viernes, 13 de diciembre de 2024

LA INVENCIBLE CONSTITUCIÓN BOLIVARIANA EN SU XXV ANIVERSARIO

 


LA INVENCIBLE CONSTITUCIÓN DE LA REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA EN SU XXV ANIVERSARIO.

La más atacada de nuestra historia, la más progresista del siglo XXI.

Epígrafe

“Los problemas constitucionales no son, primariamente, problemas de derecho, sino de poder; la verdadera Constitución de un país sólo reside en los factores reales y decisivos de poder que en ese país rigen; y las Constituciones escritas no tienen valor ni son duraderas más que cuando dan expresión fiel a los factores de poder imperantes en la realidad social”. Ferdinand Lassalle

I

La Bolivariana

La Constitución que nació hace veinticinco años es una obra inédita en la historia constitucional, es original y originaria, hija del honor de un líder que cumplió su palabra hasta el límite de dar la vida, Hugo Chávez; expresión del espíritu bolivariano que vivió -a veces soterrado, latente, pero nunca extinto- en el alma colectiva del pueblo venezolano, y fue el pacto social de un país insurgente, en respuesta al llamado de la historia que clamaba un cambio radical, porque ni la opresión ni los engaños, podían ya contener el río brotado de entre las hojas y los manantiales imperceptibles para la elite decadente que ostentó el poder como festín servil de mezquinos intereses foráneos y enajenadas apetencias burguesas.  

La Constitución del 61 -traicionado el anhelo popular revolucionario del 23 de enero de 1958, como lo denunció virilmente Fabricio Ojeda- había sido usada para crear un país subalterno de EEUU, en permanente crisis social, convirtiendo aquella Carta Magna en un cementerio de buenas intenciones. Vino el Tiempo Constituyente con el “Caracazo”, la insurrección armada del 4 de febrero de 1992, como expresiones del agotamiento por descomposición del modelo bipartidista del Pacto de Punto Fijo.

Nuestra Constitución de 1999 es la más discutida en los anales del constitucionalismo, toda la ciudadanía se involucró -directa o indirectamente- en el debate para su elaboración. El pueblo saboreó por primera vez el referéndum, para definir si se convocaba la Asamblea Nacional Constituyente, y para decidir la aprobación del texto redactado por ésta, escrito con el concurso de la venezolanidad plena: la preexistente como nacionalidades originarias, la fundida en el mestizaje de sangres, procedencias y creencias, y hasta la que levita en el etéreo mundo de lo trascendido, como ocurrió con el verso sublime de Aquiles Nazoa a “los Poderes Creadores del Pueblo”. 

El concepto de la democracia participativa y protagónica que la Constitución desarrolló como modelo superior al “representativo”, se activó en el mismo parto constituyente: el proceso para elaborarla fue germen de la movilización popular consciente que no ha tenido receso este cuarto de siglo para implantarla, defenderla y sostenerla.

La nueva Constitución -por ser bolivariana- blindó el carácter nacional de los recursos mineros y energéticos, la propiedad estatal de la empresa que opera la producción y negocios de hidrocarburos (PDVSA), reconoció los derechos de los Pueblos Indígenas, los derechos ambientales, e introdujo la progresividad de los Derechos Humanos; creó cinco Poderes Públicos, incluidos los novedosos (y bolivarianos) Poder Ciudadano y Poder Electoral; siempre supeditados al Poder Popular (intransferible) como esencia de la verdadera democracia revolucionaria inaugurada en 1999.

El Estado Federal Descentralizado es el agua para el pez de la Democracia Participativa y Protagónica ejercida por el Poder Popular en sus formas institucionales -gobernaciones, alcaldías- y directas, como consejos comunales y comunas, consejos de trabajadores, asambleas y todas las consultas constitucionales establecidas en las diversas modalidades de referéndums.

La Independencia Nacional, la economía productiva diversificada y la justicia social como principios definitorios de la formación social venezolana, nos abrieron el camino al fortalecimiento de la soberanía política, territorial, alimentaria, militar, y al ejercicio de la Diplomacia Bolivariana de Paz como aporte venezolano a la construcción del Equilibrio del Universo y las relaciones internacionales para la cooperación, la solidaridad, y el respeto a la autodeterminación de los pueblos.

II

La más odiada por la canalla antibolivariana

La Constitución Bolivariana ha sido, sin ninguna duda, la más atacada de nuestra historia. También ha sido, hay que decirlo alto y firme, la más defendida y la más victoriosa.

Cuando apenas cumplía dos añitos, las asociaciones ganaderas y la patronal llamaron a paros a finales de 2001, preparando el terreno para el golpe de Estado que darían luego en abril de 2002, juntándose toda la oligarquía empresarial, terrateniente, mediática, con la vieja clase política sacada del poder por el movimiento bolivariano, la cúpula eclesiástica, la pretensiosa elite burocrática petrolera, y algunos indignos oficiales militares, todos bajo la batuta de la Casa Blanca. El plan incluyó mercenarios que asesinaron a sangre fría decenas de personas, para culpar al gobierno y justificar la arremetida fascista, como quedó demostrado en las investigaciones posteriores y hasta por los testimonios de participantes y periodistas que cubrían los sucesos terribles de esas cuarenta y siete horas infaustas para la Patria.

El “decreto” de Pedro Carmona, con su mueca cínica y a la vez incrédula (redactado por “insignes juristas” en abril de 2002), llevó al paranoico grupo golpista al éxtasis de sucumbir a la seductora autocracia: “Artículo 1°: Se designa al ciudadano Pedro Carmona Estanga, venezolano, mayor de edad, con C.I. N° 1.262.556 presidente de la República de Venezuela.”

El dictadorzuelo se erige “jefe del Estado”, y su primer acto es (Art 2°) desaparecer la palabra Bolivariana del nombre de la República, lo que arrancó una ovación a la alborozada elite que lo acompañaba. De seguidas disolvió el parlamento, y se dio poderes para “designar transitoriamente a los titulares de los poderes públicos, nacionales, estadales y municipales”, destituyendo a los “magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, al Fiscal General, al Contralor, al Defensor del Pueblo y a los miembros del Consejo Nacional Electoral. Carmona, presidente de FEDECÁMARAS, creyó, como Luis XIV de Francia, que el Estado era él.

Las fuerzas actuantes tenían una clara vocación fascista, y lo demostraron con la masacre ejecutada el día 11 de abril y las marchas de ambos bandos, y las persecuciones desatadas cuando se creyeron dueños del poder. Fue el primer zarpazo contra la CRBV, donde no pudo faltar la traición por miserias humanas, incluso de algunos constituyentes del 99 y supuestos “amigos” del Presidente Hugo Chávez. Es la historia, maestra de lo humano por excelencia, para quienes son capaces de entreverla en medio de las nebulosas ficciones cotidianas.

