domingo, 26 de febrero de 2023

PRIMER CONVERSATORIO BICENTENARIO BATALLA NAVAL DEL LAGO MARACAIBO

 









Realizado primer conversatorio sobre el Bicentenario de la Batalla Naval de Maracaibo este sábado 25 de febrero de 2023 en Santa Rosa, Maracaibo.

Con una muy nutrida y representativa asistencia se llevó a cabo este primer conversatorio en la comunidad añú Santa Rosa de Maracaibo, en las instalaciones de la Base de Misiones “Indio Miguel”.

El organizador de la charla, Yldefonso Finol, planteó una metodología participativa que incluyó la formulación previa de preguntas por parte de las personas interesadas en el tema. Así se estructuró un amplio cuestionario que guio la exposición de Finol.

Estas fueron algunas de las cuestiones formuladas:

¿Cuánto duró la batalla? ¿De cuántas naves disponían las dos flotas en combate? ¿Cuánto personal y poder de fuego artillado se usó en la batalla? ¿Cuántas bajas sufrieron los bandos en pugna? ¿Ubicación exacta del combate? ¿Qué participación tuvieron los pescadores, indígenas y afrodescendientes? ¿Cuáles fueron los actores principales de esa Batalla? ¿Qué papel jugó la heroína Ana María Campos y en general las mujeres patriotas? ¿Puede ampliarnos más sobre Manuel Manrique? Padilla traicionó a Bolívar años después de la Batalla. ¿En qué consistió esa traición? ¿Sirvió el triunfo en la batalla naval del lago al fortalecimiento de la facción anti bolivariana? ¿Razones que llevaron a no valorar la importancia de la Batalla del Lago en la historiografía oficial? ¿Qué consecuencias habría traído una derrota de los patriotas?

Resumen del conversatorio

Este primer conversatorio se propone tratar los aspectos básicos del episodio del 24 de julio de 1823, según la lectura de los documentos originales relativos al combate, y de autores como Rafael María Baralt, Juan Besson, Vicente Lecuna, Manuel Perozo, Vinicio Nava Urribarí, Adolfo Romero Luengo, Bernardo Jurado Toro, Antonio Eljuri Yunez, Francisco Alejandro Vargas, José Gregorio Maita Ruíz, y José María Madueño Galán, entre otros.  

El proceso político-militar que tuvo su desenlace el 24 de julio de 1823 con la Batalla Naval del Lago Maracaibo se inició el mismo 24 de junio de 1821 al concluir la célebre Batalla de Carabobo.

Durante estos veinticinco meses, acontecieron en territorio de la actual República Bolivariana de Venezuela, cincuenta y cuatro combates, de los cuales siete fueron navales, más tres sitios. Un total de 58 acciones de variada dimensión, si sumamos la Batalla Naval del 24 de julio en el estuario maracaibero.

Doce de esas acciones fueron reveses para la Patria, y tres tuvieron resultados “indecisos”, como los califica Eljuri.

Ante la reconquista de Maracaibo por la fuerza española que no se rindió en Carabobo, reagrupada en torno al caudillo Francisco Tomás Morales, el gobierno de la República ordenó al General de Brigada Mariano Montilla que preparase, en Santa Marta, una operación contra Morales.

Baralt asegura que Montilla discutió con expertos marinos (Beluche, Joly, Padilla, Baptista, Urribarrí) la posibilidad de forzar la barra del lago. Beluche debía ir por naves de refuerzo de la Guaira y Padilla a Cartagena. La concentración de nuestra escuadra se fijó en los Taques, península de Paraguaná. El día 1º de mayo apresó Laborde, jefe de escuadra española, en Borburata, las corbetas Carabobo y María Francisca, que mandaba el comodoro Danells.

Pese a este revés, el 8 de mayo la escuadra republicana forzó la barra entrando a la Bahía del Tablazo. El General Francisco Esteban Gómez (segundo al mando en sustitución de Montilla que se hallaba enfermo) avanzaba por La Guajira, pero fue rechazado por un ataque de Morales. En tanto, Manrique, que se hallaba embarcado con sus tropas en la escuadra de Padilla, en una acción tan audaz como la propia entrada por el estrecho, ocupó Maracaibo el 16 de junio, logrando destruir las baterías que apuntaban al lago y cargar en sus buques los víveres, el parque y cuanto podía ser útil al enemigo, dejándolos bastante golpeados en su logística.

Por su parte Soublette, cambió la táctica el 5 de julio, ordenando a las tropas que hasta ese momento sólo observaban y distraían al enemigo, comenzaran a combatirlo. Luego de quedar liberado Coro, mandó 1.000 efectivos a reforzar al Intendente y Comandante General Manuel Manrique.

Como se ve, Morales estaba rodeado por los cuatro puntos cardinales. Manrique lo había derrotado en tierra desde su nombramiento como Intendente en tierras del Sur del Lago. Tal como lo avizoró Pedro Briceño Méndez, la guerra tras Carabobo cambiaría de escenario: ahora sólo le quedaba a España su relativo poderío naval. Pero también le llegó su “sábado” al ibérico el 24 de julio de 1823.

“La escuadra colombiana con 83 piezas, casi todas de a 18, tenía 872 hombres de dotación en tres bergantines, siete goletas y una fuerza sutil respetable; ésta con 13 piezas de diferentes calibres y 327 hombres de dotación: la de Morales compuesta de tres bergantines, doce goletas y dieciséis embarcaciones menores, tenía por todo 67 piezas, entre ellas 18 de a 4, 925 hombres de tropa embarcados y 497 marineros. La pérdida de los independientes fue de 8 oficiales y 36 individuos de tripulación y tropa muertos, 14 de los primeros y 105 de los segundos heridos. La de los realistas ascendió a más de 800 de unos y otros, quedando prisioneros 69 oficiales y 369 soldados y marineros.” (Baralt)

Eljuri habla de 32 buques realistas contra 22 republicanos; y 1.970 efectivos enemigos contra 1.902 nuestros. Nuestras fuerzas tenían 96 piezas de artillería: 26 cañones y 70 carricañones. El enemigo contaba con 67 piezas: 49 cañones, 14 carronadas, y 4 obuses.

La Batalla duró tres horas y media. A las 2 pm orden de avanzar la fuerza sutil mandada por Chitty. A las 2.20 pm señal desde la nave insignia que todas las naves diera a la vela, y ocho minutos después, formar línea de batalla, para acortar distancia y atacar de frente. Las unidades realistas levaron anclas y a las 3:17 pm Padilla ordenó izar al palo mayor la señal de abordaje. El comandante realista da la orden de abrir fuegos. Los nuestros seguían sin disparar aún, pero avanzando gracias al viento noreste. En la distancia deseada comenzaron el fuego nuestros cañones. Al despejarse la humareda el Independencia se lanzó contra el San Carlos. Los realistas tenían poco margen de maniobra encajonados hacia la orilla occidental con viento en contra. Dispararon su fusilería a granel sin mucha efectividad contra las naves nuestras que ya se les encimaban. El abordaje general se hizo bajo el toque constante de a degüello. La Esperanza estalló y se hundió. El Confianza abordó una goleta. Los realistas rodean la Antonia Manuela. De los realistas sólo el bergantín Riego se salva con el Valencey sobre cubierta. Laborde huye a San Carlos. Padilla quiso asaltar Maracaibo, pero Manrique se opuso para evitar males peores sobre la población. Morales aceptó capitular ante Manrique el 3 de agosto. El 15 se fue a Cuba con 8 barcos españoles, escoltado por nuestras armas que capitaneaba el altagraciano Felipe Baptista, héroe principal junto a Pedro Lucas Urribarrí del riesgoso forzamiento de la barra maracaibera el 8 de mayo de 1823.

Los nuestros perdieron ocho oficiales y treinta y seis individuos de tripulación y tropa, tuvimos catorce oficiales heridos, y ciento cinco individuos de tripulación y tropa. En el bando realista el número de muertos y heridos pasó de ochocientos efectivos; quedando prisioneros sesenta y nueve oficiales y trescientos sesenta y nueve soldados y marinos.

Nota final

En este primer conversatorio hubo –además de las preguntas previas- un total de 17 intervenciones con interesantes aportes al debate. Mención especial merece la presencia de coordinadores Douglas Querales, Jesús Ochoa, Wilmer Medina, Galois Pérez, y cursantes del Diplomado Vida y Obra del Libertador Simón Bolívar del CESB; Rixio Romero, rector de la UNERMB; Damelis Chávez, Yraima Díaz y Juan Romero de la AN; e integrantes del Comité Popular del Bicentenario Leonardo Núñez, Gretzy Atencio, Rafael “Paito” Ortega, Rafic Souki (Dir. PSUV), concejal José Sierra, Sergio Morán, Mario Fernández, los ecologistas Lusbi Portillo, Dr. Elio Ríos, Lenin Parra, Abigail Cárdenas, Adelso Pineda, y las anfitrionas responsables de la Base de Misiones Indio Miguel.

      

miércoles, 22 de febrero de 2023

SABINO: EL MÁS CHAVISTA DE TODOS LOS CACIQUES

 

Sabino: el más chavista de todos los caciques, una década después…




Por: Yldefonso Finol

 

Acto Primero (Entrevista con la muerte)

 ¿Cómo murió?

Lo asesinaron a balazos

¿Fortuitamente?

No. Todo fue premeditado. Fríamente preparado.

¿Una pelea?

No. Fue emboscado.

¿Algún enemigo personal?

Los autores materiales son profesionales contratados para matarlo.

¿Y la autoría intelectual?

Ummmmm…

¿En la autoría intelectual está la verdadera razón del crimen?

(Silencio)

¿Dónde ocurrió el asesinato?

En Tukuko, territorio yukpa, cerca del lugar de residencia del occiso.

¿Cómo fueron los hechos?

Lo emboscaron unos motorizados mientras el finado se trasladaba a su residencia

¿Iba solo?

Iba con su señora esposa y un menor. La mujer recibió un disparo en el brazo.

¿Podría explicar el entorno del suceso?

Se realizaban unas elecciones internas de líderes yukpas, el ciudadano cacique Sabino Romero y su comunidad Chaptapa participaban en el evento. Al terminar la jornada, a esa hora de la noche, se retiraban a su aldea, cuando aparecieron los pistoleros y les dispararon.

¿Podríamos decir que fue una emboscada “democrática”?

Tal vez…

¿Y no había autoridades en el sitio que pudieran haber impedido el crimen?

Eso es lo que sobra en todas partes…

¿Qué quiere decir?

Nada. Me da un café, por favor

Una última pregunta: ¿por qué cree usted que lo mataron?

Por chavista, porque se tomó en serio la revolución.


Acto Segundo (TRES INFORMES SITUACIÓN YUKPA 2012)

Dirigidos a Francisco Arias Cárdenas /Vicepresidente del PSUV-Occidente

INFORME PRELIMINAR CASO YUKPA CONFIDENCIAL

Maracaibo, 16 de octubre de 2012

Por este medio le trasmito el informe correspondiente a la misión que me encomendó la mañana del día de hoy, para que asistiera en su representación a la reunión interinstitucional para tratar la problemática del pueblo yukpa de la Sierra de Perijá. La Comisión especial enviada por nuestro Gobierno Bolivariano estuvo encabezada por el General Luís Mota Domínguez, presidente del INTI, y estuvo integrada, entre otros, por un viceministro de pueblos indígenas, un viceministro de relaciones interiores, miembros de la comisión de demarcación de tierras yukpas, autoridades policiales (Sebin, CICPC, DGIM) y militares. Las reuniones se realizaron en la sede de la XII Brigada (Fuerte Macoa) municipio Machiques de Perijá. No asistieron las autoridades municipales. En tal sentido le resumo lo siguiente: - Hubo dos reuniones: una con un grupo de caciques mayores y otros miembros de la etnia yukpa, y otra con ganaderos del gremio Gadema. - De parte de los caciques yukpas hubo varios reclamos por la lentitud en el proceso de demarcación y la falta de entrega de tierras; así como por la parálisis de los proyectos productivos y sociales en el marco del mega proyecto Yukpa. También pidieron atención más frecuente y no sólo cuando ocurren sucesos violentos. Todos coincidieron en solicitar atención in situ. - Aunque se caracterizó el hecho como aislado, en general acusan al cacique Sabino Romero por sus métodos de lucha. Yo recomiendo profundizar más las investigaciones y escuchar a todas las partes. Del lado de Sabino señalan a estos caciques de estar al servicio de los ganaderos. - Los ganaderos, por su parte, pidieron más seguridad, denunciaron prácticas de cobro de vacuna, abigeato, robos y secuestro, por parte de grupos “irregulares”. Reconocieron apelar a medidas de seguridad privadas. - Del lado de nuestro Gobierno, se nota una dispersión de mando. La Comisión de demarcación tiene unas competencias que no ha finiquitado, el MPP para Pueblos Indígenas no ejerce liderazgo, el INTI no tiene injerencia directa; en fin, que nadie asume de pleno el problema y se sigue “corriendo la arruga”. Tomando en cuenta que se trata de un problema añejo, que se vino postergando secularmente, con raíces profundas y especificidades complejas, no se puede pretender atenderlo con medidas esporádicas y a control remoto desde la capital. Se necesita armar un equipo permanente, con carácter multidisciplinario, que se dedique a acompañar a la gente yukpa y a la barí, a protagonizar la recuperación ordenada de sus territorios ancestrales…

