martes, 2 de junio de 2026

BOLÍVAR CONTRA LA ESCLAVITUD (Conmemorando el Decreto de Carúpano del 2 de junio 1816)

 


Bolívar contra la esclavitud

Por sentimiento y convencimiento Bolívar está contra la esclavitud. Considera abominable esa aberración del humano dueño de otra vida humana. Tampoco quiere enfrentamientos raciales. Su lucha por la igualdad implica eliminar odiosas brechas socioeconómicas y culturales. La humanidad es una. La condición humana es una sola y un solo título anhela para todas las personas: ciudadanos. Sabe además que la unidad del pueblo es la única garantía de victorias sobre el coloniaje, al que considera una modalidad de esclavitud, en este caso, de muchas naciones sojuzgadas por un imperio.

La esclavización del indígena por parte de los invasores europeos, inició esta práctica que exhibe el colmo del afán de lucro como propiciador de la perversión humana. Luego fueron incorporados forzosamente grandes contingentes de africanos traídos como esclavos, en un comercio desaforado de vidas que provocó la miseria secular de aquel continente, y plasmó con encadenados ríos de sangre las páginas más atroces de la historia.

El joven Simón Bolívar, heredero de ricas propiedades que incluyen varios cientos de esclavos, no es indiferente a la realidad cruel que significa la esclavitud. Practica el buen trato y aún sabe que no es suficiente. Tiene afectos muy sentidos entre esta gente de piel achocolatada a los que considera dignos de todos los derechos. Ha sido amamantado y criado por una de ellas: su mamá Hipólita, a la que también considera “un padre”. Sentimientos y convicciones mueven a la acción por lo justo. Tempranamente el Bolívar que se entrega sin reservas a la causa de la independencia, con solo 29 años, cuenta entre sus tropas a antiguos esclavos que ya no lo son porque quien pregona con el ejemplo los ha llamado a combatir por la libertad.

La concepción bolivariana de igualdad tiene basamento científico. Bolívar comparte con Humboldt una amistad entrañable, basada en la comunión de ideas y la visión compartida de un mundo mejor. El Libertador le da brillo a su espada con el aceite del saber liberador. Humboldt —como recuerda Mijares— aporta desde la ciencia su concepción de la igualdad: “Al afirmar la unidad de la especie humana, también nos oponemos a aceptar el antipático supuesto de razas humanas superiores e inferiores. Todas están destinadas a la libertad por igual”.

Al inaugurar el Congreso de Angostura, refiriéndose a una de sus grandes preocupaciones, el tipo de Gobierno que ha de darse la nueva república, expresa: “Un Gobierno republicano es, ha sido y debe ser el de Venezuela; sus bases deben ser la soberanía del pueblo, la división de los poderes y la proscripción de la esclavitud”.

Su primer decreto abolicionista lo dicta como Jefe Supremo en Carúpano el 2 de junio de 1816, al arribar a tierra firme con la gloriosa expedición de Los Cayos que patrocinó el generoso presidente haitiano Petión:

Considerando que la justicia, la política, y la Patria reclaman imperiosamente los derechos imprescriptibles de la naturaleza, he venido en decretar, como decreto, la libertad absoluta de los esclavos que han gemido bajo el yugo español en los tres siglos pasados.

 

El 6 de julio de ese mismo año de 1816, al desembarcar en Ocumare de la Costa dicta su segundo decreto sobre la libertad de los esclavos:

Esta porción desgraciada de nuestros hermanos que han gemido bajo las miserias de la esclavitud, ya es libre. La naturaleza, la justicia y la política piden la emancipación de los esclavos: de aquí en adelante solo habrá en Venezuela una clase de hombres, todos serán ciudadanos.

 

La maduración de sus ideas progresistas e igualitarias, se alimenta también de los reveces sufridos ante una ideología dominante que no solo encarnan los enemigos realistas, sino que coexiste en las propias filas independentistas. No en balde la clase de “mantuanos”, de la que Bolívar proviene, es la primera en oponerse a sus radicales reformas sociales.

Le ocurrió con el Congreso de Angostura, donde el ala más conservadora desoyó su dramático llamado antiesclavista, mediatizando las decisiones adoptadas.

El 23 de octubre de 1820, por la vía de un decreto, el Libertador decide la confiscación de la hacienda “Ceiba Grande” y la liberación de sus esclavos. Este decreto manda un mensaje muy nítido sobre la concepción política de Bolívar acerca del delicado asunto de la esclavitud, visión no compartida por la mayoría de las clases pudientes de la época, incluidas importantes figuras de la vanguardia militar independentista y de la burocracia republicana.

