jueves, 13 de octubre de 2022

BOLÍVAR DELIRANTE: EN EL BICENTENARIO DE "MI DELIRIO SOBRE EL CHIMBORAZO"

 


Bolívar delirante

Cómo no delirar subiendo al vigía de los tiempos. El héroe que se sabe hacedor de libertad. El amante del paisaje que recién acaricia en vertiginosa espiral de glorias. Pichincha y Cotopaxi custodian la alcoba de Manuela. El enamorado alucinante debe escalar al cenit de su balcón por esos divinos abrigos que le cubren los secretos más difusos: la sanación cósmica.

El hombre que liberó el Magdalena y dominó el Orinoco y cruzó los Andes para volverse venerable “fantasma” en Bogotá, tiene sed de nieves. La eternidad se metió en su apuñalada hamaca de Jamaica, en su abaleada hamaca de Rincón de Toros.

Entrar en trance chamánico, recostado en el ahogo de Casacoima, con las mordeduras de caimanes y pirañas aun sangrantes, extasiado con los huesos crujiendo en el espiral abrazo de una constrictora gigante. Y ahora desembocar en las entrañas dulces del amor tras vencer la muerte que lo persiguió antes de nacer.

Todo el mal se ha esfumado a su paso y ante sus ojos resplandece una acuarela de inmensos valles verdes, cielos azules brillantes penetrados por pétreas lanzas blanquecinas. Chimborazo le pide poseerla. Él, sabiéndola tan elevada, se le entrega delirante: el alma se le llena de vida. Entonces la poesía se derrama desde las cumbres hacia el océano donde tributan sus versos los cantos ancestrales.

El equinoccio le regaló la fiesta del Kulla Raymi, había empezado la primavera. La tierra es fruta de adoración a la femineidad.

Amanece la Independencia con un sol radiante que inspira el genio que la conduce. Su mirada tiene al Universo como campo de sueños. Piensa la Utopía. Despierta ungido de ensueños. Aparta las sábanas para estirar los besos. Ella es la beldad hecha causa. Chimborazo: una humanidad amasada por la fuerza histórica del amor.

Bolívar le susurra: “es pasión, delirio de estar contigo”. Ella le corresponde jadeante: “alma mía, la gloria eres tú”.

 

Yldefonso Finol

En el Bicentenario de Mi Delirio sobre el Chimborazo

Maracaibo, 13 de octubre de 2022

 

domingo, 9 de octubre de 2022

TEÓRGIDO RINCÓN: LUCHADOR AÑÚ POR LA PATRIA BUENA

 


TEÓRGIDO RINCÓN

Teórgido Elí Rincón nació en la población El Moján, municipio Mara del estado Zulia, en la República Bolivariana de Venezuela, el 23 de enero de 1961.

Hijo de una humilde y numerosa familia de pescadores, su madre María Eligia Rincón y su padre Telemago Paz, eran descendientes directos del pueblo añú originario de la Cuenca del Maracaibo.

Su infancia la pasó en el barrio Nazaret, como se llama la comunidad palafítica del Moján autóctono. Comenzó sus primeros estudios en la escuela cercana a su barrio, también llamada Nazaret, terminó la primaria en la escuela Sixto de Vicente, y comenzó el bachillerato en el liceo Hugo Montiel Moreno en la capital marense.

Teórgido Rincón, conocido cariñosamente como “Teo” o “Machito” por sus familiares y amistades, era el tercero de siete hermanos, cinco varones y dos hembras, fue un adolescente inquieto, recio, trabajador y sensible. Realizaba labores de ayudantía en la faena pesquera para la manutención del hogar. Participaba en las actividades comunitarias tradicionales y asumió tempranamente luchas reivindicativas, tanto en su barrio como en los quehaceres estudiantiles.

A mediados de la década de los setenta, se había instalado en un palafito del barrio Nazaret una célula del Partido de la Revolución Venezolana (PRV) bajo la fachada de Casa de la Cultura Popular. En esa sede se comenzó un trabajo político vinculado a las necesidades más notorias de la población. Lo primero que se hizo fue implementar una jornada de alfabetización, ya que había muchas personas adultas sin esta elemental formación. Simultáneamente, se inició un intenso movimiento cultural con la creación de diversos grupos en las artes del teatro de calle, títeres, danzas folclóricas, decimistas, y la edición del periódico El Proletario, elaborado totalmente en forma manual con la técnica de la batea.

Teo fue de los primeros muchachos del barrio en incorporarse a aquél proyecto de concienciación y organización popular, que conjugaba su activismo con la Unión de Jóvenes Marenses que era un colectivo de vinculación del movimiento juvenial a las luchas ciudadanas en el municipio Mara, y el Comité Estudiantil Pro Asamblea (CEPA), expresión de la militancia abstencionista que no participaba en las tradicionales elecciones de centros de estudiantes por considerarlos mediatizados.

La organización política que canalizaba la presencia pública del PRV fue el Movimiento Político RUPTURA, con el periódico de igual nombre, a través del cual se difundían las líneas tácticas y estratégicas del partido. Teórgido formó parte de RUPTURA como joven comprometido y fue madurando una posición cada vez más sólida hasta hacerse un cuadro con liderazgo en el seno de la organización.

Por este tipo de compromisos, fue trasladado a la ciudad de Maracaibo, donde continuó sus estudios en la Escuela Técnica Industrial ubicada en Sierra Maestra. En esa institución educativa Teórgido descolló como líder estudiantil, tanto como representante de sus compañeros de estudio, como agitador de las masas empobrecidas del sur de la capital zuliana, donde las carencias de servicios públicos y el abandono gubernamental en general eran causa de un gran malestar social.

