El poderoso destino -algo que no existe pero que nos marca según una multitud de crédulos- descuartizó sin piedad la comuna originaria amasada de arcilla y sudor.

Fuimos una colmena de causalidades apedreada por el ayer que nos precedió, que domesticaba nuestro presente que ya no es. Fuimos irreverentes al hastío. Nos rebelamos contra eso que se mostraba intocable: la normalidad.

Y vos oficiabas la conversa eutópica describiendo alguna futurología con el cigarrillo como lápiz que trazaba bocetos etéreos en un rincón del mundo tejido de varas de mangle y esteras de enea.

Querías que toda la audiencia se enterara de esa noticia cultural que tal vez sólo a vos te importaba, pero la comunicabas con un cándido optimismo que hacía soñar a algunos muñecos de piedra. También le dabas vida -un poco de la tuya- en guiñoles precarios, a títeres de papel apelmazado con goma escolar y trapos desechados, como terminamos todos en algún recodo del camino global privatizado.

Entonces tu historia será lo que seamos capaces de sacar de las memorias. Habremos de hurgar en las vivencias compartidas, tratando de adivinar los colores y movimientos de aquellos días inasibles, intransferibles, insalvables, imposibles.

Habrá muchas versiones, la oralidad vecinal que te sobrevive irá colocando capas sobre capas de crónicas sin libelo que las compendie. Ni el moho ni las polillas tendrán morada o alimento. Sólo estará en el escenario de hamaca bajo un cují, el guion para ese monólogo que fue soliloquio, cuando debió estar colmado el aforo con las querencias que vos multiplicabas a fuerza de soledades.

Porque voz, Alexander Marín, compañero, hermano de la vida, congregabas la amistad en derredor, mientras tu energía sentipensante iba tras una cabellera de noche, en un cuerpo grácil, alto y delgado, que te imantaba y te hacía huidizo como un éter adormecedor. Esa muchacha que se instaló en tu mirada como iris de la melancolía.

Fuiste capaz de amar todos los tiempos, amar todas las gentes, sorteando, a veces con estoicismo, las emboscadas del desaliento. El pesimismo que atacaba cada flanco de tu andar, que parecía apoderarse irremisiblemente de la existencia, no venció tu obcecado optimismo que ver cada nuevo día el amanecer y lanzarte como buchón esperanzado a las aguas insospechadas de la cotidianidad. Tuviste ese poder cuando otros te creían débil. Es un enigma que quedará escondido en las hojas del libro que te llevaste entre las cejas.

Siempre te gustaron los libros, aunque tu naturaleza -como herencia ancestral- fue la oralidad. En los colegios que amaste, en el liceo que viviste intensamente, en la universidad que hiciste tuya, se escuchará el eco de alguno de tus relatos. La prensa extrañará el tecleo que hacía vibrar las cenizas esparcidas por las salas de redacción. Todo tras tu viaje será conjugado en pretérito pluscuamperfecto. A partir de ahora, nuestra pequeña historia de muchachada pueblerina que se atrevió a soñar, que retó a las injusticias que venían de lejos con su intocable carga de inevitabilidad, de designio divino, será contada con el tamiz nebuloso del olvido que no cesa de carcomer nuestra invisibilizada ancestralidad.

Contra la tristeza resistiremos. En ello dejaste un legado de lecciones, silentes, andantes, conmovedoras. Regalar sonrisas te cultivó afectos inesperados. Generosidad como proyecto de humanidad que parece derrotada en este tiempo de avaros y matones impunes. Dispararemos tu sencillez contra esos desalmados. Tu redención no vendrá del despacho de un burócrata. Tu liberación será la metralla de risas que un ejército de niñez multicolor regará como llovizna para apagar la hoguera sangrienta de los genocidas.

Del agua venimos y hacia el agua vamos. Allí está el mar, detrás del archipiélago que vimos como juguetes del ensueño desde nuestra orilla de río y lago. Somos de ese triángulo estuarino, delta que rompe espacios para crear paraísos de humedales, laguna de lunas, manglares de raíces acuáticas y aéreas, como nuestras ilusiones, paseando con los cangrejos que nos miran de reojo retrocediendo a la madriguera oscurita y fresca.

Así te imagino amigo del alma, en una canoa de un solo navegante, con una vela brevísima y traslúcida, dejándose llevar por los alisios al paraje de la creación inagotable. Te veo sonriente, como en una función de títeres, una obra de teatro, pintando un mural, disfrutando un recital de décimas, saludando los palafitos a tu izquierda, y escondiéndose, tras la línea colorada del horizonte, el sol que se acuesta en el ocaso, esperándote para leer tus poemas y abrazar tu corazón eternamente.

 

Yldefonso Finol

1 comentario:

  1. Alexander gran amigo y camarada , fuiste consecuente con tus ideas , hasta la victoria siempre

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