Terremotos
en Venezuela: duelo, solidaridad, historia y vigilia
Exordio
Un
profundo dolor conmueve la fibra colectiva de la venezolanidad. Tristeza,
conmoción, tribulación, duelo, expectación, anhelo de calma, súplica,
resignación, solidaridad. Nos aturden las fuerzas destructoras desatadas. Nos
movilizan los sentimientos de fraternidad, de conmiseración, de condolencia.
La
tragedia parece ensañarse contra quienes ya sufrieron lo indecible. La
incontenible destrucción revictimiza: Caracas 1967, La Guaira 1999. Venezuela.
Las
ciencias deben ayudarnos a entender, porque el asombro, la duda, la
incertidumbre, la incomprensión del fenómeno, las especulaciones entre
nebulosas, atormentan, enajenan, desprevienen, acrecientan la indefensión. Las
ciencias deben aliviar las lesiones. Las ciencias deben proyectar la reparación
y la reconstrucción. Las ciencias deben acompañar el alivio del trauma, el
procesamiento interior del azaroso ensañamiento que lastima. Digo las ciencias
por decir la sabiduría acumulada por la humanidad que nos es accesible y que se
pone al servicio de la vida, con amor.
Porque
hay otros usos dados a las ciencias: para el mal, para el odio, para la
avaricia, para el engaño, para la destrucción, para el sojuzgamiento.
Toda
la sociedad nacional se aboca en cuerpo y alma a la solidaridad activa. El
Estado debe ocuparse plenamente de las víctimas, de la coordinación
institucional, la atención de urgencias, el rescate, la reubicación temporal,
el orden público, la protección ciudadana integral, la dotación, la evaluación
de daños, la proyección de acciones correctivas, la reconstrucción.
Lo
reiteramos, aunque parezca obvio, porque hay quienes plantean la minimización
del Estado, eliminando todo lo social, lo que mitiga la existencia de los
explotados. Ese Estado gestor de facilidades para los capitales, privilegios
para los privilegiados, represión para las mayorías trabajadoras, es el reflejo
de una sociedad desigual, asimétrica, discriminadora, injusta, odiosa, que
tarde o temprano muestra su esencia fascista, aunque se vista de fantasiosa
democracia.
Estamos
atentos a las nociones del conocimiento geológico y sismológico que nos explican
el comportamiento del cuerpo de la Tierra. Respetamos estos saberes y a quienes
los comparten para ayudarnos a entender la ocurrencia de lo inevitable.
La Madre
Natura tendrá siempre la última palabra. El humano, una criatura mayormente
indiferente, problemática e ingrata, queda siempre a merced de la que es origen
y destino, por mucha vanidad y poder que exhiba.
https://yldefonsofinol.blogspot.com/search?q=Momento+subjetivo
II
Casuales
causalidades de la Historia desde el 3 de enero de 2026
Los Estados
Unidos, en su tiempo de descomposición como imperialismo decadente, se puso el
traje de fascismo imperialista global, reculando hacia el Mare Nostrum y
“patio trasero”, como ya lo indicaban los documentos de Santa Fe (tanque
pensante republicano) a finales del siglo pasado. El informe-prognosis Santa Fe
IV del año 2001 (Latinoamérica Hoy) definió al bolivarianismo -y a
Chávez- como enemigo principal en el hemisferio.
Bolívar
es aclamado Libertador el 23 de mayo de 1813 en Mérida. El 23 de mayo de
2026, Estados Unidos simuló un falso simulacro de evacuación en su Embajada en
Caracas, que resultó ser una bravuconada militar reeditando imágenes
terroristas del 3 de enero. Ojo: simulacro por “posibles emergencias
médicas o contingencias catastróficas”. Dicen por ahí: “piensa mal y acertarás”.
Asesinato
de Sucre. El 3 de junio visitó Venezuela el general Dan Caine, presidente del
Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos. Realizó su primera visita oficial a
Caracas, reuniéndose con altos cargos del gobierno.
Batalla
de Carabobo 24 de junio. Dos terremotos de 7,2 y 7,5 en la escala de Richter (un
hecho inédito en tan breve lapso: 39 segundos) con ciento treinta y ocho
réplicas hasta las 1:12 pm del 25 de junio, han sumido a Venezuela en una de
las tragedias más espantosas de nuestra historia.
https://yldefonsofinol.blogspot.com/2026/05/sentido-llamado-bolivariano-dialogo.html
III
El
placer por la atrocidad
La maldad
está de moda. Mientras más desalmado y patán se venda un personaje, tendrá más “seguidores”
y votantes. Latinoamérica laboratorio de psicopolítica del fascismo subalterno
y población idiotizada.
Tras los
terremotos con sus terribles secuelas humanas, el genocida pedófilo Trump casi
inmediatamente ordenó acciones de sus agencias en Venezuela. Envió al
“humanitario” Comando Sur junto a efectivos de “otros países aliados”: léase
sionistas mercenarios. También se ha jactado que roba millones de barriles de
petróleo que le reportan miles de millones de dólares; cínicamente ha dicho en
una alocución que “en Venezuela la gente está feliz balando en la calle”. Esta
bestia rubia que planea un lujoso resort sobre los escombros y el genocidio de
Gaza, trascendió la banalidad del mal para crear el
placer por la atrocidad: el culto Epstein-Netanyahu.