Por su entrega y combatividad el sistema lo sometió a persecución, impidiéndole continuar su formación profesional.

Llegada la década de los ochenta, ante la división de los jefes del PRV, Teórgido opta por seguir la línea oficial dentro de la organización que la lidera el legendario jefe guerrillero Douglas Bravo. Es cuando se traslada a la ciudad de Cabimas, apoyado por sus leales compañeros, partícipes de la misma posición, María Álvarez y Ender Fula.

Fue así como Teórgido Rincón, el Teo, el Machito del barrio añú del Moján originario, se hizo cabimero de vivencia, luchas y corazón.

II

En Cabimas Teórgido se involucró rápidamente con las luchas sociales. Entre las actividades económicas de manutención, casi siempre en el comercio informal y el emprendimiento en el área alimentaria, lo más importante era ser consecuente con las aspiraciones que los marginados de la Venezuela “saudita”, los cordones de excluidos en las ciudades petroleras, tuvieran acceso a derechos humanos esenciales.

Su personalidad enérgica y rebelde, lo llevó a movilizarse por otras partes del país, contribuyendo siempre al debate por una alternativa revolucionaria para la Patria. Anduvo con Alí Primera en las iniciativas unitarias del Padre Cantor y en eventos de trascendencia como las Canciones Solidarias y la Canción Bolivariana, evento mago con el cual Alí convocó al país y al continente a retomar el bolivarianismo como camino emancipatorio antiimperialista.

Junto al dirigente social de Cabimas Douglas Querales y su hermano Pedro, a María Álvarez y Ender Fula, y una pléyade de personas luchadoras, mantuvieron incólume una vanguardia patriótica en toda la Costa Oriental del Lago Maracaibo, aupando al movimiento obrero de conciencia clasista y el movimiento cultural que se aferraba a la creación de espacios libertarios e igualitarios en una mejor sociedad.

En esa perspectiva se atrevieron a rescatar para el pueblo humilde aquellos derechos que el sistema bipartidista negaba a las mayorías. Uno de ellos sin duda, la vivienda, una de las carencias más sentidas de aquellos tiempos injustos.

El proyecto de El Golfito no sólo fue la recuperación de tierras urbanas por vía de la acción popular organizada, sino que, más allá de la mera ocupación del terreno, se concebía como la semilla de un nuevo paradigma civilizatorio que asumía la reivindicación social como construcción colectiva de nuevas relaciones humanas basadas en la solidaridad, la autodeterminación, la corresponsabilidad, conceptos que más luego formaron parte del proceso constituyente que dio origen a la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

Entender la comunidad con un sentido holístico, integral e integrador, implicaba la concepción de la autonomía ciudadana como elemento básico de la redención y el conocimiento como sendero de la formación del nuevo republicano pensado por Simón Rodríguez y su discípulo Simón Bolívar, Nuestro Libertador. Por ello la escuela debía ser toda la comunidad. El barrio como escenario para compartir saberes y gestar aprendizajes para alcanzar los más altos estadios de conciencia humanista, ecologista y transformadora.

Es así que desde el primer momento se implementan acciones comunitarias para darle vida a esa utopía: “la escuela es el barrio”. Visión perseverante de la profesora María Álvarez, por demás pionera que el propio Maestro Prieto Figueroa llegó a alabar como modélica. Esta fue una de las causas justas a las que Teórgido Rincón consagró sus esfuerzos como bastión fundamental del liderazgo social emergente en la Cabimas de los ochenta.

Líderes nacionales como José Vicente Rangel y regionales como Luís Hómez dieron su concurso en pro de esta lucha emblemática en los anales de la historia revolucionaria en el Zulia.

Teórgido asumió también el combate en espacios electorales en llave con Douglas Querales, llegando a ocupar responsabilidades en la estructura institucional del municipio en representación de la izquierda cabimense.

Llegado el tiempo insurgente del 4 de Febrero de 1992, el llamado de la Patria contó con Teórgido Rincón entre los revolucionarios civiles que arriesgaron sus vidas por el despertar del pueblo bolivariano. Él es uno de esos héroes anónimos que escribieron la historia con los mayores sacrificios sin ser apenas reconocidos.

Por eso el recuerdo amoroso de quienes le conocimos y tuvimos el honor de luchar a su lado, debe ser llama eterna que lo consagre entre las páginas inmortales de las batallas de la Venezuela profunda por su libertad y su felicidad.  

El resto de la década de los noventa, Teórgido, junto al grueso de la militancia revolucionaria de la región, trabajó tesoneramente en la consolidación de un nuevo sindicalismo en la clase trabajadora petrolera y otras ramas industriales en la Costa Oriental del Lago, como parte de la estrategia de cuajar una fuerza revolucionaria capaz de tomar el poder y comenzar los cambios radicales que la Patria reclamaba.

Se sumó con entusiasmo a la campaña electoral presidencial al lado del Comandante Hugo Chávez y al Proceso Constituyente convocado por éste para refundar la República.