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Maracaibo, 17 de octubre de 2012

Por este medio le remito el Segundo Informe sobre la situación específica del pueblo yukpa de la Sierra de Perijá, una vez que, al regresar de la actividad realizada el día de ayer martes 16, me di a la tarea de actualizar, aclarar e investigar más a fondo aspectos claves de la materia en cuestión. A tal efecto le informo lo siguiente: - La población yukpa se estima entre 4 y 6 seis mil personas, algunas de las cuales han sido desplazadas a pueblos y ciudades del Zulia y del país. - Sus territorios ancestrales ocupaban una franja de la Sierra de Perijá hasta la planicie del Lago Maracaibo, lindada por los ríos Apón y Santa Rosa. - En 1994 dos indígenas yukpas fueron asesinados por efectivos militares venezolanos en Kasmera, provocando el reclamo general de la comunidad y, posteriormente, el desplazamiento de muchas familias yukpas, producto de la impunidad que reinó en el caso. - Muchos casos de agresiones armadas contra el pueblo yukpa, por parte de ganaderos que trataban de apropiarse de las tierras ocupadas por la etnia, fueron denunciados durante décadas, sin que nada se hiciera desde el Estado. - En la segunda mitad de la década del 90, la Comisión de Asuntos Indígenas de la –extinta- Asamblea Legislativa, conoció de varios casos y tuvo que intervenir para resguardar la vida e integridad de los líderes yukpas, quienes eran amenazados por los ganaderos que disponían de grupos armados a su servicio. - Las expectativas generadas con la entrada en vigencia de la Constitución del 99 y la Ley Orgánica de Pueblos Indígenas, así como las promesas gubernamentales de restitución de tierras, provocaron unas esperanzas, hasta ahora, en suspenso. Pero las ansias de justicia y el HAMBRE no tienen paciencia. O, cinco siglos de calma no son suficientes? - La “comisión de demarcación” ha sido un FRACASO. No han cumplido su tarea porque se dejaron entrampar por los intereses económicos ganaderos. Otra vez la corrupción. Incluso, infiltración de agentes del enemigo con roles protagónicos. Resultado: sabotaje, engaño y conspiración. - Si es verdad que hay un grupo de cuatreros robando ganado; pero no es Sabino. A él lo inculpan porque es la forma de sacarlo del juego. Para qué? Para que no ejerza liderazgo entre los yukpa con sus posiciones revolucionarias en cuanto al rescate de sus territorios ancestrales. - La “conclusión” de la Comisión Especial enviada ayer, está sesgada por la matriz de opinión que los factores de poder fácticos de Machiques - Reducir el problema a “capturar” a Sabino, además de injusto, es un tremendo error y sólo traerá más complicaciones. - Por qué no responden los altos funcionarios que tuvieron responsabilidad en la demarcación de tierras y otras tareas claves en la zona, y no supieron honrar sus cargos? - En Perijá, como en casi toda la frontera, hay un grave problema de ingobernabilidad. Factores externos siguen imponiendo condiciones ajenas al Estado de Derecho. Si queremos hacer PATRIA, paremos el genocidio sistemático de nuestros pueblos originarios, y hagamos presencia PERMANENTE y organizada de GOBIERNO a favor de nuestro pueblo.

P.D. Me informan a última hora que se procederá a la detención de Sabino. Pido que se proteja su integridad y su vida, que inmediatamente se escuchen sus razones y se proceda a liberarlo con un plan urgente de diálogo por la unidad y vida del pueblo yukpa.

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Maracaibo, 19 de octubre de 2012

Por este medio le remito el Tercer Informe sobre la situación específica del pueblo yukpa de la Sierra de Perijá, luego de los hechos ocurridos en la hacienda Medellín el pasado lunes. - La ocupación de la hacienda Medellín por parte de un grupo de familias yukpa, es parte del conflicto ancestral por la tenencia de la tierra en la Sierra de Perijá, que nuestro Gobierno Bolivariano tiene el compromiso de resolver, y que, por diversas razones, entre burocratismo, centralismo e ignorancia, no se ha sabido manejar adecuadamente y en el plazo prudente que la situación requiere. - Tenemos que hacer conciencia que los pueblos originarios no son simples campesinos; el asunto de la tierra no es para el indígena una mera reivindicación socioeconómica, es, sobre todo, una razón existencial de ser y sobrevivir como pueblo antropológicamente específico. - Los sucesos de la hacienda Medellín se han manejado erróneamente. Las únicas personas lesionadas son dos mujeres yukpa, una de ellas de nombre Zenaida, que es hija del cacique de Chaktapa, Sabino Romero. Paradójicamente, se presenta a estas personas como victimarias, y en el discurso oficial de la Comisión especial que se reunió en Fuerte Macoa, nunca se nombró este hecho, y al contrario, se le dio más importancia a las vacas del ganadero. - Es obligación del Gobierno Bolivariano, asumir su cuota de responsabilidad en este problema y darle una orientación garantista a la gestión de las partes involucradas. Nuestros funcionarios allí presentes no manejan el tema indígena, y la parte del MPP de Pueblos Indígenas (un viceministro yukpa) debería inhibirse, ya que tiene una opinión sesgada en términos personales en contra de Sabino Romero. Él mismo así lo expresó en esa reunión. - Es muy importante imprimirle OBJETIVIDAD científica al problema y apegarse estrictamente a la Constitución y las Leyes. Esto quiere decir, que debemos darle un tratamiento multidisciplinario y en el orden de prioridades, otorgarle la preeminencia que tienen los derechos humanos en nuestro ordenamiento jurídico. En ese sentido, la prioridad es garantizar la vida y la paz en la zona, así como devolver sus tierras a los pueblos originarios, y acompañarlos –respetuosamente- en el desarrollo integral de sus actividades para una vida digna. - Los derechos de propiedad sobre bienhechurías y otros de tipo económico, están debidamente establecidos en nuestras leyes y serán honrados. Pero son secundarios. - La situación de acoso y linchamiento moral contra Sabino Romero y su familia, con el uso abusivo de medios manipuladores y adversos al proyecto revolucionario, además de basarse en falsos testimonios, registra un reduccionismo del fenómeno complejo ante el cual estamos, que no permite ver el fondo del asunto y, al contrario, lo tergiversa para favorecer unos intereses que no son los de la Revolución, ni de los pueblos. - Tal estigmatización ha llevado a que hoy la comunidad de Chaktapa, se encuentre atemorizada, bajo amenazas de agresiones, amén que no han podido ir a la ciudad a adquirir sus bastimentos acostumbrados. Tengo información que hay cerca de 50 niñas, niños y adolescentes, más 30 adultos, sin comida y otros bienes indispensables. Propuestas: 1) Promover una reunión cerrada con la Comisión enviada de Caracas, para discutir estos temas a fondo, y reorientar las acciones a seguir. 2) Prestar apoyo logístico a la comunidad de Chaktapa para que puedan acceder a los alimentos y bienes que requieren con urgencia. 3) Trasladar a la ciudadana Zenaida Romero a la ciudad de Maracaibo para que sea tratada por el proyectil que se haya alojado aún en su cuerpo. 4) Determinar la responsabilidad de los disparos que causaron estas heridas a dos mujeres yukpa. La comunidad afirma que fueron sicarios al servicio de los ganaderos. 5) Por último, insisto que debe nombrarse una autoridad COORDINADORA para la Sierra de Perijá, con el poder suficiente para dirigir los diferentes entes del Estado que tienen responsabilidades en esta problemática; teniendo en cuenta que están presentes elementos de derechos ancestrales de pueblos originarios, derechos humanos, asuntos ambientales, seguridad de la nación, límites internacionales, desarrollo integral socialista, entre otras materias fundamentales que tomar en cuenta. En espera de haber cumplido esta primera tarea en pro de solucionar esta lamentable situación, quedo a sus gratas órdenes. Atentamente, Yldefonso Finol Comisionado por el Vice-Presidente del PSUV para el caso.

 

Acto Tercero (Manual para asesinar un cacique caribe)

Lo primero es llenar el éter de desconfianza

Que los otros supongan lo que el miedo

Que los temores sean llama del ocultismo

Ignorar las verdades ancestrales es la razón

No hay que ser asesino para matar un indio

La historia culta ya resolvió que sólo hubo un holocausto

Matar caciques no es un crimen para el cazador afortunado

Se trata de deportes a lo sumo riesgosos

 

Un país invertebrado renunció a tener fronteras

Esas lejanías verdes pedregosas inundadas deshabitadas en la estadística

Dicen las oficinas los funcionarios el papeleo

Mejor vivir entre centellas serpientes jaguares

El cacique convive sin problemas con osos frontinos y cascabeles

Pero el mundo es de los dueños del alambre de púas

Nada es más peligroso que la adicción a las vacas

Ignorancia arrogancia televisión y sicariato

En los negocios y la política el indio debe ser sumiso

Sabino andaba con altanerías imperdonables

Como retando la calma ciudadana del señorío

Adentrándose con altivez en el venenoso espejismo del poder

 

Una filosa piedra blanca hija del rio lacera la encía de los deudos como restos de luna en primavera.

 

Cuarto Acto (Una crónica breve y eterna)

El día que se anunció la muerte del Comandante Hugo Chávez, luego de congregarnos en la Plaza Bolívar de Maracaibo a rendirle honores, cantarle y llorarle poemas, regresaba a la casa comenzando a anochecer. Me detuve para atender una llamada telefónica: era Zenaida, la hija del Cacique Sabino Romero.

Zenaida es una muchacha inteligente, jovial, responsable, valiente. En ese momento estaban ella y su familia en pleno ceremonial luctuoso por su papá asesinado. Pero ella no me llamó para hablar de su propia tragedia que tantas veces anunciaban los acontecimientos previos en un entorno de hostilidades, amenazas y atropellos impunes.

Su llamada me conmovió con mucha fuerza, era un clamor que le salía de lo más puro de su alma, como manantial que brota del corazón de la Sierra de Perijá: “¿Qué vamos a hacer ahora que se murió Chávez? Tenemos que estar más unidos que nunca para defender “esto”. Tenemos que apoyar a Maduro para que “esto” no caiga.”

Fueron sus sabias y emotivas palabras, que aún me resuenan en el alma, donde guardo esta vivencia tan especial con la mayor admiración y sentimiento.

 

YLDEFONSO FINOL

En el décimo aniversario del asesinato del Cacique Sabino Romero

domingo, 8 de enero de 2023

BRASIL, NUESTRA AMÉRICA, 2023: RITUAL DE INICIO DEL FASCISMO REINCIDENTE

 

Brasil, Nuestra América, 2023: ritual de inicio del fascismo reincidente

Lula es con creces el líder popular más sobresaliente de la historia brasileira. Su prestigio internacional lo hace una referencia política representativa de la izquierda.

Lula se juramentó como Presidente ante su pueblo el 1° de enero de este año que recién va iniciando. Una semana después, mientras se hallaba en Araraquara, en el estado de Sao Paulo, atendiendo a la población severamente afectada por inundaciones que causaron desastres, una virulenta horda fascista causaba otros desastres en las sedes de los Poderes Públicos con la intención de dar un Golpe de Estado.

La derecha no perdona ni el domingo, ni el “espíritu de la Navidad”, ni los buenos deseos de feliz año nuevo. Pero no nos engañemos, esto no fue espontáneo.

Recordemos que la única forma de que un aberrado como Bolsonaro llegara al poder, requirió previamente el golpe contra Dilma, la usurpación mafiosa de Temer, todo bien concertado por los poderes económicos, mediáticos, judiciales y parlamentarios al servicio del entramado corrupto. Luego las persecuciones judiciales contra la Presidenta Dilma Rouseff y el propio Lula. Sin esas precondiciones no hubiese repuntado el fascismo como lo ha hecho peligrosamente. (Igual fórmula contra Cristina en Argentina ¿Qué coincidencia?)

El formato de este domingo 8 de enero de 2023, lo vimos antes en Ecuador contra Rafael Correa, con policías tirando explosivos a la cara del Presidente de la Revolución Ciudadana. También se repitió en Bolivia con el golpe a Evo, donde se mezcló la represión más rabiosa contra los humildes con el racismo clasista y la instrumentalización del mito bíblico como amuleto del poder fascista.

En el segmento bolsonarista de la sociedad brasileña abunda esta tergiversación horripilante del cristianismo, muy al estilo de las sectas anglosajonas que pulularon en Estados Unidos mientras cometían el genocidio de los pueblos originarios e imponían el más atroz y prolongado esclavismo contra la población afro.  

Esa tendencia continúa sus acechanzas supremacistas con visos de paranoia política.

Ninguno de estos acontecimientos ha estado aislado uno del otro; forman parte de la estrategia hegemonista del imperialismo sobre las naciones de Abya Yala. No es casual la ingobernabilidad impuesta en el Perú y la defenestración del maestro Pedro Castillo, un dirigente sencillo que logró superar las opciones de las élites, y eso no se lo iban a perdonar jamás, indistintamente de la eficacia de su gobierno, al que no le dieron tregua en el afán oligárquico de domesticar la política para que siga la explotación despiadada de las clases trabajadoras del campo y la ciudad.

Este año 2023 que comenzó con un nuevo gobierno en Brasil que modificó a favor de la soberanía la correlación de fuerzas a nivel continental, pero que el fascismo ha manchado con una escena dantesca en Brasilia, se cumplen bicentenarios de la llegada del Libertador Bolívar al Perú y del lanzamiento de la Doctrina Monroe, así que tendremos la oportunidad de debatir cuál modelo de sociedad queremos para Nuestra América, la originaria, la mestiza, la resistente, la que ansía librarse de yugos colonialistas e imperiales.  

