Sentido
llamado bolivariano: diálogo entre nos, prioridad A1
Punto previo:
alguien aquí está simulando.
El 23
de mayo, que celebramos la exaltación de Simón Bolívar al título inmortal de
Libertador por el pueblo de la preciosa ciudad de Mérida, el ejército genocida
de Estados Unidos simuló que haría un “simulacro de evacuación de personal” (según
informó leyendo un comunicado el ministro venezolano para relaciones exteriores),
pero realmente ejecutaron una prepotente maniobra militar violando una vez más el
suelo, el mar y los cielos de nuestra Patria.
El imperialismo
siempre simula. Una semana antes de atacar a Irán estaban sentados en una mesa
de negociaciones que “priorizaba la diplomacia”, según declaró el secretario de
Estado.
Los gringos
siempre simulan, desde tiempos de la invasión en que los colonos ingleses “regalaron”
mantas infestadas de viruela a pueblos originarios para -según instrucciones
documentadas- “exterminar esa raza”.
Simularon
la explosión del Maine en la Bahía de La Habana el 15 de febrero de 1898 para
apoderarse de Cuba, Puerto Rico, y otras colonias del agónico Imperio Hispano,
tal como habían ambicionado los “padres fundadores” de esa plaga. Al año
siguiente, simulando amistad con Venezuela, asumieron “representarnos”
(monroistamente) en la controversia con Inglaterra por el Territorio Esequibo,
y fraguaron el despojo con el Laudo Arbitral de París. ¡Zamuro cuidando carne! Por
algo el insolente “Estado 51” viene sin nuestra Guayana Esequiba.
¿Alguien
que “sienta la patria hasta en las vísceras” puede simular normalidad?
I
Cuando
un funcionario de magnas responsabilidades exhibe un video diciendo -en tono
retador y sarcástico- que quienes quieran “inmolarse den un paso al frente”, mi
mente me dibujó múltiples escenas terriblemente heroicas de la resistencia de
los pueblos originarios a la invasión colonialista y de la generación
libertadora durante la gesta independentista; y, claro, inevitable revivir el
dolor por las heroínas y héroes que recién se inmolaron por esta Patria el 3 de
enero.
Los laboratorios
enemigos azuzan verbalizaciones rabiosas, señalan traiciones, todo muy
beneficioso para la arremetida yanquisionista que está recolonizando Nuestra
América. No le sirven a la Patria ni la maledicencia ni la adulancia. Es tiempo
de verdades. Informes políticos serios. Debates de altura. ¡Bolivarianismo,
carajo!
Una articulista
usa la palabra “perro” en fábula nada constructiva, para confrontar a personas
que han expresado opiniones de “izquierda inútil”.
Clamo por
atender la advertencia del inmaculado Mariscal de Ayacucho Antonio José de
Sucre: “Veo delante de nosotros todos los peligros y todos los males de las
pasiones exaltadas, y que la ambición y las venganzas van a desplegarse con
todas sus fuerzas”.
Paréntesis
primero: reestudiar el significado de educar en Simón Rodríguez.
II
Impertinencia
histórica molestó a Bolívar en su cenit glorioso, cuando Santander le escribió pidiendo
revocar el ascenso a Coronela ganado por Manuela Sáenz en plena Batalla de
Ayacucho. El Libertador abofeteó al misógino agente monroísta, diciéndole: “Sucre
me lo pide por oficio, el batallón de Húsares la proclama; la oficialidad se
reunió para proponerla, y yo… le doy ascenso, sólo con el propósito de hacer
justicia... venga entonces y salgamos juntos al campo de batalla y démosles a
los inconformes una bofetada con el guante del triunfo de la causa del Sur”. El
traidor mayor se “atrincheró” en las oficinas a intrigar. Ya sabemos el poder pernicioso
del intrigante.
La respuesta
de Bolívar cierra con una máxima doctrinaria: “Un ejército se hace con héroes y
éstos son el símbolo del ímpetu con que los guerreros arrasan a su paso en la
contienda, llevando el estandarte de su valor”.
III
En
medio de la consternación por el anuncio de un falso “simulacro” circularon
instrucciones (apócrifas, pero muy difundidas) a las “bases” que indicaban
mantener un “silencio digno”. Extraña frase sólo procesable en casos extremos
de confidencialidad como enunció en su día José Martí, o en el heroísmo martirizante
del torturado que no delata a sus camaradas. Silencios de vida o muerte, forzosos
en ambos casos.
Inhalemos
la luz del canto necesario con nuestro Himno Nacional que nos manda “Gritemos
con brío, muera la opresión, compatriotas fieles, la fuerza es la unión”; con
Alí Primera “es mejor perder el habla que temer hablar”, con Horacio Guaraní “porque
el silencio cobarde apaña la maldad que oprime”, con Silvio Rodríguez “¿Qué
silencio aprendido nos preserva la vida? ¿Qué silencio oportuno nos convierte
en prudentes? ¿Qué silencio asesino nos llena la barriga?”.
“Silencio”
inconstitucional que cercena el derecho a expresarse libremente. Revictimiza y
reprime a las víctimas directas de la agresión imperialista del 3 de enero, que
ni siquiera podrían exigir justicia.
IV
¿Tendremos
que volver a la clandestinidad?
El “plan
de tres fases” gringo va rumbo a imponer un fascismo subalterno, es cuestión de
meses. Todas las señales así lo indican. Las huestes bolivarianas debemos
reinventarnos para dar una pelea larga, hoy con la palabra, la cohesión principista,
el reagrupamiento de fuerzas, el debate científico de la situación. El pueblo
chavista es la reserva moral que sostiene esta posibilidad de tener Patria, y
otras voces que se han pronunciado dignamente.
La tarea
es conversar, reflexionar en unidad, comprometernos en convicciones. Ya no hay
opción para liderazgos intocables, privilegiados, altivos con el pueblo
trabajador y amables con el capital.
Volvamos
a Bolívar y Urdaneta en la disposición combativa mostrada en los días más
terribles, en cartas admirables que conmueven la fibra patriótica: “Con motivo
del mal estado de la situación por falta de energía de nuestra parte y por
sobra de la ajena o de los contrarios, estamos resueltos a tomar un partido que
salve la Patria, formando una reunión de los hombres más influyentes que, de
acuerdo con el gobierno, hagan lo que se determine. Con tales propósitos me he
atrevido a contar con Usted para que coopere a tal fin”. (Bogotá, 18 de abril
de 1830)
El enemigo
principal es el imperialismo. La supremacía bélica no nos debe inmovilizar, al
contrario, vamos a mantenernos movilizados hasta rescatar la soberanía
secuestrada.
¡Que
la Patria cuente con toda la militancia bolivariana!
Yldefonso
Finol
Militante
Bolivariano

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