El decreto de “Ceiba Grande” guarda una especial significación, porque muestra la progresiva evolución del pensamiento de Bolívar en materia de esclavitud. Él mismo recoge los precedentes ya establecidos a la vez que perfecciona anteriores limitaciones en la legislación de la primera jefatura bolivariana. Ahora es presidente de su Colombia original, cuelgan en su pecho las proezas del Paso de los Llanos y los Andes, y las victorias de Pantano de Vargas y Boyacá. Por eso, con gran autoridad moral, parte de considerar “que las leyes fundamentales de Colombia han decretado la libertad de los esclavos de derecho, y que las propiedades de la República no pueden emplearse más útilmente en favor de la humanidad que en la emancipación de estos desgraciados colombianos”; vale decir, valida las medidas anteriormente dictadas a favor de los esclavos, y les considera ciudadanos de pleno derecho en la Colombia bolivariana.

En su articulado, el decreto confisca la hacienda “Ceiba Grande”, antes propiedad del “Erario Real y actualmente correspondiente al de la República”; simultáneamente declara que “los esclavos que fueron pertenecientes a esta hacienda son desde hoy en adelante perpetuamente libres y por consiguiente ciudadanos de Colombia”, con una sola condición que obliga a “los hombres útiles de llevar las armas” a tomarlas “mientras que dure la actual guerra”, estableciendo por primera vez que el delito de deserción o abandono, no acarreará castigos a su familia, sino que serán tratados “como los demás soldados del ejército”.

Esta última cláusula no debe pasar desapercibida en el estudio de la legislación antiesclavista americana, ya que inaugura una etapa superior que trasciende la medida utilitaria de sumar esclavos a la tropa que, en el caso de abandonar su obligación militar, en castigo eran devueltos con sus familias a la previa condición. En adelante la incorporación a la lucha patriótica los haría irreversiblemente libres, y sus faltas no implicarían sanciones diferenciadas, sino en condición de ciudadanos iguales a los soldados de cualquier color de piel.

En 1821 el Congreso de Cúcuta encuentra nuevamente a Bolívar abogando por la abolición de la esclavitud, aunque solo aprueban promulgar la libertad de vientre con la Ley de Manumisión, que contempla la libertad de hijos de esclavas que solo gozarían al cumplir los 18 años de edad. El Libertador, insistiendo en concretar la que considera una reivindicación fundamental de la humanidad, otorga la libertad al último grupo de esclavos que poseían sus familiares en los Valles de Aragua.

El 24 de marzo de 1824, estando en Perú, dirige un oficio al prefecto de Trujillo, en el cual solicita:

Protección a los esclavos para que escojan en libertad el dueño que les convenga: Todos los esclavos que quieran cambiar de señor, tengan o no tengan razón, y aun cuando sea por capricho, deben ser protegidos y debe obligarse a los amos a que les permitan cambiar de señor concediéndoles el tiempo necesario para que lo soliciten… dispense a los pobres esclavos toda la protección imaginable del Gobierno, pues es el colmo de la tiranía privar a estos miserables del triste consuelo de cambiar de dominador.

 

Tal sería la oposición que encontró a sus ideas abolicionistas en Perú, que replegándose tácticamente de los avances que ya había mostrado en su Colombia, trata sin embargo de introducir algunas tímidas conquistas para la población esclava, lo que demuestra su constante interés en superar la vieja esclavitud.

En cambio, para la proyectada Constitución del nuevo Estado en la región llamada hasta entonces Alto Perú, bautizada por Sucre como Bolivia, su planteamiento emancipador de esclavos fue directo, considerando como ciudadanos bolivianos a “todos los que hasta el día han sido esclavos; y por lo mismo quedarán de derecho libres, en el acto de publicarse la Constitución”.

El 28 de junio de 1827, de paso por Caracas en la infructuosa tarea de conjurar el separatismo autócrata de Páez, emite otro decreto: “Dando eficacia a la Ley de Manumisión” que aún múltiples oligarcas se negaban a aplicar. Una muestra más de lo cuesta arriba que resultó la efectiva concreción de sus mandatos antiesclavistas en el ancho territorio que su genio libertó.  

Queda demostrado que Bolívar nunca dejó de gestionar, por todas las vías posibles, la liberación de los esclavos. Así lo comenta Morón Urbina:

Uno de los aspectos que se resalta linealmente en el pensamiento bolivariano es su claro planteamiento a favor de la libertad civil y la igualdad mediante la abolición total de la esclavitud, considerada por el Libertador como una locura. En este tema ya Bolívar había avanzado mediante sus acciones personales (personalmente manumitió a sus propios esclavos), lo mantuvo permanentemente en sus proclamas personales, y en sus proyectos constitucionales para Angostura y Bolivia.

