miércoles, 17 de septiembre de 2025

PELIGROSO MOMENTO SUBJETIVO: EL FIN DEL HUMANISMO

 


PELIGROSO MOMENTO SUBJETIVO: EL FIN DEL HUMANISMO

Toda la existencia ocurre en dos dimensiones: la material y la inmaterial. En estos dos planos transcurren las contradicciones esenciales que crean el espacio-tiempo a la naturaleza y a la sociedad. La una preexiste a la otra, a la que generó a través del humano. La primera puede existir independientemente de la segunda, pero no a la inversa, la sociedad no puede existir sin la naturaleza, aunque puede transformarla permanentemente, incluso destruir parte importante de ella, hasta las condiciones que permiten la propia vida. Aquí sonamos a un bemol de Enrique Dussel, porque el humano es en primera instancia biológico, es una mínima parte de la naturaleza como totalidad abarcadora de la existencia. Sin circulación sanguínea no hay cerebro que funcione, ni ideas que liberen. Y no por minúscula deja de ser la criatura más peligrosa y problemática de la Madre Natura. 

Naturaleza y sociedad (lo específicamente humano), se explican por lo permanente que es el movimiento, los cambios gestados por las contradicciones (dialécticas) rigen los hábitats “del cielo y la tierra”, las relaciones del humano con el entorno natural y entre sí, las relaciones sociales de producción, el Oikos-nomos, donde el trabajo creador sintetiza las características del humano como sujeto transformador del mundo material, creador/portador del inmaterial, generador del conocimiento, y actor (consciente o no) de la construcción societaria.

La espiral que tiene su punto de partida en la comunidad originaria, el espíritu gregario, la propiedad colectiva, es violentamente sacudida por la confrontación de otros que temen la diferencia superficial y sienten el poder de la apropiación de los bienes del otro y hasta de su persona. Estado nación etnocéntrico, esclavitud, imperios, feudalismo, capitalismo, imperialismo, y, en cada etapa, luchas de los oprimidos por su emancipación, guerras de invasión y resistencias de liberación. La espiral no se detiene, el humano no le da receso, ni las condiciones objetivas se aquietan solas. No se domestican los saltos de las fuerzas productivas, ni el afán de predominio de la categoría determinante del actual modelo civilizatorio: el capital.

Instituciones que fueron forjadas durante siglos por las fuerzas sociales que propugnaron en el mundo a favor de derechos, ciudadanía e igualdades (extraviadas), están siendo destruidas en estos momentos por poderes que se aferran a hegemonías impuestas en el pasado que parecen deshacerse, por instrumentos de esos poderes que pretenden erigirse superiores, herederos del mercantilismo con el que acumularon bienes (materiales e inmateriales) productores de riqueza, invadiendo, causando genocidios, colonizando, esclavizando y robando pueblos por todo el planeta.

Europa -a la cola de USA- ha asesinado la política, sustituyéndola por lobistas recaderos de las empresas transnacionales. Estados Unidos ha declarado -de hecho- el fin de la diplomacia. Israel -apoyado por los dos prenombrados- exterminó el humanismo. Tal es el caos del que intentan partir para recolonizar la humanidad, suprimiendo -con los veloces y eficaces nuevos medios de alienación- los sentimientos y la conciencia de una especie humana solidaria y no sumisa.

El ADN de la formación social dominante es la propiedad, con énfasis en la propiedad privada de los medios de producción a partir de la modernidad eurocentrada. El capital, que es la acumulación de esas propiedades en una elite violenta y engañosa, necesita que la población no propietaria, le sea servil, de manera que su fuerza de trabajo entre también en el inventario de lo apropiado por el entramado capitalista. De allí que el marxismo plantee que la historia de las sociedades se desarrolle según el principio de la lucha de clases: “La historia de todas las sociedades hasta nuestros días, es la historia de las luchas de clases”, dicen los autores del Manifiesto Comunista, Carlos Marx y Federico Engels.

Obviamente, los debates sobre el contenido total del Manifiesto durante estos ciento setenta y siete años, han sido muchísimos y muy profundos; lo cierto es que más allá de los determinismos cuestionados al llamado “marxismo ortodoxo”, el aporte del paradigma marxista, el materialismo histórico, sigue siendo una herramienta relevante para el análisis de los procesos socioeconómicos en el devenir de los pueblos y en las relaciones geopolíticas que han predominado el ámbito internacional.

No queremos concentrar las ideas de esta disertación en las categorías del clásico análisis marxista (“condiciones objetivas” y “condiciones subjetivas”), que hemos usado en el movimiento revolucionario para debatir coyunturas y determinar -cual nigromantes- el despegue de la crisis revolucionaria, ese momento ideal donde se interceptan la curva descendente de las condiciones materiales de vida de las grandes mayorías trabajadoras con la curva ascendente de la toma de conciencia de clase y capacidad organizativa de ese pueblo y sus organizaciones políticas. También hemos incurrido en la pretensión de decretar el fin del imperialismo, como si se tratara de una pandemia controlada por una milagrosa inmunización global.

Estaríamos entrando en el concepto de “momento subjetivo” desarrollado por George Lukács, que se refiere al potencial transformador por excelencia de las condiciones subjetivas de las clases oprimidas en una sociedad históricamente determinada, que llevaría al pueblo a la acción revolucionaria autónoma para transformar las condiciones objetivas a su favor, fundando una sociedad justa e igualitaria. Este planteamiento fue calificado de “idealista”. La experiencia histórica demuestra que los estallidos populares no necesariamente derrocan el poder explotador establecido, hemos constatado casos en que, incluso, si no son masacrados por las fuerzas represivas del sistema, pueden llegar a ser manipulados por los laberínticos senderos del poder constituido. Bolívar decía: “El débil necesita una larga lucha para vencer; el fuerte, como en Waterloo, libra una batalla y desaparece un imperio.”

El asunto al que quiero invitarles a dirigir la mirada, es al hecho que nuestros enemigos, los imperialistas y las oligarquías capitalistas y terratenientes, por medio de sus aparatos ideológicos y la intelectualidad que les sirve, también ha estudiado estas teorías marxistas en todas sus versiones, como también las han infiltrado para tergiversarlas, a través de teóricos, medios de desinformación, oenegés, industria cultural y universidades, captadas y cooptadas vía financiamientos “generosos” e “inofensivas” convocatorias a becas y foros internacionales que son el deleite de muchos académicos.

Dicho esto, paso a exponer lo que motivó este texto.

Las condiciones subjetivas generales a nivel global son extremadamente peligrosas para la existencia humana (sobre las ambientales advirtió Fidel en 1992). Los imperialismos están “al borde de un ataque de nervios” (Pedro Almodóvar, 1988). Estamos claros que la conducta psicopolítica de las potencias occidentales tiene entre sus causas fundamentales las condiciones objetivas actuales, consistentes en la pérdida de la hegemonía y privilegios que amasaron tras las guerras inter imperialistas de comienzos del siglo XX, particularmente el engolosinamiento que les “enloqueció” al derrumbarse el campo socialista en la URSS y Europa del Este (“El Imperio del Mal”, en palabras de Ronald Reagan).

De ese deslave político como hecho concreto que generó unas condiciones objetivas y subjetivas desastrosas para las fuerzas populares contrahegemónicas, los imperialistas concluyeron erróneamente que podían imponer un régimen de explotación más voraz, inspirado en el credo neoliberal, que decretó el fin de las ideologías y de la historia. ¡Vaya enajenación del oráculo capitalista!

