viernes, 21 de agosto de 2020

ELECCIONES AN 2020


 

Elecciones legislativas: una agenda por la soberanía y la paz de Venezuela

 

Introito

Dos reflexiones esenciales

-       Aunque en Venezuela el voto no es obligatorio sino un derecho que se ejerce en forma voluntaria, hay que decir sin embargo, que la abstención coercitiva intentada por el sector fascista de la oposición, provocando situaciones irregulares atentatorias del orden público, constituye un delito, puesto que le niega el libre desempeño democrático a la mayoría que desea ejercerlo; más aún, si en esa táctica desestabilizadora, estos factores incurren en la promoción de la intervención extranjera en nuestros asuntos soberanos.

-       El debate ideológico en el seno de las fuerzas patrióticas es bienvenido, nunca lo debemos evadir ni estigmatizar, no obstante, consideramos que no es el mejor momento para atizarlo en medio de la actual coyuntura electoral, por dos razones: a) porque adquiere un indeseable tufo electorero, aunque no sea esa su motivación; b) porque se entra en el lenguaje descalificador dándole armas al enemigo que no diferenciará entre unos y otros al momento de destruirnos.

I

Valoración histórica

La inminente realización de elecciones legislativas es un logro político de gran significación para la legitimidad democrática y el reconocimiento internacional de la institucionalidad republicana de Venezuela. Realizar estos comicios es un triunfo frente al imperialismo y sus lacayos que apostaron a derrocar en “seis meses” al gobierno constitucional, y se jugaron casi todas las cartas conspirativas causando grandes sufrimientos a nuestro pueblo y violaciones inaceptables a nuestra soberanía.

La convocatoria obedece al mandato constitucional de renovar el Poder Legislativo cada cinco años, y tienen como paso previo la designación del nuevo CNE como máxima autoridad electoral del país, al que corresponde organizar el proceso comicial en todas sus fases.

Se producen estas votaciones en medio de dos problemáticas particularidades: la guerra mutante que ejecuta Estados Unidos contra Venezuela, y la pandemia del Covid-19. Son circunstancias especiales que ameritan sumo cuidado con los aspectos tácticos y operativos, sin descuidar la visión estratégica. La fuerza patriótica tiene un reto enorme al acudir a la contienda sin descuidar el más importante frente de masas: el Gobierno.

El acostumbrado despliegue militar en fase previa y post electoral será un importante disuasivo para cualquier aventura fraguada por el enemigo. La división de la oposición en tendencias aparentemente irreconciliables en el corto plazo es una ventaja política para nuestra causa. La organización de los factores patrióticos refuerza esa ventaja como garantía de movilización y cuidado del voto. Pero no debemos incurrir en actitudes triunfalistas y muy por el contrario, deberíamos realizar el máximo esfuerzo para que cada patriota sea un voto efectivo. Una alta abstención no es conveniente a los fines estratégicos de esta jornada. El sufragio esta vez se nos presenta como acto de fe por la defensa de la Patria.

La coyuntura no dejará tiempo para debates internos sobre concepciones ideológicas y estilos partidistas, menos para aspectos críticos del proceso, lucirían inoportunos por decir lo menos. Tampoco queda espacio para participación y protagonismo de la militancia de base, siendo preciso aplicar métodos selectivos por la dirección a muy alto nivel. Aunque no es lo deseable, estamos obligados a la confianza y la unidad. Esto es irreductible.

Se nos presenta el tremendo reto de reconocer, en medio de la campaña electoral, el surgimiento de divergencias entre destacamentos del campo revolucionario; ahora bien, indistintamente de la altisonancia de la discusión, ella no debe traducirse en un debilitamiento de nuestra opción de triunfo, al contrario, la diversidad de candidaturas debería servir al surgimiento de alternativas capaces de encauzar militancias inconformes. Se invocaría la máxima dialéctica “unidad en la diversidad”: coincidentes en lo estratégico, divergentes en lo táctico. Pero respetándonos como compatriotas.

Desde la Doctrina Bolivariana esta característica frecuente en la izquierda tiene su antídoto en la consigna “Unidad, unidad, unidad, debe ser nuestra divisa”.

II

El entorno hostil

El enemigo externo no está en condiciones para atacarnos de frente y con todo. Lo seguirá haciendo a través de medidas coercitivas y mercenarios, para lo que cuenta con el narcofascismo colombiano y demás cipayos, que no debemos subestimar por su maligna capacidad de hacer daño.

Un grupo de altos funcionarios del aparato de guerra de Estados Unidos acaba de visitar Colombia para hablar con el gobierno de ese país sobre Venezuela. El asesor de seguridad nacional Robert O’Brien, el jefe del Comando Sur, almirante Craig Faller, el asesor especial de Donald Trump para el Hemisferio Occidental, Mauricio Claver-Carone, acompañados por el embajador Philip Goldberg, integraron la comitiva. Buscan lavarse las caras con una caricatura del desastroso Plan Colombia.

El escenario del cónclave tuvo de fondo tres telones: el proceso eleccionario para presidente gringo en noviembre, muy enredado para la aspiración reeleccionista de Trump; la derrota del plan de instaurar un supuesto “gobierno interino” con la inminente renovación de la Asamblea Nacional de Venezuela, y el naufragio del cuestionado gobierno anfitrión, con su jefe político enjuiciado, y abrumados por las crecientes evidencias de su criminal fuente de poder: narcotráfico y paramilitarismo.

La confrontación internacional por imponer la hegemonía imperialista se tiñe de peligrosa demagogia en medio de la desesperación de Donald Trump por mantenerse en la Casa Blanca. Así lo vemos amenazante contra China y Rusia, coqueteando con Israel, agresivo con Irán; arrogante, pragmático y oportunista en América Latina y el Caribe. La Unión Europea, disminuida por la salida del Reino Unido, se hace eco de la patraña contra Venezuela, mientras ocupa militarmente Líbano tras la trágica explosión en Beirut, y mueve tropas en Polonia y Lituania cerca de la frontera de Bielorrusia, donde desconocen la reciente elección favorable al presidente Alexander Lukashenko.

Ya no cabe duda que la estrategia geopolítica en Oriente Medio es la destrucción de los Estados para reinar en el caos, apoderándose de los recursos naturales de los pueblos a través de mecanismos criminales que remedan con sofisticados mecanismos la piratería del siglo XVII.

Para el caso venezolano, se incorporan como elementos conflictivos, el añejo asunto de nuestra Guayana Esequiva y las múltiples problemáticas generadas en la extensa frontera con Colombia, a través de la cual juegan a embarrarnos en el narcotráfico mientras se llevan el combustible, lanzan incursiones mercenarias y permean el Covid19.

Si el uribismo, entendido como fase superior del santanderismo, credo y adicción de los sectores más atrasados de Colombia, acorralados moralmente como están, se atreve a desatar una agresión armada contra Venezuela por instrucciones de Estados Unidos, las fuerzas bolivarianas en cualquier lugar donde se hallen deben actuar contundentemente sobre los intereses oligárquicos-imperialistas y puntos neurálgicos del enemigo.

La humanidad debe saber que nos enfrentamos a criminales atroces, mismos que en días recientes han cometido masacres contra pueblos indígenas y jóvenes indefensos, que han asesinado setecientos líderes populares durante el gobierno de Duque, que hicieron trizas los acuerdos y diálogos de paz, que son los mayores productores de cocaína del mundo, que encubren a militares violadores de niñas indígenas y ofrecen impunidad a tropas gringas culpables de trata de personas y agresiones sexuales a mujeres, que han impuesto un gobierno ilegítimo con dineros de las drogas.

Venezuela sabrá responder por la dignidad bolivariana. Deben recordar que aquí se libró hace 521 años el primer combate de resistencia a la invasión colonialista en agosto de 1499 y se dio el primer grito de Independencia de este continente, y aquí nació El Libertador Simón Bolívar a quien los imperios de antes y de hoy no han podido derrotar.