En varios municipios del Zulia, incluido su pueblo natal El Moján, hizo campaña por el Referéndum Consultivo del 25 de abril de 1999 para convocar la Asamblea Constituyente, luego para obtener el triunfo de elegir todos los Constituyentes por el estado, y la aprobación del pueblo el 15 de diciembre de la nueva Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

A comienzos del año 2001, su salud se había deteriorado en gran medida como consecuencia de una vida de exclusión, sacrificios, y precondiciones circulatorias incapacitantes. El 5 de julio de ese año, mientras trabajaba como vendedor informal en la población de Encontrados, municipio Catatumbo del estado Zulia, sufrió una crisis; en pleno traslado al Hospital de Mérida, fallecía ese gran luchador y buen compañero que fue Teórgido Rincón.

Sus restos fueron sepultados en el cementerio del Moján, donde a su entristecida familia se sumaron multitud de camaradas venidos de muchos lugares de la Patria.

Honor y gloria en su memoria.

 

Yldefonso Finol

Historiador Bolivariano

sábado, 24 de septiembre de 2022

LA NOCHE SEPTEMBRINA: TRAICIÓN Y ASESINATO EN LA HISTORIA DE COLOMBIA

 


El 25 de septiembre de 1828: historia de traición y asesinato en Colombia

 

Introito

¿Qué novedad podría agregarse a un tema tan lejano en el tiempo, que ha sido relatado en muchas obras escritas y audiovisuales? La respuesta: un análisis histórico-jurídico.

Propondré en este artículo un nuevo enfoque que trabaja cuatro hipótesis:

-       Que la culpabilidad de Santander en el intento de magnicidio contra El Libertador durante la noche del 25 de septiembre de 1828, no sólo quedó demostrada en el juicio sumario llevado impecablemente por el General en Jefe Rafael Urdaneta, sino también en las declaraciones y actuaciones posteriores del traidor.

-       Que más allá de la envidia enfermiza que Santander engendró contra Bolívar, la acción criminal de esa noche fue concebida como parte de un plan político para revertir los contenidos emancipatorios, igualitarios y antiimperialistas de la revolución de independencia concebida por El Libertador.

-       Que este movimiento retrógrado pro oligárquico y pro imperialista, es el mismo que ejecuta en Berruecos el vil asesinato del Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, inaugurando la práctica terrorista del sicariato y las masacres aplicada hasta la actualidad contra quienes representan en Colombia la opción popular progresista.

-       Que al tomar el poder tras la muerte del Padre de la Patria, este grupo de megalómanos serviles de la Doctrina Monroe, aplicó el terrorismo de Estado contra el pueblo trabajador de la ciudad y el campo, favoreciendo la acumulación de las tierras y las riquezas en muy pocas familias oligarcas, mientras en el plano internacional servía como peón de los peores intereses estadounidenses. 

Reitero sí, que lo repetitivo pero necesario respecto de esta fecha, es nunca olvidar el suceso por constituir una marca muy profunda en el devenir de los pueblos de Nuestra América, que debería ser estudiada en todos los niveles educativos para que cada nueva generación comprenda la podredumbre espiritual que representa la traición, y las consecuencias nefastas de mezclar el delito de asesinato con las ambiciones de poder. 

I

Santander tuvo tres versiones sobre su vinculación al suceso de la “Noche Septembrina”, en que se intentó asesinar al Libertador Simón Bolívar:

-       Primero dijo que no sabía nada del complot.

-       Cuando algunos testigos manifestaron haberle informado el plan al susodicho, entonces dijo que si supo algo pero que se opuso…

-       Luego que las evidencias lo fueron acorralando, fue soltando fragmentos de veracidad como ese de haber sugerido que no era el momento oportuno y que mejor pospusieran la acción hasta después de emprender su viaje a Estados Unidos, para que no se pensase que él tenía algo que ver...¡vaya descaro!

Lo que no hizo fue cumplir su deber ciudadano, ni su obligación de militar y funcionario diplomático recién nombrado por el Gobierno Bolivariano. Porque Santander decía en privado objetar la dictadura (en la acepción romana) impuesta circunstancialmente por Bolívar, pero no se negó a aceptar ufano que esa “dictadura” lo nombrase embajador ante el gobierno gringo.

Un individuo tan soterrado y ladino, que nunca fue frontal sino intrigante, acostumbrado a usar plumíferos imberbes como espadachines entintados para verter opiniones ocultas, apenas se atrevió a mostrar sus verdaderos sentimientos al confirmarse la muerte del Libertador.

Otra fábula que pretendió argumentar hablaba de una supuesta carta anónima enviada por él a Bolívar advirtiendo de la inminente conspiración. Todo un creativo de la farsa el señor. En el viaje a la costa Caribe para salir expatriado, sostuvo este diálogo donde el oficial italiano que le acompañó y que reportaba a Manuela Sáenz los pormenores del recorrido, lo interpela sagazmente:

-       Montebrune. “Y sabiendo usted que se intentaba contra la persona que sostiene la república, deduzco que conocía fácilmente que se seguiría la destrucción del edificio; era, pues, un deber de usted delatar claramente al gobierno el plan que se formaba para lograr su exterminio, y este deber es tanto más positivo cuanto que usted, además de ser un general, acababa de recibir de su excelencia las pruebas de la más alta confianza con el destino que se le había conferido”.

-       Santander. “Siempre he creído que todo delator se envilece”.

-       Montebrune. “Mas no se envilece aquel ciudadano que salva a su patria; además yo, en lugar de usted, nunca aduciría o diría tal cuento de anónimo, porque usted sabe que en el reglamento de correos hay un artículo, y creo que no está anulado, por el cual se previene que todas las cartas que se introducen en el buzón y son dirigidas a individuos que habiten el lugar, deben quemarse y no dárseles curso; ahora mucho menos a una dirigida a su excelencia, por mil razones que no acabaría nunca de explicar si me pusiese a detallarlas”.

