lunes, 22 de junio de 2026

Bicentenario de Congreso Anfictiónico de Panamá



BOLÍVAR Y LA GEOPOLÍTICA DE LA LIBERACIÓN

Bolívar desde Bolívar

Es una metodología radical que intenta apartar las ramas para ver los nidos, sortear las escaramuzas para ir al combate estratégico, que se niega tajantemente al rebuscamiento de comparaciones eurocéntricas para exaltar a Bolívar, que no se resigna a la xenofilia epistémica que abunda, porque la impronta colonial sigue señalando que el conocimiento viene importado, que los filósofos, pensadores e intelectuales deben tener apellidos germánicos, anglosajones, asquenazis.

Requerimos una nueva periodización histórica descolonizada, una epistemología que sea original: no copia de la verborrea académica autocomplaciente; asumimos una postura confrontacional respecto de la minimizadora y descalificadora campaña transnacional antibolivariana, tomando partido la Doctrina del Libertador por sobre los escribas y fariseos, quienes prefieren que Bolívar permanezca entre el mausoleo y el manoseo.  

La Doctrina Bolivariana es el sustento constitucional de la República, además de ser un aporte nacional al pensamiento revolucionario mundial, un paradigma insurgente que no quiere quedarse en lo declarativo, sino que va al fondo de las ideas originales del Libertador para realizar su proyecto. Es una geopolítica de la liberación, una construcción civilizatoria en pleno proceso creativo. 

La enseñanza, difusión y comprensión de la Gesta y la Doctrina Bolivariana son una necesidad urgente para: 1) Preservar la existencia de la nación, 2) Para orientar las luchas emancipadoras actuales en materia de liberación nacional y derechos colectivos, 3) La proyección de una mejor humanidad como horizonte por un mundo de justicia y equilibrio, hincado en la autodeterminación de los pueblos y la validez del derecho internacional, lo que sigue siendo una eutopía, esperanza truncada, anhelo amenazado.

II

Señales Bolivarianas de la Geopolítica de la Liberación

El principal enigma histórico americano es la vigencia de la Doctrina Bolivariana; en ella está la base que nos asegura independencia y autodeterminación, con sus tres pilares: unidad de Nuestra América, Equilibrio del Universo, y la alerta antiimperialista que visualizó el rol opresor de los Estados Unidos. Estos tres elementos estratégicos forman la geopolítica de la liberación que incluye la Diplomacia Bolivariana de Paz, pero que los terribles hechos consumados en la vulneración flagrante de nuestra soberanía, demuestran que no es suficiente, porque sin una política de defensa integral, equipada contundentemente de elementos disuasivos en la estrategia defensiva y la ofensiva, la Patria no sostiene su autodeterminación y seguridad frente al poder imperialista y otras amenazas foráneas. 

Para Bolívar la unidad latinoamericana era la única garantía de poder sostener nuestras independencias y contribuir al Equilibrio del Universo. Esta idea fue temprana y permanente; porque, como dijo el 4 de agosto de 1829: “Si la América no vuelve sobre sus pasos… bien poco hay que esperar respecto a la consolidación de sus gobiernos; y un nuevo coloniaje será el patrimonio que leguemos a la posteridad”. 

En 1814, en Pamplona el 12 de noviembre, El Libertador proclama ante la parte del ejército que el General Rafael Urdaneta había salvado de la debacle de la Segunda República de Venezuela, su más emblemática y resumida doctrina de la unidad: “Para nosotros la Patria es América”.

El Equilibrio del Universo es un modelo para emancipación contrahegemónica, la paz, la justicia y la estabilidad internacional. 

La Anfictionía es la salvaguarda geopolítica que El Libertador intentó como el ensayo más genial concebido para la emancipación y el futuro soberano de la América que había estado bajo el yugo del colonialismo español: el Congreso de Panamá. Se concreta la visión geopolítica del Libertador, generada desde un manejo concienzudo del vínculo entre el espacio geográfico y el poder político de una región confrontada a la lógica recolonizadora de los imperios; se propone crear un poder constituyente supranacional, democrático y representativo, como “autoridad sublime” que emana de los países participantes en condición de partes iguales, indistintamente del tamaño de sus territorios, de su población, de su potencial económico o poderío militar. Es un concepto de unión sin precedentes: hoy nos congrega el enigma de su vigencia tras dos siglos.    