 

III

Agenda de prioridades de la nueva diputación

El perfil del liderazgo requerido para la función parlamentaria en estas circunstancias nacionales, tiene que combinar varias condiciones, entre las que podemos mencionar: lealtad absoluta con la soberanía e independencia de la patria; compromiso histórico con la clase trabajadora, la ética bolivariana, la liberación nacional y el socialismo; adecuada formación política-ideológica y nivel cultural suficiente para enfrentar los grandes debates de ideas y proyectos que requiere el país; experiencia en luchas populares y escenarios políticos.

La agenda del Poder Legislativo pasa por consolidar una mayoría patriótica que asuma con carácter prioritario y punto de honor:

-       La defensa de la soberanía nacional frente a la injerencia imperialista, en el sentido que la primera garantía de todos los derechos humanos de nuestro pueblo es tener una Patria independiente.

-       La consolidación de una política internacional de solidaridad popular que contribuya al sostenimiento de la paz regional y el Equilibrio del Universo, como bienes intangibles superiores, sin los cuales, no será posible la construcción de una mejor humanidad.

-       Abrir cauce a un amplio diálogo nacional-popular por la Patria Buena, con la profundización efectiva del carácter participativo y protagónico de la democracia venezolana. Generar consensos para contribuir a la gobernabilidad y definición de políticas públicas de empoderamiento ciudadano, ante el agotamiento del modelo asistencialista-paternalista castrador de la autogestión del poder popular.

-       Impulsar la recuperación de la economía nacional con un enfoque productivo y solidario. Debemos debatir asuntos trascendentes para la República: reafirmación de la propiedad y administración de los activos nacionales (quién decide sobre los ingresos petroleros y quién controla su destino). El modelo aplicado deja en muy pocas manos el manejo de la mercancía de que depende todo el país. Por eso un puñado de corruptos pueden hacer lo que les venga en gana con total impunidad, desmantelar PDVSA y empresas eléctricas o mantener fuera del país inversiones gigantescas como CITGO sin generar ni empleos ni desarrollo endógeno, ni valor agregado nacional. Un negocio que nunca debió hacerse y que ya hecho, no debió mantenerse en el marco de una revolución bolivariana. El resultado a la vista de lapa y cachicamo.

-       Revisar el modelo según el cual tenemos una fuerte burocracia fiscal, pero débil o inexistente para defender los derechos de usuarios y consumidores.

-       Urgente discutir con el país una política criminal que ponga freno a la corrupción. Activación del poder moral bolivariano a través de mecanismos de control fiscal ciudadano.

-       Urgencia legislativa para elaborar un programa de recuperación gradual del nivel adquisitivo del salario y demás garantías sociales del pueblo trabajador

Más allá de la pandemia, las elecciones y –en medio de- las amenazas imperialistas, ha de llegar el momento de abrir un debate serio sobre la caracterización del Estado y la concepción de la economía en la Revolución Bolivariana. Nadie crea que será fácil. Son asuntos fundamentales sin los cuales la revolución parece andar a tientas entre penumbras.

Permítanme terminar parafraseando a León Felipe: porque no es lo que importa llegar primero y a prisa, sino llegar con todos y a tiempo.

 

Yldefonso Finol                                       

Economista e historiador bolivariano

jueves, 13 de agosto de 2020

Bicentenario del Pronunciamiento Independentista de Maracaibo


 

Bicentenario del Pronunciamiento Independentista de Maracaibo

28 de enero de 1821 / 28 de enero de 2021

El Cronista de Maracaibo

Al Presidente de la República Bolivariana de Venezuela Nicolás Maduro

Al Gobernador del estado Zulia Omar Prieto

Al Alcalde de Maracaibo Willy Casanova, y demás autoridades de todos los municipios

Al Poder Popular, a las instituciones educativas y culturales, a la sociedad civil

A toda la colectividad

 

¡Conmemoremos el Bicentenario de Nuestra Independencia del Imperio Español!

 

El venidero 28 de enero de 2021 se cumplirán doscientos años del pronunciamiento de la Provincia de Maracaibo a favor de la Independencia y su incorporación autónoma a la República fundada por el Presidente de Venezuela, Libertador Simón Bolívar, a través del Congreso de Angostura, con el nombre original de Colombia, que incluía los territorios del Virreinato de la Nueva Granada (con el istmo de Panamá) y la Gobernación de Quito (actual Ecuador).

Este acontecimiento histórico de gran trascendencia contó con el protagonismo principal del Prócer Rafael Urdaneta y una pléyade de patriotas maracaiberos que dieron al traste con el régimen colonial impuesto en la región del Lago desde la derrota de nuestros ancestros añú liderados por el Cacique Nigale en 1607.

El pronunciamiento soberanista del Cabildo y el Comandante de la Plaza, y la simultánea presencia de la fuerza destacada por Urdaneta para resguardar a la población de las represalias realistas, significaron el reinicio de los movimientos militares que desembocaron en la Batalla de Carabobo, el triunfo de la independencia venezolana, la consolidación de Colombia como núcleo del gran Proyecto Bolivariano que aspiraba confederar la América de habla hispana en una sola Patria libre y fuerte.

Nada casual que El Libertador Simón Bolívar le ofreciera a su entrañable compañero desde los días de la Campaña Admirable, Rafael Urdaneta, ser el primer Intendente del Departamento Zulia que el Congreso reunido en Cúcuta creara en sesión del 2 de octubre de 1821, quedando establecido en el Título I: De los departamentos, Artículo 1°, numeral 3: “El de Zulia, que se forma de las provincias de Coro, Trujillo, Mérida y Maracaibo”; y en el Artículo 2º numeral 3 se dispusiera que el asiento del Intendente fuese la ciudad de Maracaibo. De manera que la nomenclatura “Zulia” también está de Bicentenario.

Consideramos que la ocasión debe ser motivo de jornadas especiales, enmarcadas en la conmemoración nacional del Bicentenario de la Batalla de Carabobo, para el fortalecimiento de valores identitarios y patrióticos en la comunidad.

En tal sentido, sugerimos respetuosamente a las autoridades e instituciones, ir modelando la agenda conmemorativa con énfasis en los contenidos educativos y culturales dirigidos a la población estudiantil en todos sus niveles, así como empezar a diseñar los eventos que involucren al conglomerado patriótico del Zulia, en la mayor amplitud y diversidad de expresiones ciudadanas.   

En el ánimo de contribuir a la mejor realización posible de este merecidísimo homenaje a las luchas emancipatorias de nuestro pueblo, me permito emitir este recordatorio, toda vez que estamos conscientes de las múltiples ocupaciones que de ordinario reclaman la atención de nuestros gobernantes, más en la terrible situación pandémica que al amenazar la salud del colectivo, afecta toda actividad humana.

Este Cronista desea someter a la consideración de las autoridades ejecutivas y legislativas, y de la ciudadanía, dos propuestas que tienen el propósito de exaltar la condición patriótica del pueblo maracaibero y zuliano en general, reafirmándonos en los más sublimes valores de zulianidad y venezolanidad, que dan soporte espiritual y épico a nuestra amada nacionalidad e irrenunciable independencia:

1)    Instituir el 28 de Enero en Maracaibo y el Zulia como Día de la Emancipación Bolivariana, toda vez que en esa fecha la provincia abrazó el proyecto independentista presidido por Simón Bolívar, quien hizo el honor de visitarnos por vez primera en aquel año glorioso tras el triunfo en Carabobo.

2)    Declarar la última semana de octubre como Jornada Urdaneta: lealtad y gloria, para difundir la vida y obra del General en Jefe Rafael Urdaneta en todos los espacios educativos y laborales, como ejemplar figura de la Independencia Americana y el más leal bolivariano de todos los tiempos. 