Por nuestra parte, denunciamos a tiempo la preparación del Golpe de Estado por el “Grupo de Santa Lucía”, previéndolo en un artículo de opinión en el diario Panorama del 19 de noviembre de 2001, donde también advertimos la potencial respuesta popular: “El escenario que no estudiaron es que el intento desesperado de las elites por tumbar al gobierno constitucional nos llevará a un baño de sangre. O es que acaso cuentan con que los pobres se quedarán de brazos cruzados. Incitar a las protestas callejeras con ánimos golpistas como lo están haciendo las cúpulas terratenientes y empresariales, con apoyo de los medios de confusión masivos de la capital, puede provocar una respuesta igual de violenta de parte de los seguidores del Presidente, que arrastraría una enorme carga de sentimientos acumulados y sería impreciso predecir cualquier desenlace.”

No hubo descanso para la Constitución Bolivariana; quienes la odiaron desde su gestación, viendo el inmenso apoyo popular que obtuvo, la inmensa legitimidad de que se revistió, terminaron por “asumirla” y pretendieron manosearla como propia.

En su nombre hicieron el Paro Petrolero para derrocar al Proyecto Bolivariano, desataron violencia fascista callejera, conspiraron con tenebrosos intereses extranjeros para asesinar al Comandante Chávez, desconocieron elecciones, volvieron a las guarimbas, hicieron llamados locos a “la salida”, el pajúo Obama nos declaró amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad de Estados Unidos, nos impusieron “sanciones” económicas, bloqueos, nos infiltraron paramilitares, mercenarios, crearon pandillas criminales para aterrorizar a la población, vino la guerra híbrida que en lo económico destruyó al bolívar, nos desbarataron la industria petrolera reduciendo al mínimo los ingresos nacionales, nos robaron activos en el exterior, nos negaron acceso a medicamentos, alimentos, y pretendieron quebrar nuestra fortaleza moral con una campaña de linchamiento en la transnacional mediática antibolivariana. Todo ello contra nuestro modelo democrático de la CRBV.     

La oposición ganó mayoría en la Asamblea Nacional en 2015, lo primero que hicieron fue mandar a la basura los cuadros del Libertador. Luego, por instrucciones gringas, se aventuraron con el Estatuto “Guaidó” (5 de febrero 2019): otra derogación de hecho de la Constitución que el pueblo aprobó masivamente en referéndum el 15 de diciembre de 1999. El bodrio es un caso de aberración extrema de todo el Derecho Constitucional en el planeta. La “transitoriedad” escrita tiene ínfulas de eternidad.

El “gobierno interino”, fantoche corrupto y asesino, se dedicó con fruición al Artículo 15° literal a) del “Estatuto” (¿supraconstitucional?): “Designar Juntas Administradoras ad-hoc para asumir la dirección y administración de institutos públicos, institutos autónomos, fundaciones del Estado, asociaciones o sociedades civiles del Estado, empresas del Estado, incluyendo aquellas constituidas en el extranjero, y cualesquiera otros entes descentralizados, a los fines de designar a sus administradores y en general, adoptar las medidas necesarias para el control y protección de sus activos.” Así saquearon CITGO y la están rematando, así destrozaron Monómeros, así se quedaron los ingleses nuestro oro, y otros miles de millones de dólares y euros en cuentas bancarias en el exterior.

Los corsarios del siglo XVII tenían códigos válidos entre criminales, éstos del XXI, ni eso. La extraterritorialidad se las garantizan los gobiernos amos: Estados Unidos y socios europeos, más un puñado de desvergonzados lacayos latinoamericanos. No deben quedar impunes estos ruines rateros. No merecen tener nuestra ciudadanía, al fin y al cabo, tienen otras nacionalidades, y -principalmente- un alma antivenezolana.

Hasta la Real Academia de la Lengua Española se metió contra nuestra Constitución; les molestó el lenguaje inclusivo de género que visibiliza a la mujer con términos como “ciudadana” y “presidenta”. Menos mal que aquí no tiene jurisdicción ningún organismo monárquico hace más de dos siglos, y lástima por esos elegantes señores, que ni cuenta se han dado que no existe una “lengua española”, sino que, en el Reino de España existen una variedad de idiomas que van desde el euskera en Euskal Herria hasta el catalán en Catalunya y el gallego en Galicia, por sólo nombrar tres.  

Epílogo

“A pesar de nuestras protestas, de nuestra moderación, de nuestra generosidad, y de la inviolabilidad de nuestros principios… se nos bloquea, se nos hostiliza, se nos envían agentes a amotinarnos unos contra otros, y se procura desacreditarnos entre las naciones para oprimirnos…Sin hacer el menor aprecio de nuestras razones, sin presentarlas al imparcial juicio del mundo, y sin otros jueces que nuestros enemigos, se nos condena a una dolorosa incomunicación con nuestros hermanos; y para añadir el desprecio a la calumnia se nos nombran apoderados, contra nuestra expresa voluntad, para que en sus Cortes dispongan arbitrariamente de nuestros intereses bajo el influjo y la fuerza de nuestros enemigos.” (Declaración solemne de la Independencia por el Congreso de Venezuela, 5 de julio de 1811)

En este Cuarto de Siglo de la Constitución, en este Bicentenario de las Batallas de Junín y Ayacucho, nada es más temido por el imperialismo gringo y sus lacayos que la Doctrina Bolivariana y el Bolivarianismo que de ella se alimenta.

Temen y odian como a nada, el Artículo 1° de la Constitución invencible: “La República Bolivariana de Venezuela es irrevocablemente libre e independiente y fundamenta su patrimonio moral y sus valores de libertad, igualdad, justicia y paz internacional en la doctrina de Simón Bolívar, el Libertador. Son derechos irrenunciables de la Nación la independencia, la libertad, la soberanía, la inmunidad, la integridad territorial y la autodeterminación nacional.”

Seamos cada día más radicales bolivarianos, y nadie podrá vencernos.

Yldefonso Finol

Constituyente de 1999

 

viernes, 6 de diciembre de 2024

Bicentenario de la Convocatoria de Simón Bolívar al Congreso de Panamá

                                                    Retrato de Bolívar por Enrique Colina

Convocatoria de Simón Bolívar al Congreso de Panamá

7 de diciembre de 1824.

Invitación a los Gobiernos de Colombia, México, Río de la Plata, Chile y Guatemala, a formar el Congreso de Panamá. Lima, 7 de diciembre de 1824.

Excmo. Señor Grande y buen amigo: Después de quince años de sacrificios consagrados a la libertad de América, por obtener el sistema de garantías que, en paz y guerra, sea el escudo de nuestro nuevo destino, es tiempo ya de que los intereses y las relaciones que unen entre sí a las repúblicas americanas, antes colonias españolas, tengan una base fundamental que eternice, si es posible, la duración de estos gobiernos.

Entablar aquel sistema y consolidar el poder de este gran cuerpo político, pertenece al ejercicio de una autoridad sublime, que dirija la política de nuestros gobiernos, cuyo influjo mantenga la uniformidad de sus principios, y cuyo nombre solo calme nuestras tempestades. Tan respetable autoridad no puede existir sino en una asamblea de plenipotenciarios nombrados por cada una de nuestras repúblicas, y reunidos bajo los auspicios de la victoria, obtenida por nuestras armas contra el poder español.