Imposible soslayar las experiencias paraguaya con Lugo y hondureña con Zelaya. La desestabilización permanente con Nicaragua, Cuba y Venezuela a través de todas las formas de presión, en el marco de la guerra mutante aplicada desde Estados Unidos contra los procesos de liberación que encarnan la sagrada dignidad de nuestros héroes y mártires en más cinco siglos de perseverancia por la vida.

La democracia de papel, la de leyes e instituciones, pero sin verdadero poder popular, sin independencia nacional, no es garantía suficiente para la construcción de una sociedad más igualitaria y justa. Debemos atrevernos a inventar un sistema político que democratice la producción y distribución de bienes y riqueza. No sirve sacralizar la supuesta “separación de poderes” cuando todos están supeditados al económico. Y peor aún, al modelo civilizatorio del afán de lucho como medida del “éxito” individualista.

No sirve la ficción democrática donde el Poder Judicial persigue –y condena- a los pobres, mientras exonera a priori los delitos de lesa Patria, lesa humanidad y lesa natura, de los dueños del capital; donde las fuerzas policiales o militares están (de) formadas en la “doctrina de seguridad nacional” gringa, y ven al pueblo (siendo pueblo) como enemigo: caso colombiano durante un siglo, caso represión a protestas en Chile durante Piñera y en Ecuador con Moreno y Lasso.

Urge convocarse para reflexionar y trazar planes. Al fascismo se le vence con inteligencia, con la razón y la fuerza. Los gobiernos patrióticos de la ALBA y otros amigos, el Foro de Sao Paulo, el Grupo de Puebla, los movimientos sociales, las centrales obreras y campesinas, las asociaciones juveniles y estudiantiles, todas las organizaciones comprometidas con una mejor humanidad, tenemos el deber de formar un bloque de poder para frenar y destruir al fascismo.

Rescatar UNASUR y CELAC como espacios legítimos de diálogo entre nos…parecen tareas pertinentes del liderazgo decente en Abya Yala.

Las hordas fascistas nos han sacado del ensueño decembrino con una andanada de maledicencias sobre el frágil tejado democrático de Nuestra América. Problematizar Brasil para no dejar gobernar a Lula, concatenado al Golpe en Perú, y amenazas similares contra Petro, es una declaratoria de guerra contra el progresismo o la izquierda latinoamericana.

Apelo a nuestro guía El Libertador: “La opresión está reunida en masa bajo un solo estandarte, si la lucha se dispersa no habrá victoria en el combate”.

 

Yldefonso Finol     

viernes, 23 de diciembre de 2022

EL ROLLO GRINGO CONTRA VENEZUELA: del 23 de diciembre de 1817 primera invasión antibolivariana...

 





El rollo gringo con Venezuela: del 23 de diciembre de 1817 primera invasión antibolivariana, a una “ley” que mancilla el nombre del Libertador

Mucho se dice que Estados Unidos no tiene amigos, sino, intereses. Pues ya sería tiempo que en Venezuela no tuviera ni una cosa ni la otra. (Y en ningún país de Abya Yala)

Si en esa sociedad hubiese un mínimo de virtud, un hálito de decencia, lo único que deberían sentir por Venezuela es agradecimiento, con mayúsculas; porque todo lo que lograron en el siglo XX fue gracias a “nuestro” petróleo y a la clase trabajadora venezolana. (Hablo con sarcasmo, no con ingenuidad)

Ellos expresan con mucha sensibilidad social su “espíritu de la Navidad”: organizan exterminio de pueblos originarios, martirizan cuerpos esclavizados, provocan golpes de Estado, bloquean las economías de países vecinos, aprueban leyes para amargar la pascua de personas que en nada les molestan a ellos: las bestias rubias que advirtió Sandino.  

Se cumplió un siglo este 14 de diciembre del “Reventón del Barroso” (por cierto, sin pena ni gloria entre la dirigencia nacional), aquella erupción de óleo fósil que emergió de las entrañas del Lago Maracaibo en orillas de Cabimas, que significó la entrada protagónica de nuestro país en el mercado de hidrocarburos a nivel internacional. Pienso en tantos trabajadores sacrificados en las complicadas faenas exploratorias, productoras y refinadoras, y siento que hay una deuda moral y material muy grande; pienso en nuestro lago añú Tinaja del Sol, y sufro el inmenso daño ambiental causado (que no cesa).

Fueron los gringos, sin ninguna duda, los principales beneficiarios de esa riqueza natural que los dictadores y politiqueros entregaron principalmente al capital yanqui, más una parte al anglo-holandés.

La parasitaria burguesía criolla, sobre todo la central-capitalina, también se vaciló sus privilegios manejando la telaraña burocrática como bien lo sabe hacer desde Páez (¿o desde la Colonia?) para acá.

Las calles del barrio La Rosa de Cabimas, sede de Los Barrosos, son un desastre de arenas y aguas servidas; como la Falcón-Zulia sigue siendo una callejuela rural. Nada que ver con Las Mercedes y Chuao, y la autopista del Centro; extrapolemos la comparación con la Gran Manzana, Wall Street, y la interestatal 95 en la costa este de USA, para reiterarnos en la conclusión de que el saqueo colonialista no concluyó con la Guerra de Independencia que libraron los ejércitos de Simón Bolívar.

En la racionalidad imperialista anglosajona, expresada en un diciembre de 1823 como Doctrina Monroe, las gentes de Abya Yala somos considerados algo menos que súbditos, y la única “actitud” permitida, es la sumisión.

I

El 23 diciembre de 1817 se produce la primera arremetida bélica abierta de Estados Unidos contra el Proyecto Bolivariano: ese día invadieron la recién creada República de Florida en la Isla Amelia.

Siguiendo la obra del Presidente del Centro Fidel Castro, el historiador René González Barrios, encontramos que “en 1817 La Florida era territorio español. Con el fin de contrarrestar el poder de España en la región y crear una base avanzada para satisfacer necesidades logísticas y militares de su ejército, Bolívar envió ciento cincuenta bravos patriotas venezolanos a tomar isla Amelia, en la desembocadura del río Saint Mary, al norte de Jacksonville, y fundar la República de Florida, acción que se consumó el 29 de junio de ese año. Los comandaba el general Gregorio Mac Gregor, valiente escocés, fiel y devoto del Libertador. Aún Venezuela no era completamente independiente, pero el Libertador tenía planes estratégicos. La nueva República de Florida, pondría en peligro la hegemonía de España en el área porque –según Pividal- “esta se vería obligada a sacar de México sus fuerzas para proteger a Cuba o abandonar ésta para proteger a México”.

Continúa González Barrios en su antológico libro Cruzada de Libertad: Venezuela por Cuba (Ed. Verde Olivo, 2005): “Los patriotas venezolanos estaban convencidos del importante servicio que esta plaza ofrecería a los independentistas de todo el continente, sobre todo, porque albergaban las esperanzas de que se levantaría como punto seguro para el comercio militar con Estados Unidos. España no hizo mayores esfuerzos para reconquistarla. Estados Unidos se ocupó de ello. El presidente Monroe había calificado el hecho como “simple aventura privada y sin autoridad”…Cinco días después de quedar instaurada la República de Florida con capital en Fernandina, la flota venezolana confiscaba en los mares del Caribe sur, las goletas norteamericanas Tigre y Libertad, por comerciar pertrechos de guerra con las fuerzas españolas en Venezuela. El gobierno de Estados Unidos se sintió insultado y ofendido. No podía tolerar tamaña osadía. Primero, una República independiente en sus narices, establecida por una “potencia extranjera”; y segundo, la confiscación de dos de sus buques que violaban las leyes de neutralidad que supuestamente Estados Unidos observaba en el conflicto suramericano.”

Sigue González Barrios, todo un experto en historia de la guerra de liberación cubana: “Se sucedieron entonces, a una velocidad increíble, declaraciones amenazantes e incidentes que tuvieron como colofón el apresamiento e incendio del buque venezolano Tentativa por el capitán norteamericano John Elton, comandante del crucero de guerra Saranac. Por esos días fue que Bolívar, respondiendo a amenazas de funcionarios norteamericanos, declaró: “lo mismo es para Venezuela combatir contra España que contra el mundo entero, si todo el mundo la ofende”. “El 23 de diciembre de 1817, fuerzas navales y terrestres norteamericanas invadieron isla Amelia, ocuparon Fernandina y disolvieron la República de Florida. Poco después, en 1819, adquirieron de España la península a cambio de un pasivo de cinco millones de dólares.”

II

Duelo epistolar y punto de inflexión

“Pividal informa en su obra clásica sobre Bolívar como precursor del pensamiento antiimperialista, que “cuando el gobierno republicano de Venezuela dispuso –por decreto del 6 de enero de 1817, publicado incluso en los Estados Unidos- el bloqueo de Guayana y Angostura, los buques mercantes norteamericanos hicieron caso omiso y burlaron sistemáticamente el bloqueo. En ese mismo año fueron capturadas por las fuerzas marítimas de Venezuela las goletas norteamericanas Tigre y Libertad, cuando llevaban recursos bélicos a los realistas”.

Este episodio da pie a un ejemplarizante duelo epistolar entre El Libertador Simón Bolívar y el agente gringo Bautista Irvine, diplomático de Estados Unidos destacado en Venezuela.

El 20 de agosto de 1818, escribe Bolívar a Irvine: “Si es libre el comercio de los neutros para suministrar a ambas partes los medios de hacer guerra, ¿por qué se prohíbe en el Norte? ¿Por qué a la prohibición se le añade la severidad de la pena, sin ejemplo en los anales de la república del Norte? ¿No es declararse contra los independientes negarles lo que el derecho de neutralidad les permite exigir? La prohibición no debe entenderse sino directamente contra nosotros que éramos los únicos que necesitábamos protección. Los españoles tenían todo cuanto necesitaban o podían proveerse en otras partes…Mr. Cobbett ha declarado en su semanario la parcialidad de los Estados Unidos a favor de la España en nuestra contienda. Negar a una parte los elementos que no tiene y sin los cuales no puede sostener su pretensión cuando la contraria abunda en ellos, es lo mismo que condenarla a que se someta, y en nuestra guerra con España es destinarnos al suplicio, mandarnos a exterminar”.

Las notas hipócritas y prepotentes del espía yanqui no se hicieron esperar, pero serían jaqueadas por la pluma encendida del ilustre guerrero venezolano: “protesto a usted que no permitiré que se ultraje ni desprecie el Gobierno y los derechos de Venezuela. Defendiéndonos contra la España ha desaparecido una gran parte de nuestra población y el resto que queda ansía por merecer igual suerte. Lo mismo es para Venezuela combatir contra España que contra el mundo entero, si todo el mundo la ofende”.

Más claro no canta un gallo, dice nuestro pueblo. Bolívar comienza a tener conciencia de que con aquel país no sólo no se contaba como posible aliado, sino que definitivamente, era un enemigo con el que tarde o temprano habría que enfrentarse.

Como afirma Pividal, “la tendencia expansionista y hegemónica de los Estados Unidos habría de encontrar su contrapartida en el ideal bolivariano”. También en este aspecto el bolivarismo adquiere la condición de doctrina que sustenta la igualdad de las naciones y el rechazo a toda pretensión de hegemonía en el continente americano.

El salto a una nueva fase de la visión bolivariana sobre Estados Unidos, comenzó a gestarse un quinquenio más tarde de sus quejas de Kinstong y par de años tras los sucesos de Tigre y Libertad en el Orinoco; particularmente con los conceptos emitidos en la carta precitada del 25 de mayo de 1820, dirigida a José Tomás Revenga, que continúa así: “Yo no sé lo que deba pensar de esta extraordinaria franqueza con que ahora se muestran los norteamericanos: por una parte, dudo, por la otra me afirmo en la confianza de que, habiendo llegado nuestra causa a su máximo, ya es tiempo de reparar los antiguos agravios. Si el primer caso sucede, quiero decir, si se nos pretende engañar, descubrámosles sus designios por medio de exorbitantes demandas; si están de buena fe nos concederán una gran parte de ellas, si de mala, no nos concederán nada, y habremos conseguido la verdad, que en política como en guerra es de un valor inestimable. Ya que por su anti neutralidad la América del Norte nos ha vejado tanto, exijámosle servicios que nos compensen sus humillaciones y fratricidios. Pidamos mucho y mostrémonos circunspectos para valer más…”

Los antagonismos entre la visión bolivariana de una América Hispana independiente, unida y, por tanto fuerte, comenzaron a chocar de frente con la predisposición de los patriarcas blancos protestantes, esclavistas y usurpadores de territorios y bienes de los pueblos originarios a quienes masacraron, que llegaron a temer tanto como a aborrecer la  integración planteada por Bolívar, la misma que comenzó a materializarse en acuerdos y tratados que incluían –como era de esperar- lo militar. Esto sabían los gringos por el espionaje constante a que sometieron el proceso del parto libertario indoamericano.

Tal lo fue intuyendo Bolívar, que comenzó a enviar las instrucciones sólo con oficiales de extrema confianza, al tiempo que le recomendaba a Urdaneta y Sucre, hacer lo suyo, cuidando que los correos viajasen rápido y bien resguardados de los enemigos de fuera y dentro. Se lo dijo a Urdaneta, su más leal General. Sabe que están detrás de sus cartas: “temo que en estas circunstancias mis cartas sean sorprendidas”.