-       Santander. Yo ignoraba tal cosa (¿Cómo así? ¿el “Hombre de las Leyes” ignoraba un simple reglamento?), y como observé el silencio de París que me invitó la noche del 23, toqué el mismo negocio aunque en términos generales y Herrán estaba presente.

-       Montebrune¿Usted dijo a Herrán y a París el contenido del anónimo?

-       Santander. “No, pero les hice entender que estábamos amenazados de una revolución, y París despreció mi proposición, riéndose de ella, sabiendo sin embargo yo que hablaba de buena fe”.

-       Montebrune. Señor, todas estas razones lo hacen a mis ojos más criminal; usted perdió la ocasión de probar a Colombia que desea su felicidad; usted tuvo en sus manos los medios de destruir la larga serie de cosas que se han escrito sobre usted y de dar pruebas al Libertador de que era digno de su confianza.

-       Santander“Yo jamás creía que los conspiradores fueran capaces de llevar adelante tal locura”.

-       Montebrune. ¿Y por qué les daba consejos?

El análisis de esta personalidad tan ponzoñosa queda para más estudio y reflexión. El derecho penal de todos los tiempos le señala por actuar con simulación, saña, alevosía, nocturnidad, y reincidencia.

II

Debo hacer una advertencia previa como investigador de procesos históricos: desde que fue captado por el aparato de inteligencia yanqui, Santander no trazaba línea sin calcular su efecto en el futuro, y en las comunicaciones con sus cómplices utilizó codificaciones y palabras claves cuyo significado sólo ellos manejaban; también está comprobado que ordenó el robo de correspondencia de Bolívar y de leales bolivarianos como Lara, Urdaneta, Manuela; y usó a expertos falsificadores para adulterar documentos, por lo que ninguna carta de algún prócer –especialmente las de Bolívar- proveniente de su archivo personal es confiable; lo más seguro es que haya sido manipulada con la agregación de alguna frase inadecuada para el remitente o favorable al tenedor.

Dicho esto, pasemos a revisar algunas expresiones que reflejan el odio exhalado por Santander contra el hombre que lo sacó del anonimato y lo subió con generosidad sincera al carruaje de la Historia.

La noticia de la muerte del Libertador es recibida por Santander el 1º de marzo de 1831 en Génova, Italia. Al día siguiente escribe a Francisco Soto con despreciable cinismo: “muerto Bolívar, ya no queda ni pretextos para estar echando abajo las constituciones y nombrando dictadores”. A Vicente Azuero, le habla con abierta fruición: “¿Con que al fin murió don Simón? El tiempo nos dirá si su muerte ha sido útil o no a la paz y a la libertad; para mí tengo que no sólo ha sido útil, sino necesaria”. Son las palabras de un asesino. Luego a Herrán, en otra fecha desde Londres: “la muerte del general Bolívar ha allanado los dos tercios del camino para resolver (diferencias políticas) sin acudir a las armas”.

El tiempo lo desmintió categóricamente: la muerte de Bolívar y el ascenso de esos canallas al poder, sólo trajo ausencia de paz y libertad al pueblo colombiano, que aún hoy es masacrado por las armas, habiendo sufrido dos siglos de indetenible guerra interna.

¿Con quiénes gobernó Santander al regresar a Bogotá, luego que Estados Unidos cuadrara su llegada triunfal como (sub) presidente de la Nueva Granada?

Al primero que premió con el cargo de Ministro de Guerra fue al asesino de Sucre. El 1º de junio de 1830 los santanderistas publicaron una arenga al magnicidio contra el Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre: “Puede ser que Obando haga con Sucre lo que no hicimos con Bolívar”. ¿Díganme si esto no es una apología del magnicidio?. El periódico de los sicarios ostentaba el nombre de “El Demócrata”. Son los mismos matones de septiembre 1828 y junio 1830 que hasta hoy se hacen llamar “demócratas”. La lista sigue con Azuero, los “Pachos” Soto y González, Lorenzo María, el primero de la antivenezolana familia Lleras, y una pandilla de asesinos en serie, antecesores de tipos como el alias “Popeye”, típicos en la Colombia secuestrada por ese santanderismo.

III

En la acera de la justicia y el honor, perfectamente hilada con las razones y evidencias que hemos expuesto, estuvo la Sentencia de Urdaneta, en cuyo numeral 3º dictaba:

-       Que el expresado general no sólo se manifiesta sabedor de una conspiración, sino también de aconsejador y auxiliador de ella, sin que pueda valerle de ningún modo el que no haya estado en su ánimo la conspiración del 25, pues él mismo confiesa haber aprobado una rebelión, y aun haber aconsejado los medios de realizarla por el establecimiento de la sociedad republicana, circunstancia que le califica de cómplice en la conjuración del 25, pues poco importa para su defensa que haya estallado en aquél día o en cualquiera otro la revolución que aconsejaba y caracterizaba de justa, porque lo que se deduce es que abortó su plan por la opinión del capitán Benedicto Triana, cuyo acontecimiento no dio lugar a que se efectuase cuando el general Santander se pusiese en marcha para los Estados Unidos del Norte, según él lo deseaba. Por estos fundamentos, y lo más que resulta de cierto, se concluye que el general Francisco de Paula Santander ha infringido el artículo 26 del tratado 8, título 10, de las ordenanzas del ejército, que impone pena de horca a los que intentasen una conjuración, y a los que sabiéndola, no la denunciaren; ha infringido el artículo 4 del decreto de 24 de noviembre del año 26, por el que se prohíben las reuniones clandestinas; y con más eficacia el decreto de 20 de febrero del presente año contra los conspiradores. En esta virtud se declara que el general Santander se halla incurso en la clasificación que comprende el segundo inciso del artículo 4 de este último decreto, y se le condena, a nombre de la República y por autoridad de dicho decreto, a la pena de muerte y confiscación de bienes en favor del estado, previa degradación conforme a ordenanza; consultándose esta sentencia para su aprobación o reforma con su excelencia el Libertador presidente.