Hago este modesto pronunciamiento para contribuir con la organización de las actividades especiales que realizaréis en el más alto espíritu bolivariano,

Atentamente,

 

Yldefonso Finol Ocando

Cronista de Maracaibo   

13-08-2020

FIDEL: LA DIGNIDAD INEXTINGUIBLE

 FIDEL

Para cualquier latinoamericano contemporáneo Fidel es simplemente otro más de la familia. Cuántas veces hemos tenido que oír algo acerca de él. Hablar de él. Leer algún texto suyo o sobre él. Verlo en pantalla. Sin duda es una imagen absolutamente familiar. Lo reconoce gente de todas las edades. Algunos no lo quieren, y parece normal que así sea después de casi cinco décadas de campaña en su contra. Lo curioso es que la mayoría lo aprecia.

El dos de diciembre de 1956 mi mamá tenía 17 años. Cuando yo cumplí los 15, el 9 de noviembre de 1974, siendo un precoz militante de la causa revolucionaria, ella me contó que en sus días de estudiante de bachillerato comercial, recolectaba monedas en un pote para enviárselas a los barbudos de la Sierra Maestra. Antes nunca le escuché hablar sobre alguna participación suya en asuntos de la política. Luego me acompañó en la militancia clandestina en el PRV.

Difícilmente se consiga una persona de la contemporaneidad con tanta historia en su haber como Fidel. Del Moncada al Socialismo del Siglo XXI, pasando por el Desembarco del Granma, la formación del Ejército Rebelde, la derrota de Batista y el establecimiento del nuevo gobierno, la unificación de los partidos y movimientos, la pérdida prematura de Camilo, la invasión imperialista por bahía de Cochinos, la declaración del Estado Socialista, la Crisis de los Misiles, la partida del Che, la solidaridad con África y los movimientos revolucionarios de América Latina y El Caribe, el proceso de rectificación de errores, el caso Ochoa, la caída de la URSS, la reafirmación del proyecto socialista, el período especial, la era Reagan-Tatcher, la globalización y el eterno bloqueo, cientos de ciclones y huracanes y todos los atentados hechos por la CIA para desaparecerlo, más la permanente campaña de difamación brutal hecha contra hombre alguno sobre la Tierra. Ese es Fidel: la verdadera historia de la dignidad. 

El pueblo cubano, tan patriótico y humanitario como es, parió de su seno al estadista más brillante del siglo XX y del XXI. Si la Madre Teresa de Calcuta dijo que ese hombre por donde pasaba irradiaba bondad y nuestro Julio Cortázar afirmó que sin la Revolución Cubana los latinoamericanos no tendríamos derecho ni a abrir la boca, nosotros no dudamos en sumarnos a la multitud que actualmente clama por la salud de Fidel y por la Soberanía de Cuba, porque lo que le pase a Fidel y a Cuba es un asunto de familia para cualquier indoamericano que se precie de tener dignidad.

Celebro la profunda amistad que ha cosechado Chávez con Fidel. Hermosa relación por el bien de los pueblos. Sé que los frutos apenas comienzan a asomarse, pero la fortaleza de esa alianza revolucionaria se extiende en el tiempo y seguirá dando aliento a las luchas y esperanzas de la gente buena.

La sola posibilidad de la desaparición física de Fidel partió al mundo en dos bandos, uno minoritario y vergonzante que salió a celebrar, y otro mayoritario que, en medio del pesar saca fuerzas para reflexionar sobre los destinos de la humanidad y la necesidad de ratificar nuestro compromiso con la construcción de un mundo mejor y una sociedad verdaderamente justa.

Porque Fidel fallecerá cualquier día, ojalá, aún lejano; lo que no desaparecerá nunca de nuestras vidas y nuestra historia, es ese ejemplo enorme e invencible de decoro y dignidad mayúscula, de fervor revolucionario y tenacidad, de solidaridad y sacrificio, de patriotismo y humanitarismo martianos que Fidel ha sembrado por todo el planeta y en todos los corazones.

3

Al difunto Jorge Mas Canosa se le empequeñeció el dedo índice de tanto golpearlo contra la mesa al momento de predecir, año tras año, la muerte de Fidel. “Este año si cae Fidel”, le decía a los crédulos afiliados de la Fundación Cubano Americana que él presidía y que ha sido la autora de muchas agresiones contra la isla, algunas evidentemente terroristas.

Una cosa realmente extraña en torno a los detractores de Fidel, es que a éste lo acusan de barbaridades que aquéllos si han protagonizado. Por ejemplo, a Fidel lo acusaron por varias décadas de fomentar el terrorismo en América Latina, y quienes ejercieron en verdad, de manera cruel y despiadada esa práctica deleznable, fueron sus eternos enemigos Luís Posada Carriles y Orlando Bosh, agentes del Gobierno de los Estados Unidos, que en 1976 hicieron explotar el avión de Cubana de Aviación que llevaba a jóvenes deportistas del equipo de esgrima.

¿No fueron, acaso, los más furiosos anticomunistas quienes impusieron el terrorismo de Estado a los pueblos del Cono Sur, con sangrientos Golpes de Estado y consiguientes dictaduras, hasta llegar a instaurar una transnacional del terror como fue la llamada Operación Cóndor que persiguió, torturó y asesinó a gente de izquierda en todo el continente?

Es la lógica fascista de la mentira repetida la que han querido imponer.

¿Qué no predijeron que sucedería tras la caída de la Unión Soviética? Se equivocaron porque no entienden ni entenderán la determinación histórica de un pueblo decidido a construir su destino sin tutelas imperialistas. Y es allí donde radica la mágica fortaleza y claridad de un liderazgo como el de Fidel, en que se apoya en la claridad y fortaleza de todo un pueblo unido y heroico.

Por eso hemos escuchado otra vez tantas babosadas de los ignorantes habladores de paja que colman la radio y televisión de este país. Vergüenza ajena me dio oír a un locutor entrevistando a uno de esos “internacionalistas” que han proliferado como el cadillo bobo, donde ambos se festejaban en la especulación de que Fidel estaba muerto. Cuidado y les pase lo que a Mas Canosa, que lleva diez años enterrado y Fidel allí, campante y triunfante.

No se han dado cuenta que en Cuba existe una vanguardia organizada que gobierna en equipo bajo directrices que son el resultado del debate de todo el pueblo. No se han dado cuenta que hay todo un pueblo gobernando y construyendo en forma conciente las bases de una sociedad futura, más justa, igualitaria, ecológica y humanista. El socialismo, que es lo que nos mueve a ser mejores cada día.

Estos anticomunistas de pacotilla se imaginaron una hecatombe en Cuba al anunciarse la salida de Fidel del Gobierno. Creyeron siempre que eso sólo ocurriría por el deceso del líder. Se imaginaron la isla disolviéndose en el mar como una pastilla efervescente. Se volvieron a equivocar. Ni Cuba se deshace ni se acaba la Revolución. Hoy menos que nunca.

Fidel, desde su lecho de merecido reposo, con la paz espiritual que da el deber cumplido y la satisfacción personal de saberse amado y admirado por todos los pueblos del mundo, especialmente por los nuestroamericanos, asume su nueva situación de adulto mayor con limitaciones de salud para ejercer las difíciles funciones públicas de un Jefe de Estado. Así de sencillo. Es la actitud lógica de un revolucionario que sabe perfectamente que más allá del ser individual está la historia. Y la historia por venir está llena de las enseñanzas de Fidel. Es lo que no entienden ni aceptan los escasos de humanidad, los pobres de espíritu que han soñado, ilusamente, con la muerte de un inmortal.

viernes, 7 de agosto de 2020

LA SECTA (fragmento)

 


Hace 50 años, un día como hoy, 7 de agosto de 1976, la célula del PRV-RUPTURA en la Sub-región Guajira, fue reprimida fuertemente por el gobierno de CAP I que buscaba desesperadamente al agente de la CIA William Frank Niehaus, retenido por un comando de acción revolucionaria. La población de El Moján fue tomada por dos camiones antimotines y 14 patrullas de la DISIP. Se ensañaron con el barrio añú Nazaret (nuestra sede pública), donde realizaríamos un acto político-cultural para dar a conocer el Movimiento Político RUPTURA. Allanaron muchos de nuestros hogares, llevaron varios compañeros detenidos, hubo varios torturados. Los que logramos evadirlo, bajo una plomazón nos echamos al lago y salimos por los manglares del delta del río Limón hacia zonas rurales, luego los apoyos nos llevaron a diferentes lugares del Zulia bajo medidas de seguridad. Hace medio siglo de esa pequeña historia. Y aquí seguimos. ¡La línea justa es, luchar hasta vencer! Honor y amor a aquella camaradería insurgente. Y. Finol ("El Indio")


Tomado del libro LA SECTA que escribí en los 90' y publiqué en una pequeña edición en 2011, dedicado a mi célula del PRV - RUPTURA en mi pueblo natal: Moján.