Estados Unidos temía y odiaba en Bolívar el propósito central de crear una sociedad diametralmente opuesta a la deseada por los “padres fundadores”: “Era preferible entonces que la débil España permaneciera dueña de sus colonias en América y que se aplazara la independencia de estos territorios hasta que los Estados Unidos estuvieran en condiciones de enfrentar a Inglaterra por el dominio (económico) del continente”; porque sentían que se les venía encima “la amenaza que representó para su sistema esclavista que las revoluciones al sur del continente comenzaran a incorporar a los programas de lucha la abolición de la esclavitud”. (Pividal)

Le temían a estas “locas e indigestas” ideas: “Legisladores, la infracción de todas las leyes es la esclavitud. La ley que la conservara sería la más sacrílega. ¿Qué derecho se alegaría para su conservación? Mírese este delito por todos los aspectos, y no me persuado que haya un solo boliviano tan depravado, que pretenda legitimar la más insigne violación de la dignidad humana, ¡Un hombre poseído por otro! ¡Un hombre propiedad!”.

Tal es el programa bolivariano para una nueva humanidad. Por eso, era lo más lógico que los que planeaban apoderarse del continente y luego del planeta, lo adversaran. Más, cuando ese pequeño cuerpo que guardaba un humano gigante en valores, tenía entre sus ideas revolucionarias, sobre las que legisló y puso en práctica de gobierno haciendo palpable su compromiso: derechos de los indígenas, fin de la esclavitud en general (y de los africanos en América en particular), derecho a la educación popular, soberanía estatal de las minas y otros bienes del suelo patrio, entre otras.

Estados Unidos combatió a Bolívar vivo y muerto, y junto a la comparsa de envidiosos, intrigantes y traidores que le acecharon, trató de matarlo física y moralmente, en vida y ya difunto. Valga el realismo mágico.

Desde el 10 de diciembre de 1810, muy temprano, los Estados Unidos trazaron su estrategia del cinismo como política de Estado hacia las nacientes repúblicas nuestroamericanas. Pividal cita la resolución conjunta del Congreso yanqui, donde queda demostrada la hipocresía utilitarista del Norte: “los revolucionarios de Hispanoamérica enfrentarían solos el poderío español y cuando hubieran alcanzado la independencia, si la alcanzaban, los Estados Unidos concurrirían entonces a exigirles lo que debía corresponderles. Como pago, accederían al reconocimiento”.

Claro que las encontrarían destrozadas por las guerras, con sus arcas públicas no sólo agotadas sino comprometidas, y las oportunidades de negocios les serían favorables a “los que siempre quieren más”. (Tomado del libro La Doctrina Bolivariana. Esencia y vigencia. Y. Finol, 2021)

Todavía en 1823, días antes de la bicentenaria Batalla Naval de Maracaibo, nuestras fuerzas marinas detuvieron barcos gringos con armamento para el genocida Francisco Tomás Morales. Y en diciembre de ese año, el azote de la soberanía indoamericana James Monroe, lanzó su doctrina imperialista que hoy han aplicado en el parlamento gringo, aprobando un “ley” oprobiosa, inaceptable, írrita, pero que sirve para poner al descubierto la malsana relación que aspiran tener estos malnacidos con los pueblos invencibles de la Abya Yala bolivariana.

 

Yldefonso Finol

 

SENTIDA DEDICATORIA PARA EDUARDO RÍOS "EL GUACO"

 

Sentida Dedicatoria para Eduardo Ríos

No puedo decir epitafio, porque como afirmó Tomás Borges sobre su compañero el Comandante sandinista Carlos Fonseca, Eduardo seguro será de esos seres especiales que nunca mueren; en primer lugar, porque el amor que sembró en su familia es más hermoso y perenne que los jardines de Babilonia.

No podemos decir adiós (palabra siempre en desuso cuando hay una querencia tan abrazada a nuestras neuronas), porque sencillamente, no luce, no sirve para definir una despedida que no indica separación, ningún alejamiento, donde no existe la más mínima probabilidad del jamás.

Tampoco servirá apelar al latinismo “In Memoriam” –lo que tal vez daría un acorde solemne a esta dedicatoria- porque a un compañero tan querido no sólo se le recuerda, se le siente intensamente, con anhelo y con dolor, que son los químicos con que la magia humana forma el amor.

Si la existencia vital de Eduardo Ríos creó tanta solidaridad y esperanzas, es porque sus luchas estaban inspiradas en lo más altruista, lo más sublime, lo más arriesgado, lo irrenunciable: ese sueño milenario e irrenunciable de la igualdad.

A Eduardo –como dijo Bolívar de Urdaneta- no hay quien pueda sustituirlo. Excepcional encontrar en una sola persona tanta virtud: sensibilidad, compromiso, arrobo, valentía, paciencia, sabiduría, tenacidad, camaradería.

Ejercer el magisterio cotidiano, con una modestia que engalana todo esfuerzo, con desprendimiento, con perseverancia, con sentido de pertenencia a un espacio-tiempo histórico que debía defenderse por encima de todos los imposibles. Tal fue su vocación de revolucionario genuino, cabal, raigal, originario.

Eduardo Ríos Méndez, cariñosamente “Guaco”, añú descendiente, de la estirpe del Cacique Nigale, zuliano de pura cepa, enamorado de nuestra Historia, bolivariano y urdanetano, combatiente de Nuestra América, internacionalista “patria o muerte”, martiano y fidelista como cubano adoptivo-afectivo, amante del lago Tinaja del Sol y del mundo utópico de una mejor humanidad al que dedicó su vida fértil e inextinguible.

Honores eternos a tus glorias, Camarada.

 

Yldefonso Finol

 

 

 

miércoles, 21 de diciembre de 2022

Fray Pedro de Córdoba y Fray Antonio Montesino un 21 de diciembre de 1511

 


Fray Pedro de Córdoba y Fray Antonio Montesino un 21 de diciembre de 1511: la larga lucha por los Derechos Humanos de los pueblos originarios

Introducción

Concepto presto a polémica este de los Derechos Humanos. Derechos naturales, derechos del hombre y el ciudadano, derechos de la dignidad de la persona, derechos fundamentales, derechos subjetivos, derechos positivos, aluden a definiciones diversas de un mismo concepto. Por otro lado, universalidad, imprescriptibilidad, indivisibilidad, intangibilidad, inalienabilidad, moralidad, absolutidad, son las exigencias conceptuales de un modelo realmente complejo y difuso.

Los Derechos Humanos son una aspiración y una construcción histórica. ¿Un sueño? Es posible. Toda obra comienza en la imaginación. La realidad se encarga de las dificultades. ¿Tiene viabilidad el discurso de los Derechos humanos en el mundo actual? Mil trescientos millones de personas tienen que vivir hoy con menos de un dólar diario. La pobreza extrema azota a por lo menos ochenta países sobre la tierra. Cientos de millones carecen de agua. Una transnacional ostenta más presupuesto que varios países. Una única potencia mundial impone su estilo de vida a sangre y fuego. La globalización neoliberal es el imperialismo en su fase más feroz. La necesidad de seguridad del gran capital está por encima de cualquier otra consideración. Las naciones dependientes se bambolean permanentemente en la mayor inestabilidad política y social. La educación vive una crisis mundial. La pérdida de valores es la rendición de la ética ante la ambición.

¿Tiene sentido filosofar sobre Derechos Humanos? ¿Martín Luter King, Rigoberta Menchú, Chico Méndez, teorizaron sobre derechos?. Sin embargo, es tarea del intelectual contribuir al esclarecimiento de las dudas conceptuales y participar, desde la perspectiva de su compromiso, en la justificación sustantiva y el fundamento verbal de una práctica que a todas luces es necesaria.

La acepción más común de Derechos Humanos pertenece a lo contemporáneo, aunque el proceso de su construcción es añejo.  Su prestigio legitimador de realidades políticas le viene, de alguna forma, de haber sustituido las posturas netamente ideológicas, ó, más exactamente, en términos matemáticos, de haberse convertido en el punto de intersección de las ideologías. Con el discurso de los Derechos Humanos se invade un país y se cometen todo tipo de atropellos a la dignidad de las personas y de los pueblos. Las dos caras de los Derechos Humanos. ¿Pero quién se negaría hoy día a cuestionar que la gente tiene derechos? La multiculturalidad, tan propia de la humanidad, hace que se den diferentes interpretaciones de estos Derechos. El derecho a la vida convive con la pena de muerte en países con diferentes sistemas políticos y diferentes religiones. Siempre cuentan los intereses.

Pero, es innegable la raíz cristiana de esta generalizada visión de los derechos. La concepción de un humano universal con la misma esencia, dotado de alma racional, que como tal es merecedor de un trato digno, porque es un igual, viene del cristianismo. Las sociedades en las que se producen los hechos históricos que marcan el advenimiento de los Derechos Humanos, aún no siendo sociedades democráticas, les era común la influencia cristiana. No quiere decir que todo otro aporte sea nulo, no. Sin duda, desde posiciones revolucionarias no necesariamente cristianas se ha hecho mucho por la construcción de sociedades más justas, libres e igualitarias. Lo que queremos establecer es que en el fondo de la conciencia colectiva sobre los derechos, está latente el evangelio social contenido en aquel amaos los unos a los otros....

Precisamente una experiencia de radicalidad cristiana es la que comentaremos a continuación. En ella vemos los antecedentes más remotos del tema de los derechos en el continente americano. Su repercusión en el desarrollo del pensamiento europeo y, particularmente,  en la construcción de las bases conceptuales que sustentan la teoría de los derechos, no ha sido estudiada. Pero una historia de los Derechos Humanos sin ese capítulo, estaría truncada de sus verdaderas raíces.

 

El Momento Precursor

El sermón pronunciado por fray Antonio Montesino durante la misa del cuarto domingo de Adviento el 21 de diciembre de 1511 en Santo Domingo, constituye el primer hito de la lucha por los Derechos Humanos en América. La llegada de los frailes de la Orden de Predicadores en septiembre de 1510 a la isla, entonces llamada La Española, hoy República Dominicana y Haití, dio lugar al primero y más trascendental enfrentamiento en el seno de las fuerzas conquistadoras, desde el punto de vista ideológico. Debate sin precedentes donde quedaba cuestionada la presencia misma de los españoles en “las Indias”, y que tuvo además un impacto fundamental en el desarrollo del pensamiento español y europeo del siglo XVI.

Constatada la gravísima situación que vivían los originales habitantes del “Nuevo Mundo” o “Indias”, como genéricamente denominaban a las tierras halladas por Colón, y escuchadas las historias que eran vox pópuli en la isla sobre la reciente destrucción, por parte de las armas invasoras que comandaba Nicolás de Ovando, de los cinco cacicatos en que se organizaba la sociedad indígena tahína, este primer grupo de dominicos se ve obligado a tomar partido en defensa del derecho a la vida y a la libertad de los “indios”.

Decid, ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre a estos indios? ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas, donde tan infinitas de ellas, con muertes y estragos nunca oídos, habéis consumido? ¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin darles de comer ni curarlos en sus enfermedades, que de los excesivos trabajos que les dais, incurren y se os mueren, y por mejor decir, los matáis, por sacar y adquirir oro cada día? ¿Y qué cuidado tenéis de quien los adoctrine, y conozcan a su Dios y criador, sean bautizados, oigan misa, guarden las fiestas y domingos?.....¿Estos, no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No sois obligados a amarlos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis? ¿Esto no sentís? ¿Cómo estáis en tanta profundidad de sueño tan letárgico dormidos? Tened por cierto que en el estado que estáis no podéis más salvar que los moros o turcos que carecen y no quieren la fe de Jesucristo”.(1)

Más allá del anecdotario desatado a partir de la versión que de los hechos dieran los presentes en aquel histórico acto y, muy particularmente, uno que no estuvo en el templo ese día, pero que ha resultado ser el mejor testigo para la historia, como lo ha sido Bartolomé de Las Casas, el mismo que luego dio los frutos más jugosos y efectivos de esa lucha original; queda para la indagación y reflexión científica, lo concerniente a ciertos asuntos claves:

1)  Tal sería de inhumano el trato que daban los conquistadores a la población indígena, que llevó, en menos de un año, a los frailes dominicos a tomar una actitud militante en su defensa, al punto de enfrentarse a las propias autoridades reales en La Española. 2) ¿Tenían los Predicadores un plan preconcebido antes de marchar al Nuevo Mundo, fundado en la convicción de que todo hombre al nacer es libre e igual a los demás sin distingos de condición social o de sus creencias religiosas?. 3) ¿Ponían en duda los de la Orden de Santo Domingo de Guzmán la capacidad del Papa para dar en donación las tierras descubiertas al reino de Castilla?.

En todo caso, sea cual fuere la solución o interpretación que se le dé a estos tres planteamientos, y que no alcanzaremos resolver en este modesto artículo, el contenido del Sermón de Adviento pronunciado por Montesino, y suscrito por todos los miembros de la Orden bajo la conducción de Pedro de Córdoba, sienta las bases de lo que habría de convertirse en el debate fundamental de la época, con repercusiones incuestionables en la elaboración de las doctrinas de Francisco de Vitoria con su arsenal de cimientos del Derecho Internacional, de la llamada Escuela de Salamanca y todo el bagaje del yusnaturalismo clásico español, así como en otras tantas aportaciones al pensamiento europeo de aquel momento y los tiempos que le sucedieron.