Lograron hacerlo en algunos países, “a sangre y fuego”. Pero no pudieron enjaular la globalización en el dogma del neoliberalismo; porque -además de partir de unas premisas absurdas-, la globalización se movió como creatura objetiva-subjetiva en el espacio-tiempo del desarrollo de las fuerzas productivas, demostrándose otra enésima vez que la historia continuaba como resultado de la sencilla vida común de los seres humanos y las inevitables contradicciones inmanentes al sistema capitalista, con el insoslayable componente ideológico que conlleva todo proceso social, por ende, toda acción humana.

En el ámbito internacional, la contradicción entre la autodeterminación de las naciones y la tendencia imperialista al expansionismo y el neocolonialismo (“explotados y explotadores), también le insufló combustible a la (“¿difunta”?) historia; hemos afirmado y lo reiteramos que, en esta etapa de los decadentes imperialismos, fracasada la globalización neoliberal de conformación mononuclear, el primer derecho humano es tener patria, porque esos que vendieron y siguen traficando una supuesta disminución o eliminación del Estado, son los que más fortalecen sus aparatos estatales con fines opresores, priorizando el gasto en los departamentos bélicos y conspirativos contra el pueblo trabajador de sus países y otros pueblos que no se doblegan al yugo foráneo.

Sin ninguna duda, el plan de recolonización de los territorios y la consiguiente apropiación de sus recursos, ha sido destruir Estados Nacionales por medio de la intriga y la violencia, valiéndose en muchos casos de mercenarios bajo la figura de contratistas con las que tercerizaron el negocio de las guerras de invasión. Un hito de esta práctica fue el descuartizamiento de Yugoslavia, la guerra de Kosovo, donde bombardearon a placer a la población serbia principalmente. Luego vinieron Irak, Libia, Siria, Sudán; es demasiado evidente el proyecto de desestructurar países y regiones para tomar sus riquezas por medio de pandillas armadas por las agencias de inteligencia y contrainteligencia de Estados Unidos, Inglaterra, y el Frankenstein de Asia Occidental y bisagra con África Nororiental: Israel.

Este engendro genocida enclavado en territorio ancestral palestino, que crearon con el propósito de mantener en jaque al mundo árabe y a Irán, que desde su gestación infestó la región de conflictos y violencia permanente, que las potencias imperialistas convirtieron en el más sofisticado engranaje militarista, con el arma atómica disponible en forma instantánea, la cual estuvo dispuesta a vender al régimen del apartheid en Suráfrica, es hoy una de las principales amenazas a la paz mundial y a la existencia de una “especie en extinción”.

Hace un siglo Lenin estableció cinco condiciones para definir al imperialismo como “fase superior del capitalismo”, aunque, en una de ellas no acertó, en la quinta que afirmaba: “ha terminado el reparto territorial del mundo entre las potencias capitalistas más importantes”. Pareciera no ser tan recomendable darle un uso tajante al participio pasado del verbo “terminar”, en el análisis de procesos históricos. Dos décadas después estalló la Segunda Guerra Mundial, los imperialismos se empeñaron en ese “reparto territorial”, los pueblos antes colonizados lucharon por la liberación nacional con experiencias exitosas (al influjo -entre otras- de las ideas leninistas), y todavía hoy continúa esa refriega planetaria por un mundo multicéntrico y pluripolar.

El tema que me jala a retomar el “momento subjetivo” es el esquema de valores que llevó a una parte de la humanidad a dominar y/o destruir a otros humanos, a quienes ni esa condición les reconoce. La superestructura moral que justifica la más vil y cruel opresión, los genocidios, el exterminio y el saqueo. Ese impulso “divino” que llevó a los primeros “colonos” ingleses a asesinar a millones de originarios del norte de Abya Yala, repitiendo lo que España hizo desde 1492, y que el fraile dominico Bartolomé de las Casas resumiera en conmovedor testimonio: “Mis ojos han visto estos actos tan extraños a la naturaleza humana, y ahora tiemblo mientras escribo.” [1]

Pero ese es el humano mi querido hermano Bartolomé.  

Estados Unidos se limita cada vez más a su rol de imperialismo bélico, mientras pierde terreno en su carácter de superpotencia económica y tecnológica. Esto tiene un impacto severo en el estado de ánimo de su población, convencida a lo largo de cinco siglos estar destinada por designios superiores a cumplir una misión encomendada por dios, tal como lo creyeron los invasores españoles y los nazis del Tercer Reich.

La ideología dominante, basada en exaltar y amoldar el ego, instaló una cosmovisión del egoísmo (individualismo), con el egocentrismo como pauta de ascenso social, y la egolatría como motor del etnocentrismo desde el cual se proyecta el odio a la diversidad humana, que sí es una condición cultural inmanente al desarrollo de sociedades nacionales.     

Dice Wilhelm Reich: “Nos han enseñado que la falsificación de los hechos y los enardecimientos por sugestión superficial conducen con certeza al descorazonamiento de las masas, desde que la férrea lógica del proceso histórico revela la realidad.” [2]

La elite hegemonista de Estados Unidos, Inglaterra y Europa, diseñaron y diseminaron campañas de rusofobia, islamofobia, sinofobia, xenofobia, aporofobia, en simultáneo con la promoción de políticas armamentistas, antiinmigrantes, neoliberales reduccionistas de la inversión social, recrudeciendo la represión a los movimientos sociales, eliminando derechos laborales, todo lo cual ha creado la crispación dentro de esos países y en el ámbito internacional, con el riesgo de guerras a gran escala pendiendo sobre la frágil coexistencia que “tiembla mientras escribo”.

Permítanme una pausa, no quise aburrirles. Por los momentos les dejo un fragmento de carta del cacique Powhatan al jefe de la invasión inglesa (“colonos”) John Smith: “He visto morir a dos generaciones de mi gente. Conozco la diferencia entre la paz y la guerra mejor que ningún otro hombre de mi país. ¿Por qué toman ustedes por la fuerza lo que pudieran obtener por vía pacífica? ¿Por qué quieren destruir a los que les abastecen de alimentos? ¿Que pueden ganar con la guerra? ¿Por qué nos tienen envidia?”.  

 

Yldefonso Finol

Militante Bolivariano



[1] Bartolomé de las Casas citado por Howard Zinn en la Otra Historia de los Estados Unidos, edición digitalizada Universidad Madres de la Plaza de Mayo, p 10

[2] Wilhelm Reich: Psicología de masas. Editorial Ayuso, Madrid 1972, p 8

viernes, 5 de septiembre de 2025

AQUEL BOLÍVAR DE JAMAICA, AQUEL INCREIBLE 1815

 

                                                           Ilustración de Enrique Colina

Aquel Bolívar de Jamaica, aquel increíble 1815

El Libertador comenzó el año habiendo logrado la reunificación de Cundinamarca. El 12 de diciembre de 1814 dijo a la División Urdaneta: “Para nosotros la Patria es América”. Al Gobierno General de la Nueva Granada dijo en Bogotá el 23 de enero de 1815: “Hagamos que el amor ligue con un lazo universal a los hijos del hemisferio…y que el odio, la venganza y la guerra se alejen de nuestro seno”.