El camino estratégico del Libertador pasa por cuatro puntos de su ruta geopolítica: la derrota militar del colonialismo, destruyendo o expulsando los ejércitos que sostenían el dominio imperial en nuestro continente; el establecimiento de Estados fuertes en territorio, población, economía, moral e instituciones; la confederación de esos Estados en una instancia supranacional mancomunada, para la defensa frente a potencias foráneas y la consolidación de un proyecto societario de nuevo tipo; y, como estadio superior de las relaciones internacionales, construir un poder de los pueblos emancipados equiparable a las potencias europeas y norteamericana, para alcanzar el Equilibrio del Universo.  

El 31 de diciembre de 1813 Bolívar expuso en la Gaceta de Caracas: “…el que importa a nosotros: el equilibrio del Universo…La ambición de Europa lleva el yugo de la esclavitud a las demás partes del mundo, y todas estas partes debían tratar de establecer el equilibrio entre ellos y la Europa, para destruir la preponderancia de la última. Yo llamo a esto el equilibrio del universo.” Bolívar propone el mundo pluripolar para frenar viejos hegemonismos. Este enfoque lo reitera en carta a Santander en febrero de 1825: “En Europa todo se hace por la tiranía, acá por la libertad… ellos sostienen a los tronos, a los reyes; nosotros a los pueblos, a las repúblicas; ellos quieren la dependencia, nosotros la independencia”. El Equilibrio del Universo es un modelo para emancipación contrahegemónica, la paz, la justicia y la estabilidad internacional, por lo que exige de mucha claridad en la vanguardia, convicciones en los pueblos, y preparación para la lucha. 

El tercer pilar, va del anticolonialismo por convicción al antiimperialismo por intuición. El 5 de agosto de 1829 escribe en Guayaquil: “los Estados Unidos que parecen destinados por la providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad”. 

La sola convocatoria al Congreso Anfictiónico de Panamá, es un hecho cuya trascendencia se perdía de vista hace dos siglos, y aún en la actualidad, mantiene una vigencia estremecedora; confederar los Estados que, habiendo sido partes separadas artificiosamente por la dominación colonial hispana, se juntasen bajo esquemas y pautas debatidas entre iguales, como hermanos, a través de representantes plenipotenciarios de cada una de las repúblicas recientemente constituidas. El éxito de una iniciativa tan audaz y pertinente, como esperanzadora e impactante en el entorno internacional, tendría unas consecuencias geopolíticas determinantes para la realidad de nuestro continente y la correlación de fuerzas interactuantes en la realidad mundial. 

El Congreso de Panamá fue la primera gran confrontación de dos visiones geopolíticas irreconciliables: la hegemonista ambición del naciente imperialismo gringo, y la Doctrina Bolivariana, única que encarna la verdadera emancipación de Nuestra América. 

Las oligarquías criollas cobardes, mezquinas y traidoras, se pusieron al servicio del plan estadounidense de descuartizar el Proyecto Bolivariano.  

III

 La Geopolítica de la Liberación es la concepción que asume el espacio geográfico como elemento fundamental para el empoderamiento y felicidad de los pueblos, el ejercicio a plenitud de la soberanía nacional-popular, los Derechos Humanos, la autodeterminación y el desarrollo de relaciones políticas y socioeconómicas a nivel internacional, con vocación solidaria y cooperante. La Geopolítica de la Liberación es un concepto en construcción, que se nutre de los paradigmas emancipatorios contrahegemónicos, insurgentes, descolonizadores, antiimperialistas, antipatriarcales, radicales, emanados de las luchas de resistencias anticoloniales e independentistas que se proyectan hacia el desmontaje del modelo civilizatorio eurocéntrico (y estadounidense) de la modernidad capitalista, racista, depredadora, saqueadora, que, en última instancia, pretende eternizarse imponiendo el fascismo imperialista global como poder opresor deshumanizante. 

La Geopolítica de la Liberación abarca cinco ámbitos transversales:

1.- El poder de los Estados como garantía de estabilidad política, seguridad y satisfacción social. Hemos afirmado que, en esta etapa del imperialismo, el primer derecho humano es el derecho a tener Patria. En la perspectiva liberadora, el Estado se transforma en instrumento de las clases oprimidas para la emancipación colectiva; su vocación prioritaria se vuelca hacia lo social, con el objetivo superior de equilibrar la ecuación del buen vivir y el bien común, en proceso de armonizar los intereses del Estado Nación con los de las mayorías trabajadoras.