En el fondo de estas turbias aguas, se trataba de definir con suma claridad, en primer lugar, la condición humana de los aborígenes americanos y su estatus jurídico-político, y, como consecuencia de ello, la razón o sinrazón de las guerras de conquista que se llevaron a cabo para esclavizarlos y arrebatarles sus territorios. ¿Estos no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No sois obligados a amarles como a vosotros mismos?. Es el clamor que desde el púlpito empuja a estos hombres de fe a optar por una medida ciertamente desesperada, colocándose en la acera de enfrente de los señores que detentaban el poder, que a partir de ese tremendo desafío, los convertirían en blanco de sus ataques. Para el conquistador in situ, el indio sólo representaba un imprescindible instrumento de trabajo a sus fines últimos de enriquecimiento. El instaurado régimen de repartimientos y encomiendas, de esclavitud disfrazada, al encontrar natural resistencia en los aborígenes, exige la dominación forzosa. ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas, donde tan infinitas de ellas, con muertes y estragos nunca oídos, habéis consumido?. El pretendido “derecho aristotélico” de dominación de los pueblos inferiores y atrasados, subyacente en todas las guerras de conquista emprendidas por los imperios occidentales de entonces, quedaba abiertamente cuestionado con el discurso militante de los dominicos que, además de haber escuchado de los sobreviviente de las campañas militares anteriores a 1510 en La Española, las barbaridades cometidas por los conquistadores, veían a diario la explotación extrema a que eran sometidos los indígenas en las minas, faenas agrícolas y todo tipo de trabajos pesados, las más de las veces, en condiciones degradantes.

Ponerse en el pellejo de aquellos prohombres que se atrevieron a levantar la voz que clama en el desierto, no en un ejercicio metafísico o de un romántico elucubrar, sino en la actitud de los que queremos aprender de la historia sus lecciones, no nos puede conducir a otra experiencia que no sea la admiración por su valentía y fecundidad. Retar en su propia cara a la máxima autoridad terrenal de aquellos predios, el virrey Diego Colón, y a todos los hombres de armas y gobierno de las islas bajo su mando, con la única arma de que disponían los dominicos de 1511 que era la razón de su fe, constituye de por sí un acto de tal heroicidad, que no podemos menos que intentar valorarlo históricamente.

Pero si ello no bastara para comprender en aquel suceso su carácter pionero y su poder desencadenante de una Nueva Humanidad, llamaríamos entonces a continuar tras los pasos que inmediatamente emprendieron los precursores de los Derechos Humanos en América, en los que queda explícitamente definida su aportación al proceso de surgimiento de un discurso y una acción en la defensa de los derechos del género humano.

Después de aquel primer grito de justicia, a todas luces revolucionario, las andanzas de los dominicos de La Española estuvieron marcadas por enormes esfuerzos siempre rayanos en el sacrificio extremo. La esperada reacción represiva del virrey, los funcionarios y los religiosos adeptos a las prácticas oficiales, que veían en la postura de los dominicos a un enemigo aún más peligroso que la propia resistencia indígena -prácticamente ya doblegada por la superioridad bélica y las artimañas del invasor- se activó de forma inmediata. Abandonar sus asientos en la iglesia principal de Santo Domingo y acudir a la choza que servía de convento a los frailes ocurrió en un abrir y cerrar de ojos. Que se retractaran les exigieron. Más la firmeza de la decisión tomada fue un muro inexpugnable ante el cual hubieron de tropezarse, en la serena pero convencida voz del joven prior Pedro de Córdoba, que apenas contaba 29 años. El siguiente domingo que coincidía con el de los Santos Inocentes, el mismo predicador incisivo que siete días antes les recriminó, señalándoles el camino de perdición por el que transitaban por la opresión en que mantenían a “sus iguales”, reiteró una a una las graves denuncias y advertencias formuladas en el sermón anterior.

El siguiente paso fue enviar a las Cortes los respectivos emisarios. Los funcionarios y encomenderos, que es lo mismo decir, enviaron al franciscano Alonso de Espinal, con la prisa, altas recomendaciones y abundantes recursos, que la gravedad de los hechos imponía. Los dominicos, tras reunir las escasas limosnas que los más escasos y pobres fieles les concedieron, encargaron su alegación al tenaz y bien formado discípulo del convento de San Esteban de Salamanca, fray Antonio Montesino.

 

Consecuencias de la lucha dominica iniciada en 1510.

Construir una historia de los Derechos Humanos debe llevarnos mucho más allá de la simple enunciación de las Declaraciones que, en sucesivas contingencias históricas, realizaron los poderes emergentes en sus procesos de consolidación como poderes constituidos. Porque una historia de los Derechos Humanos tiene que apuntar al descubrimiento de las más profundas raíces que inspiraron, no sólo declaraciones y normas que alimentan la positivación de esos derechos, si no también, y con mucha más razón, las luchas concretas que las precedieron e hicieron posibles. Porque la historia de los Derechos Humanos es la historia de la lucha por los derechos.

Partiendo de considerar a los Derechos Humanos como el proceso de la utopía por la justicia colectiva, es decir, la lucha constante que los grupos más o menos organizados e individualidades sensibilizados ante determinados maltratos e iniquidades, dan en cada época por conquistar estadios de vida acordes con la dignidad humana, tenemos entonces que asumir como premisa consecuente, que lo que hoy damos en llamar genéricamente Derechos Humanos, es el resultado de un proceso histórico en el que un conjunto de reivindicaciones y valores ligados esencialmente a la condición humana como la justicia, la libertad, la solidaridad, la vida, la convivencia, son el paradigma que guía la construcción del viejo sueño de la igualdad.

Desde diferentes y a veces contradictorias perspectivas de compromiso, religiosas, políticas, étnicas, culturales, ideológicas, los hombres y mujeres de diferentes épocas han contribuido a la generación del compendio de cláusulas que actualmente conocemos como Derechos Humanos, y que siguen enriqueciéndose de las nuevas realidades.

Pero, no sólo esas luchas, libradas en tan disímiles terrenos que van desde el etéreo –que no vago- debate filosófico hasta el sangriento campo de batalla, han constituido el antecedente original de la aceptación por parte de los poderes constituidos de esos derechos reclamados. ¿O es que acaso ha bastado la simple Declaración para que esos derechos se hagan realidad? ¿Significó, por ejemplo, la siempre citada Declaración de Independencia de los Estados Unidos, para los estadounidenses de origen africano, el goce de ciertos derechos inalienables como la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad? ¿Lo significó para los propios pueblos autóctonos del norte de América, legítimos dueños de aquellos ricos territorios, hoy casi exterminados por los rifles del “puritanismo” anglosajón?

Las primeras dos décadas de presencia española en el Nuevo Mundo estuvieron circunscritas al espacio insular del Mar Caribe. (Siempre, para invocar el espíritu de la inquietud por la verdad histórica, hay que dejar en el aire la pregunta de ¿por qué en estas islas no quedaron sobrevivientes de aquellos originarios pueblos indígenas?). En ese paisaje exuberante que sedujo de pleno y perenne verdor a los recién llegados, se produjeron las más terribles masacres que hasta entonces conociera el género humano.

Términos como catástrofe demográfica o colapso demográfico, acuñados de manera particular en la magnífica obra de Gustavo Gutiérrez En busca de los pobres de Jesucristo, no hacen si no, tratar de ilustrar dentro de las humanas posibilidades del lenguaje, la vertiginosa desaparición de los originarios habitantes caribeños. “Según los historiadores hay datos confiables para decir que hacia 1510 había de 20.000 a 30.000 indios en La Española. Los cálculos sobre la población taína original varían naturalmente, los primeros misioneros dominicos hablaban de 2.000.000; Las Casas (basándose en una apreciación de Colón) de 3.000.000..... la célebre escuela de Berkeley la estima en 8.000.000 ... y, hacia 1540 no había más de 300 indígenas en La Española”. (2) Ello, sin contar que, muchos pobladores de las islas vecinas, llamadas “inútiles”, desde 1508 eran llevados por la fuerza a “trabajar” en La Española.

Fue ésta la inexorable consecuencia de la conjunción de diversas causas que actuando simultáneamente y en forma combinada potenciaron al máximo su terrible poder destructor. Gutiérrez menciona cuatro, a saber: “la desnutrición y el cambio del régimen alimentario, la presencia de enfermedades (viruela, sarampión, tifus, gripe, y otras) que no encontraban inmunizada a la población indígena, las guerras de conquista y el trabajo forzado (3). Habría que agregar dos mas, relacionadas con todo el entramado del sistema de opresión instaurado por los conquistadores, y cuyos efectos en la caída de la población tienen sus manifestaciones específicas. En primer lugar y como resultado de esas guerras de conquista, la esclavización del indígena, que en muchas ocasiones implicó la extracción de grandes grupos de personas de su lugar de residencia para ser trasladados forzosamente a las minas o a los mercados de esclavos. Y, en segundo lugar, la ruptura violenta y traumática del núcleo familiar, con la separación de los padres y de los hijos, de las mujeres y varones, que generó una abrupta disminución de las tasas de natalidad entre la población autóctona. Le tocaría a una historia de la sicología social, el estudio de lo que ya en aquellos tiempos, los primeros dominicos de América y Las Casas en particular, identificaron como el desgano y desapego por la vida misma, que la perplejidad, decepción y tristeza generalizada del indio ante los increíbles maltratos de que era víctima, provocaron.

La primera concreción formal de la lucha dominica, devino de las gestiones que fray Antonio Montesino, a duras penas, logró realizar ante el Rey en aquel histórico primer viaje redentor. Fueron las Leyes de Burgos de 1512. Tras escuchar el testimonio y argumentos del luchador fraile, el Rey Fernando convoca a miembros del Consejo Real, y a connotados juristas y teólogos, a discutir la situación planteada. Montesino, que no tiene acceso al seno de la reunión, tiene que convencer de sus alegaciones al mismísimo fray Alonso de Espinal, emisario del virrey y los encomenderos. Prácticamente se trató de una difícil negociación en la que ambos hubieron de ceder parte de sus pretensiones. Sin embargo, si bien las Leyes de Burgos no recogieron el planteamiento fundamental de los dominicos de La Española, cual era ponerle fin a los repartimientos y encomiendas, éstas introdujeron un conjunto de ordenanzas reguladoras del gobierno que, al definir el trato que los españoles debían darle a los indígenas, reconocían legalmente los derechos subjetivos de los mismos. Es el momento que algunos historiadores y filósofos del derecho señalan como el comienzo del derecho hispano-indiano o la génesis legislativa del Nuevo Mundo.

El “buen trato” al indio, contenido en las conclusiones firmadas en Burgos el 27 de diciembre de 1512, venía a tratar de suavizar una cruenta realidad que en la metrópoli conocieron por la denuncia y diligencias de los dominicos de La Española, y son ellos los responsables del surgimiento de ese compendio de normas que dieron en llamar el derecho hispano-indiano. Más, son precisamente Montesino y Pedro de Córdoba, quienes desde el primer momento ven la inutilidad de las novísimas normas. Este último, avisado por su emisario Montesino sobre cómo marchaban las cosas en España, apresuró su paso en venir personalmente a entregarle sus pareceres al Rey. Ya en enero de 1513, a escasas semanas de dársele el ejecútese a las Leyes de Burgos, el joven superior de los dominicos de La Española, está en España en busca de una entrevista con su Soberano, a quien antes del mes de julio le manifiesta su decepción por la ineficacia e inutilidad de unas leyes que no abolieron los repartimientos de indios en encomiendas, y por tanto, dejaban las cosas como estaban o peor que como estaban.

A los reparos hechos por Pedro de Córdoba, el rey respondió convocando de nuevo una junta para que redactara unos pareceres complementarios, que se hicieron leyes en 28 de julio de 1513. De los cinco pareceres redactados, el rey sancionó cuatro, dejando de lado aquel por el cual los letrados dejaban abierta la posibilidad de que los servicios que los indios debían prestar al monarca, pudiesen ser dados por cierto tiempo a los privados. Pero a los dominicos de La Española no les bastaban las normas sobre el “buen trato”, y una vez más, hubieron de quedar decepcionados y proseguir una lucha que habría de durar lo que de vida les quedaba.

Por entonces, fue que a Pedro de Córdoba, se le ocurrió la idea de llevar a cabo una evangelización pacífica en tierras no ocupadas aún por españoles, y surgió aquel primer intento en la Costa de las Perlas, en el oriente de Venezuela, con el conocido desenlace fatal por la muerte de los primeros mártires de esta dura y primera batalla por los derechos humanos en continente americano: fray Francisco de Córdoba y Juan Garcés. Lista de mártires que engrosarían muchos como aquel fray Antonio Valdivieso, obispo de Managua, muerto a manos del propio gobernador español en su templo en 1545, cuya historia tiene un parecido estremecedor con la del célebre defensor de los pobres de El Salvador, Oscar Arnulfo Romero.