La consulta implicó que el Consejo de Ministros sugiriera la conmutación de la pena por el exilio, y Bolívar, siempre elevado por encima de las miserias humanas, pensando en no echar más leña a la hoguera donde se avivaban rivalidades xenófobas contra los venezolanos fieles al Proyecto Bolivariano, lo aprobó, aunque después tuviera que exclamar: “Yo he conservado el título de magnánimo y la Patria se ha perdido”, reconociendo amargamente la imprudencia de “haber salvado a Santander”.

Y para más detalles de lo acontecido aquella noche trágica para la historia ejemplar que se venía escribiendo de la mano del Gran Genio de América, dejemos que sea Manuela Sáenz, quien nos relate lo sucedido, de primera mano:

-       “Serían las doce de la noche cuando latieron mucho dos perros del Libertador, y a más se oyó un ruido extraño que debe haber sido al chocar con los centinelas (...). Desperté al Libertador, y lo primero que hizo fue tomar su espada y una pistola y tratar de abrir la puerta. Le contuve y le hice vestir, lo que verificó con mucha serenidad y prontitud. Me dijo: “Bravo, vaya, pues, ya estoy vestido; y ahora ¿qué hacemos? ¿Hacernos fuertes?” volvió a querer abrir la puerta y lo detuve. Entonces se me ocurrió lo que había oído al mismo general un día: “¿Usted no dijo a Pepe París que esta ventana era muy buena para un lance de estos?” “Dices bien”, me dijo, y fue a la ventana. Yo impedí el que se botase, porque pasaban gentes, pero lo verificó cuando no hubo gente, y porque ya estaban forzando la puerta. Yo fui a encontrarme con ellos para darle tiempo a que se fuese; pero no tuve tiempo para verle saltar, ni cerrar la ventana. Desde que me vieron me agarraron: “¿Dónde está Bolívar?” Les dije que en Consejo, que fue lo primero que se me ocurrió; registraron la primera pieza con tenacidad, pasaron a la segunda, y viendo la ventana abierta exclamaron: “¡Huyó; se ha salvado!” Yo les decía: “No, señores, no ha huido, está en el Consejo”. “¿Y por qué está abierta la ventana?” “Yo la acabo de abrir porque deseaba saber qué ruido había”. Unos me creían y otros no. Pasaron al otro cuarto, tocaron a cama caliente, y más se desconsolaron, por más que yo les decía que estuve acostada en ella esperando que saliese del Consejo para darle un baño (…). El Libertador se fue con una pistola y con el sable que no se quien le había regalado en Europa. Al tiempo de caer en la calle iba pasando su repostero y lo acompañó. El general se quedó en el río (bajo las arcadas del puente del Carmen) y mandó a éste a saber cómo andaban los cuarteles; con el aviso que le llevó, salió y fue para el Vargas (al cuartel del batallón Vargas) (…). Por no ver curar a Ibarra me fui hasta la plaza, y allí encontré al Libertador a caballo, entre mucha tropa que daba vivas al Libertador. Cuando regresó a la casa me dijo: “Tu eres la Libertadora del Libertador” (…). Su primera opinión fue que se perdonase a todos; pero usted sabe que para esto tenía que habérselas con el general Urdaneta y Córdoba, que eran los que entendían en estas causas”. (Carta a O’Leary, 10 de agosto de 1850)

A juzgar por los hechos recientes, a 192 años del crimen histórico, podemos concluir que el régimen antibolivariano surgido de aquellas traiciones, es culpable de haber impuesto la cultura de la muerte como fuente de poder y de riqueza.

Los pueblos tenemos la palabra. Bolívar espera justicia, reparación y –sobre todo- que sus sueños de máxima felicidad, truncados por la manada sanguinaria, se hagan realidad.

martes, 20 de septiembre de 2022

BIOGRAFÍA DE ACETATO


Biografía de acetato

 

Pudiera contar mi vida con los discos de Silvio Rodríguez.

Decir por ejemplo que el amor me supo a tristeza embriagada con días y flores.

Para ser más exacto aclaro que ese lado triste del amor lo vi en el claro de la luna.

Para ser más exacto que los selénicos hilos de luz que cortan mi lamido al horizonte.

Y así quisiera que este texto terminara con el epitafio loco del amolador de sueños.

Sería ideal para no tener que hablar de todo lo demás.

Ventisqueros y arenosos caminos que me atajaron sin compasión.

Pero debo continuar recitando lo que me abjuraron las primeras letras.

 

Pudiera contar mi vida golosamente ortográfica con lluvia de acentos en las graves.

Como decir que uno ha vivido queriendo ser útil solamente útil.

Como decir que uno no se ha arrastrado a lo fácil lo fútil lo inútil lo fósil.

Como decir que uno se ha empeñado en lo fértil lo grácil lo hermano lo surco.