 

El maestro Miguel Acosta Saignes lo resume con sobrada claridad:

No solo el deseo de Petión, en 1816, llevó a Bolívar a promulgar la libertad de los esclavos en Carúpano y en Ocumare, sino el convencimiento, nacido de la lección del Año Terrible de 1814, de que no se podría lograr éxito sin contar con el concurso de todos los sectores, incluidos los esclavos, bravísimos combatientes que nada tenían que perder, sino sus cadenas… Bolívar fue un extraordinario ser humano, de inagotable energía y capacidades increíbles, al servicio de una causa históricamente progresiva. Vivió los ideales de su clase, impulsó algunos y entró en contradicción con otros, como cuando se convirtió en el gran líder de la libertad de los esclavos, decretada por él en Carúpano y en Ocumare, y pedida a los congresos constituyentes, desde Angostura en 1819, hasta Bolivia en 1826, sin éxito.

 

El historiador haitiano Paul Verna, autor de un estudio extraordinario sobre Petión y Bolívar, pone en el tapete la metamorfosis ideológica experimentada, ya que: … al convertirse en Libertador de los esclavos y en su protector, es cuando Bolívar se transforma en verdadero revolucionario. Atacará directamente el viejo problema social venezolano, de castas y diferencias étnicas, tratando de lograr, para beneficio de la lucha de los patriotas, la supresión de la desigualdad social.

La militancia de Bolívar en la causa abolicionista alcanzó niveles de doctrina continental, cuando su propuesta buscó la adhesión de los gobiernos representados en el Congreso de Panamá. Sin embargo, las maquinaciones del conservadurismo impidieron un pronunciamiento decisivo que hubiera convertido a Latinoamérica en una región libre de esclavitud. Así lo analiza Liévano Aguirre:

Con respecto al problema de la esclavitud, Bolívar deseaba que en el Congreso se hiciera un pronunciamiento que comprometiera a los países signatarios a tomar medidas, en sus respectivas legislaciones, para ponerle pronto término a la ominosa institución. Sus deseos tropezaron, sin embargo, con los poderosos intereses vinculados al sistema esclavista en los países representados en Panamá y particularmente con la oposición de los Estados Unidos, cuyos agentes no economizaban esfuerzos para generalizar la idea de que la abolición inmediata de la esclavitud solo podía conducir a que se repitieran, en escala continental, las depredaciones y matanzas de blancos a que dio origen la rebelión de los esclavos en Haití y Santo Domingo.

 

Finalmente, para quienes por mi o por fa han puesto y siguen poniendo en duda la convicción abolicionista del Libertador, o pretenden minimizar los esfuerzos realizados por Él para abolir el régimen esclavista, recordemos que el 15 de febrero de 1819, en su magistral Discurso de Angostura, predica con vehemencia la libertad absoluta de los esclavos como paradigma de una nueva vida en las nacientes repúblicas. Consciente como estaba de las dificultades de esta iniciativa, en una economía agraria colonial basada en la mano de obra esclava, que atentaba desde profundas estructuras de poder contra el consenso requerido, apeló a los argumentos más desesperados por conseguir apoyo a su ferviente deseo: “… yo imploro la confirmación de la libertad absoluta de los esclavos, como imploraría mi vida, y la vida de la República”.

Suenan aún sus palabras en este mundo azotado por las bestias de un pasado oprobioso que se empeña en reencarnar:

¡Legisladores! La infracción de todas las leyes es la esclavitud. La ley que la conservara, sería la más sacrílega. ¿Qué derecho se alegaría para su conservación? Mírese este delito por todos aspectos, y no me persuado que haya un solo boliviano tan depravado que pretenda legitimar la más insigne violación de la dignidad humana.

¡Un hombre poseído por otro! ¡Un hombre propiedad! ¡Una imagen de Dios puesta al yugo como el bruto! Dígasenos, ¿dónde están los títulos de los usurpadores del hombre? La Guinea no los ha mandado, pues el África desbastada por el fratricidio, no ofrece más que crímenes. Trasplantadas aquí estas reliquias de aquellas tribus africanas ¿qué ley o potestad será capaz de sancionar el dominio sobre estas víctimas? Trasmitir, prorrogar, eternizar este crimen mezclado de suplicios es el ultraje más chocante. Fundar un principio de posesión sobre la más feroz delincuencia no podría concebirse sin el trastorno de los elementos del derecho, y sin la perversión más absoluta de las nociones del deber. Nadie puede romper el santo dogma de la igualdad; y ¿habrá esclavitud donde reina la igualdad? Tales contradicciones formarían más bien el vituperio de nuestra razón que el de nuestra justicia; seríamos reputados por más dementes que usurpadores.

 

(Fragmento del libro Simón Bolívar: ideología y método de la emancipación de Nuestra América. Centro de Estudios Simón Bolívar. caracas 2022)

https://drive.google.com/file/d/1xASKHcJSXeNFckqnsSZg0duHLOYkAGAd/view?usp=sharing 

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