Así, se fueron sucediendo un conjunto de hechos que dan testimonio de la acción dominica en defensa del Hombre durante la conquista de América. Supresión de los repartimientos y encomiendas en las Instrucciones dadas a Diego Velásquez en 1518 para la incursión sobre territorio cubano. Lo instruido a Hernán Cortés el 23 de junio de 1523. Las Ordenanzas de Granada de 1526, en cuyo prólogo, se resume el discurso creado por los dominicos de La Española: “Nos somos informados, y es notorio, que por la desordenada codicia de algunos de nuestros súbditos que pasaron a las nuestras Indias, islas y tierra firme del mar Océano, y por el mal tratamiento que hicieron a los indios naturales de las dichas islas y tierra firme del mar Océano, así en los grandes y excesivos trabajos que les daban, teniéndolos en las minas para sacar oro y en las pesquerías de las perlas y en otras labores y granjerías, haciéndoles trabajar excesiva e inmoderadamente, no les dando el vestir ni el mantenimiento que les era necesario para sustentación de sus vidas, tratándoles con crueldad y desamor, mucho peor que si fueran esclavos, lo cual todo ha sido y fue causa de la muerte de gran número de los dichos indios, en tanta cantidad que muchas de las islas y parte de tierra firme quedaron yertas y sin población alguna de los dichos indios naturales de ellas, y de que otros huyesen y se ausentasen de sus propias tierras y naturaleza y se fuesen a los montes y a otros lugares para salvar sus vidas y salir de la dicha sujeción y mal tratamiento...” (4)

Pasando por la simbólica institución en 1516 del Protector de los Indios, y por la creación en 1524 del Consejo Real y Supremo de Las Indias, todavía en 1542, cuando son sancionadas en Barcelona el 20 de noviembre, las llamadas Leyes Nuevas, la “negligencia y descuido” en la aplicación de las disposiciones reales por parte de las autoridades españolas en América, y la “desordenada codicia” que mueve a los conquistadores, harían menos que letra muerta el compendio de Leyes y Cédulas Reales, que, por iniciativa tenaz de los frailes dominicanos y sus seguidores en otros lugares y en otras órdenes religiosas, se dictaron a favor del derecho a la vida, a la libertad y la dignidad de los originales habitantes del Nuevo Mundo.     

 

Tras los pasos de los Precursores de los Derechos Humanos en América.

Se comete un grave error histórico al cifrar el inicio de los Derechos Humanos en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos. Como hemos afirmado, todavía la generación de los setenta del siglo pasado en ese país, luchaba por los derechos civiles de los descendientes africanos y poquísimos sobrevivientes indígenas de aquella poderosa república que, aún en nuestros días, aplica la pena de muerte y con evidentes signos discriminatorios hacia los no estadounidenses blancos. No pretendemos negar los aportes que tal proceso haya hecho hacia la denominada positivación de los derechos. Más, nos preguntamos, ¿ los numerosísimos documentos oficiales, Cédulas Reales y Leyes, dictados a propósito de la lucha dominica a favor de los derechos en América, qué son entonces? ¿ acaso no constituyen el resultado de una lucha por los derechos traducida en legislación vinculante? ¿no se obligaban las autoridades españolas a respetar la vida y la dignidad de los indígenas en tanto seres humanos con ánimas racionales* como obligados debían estarlo para con los indígenas y afroamericanos del norte, los gobernantes estadounidenses?

Al establecer 1776 como hito del surgimiento de una era de derechos, se desprecian casi tres siglos de historia hispanoamericana para favorecer una concepción liberal anglosajona, que por estos días ha mostrado su verdadera faz en cuanto al respeto de esos derechos que pregona.

Por supuesto que, los Derechos Humanos, tal como se conciben actualmente, con sus ineludibles y aún utópicos principios de universalidad e indivisibilidad,  no se habían formado en los umbrales del siglo XVI como tampoco a finales del XVIII, pero en su esencia ética, las raíces de los mismos las podemos encontrar, al menos en tierras americanas, en el original pensamiento y pionera acción de los frailes de la Orden de Predicadores que llegaron a Santo Domingo en septiembre de 1510.

Los históricos sermones de Montesino, los domingos 21 y 28 de diciembre de 1511, y las sucesivas gestiones de éste y de fray Pedro de Córdoba, son sólo el comienzo de una labor infatigable que continuaron muchos otros, en particular, uno que de tanto andar se hizo leyenda: Bartolomé de Las Casas.

La vida y obra de este sevillano empedernido, merece mención aparte y como se sabe, ha sido objeto de una prolija investigación y producción literaria, no exentas de apasionamientos y prejuicios. Y no podía ser de otra forma, porque las increíbles energías desplegadas por éste en sus andanzas justicieras, fueron de tal magnitud, que difícilmente quien se aproximara a ellas, en cualquier tiempo y lugar, podría evadirse de su telúrica fuerza de gravedad. Un hombre que a los treinta años renuncia voluntaria e irrevocablemente a una inmensa fortuna acumulada en sus encomiendas indianas de oro y granjerías, que su amigo el gobernador de Cuba, Diego Velásquez calificó como envidiables por cualquier caballero castellano, para dedicarse de por vida, a la lucha por la abolición de la conquista y las encomiendas. Que atravesó diez veces el nada pacífico océano Atlántico, no en los cómodos y modernos vuelos de hoy, si no, en las muy vulnerables embarcaciones de madera que como aquella Rábida de la primera expedición de Nicolás de Ovando cuando el mozo Las Casas fue por vez primera a América, naufragó antes de llegar a costas canarias. Ese Las Casas que escribió decenas de miles de folios sin bolígrafo ni máquina de escribir, ni mucho menos un ordenador, para defender los derechos humanos, que recorrió islas caribeñas y nuevo continente sin yates ni automóviles, que rectificó de tal manera su error sobre la esclavización de los africanos que llegó a ser el primero en enfrentar públicamente la esclavitud; que todo lo que hizo fue siempre pensando en salvar el alma de su amada patria española, en fiel servicio de su pueblo, sus monarcas y su fe, no puede, evidentemente, pasar desapercibido. Un Las Casas que ejerció por lo menos diez y siete oficios: desde ayudante de la tahona familiar, monaguillo, soldado, clérigo, encomendero, minero, productor agrícola, cronista, naturalista, jurista, litigante, propagandista, fraile, hasta tratadista, obispo, consejero e historiador, y que, en las Juntas de Valladolid de 1550-1551, como polemista formidable, venció con sus ya doctos y maduros argumentos al tristemente célebre Juan Ginés de Sepúlveda, el influyente eclesiástico afecto a las guerras de conquista, que entre otras importantes posiciones, hizo de cronista de Carlos V.

En fin, que no se entiende cómo algunos que se dicen pertenecer a las nuevas generaciones de historiadores interesados en el tema americano, se las arreglan para soslayar a Las Casas; y como, los teóricos de los Derechos Humanos, ni saben quién fue. Él también es consecuencia de la lucha de los primeros dominicos de La Española. En parte se le debe que hoy sobrevivan los descendientes de aquellos indios, y aún no ha sido canonizado.

Total que, datos más o datos menos, datos que en el peor de los casos nos motivan a profundizar en una época más manoseada que conocida y más cacareada que interpretada, traducen acontecimientos históricos que signaron irremisiblemente la vida de pueblos y naciones aparentemente condenados a hundirse en la arena movediza del subdesarrollo, atraso, pobreza, inestabilidad y riesgo latente de violencia política como expresión de la violencia social que subyace en el sistema imperante.

La historia de los Derechos Humanos es la Historia de la lucha del género humano por la igualdad. ¿No sois obligados a amarles como a vosotros mismos?. La perspectiva desde la cual se emprenda esa lucha tiene el peso de la razón raigal. Pero el camino por el que se transita y el horizonte que se anhela, se amalgaman monolíticamente en la utopía de un mundo mejor. La solidaridad, la palabra más cristiana, ese sentimiento que nos mueve a no ser felices mientras otros no lo son, ha tenido en figuras como Gandhi y Mandela, y en muchos otros revolucionarios portadores de esa esencia, intérpretes activos de la utopía, como los millones de almas que se movilizaron en días recientes por la paz y los tercos defensores del ambiente y las valientes defensoras de la no discriminación de género. Son los constructores del verdadero Estado de Derechos, al que casi siempre se opone, con rabiosa prepotencia el Status Quo. La razón ha de andar de la mano con la ética, con el sentido de justicia, con la utopía de la igualdad. No puede ser de otra manera.

 

 

 

 

 

 

 

Yldefonso Finol Ocando

Salamanca Julio 2003

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Citas Bibliográficas

-          (1) Bartolomé de Las Casas: “Historia de Las Indias”, Tomo III. Biblioteca Ayacucho. Caracas, 1986. Pags. 13-14.

-          (2) Gustavo Gutiérrez: “En busca de los pobres de Jesucristo”, Ed. Sígueme. Salamanca, 1993. Pag. 653.

-          (3) Gustavo Gutiérrez: Ob. Cit., pag. 654.

-          (4) Isacio Pérez Fernández: “El Derecho Hispano-Indiano”, Ed. San Esteban, Salamanca, 2001. Pag.103.

 

Bibliografía consultada

-          María Eugenia Corvalán: “El pensamiento indígena en Europa”, Planeta, Bogotá 1999.

-          Ignacio Ara Pinilla: “Las transformaciones de los derechos humanos”, Tecnos, Madrid 1990.

-          Norberto Bobbio: “El tiempo de los derechos”, Sistema, Madrid 1994.

-          Rafael Fernández Heres: “Conquista espiritual de tierra firme”, Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, Caracas 1999.

-          Antonio Osuna Fernández-Largo: “Teoría de los derechos humanos”, Ed. San Esteban-Edibesa, Salamanca 2001.

-          Isacio Pérez Fernández: “Fray Bartolomé de Las Casas, O.P. de defensor de los indios a defensor de los negros”, Ed. San Esteban, Salamanca 1995.

-          Antonio Enrique Pérez Luño: “La polémica sobre el Nuevo Mundo”, Ed. Trotta, 2a edición, Madrid 1995.


: la larga lucha por los Derechos Humanos de los pueblos originarios

Introducción

Concepto presto a polémica este de los Derechos Humanos. Derechos naturales, derechos del hombre y el ciudadano, derechos de la dignidad de la persona, derechos fundamentales, derechos subjetivos, derechos positivos, aluden a definiciones diversas de un mismo concepto. Por otro lado, universalidad, imprescriptibilidad, indivisibilidad, intangibilidad, inalienabilidad, moralidad, absolutidad, son las exigencias conceptuales de un modelo realmente complejo y difuso.

Los Derechos Humanos son una aspiración y una construcción histórica. ¿Un sueño? Es posible. Toda obra comienza en la imaginación. La realidad se encarga de las dificultades. ¿Tiene viabilidad el discurso de los Derechos humanos en el mundo actual? Mil trescientos millones de personas tienen que vivir hoy con menos de un dólar diario. La pobreza extrema azota a por lo menos ochenta países sobre la tierra. Cientos de millones carecen de agua. Una transnacional ostenta más presupuesto que varios países. Una única potencia mundial impone su estilo de vida a sangre y fuego. La globalización neoliberal es el imperialismo en su fase más feroz. La necesidad de seguridad del gran capital está por encima de cualquier otra consideración. Las naciones dependientes se bambolean permanentemente en la mayor inestabilidad política y social. La educación vive una crisis mundial. La pérdida de valores es la rendición de la ética ante la ambición.

¿Tiene sentido filosofar sobre Derechos Humanos? ¿Martín Luter King, Rigoberta Menchú, Chico Méndez, teorizaron sobre derechos?. Sin embargo, es tarea del intelectual contribuir al esclarecimiento de las dudas conceptuales y participar, desde la perspectiva de su compromiso, en la justificación sustantiva y el fundamento verbal de una práctica que a todas luces es necesaria.

La acepción más común de Derechos Humanos pertenece a lo contemporáneo, aunque el proceso de su construcción es añejo.  Su prestigio legitimador de realidades políticas le viene, de alguna forma, de haber sustituido las posturas netamente ideológicas, ó, más exactamente, en términos matemáticos, de haberse convertido en el punto de intersección de las ideologías. Con el discurso de los Derechos Humanos se invade un país y se cometen todo tipo de atropellos a la dignidad de las personas y de los pueblos. Las dos caras de los Derechos Humanos. ¿Pero quién se negaría hoy día a cuestionar que la gente tiene derechos? La multiculturalidad, tan propia de la humanidad, hace que se den diferentes interpretaciones de estos Derechos. El derecho a la vida convive con la pena de muerte en países con diferentes sistemas políticos y diferentes religiones. Siempre cuentan los intereses.

Pero, es innegable la raíz cristiana de esta generalizada visión de los derechos. La concepción de un humano universal con la misma esencia, dotado de alma racional, que como tal es merecedor de un trato digno, porque es un igual, viene del cristianismo. Las sociedades en las que se producen los hechos históricos que marcan el advenimiento de los Derechos Humanos, aún no siendo sociedades democráticas, les era común la influencia cristiana. No quiere decir que todo otro aporte sea nulo, no. Sin duda, desde posiciones revolucionarias no necesariamente cristianas se ha hecho mucho por la construcción de sociedades más justas, libres e igualitarias. Lo que queremos establecer es que en el fondo de la conciencia colectiva sobre los derechos, está latente el evangelio social contenido en aquel amaos los unos a los otros....

Precisamente una experiencia de radicalidad cristiana es la que comentaremos a continuación. En ella vemos los antecedentes más remotos del tema de los derechos en el continente americano. Su repercusión en el desarrollo del pensamiento europeo y, particularmente,  en la construcción de las bases conceptuales que sustentan la teoría de los derechos, no ha sido estudiada. Pero una historia de los Derechos Humanos sin ese capítulo, estaría truncada de sus verdaderas raíces.