Pero las diatribas le acechaban y se apartó tácticamente. Sus pensamientos y sentimientos los plasmó en Jamaica: “Nuestras discordias tienen su origen en dos copiosas fuentes de calamidad pública: la ignorancia y la debilidad. España fomentaba la una por la superstición y perpetuaba la otra por la tiranía. En el estado anterior de las cosas nuestra situación estaba reducida a la nulidad, vivíamos ajenos a todos los acontecimientos que se cumplían, extraños a la contemplación del mundo político y separados de todo lo que pudiera de algún modo ejercitar nuestra inteligencia, o dar valor a nuestras riquezas y nuestro poder.”

Bolívar en Jamaica brilló en su momento de mayor desesperación patriótica y revolucionaria. Derrochó sapiencia, cultura universal, capacidad predictiva, y sintetizó la historia en un puñado de folios: “China no manda buscar mandarines a la cuna de Gengis Khan que la conquistó”. Bolívar señaló el camino descolonizador en claves por descifrar.

Su amigo Hyslop lo auxilió porque no tenía ni unos centavos para sostenerse. Henry Cullen le escribió interpelándolo, lo que provoca esa carta inmortal del 6 de septiembre de 1815. España reconquistó Nueva Granada luego que la portentosa flota de Pablo Morillo tomó Cartagena tras un sitio implacable.  

La casera donde se hospedó al llegar lo asfixiaba cobrándole. Algunos compañeros lo acogieron en la posada donde se hallaban, un par de noches, pero de allí pasó a casa de Madame Julienne. Una lluvia torrencial impidió a Bolívar ir a buscar sus pertenencias en el albergue anterior, y eso le salvó la vida, porque su hamaca fue apuñalada ene veces por el Negro Pío, quien había sido su ayudante y los españoles captaron con dinero para cometer el asesinato. En la hamaca estaba el desafortunado Félix Amestoy, quien murió esa misma noche. El traidor Negro Pío fue enjuiciado y ejecutado el 23 de diciembre.  

La mente del Libertador no paraba de esparcir sabiduría: “Es cierto que el peso de la libertad es liviano, pero también es difícil mantenerlo en equilibrio aun en las naciones más cultas y civilizadas…El débil necesita una larga lucha para vencer; el fuerte, como en Waterloo libra una batalla y desaparece un imperio.”

La última semana de ese año casi fantástico, Bolívar estaba en Haití.  

La Carta

Recién había cumplido Bolívar sus 32 años cuando se hallaba en Kingston exiliado por evitar una guerra civil contra los saboteadores de la campaña para liberar la franja caribeña que va desde Santa Marta hasta Maracaibo. Acababa de librar exitosamente la contienda con quienes mantenían insubordinada la provincia de Cundinamarca, uno de los tantos servicios que prestó por entonces a la Nueva Granada.

Siempre muy inquieto –por naturaleza- y centrado en concebir su retorno a Tierra Firme para continuar su gesta libertaria, en Jamaica desarrolla una intensa actividad teórica y propagandística. Escribe a diario artículos, correspondencias, planes militares, todo ello orientado a conseguir apoyos para traer una fuerza a Venezuela que, estableciéndose en un territorio liberado, fuera capaz de ir desalojando al ejército español que la copaba por entonces.

Ese hombre joven aún pero ciertamente algo desgarbado, rico de cuna pero sin un centavo para mantenerse, golpeado por los dolores del amor perdido y los empellones de la política, pero con el espíritu elevado y fuerte; ese Bolívar que ya ha peleado en dos docenas de batallas y ha sorteado dos intentos de asesinarlo a traición, que ha visto perderse dos veces la natal República de Venezuela y enredarse por pugnas de sus entrañas la libertad de la Nueva Granada; ese Bolívar con sudado camisón, bigotes y patillas sin afeitar, melena crecidita y hamaca por lecho, es el que redacta en la noche del 6 de septiembre de 1815 la Carta de Jamaica.

Siempre en actitud esperanzadora y predictiva. Didáctico en la explicación, denso en el análisis, culto en la redacción. Así es su discurso. Este hombre parece elevarse a una altura epistémica, dotado de mirada telescópica para descubrir los escenarios en el ancho teatro de operaciones históricas, y de la lectura microscópica cuando se trata de escudriñar la esencia de los acontecimientos que determinan la compleja situación del continente.

 

En la Carta he detectado –empalmándola con los Manifiestos de Cartagena y Carúpano, y con el Discurso de Angostura- la aplicación de una metodología científica en la construcción del argumento: en primer lugar se desarrolla un formidable esfuerzo de memoria histórica; en segundo lugar, subyace en el acervo del autor, el conocimiento previo de las teorías científicas y filosóficas más influyentes de su tiempo; en tercer lugar, se expone una visión panorámica de la realidad internacional y sus conexiones con el propósito revolucionario que lo mueve; y en cuarto lugar, no se desdeña el componente matemático-estadístico en las definiciones de diagnóstico y soportes de la argumentación. Tal es el método científico usado por El Libertador en toda su obra, y muy especialmente, en su famosa epístola jamaiquina.

 

Repasemos algunos de los sorprendentes anuncios que hace Simón Bolívar en este texto tan representativo de su genio:

- Se nos revela como un convencido lascasiano, aunque no era de extrañar que Bolívar ya hubiese leído la obra del polémico dominico, si partimos del hecho que fue un lector voraz de todas las literaturas de su tiempo y las anteriores. Tampoco debería creerse que su maestro Rodríguez hubiere obviado la voluminosa crónica que Bartolomé de las Casas dejó como testimonio vivo de las aberraciones humanas cometidas por la invasión europea en Abya Yala. Y además de conocerle, Bolívar también desea reconocerle el aporte que Las Casas hizo a la humanidad, fundando una ciudad con su nombre: que el deseo de hacer justicia es en Bolívar una filosofía de vida.

- Asoma por primera vez su interés en el tema indígena, a los que califica como legítimos propietarios de esta tierra americana. Aunque se nota que no ha tenido un contacto directo con esa parte de la población –hecho que ocurrirá a posteriori- El Libertador sabe que su lucha histórica por la igualdad tendrá que reivindicar tarde o temprano a las primeras víctimas del coloniaje europeo. Destaca el trato traicionero y criminal que los invasores dieron en particular a los líderes de las naciones indígenas del continente, mancillando sus dignidades para humillar al colectivo que les veneraba.

- También aparece reseñada su versión original de Colombia como nuevo Estado que surgirá de la fusión de Venezuela y la Nueva Granada, con capital en un punto equidistante y con cómoda salida al mar como Maracaibo. Esta idea varió luego por las exigencias de la elite granadina y por las ventajas en la estrategia de independizar regiones más al sur, para lo que Bogotá ofrecía facilidades geográficas. Cuánto pudo influir esta decisión en la futura disolución de la Colombia original y en la caída del proyecto bolivariano, es un asunto que sólo los poderosos azares podrían explicar, aunque no se exceptúa de antemano el deseo de analizarlo desde la óptica de la especulación dialéctica de la historia.

- El Libertador entra, sin embargo, en el movedizo terreno de imaginar el futuro político de las naciones americanas; esa permanente preocupación que lo acompañó hasta sus últimos días por la necesaria unidad frente a las complejidades de las aspiraciones locales y los intereses particulares, corporativos o regionales. La diatriba entre los modelos republicano y monárquico, y entre la forma de gobierno centralizada y el federalismo. Las limitaciones que la falta de experiencia en cuestiones de gobierno imponían a una generación que se había revelado contra una estructura de poder con trescientos años de solidez indiscutible. El reto de ser originales hasta en las instituciones que debíamos darnos como pueblos nacientes, va acompañado de la angustia democrática por darle estabilidad al gobierno sin dejarse arrastrar por las tentaciones del absolutismo y la monarquía, sin descartar ni la condición electoral como fuente de legitimidad ni la posibilidad del carácter vitalicio del jefe del ejecutivo, que en ningún caso sería hereditario. Aquí queda plasmada esa otra parte fundamental de la Doctrina Bolivariana, conformada por el trípode República, Democracia y Buen Gobierno.