El 7 de Agosto

El siete de agosto de mil novecientos setenta y seis a las seis de la tarde había sido escogido por el equipo de trabajo de Ruptura para hacer pública nuestra identidad política hasta ahora camuflada entre círculos de estudio y cultura popular. Las instrucciones eran precisas. A las cuatro p. m. nadie debía estar en sus casas. Cada quien cumpliendo sus tareas donde el plan lo indicara. Fueron muchos días de tensión, de miedo. La represión del régimen ya no sólo amenazaba. Varios líderes de izquierda se hallaban detenidos, sometidos a torturas, perseguidos. Algunos fueron asesinados o desaparecidos. También murieron militantes juveniles en las protestas estudiantiles. El pretexto: la desaparición de un importante empresario norteamericano, Williams Frank Nihaus, presuntamente secuestrado por unos desconocidos Comandos de Acción Revolucionaria.

Por nuestro rancho habían estado merodeando unos personajes de baja ralea identificados como sapos del gobierno, soplones de oficio. Nosotros les mirábamos con simulada indiferencia, al fin y al cabo, estábamos dispuestos a ganarnos un espacio político propio como fuera y, a decir verdad, pese a que éramos apenas unos muchachos, la disciplina en que nos habíamos formado nos dotaba de una preparación psicológica adecuada para enfrentar este tipo de situaciones. Se nos había enseñado, no sólo que el riesgo formaba parte intrínseca de la causa que abrazamos, si no además, todos los detalles de cómo actuar en estas circunstancias. Por ejemplo era nuestra costumbre que si, al retrazarse un compañero por cinco minutos a un contacto previamente acordado, debíamos inmediatamente alejarnos del sitio del encuentro hasta un segundo lugar donde la espera sólo duraba el tiempo que tardáramos en verificar que el susodicho no estuviese allí. Del caso debíamos informar en el acto al superior responsable y proceder a enconcharnos, es decir, escondernos por un lapso prudente en una vivienda que generalmente debía reunir las siguientes condiciones: no conocida por los compañeros, alejada de los sitios que uno solía frecuentar, habitada por gente muy discreta preferiblemente ajena a la militancia, pero con claridad del servicio que estaban prestando. Así que los amagues de nuestros perseguidores no hicieron mucha mella en el extraordinario ánimo que exhibíamos en los días previos al siete de agosto. Tal como lo habíamos planificado, los afiches fueron elaborados con el mismo procedimiento con que hacíamos el famoso “Proletario”. Con sus gruesas letras rojas y negras, lucían retadores e insolentes en las pacíficas paredes del centro del pueblo.

Por ser sábado, la mañana comenzó más tarde. Mi calle estaba desierta a las seis de la mañana cuando salí para ir a reunirme con el grupo que tenía la tarea de concluir la improvisada tarima de varas de mangle que estábamos construyendo en el sector llamado Belén, que es la última escollera de Nazaret. No sé si habrá sido por la tensión nerviosa a que estaba sometido por todo aquello de salir a la luz pública como movimiento político abiertamente opuesto al régimen -que además pregonaba el socialismo como objetivo estratégico y para colmo llamaba a la gente a no votar, lo que legalmente era un delito político por la obligatoriedad del sufragio establecida en la Constitución- pero el aire amaneció pesado con tonos grises en las nubes y una modorra no común a una población generalmente activa y madrugadora. La única presencia evidente me la daba el exquisito olor a leña ardiendo y maíz cocido que provenían de casa de Irma, la señora que hacía las mejores empanadas. El calor si que se despertó con ánimos de trabajar. A esa hora la temperatura debía rondar los treinta grados, de modo que al mediodía nos estaríamos derritiendo como un molde de hielo expuesto al sol.

La plaza Bolívar está a tres cuadras al norte de mi casa, allí me esperaban los compañeros, fumaban y bebían café, que eran los únicos vicios tolerados en el partido, a los demás se les consideraba inaceptables debilidades ideológicas absolutamente antagónicas a los principios que profesábamos y a la disciplina que practicábamos. También por eso nuestros detractores de la plaza nos llamaban La Secta, porque para ellos éramos unos bichos raros que ni fumábamos hierba ni bebíamos licor ni íbamos a fiestas ni andábamos de pájaros bravos enamorando muchachas. Lo que hacía la mayoría de ellos.

Caminamos en dirección oeste por la calle acostumbrada las diez cuadras que habían de allí al Rancho. Casi ni hablamos. Al llegar recogimos las herramientas, martillo, alicates, un serrucho que nos prestaron nuestros amigos Los Papitas, expertos hacedores de canoas; cable de electricidad, cuerda, navaja, y un taladro que Medardo tomó prestado del taller de Tío Zenén. Ángel tenía todo arreglado, sólo que no pudo recibirnos con un cafecito caliente recién colado como de costumbre porque hace pocos días se apareció un tipo, un colombiano llamado Francisco o al menos eso dijo quien andaba por el barrio con una Biblia debajo del brazo predicando el evangelio y como no tenía donde vivir pasaba la noche entre las canoas menos mojadas o junto al tronco de una palmera, lo que provocó la espontánea generosidad de El Cochino y no se le pudo ocurrir otra cosa que llevárselo a pernoctar en el Rancho. Pues resulta que a los dos días de estar recibiendo las bondades de su anfitrión desapareció con los tres o cuatro enseres que teníamos incluido el aparato de sonido para las danzas y los títeres, y la estufa eléctrica con que el filántropo de Ángel solía prepararse sus alimentos. Desde entonces cuando veo un desconocido con una Biblia debajo del brazo y cara de yo no fui como la de aquel infeliz, arrugo la cara y pelo el ojo.

Los sucesos se desarrollaron en forma vertiginosa. Pasado el mediodía, cuando el sopor por la canícula solar azota los espíritus, una invasión de Novas amarillos hizo sucumbir la quietud de la tarde. Serían una docena o más de estos Chevrolet recién estrenados por la policía política, la DISIP, los que irrumpieron como caravana de terror por las escasas calles mojaneras.

Antecedidos por dos camiones antimotines repletos de gorilones vestidos de azul con sus características botas de cuero blancas, que entraron al pueblo -en particular al barrio Nazaret- golpeando a Raymundo y todo el mundo, los disipoles fueron aplicando su plan de manera sistemática. Allanaron varios hogares llevándose algunos detenidos y decomisando libros, documentos, casetes, discos y cuanta cosa les pareciera útil para acusarnos de subversivos. Quizás esperaban encontrar pistas sobre el paradero de Nihaus, el gringo secuestrado, pero debieron conformarse sólo con la música y la literatura ñángaras que metieron en sus sacos.

La otra decepción de los agentes represores fue que en vez de guerrilleros urbanos consiguieron artistas. Resulta que a nuestro acto de presentación venían a colaborar los compañeros del grupo musical Urupagua junto a miembros del teatro Gran Colombia y el poeta José Quintero Weir. Los agarraron a todos llegando a Nazaret en el autobús que los traía desde Maracaibo.