Profundamente penetrado de estas ideas invité en ochocientos veintidós, como presidente de la República de Colombia, a los Gobiernos de México, Perú, Chile y Buenos Aires, para que formásemos una confederación, y reuniésemos en el Istmo de Panamá u otro punto elegible a pluralidad, una asamblea de plenipotenciarios de cada Estado «que nos sirviese de consejo en los grandes conflictos, de punto de contacto en los peligros comunes, de fiel intérprete en los tratados públicos cuando ocurran dificultades, y de conciliador, en fin, de nuestras diferencias».

El Gobierno del Perú celebró en seis de julio de aquel año un tratado de alianza y confederación con el plenipotenciario de Colombia; y por él quedaron ambas partes comprometidas a interponer sus buenos oficios con los gobiernos de la América, antes española, para que entrando todos en el mismo pacto, se verificase la reunión de la asamblea general de los confederados. Igual tratado concluyó en México, a tres de octubre de ochocientos veintitrés, el enviado extraordinario de Colombia a aquel Estado; y hay fuertes razones para esperar que los otros gobiernos se someterán al consejo de sus más altos intereses. Diferir más tiempo la asamblea general de los plenipotenciarios de las repúblicas que de hecho están ya confederadas, hasta que se verifique la accesión de los demás, sería privarnos de las ventajas que produciría aquella asamblea desde su instalación. Estas ventajas se aumentan prodigiosamente, si se contempla el cuadro que nos ofrece el mundo político, y muy particularmente, el continente europeo. La reunión de los plenipotenciarios de México, Colombia y el Perú, se retardaría indefinidamente si no se promoviese por una de las mismas partes contratantes; a menos que se aguardase el resultado de una nueva y especial convención sobre el tiempo y lugar relativos a este grande objeto. Al considerar las dificultades y retardos por la distancia que nos separa, unidos a otros motivos solemnes que emanan del interés general, me determino a dar este paso con la mira de promover la reunión inmediata de nuestros plenipotenciarios, mientras los demás gobiernos celebran los preliminares que existen ya entre nosotros, sobre el nombramiento e incorporación de sus representantes.

Con respecto al tiempo de la instalación de la Asamblea, me atrevo a pensar que ninguna dificultad puede oponerse a su realización en el término de seis meses, aun contando el día de la fecha; y también me atrevo a lisonjear de que el ardiente deseo que anima a todos los americanos de exaltar el poder del mundo de Colón, disminuirá las dificultades y demoras que exijan los preparativos ministeriales, y la distancia que media entre las capitales de cada Estado, y el punto central de reunión.

Parece que, si el mundo hubiese de elegir su capital, el Istmo de Panamá, sería señalado para este augusto destino, colocado como está en el centro del globo, viendo por una parte el Asia, y por el otro el África y la Europa. El Istmo de Panamá ha sido ofrecido por el Gobierno de Colombia, para este fin, en los tratados existentes. El Istmo está a igual distancia de las extremidades; y por esta causa podría ser el lugar provisorio de la primera asamblea de los confederados.

Difiriendo, por mi parte, a estas consideraciones, me siento con una grande propensión a mandar a Panamá los diputados de esta república, apenas tenga el honor de recibir la ansiada respuesta de esta circular. Nada ciertamente podrá llenar tanto los ardientes votos de mi corazón, como la conformidad que espero de los gobiernos confederados a realizar este augusto acto de la América.

Si V. E. no se digna adherir a él, preveo retardos y perjuicios inmensos a tiempo que el movimiento del mundo lo acelera todo, pudiendo también acelerarlo en nuestro daño.

Tenidas las primeras conferencias entre los plenipotenciarios, la residencia de la Asamblea, como sus atribuciones, pueden determinarse de un modo solemne por la pluralidad, y entonces todo se habrá alcanzado.

El día que nuestros plenipotenciarios hagan el canje de sus poderes, se fijará en la historia diplomática de América una época inmortal. Cuando, después de cien siglos, la posteridad busque el origen de nuestro derecho público, y recuerden los pactos que consolidaron su destino, registrarán con respeto los protocolos del Istmo. En él, encontrarán el plan de las primeras alianzas, que trazará la marcha de nuestras relaciones con el universo. ¿Qué será entonces el Istmo de Corinto comparado con el de Panamá? Dios guarde a V. E. Vuestro grande y buen amigo.

Bolívar

El Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores, José Sánchez Carrión

jueves, 14 de noviembre de 2024

BLOQUE HISTÓRICO Y HEGEMONÍA BOLIVARIANA: RELATORÍA CON BOLÍVAR, GRAMSCI Y MADURO



Bloque Histórico y Hegemonía Bolivariana: relatoría con Simón Bolívar, Antonio Gramsci y Nicolás Maduro

Yldefonso Finol

I

Bloque Histórico

Comencemos por ubicar la categoría en las profundas reflexiones del revolucionario italiano Antonio Gramsci, formulador de enriquecedores aportes al pensamiento emancipatorio de perspectiva marxista, con singular originalidad. Gramsci (1891-1937) conoció al fascismo desde su gestación, lo desentrañó en su esencia opresora capitalista, lo combatió en las calles y en las ideas, y por ello fue encarcelado, sometido a bestiales tratos que lo llevaron a la muerte. Su obra fundamental -prolija a pesar de los rudos barrotes del encierro y las torturas- se intitula Cuadernos de la Cárcel, como para que se perpetúe en ella, una vida entregada a la causa de la liberación y la igualdad.    

En un párrafo del Cuaderno 4 (son 33 en total), Gramsci afirma que, cuando «la relación entre intelectuales y pueblo-masa, entre dirigentes y dirigidos, entre gobernante y gobernados está dada por adhesión orgánica en la que el sentimiento pasión se vuelve comprensión y por tanto saber (no mecánicamente, sino en forma viva)», solo entonces se crea una relación real de representación y «se realiza la vida de conjunto que es la única fuerza social» y se crea, entonces, el «“bloque histórico”».

También nos dice Gramsci que, en el bloque histórico: «las fuerzas materiales son el contenido y las ideologías la forma, distinción de forma y contenido meramente didáctica, porque las fuerzas materiales no serían concebibles históricamente sin forma y las ideologías serían caprichos individuales sin las fuerzas materiales» (Cuaderno 7)

Para Gramsci -como marxista- el humano es ser social por esencia, ese mismo que hace la historia a la vez que es producto de ella. Lo humano existe y se desenvuelve en el par dialéctico naturaleza-sociedad, y más específicamente, en realidades histórico-concretas determinadas por la base material (infraestructura) y una superestructura que abarca el universo sentipensante y su expresión política en el conjunto de instituciones (Estado); de allí que lo humano «debe concebirse como un bloque histórico de elementos puramente individuales y subjetivos y de elementos de masa y objetivos o materiales con los cuales el individuo se halla en relación activa» (Cuaderno 10)  

El Estado resulta en “la síntesis coerción-consenso y la síntesis hegemonía-dominación que caracterizan el ejercicio del poder político.” El Estado capitalista es -por lógica de clase- el complejo aparato organizado para sostener el poder de la burguesía contra la masa de todo el pueblo trabajador.