- Haciendo gala de su profundo conocimiento de la realidad continental y del manejo adecuado de la estadística, Bolívar realiza un viaje por la coyuntura política de cada uno de los países latinoamericanos, del estado de su lucha por la independencia y de su población, singularizando las potenciales capacidades para emerger del dominio español con éxito. Allí se ponen de manifiesto otras de las herramientas claves del método bolivariano, cuales son: el análisis situacional y la estadística.

- Visto el grandioso campo de batalla desde México a la Patagonia, sin dejar por fuera de esa patria grande las islas de Cuba y Puerto Rico, Bolívar expone con nítida convicción la imposibilidad de que España pueda sostener su imperio en Nuestra América, ni siquiera el sistema económico que había configurado sobre bases ficticias de privilegios para sí y exclusión para el resto. Reclama, eso sí, que tanto la Europa que se supone liberal y defensora del libre comercio, como los Estados Unidos, hayan permanecido indiferentes al sacrificio de los patriotas meridionales.

- Bolívar evalúa la realidad presente desde las sapiencias acumuladas por la inmensa humanidad que va desde China y Persia a los confines de Europa y América. Caracteriza con cualificada pericia sociológica que “los americanos, en el sistema español” que estaba “en vigor”, no ocupaban “otro lugar en la sociedad que el de siervos propios para el trabajo, y cuando más, el de simples consumidores”. Esta discriminación además de odiosa, constituía un freno insalvable para el progreso de nuestras naciones, toda vez que la metrópoli, se reservaba para sí toda actividad generadora de beneficios económicos y fiscales, aun las que no era capaz de llevar a cabo. Tal fue la causa de fondo del movimiento independentista continental.

- Discute la pertinencia de los distintos modelos de gobierno, la perfectibilidad de sistemas que pudieran no ser adaptables a la cosmovisión criolla americana; pugna por moderar las apetencias democráticas exageradas que pueden conducir naciones recién organizadas a desórdenes que las hagan inviables, y reflexiona sobre cuestiones tan detallistas como la magnitud de la injerencia del sector militar en los asuntos de gobierno y la dimensión territorial de las repúblicas. Concluye que esas repúblicas deben ser grandes en virtudes y ciudadanía, más que en riquezas materiales y poderes fácticos.

- Reveló también la esencial contradicción dialéctica entre reformadores y conservadores, como la confrontación de la que surgen los sistemas políticos, que serán justos y liberadores si la correlación de fuerzas favorece a los primeros, o retrógrados y opresores si se imponen los segundos. Esa ha sido la ley fundamental de la política hasta nuestros días.

 

-       Predijo la realización del Congreso de Panamá y la construcción en ese lugar del canal que comunicaría, uniendo los dos océanos, a todos los continentes.

La Carta de Jamaica representa la consagración de Bolívar como escritor, sociólogo, arqueólogo forense de nuestra historia raigal y arquitecto de la sociedad por construir. No fructificó su clamor para que las naciones ilustradas de Europa y “nuestros hermanos del Norte” nos auspiciasen con su protección y ayuda. Pero –paradójicamente- vino a conseguir esos auxilios salvadores en una pequeña república de humildes afrodescendientes que le esperaban en el vecindario caribeño para darle la mano solidaria que lo subió de manera definitiva a la nave de la victoria y la gloria universal.

 

Yldefonso Finol

Militante Bolivariano

 

miércoles, 3 de septiembre de 2025

EL MUERTO QUE SE HACE EL VIVO

 


El muerto que se hace el vivo

Para el pueblo estadounidense.

Advirtió en 1819 El Libertador Simón Bolívar en el Congreso de Angostura: “Por el engaño se nos ha dominado más que por la fuerza; y por el vicio se nos ha degradado más bien que por la superstición.” 

Trump está muerto, pero va ganando (¿popularidad?, ¿en el golf?, ¿la guerra?) Hashtags al estilo #TrumpIsDead y #WhereIsTrump proliferaron por la ola de rumores acalorada fríamente por el vicepresidente Vance: “estoy preparado para asumir el liderazgo si ocurriera una tragedia”.

Las pesadillas recurrentes con el fantasma Epstein rondan la Casa Blanca. Wall Street Journal difundió que Trump “fue informado en mayo por su fiscal general de que su nombre aparecía en archivos relacionados con las investigaciones.”

En la campaña electoral de 2024, Trump dijo estar dispuesto a publicar esos archivos escandalosos que protagoniza -junto a un elenco internacional de altísimo standing- su difunto amigo desde 1990, Jeffrey Epstein. Hasta este momento, Trump no ha sido acusado de algún caso concreto en relación con la red de pederastia y otros crímenes, pero ya está confirmado que su nombre aparece en el inmoral staff.

Se atribuye al poeta español Antonio Machado, fundido ya irremisiblemente en la causa del pueblo, la máxima: “El arma más destructiva que utiliza el fascismo es la mentira”.

El índice de rechazo al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, actualizado al 3 de septiembre de este año por The Economist es del 60 por ciento: “Desde su regreso al cargo, la aprobación de su gestión económica ha disminuido, impulsada por su errática política comercial y los precios persistentemente altos en las cajas registradoras. En menos de dos meses, su índice de aprobación cayó por debajo de cero, donde se ha mantenido desde entonces. Su índice de aprobación neta actual es de -14.”

Anotemos este nombre: María Farmer. Esta ciudadana estadounidense denunció en 1996 y -ratificó sus aseveraciones- en 2006 ante el Departamento de Policía de Nueva York, y el FBI, sobre las agresiones que ella y su hermana menor de edad, sufrieron por parte del dúo Epstein y Maxwell, tiempo en el que constató que en el entorno de la pervertida pareja estaba el empresario Donald Trump. Nos ha relatado una fuente desde New York, que el testimonio de Farmer es contundente, que los detalles darían un jaque mate.

La BBC lanza su cizaña desde orillas del Támesis: “Pareciera una decisión sencilla para el gobierno de Donald Trump hacer públicos los archivos relacionados con Jeffrey Epstein, o mantenerlos fuera de la vista del público. Pero las batallas que se libran entre los partidarios del presidente estadounidense en algunos de los espacios más conspiranoicos de Internet sugieren que la elección a la que se enfrenta Trump no es nada fácil. En esos espacios, los usuarios discuten sobre si confiar o no en la Casa Blanca, y especulan sobre lo que podría estar ocurriendo entre bastidores.”

Mientras, en ese otro mundo que los gringos (“un pueblo ignorante, instrumento ciego”) no ven, o simplemente desprecian, el presidente de la República Popular China, Xi Jinping, ha presentado en Tianjin la Iniciativa de Gobernanza Global durante la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái, inspirado en los objetivos supremos de “defender la coexistencia pacífica y la cooperación beneficiosa para todos, e instó al establecimiento de un sistema de gobernanza global más justo y equitativo, que valore la igualdad, el estado de derecho, el multilateralismo y los beneficios tangibles para la población.”