Sabiendo que antes de la p de pausa y la b de brecha estuvo siempre la m de la amistad.

Sabiendo que la religión ni redime ni libera sólo aturde el alma y enajena las esperanzas.

 

Contar la vida desde la silla del peluquero con el sopor Jaramillo inundando la tarde.

Vivir el resto del sábado rumiando esa canción melancólica en mi mente de rockola.

Como imaginar encuentros idílicos con las ninfas acuáticas que cantan seducción.

Porque somos aguas que fluyen del manantial Amaury volando con las alas de la pena.

Esas aguas alucinantes que adolescentes bebemos en la ceguera azul del primer beso.

 

Cantar la vida es rehacer los juegos infantiles en la eterna poesía que florece piedras.

Porque nada es más infantil que la pequeña piedra con que juegan Serrat y León Felipe.

La que sirve de unidad de medida a la sabia cartografía de Bartolomé de Las Casas.

La filosofal que despierta conciencias cuando la nombra la voz agreste de Alí Primera.  

Gloria a los acordes y gritos del camarada que sembró mi patria de ternura liberadora.

El amor es una llovizna desnuda que besa la tierra cuando el sol desde el cenit se lanza al mar.

 

 

 Yldefonso Finol (2009)

domingo, 28 de agosto de 2022

LUÍS URDANETA: HÉROE ZULIANO DESAPARECIDO POR LA "HISTORIA OFICIAL"

 

Luís Urdaneta: héroe zuliano desaparecido por la “historia oficial”

I

Poco se saben las razones del porqué Udón Pérez dice en su letra del Himno del Zulia:

En la defensa olímpica

de los nativos fueros

tus hijos sus aceros

llevaron al confín;

ciñendo lauros múltiples

los viste, con arrobo

del Lago a Carabobo,

del Ávila a Junín;

y en Tarqui y Ayacucho

vibraron su clarín.

 

Y cada vez se conocen menos porque esa estrofa ya ni se canta en los colegios.

La enseñanza de la historia llegó a ser borrada de los pensum de estudio. Muchos intereses juegan a invisibilizar la épica de nuestros pueblos. También mucha modorra burocrática, anemia de patriotismo, mediocridad empoderada.

El colonialismo campante en lo cultural-ideológico, el centralismo burgués por dos siglos acaparador de la historiografía oficial, la falta de voluntad política para subvertir la anquilosada superestructura heredada de aquellas imposiciones opresoras.

Todo ello nos trajo a este punto donde aún es tímida o escurridiza la posibilidad de revolucionar el ideario predominante.

Algunas personas pro-colonialistas de alma, víctimas inocentes (otras  no tanto) de los mitos alienantes y la ausencia de una educación liberadora, defienden y ensalzan la iconografía de los invasores, sus nomenclaturas y monumentos invocando absurdos localismos o idiosincrasias tradicionalistas, pero ni un hálito de sus energías mal encauzadas lo dedican a reivindicar el heroísmo de patriotas nativos que hicieron historia por los anchos caminos del continente.

Es la paradoja terrible que nos toca enfrentar cada día. Hasta qué punto las marcas del régimen colonial determinaron el surgimiento de economías (y culturas) dependientes, al punto que siguen inviabilizando la consecución de los niveles de productividad y justicia social que hicieran posible el bienestar colectivo de nuestros pueblos y la estabilidad política de nuestras repúblicas.

El Libertador exclamó que sólo la Independencia (política) habíamos logrado sacrificando todos los demás bienes. Y, mortificado por los escenarios avistados, siendo severamente autocrítico: “hemos arado en el mar”.

II

Luís Urdaneta es uno de esos héroes olvidados por quienes fijan la agenda. Las pocas fuentes que lo mencionan generalmente confunden datos básicos de su biografía. No las culpo, es parte de la desinformación reinante. Dicen que nació en Maracaibo en 1796; pero se referirán a la provincia, porque la localidad natal correcta se denomina Los Puertos de Altagracia, capital del actual municipio Miranda, ubicado en la costa nororiental del lago maracaibero.

Este Urdaneta, primo doblemente del General en Jefe Rafael Urdaneta Farías, fue uno de los promotores de la causa independentista en Perú, en el seno del famoso Batallón Numancia, en el cual servía como oficial de carrera militar, comenzada muy temprano, cuando fue reclutado para las milicias de blancos un 27 de agosto de 1810.

En esa movida andaba con el hermano de Manuela Sáenz, José, cuando fue descubierto y expulsado del batallón y del Perú, junto a dos venezolanos más: su paisano León Febres Cordero y Miguel Latamendi.  Luego ese batallón realista Numancia, se pasó al bando patriota cuando San Martín llegó a Lima, tal como lo promovieron secretamente Manuela y su hermano José María Sáenz con los venezolanos deportados.

Deportados pero no derrotados. En Guayaquil Luís Urdaneta hace contacto con el movimiento revolucionario local a través de los tocayos José de Antepara y José de Villamil, quienes le reconocen su formación castrense y lo ponen al frente de la operación cívico-militar que emanciparía a la ciudad del río Guayas del dominio español.

Una vez proclamada la independencia el 9 de octubre de 1820, se crearon las condiciones para comenzar las acciones libertarias desde ese afinque estratégico por su acceso naval desde el océano Pacífico, hasta el cual se dirigieron las fuerzas enviadas por Simón Bolívar con Sucre a la cabeza.