Gramsci comparte la máxima de que “los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo” (Marx, Tesis sobre Feuerbach), pero mira más allá y expone que toda persona es un filósofo, y que el pensar liberador debe llevar al surgimiento de una masa consciente, donde la cultura, en su más amplia acepción, juega un factor fundamental: sentimiento-pasión-saber y acción crean el momento de la hegemonía y del consenso como «forma necesaria del bloque histórico concreto» (Cuaderno 10)

II

Hegemonía

Seguimos con Gramsci, quien considera que la sociedad requiere una reorganización de la hegemonía cultural (también llamada “hegemonía político-cultural”, “político-intelectual”, “intelectual, moral y política”), lo cual pasa por la formación y ampliación de la clase dirigente, así como la necesidad de establecer relaciones más estrechas y confiables entre los grupos dirigentes y la masa popular-nacional.

Gramsci vio hace un siglo que la lucha por la apropiación del conocimiento estaba en la médula de las aspiraciones humanas de emancipación socioeconómica y cultural, por eso «la filosofía de la praxis concibe la realidad de las relaciones humanas de conocimiento como elemento de “hegemonía” política». (El Libertador Bolívar llegó -por otras premisas- a conclusiones similares un siglo antes de Gramsci).  

Gramsci, sin embargo, -como suele suceder con aportaciones sociohistóricas desde una actitud innovadora- maneja acepciones variadas de la categoría Hegemonía, vista en estricto sentido como la conjunción de dos condiciones: dirección más dominio; afirma que: «una clase es dominante de dos maneras, esto es, “dirigente” y “dominante”. Es dirigente de las clases aliadas, es dominante de las clases adversarias. Por ello una clase ya antes de subir al poder puede ser “dirigente” (y debe serlo): cuando está en el poder se vuelve dominante, pero sigue siendo también “dirigente”».

He allí uno de los retos más exigentes y complejos del proceso venezolano: así como el pueblo trabajador debe ser “filósofo”, “intelectual”, dueño del conocimiento, así también debe convertirse en dirigente (de su propio destino) y dominante (sobre los añejos poderes fácticos), es decir, en poder real.

En la construcción de la nueva sociedad democrática, la hegemonía surge de una combinación de la fuerza y del consenso, entendidos en el marco de alcanzar las mayorías electorales en instancias gubernamentales y parlamentarias, por ejemplo, y de los debates necesarios para legitimar las acciones de Estado; cuando estas condiciones son severamente cuestionadas por las contradicciones políticas, se genera la «crisis orgánica», que puede convertirse en «crisis de hegemonía» (Cuaderno 13)

Gramsci enseña que el terreno sobre el que se desarrolla la «lucha por la hegemonía» es el de la sociedad civil, donde el asunto de la llamada “opinión pública”, «está estrechamente vinculado con la hegemonía política, o sea que es el punto de contacto entre la “sociedad civil” y la “sociedad política”, entre el consenso y la fuerza».

El Estado se constituye de la sociedad civil más la sociedad política, y tiene su campo de realización primario en lo nacional: «Ciertamente el desarrollo va hacia el internacionalismo, pero el punto de partida es “nacional”. El concepto de hegemonía es aquel en el que se anudan las exigencias de carácter nacional».

 

III

Bolívar

En la Doctrina Bolivariana, esa que es pensamiento revolucionario por excelencia de Venezuela y sustento constitucional de la República (Art. 1° CRBV), hay un acervo filosófico político necesario, pertinente y vigente sobre la temática en cuestión. No se trata de andar recitando frases “célebres” como versículos dogmáticos (“pétreos e inmutables”), sino de revalorizar esos “jugos de la tierra” que son la fuente de conocimiento e interpretación de la raíz histórica de nuestro proceso de liberación.

Partamos de definir la Hegemonía Bolivariana como una combinación equilibrada de la fuerza política organizada y del consenso en torno a las ideas fundamentales del proyecto de sociedad y país que proponemos en la Constitución de 1999. Entendida así, la hegemonía no es el dominio por la fuerza (lo que han intentado reimponer nuestros enemigos), sino el convencimiento colectivo de llevar la sociedad por una dirección aceptada por las mayorías.  

El Libertador concebía desde 1815 la relevancia estratégica de la unidad, y se adelantó a advertir que la fuerza política del pueblo debe contener con carácter vital un componente ideológico (fuerza moral-inteligencia): “Seguramente la unión es la que nos falta para completar la obra de nuestra regeneración. Sin embargo, nuestra división no es extraña, porque tal es el distintivo de las guerras civiles formadas generalmente entre dos partidos: conservadores y reformadores. Los primeros son, por lo común, más numerosos, porque el imperio de la costumbre produce el efecto de la obediencia a las potestades establecidas; los últimos son siempre menos numerosos, aunque más vehementes e ilustrados. De este modo la masa física se equilibra con la fuerza moral, y la contienda se prolonga siendo sus resultados muy inciertos. Por fortuna, entre nosotros, la masa ha seguido a la inteligencia.”

Bolívar ha madurado convicciones que trascienden lo intuitivo, lo militar, lo meramente “razonable”, al concluir que: “lo que puede ponernos en actitud de expulsar a los españoles y de fundar un gobierno libre: es la unión, ciertamente; más esta unión no nos vendrá por prodigios divinos, sino por efectos sensibles y esfuerzos bien dirigidos.” (“sentimiento-pasión-saber” y vanguardia)

El esfuerzo comunicacional de Bolívar busca contagiar de ideas al colectivo, haciendo surgir una nueva opinión pública. Solo el poder transformador de la educación haría posible el sostenimiento de las repúblicas independizadas, y en ello, la información como la edición, jugaban un papel trascendental. La educación eleva el saber y este incide directamente en la trasformación de la realidad. La ética eleva el espíritu humano a la cualidad de ciudadanos dignos de una república. La prosperidad nacional se afinca en “las dos grandes palancas de la industria: el trabajo y el saber”.

Más, sigue pendiente la tarea de consolidar el “espíritu nacional”, ese que apenas germinaba en plena Guerra de Independencia, donde se peleaba “contra el monopolio y el despotismo, por la libertad del comercio universal y los derechos del mundo”. Un país (el bolivariano) hecho para ser agente del mundo pluripolar y multicéntrico, tras la búsqueda del Equilibrio del Universo, la igualdad establecida y practicada, y la suprema felicidad social.

Nos ha tocado ser continuidad de aquella original utopía, conscientes que todo plan debe prever la “acción de los contrarios”, y que “sólo el pueblo (que puede) salva al pueblo”: “El gobierno que, en medio de tantas catástrofes y aislado entre tantos escollos… se hallará en el futuro protegido no sólo de una fuerza efectiva, sino sostenido de la primera de todas las fuerzas, que es la opinión pública. La consideración popular… será el más firme escudo del Gobierno”.

Bolívar no cesará en ningún instante en procurar la unidad revolucionaria. El Bloque Histórico como síntesis de las condiciones materiales de existencia y su reflejo en el campo de las ideas, lo lleva a concebir la más clara estrategia de lucha de su tiempo, por lo que alcanzó la jefatura suprema de la vanguardia de las fuerzas del cambio y condujo aquellas fuerzas a la victoria sobre el imperio más poderoso de la tierra: “La opresión está reunida en masa bajo un solo estandarte, y si la libertad se dispersa no puede haber combate”.