Los que estábamos en Belén terminando de armar la tarima fuimos los últimos en enterarnos de lo que pasaba al observar el montón de gente corriendo hacia nosotros y divisar a unos quinientos metros los camiones antimotines. Los policías parecían locos golpeando a quien se les atravesara y aún disparando contra los compañeros que optaron por lanzarse al agua y nadar para huir. Detonaron bombas lacrimógenas y repitieron sucesivos disparos de escopeta contra la gente común del barrio. También accionaron sus pistolas contra objetivos más precisos: los compañeros que nadaban en las turbias aguas del lago allí donde le penetra el cauce del río Limón.

Algunas de estas imágenes alcancé observarlas antes de que unos vecinos del lugar me terminaran de esconder debajo de unos sacos de maíz tras el mostrador del abasto que regentaban. Asfixiándome con el escaso aire que lograba inhalar, entre el peso del maíz y la repelencia del gas lacrimógeno, sentí ganas de quedarme dormido, y algo así debió ocurrir en algún momento, porque cuando mis humildes protectores me dijeron que ya podía salir, por segundos creí que despertaba de un sueño donde habían ocurrido los hechos que acababan de acontecer.

Rebobinar rápidamente y pasar a tomar decisiones en un santiamén me llevó a saltar apenas se abrió el portalón de la tienda, despedirme con un gesto de manos y correr entre manglar y salina. A cinco kilómetros de allí tenía papá una cría de vacas y cerdos. Calculé llegar antes del anochecer que era la hora en que él regresaba a casa. Le conté lo sucedido y le pedí ayuda. Molesto conmigo, me reprochó por el susto que estaría pasando mamá. Aún así, todavía le insistí en averiguar la situación de mis compañeros y en su camioneta azul me paseó por algunas calles donde ellos vivían, pero muy poco pudimos averiguar. A las dos de la madrugada, después de pasar por varios escondites y quitarme de encima la mugre del camino de fuga, el abuelo Nataniel, fue el encargado de evadirme. Iríamos a la costa sureste del Lago de Maracaibo: a Bachaquero.

 

Hacerse Hombre

La despedida fue confusa debajo del níspero frondoso que servía de techo a uno de los garajes de la casa de mis abuelos paternos. Casa de curioso concepto constructivo y una de las primeras con platabanda en la comunidad. Mi abuelo Luis Finol fue un hombre muy emprendedor. Tempranamente descubrió el potencial de la industria de la construcción en un país petrolero que recién despertaba a los arrebatos de la urbanización. Fundó empresa familiar trayendo piedras desde isla de Toas hasta la playa de Los Hornos, de su propiedad, y donde pasamos los mejores y más felices momentos de la infancia, adolescencia y más allá. Era nuestro particular parque de diversiones.

En la vieja residencia que llamábamos El Hatico montó el taller de elaboración artesanal de bloques. Los camiones entraban y salían a cada rato cargados de material hacia la ciudad de Maracaibo. Tuvo que ocurrir aquel terrible accidente en que un convoy del ejército le pasó por encima a Tío Heberto para que todo se viniera abajo. El segundo de sus hijos y primer varón, era el soporte operativo del negocio familiar. Entre el golpe afectivo y los gastos médicos, echaron al piso los esfuerzos pioneros de “Papá Luís”, como le decíamos sus numerosos nietos. Hombre recio como el que más, ante Luis Finol todos actuábamos con moderación y respeto soberano. Nunca aceptó las malas conductas. La honorabilidad era apenas un sencillo asunto de la cotidianidad. La palabra empeñada, razón a honrar sin derecho a las excusas.

Tal cual actuó cuando lo de la división del viejo Prieto Figueroa frente a la Acción Democrática de Betancourt y Gonzalo Barrios. Toda la familia lo siguió sin mayores discusiones. Entonces escuchamos aquellos encendidos llamados del maestro Prieto a la liberación nacional y el socialismo. Santas palabras.

Esa noche recordé mucho a mi abuelo que nos había dejado precozmente la primavera de 1971.

Papá no hablaba, sólo fumaba. Mamá lloraba sin lágrimas y me inundaba de bendiciones. Mi tío Tato me metió en la cintura del pantalón un viejo revólver 38 que él nunca usó. “Sobrino, ya que está metido en esta vaina, no se deje joder, que usted vale mucho”. Nataniel, padre de crianza de mamá y responsable de mi clandestino traslado, me retiró el arma y lo devolvió a su dueño con un presuntuoso gesto de poder: “Tranquilo Tato, que vamos armados hasta los dientes”, mientras le mostraba dos pistolas alzándose la guayabera amarilla.

Ya dentro del dodge coronet dos puertas, me ordenó sentarme en el puesto trasero y me entregó un cañón corto que guardaba en la guantera. “De aquí en adelante este es tu escapulario”, me dijo. Y agregó una dura frase que ya le había escuchado antes y que no me agradaba: “En las puertas del cielo, primero yo que mi padre”. Me recomendó además que me hiciera el dormido en las alcabalas, cosa que contradije al máximo sin proponérmelo, porque cuando llegamos al puente sobre el Lago de Maracaibo, me puse en guardia con los ojos pepones y apreté con la derecha el mango del revólver entre las piernas. El abuelo, avispado como era, mostró al guardia su credencial de funcionario del Ministerio del Trabajo y lo saludó con una jerga incomprensible sin detener el auto completamente.

Seguía oscuro cuando entramos a la casa del Campo Progreso. Abuela esperaba despierta y en actitud de alarma. Nos saludamos con un beso y rápidamente me llevó del brazo hacia el interior. Me ofreció agua, preguntó por mamá, y me despidió con un “mañana hablamos” que sonaba a regaño mientras atendía la conversa de su marido.

Por supuesto no dormí. Entre mis inquietudes y el sofocante calor de Bachaquero me mantuvieron en vela el resto de la madrugada. El amanecer fue rápido y excesivamente luminoso. Está bien que por el oriente salga el sol, pero no es para tanto. Aquí es como si se te metiera en la hamaca a quemarte la pereza para obligarte a trabajar. Paradójico pero cierto. La gente de esta zona del país es muy trabajadora. El olor del abundante petróleo con sus gases asociados lo inunda todo. Aquí la vida huele y sabe a petróleo.

Pensaba en mis compañeros mientras me mecía contra la pared que a esa hora ya estaba caliente como si fueran las doce del mediodía. También me sentía extraño por no tener miedo. Supongo que sería consecuencia normal de tener 16 años. Pero yo sólo pensaba en como volverme a encontrar con ellos y la forma como continuaríamos el trabajo político. Especulaba que a lo mejor nos pasarían a la “pata cerrada” o hasta nos mandarían a otro lugar del país. Pensaba en Mamá y Papá, en cómo ellos asumirían los días por venir, porque esto apenas comenzaba.

El desayuno se sirvió cercanas las ocho. Pan, mantequilla enlatada, queso blanco y café con leche. Abuela servía todo con elegancia y ternura. Casi no hablaba. Era evidente que esperaba que el abuelo se fuera a su trabajo. Hablaría luego con su nieto, a solas.

María Araminta del Carmen Máxima de Jesús la habían bautizado en su Táchira natal. Se le conocía como Araminta. Nosotros le decíamos Abuela y era como nombrar las raíces más amadas de nuestra historia. Ella mereció el respeto y el amor de toda criatura que se le acercara. Su poderosa presencia sobre la tierra provocaba la calma de las bestias y el silencio de las tormentas. Tuvo una vida difícil. Supo siempre sobreponerse a las dificultades.

Por eso nuestra conversación fue fluida, sin traumas. Ella sospechaba en lo que yo andaba metido porque llegó a presenciar alguna de mis largas charlas con mamá sobre las injusticias de la sociedad capitalista y la necesidad de construir un mundo de igualdad. La idea le gustaba a ambas, pero Abuela sufría mucho y se molestaba por la tendencia ateísta que tomé desde muy temprana edad. También ella cuestionaba mi participación en las elecciones estudiantiles y las manifestaciones callejeras.

Al igual que siempre, terminó echándome un saco de bendiciones con el respectivo pase de mano desde la frente hasta la nuca y el conmovedor beso en la frente con el que lograba calmar gran parte de mis angustias.