2.- La fuerza militar defensiva y de resistencia antiimperialista. 

La Geopolítica de la Liberación no puede desligarse de la preparación armada de los pueblos. La experiencia histórica enseña esta dura lección con un sinfín de lecciones imposibles de soslayar. Aunque nos resulte paradójico, porque en el desiderátum de nuestras luchas se persigue un horizonte pacifista, y porque los imperialismos ostentan una supremacía bélica, todos los intentos liberadores a lo largo del tiempo y en la redondez del planeta que habitamos, debieron organizarse como fuerza armada capaz de enfrentar la opresión.

3.- La cultura como proyección del espíritu nacional y camino de cercanía entre pueblos. 

La personalidad colectiva o ser nacional, eso que Bolívar llamaba “el espíritu público”, que genera sentido de pertenencia, carácter e idiosincrasia, a partir del cual se siente y se comprende la nacionalidad, es lo que hace de un territorio, indistintamente de sus diversidades geográficas y sus expresiones locales, una Patria. Es el arraigo lo que hace al terruño, por tanto, las manifestaciones espirituales del espectro sentipensante, la conexión con las ancestralidades, la transmisión por generaciones de un imaginario fundante que comulga en la épica nacional, son el maíz para la masa que alimenta querencia y conciencia. Sin estas energías generadoras, no se puede construir la unidad cognitiva del conglomerado humano que la habita.

Estamos convencidos que la ruptura civilizatoria tiene raíces que las culturas de nuestros ancestros originarios cultivaron, y aunque fueron truncadas por la invasión genocida de los imperios mercantilistas europeos, resistieron en los rescoldos de las patrias para iluminarnos en esta hora crucial de la existencia humana. Esos valores se resumen en tres componentes de la civilización para la vida gratificante del colectivo: a) una ética ambiental profunda que considera al humano una criatura más de la naturaleza, distinta a la visión dominante homocéntrica egoísta y depredadora; b) una sociedad basada en el equilibrio de la ecuación buen vivir-bien común, con formas de propiedad personal-familiar-colectiva, radicalmente opuestas al esclavismo, el feudalismo y el capitalismo causantes de las peores aberraciones de la especie humana; c) la preservación de la memoria de la comunidad y veneración del ancestro como conexiones vitales para la existencia futura del ser humano.  

4.- El espacio/paisaje como algo más que simple fuente de provisión económica, condiciones de vida y hogar común de la población, estancia de lo sentipensante, inspirador del arraigo profundo, santuario de lo telúrico-épico y refugio existencial. La Patria-Matria del Esequibo al Golfo de Venezuela, amarilla, azul y roja, se concibe como una relación de querencia-pertenencia, cohesión y responsabilidad común. Es contrario a la Geopolítica de la Liberación el extractivismo que nos conduce a reforzar la dependencia, condenándonos al rol de exportadores de materias primas, sin dominio de las tecnologías y sin opciones de multiplicar el valor agregado, la industrialización aguas abajo y el aprovechamiento óptimo del potencial energético y tecnológico. 

5.- Política exterior soberana y diplomacia revolucionaria.

La geopolítica nos remite a doctrinas de política exterior, recursos estratégicos, rutas comerciales, poderío militar, análisis internacional, prioridades en alianzas; esa red de categorías que explican el desempeño de los Estados en el ajedrez mundial.

La Geopolítica de la Liberación es la antítesis de la geopolítica dominante desde su creación como categoría del imperialismo, que no sólo formula escenarios para enfrentarse en la actualidad al dominio de las potencias occidentales, sino que cuestiona la epistemología posicionada como única en el análisis geopolítico convencional. Nuestra geopolítica liberadora combina todas las formas de saberes y luchas que son acervo de los pueblos insurgentes por un mundo diferente: por la utopía de la dignidad colectiva. 

Desde la geopoética, rescato lo talasocrático y telúrico de Juana de Ibarbourou y José Enrique Rodó: “A Bolívar habría que cantarle con la garganta de los vientos y el pecho del mar”, porque “es el barro de América atravesado por el soplo del genio”, porque “nada hay más grande que Bolívar”.

Yldefonso Finol



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