Aunque aquella gesta tenía como enemigo principal al colonialismo español, siendo la contradicción fundamental Repúblicas Independientes vs Imperio Monárquico, el Proyecto Bolivariano no soslayaba las reivindicaciones de los sectores más oprimidos (abolición de la esclavitud, repartición de tierras, decretos a favor de pueblos indígenas, derechos laborales, acceso popular a la educación, las artes y la ciencia, entre otras), y la necesidad de avanzar a un modelo societario de sólidas bases progresistas (entendidas como construcciones del pensamiento más avanzado de su tiempo).

Entonces no debe confundirse “Bloque Histórico” con una alianza de clases sociales, pese a que ésta no sea descartable (incluso puede ser de hecho necesaria) en las condiciones de las luchas actuales por la liberación nacional frente al imperialismo.

El Libertador dejó uno de sus tantos preciados bienes en el testamento político compartido al general Rafael Urdaneta en carta del 18 de abril de 1830, veinte días antes de irse de Bogotá y cuando ya se desvanecía su vida física (“primera vida”, diría a Valdés Vivó).

Un Bolívar reanimado, con el súbito impulso que lo poseía en momentos de enfermedad o congoja, como aquel ¡Triunfar! con que respondió en Pativilca a Joaquín Mosquera que lo veía con cara de asombro por su quebrantado cuerpo; pues asimismo le hablaba a Urdaneta sobre la imperiosa necesidad de reorganizar una vanguardia adecuada a las circunstancias, caracterizadas por el “mal estado” de la República por los abusos permitidos a “los contrarios”: “estamos resueltos a tomar un partido que salve la Patria formando una reunión de todos los hombres más influyentes que, de acuerdo con el gobierno, hagan lo que se determine”.

Tal ha sido la convocatoria del Presidente Nicolás Maduro, por suerte, en condiciones políticas -y físicas- mucho más favorables para el Proyecto Bolivariano que las de aquel 1830.   

IV

Por el camino de las 7T

Modernizar la economía: un nuevo modelo exportador productivo, transformación completa del modelo económico productivo, tal como está diseñado en la Constitución. La cuestión económica no puede atarse a visiones ortodoxas, entender el contexto mundial capitalista y conseguir las vías de inserción en el mercado internacional, desde el fortalecimiento nacional, es un imperativo de la realidad, siempre priorizando los intereses del pueblo venezolano y nuestra soberanía, pero siendo exitosos, porque sucumbir ante los enemigos es lo que no podemos permitir en ningún momento.  

Sólo así tendremos patria para seguir construyendo la segunda transformación: Independencia plena, la cual consiste en “actualizar y expandir la doctrina bolivariana en sus dimensiones política, científica, cultural, educativa y tecnológica”: he aquí lo medular de la hegemonía deseable.

La Gesta Independentista no alcanzó, sin embargo a provocar rupturas epistémicas (a pesar de algunas importantes señales innovadoras), mucho menos civilizatorias, con el sistema instaurado por tres siglos de invasión, colonización y evangelización; la sociedad colonial, incluida la parte rebelde que insurgió contra el yugo político y económico que ella imponía, domesticó de tal manera el espíritu, la cultura, el saber, el pensar, el decir, las creencias, la idiosincrasia, que las repúblicas no avistaron siquiera la necesidad de un cambio de paradigma.

Los intereses de las clases económicamente dominantes, los llamados mantuanos, terratenientes, comerciantes, más un sector militar mutado en caudillos megalómanos, conformaron la oligarquía que habría de usurpar la emancipación nacional lograda por todo el pueblo, que vio truncadas sus aspiraciones de justicia social. Decía el Libertador Simón Bolívar al final de su vida, otra frase doliente que permite resumir aquella historia en cinco palabras: «hemos arado en el mar».

Contra todas las maldades de nuestros enemigos, debemos sostener (3T) la “paz, seguridad e integridad territorial: perfeccionar el modelo de convivencia ciudadana, garantía de justicia (ahora más accesible con la Justicia de Paz), goce de los Derechos Humanos y salvaguarda de integridad territorial.

Transformación Social, entendido como el reforzamiento del modelo humanista del Proyecto Bolivariano.

La Política: fundamentada en la democracia directa y la ética republicana.

La Ecología: elemento fundamental del Plan de la Patria impulsado por el Comandante Hugo Chávez, más vigente que nunca ante las crudas evidencias de destrucción ambiental que padece la existencia a nivel universal.

La Geopolítica: que tiene como prioridad principista la consolidación de la unidad fraterna latinoamericana, pero que no obvia la realidad de intereses imperialistas y oligárquicos que hoy obstaculizan su realización; Venezuela se erige como protagonista de relaciones estratégicas con potencias emergentes en la orientación del concepto bolivariano del Equilibrio del Universo.

La guerra sistémica de este tiempo se libra fundamentalmente en el plano de lo simbólico. Ya se habla de una geopolítica de la mente. La velocidad vertiginosa de las tecnologías comunicacionales, junto a las estrategias de hegemonía de los actores protagónicos del mercado mundial, reducen a la nada el espacio de vida para la reflexión y retrospección de nuestras existencias. Dejar fluir sin discusión los mitos impuestos por el colonialismo, allana el camino a los neocolonialismos del diseño opresor imperialista. Los pueblos que no sean capaces de asirse a sus ancestralidades libertarias, no podrán construir un pensamiento emancipatorio colectivo, y serán presas fáciles del invasor -por veces imperceptible- que insiste en esclavizarnos.

Cuando el Libertador Simón Bolívar dijo: «la Independencia es el único bien que hemos adquirido a costa de todo lo demás» (Mensaje al Congreso Constituyente de Colombia. Bogotá, 20 de enero de 1830), estaba plasmando su balance más certero del proceso que tras dos décadas de guerra y experimentación política, sólo nos había heredado el derecho a autogobernarnos, con todas las falencias por falta de experticia en el manejo de la administración pública, desacuerdos en el tipo de gobierno, caudillismos, localismos rayanos en la xenofobia, y otras debilidades estructurales como secuelas de tres siglos de colonialismo castrante.

V

La Hegemonía del Consenso

En este sentido, rescatamos como parte importantísima del mensaje a trasmitir a los pueblos -comenzando por casa- y las acciones a emprender, los cinco consensos definidos sabiamente por el Presidente de la República, Nicolás Maduro Moros:

-        Primer consenso: el que ha surgido en relación a la economía nacional, como es la construcción de un nuevo modelo económico, productivo, diversificado, incluyente, con vocación exportadora, pero que satisfaga las necesidades nacionales, afincado en los 18 motores que nos van guiando en la construcción armoniosa de ese nuevo modelo no dependiente del petróleo, ni de ningún centro hegemónico externo.