 

El Momento Precursor

El sermón pronunciado por fray Antonio Montesino durante la misa del cuarto domingo de Adviento el 21 de diciembre de 1511 en Santo Domingo, constituye el primer hito de la lucha por los Derechos Humanos en América. La llegada de los frailes de la Orden de Predicadores en septiembre de 1510 a la isla, entonces llamada La Española, hoy República Dominicana y Haití, dio lugar al primero y más trascendental enfrentamiento en el seno de las fuerzas conquistadoras, desde el punto de vista ideológico. Debate sin precedentes donde quedaba cuestionada la presencia misma de los españoles en “las Indias”, y que tuvo además un impacto fundamental en el desarrollo del pensamiento español y europeo del siglo XVI.

Constatada la gravísima situación que vivían los originales habitantes del “Nuevo Mundo” o “Indias”, como genéricamente denominaban a las tierras halladas por Colón, y escuchadas las historias que eran vox pópuli en la isla sobre la reciente destrucción, por parte de las armas invasoras que comandaba Nicolás de Ovando, de los cinco cacicatos en que se organizaba la sociedad indígena tahína, este primer grupo de dominicos se ve obligado a tomar partido en defensa del derecho a la vida y a la libertad de los “indios”.

Decid, ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre a estos indios? ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas, donde tan infinitas de ellas, con muertes y estragos nunca oídos, habéis consumido? ¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin darles de comer ni curarlos en sus enfermedades, que de los excesivos trabajos que les dais, incurren y se os mueren, y por mejor decir, los matáis, por sacar y adquirir oro cada día? ¿Y qué cuidado tenéis de quien los adoctrine, y conozcan a su Dios y criador, sean bautizados, oigan misa, guarden las fiestas y domingos?.....¿Estos, no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No sois obligados a amarlos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis? ¿Esto no sentís? ¿Cómo estáis en tanta profundidad de sueño tan letárgico dormidos? Tened por cierto que en el estado que estáis no podéis más salvar que los moros o turcos que carecen y no quieren la fe de Jesucristo”.(1)

Más allá del anecdotario desatado a partir de la versión que de los hechos dieran los presentes en aquel histórico acto y, muy particularmente, uno que no estuvo en el templo ese día, pero que ha resultado ser el mejor testigo para la historia, como lo ha sido Bartolomé de Las Casas, el mismo que luego dio los frutos más jugosos y efectivos de esa lucha original; queda para la indagación y reflexión científica, lo concerniente a ciertos asuntos claves:

1)  Tal sería de inhumano el trato que daban los conquistadores a la población indígena, que llevó, en menos de un año, a los frailes dominicos a tomar una actitud militante en su defensa, al punto de enfrentarse a las propias autoridades reales en La Española. 2) ¿Tenían los Predicadores un plan preconcebido antes de marchar al Nuevo Mundo, fundado en la convicción de que todo hombre al nacer es libre e igual a los demás sin distingos de condición social o de sus creencias religiosas?. 3) ¿Ponían en duda los de la Orden de Santo Domingo de Guzmán la capacidad del Papa para dar en donación las tierras descubiertas al reino de Castilla?.

En todo caso, sea cual fuere la solución o interpretación que se le dé a estos tres planteamientos, y que no alcanzaremos resolver en este modesto artículo, el contenido del Sermón de Adviento pronunciado por Montesino, y suscrito por todos los miembros de la Orden bajo la conducción de Pedro de Córdoba, sienta las bases de lo que habría de convertirse en el debate fundamental de la época, con repercusiones incuestionables en la elaboración de las doctrinas de Francisco de Vitoria con su arsenal de cimientos del Derecho Internacional, de la llamada Escuela de Salamanca y todo el bagaje del yusnaturalismo clásico español, así como en otras tantas aportaciones al pensamiento europeo de aquel momento y los tiempos que le sucedieron.

En el fondo de estas turbias aguas, se trataba de definir con suma claridad, en primer lugar, la condición humana de los aborígenes americanos y su estatus jurídico-político, y, como consecuencia de ello, la razón o sinrazón de las guerras de conquista que se llevaron a cabo para esclavizarlos y arrebatarles sus territorios. ¿Estos no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No sois obligados a amarles como a vosotros mismos?. Es el clamor que desde el púlpito empuja a estos hombres de fe a optar por una medida ciertamente desesperada, colocándose en la acera de enfrente de los señores que detentaban el poder, que a partir de ese tremendo desafío, los convertirían en blanco de sus ataques. Para el conquistador in situ, el indio sólo representaba un imprescindible instrumento de trabajo a sus fines últimos de enriquecimiento. El instaurado régimen de repartimientos y encomiendas, de esclavitud disfrazada, al encontrar natural resistencia en los aborígenes, exige la dominación forzosa. ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas, donde tan infinitas de ellas, con muertes y estragos nunca oídos, habéis consumido?. El pretendido “derecho aristotélico” de dominación de los pueblos inferiores y atrasados, subyacente en todas las guerras de conquista emprendidas por los imperios occidentales de entonces, quedaba abiertamente cuestionado con el discurso militante de los dominicos que, además de haber escuchado de los sobreviviente de las campañas militares anteriores a 1510 en La Española, las barbaridades cometidas por los conquistadores, veían a diario la explotación extrema a que eran sometidos los indígenas en las minas, faenas agrícolas y todo tipo de trabajos pesados, las más de las veces, en condiciones degradantes.

Ponerse en el pellejo de aquellos prohombres que se atrevieron a levantar la voz que clama en el desierto, no en un ejercicio metafísico o de un romántico elucubrar, sino en la actitud de los que queremos aprender de la historia sus lecciones, no nos puede conducir a otra experiencia que no sea la admiración por su valentía y fecundidad. Retar en su propia cara a la máxima autoridad terrenal de aquellos predios, el virrey Diego Colón, y a todos los hombres de armas y gobierno de las islas bajo su mando, con la única arma de que disponían los dominicos de 1511 que era la razón de su fe, constituye de por sí un acto de tal heroicidad, que no podemos menos que intentar valorarlo históricamente.

Pero si ello no bastara para comprender en aquel suceso su carácter pionero y su poder desencadenante de una Nueva Humanidad, llamaríamos entonces a continuar tras los pasos que inmediatamente emprendieron los precursores de los Derechos Humanos en América, en los que queda explícitamente definida su aportación al proceso de surgimiento de un discurso y una acción en la defensa de los derechos del género humano.

Después de aquel primer grito de justicia, a todas luces revolucionario, las andanzas de los dominicos de La Española estuvieron marcadas por enormes esfuerzos siempre rayanos en el sacrificio extremo. La esperada reacción represiva del virrey, los funcionarios y los religiosos adeptos a las prácticas oficiales, que veían en la postura de los dominicos a un enemigo aún más peligroso que la propia resistencia indígena -prácticamente ya doblegada por la superioridad bélica y las artimañas del invasor- se activó de forma inmediata. Abandonar sus asientos en la iglesia principal de Santo Domingo y acudir a la choza que servía de convento a los frailes ocurrió en un abrir y cerrar de ojos. Que se retractaran les exigieron. Más la firmeza de la decisión tomada fue un muro inexpugnable ante el cual hubieron de tropezarse, en la serena pero convencida voz del joven prior Pedro de Córdoba, que apenas contaba 29 años. El siguiente domingo que coincidía con el de los Santos Inocentes, el mismo predicador incisivo que siete días antes les recriminó, señalándoles el camino de perdición por el que transitaban por la opresión en que mantenían a “sus iguales”, reiteró una a una las graves denuncias y advertencias formuladas en el sermón anterior.

El siguiente paso fue enviar a las Cortes los respectivos emisarios. Los funcionarios y encomenderos, que es lo mismo decir, enviaron al franciscano Alonso de Espinal, con la prisa, altas recomendaciones y abundantes recursos, que la gravedad de los hechos imponía. Los dominicos, tras reunir las escasas limosnas que los más escasos y pobres fieles les concedieron, encargaron su alegación al tenaz y bien formado discípulo del convento de San Esteban de Salamanca, fray Antonio Montesino.

 

Consecuencias de la lucha dominica iniciada en 1510.

Construir una historia de los Derechos Humanos debe llevarnos mucho más allá de la simple enunciación de las Declaraciones que, en sucesivas contingencias históricas, realizaron los poderes emergentes en sus procesos de consolidación como poderes constituidos. Porque una historia de los Derechos Humanos tiene que apuntar al descubrimiento de las más profundas raíces que inspiraron, no sólo declaraciones y normas que alimentan la positivación de esos derechos, si no también, y con mucha más razón, las luchas concretas que las precedieron e hicieron posibles. Porque la historia de los Derechos Humanos es la historia de la lucha por los derechos.

Partiendo de considerar a los Derechos Humanos como el proceso de la utopía por la justicia colectiva, es decir, la lucha constante que los grupos más o menos organizados e individualidades sensibilizados ante determinados maltratos e iniquidades, dan en cada época por conquistar estadios de vida acordes con la dignidad humana, tenemos entonces que asumir como premisa consecuente, que lo que hoy damos en llamar genéricamente Derechos Humanos, es el resultado de un proceso histórico en el que un conjunto de reivindicaciones y valores ligados esencialmente a la condición humana como la justicia, la libertad, la solidaridad, la vida, la convivencia, son el paradigma que guía la construcción del viejo sueño de la igualdad.

Desde diferentes y a veces contradictorias perspectivas de compromiso, religiosas, políticas, étnicas, culturales, ideológicas, los hombres y mujeres de diferentes épocas han contribuido a la generación del compendio de cláusulas que actualmente conocemos como Derechos Humanos, y que siguen enriqueciéndose de las nuevas realidades.

Pero, no sólo esas luchas, libradas en tan disímiles terrenos que van desde el etéreo –que no vago- debate filosófico hasta el sangriento campo de batalla, han constituido el antecedente original de la aceptación por parte de los poderes constituidos de esos derechos reclamados. ¿O es que acaso ha bastado la simple Declaración para que esos derechos se hagan realidad? ¿Significó, por ejemplo, la siempre citada Declaración de Independencia de los Estados Unidos, para los estadounidenses de origen africano, el goce de ciertos derechos inalienables como la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad? ¿Lo significó para los propios pueblos autóctonos del norte de América, legítimos dueños de aquellos ricos territorios, hoy casi exterminados por los rifles del “puritanismo” anglosajón?

Las primeras dos décadas de presencia española en el Nuevo Mundo estuvieron circunscritas al espacio insular del Mar Caribe. (Siempre, para invocar el espíritu de la inquietud por la verdad histórica, hay que dejar en el aire la pregunta de ¿por qué en estas islas no quedaron sobrevivientes de aquellos originarios pueblos indígenas?). En ese paisaje exuberante que sedujo de pleno y perenne verdor a los recién llegados, se produjeron las más terribles masacres que hasta entonces conociera el género humano.

Términos como catástrofe demográfica o colapso demográfico, acuñados de manera particular en la magnífica obra de Gustavo Gutiérrez En busca de los pobres de Jesucristo, no hacen si no, tratar de ilustrar dentro de las humanas posibilidades del lenguaje, la vertiginosa desaparición de los originarios habitantes caribeños. “Según los historiadores hay datos confiables para decir que hacia 1510 había de 20.000 a 30.000 indios en La Española. Los cálculos sobre la población taína original varían naturalmente, los primeros misioneros dominicos hablaban de 2.000.000; Las Casas (basándose en una apreciación de Colón) de 3.000.000..... la célebre escuela de Berkeley la estima en 8.000.000 ... y, hacia 1540 no había más de 300 indígenas en La Española”. (2) Ello, sin contar que, muchos pobladores de las islas vecinas, llamadas “inútiles”, desde 1508 eran llevados por la fuerza a “trabajar” en La Española.

Fue ésta la inexorable consecuencia de la conjunción de diversas causas que actuando simultáneamente y en forma combinada potenciaron al máximo su terrible poder destructor. Gutiérrez menciona cuatro, a saber: “la desnutrición y el cambio del régimen alimentario, la presencia de enfermedades (viruela, sarampión, tifus, gripe, y otras) que no encontraban inmunizada a la población indígena, las guerras de conquista y el trabajo forzado (3). Habría que agregar dos mas, relacionadas con todo el entramado del sistema de opresión instaurado por los conquistadores, y cuyos efectos en la caída de la población tienen sus manifestaciones específicas. En primer lugar y como resultado de esas guerras de conquista, la esclavización del indígena, que en muchas ocasiones implicó la extracción de grandes grupos de personas de su lugar de residencia para ser trasladados forzosamente a las minas o a los mercados de esclavos. Y, en segundo lugar, la ruptura violenta y traumática del núcleo familiar, con la separación de los padres y de los hijos, de las mujeres y varones, que generó una abrupta disminución de las tasas de natalidad entre la población autóctona. Le tocaría a una historia de la sicología social, el estudio de lo que ya en aquellos tiempos, los primeros dominicos de América y Las Casas en particular, identificaron como el desgano y desapego por la vida misma, que la perplejidad, decepción y tristeza generalizada del indio ante los increíbles maltratos de que era víctima, provocaron.