Esos días los pasé bastante aburrido, aunque parecía disfrutarlos. Particularmente cuando los abuelos dormían la siesta y por las noches. Los medio días ardientes los pasaba en el pequeño patio oyendo radio. A veces fumé algún cigarro escondido de Abuela, por supuesto. Lo hacía por vergüenza más que por temor.

Escuchaba la radio como escrutando alguna señal que nunca llegaba. Soñaba despierto con situaciones favorables a la Revolución en las que mis compañeros y yo participábamos arriesgados y felices. Es algo que forma parte de mi particular psicología. Soy optimista y soñador como un personaje de cuentos ingenuos.

Debo confesar que si para la época no estaba enamorado de alguna muchacha en particular, idealizaba una cada vez que escuchaba esa hermosa canción llamada Todos los barcos, todos los pájaros. Que lindo tema y que buena compañía me hizo. Recuerdo que cuando salí de la clandestinidad aprendí a tocarla con mi amigo Francisco Sánchez, alias Zona Franca, un gordo bien de pinga que tocaba la guitarra tan suave que parecía acariciarla.

Pero para mi verdadero y único amor por esos tiempos, tenía la insuperable Canción mansa para un pueblo bravo, del eterno Alí Primera. No se como, pero la “Canción mansa” se metió en la radio a pesar de la censura que pesaba sobre la voz del Cantor del Pueblo, el hijo de Carmen Adela.

Alí fue motor y combustible del proceso de concienciación del pueblo venezolano. Lo que no lográbamos nosotros con Ruptura, ni los de la Liga Socialista con Basirruque, ni los del CLP con Qué Hacer, ni el Partido Comunista con Tribuna Popular, lo lograba este muchacho paraguanero con su cuatro, guitarra y voz. Era un comunicador nato y un revolucionario insustituible. Ni con el espejismo de la fama y el baile de los millones que le ofrecía la burda y fría farándula pudieron comprarlo. Alí nunca se vendió.

Yo lo admiraba y quería como si fuera mi familia. En casa tuvimos el primer casete que llegó al Moján. Lo trajo Mamá del centro de Maracaibo donde solía comprar los sábados los insumos para sus invenciones creativas en corticostura, bordado y tejido. También trajo para dárselos a papá que estrenaba camioneta con equipo de sonido, el cartucho de Luís Aguilar “El gallo giro” que traía su magnífica versión del Siete Leguas y Carabina 30-30, y uno de Jesús Sevillano con Cerecita, El Curruchá y Las brumas del mar. Casi nada. Estábamos jochaos, que en nuestra lengua regional quiere decir, ufanos.

Oír música en la radio y algún que otro noticiero fueron mis pasatiempos de enconchado. No había mucho que escoger en aquellos campos petroleros que diseñaron los gringos para que la clase trabajadora repusiera sus energías y volviera despierta al día siguiente a su jornada a producir toda la plusvalía que se pudiera.

En estos campos estalló en 1936, cuarenta años atrás, la primera huelga proletaria de los petroleros que pedían un bolívar de aumento y agua para no deshidratarse en las incandescentes selvas de Mene Grande, unos veinte kilómetros más al sur de donde me hallaba.

En esta tierra y en este Lago sembrados de petróleo en toda la extensión de sus entrañas, la sangre obrera se confundió con el aceite, y el sudor de la familia campesina desplazada al “Negro Dorado”, dejó de dar maíz a los hijos para enviar sus frutos al bolsillo de las transnacionales y comenzar a ser otros con otros valores y otra cultura. La cultura gringa llenó la Costa Oriental del Lago de Maracaibo de prostíbulos y templos de la más variada gama de sectas religiosas que uno pueda imaginar.

No recuerdo cuántos días pasé enconchado en casa de Abuela en Bachaquero. Creo que los suficientes para querer regresar. Llegamos a El Moján a las once de la mañana. Las calles estaban luminosas. Yo vestía ropa nueva que Abuela me suministró. Algunos me dijeron que parecía de marinero. Zapatos de goma y tela azules claros, un poco común pantalón muy blanco, y franela a rayas. No me imagino vestido así. Ciertamente parecía otro, que era la intención.

También me hicieron cortar el cabello. Fue en Tía Juana, el único lugar al que salimos durante mi cautiverio para visitar a mi tía Mary; salida que por cierto aproveché para verme con mi amigo Fernando, compañero que también estaba enconchado con unos familiares suyos en el campo Venezuela. Allí conocí a Gerardo, primo de Fernando que era del MIR. En alguna ocasión nos volvimos a ver por El Moján.

Total, rapado como recluta y trajeado de marinero, la verdad que a la gente se le hizo gracioso reconocerme. Burlas no faltaron.

Mamá se veía radiante. Su semblante triste y hermoso tenía un brillo espiritual muy especial. Estaba feliz de volverme a tener con ella. Me fastidiaba besándome y abrazándome a cada instante. Nos amábamos mucho. Nos identificábamos mucho. A pesar de ser cinco hermanos sus amigas me llamaban “el hijo de Rita”, porque siempre nos veían compartir una unidad de afecto y criterio muy contundente.

Ella ya en ese entonces era considerada una colaboradora del Partido. Unos meses después pasó a ser militante del ala clandestina del PRV.

A los pocos días de mi regreso se convocó una reunión secreta de la militancia en las afueras de El Moján, en un lugar que yo conocía muy bien desde mis andanzas infantiles: el Caño de Los Villalobos. La nota que me enviaron decía que nos veríamos a las tres en punto.

Allí estuvimos puntuales, como era la costumbre. Fuimos casi todos. Algunos habían cambiado mucho su apariencia. Otros, barbados y ceñudos, reforzaron su ya evidente imagen de zurdos, poniéndonos en mayor evidencia.

Luego del balance y los puntos de información, el tema era uno: quiénes se quedan.  En labios de Euclides la pregunta sonaba algo más que dramática. La situación exigía definiciones claras. Uno sólo se atrevió a confesar que no continuaría en Ruptura. Era un colaborador y su franqueza me provocó admiración. Fue enfático. Lo recuerdo clarísimo. Dijo:”Yo no sirvo pa’ esta vaina. Voy a matar a mamaíta de un susto. Yo estoy cagao”.

Para mí fue el más valiente del grupo esa tarde.

Por mi parte todo estaba aclarado desde hacía tiempo. Era el camino de vida que había escogido consciente y voluntariamente. Pero desde esos días hubo un cambio en mi actitud frente a la aventura que abracé como proyecto de vida. Parecía que hasta ese día yo viví mi militancia como en un sueño, sin tener conciencia real del tremendo asunto de que esto se trataba. A partir de allí cada decisión adoptada, cada paso dado, debía asumirse con absoluta responsabilidad. Triunfar exigía ser sobretodo perseverantes, pero también inteligentes.

Les comentaba estas reflexiones a mis compañeros, cuando uno de los mayores del grupo me interrumpió con una inusitada sonrisa y una palmada en el hombro: “Te estáis haciendo hombre, carajito”.

 

Epílogo

A fines de 1979, los jefes del PRV-RUPTURA se dividieron. No podían escapar a esa fatídica tradición de la izquierda. Los que seguíamos siendo unos muchachos, simples militantes, quedamos al garete, realengos, por decir lo menos. Cada uno tomó el camino que mejor pudo. Sufrimos mucho aquella situación. Creo que nunca la superamos. Algunos sucumbieron a la decepción. Otros, asistidos por una espontánea perseverancia, seguimos en el activismo social en que estábamos metidos, y continuamos la lucha en los escenarios posibles.