-        Segundo consenso: la consolidación de la paz; hemos logrado la paz social, la paz política, la paz militar, la paz nacional, la paz regional, una paz profunda porque ha sido lograda, ha sido construida la armonía nacional, un conjunto de valores que garantizan la paz basada en el amor, la solidaridad, respeto por lo diverso, y la convivencia.

-        Un tercer consenso: la condena casi unánime de las “sanciones” criminales, inmorales e ilegales que se han aplicado contra nuestro país; cerca del 90% de la ciudadanía rechaza estas medidas unilaterales coercitivas de carácter criminal contra nuestra población y nuestra economía. 

-        El cuarto consenso: es la recuperación del estado de bienestar social, la recuperación de los derechos sociales perdidos, como heridas provocadas por las “sanciones” y la guerra económica; sabemos que será difícil reconstruir el estado de bienestar que alcanzamos en la primera década de este siglo, pero ese es el propósito de todos nuestros esfuerzos.

-        El quinto consenso: que Venezuela debe recuperar sus derechos históricos, jurídicos, territoriales y marítimos sobre la Guayana Esequiba y toda su proyección; esta causa justa se ha posicionado en el escenario nacional con fortaleza y con prioridad.

Conclusiones/Proposiciones

“Lo peor no es un ejército invasor sino una mente colonizada”. (Juan Germán Roscio)

Los agentes del capital monopólico transnacional han asumido, a través del dominio de la tecnología, la imposición del esquema de antivalores para la sumisión de los pueblos, que permita el hegemonismo imperialista, la recolonización de las naciones dependientes (reinstalación de la colonialidad del poder racial, patriarcal, eurocéntrico), y la esclavización espiritual del talento humano a nivel global.

En lo ideológico, la lucha emancipadora nos exige rescatar la idea de emancipación mental, y el concepto de lo radical planteados por Andrés Bello.

Como nunca antes, la educación pública, entendida como un proceso colectivo de creación y aprendizajes, que avanza sobre rieles éticos-comunicacionales-culturales (Poder Moral), tiene que ser la plataforma más poderosa para vencer en el combate de ideas, venida a guerra cognitiva en la era de la cibernética.

¿Dejaremos la formación de nuestra infancia y juventudes en manos de monstruos como Elon Musk?  

El Objetivo Fundamental de este momento histórico debe ser construir la hegemonía bolivariana, dicho en palabras gramscianas: “…construir un bloque intelectual-moral que haga posible un progreso intelectual de masas y no sólo para pocos intelectuales”.

Para lograrlo es necesario un Plan de Descolonización de la Conciencia Nacional.

Este Plan es una necesidad urgente para desmontar las bases coloniales de la alienación general de las masas, que nos hace vulnerables a la recolonización imperialista en marcha. El Plan no está hecho, hay que construirlo en un debate participativo y protagónico, sobre las líneas ideológicas fundamentales de la Revolución Bolivariana. Pero su formulación y -sobre todo- su aplicación, dependen de la voluntad política del liderazgo.

El Plan de Descolonización de la Educación es transversal a la gestión de gobierno y la acción política de todos los factores revolucionarios, con énfasis en lo comunicacional y cultural. No es un manual de historia, aunque implica una revisión profunda de la enseñanza de la historia. No se restringe al ámbito de esta disciplina. Es algo mucho más complejo, esencial, profundo: es revolucionar la ciudadanía a partir de una reinterpretación del ser social colectivo como producto de una historia, una épica, una estirpe libertadora, que -a su vez- se asume como protagonista de la historia actual.

Es una operación societaria, envolvente, radical. Estamos proponiendo una acción revolucionaria bien diseñada, sustentada científicamente y con proyección a la existencia futura de la Patria.

¿Qué aspectos incluye esta revolución paradigmática (educativa-ideológica)?

-        La Doctrina Bolivariana como pensamiento nacional revolucionario por excelencia y el bolivarianismo como su expresión política orgánica

-        Proceso descolonizador y resignificación de las categorías historiográficas que transversalizan el predominio del culto a lo colonial

-        Revalorización de la ancestralidad cosmogónica: la ecuación del socialismo originario del buen vivir y el bien común

-        Revalorización de la venezolanidad a partir del mito fundante del Árbol de las Tres Raíces, la Épica Originaria e Independentista, el Bolivarianismo del Tercer Milenio

-        Reinvención de una nueva Conciencia Nacional (“espíritu nacional”) basada en los valores del bolivarianismo contenidos en la CRBV y el pensamiento revolucionario venezolano-indoamericano de los siglos XIX, XX y XXI: independencia, soberanía, empoderamiento popular del conocimiento científico y la creación artística, economía productiva diversificada, ecologismo profundo, igualdad establecida y practicada, convivencia democrática, seguridad social, estabilidad, unidad en la diversidad, horizonte de potenciación y liberación nacional, construcción sólida del Socialismo del Siglo XXI, visión de los Derechos Humanos como utopía de la dignidad colectiva y reforzamiento sentipensante de la venezolanidad.    

Para que este Plan sea posible y tenga un impacto determinante en el cambio paradigmático de la sociedad venezolana, logrando establecer la hegemonía bolivariana, debe iniciarse de inmediato al más alto nivel decisor.

Yldefonso Finol

Maracaibo, 14 de noviembre de 2024

sábado, 26 de octubre de 2024

"Veto" sin rostro: una lectura con Bolívar

 “Veto” sin rostro: una lectura con Bolívar

I

Ganar la verdad

El Libertador Simón Bolívar fue pionero del multilateralismo, tal como lo fue del Derecho Internacional Humanitario, de las políticas públicas ecologistas y a favor de los pueblos originarios, entre otros asuntos de gran relevancia y actualidad.

Su convocatoria al Congreso Anfictiónico de Panamá -que llega en diciembre al Bicentenario- ilustra exuberantemente la convicción unionista confederal que aún reclama su concreción entre nuestras naciones.

Venezuela mantiene ese espíritu bolivariano, no sólo como Doctrina consagrada en la norma suprema fundante de la Constitución Nacional de 1999; también como valor inmanente a la venezolanidad, constatado en una historia de entrega solidaria al bien común de los pueblos hermanados por el anhelo de emancipación continental.

La presencia del presidente Nicolás Maduro en la Cumbre BRICS de Kazán representa estos elevados principios de nuestro ser colectivo como gentilicio libertador; pero estas cualidades no se consiguen tomando pastillitas milagrosas, ni con falsarias poses maquilladas, ni siquiera con los más avanzados implantes quirúrgicos.  

Por eso recordamos la carta de Bolívar a José Rafael Revenga del 25 de mayo de 1820, refiriéndose a la actitud hipócrita del gobierno de Estados Unidos hacia nuestras luchas por la Independencia: “…habremos conseguido la verdad, que en política como en guerra es de un valor inestimable”.

II

Venezuela es un país asediado bajo la modalidad de una guerra híbrida por las potencias imperialistas de Norteamérica y Europa Occidental. El coctel letal ha incluido ataques ilegales a nuestra economía y servicios públicos, actos terroristas de diversa intensidad, campaña de linchamiento contra le venezolanidad por la transnacional mediática antibolivariana, reiterados cercos diplomáticos, entre otras formas de intervención imperialista. Sólo falta la invasión militar directa, que la derecha fascista criolla y extranjera sigue pidiendo abiertamente.