Muy
conveniente al plan de tres (fases) siglos (“no bastan”) yanqui, los daños
severos en el aeropuerto internacional Simón Bolívar.
Terrible
situación para nuestra familia pueblo venezolano. Ahora los gringos vendrán con
su “ayuda humanitaria”. Vivimos un momento de inmenso dolor, consternación,
duelo, tristeza, pero de los nazisionistas que masacran niñas, niños, mujeres,
ancianas, hombres desarmados, madres, padres, abuelos, con burla y humillación,
con torturas físicas y morales, sin piedad ni arrepentimiento, no debemos
aceptar ni los “buenos días”. Sería prestarnos a ser pañuelo para las manos de
la raza genocida que tiene al mundo al borde de su absoluta destrucción, esa
plaga que ha destruido el humanismo para satisfacer su mito expansionista, su innata
crueldad y avaricia patológica, su sed de sangre y riqueza material.
IV
Tecnologías
de la muerte para esclavizar y saquear
Los
imperios utilizaron las tecnologías desconocidas por los pueblos originarios
para oprimirlos, esclavizarlos, exterminarlos. Los arcabuces, cañones, espadas,
armaduras, barcos, son parte de esa superioridad bélica que precede la
invasión.
Hernán
Cortez contagió de viruela a la gente de Tenochtitlán, método copiado por los
puritanos ingleses con las mantas infestadas que “dieron” a los originarios del
norte de Abya Yala. La guerra bacteriológica, química, biológica, viene de
aquellas vívidas lejanías.
La
maldad es el arma de destrucción masiva colonial por excelencia. Los que
invadieron Abya Yala a partir de 1492, perpetraron: Asalto por sorpresa a
comunidades donde habían sido recibidos amigablemente, secuestrando y
ultrajando a mujeres jóvenes. Rapto a traición de personas de las comunidades
para someterlas a trabajos forzosos. Secuestro de líderes, caciques y sabios de
las comunidades para requerir pagos en oro bajo amenaza de asesinarles y
echarlos a los perros como presa de cacería. Apresamiento de grupos de personas
que llevaban encadenadas por el cuello, llegando a cortar la cabeza a quien
cayese desmayado por cansancio o debilidad. Encierro de familias enteras en sus
bohíos que eran quemadas vivas para sembrar el terror en los vecinos de modo
que salieran desesperados en busca de oro. Desmembramiento del cuerpo de un
cacique, sabio o líder estirando con la tracción de cuatro caballos desde los
cuales les amarraban piernas y brazos. Empalamiento: tortura cruelísima y
técnica de ejecución que consistía en clavar en un madero de punta afilada el
cuerpo de una persona hasta hacerle morir de dolor y desangramiento. Alancear:
este maltrato, muy típico de las crueldades hispanas, combinaba el tormento a
la víctima y la diversión de los victimarios, cuando estos perseguían sobre sus
caballos a la persona a quien iban punzando con sus lanzas hasta hacerles
perecer. Arrastre de cuerpos humanos tirados por un caballo cuyo jinete obligaba
a correr a toda velocidad para causar más daño a la víctima. Echar personas a
las jaulas de perros rabiosos y hambrientos para que las descuartizaran a
mordidas. Cortar la lengua a la persona antes de ejecutarla por garrote o en la
horca. Decapitar con espada o con hacha a un líder delante de toda su
comunidad. Prenderle fuego a la persona condenada para que todo el pueblo
presencie el sufrimiento de la víctima. Secuestro permanente de hijos e hijas
como tortura psicológica y castigo emocional a las madres y familias.
Extracción de población de su lugar de residencia y traslado forzoso a sitios
distantes para ser desarraigados y sometidos a esclavitud o servidumbre.
Amputación de manos o piernas como castigo por negarse a cumplir algún trabajo forzoso.
Canibalismo cometido por los invasores contra personas de las comunidades
originarias.
file:///C:/Users/Yldefonso%20Finol/Downloads/04%20Colonialismo%20ideol%C3%B3gico%20PDF%20WEB.pdf
En la
actualidad estas prácticas atroces se han sofisticado y multiplicado, pero la
crueldad es el signo de las razas supremacistas.
V
Historia
contemporánea mínima para curarnos el exceso de ingenuidad
La
tragedia más grande para un pueblo es la amnesia colectiva; es el memoricidio
como engaño masivo continuado que se encarga de falsificar la historia con
fines hegemónicos.