 

La Plaza fue destruida. Por allá por el 75, los adecos quisieron borrar lo que quedaba de la época gomecista, pero no me refiero al autoritarismo que ellos remedaban a su manera, me refiero al patrimonio arquitectónico y los espacios públicos, que fueron borrados con saña por la vorágine del concreto y la coima.

jueves, 6 de agosto de 2020

La Batalla de Boyacá en el siglo XXI: Bolívar contra plagiarios y traidores

 


La Batalla de Boyacá en el siglo XXI: Bolívar contra plagiarios y traidores

Introito

Canta Amaury Pérez en una triste canción: “Debe ser triste negar a la familia, detestar los vecinos, los hermanos…”, y aunque se está refiriendo a una muchacha desdichada que perdió su “frágil papalote”, pareciera aludir a todo eso que hoy mencionan con el anglicismo “hater”.

Las gentes odiadoras (¡ay la mala gente!), víctimas de sí mismos, de sus envidias, sus fantasmas, sus resentimientos, suelen arrastrar a otras personas al espinal envenenado donde se revuelcan atormentados. Debe ser triste para estos miserables de espíritu tener que plagiar a sus seres odiados, tener que inventarse una épica y una heroicidad inexistentes. Debe ser muy triste para los santanderistas saberse plagiarios de proezas ajenas para tratar de convertir en héroe a un traidor. Algo más terrible aún, tener que vivir creyéndose sus mentiras, y someterse permanentemente a la pesadilla de conseguir por todas partes la gloriosa verdad del odiado venezolano que les regaló una patria.  

 

I

Ser un guerrero aguerrido y jefe de tropas, o ser un organizado oficinista con labia leguleya, no bastan para ser genio militar, líder revolucionario y estadista. Ni Páez ni Santander reunieron las virtudes para ser considerados héroes. Los méritos que alcanzaron en tres lustros de guerra, fueron enlodados por las miserias humanas en que incurrieron para hacerse del poder. Traicionaron (desde las sombras) al Libertador, uno execrándolo en su país natal, y el otro intentando asesinarlo; pero también traicionaron el proyecto emancipador, entregándose a la megalomanía, el enriquecimiento degradante, e instaurando gobiernos opresores del pueblo que ganó la Independencia.  

La victoria definitiva de las fuerzas patriotas sobre el ejército español en Nueva Granada y Venezuela fue posible gracias a las gestiones de Bolívar que hicieron posible la Expedición de los Cayos y la Campaña de Guayana que dio vida a la Tercera República de Venezuela, cuyo Presidente lleva la independencia a la Nueva Granada.

El 18 de Febrero de aquel glorioso 1819, El Libertador había sido nombrado Presidente de la República de Venezuela, y ese mismo día quedó aprobado en primera discusión su proyecto de Constitución. Tres días antes, Bolívar expuso sus ideas fundamentales ante la representación nacional; el Discurso de Angostura, como se le conoce a esta magnífica pieza oratoria, es el resumen más condensado de la reflexión creadora del Libertador, donde están contenidas las bases doctrinarias de la ideología que profesa el fundador de un Mundo Nuevo en el “Nuevo Mundo”. Independencia y soberanía, república, democracia, ciudadanía, igualdad social, abolición de la esclavitud, cultivo de la moral pública, fomento de las virtudes humanas, educación pública: tales son las categorías de la sociedad que propone construir con radiante originalidad.

Una especie de empate técnico entre las fuerzas que pugnaban dentro del territorio venezolano, más un sinfín de entorpecimientos que los localismos y celos de Mariño y Arismendi le opusieron a sus planes en el Oriente, habendo comisionado al General Rafael Urdaneta para mediar, sumadas a las trabas caudillistas de Páez, hacen que El Libertador Presidente conciba un giro estratégico que cambiaría definitivamente la correlación a favor de su campaña totalizante de liberación.

Militarmente Bolívar veía la ruta llanera por Apure, Arauca y Casanare como pista para acercarse a Bogotá, aunque tuviesen que saltar el Ande empinado para caerle de sorpresa a un enemigo más numeroso y bien equipado. Sus instrucciones las comenzó a girar temprano. Siempre secretas y sólo compartidas con sus oficiales de extrema confianza. Con mil fusiles, municiones, pertrechos y hasta uniformes, dotó la que sería su vanguardia en la operación que concebía secretamente. Ésta debía formarse a partir de guerrillas que actuaban dispersas en Casanare, para lo cual, con mucho tacto por conocer ciertos celos chauvinistas, designó al coronel cucuteño Francisco de Paula Santander, previo ascenso a General de Brigada. Sin embargo, no le confió su plan.

Se trataba de un cambio sorpresivo del teatro de la guerra. Fue así que comenzó a mover su ejército hacia el suroeste llanero, mientras daba instrucciones secretas a algunos oficiales. En el hato de Cañafístula afirmó su histórica decisión en carta del 20 de mayo a Santander, en la cual le decía: “Para ejecutar una operación que medito sobre la Nueva Granada, conviene que reúna todas sus fuerzas en el punto más cómodo y favorable para entrar en el interior inmediatamente que reciba usted las órdenes que le comunicaré, luego que haya formado el plan y coordinado los movimientos entre ese cuerpo y los demás que deben cooperar a la empresa…me limito a indicarle el movimiento para que se prepare y a encargarle con el último encarecimiento el secreto, sin el cual nada podrá hacerse”.

Recordemos que Bolívar venía maquinando esa estrategia desde hacía tiempo. Él conocía el territorio neogranadino desde que recorrió la ruta del Magdalena desde Cartagena a Cúcuta en su célebre Campaña Admirable. Luego de la caída de la Segunda República de Venezuela en 1814, volvió a servir en el país vecino sometiendo la disidencia de Cundinamarca a solicitud del gobierno replegado en Tunja.

De manera que cuando diseña el Paso de los Andes -salvando el intrincado camino montañoso- tiene en su mente la imagen de un escenario andado, un espacio cabalgado, un mapa sobre el cual su creativa genialidad ha ido dibujando la secuencia de acontecimientos más tarde consumados con éxito.

En el Resumen de la Historia de Venezuela (Tomo I), escrito a pocos años tras la muerte del Libertador, Rafael María Baralt ya denuncia la intención de robarle a Bolívar las más sublimes páginas de su epopeya: “El empeño insensato de atribuirse glorias ajenas ha hecho decir a algunos hombres, ora que habían sugerido al Libertador el pensamiento de esta operación, ora que ya en Casanare quería éste variar de plan y a ellos se debió que siguiese el primitivo. Miserias todas de la vanidad…”. Valiente el maracaibero al haberle dado esa bofetada con guante de seda al caudillo que reinaba en Venezuela.

O acaso ¿quién trajo a Santander a este plan? ¿Quién lo ascendió a general dándole la tarea específica de asumir la guerrilla que ya existía en Casanare? ¿Quién decidió que esa fuerza sería la Vanguardia de la magna operación pensada en el delirio de Casacoima? ¿Quién dotó –con la ayuda diligente de Urdaneta- los mil fusiles y demás pertrechos para crear esa División? ¿Quién dispuso el momento en que debía moverse al pie de monte para desde allí emprender el tortuoso ascenso? ¿Quién ordenó a Santander absoluto secreto desde las primeras órdenes? ¿Quién ordenó silencio absoluto a Santander instruyéndole que los detalles se los informaría confidencialmente a través de un oficial de suma confianza que –en el momento indicado- se los entregaría en persona?

Y a Páez, ¿quién, a sabiendas de su renuencia de sumarse a la aventura alejándose del “feudo” llanero, le ordenó hacer un avance con sus tropas en dirección Cúcuta?

Bolívar puso a rodar el rumor que su ejército iría hacia Nueva Granada por Cúcuta, pero su plan secreto era ir por Casanare, escalar los Andes y saltar como cóndor sobre Bogotá. El Libertador ordena a Páez moverse en dirección Cúcuta para “llamar la atención del enemigo, cortarle sus comunicaciones con Venezuela, abrirlas conmigo y mandar partidas hacia Mérida, tanto para aumentar nuestras fuerzas allí, como para observar los movimientos del enemigo”. Le instruía al llanero que facilitara para las “tropas de mi mando las frazadas, mantas y vestidos que puedan necesitar, pues su desnudez no será fácil cubrirla” (otra prueba de la determinación de atravesar los páramos). En vano le expuso las penurias que podían padecer sin auxilio en alimentos y armas, porque Páez hizo caso omiso de su misión.