El plan desestabilizador arreció tras la siembra del Comandante Chávez y el criminal Decreto Obama de 2015. Nuestro pueblo bolivariano ha ido venciendo en una resistencia realmente heroica, con el liderazgo del Presidente Maduro. Llegaron al extremo de engendrar un “gobierno interino” que sirvió a nuestros enemigos para robar importantes activos de Venezuela (una de las formas típicas de la acumulación de capital), y ahora, con el desconocimiento del proceso eleccionario del 28 de julio pasado, se preparan para una acción similar (peor) de cara al 10 de enero, cuando se inicia el nuevo periodo presidencial 2025-2031.

Entonces vuelve El Libertador a darnos luces, con ese par de máximas que hacen del bolivarianismo un pensamiento antiimperialista por excelencia: 1) “En Europa todo se hace por la tiranía, acá por la libertad… ellos sostienen a los tronos, a los reyes; nosotros a los pueblos, a las repúblicas; ellos quieren la dependencia, nosotros la independencia”. (Carta a Santander del 23 de febrero de 1825), 2) “…los Estados Unidos que parecen destinados por la providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad”. (Carta a Patricio Campbell, Guayaquil, 5 de agosto de 1829)

Hay quienes en el “Patio Trasero” quieren congraciarse con el patrón. Almas aspirantes de mayoral, o, parafraseando al sabio Juan Germán Roscio, peor que un ejército invasor es una mente colonizada.

III

Paréntesis relevante

Importante en estos tiempos retomar los aportes del brasileiro Rui Mauro Marini, y con él, toda la teoría marxista de la dependencia. Marini introdujo la categoría del sub-imperialismo, definiéndola como “la forma que asume la economía dependiente al llegar a la etapa de los monopolios y el capital financiero”.

El golpe militar de 1964 contra Joao Goulart, inscrito en los planes hegemonistas estadounidenses, amarró la economía y la política exterior de Brasil bajo la égida de la Casa Blanca. Desde entonces, la obediencia fue un afán de premiación de las elites dominantes del antiguo Imperio Luso, resignado al papel de segundón.

IV

Cerremos -por ahora- con más bolivarianismo: “Si los traidores triunfan, la América meridional no será más que un caos; pero, a la verdad, yo no concibo tal triunfo. Unos viles no pueden formar masa capaz de combatirnos”. (Carta a Rafael Urdaneta, Caracas, 14 de abril de 1827)

 

Yldefonso Finol

martes, 22 de octubre de 2024

DEL ORINOCO AL VOLGA: LA EXITOSA DIPLOMACIA BOLIVARIANA

DEL ORINOCO AL VOLGA: LA EXITOSA DIPLOMACIA BOLIVARIANA

Nicolás llegó a Kazán. Madrugó a muchos, como diría un paisano criollo para expresar la sorpresa noticiosa.

Hace un par de meses la maquinaria mediática imperialista intentó desaparecer a Nicolás, como si de un acto de magia perversa se tratara. Reincidieron en la ficción de otro “presidente”. Y van a insistir, porque es muy alta la apuesta Venezuela.

Pero deben saber el imperialismo y sus peones, que no basta la cábala para detener un país cuyo futuro es labrado cada día con amor y convicción.

La geopolítica es una ciencia muy compleja. Una alianza constructiva, que respete las especificidades nacionales, es necesaria en todo tiempo. La animadversión coyuntural de gobiernos serviles en el vecindario, no implica el aislamiento de una fuerza tan relevante como la Venezuela Bolivariana.

Un mundo de múltiples centros geoeconómicos, requiere el concurso de variadas potencialidades: la energética es clave.

Nuestra política amistosa, soberanista y solidaria, concebida y construida en la era Chávez que continúa el presidente Maduro, sigue dando frutos.

II

La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela es una poderosa atalaya contra traidores a la patria y enemigos externos. Le corresponde exclusivamente al presidente trazar los lineamientos de política exterior y dirigir las relaciones internacionales. Nicolás es un estadista con mucha experticia en el delicado mundo diplomático. También es el líder creador de un equipo de altísimo nivel, que integran con gran eficacia y versatilidad la vicepresidenta Delcy Rodríguez y el ministro Yván Gil, junto al valioso talento de la cantera bolivariana.   

El Artículo 136° en su numeral 4 establece como competencia y obligación del Presidente Nicolás Maduro: “Dirigir las relaciones exteriores de la República y celebrar y ratificar los tratados, convenios o acuerdos internacionales”; mientras que el Artículo 152° define que: “Las relaciones internacionales de la República responden a los fines del Estado en función del ejercicio de la soberanía y de los intereses del pueblo; ellas se rigen por los principios de independencia, igualdad entre los Estados, libre determinación y no intervención en sus asuntos internos, solución pacífica de los conflictos internacionales, cooperación, respeto a los derechos humanos y solidaridad entre los pueblos en la lucha por su emancipación y el bienestar de la humanidad. La República mantendrá la más firme y decidida defensa de estos principios y de la práctica democrática en todos los organismos e instituciones internacionales.”

Tales son los principios que pregona y encarna en la cumbre BRICS en Rusia el Constituyente y Jefe de Estado Nicolás Maduro.

III

Bolívar, nuestro guía histórico, nos heredó una doctrina de las relaciones internacionales. Permítanme compartir algunos párrafos de mi libro Simón Bolívar: ideología y método de emancipación de Nuestra América. [1]

A su amigo Guillermo White, escribió desde San Cristóbal el 26 de mayo de 1820, unas notas reflexivas sobre las metas más anheladas de la lucha emancipadora, mismas que sólo se legitimaban por su contenido humanista y progresista: “No hay libertad legítima sino cuando ésta se dirige a honrar la humanidad y a perfeccionarle su suerte. Todo lo demás es de pura ilusión, y quizás de una ilusión perniciosa”.

Veía así su compromiso con el orbe, a pesar de saber que nuestra especificidad nos obligada a diseñarnos un nuevo sistema de vida nunca antes concebido. Es lo que hemos acuñado en el juego de palabras: el Nuevo Mundo crea un Mundo Nuevo.

La Doctrina Bolivariana sobre las relaciones internacionales, cuenta con un sinfín de máximas principistas que la definen y que la proyectan en los tiempos con una vigencia inobjetable. Una en particular que explica fenómenos geopolíticos de otrora y de la contemporaneidad, es aquella que establece: “Las enemistades entre naciones nacen del deseo de preponderancia y no del sistema de gobierno”. (Carta a Santander. Quito, 6 de diciembre de 1822).

Tal es la Doctrina Bolivariana en el plano internacional, que, junto al concepto del Equilibrio del Universo, redondea la posibilidad de un mundo amante de la paz y la cooperación para el progreso equitativo de las naciones. 

El desiderátum de esa vida virtuosa dedicada a la emancipación de los pueblos, aspiraba coronar una sola ambición suprema, de la cual dependían todos los sueños por realizar: “La paz será mi puerto, mi gloria, mi recompensa, mi esperanza, mi dicha, y cuanto me es precioso en este mundo”.