El uso
de armas biológicas, químicas y climáticas por parte de Estados Unidos está
bastante confirmado y documentado. Pero faltan muchas cosas por revelar. El secreto
es parte del proceso de esas aberrantes prácticas. Sin entrar a paranoias conspiradoras
-que no critico- basta con preguntarnos: si hace casi ochenta años iniciaron
una carrera por dominar el espacio extraterrestre, ¿por qué no lo iban a hacer
con la masa del subsuelo, más previsible, más accesible, más conocida, más
controlada? Sólo en la industria de los hidrocarburos y la minería han
desarrollado técnicas e instrumentos altamente sofisticados de exploración,
detección satelital, diagnósticos milimétricos, ubicación precisa de minerales,
y, por supuesto, apropiación, extracción y -literalmente- explotación. Esto lo
vemos a diario en el ámbito armamentístico. Radiaciones, nanochips, drones,
espionaje cibernético global, infinita acumulación y procesamiento de datos, lo
inimaginable en manos de criminales universales depravados.
Siguiendo
el trabajo de William Blum (El Estado Villano, Ed. Abril. La Habana, 2005), entre
finales de los 40’ y comienzos de la década de 1950 en las Bahamas un equipo
conjunto británico-gringo-canadiense esparció bacterias peligrosas que dejaron
miles de animales muertos, no se conoce si humanos, porque el experimento fue
ultrasecreto. Durante el mismo periodo en la población canadiense de Winnipeg,
los estadounidenses diseminaron sulfuro de zinc-cadmio como ensayo de arma
química, provocando diversas enfermedades con síntomas alarmantes.
En 1952
se detectaron en China y Corea indicios de este tipo de ataques bioquímicos, y
se convocó a un Comité Científico Internacional conformados por suecos,
franceses, ingleses, italianos, soviéticos, y brasileños. El informe final
concluyó: “Los pueblos de Corea y China han sido realmente el objetivo de armas
bacteriológicas usadas por las fuerzas armadas de Estados Unidos con una gran
variedad de métodos para el mismo propósito”. Previamente, en 1951, el
Secretario de Defensa ordenó “debe lograrse en el menor tiempo posible la
disposición real para el uso ofensivo de armas biológicas”.
Estados
Unidos lanzó 72 mil galones de napalm por día sobre Corea en 1952. Aún en
1966-1967 rociaron Agente Naranja sobre 23607 acres en la frontera “desmilitarizada”
entre las dos Coreas. En Vietnam, década del 60’, los yanquis lanzaron miles de
toneladas de herbicidas sobre tres millones de acres, con las sustancias más
tóxicas conocidas hasta entonces, altamente cancerígenas, que afectaron directamente
al menos a dos millones de personas. También probaron dispositivos con cianuro
y arsénico. En Laos lanzaron gas sarín en 1970.
Panamá
toda fue un laboratorio del terror bioquímico estadounidense desde los 40’
hasta los 90’. Pruebas con gas mostaza, VX, sarín, hidrógeno-cianuro en minas,
cohetes y granadas. En la invasión de diciembre de 1989 la aldea Pacora fue
bombardeada con elementos que quemaban la piel y provocaban diarreas mortales.
En Cuba
contaminaron envíos de azúcar con diversos químicos para afectar la economía de
la isla desde 1962, año en que también contagiaron miles de pavos con la
enfermedad Newcastle. La CIA desplegó tecnologías futuristas de modificación
climática para dañar cosechas azucareras y campos de cultivo cubanos. Sembraron
nubes de cristales causando terribles inundaciones en lugares no agrícolas,
mientras causaban aridez en terrenos de vocación agroalimentaria. En 1971 con
mercenarios anticomunistas introdujeron la fiebre porcina africana: hubo que
sacrificar medio millón de cerdos para impedir la proliferación generalizada de
la enfermedad. La agencia de la ONU para estos asuntos declaró: “el suceso más
alarmante del año”. La primera epidemia de dengue hemorrágico en el hemisferio
la provocó Estados Unidos en Cuba en 1981 con más de trescientos mil casos. Los
experimentos para provocar contagios masivos a través del Aedes aegypti venían
desde 1959. En 1996, en pleno “periodo especial”, un avión del Departamento de
Estado que pidió permiso para sobre volar territorio cubano rumbo a Colombia, soltó
la plaga Thrips Palmi para destruir sembradíos de diversos vegetales alimenticios.
Los reclamos de Cuba fueron ignorados, pese a haber comprobado su denuncia ante
organismos internacionales. Documentos desclasificados a comienzos del presente
siglo han develado programas de la CIA contra las plantas. Ya hemos visto que las
plagas son ellos mismos: los imperialistas.
Se ha
acuñado el término “legado tóxico” para referir la estela de daños ambientales
dejados en casi todo el mundo por las bases y maniobras militares gringas. En Guam
contaminaron el agua potable. Vertieron cientos de toneladas de toxinas
peligrosas en la Bahía de Subic, Filipinas. En Alemania filtraron con
sustancias cancerígenas fuentes de balnearios. Lanzaron toneladas de humo de
carbón sulfuroso en el aire de Europa Central. Y cada día echan millones de
galones de albañales crudos en los océanos.
Son los
de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, el bombardeo a las niñas de
Minag, los que ultrajaron la Venezuela Bolivariana el 3 de enero con un guion
que prolonga ese maldito día hasta este instante en que lloramos a nuestras
víctimas, este año que debe parir un nuevo bolivarianismo sin perdón ni olvido.
Yldefons
Finol





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