 

II

Entonces, ¿con qué leyendas estos dos grises personajes se quieren plagiar la gloria?

Santander contrató cagatintas para que narraran una versión de su “heroísmo”. Desplegó con saña una campaña internacional de calumnias contra El Libertador. Él mismo predicó chismes ruines en Europa, que autores interesados convirtieron en “historias” de Colombia e Hispanoamérica; con apoyo del gobierno de Estados Unidos, para quienes trabajaba desde 1824 seducido por la Doctrina Monroe y las remesas en dólares, diseminó crónicas y noticias manipuladas a través de su amanuense Lorenzo María Lleras, mismo que en 1834 se encargó de expulsar de Bogotá a Manuela Sáenz.  Este adicto a Santander acusaba a Bolívar de estar “plagado de pensamientos comunes, puerilidades despreciables, y crímenes atroces”, y encabezaba pasquines por encargo de su patrón con expresiones propias del odio patológico que éste le contagió: “Nadie duda ya, ni en Colombia ni en los países extranjeros, que el General Simón Bolívar es criminal”. Eran los engendros de la red de espionaje desarrollada especialmente por el Departamento de Estado con tipos como Tudor en Perú, Harrison en Bogotá y Poinsset en México, para destruir la unidad y autodeterminación latinoamericana. 

Páez, por su parte, se dio el lujo de halagarse con una fastuosa autobiografía, concebida -¿casualmente?- en su dorado exilio neoyorquino.  

¿En qué cabeza cabe que estos dos traidores concibieran una sola idea de grandeza? El uno nunca consideró la lucha de Ecuador y Perú como suya, por eso las saboteaba. El otro ni siquiera quiso ir a luchar en el vecindario. Ninguno de los dos es autor de transformaciones sociales significativas, ni nunca vieron más allá de sus narices y bolsillos. Por cuenta de ambos, con visiones tan mezquinas y parroquiales, la independencia habría sido retrogradada por las fuerzas realistas desde el virreinato del Perú y las fortificadas islas caribeñas.

Solamente Bolívar junto a leales compañeros como Girardot, Urdaneta, Sucre, Silva, Lara, Anzoátegui y Manuela Sáenz, tuvieron la grandeza de mirar al continente como teatro de operaciones, en la convicción que la presencia de cualquier reducto español constituía un peligro acechante, y que sólo la libertad de todos haría viable la libertad de cada uno, y sólo la unidad nos daría la fortaleza para ser invencibles y soberanos.

Sólo Bolívar encarnó el protagonismo colectivo con que nuestros pueblos alcanzaron la gloria, traicionada por las castas políticas que asaltaron el poder para hacerse siervos del nuevo imperialismo.  

La autoría bolivariana de todas las campañas emprendidas con su liderazgo quedó ampliamente registrada en sus obras escritas, cartas, manifiestos y proclamas, particularmente ésta que culminó en la Batalla de Boyacá asegurando la liberación de la Nueva Granada y su incorporación efectiva a la República de Colombia fundada a orillas del Orinoco en la ciudad de Angostura, hoy Ciudad Bolívar.

En esas aguas de la Patria Grande, proclamó el 15 de agosto de 1818: “! Granadinos! El día de la América ha llegado, y ningún poder humano puede retardar el curso de la naturaleza guiado por la mano de la Providencia. Reunid vuestros esfuerzos a los de vuestros hermanos: Venezuela conmigo marcha a libertaros, como vosotros conmigo en los años pasados libertásteis a Venezuela. Ya nuestra vanguardia cubre con el brillo de sus armas provincias de vuestro territorio, y esta misma vanguardia poderosamente auxiliada, ahogará en los mares a los destructores de la Nueva Granada. El sol no completará –aquí el pronóstico casi mágico- el curso de su actual período sin ver en todo vuestro territorio altares a la libertad”.

Augusto Mijares valora que “la campaña del Libertador en 1819 tiene la apariencia…de un salto prodigioso, análogo a los de César o Napoleón cuando ascendían, y la victoria de Boyacá parece así mismo un golpe de garra semejante a los de aquellos genios militares; pero su verdadero sentido, lo más fascinante de ella, está en aquellos largos años de prueba, de sufrimiento y de coraje que la precedieron. Y que son también los que identifican plenamente a Bolívar con los soldados cuyas penalidades compartía. Que él no era sino uno de ellos, y que él y ellos corrían arrebatados por un mismo destino a realizar la independencia de América, es una convicción que repite numerosísimas veces. Profundamente sumergido en lo colectivo, aquel Federico es ante todo, y sólo quiere ser, un criollo americano”. 

Daniel Florencio O’leary narra un pasaje en el que se lee con diáfano diagnóstico la actitud que mantuvo El Libertador en toda la travesía: “Un cúmulo de incidentes parecía acumularse para destruir las esperanzas de Bolívar, que era el único a quien se veía firme, en medio de contratiempos tales que el menor de ellos habría bastado para desanimar a un corazón menos grande. Reanimaba las tropas con su presencia y con su ejemplo, hablábales de la gloria que les esperaba y de la abundancia que reinaba en el país que marchaban a libertar. Los soldados le oían con placer y redoblaban sus esfuerzos”. 

 

III

“¡Dios te bendiga, fantasma!”, le dijo una señora humilde el 10 de agosto a las 5 de la tarde cuando Bolívar tomó tranquilamente su Bogotá: “Yo estuve presente —escribió Pablo Carrasquilla— cuando llegó el Libertador a palacio. Desmontó con agilidad y subió con rapidez la escalera. Su memoria era felicísima, pues saludada con su nombre y apellido a todas las personas que había conocido en 1814. Sus movimientos eran airosos y desenfadados. Tenía la piel tostada por el sol de los llanos, la cabeza bien modelada y poblada de cabellos negros, ensortijados. Los ojos negros, penetrantes, y de una movilidad eléctrica. Sus preguntas y respuestas eran rápidas, concisas, claras y lógicas. Se informaba sobre los pormenores del suplicio del doctor Camilo Torres y el de don Manuel Bernardo Álvarez. De este último dijo que él le había pronosticado, el año 14, que sería fusilado por los españoles. Su inquietud y movilidad eran extraordinarias. Cuando hablaba o preguntaba, cogía con las dos manos la solapa; cuando escuchaba a alguien, cruzaba los brazos”.

¡Cuántos oportunistas se esmeraron en bañarse en esa playa oceánica de gloria!

El General español Pablo Morillo, desde Caracas, escribe al rey un pesimista balance: “El sedicioso Bolívar ha ocupado a Santa Fe y el fatal éxito de esta batalla ha puesto a su disposición todo el reino y los inmensos recursos de un país muy poblado, rico y abundante, de donde sacará cuanto necesite para continuar la guerra en estas provincias, pues los insurgentes, y menos este caudillo, no se detienen en fórmulas ni consideraciones. Esta desgraciada acción entrega a los rebeldes, además del Nuevo Reino de Granada, muchos puertos en el mar del Sur, donde se acogerán sus piratas; Popayán, Quito, Pasto y todo el interior de este continente hasta el Perú quedan a la merced del que domina a Santa Fe, a quien, al mismo tiempo, se abren las casas de moneda, arsenales, fábricas de armas, talleres y cuanto poseía el rey nuestro señor en el virreinato. Bolívar en un solo día acaba con el fruto de cinco años de campaña, y en una sola batalla reconquista lo que las tropas del rey ganaron en muchos combates”.

No fue “en un solo día”, señor conde de Cartagena, fue por lo menos un año, desde que lo pensó y comenzó a concebir esta operación, pasando el peligroso llano anegado y las cúspides gélidas, hasta vencer a los necios que lo fastidiaban.

 

Yldefonso Finol

Economista e historiador bolivariano

Cronista de Maracaibo