IV

No es un tiempo grato para la atribulada humanidad. Lo peor del humano cruel se está manifestando sin ningún pudor ni conmiseración ante la impotente burocracia multilateral que nada hace para detener a la bestia nazi-sionista desatada.

Venezuela presente en Kazán, es un aporte moral inmenso, una contribución altruista invaluable, más allá de lo concreto que en bienes estratégicos representa.

Deseamos que los pueblos se hermanen en busca del bien común, y somos conscientes de la historia de las desigualdades y el afán hegemónico que lo impiden. Pero donde se haga un llamado a “hacer humana la humanidad”, allí estará la Revolución Bolivariana, aunque sea navegando del Orinoco al Volga.

 

Yldefonso Finol

  



[1] Centro de Estudios Simón Bolívar, Caracas 2022

miércoles, 9 de octubre de 2024

VENEZUELA EN LA VANGUARDIA ANTIFASCISTA

 Venezuela en la vanguardia antifascista

Un engendro maléfico ha resurgido del averno: el fascismo, o nazismo, en su versión germana. El papel de genocida compulsivo que antes encarnó la Alemania de Hitler, hoy lo patentiza con horripilante impunidad la Israel de Netanyahu, esa maquinaria de muerte creada por el sionismo imperialista inglés y estadounidense para invadir Palestina y problematizar el Medio Oriente; porque eso es Israel: un proyecto colonialista con patente para masacrar, perpetrar genocidio, imponer apartheid, promoverse como supremacía racial-religiosa, y desarrollar el más aberrante régimen terrorista con el armamentismo como estrategia de sojuzgamiento de los pueblos vecinos, particularmente la nación árabe, contra la cual han creado -para despojarla- todos los prejuicios y estigmatización a través del aparato comunicacional hegemónico de los imperialismos occidentales.   

Esta es la paradoja (simbólica) más absurda de la humanidad actual.

El neofascismo también viene creciendo en Europa por medio de partidos políticos de derecha que se jactan de ser herederos de las dictaduras y autocracias impuestas a sangre y fuego la primera mitad del siglo XX; esas mismas que provocaron las dos conflagraciones imperialistas, en la segunda de las cuales, se ensañaron rabiosamente contra los pueblos soviéticos. Se trata de proyectos retrógrados que se solazan en la xenofobia, la negación de derechos, la invocación de manidos clichés anticomunistas o contra cualquier forma de izquierda, a la que aspiran exterminar.

En Nuestra América no han faltado estas atroces experiencias, recordemos la Operación Cóndor, donde se agruparon dictaduras pitiyanquis genocidas de sus propios ciudadanos. Hoy, en pleno siglo XXI, vemos el posicionamiento de megalómanos psicópatas como Milei en la presidencia de Argentina, y -antes- un Bolsonaro en Brasil, un Noboa en Ecuador, Bukele en El Salvador, y las soterradas fuerzas oscurantistas del santanderismo neogranadino acechando la frágil democracia progresista intentada por el presidente Petro, quien acaba de denunciar un golpe de Estado en marcha.

Venezuela Bolivariana sabe de esas embestidas. El fascismo criollo ha intentado por todas las vías derrocar el orden constitucional y someter el país a la recolonización yanqui. Las acciones criminales activadas desde el domingo 28 de julio, como parte del plan de desconocimiento del triunfo claro del candidato bolivariano Nicolás Maduro, los ataques eléctricos, cibernéticos y, en simultáneo, el despliegue de bandas delictivas, constituyeron elementos claves del plan fascista para asaltar el poder mediante la estrategia del “caos constructivo” justificador de la intervención militar extranjera.

Pero esta Venezuela Bolivariana ha aprendido mucho en la resistencia popular a dos décadas de ataques oligárquico-imperialistas. El golpe de estado de 2002 contra el Comandante Chávez lo vencimos en 47 horas, y esta violencia fascista de julio 2024 quedó desarticulada en día y medio. Lamentable el saldo de vidas humanas que dejaron a su paso los “comanditos”; doblemente martirizadas cuando la mediática antibolivariana usa esas víctimas para acusar al Gobierno, siendo que fueron homicidios cometidos por las pandillas derechistas, pagadas por la franquicia terrorista lacaya de los gringos.

Superadas las horas aciagas de violencia con que quisieron destruir la estabilidad alcanzada con el liderazgo del Presidente Nicolás Maduro -tras una década de guerra híbrida que mermó gravemente el Ingreso Nacional e implicó la trama de un fantoche “gobierno interino” que facilitó el saqueo de valiosos activos venezolanos-, nuestro país pasó a la ofensiva creativa al convocar la iniciativa política más trascedente de los últimos tiempos: el Congreso Mundial contra el Fascismo, Neofascismo y expresiones similares, realizado en Caracas los días 11 y 12 de septiembre, con un esfuerzo extraordinario que logró reunir en tiempo récord más de mil delegaciones de 91 países.

Y como resultado de este histórico Congreso, la creación de la Internacional Antifascista que ya aglutina las más representativas voluntades democráticas y solidarias del planeta. Actualmente se prepara una agenda de encuentros de parlamentarios (4 y 5 de noviembre), jóvenes (finales de noviembre), y otros sectores sociales que irán enriqueciendo el accionar coordinado de las fuerzas humanistas que detendrán el fascismo como amenaza a la paz y convivencia universal.

La Diplomacia Bolivariana de Paz continuó su avanzada por la verdad en la Asamblea General de Naciones Unidas, escenario que la transnacional antibolivariana pretendía convertir en matadero de nuestra legitimidad. ¡Vaya chasco se llevaron! Sólo un grupúsculo de gobiernos sumisos a Estados Unidos corearon su falaz cacareo cuestionando nuestra soberanía electoral, sin ningún efecto en el mundo libre de tutelas imperiales.

La voz de Venezuela, llevada por nuestro Ministro del Poder Popular para Relaciones Exteriores, Yván Gil, en representación del Jefe de Estado, Nicolás Maduro, sonó alta, afinada y clara, con la irreductible dignidad de la Patria de Bolívar y Chávez, la que nunca se rinde, la fraterna con los pueblos, la que sueña, lucha y trabaja por una mejor humanidad.

Impresionante multiplicidad de encuentros bilaterales y multilaterales con gobiernos amigos de Venezuela que representan en conjunto al 90% de la población mundial, más del 80% de los Estados miembros de la ONU, y las economías productivas emergentes que mueven el mercado global de energías, alimentos, manufacturas, equipos industriales y tecnologías. Siempre hablando del bien común y el buen vivir de los pueblos, nunca fraguando daños a nuestros semejantes, como si hacen con descaro nuestros enemigos, esos que amasan sus negocios con la guerra y el expolio.

Nuestra Venezuela ha dado agigantados pasos al frente en defensa de la humanidad, al convocar y constituir la Internacional Antifascista, que es decir antiimperialista, antisionista, anticolonialista.

Es el valor de ser una República Bolivariana, a veinticinco años de la indestructible Constitución Nacional de 1999. ¡Victoria tras victoria, Patria querida!

Yldefonso Finol