El presidente ruso Vladimir Putin, al anunciar su apoyo a la propuesta china, manifestó: “Creo que precisamente la Organización de Cooperación de Shanghái podría asumir el liderazgo en los esfuerzos por crear en el mundo un sistema de gobernanza global más justo y equitativo”.

Desde Caracas, el Presidente Constitucional Nicolás Maduro, proclamó nuestra adhesión a la iniciativa de China por “un sistema de gobernanza global basado en la igualdad soberana, el respeto al derecho internacional y el multilateralismo”, siguiendo la línea histórica del Equilibrio del Universo planteado por Bolívar y el nuevo orden mundial multipolar pregonado por el Comandante Eterno Hugo Chávez.

La Organización de Cooperación de Shanghái reunió en esta cumbre más de veinte Estados euroasiáticos que constituyen cerca del 50% de la población mundial y generan un tercio del PIB global.

Entre tanto, el Mar Caribe es infestado por un despliegue militar grotesco, pirático, y que para “combatir el narcotráfico”, pero que el discípulo de Posada Carriles, Marcos Rubio, trata de teñir de invasión contra Venezuela.

El Presidente Maduro lo ha denunciado virilmente, llamando al pueblo bolivariano a alistarse y estar preparados para cualquier escenario. “Somos un pueblo pacífico, pero iríamos a la lucha armada ante el más mínimo asomo de agresión extranjera contra la Patria”, ha expresado el Jefe del Estado en declaraciones ante medios de información internacionales y en discursos durante las masivas manifestaciones populares patrióticas.

Las pantomimas marítimas -sin dejar de precisar lo ilegítimas y peligrosas que son- han alcanzado niveles hollywoodenses. Trump (no Reagan) se jactó de haber “matado” once personas en una embarcación en algún lugar del Caribe (¿Pesadilla en la Isla de Epstein?). La Inteligencia Artificial no se puede inyectar o colocar en una liposucción, menos en una cirugía estética.  

En 1997 se estrenó la película gringa Wag the Dog, vendida en España como La cortina de humoMentiras que matan, en Argentina, o Escándalo en la Casa Blanca, en la mayoría de Latinoamérica. El filme trata de la creación cinematográfica de una guerra ficticia (con Albania) para distraer a la opinión pública de un escándalo sexual que perseguía la imagen presidencial deteriorándola drásticamente a poco tiempo de una nueva elección. Los publicistas del presidente-candidato contratan a un director que exige los créditos por su “creación”, que incluyó la muerte (real) de un supuesto soldado, al que retornaron en el acostumbrado ataúd abanderado convertido en héroe caído. La población estuvo medio atenta a la falsa guerra y la presencia de terroristas del país enemigo con bombas atómicas que entrarían por Canadá (el director fue agregando paranoias azuzado por los “productores”). La propia CIA -para no seguir sintiéndose burlada- se ve obligada a ponerle “the end” a la película anunciando que “la guerra” había terminado.

Imposible no recordar “las armas de destrucción masiva de Irak”, “los vínculos con Al Qaeda”, hasta la explosión del barco Maine en la Habana para declararle la guerra a España en 1898. La mentira es parte constitutiva del sistema de vida estadounidense, comenzando por esa del “Destino Manifiesto” y de que son el “gendarme necesario” del planeta.

Vuelvo entonces al poeta Machado: “No basta despertar cuando amanece: Hay que mirar al horizonte, ¡Alerta!”

 

Yldefonso Finol

sábado, 30 de agosto de 2025

"Diplomacia cañonera": veecindad belicosa y doblemente adicta a las drogas y al capital

 


“Diplomacia cañonera”: vecindad belicosa o cálculos erráticos de la narcopolítica estadounidense

La maniobra naval más grande realizada por Estados Unidos en el Caribe ocurrió en abril de 2006; para que tuviera su dosis de cinismo anglosajón la nombraron Confraternidad de las Américas. El portaaviones atómico George Washington, el más moderno de la flota, salió el 4 de abril de su base de Norfolk, Virginia, y llegó al puerto de Mayport, Florida, donde funcionaba la sede del Comando Sur del Ejército. Estuvieron varios días conferenciando militares y políticos.

Ese solo portaaviones tenía capacidad para llevar 70 naves de combate F-15, F-16, F-18, Harrier y helicópteros, punta de lanza de la Fuerza de Tareas de Combate número 10 de la Armada. Lo acompañaron en esa operación el crucero Monterrey, el destructor USS Stout y la fragata misilística Underwood, por si acaso. El 14 de abril toda esa fuerza entró en el Caribe.

La tropa movilizada alcanzaba los seis mil quinientos efectivos de fuerzas elites más algún personal de apoyo. Entre los políticos que compartió -con mucho entusiasmo- las tertulias previas al zarpe de la flota, estuvo William Brownfield, entonces Embajador de Estados Unidos en la República Bolivariana de Venezuela, quien declaró “que no sería la primera ni la última vez que su país” maniobrara en este Mare Nostrum con sus naves. Brownfield -como denunciamos desde el mismo abril de 2006 y en escritos posteriores- convirtió su visita al Comando Sur en una campaña turística, con decenas de periodistas, mises y gente de farándula entre sus invitados.

Muy emocionados tomaron nota los enviados del Nacional y el Universal cuando Brownfield les recordó que el jefe del Comando Sur, general Bantz Craddok, declaró hacía apenas un par de semanas ante una Comisión del Senado, que el Gobierno Chavista constituía “un factor de desestabilización regional”.

La Doctrina Monroe viene de lejos (diciembre de 1823), pero hay que ver la historia del siglo XXI para comprender cuál es la doctrina estadounidense sobre Venezuela. Podemos ubicarnos en el Documento Santa Fe IV (2000) que prestó especial atención a la Patria Bolivariana, partiendo del diagnóstico de un país muy conocido por el imperialismo petrolero gringo desde comienzos del siglo XX y al que observaron sus más altos estadistas desde los días convulsos de la lucha por la Independencia: “Venezuela es un país paradójico. Es uno de los países productores de petróleo más importantes del mundo y, sin embargo, la mayoría de la población es muy pobre. En Venezuela, hace mucho que la industria petrolera está en manos del Estado y la riqueza que produce, en su mayor parte, ha sido absorbida por una gran cantidad de contratistas internacionales y un aparato administrativo inflado.”

Hay que leer completo y con mucha atención el manejo minucioso de la información que exhiben los tanques pensantes en Santa Fe IV: es la interpretación de las condiciones objetivas y subjetivas en el primer año del Tercer Milenio, no estaban reunidos con todos esos insumos precocinados por sus equipos asesores jugando al ahorcadito.

Sigue el Santa Fe IV: “Las condiciones estaban maduras para el surgimiento de Hugo Chávez. Hombre de orígenes humildes, Chávez ascendió rápidamente por las filas del ejército debido a sus habilidades como atleta y soldado. Hace ocho años, en 1992 (recordemos que el análisis es del año 2000), fue parte de un golpe militar fallido y pasó cierto tiempo en la cárcel por su intervención. Después de su liberación, Chávez decidió tomar el poder por medios electorales. Utilizando en su campaña la promesa de usar la riqueza petrolera de Venezuela para aliviar la pobreza de las masas, Chávez sorprendió a muchos al ganar la presidencia en el otoño de 1998. Los capitostes de la prensa han intentado definir a Chávez como un peronista o un fidelista… Chávez se movió rápidamente para consolidar su poder. Estableció una nueva convención constitucional, que promulgó una nueva Constitución a su medida, y disolvió el Congreso existente. También instituyó una gran purga de la compañía estatal petrolera y ha asumido un papel prominente en la OPEP: se considera que ha sido el impulsor del reciente movimiento de la OPEP para cortar la producción mundial de petróleo y subir los precios. El gran héroe de Chávez es Simón Bolívar. Apoyándose en el bolivarismo, aspira a formar la Gran Colombia (Venezuela, Colombia, Panamá y Ecuador), probablemente como república socialista.”