El Capitán Luís Urdaneta fue ascendido por la Junta de Guerra a Teniente Coronel y jefe de las operaciones que se emprenderían sin dilación, algunas de las cuales resultaron exitosas, aunque las fuerzas guayaquileñas no bastaban para contener la reacción realista.

La llegada, primero del General José Mires, y luego del General Antonio José de Sucre con refuerzos bolivarianos, cambió radicalmente la correlación de fuerzas, y Luís Urdaneta pudo alcanzar la gloria como segundo jefe de la División Piura que comandaba Andrés de Santa Cruz en el triunfo del 24 de mayo de 1822 en la Batalla de Pichincha.

Muchos servicios hizo a la Independencia la audaz acción de los patriotas en Guayaquil. Allí llegó Bolívar a verse con San Martín. El disciplinado Comandante Luís Urdaneta estuvo siempre cerca para ofrecer sus aportes en un terreno que ya había asumido como Patria.

En septiembre de 1823 El Libertador Simón Bolívar pasó al Perú, donde Luís Urdaneta desempeñó varias misiones previas a las históricas victorias de Junín y Ayacucho. El 10 de octubre de 1825 el Consejo de Gobierno del Perú le confirió la Medalla con el Busto del Libertador. Por méritos acumulados llegó al grado de General de Brigada, que ostentaba cuando viajó a Bogotá en 1827.

En 1828, al producirse la invasión de la oligarquía peruana contra Guayaquil, territorio soberano de aquella Colombia original que Luís Urdaneta contribuyó de manera determinante a liberar, acudió presuroso bajo la jefatura del Mariscal Sucre, a dar viril respuesta a la pretensión expansionista de los traidores aristócratas peruanos azuzados por los agentes yanquis, y el 27 de febrero de 1829 estuvo allí entre los vencedores de Tarqui.

El General de Brigada Luís Urdaneta, hombre de acción y de palabra, de convicciones firmes, luchó hasta su último aliento por sostener el Proyecto Bolivariano de unidad y emancipación social. En los acontecimientos fatídicos de 1830, hizo todos los esfuerzos por mantener la unión colombiana enfrentando el divisionismo de Juan José Flores en Ecuador, y de los santanderistas en la Nueva Granada; siempre en favor del retorno al poder de Simón Bolívar, apoyó al gobierno transitorio del General en Jefe Rafael Urdaneta, combatiendo a quienes después tiranizaron a esos pueblos. Sólo al enterarse de la muerte del Libertador, depuso las armas, de lo cual se arrepentiría al ver los desmanes del santanderismo y los caudillos arribistas.

Habiendo sido expulsado a Panamá, se puso a la orden de los patriotas del Istmo para enfrentar a los opresores venidos desde Cartagena a imponer el nuevo régimen antibolivariano. Defendieron la plaza y creyendo en las ofertas de paz prometidas por los atacantes, cayeron en la trampa. Ya estaba sentenciado que si era venezolano y encima bolivariano, sería pasado por las armas sin mediar juicio.

Así murió fusilado el héroe maracaibero nativo de Los Puertos de Altagracia, un 27 de agosto de 1831, en Panamá.

Se llamaba Luís Urdaneta, hizo historia, pero se le niega estar en ella.

¿Ya comprenden un poco más la letra del poema Sobre palmas y Lauros de Oro del bardo zuliano Udón Pérez?

 

Yldefonso Finol

sábado, 20 de agosto de 2022

LA PAZ DE COLOMBIA: RACIONALIDAD Y SENSIBILIDAD EN CLAVE BOLIVARIANA

 


La paz de Colombia: racionalidad y sensibilidad en clave bolivariana

I

Como hombre de frontera, que desde niño conoció la existencia de una realidad tan cercana pero a la vez tan específica como la colombiana, y que en mi vida adulta como profesional y servidor público, me ha tocado estudiarla a fondo desde la historia común hasta las particularidades diferenciadas, marcadas por la violencia sistémica, las desigualdades terribles, más el morbo de la economía criminal del narcotráfico, no puedo menos que alegrarme por el cambio de situación que se respira desde la ascensión del nuevo gobierno con el economista Gustavo Petro como Presidente y la abogada Francia Márquez en la vicepresidencia de Colombia.

Nadie que ame a Colombia puede evitar sentirse alegre con el cambio que en forma acelerada comenzó en el mismo acto de toma de posesión cuando esa espada legendaria fue invocada como símbolo de futuro, de gloria, de bonanzas populares, de poder dignificante.

Confieso que el domingo 7 de agosto muchas emociones se agolparon en mi corazón bolivariano, recordando tanto camino recorrido, asumiendo riesgos y aportando con entrega por el bien del pueblo humilde de Colombia.

No puede confundirse con injerencia que un venezolano de fronteras, que ha militado en la solidaridad permanente, llegando a ser perseguido por los factores paramilitares que azotaron al país hermano, se exprese amorosamente por el destino esperanzador que se siente venir en las mayorías bienintencionadas que se han agrupado en torno al dúo Petro-Francia.   

Desde los años 90’ del siglo pasado, siendo legislador del estado Zulia, trabajé por la unidad de los pueblos fronterizos, en esfuerzos de enfoque social por las reivindicaciones, tanto tiempo postergadas. Luego la vida me dio la oportunidad de servirle a las víctimas del conflicto interno colombiano como presidente de la Comisión Nacional para los Refugiados, donde, bajo la consigna “una mano amiga, un corazón solidario”, guiados por el inolvidable Comandante Presidente Hugo Chávez y el entonces Canciller camarada Nicolás Maduro, pudimos dar el estatus de refugiados a más de diez mil personas necesitadas de protección internacional.