La primera concreción formal de la lucha dominica, devino de las gestiones que fray Antonio Montesino, a duras penas, logró realizar ante el Rey en aquel histórico primer viaje redentor. Fueron las Leyes de Burgos de 1512. Tras escuchar el testimonio y argumentos del luchador fraile, el Rey Fernando convoca a miembros del Consejo Real, y a connotados juristas y teólogos, a discutir la situación planteada. Montesino, que no tiene acceso al seno de la reunión, tiene que convencer de sus alegaciones al mismísimo fray Alonso de Espinal, emisario del virrey y los encomenderos. Prácticamente se trató de una difícil negociación en la que ambos hubieron de ceder parte de sus pretensiones. Sin embargo, si bien las Leyes de Burgos no recogieron el planteamiento fundamental de los dominicos de La Española, cual era ponerle fin a los repartimientos y encomiendas, éstas introdujeron un conjunto de ordenanzas reguladoras del gobierno que, al definir el trato que los españoles debían darle a los indígenas, reconocían legalmente los derechos subjetivos de los mismos. Es el momento que algunos historiadores y filósofos del derecho señalan como el comienzo del derecho hispano-indiano o la génesis legislativa del Nuevo Mundo.

El “buen trato” al indio, contenido en las conclusiones firmadas en Burgos el 27 de diciembre de 1512, venía a tratar de suavizar una cruenta realidad que en la metrópoli conocieron por la denuncia y diligencias de los dominicos de La Española, y son ellos los responsables del surgimiento de ese compendio de normas que dieron en llamar el derecho hispano-indiano. Más, son precisamente Montesino y Pedro de Córdoba, quienes desde el primer momento ven la inutilidad de las novísimas normas. Este último, avisado por su emisario Montesino sobre cómo marchaban las cosas en España, apresuró su paso en venir personalmente a entregarle sus pareceres al Rey. Ya en enero de 1513, a escasas semanas de dársele el ejecútese a las Leyes de Burgos, el joven superior de los dominicos de La Española, está en España en busca de una entrevista con su Soberano, a quien antes del mes de julio le manifiesta su decepción por la ineficacia e inutilidad de unas leyes que no abolieron los repartimientos de indios en encomiendas, y por tanto, dejaban las cosas como estaban o peor que como estaban.

A los reparos hechos por Pedro de Córdoba, el rey respondió convocando de nuevo una junta para que redactara unos pareceres complementarios, que se hicieron leyes en 28 de julio de 1513. De los cinco pareceres redactados, el rey sancionó cuatro, dejando de lado aquel por el cual los letrados dejaban abierta la posibilidad de que los servicios que los indios debían prestar al monarca, pudiesen ser dados por cierto tiempo a los privados. Pero a los dominicos de La Española no les bastaban las normas sobre el “buen trato”, y una vez más, hubieron de quedar decepcionados y proseguir una lucha que habría de durar lo que de vida les quedaba.

Por entonces, fue que a Pedro de Córdoba, se le ocurrió la idea de llevar a cabo una evangelización pacífica en tierras no ocupadas aún por españoles, y surgió aquel primer intento en la Costa de las Perlas, en el oriente de Venezuela, con el conocido desenlace fatal por la muerte de los primeros mártires de esta dura y primera batalla por los derechos humanos en continente americano: fray Francisco de Córdoba y Juan Garcés. Lista de mártires que engrosarían muchos como aquel fray Antonio Valdivieso, obispo de Managua, muerto a manos del propio gobernador español en su templo en 1545, cuya historia tiene un parecido estremecedor con la del célebre defensor de los pobres de El Salvador, Oscar Arnulfo Romero.

Así, se fueron sucediendo un conjunto de hechos que dan testimonio de la acción dominica en defensa del Hombre durante la conquista de América. Supresión de los repartimientos y encomiendas en las Instrucciones dadas a Diego Velásquez en 1518 para la incursión sobre territorio cubano. Lo instruido a Hernán Cortés el 23 de junio de 1523. Las Ordenanzas de Granada de 1526, en cuyo prólogo, se resume el discurso creado por los dominicos de La Española: “Nos somos informados, y es notorio, que por la desordenada codicia de algunos de nuestros súbditos que pasaron a las nuestras Indias, islas y tierra firme del mar Océano, y por el mal tratamiento que hicieron a los indios naturales de las dichas islas y tierra firme del mar Océano, así en los grandes y excesivos trabajos que les daban, teniéndolos en las minas para sacar oro y en las pesquerías de las perlas y en otras labores y granjerías, haciéndoles trabajar excesiva e inmoderadamente, no les dando el vestir ni el mantenimiento que les era necesario para sustentación de sus vidas, tratándoles con crueldad y desamor, mucho peor que si fueran esclavos, lo cual todo ha sido y fue causa de la muerte de gran número de los dichos indios, en tanta cantidad que muchas de las islas y parte de tierra firme quedaron yertas y sin población alguna de los dichos indios naturales de ellas, y de que otros huyesen y se ausentasen de sus propias tierras y naturaleza y se fuesen a los montes y a otros lugares para salvar sus vidas y salir de la dicha sujeción y mal tratamiento...” (4)

Pasando por la simbólica institución en 1516 del Protector de los Indios, y por la creación en 1524 del Consejo Real y Supremo de Las Indias, todavía en 1542, cuando son sancionadas en Barcelona el 20 de noviembre, las llamadas Leyes Nuevas, la “negligencia y descuido” en la aplicación de las disposiciones reales por parte de las autoridades españolas en América, y la “desordenada codicia” que mueve a los conquistadores, harían menos que letra muerta el compendio de Leyes y Cédulas Reales, que, por iniciativa tenaz de los frailes dominicanos y sus seguidores en otros lugares y en otras órdenes religiosas, se dictaron a favor del derecho a la vida, a la libertad y la dignidad de los originales habitantes del Nuevo Mundo.     

 

Tras los pasos de los Precursores de los Derechos Humanos en América.

Se comete un grave error histórico al cifrar el inicio de los Derechos Humanos en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos. Como hemos afirmado, todavía la generación de los setenta del siglo pasado en ese país, luchaba por los derechos civiles de los descendientes africanos y poquísimos sobrevivientes indígenas de aquella poderosa república que, aún en nuestros días, aplica la pena de muerte y con evidentes signos discriminatorios hacia los no estadounidenses blancos. No pretendemos negar los aportes que tal proceso haya hecho hacia la denominada positivación de los derechos. Más, nos preguntamos, ¿ los numerosísimos documentos oficiales, Cédulas Reales y Leyes, dictados a propósito de la lucha dominica a favor de los derechos en América, qué son entonces? ¿ acaso no constituyen el resultado de una lucha por los derechos traducida en legislación vinculante? ¿no se obligaban las autoridades españolas a respetar la vida y la dignidad de los indígenas en tanto seres humanos con ánimas racionales* como obligados debían estarlo para con los indígenas y afroamericanos del norte, los gobernantes estadounidenses?

Al establecer 1776 como hito del surgimiento de una era de derechos, se desprecian casi tres siglos de historia hispanoamericana para favorecer una concepción liberal anglosajona, que por estos días ha mostrado su verdadera faz en cuanto al respeto de esos derechos que pregona.

Por supuesto que, los Derechos Humanos, tal como se conciben actualmente, con sus ineludibles y aún utópicos principios de universalidad e indivisibilidad,  no se habían formado en los umbrales del siglo XVI como tampoco a finales del XVIII, pero en su esencia ética, las raíces de los mismos las podemos encontrar, al menos en tierras americanas, en el original pensamiento y pionera acción de los frailes de la Orden de Predicadores que llegaron a Santo Domingo en septiembre de 1510.

Los históricos sermones de Montesino, los domingos 21 y 28 de diciembre de 1511, y las sucesivas gestiones de éste y de fray Pedro de Córdoba, son sólo el comienzo de una labor infatigable que continuaron muchos otros, en particular, uno que de tanto andar se hizo leyenda: Bartolomé de Las Casas.

La vida y obra de este sevillano empedernido, merece mención aparte y como se sabe, ha sido objeto de una prolija investigación y producción literaria, no exentas de apasionamientos y prejuicios. Y no podía ser de otra forma, porque las increíbles energías desplegadas por éste en sus andanzas justicieras, fueron de tal magnitud, que difícilmente quien se aproximara a ellas, en cualquier tiempo y lugar, podría evadirse de su telúrica fuerza de gravedad. Un hombre que a los treinta años renuncia voluntaria e irrevocablemente a una inmensa fortuna acumulada en sus encomiendas indianas de oro y granjerías, que su amigo el gobernador de Cuba, Diego Velásquez calificó como envidiables por cualquier caballero castellano, para dedicarse de por vida, a la lucha por la abolición de la conquista y las encomiendas. Que atravesó diez veces el nada pacífico océano Atlántico, no en los cómodos y modernos vuelos de hoy, si no, en las muy vulnerables embarcaciones de madera que como aquella Rábida de la primera expedición de Nicolás de Ovando cuando el mozo Las Casas fue por vez primera a América, naufragó antes de llegar a costas canarias. Ese Las Casas que escribió decenas de miles de folios sin bolígrafo ni máquina de escribir, ni mucho menos un ordenador, para defender los derechos humanos, que recorrió islas caribeñas y nuevo continente sin yates ni automóviles, que rectificó de tal manera su error sobre la esclavización de los africanos que llegó a ser el primero en enfrentar públicamente la esclavitud; que todo lo que hizo fue siempre pensando en salvar el alma de su amada patria española, en fiel servicio de su pueblo, sus monarcas y su fe, no puede, evidentemente, pasar desapercibido. Un Las Casas que ejerció por lo menos diez y siete oficios: desde ayudante de la tahona familiar, monaguillo, soldado, clérigo, encomendero, minero, productor agrícola, cronista, naturalista, jurista, litigante, propagandista, fraile, hasta tratadista, obispo, consejero e historiador, y que, en las Juntas de Valladolid de 1550-1551, como polemista formidable, venció con sus ya doctos y maduros argumentos al tristemente célebre Juan Ginés de Sepúlveda, el influyente eclesiástico afecto a las guerras de conquista, que entre otras importantes posiciones, hizo de cronista de Carlos V.

En fin, que no se entiende cómo algunos que se dicen pertenecer a las nuevas generaciones de historiadores interesados en el tema americano, se las arreglan para soslayar a Las Casas; y como, los teóricos de los Derechos Humanos, ni saben quién fue. Él también es consecuencia de la lucha de los primeros dominicos de La Española. En parte se le debe que hoy sobrevivan los descendientes de aquellos indios, y aún no ha sido canonizado.

Total que, datos más o datos menos, datos que en el peor de los casos nos motivan a profundizar en una época más manoseada que conocida y más cacareada que interpretada, traducen acontecimientos históricos que signaron irremisiblemente la vida de pueblos y naciones aparentemente condenados a hundirse en la arena movediza del subdesarrollo, atraso, pobreza, inestabilidad y riesgo latente de violencia política como expresión de la violencia social que subyace en el sistema imperante.

La historia de los Derechos Humanos es la Historia de la lucha del género humano por la igualdad. ¿No sois obligados a amarles como a vosotros mismos?. La perspectiva desde la cual se emprenda esa lucha tiene el peso de la razón raigal. Pero el camino por el que se transita y el horizonte que se anhela, se amalgaman monolíticamente en la utopía de un mundo mejor. La solidaridad, la palabra más cristiana, ese sentimiento que nos mueve a no ser felices mientras otros no lo son, ha tenido en figuras como Gandhi y Mandela, y en muchos otros revolucionarios portadores de esa esencia, intérpretes activos de la utopía, como los millones de almas que se movilizaron en días recientes por la paz y los tercos defensores del ambiente y las valientes defensoras de la no discriminación de género. Son los constructores del verdadero Estado de Derechos, al que casi siempre se opone, con rabiosa prepotencia el Status Quo. La razón ha de andar de la mano con la ética, con el sentido de justicia, con la utopía de la igualdad. No puede ser de otra manera.

 

 

 

 

 

 

 

Yldefonso Finol Ocando

Salamanca Julio 2003

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Citas Bibliográficas

-          (1) Bartolomé de Las Casas: “Historia de Las Indias”, Tomo III. Biblioteca Ayacucho. Caracas, 1986. Pags. 13-14.

-          (2) Gustavo Gutiérrez: “En busca de los pobres de Jesucristo”, Ed. Sígueme. Salamanca, 1993. Pag. 653.

-          (3) Gustavo Gutiérrez: Ob. Cit., pag. 654.

-          (4) Isacio Pérez Fernández: “El Derecho Hispano-Indiano”, Ed. San Esteban, Salamanca, 2001. Pag.103.

 

Bibliografía consultada

-          María Eugenia Corvalán: “El pensamiento indígena en Europa”, Planeta, Bogotá 1999.

-          Ignacio Ara Pinilla: “Las transformaciones de los derechos humanos”, Tecnos, Madrid 1990.

-          Norberto Bobbio: “El tiempo de los derechos”, Sistema, Madrid 1994.

-          Rafael Fernández Heres: “Conquista espiritual de tierra firme”, Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, Caracas 1999.

-          Antonio Osuna Fernández-Largo: “Teoría de los derechos humanos”, Ed. San Esteban-Edibesa, Salamanca 2001.

-          Isacio Pérez Fernández: “Fray Bartolomé de Las Casas, O.P. de defensor de los indios a defensor de los negros”, Ed. San Esteban, Salamanca 1995.

-          Antonio Enrique Pérez Luño: “La polémica sobre el Nuevo Mundo”, Ed. Trotta, 2a edición, Madrid 1995.