Para los autores del documento, nuevos enemigos desafiarían la hegemonía estadounidense: después de la estratégica China, “el castrista Chávez de Venezuela» y «el surgimiento de un militarismo izquierdista en los países andinos que finalmente está obteniendo un poco de atención por parte de los medios, en la medida en que el “bolivarismo” se convierte en un grito de ataque de los comunistas y socialistas”.

La “diplomacia cañonera” ha desplazado a las otras modalidades. La generala Laura Richardson se pavoneó bastante con su uniforme asegurando sumisiones en la región. No era inesperado que el “emperador” Trump se soltara el moño de William Walker que todo gringo lleva como amuleto de sus ambiciones.

Los cañonazos pueden ser “sanciones” o “arancelazos”, siempre dejarán un reguero de humanidad padeciendo sus efectos económicos y sociales.

Pero cómo temen a los cambios geopolíticos que ha dado el planeta desde que Truman ordenara lanzar dos bombas atómicas en Japón. Cómo se ha transformado aquella China de campesinos hambrientos e industria de hojalata en el mayor conglomerado de justicia social del mundo, y la potencia militar más serena y poderosa, doctrinariamente asida a la China ancestral y guiados por la ciencia política que ilustra el glorioso Partido Comunista.

La Federación de Rusia que sobrevivió al estallido endógeno de la URSS y que muchos pintaban como un lánguido súbdito de los imperialismos otanistas, se erigió como una fuerza que se hace respetar en todos los terrenos, con el poder de haberse reencontrado con su ancestralidad más virtuosa.  

La situación no es la “Crisis de los Misiles”. En octubre de 1962 los gringos -salvo al bloque soviético que salió con un tufo a derrota- tenían el mundo a sus pies. América Latina y el Caribe eran la granja de frutas, la plantación agrícola, el pozo petrolero y la muchacha del servicio doméstico, la OEA.  

Me digo a mí mismo: “no seamos economicistas”, “apartémonos de los determinismos”. Humor de esquina. Cuando los gringos empezaron sus aventuras petroleras porque el capitalismo saltó a imperialismo y había que monopolizar, crear carteles (¿carteles?), repartirse al planeta en pedazos o áreas de influencia (control), ir a las guerras entre potencias a ver quién es el más bravucón, el más avispado que le saca más provecho, ya Estados Unidos era un importante mercado de drogas, aún estando “prohibidas” por algún gobierno estadal o federal. Siglo y medio de narco-economía, igual tiempo de narco-política. El sistema bancario y hasta el negocio ideológico (TV, cine, entretenimiento, historia y cultura) requieren con urgencia reafirmar el control sobre el narcotráfico en todas sus instancias para que el 85% de los ingresos irriguen su anquilosado aparato financiero.

En 2006 cuando hicieron aquella magna maniobra naval Confraternidad con las Américas, en desarrollo de la Doctrina Monroe contenida en el Documento Santa Fe IV del año 2000, el discurso era que venían a enseñarnos a luchar contra las drogas y el tráfico “ilícito” de personas. ¡Imagínense!

En ese momento la mayoría de los gobiernos les aplaudieron. Hoy la gracia no les sale tan bien recibida. Ni los gobiernos, ni los pueblos, se creen esa “lucha contra el narcotráfico” que no ha desmantelado el primer narco quiosco en su propio país.

¡Vamos gringos, atrévanse a desmantelar el Cartel de las 50 Estrellas y la peligrosa pandilla de las Barras Rojiblancas!

No lo harán porque la elite gringa, del bando que sean, republicanos, demócratas, “maga” o globalistas, los de Epstein o Sinatra, todos padecen doble adicción: a unas “rayas” de polvo blanco (de alta pureza religiosa), y a las ganancias (de alta rentabilidad) del primer mercado de drogas del planeta.

En Venezuela se chuparán unas cuantas urupaguas crudas, y comerán datos con espinas, si se les ocurre “en una noche loca”, dejarse llevar por la ficción narcotizada en que viven atrapados desde “Apocalipsis Now”.

 

Yldefonso Finol        

 

viernes, 22 de agosto de 2025

EL FASCISMO SUBALTERNO: ENGENDRO DE DOMINACIÓN IMPERIALISTA EN NUESTRA AMÉRICA

 


EL FASCISMO SUBALTERNO en América Latina y el Caribe: engendro de la dominación imperialista

Yldefonso Finol/Monte Ávila Editores Latinoamericanos/FILVEN 2025

Un libro de gran relevancia en nuestra actualidad, que recupera las raíces teóricas que definieron al fascismo desde sus inicios en Italia, Alemania y oros países de Europa, reivindica el marxismo latinoamericano y la teoría de la dependencia como instrumentos paradigmáticos de emancipación y -dato importante-, incorpora el pensamiento nacional revolucionario venezolano, comenzando por el bolivarianismo, como antídotos a la ofensiva recolonizadora imperialista de signos fascistizantes.

Como bolivariano que es, fundamentalmente, además de su formación marxista-leninista desde muy joven, Finol se atreve a proponernos una heterodoxia epistémica que nos convoca a conmovernos con el testimonio al pie de la horca de Julius Fucik, a enfilarnos en la resistencia armada con un soneto de nuestro Aquiles Nazoa, y a debatir las posiciones optimistas -y las cautelosas- de las principales voces del marxismo en las décadas de 1930 y 1940.

Los clásicos, comenzando por Marx, Engels, Lenin, Gramsci, Dimitrov, Trotsky, Rosa Luxemburgo, Mao Zedong, entran con sus idas originales a darle sustento ideológico e histórico al debate qua aún es necesario dar. Más, definidos el contexto teórico-histórico del surgimiento y crecimiento del fascismo, se abre paso al aporte diverso del marxismo latinoamericano la teoría de la dependencia para alimentar la comprensión del modelo fascista desatado en América Latina y el Caribe al influjo de la Doctrina de Seguridad Nacional del imperialismo estadounidense.  

Pero el libro El Fascismo Subalterno tiene el propósito de descifrar la existencia de un fascismo que no nace como sentimiento de hegemonía etno-nacional ni tiene aspiraciones imperiales, lo que representaría una negación -o una deformación inaceptable- del fenómeno ultraderechista europeo de la primera mitad del siglo XX.

El Fascismo Subalterno -también caracterizado como dependiente, subordinado, neocolonial- es definido como una estrategia de opresión política desarrollada por Estados Unidos para controlar al continente latinoamericano y su archipiélago caribeño. Este fascismo fue instrumentalizado por Estados Unidos en Nuestra América a través de sus “escuelas” militares y operaciones de espionaje y contraespionaje durante la mal llamada “Guerra Fría”. En muchos países instauraron dictaduras abiertamente fascistas subordinadas y neocoloniales como en Chile, Argentina, y antes Brasil y Uruguay. Infestaron Centroamérica con regímenes militares genocidas y escuadrones de la muerte.  El mapa de nuestra Abya Yala se tiño de sangre con las dictaduras (Operación Cóndor) y prácticas fascistizantes como la proliferación de manuales de torturas y las desapariciones, que en el caso venezolano fueron traídas por los agentes de la CIA Luís Posada Carriles y Orlando Bosh. ¿No fue acaso la masacre del 27-28 de febrero un paréntesis fascista en la Venezuela de la opulenta democracia petrolera?  