Muchas vivencias conmovedoras guardo en mi alma de esos años compartiendo con los más pobres de Colombia, los que llegaban por trochas, por ríos, con dolorosas pérdidas en sus querencias.

Hay que reconocer sin mezquindades que la Revolución Bolivariana con Chávez en primer lugar, y ahora con Nicolás, ha sido la más generosa amiga de la paz de Colombia.

Como garante por nuestro país en la mesa de diálogos del Gobierno de Colombia y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), durante los años 2017-2018, fui testigo de excepción de los esfuerzos casi siempre silenciosos que Venezuela ha hecho por esa paz que todas las gentes decentes anhelamos.

Por eso celebramos la celeridad con que se viene reconstruyendo esa posibilidad de negociación con voluntad política a favor de la vida.

II

Hablo desde la poesía. La paz es un horizonte de azules que me llama a vivir para el amor. Doy prioridad a la vida. La vida es un regalo de tiempo indeterminado. Ilusión finita. De alcance impreciso. De giros azarosos. Cómo vivirla es la pregunta que agota su existencia en letanía de dogmas y miedos. Cada vida es una hoja que caerá al secarse o aun verde si un viento inesperado la desprende del árbol. Y el árbol también caerá algún día sobre la tierra. O será nave surcando aguas hasta fundirse en la luz del horizonte. La Vida es ese viaje que se mueve en la hoja en el árbol en las aguas y en la línea inalcanzable de la imaginación. Somos el leve éter que emana de la fábula. La efímera sorpresa de cada día naciendo.

La paz es el río que nos dará agua para vivir, y senda para fluir hacia lo posible, que es cada pedazo de utopía que logramos arrancar a las dentelladas de la muerte.

III

Podemos hablar con la palabra de Bolívar. “La confianza ha de darnos la paz. No basta la buena fe, es preciso mostrarla…”, dejó dicho en carta al jefe enemigo Miguel de la Torre, un 25 de enero de 1821, cinco meses antes de la Batalla de Carabobo que casi extinguió al ejército español en Venezuela.

¿Acaso no ha quedado diáfanamente expresada la confianza y buena fe del nuevo gobierno colombiano en la visita reparadora que ha realizado a Cuba el Excelentísimo Canciller Leyva Durán? Gestos de este talante despiertan admiración en una diplomacia que los pueblos de Abya Yala reclamaban.

Porque “lo que el pueblo quiere es una libertad segura y una paz duradera”, sentenciaba El Libertador en carta a Tomás Cipriano de Mosquera, como si lo hubiese dicho para el día de hoy.

Por eso es Bolívar, porque supo leer las realidades de su tiempo transformándolas e interpretar las aspiraciones de la ciudadanía plasmándolas en sus creaciones teóricas y prácticas. No es sólo una espada que levanta revuelo mundial. Es el proyecto emancipatorio contenido en su Doctrina que está más vigente que nunca y representa la fe de nuestros pueblos en su victoria sobre la opresión y la miseria.

“Aunque me cueste la vida voy a evitar la guerra civil”, declaraba a Bartolomé Salom desde Maracaibo el 17 de diciembre de 1826, cuando tornó apresurado desde Perú para calmar las divisiones en Venezuela que ya se habían caldeado peligrosamente. Y pagó con su vida exactamente cuatro años después.

Bolívar nos une inexorablemente más que las arenas guajiras, las montañas perijaneras, las dinámicas comerciales, los potenciales negocios binacionales, los ríos comunes, y las selvas amazónicas.

Si no me creen, miren no más esta pieza preciosa, la más sublime, la más profética, la más bolivariana, expresada al Congreso de la República reunido en Cúcuta, el 3 de octubre de 1821, luego de navegar el Lago Maracaibo bajo el faro del Catatumbo: “nada más que la paz nos puede faltar para dar a Colombia todo: dicha, reposo y gloria”

Santa palabra.

 

Yldefonso Finol

Economista e historiador bolivariano

domingo, 14 de agosto de 2022

LA ESPADA BOLIVARIANA

 

La Espada Bolivariana (Yldefonso Finol)

 

Por América Latina

Bella Patria soberana

Se ve que avanza y germina

La espada bolivariana.

 

Anda un corcel victorioso

Esparciendo venturanza

El duende de la esperanza

Trota en sendero glorioso

Porque un Pueblo generoso

Cuya firmeza genuina

Es la sabia pura y fina

Que inspira revoluciones

En todos los corazones

Por América Latina.

 

Emerge del ser andino

Del Caribe poderoso

El Aragüaney copioso

Con coraje de Sandino

El Che señala el camino

Para alcanzar el mañana

De la redención temprana

Que Zapata proclamó

Por la que Allende murió

Bella Patria soberana.

 

Yo veo crecer el sueño

Que nuestros héroes soñaron

Y sobre piedra tallaron

Con un ejemplar empeño

Pa’ que no tuviera dueño

Nuestra América Latina

Donde el futuro camina

En huerto de rebeldía

Y la siembra de alegría

Se ve que avanza y germina.

 

Y esa alegría contagiosa

Del latinoamericano

Con ritmo de son cubano

De cueca y de samba hermosa

De nuestra gaita sabrosa

De la cumbia colombiana

La orquídea venezolana

Que está forjando la gloria

Vuelve a despertar la historia

La espada bolivariana.