El pensamiento emancipatorio de Nuestra América se hace presente con las ideas de Fidel Castro, Hugo Chávez, Juan Bosh, Agustín Cueva, Britto García, Edmundo Aray, Julio Cortázar, los aportes del uruguayo Rodney Arismendi, el mexicano Leopoldo Zea, el chileno Osvaldo Fernández, Darcy Ribeiro, entre otras voces luminosas que vivieron y enfrentaron al fascismo subalterno en pleno apogeo.

Yldefonso Finol expone en su libro, presentado recientemente en la FILVEN 2025 por el ministro de cultura de Venezuela Ernesto Villegas, fue calificado por éste como “un texto fundamental para el conocimiento del fascismo en sus raíces históricas y en sus manifestaciones actuales, es una herramienta para la lucha que ofrece luces para las masas y algunos dirigentes que pueden estar confundidos”.

En la Tercera Parte “El Fascismo como verdugo del amor y del arte”, el libro se adentra en la lucha por la espiritualidad, donde el fascismo pone en práctica técnicas atroces contra sus oponentes y -a la vez- desarrolla una creencia, un mito cohesionador de las masas nacionales, para imponer la cultura de la sumisión al capitalismo sea privado o estatal, porque el corporativismo es una herramienta del fascismo que le permite colocar la producción en todos los órdenes al servicio de la extinción de la resistencia popular y las guerras con fines expansionistas. El fascismo logra destruir la red amorosa que los pueblos tejen en sus relaciones cotidianas de familia, trabajo, creación, esparcimiento, para suplantarlas -a la fuerza bruta y la propaganda preconcebida con tal propósito- por la egolatría al caudillo junto con fascinación por la ficción del supremacismo racial y la ambición de la hegemonía sobre otros pueblos y nacional.

A esto Finol opone la visión del bolivarianismo considerándolo “un antídoto contra el fascismo”, por tres fortalezas propias de la Doctrina Bolivariana que son fundamentales: una que por sí sola bastaría, venida de aquella máxima expresada a Sucre, que reza “el gran poder existe en la fuerza irresistible del amor”; la segunda que toda la Gesta Bolivariana -y por tanto su legado- es una poderosa obra anticolonial, el antiimperialismo es uno de los tres componentes más definitorios de la Doctrina del Libertador; y, una tercera fortaleza antifascista del bolivarianismo como movimiento político que propugna una nueva sociedad es el equilibrio entre bien común y el buen vivir. Bolívar lo resumía: “Yo antepongo siempre la comunidad a los individuos”.

Recatar las aportaciones originales, incluso pioneras en algunos temas como la descolonización epistemológica, del Congreso Cultural Cabimas 70 y de publicaciones emblemáticas de aquellos años de lucha contra el fascismo subordinado a los “regatones” yanquis, es otra virtud de este libro que, en medio de la vorágine destructora de la inteligencia humana y del etéreo campo de batalla por el control del universo cognitivo, recomendamos leer y compartir.

 

Colectivo Cacique Nigale

Agosto 2025

lunes, 11 de agosto de 2025

El “Fragmentado”: “Cartel de 50 Estrellas” y “Tren de Barras Rojiblancas”

 


El “Fragmentado”: “Cartel de 50 Estrellas” y “Tren de Barras Rojiblancas”  

Al capitán español Juan Pacheco Maldonado que capturó la última guerrilla de la resistencia originaria en el Lago Maracaibo, torturando y martirizando al Cacique Nigale y sus compañeros en junio de 1607, la Corona le otorgó como recompensa -además de encomiendas en el sur del lago- dos mil castellanos oro anuales POR DOS VIDAS; es decir, para él y para su heredero principal. Notable la importancia que esta conquista tuvo para el colonialismo español.

 No podían escapar a la lista de “requeridos” a cambio de recompensas los rebeldes insurgentes Francisco de Miranda, y Simón Bolívar, a quien los gobernantes coloniales en Venezuela le arrebataron, usurparon y subastaron casi toda la herencia familiar.

La práctica de la “recompensa” es parte del paisaje gringo. No hay película del oeste (western) donde no aparezca un cartel -con el famoso encabezado wanted- ofreciendo algunos dólares por equis fugitivo.

En la contemporaneidad la gusanera de Miami ofreció desde comienzos de los sesenta US$ 100.000 por la muerte de Fidel (aproximadamente US$ 1,7 millones en la actualidad), y otros US$ 20.000 por Raúl y el Che Guevara, respectivamente (unos US$ 265.000 actualmente).

Documentos desclasificados en 2016 describen un plan del Pentágono llamado Operación Bounty, que buscó infructuosamente derrocar a Fidel Castro, y preveía recompensas a los que mataran a cubanos comunistas.

Recompensas fue la perdición de la etapa más corrupta y asesina del Plan Colombia, cuando se mataban personas sólo por el afán de cobrar un dinero de la muerte y la degradación humana.

La recompensa por el magnicidio a traición del máximo líder centroamericano Augusto César Sandino, después de asistir a una cena en la casa presidencial nicaragüense, ya logradas la paz y la expulsión de los invasores yanquis, fue entregarle Nicaragua a la dinastía Somoza, fascistas subordinados que hundieron al país en la represión, la pérdida de soberanía, el atraso y la pobreza.

Por la captura de Pancho Villa, los gringos ofrecieron de entrada 5.000 dólares, que la familia Hearst -gran promotora de la invasión a México- elevó a un total de 55.000 dólares después del ataque del caudillo revolucionario Pancho Villa a la ciudad de Columbus, en Nuevo México. A pesar de los “incentivos” y la incursión armada yanqui, Villa no fue capturado. 

En general, todos los regímenes fascistas subalternos, impuestos por Estados Unidos en Nuestra América han usado esta carnada monetaria para neutralizar a sus oponentes, así los hizo Pinochet contra dirigentes destacados de la resistencia popular del MIR, el PC y el Frente Patriótico Manuel Rodríguez.

En el caso de quien -según algunas opiniones- fuera su agente “descarriado” Manuel Antonio Noriega la recompensa pasó de 320.000 al millón de dólares de la década de los ochenta.

Pero lo que ha recalentado la acelerada y vertiginosa atmósfera de la noticia es el ofrecimiento por parte de la Fiscal estadounidense de cincuenta millones de dólares de recompensa por el Presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela Nicolás Maduro Moros.

Este hecho, por demás estrafalario, duplicando cifras como las apostadas por Ben Laden y Sadán Hussein, carece de todo soporte legal y ético, burlando con absoluto cinismo todas las pautas formales y principios del Derecho Internacional.

Hay que decirlo claro y repetirlo cada día bien fuerte: no aceptamos la pretendida extraterritorialidad de las decisiones del gobierno de Estados Unidos, ni ésta de ponerle precio a la persona de nuestro Presidente Constitucional ni ninguna otra.

Ese gobierno de la elite imperialista debe deponer su enfermiza actitud de gendarme global que tanto daño ha causado a la humanidad: Hiroshima y Nagasaki, por citar un ejemplo.

Debe renunciar a ser el matón del continente que quita y pone presidentes, usurpadores, fantoches y dictadores a la carta.

¿Quién les cree la jugada distractiva de un supuesto “Cartel de los Soles” al más grande mercado y único cartel de las drogas a nivel mundial “El Cartel de las 50 Estrellas”?

Ese “Tren de las Barras Rojiblancas” que entre las orgías depredadoras de niñas con Epstein y la complicidad en el genocidio palestino con el sádico Netanyahu, va infestando de muerte y atrocidades de una dimensión nunca vista en la historia.

Así que éticamente ustedes gringos de las cloacas están descalificados hace mucho tiempo, sólo un puñadito que se achica como la piel de zapa les sirve por puro servilismo: por el virus de la sumisión que la colonialidad les dejó instalado en su alma de sumisos.

Políticamente en Venezuela salen trasquilados en cada intento, ni Superman ni el Capitán América ni los orcos les han funcionado aquí porque entre la kryptonita de Maturín, los chamanes del Orinoco al Guasare pasando por Sorte, los babalaos de los cerros caraqueños y los Relámpagos del Catatumbo, no queda espía ni terrorista que no sea precisado y neutralizado.

En el instante que voy cerrando este artículo, centenares de miles marchan en las calles de todo el país y decenas de miles se han pronunciado en el mundo en apoyo total al Presidente Maduro. Ustedes gringos tienen credibilidad cero, y la moral tan pero tan baja que reventó el moralómetro en el extremo de los valores negativos.

Para terminar, ante los bamboleos, tira y encoje, zigzagueos y otros meneítos arrítmicos, no puedo dejar de comparar al gobierno de Trump con aquel personaje del filme Fragmentado, afectado por un tétrico trastorno de identidad disociativo que secuestra para someter al terror a sus víctimas (chantaje vil), mientras espera que surja la personalidad más letal del captor, y que suceda lo peor.

Con Venezuela no tienen vida esos delincuentes del “Cartel de las 50 Estrellas” y “El Tren de las Barras Rojiblancas”.

¡Viva Maduro! Y Punto.

Yldefonso Finol

martes, 5 de agosto de 2025

BOLIVIA: EL AMOR MÁS ALTO

 BOLIVIA: EL AMOR MÁS ALTO

A esta patria de Manuel Ascencio Padilla y Juana Azurduy le han puesto mi nombre, cuando debió llevar el de ellos. “¿Qué quiere decir Bolivia? Un amor desenfrenado de libertad.”

Por todos los caminos de todos los pueblos y ciudades la multitud sale a acompañarnos: el pueblo es la libertad, él hace la historia, y el General Sucre es el redentor de las primeras naciones admirables que vivieron esta maravillosa altura que hoy me conmueve hasta las lágrimas. ¿Cuántos nos siguieron al Potosí? Cuarenta mil almas o más…no sabría calcular la alegría que un colorido río humano, emplumado y trajeado de luces, ese brillante ardimiento de sus ojos, mismos que fueron opacas miradas de tristeza en doscientos cincuenta años de muerte en los socavones devoradores de centenares de miles de indios y miles de esclavos negros, para colmar la insaciable sed de riqueza de una monarquía voraz, parásita e inepta.

En lo alto del Cerro Rico de Potosí una gran cruz. Por los recovecos de la árida montaña los rebaños de llamas van y vienen cargadas de rocas argentadas. El maltrato instigado por la avaricia también las incluye en el dantesco mundo que creó la colonia hambrienta de mineral. En los socavones la muerte se encargaba de juntar el dolor inmenso de las profundidades y silenciar al hombre y a la mágica creación que premió a estas tierras. Mercurio y látigo, hambre y humillación, apelmazaban indiferente una existencia sin humanidad. El tormento de la ambición irracional del invasor trastocó con su inicua prepotencia la perfección que existió y que el reino monstruoso de España inundó en calamidades para sus legítimos dueños, convertidos en siervos de las arcas reales.

En la montaña cuya riqueza extrajeron por tres siglos y despilfarraron los destructores, ha de andarse con cautela de no ser tragado por sus miles de agujeros que se pierden hacia lo profundo como buscando el centro de la tierra, tan devorada que pareciera algún día -ya vaciada de lo apetecido- desvanecerse.    

Ese 26 de octubre mientras escalaba aquel Cerro Rico que tanta miseria del indio mostraba alrededor, me decía para mis adentros: “La gloria de haber conducido a estas frías regiones nuestros estandartes de libertad, deja en la nada los tesoros inmensos de los Andes que están a nuestros pies”. 

Con la alegría de niños jugando flameó los estandartes de la Independencia.

Un testigo que le seguía de cerca, afirmó: “Debió ser el día más feliz en la vida de Bolívar, ese día notable cuando ascendió a aquel pico famoso de los Andes gigantes, desplegando las banderas de Colombia, Perú y del Río de la Plata.”

Las Banderas de las Repúblicas allí convergentes -por generosidad del Libertador- tremolaron elevándose como los nuevos símbolos de algo naciente que debía reivindicar los derechos humanos de los más oprimidos: los originarios pueblos del Ande inmenso.

Esta lectura de la apoteosis popular de aquellas jornadas, quiere exaltar los rasgos de la personalidad del Libertador que se ponen de manifiesto aún en la cúspide de su gloria. Su capacidad de desprendimiento, cómo en forma instantánea pasa a manos de sus oficiales los lujos y bienes suntuosos con que lo premian las ciudades y sus municipalidades, la elite de cada sitio que ha visitado. Coronas -que él despreciaba-, sillas, alhajas de toda índole, hechas de oro puro y decoradas por los más afamados orfebres con piedras preciosas; todas las regaló a sus compañeros de armas con tal naturalidad que muchos de los presentes no lo llegaron a entender, incluso, algunos a quienes les causó molestia (amén de la envidia). Regala las valiosas piezas dignas del más opulento tesoro, primero a Sucre, el gran héroe a quien ama como a un hijo, y éste, émulo de su Jefe, las traspasa a otros oficiales como si se tratara de simples detalles.

Bolívar se detenía a saludar a las personas del común que se congregaban a las puertas de los edificios del poder hasta hace poco en manos de agentes imperiales que los despreciaban. No había pose, simulación, mucho menos fastidio. Él deseaba sentir de cerca a esos pueblos que, siendo lejanos en distancia y dificultades geográficas para llegarles, eran tan iguales en ansias de libertad y justicia que esos solos sentimientos lo hermanaban al primer contacto.

Ya los había tomado en cuenta en sus sorprendentes reflexiones de 1815 en Jamaica, y visualizado cuando fue poseído por la magia de la selva en el delirio de Casacoima: “Perdí mi uniforme, pero estoy a gusto con esta bata que ustedes me han regalado. Sin embargo, más complacido estaré mañana cuando me estrene la hermosa camisa de corteza marina que me regaló un cacique”. Salvado por suerte de la persecución de lanchas flecheras de los realistas, junto a su Estado mayor, hubo de lanzarse al humedal de Casacoima, brazo del río Orinoco en las anchuras de su delta que busca el Atlántico, en medio de la noche, entre grandes constrictoras, pirañas, caimanes, herido y con los pies lesionados por las filosas hierbas y raíces estuarinas, exclamó ya echado sobre la otra orilla, exhausto:  “Dentro de pocos días rendiremos a Angostura, y entonces... iremos a libertar a Nueva Granada, y arrojando a los enemigos del resto de Venezuela, constituiremos a Colombia. Enarbolaremos después el Pabellón Tricolor sobre el Chimborazo, e iremos a completar nuestra obra de libertar a la América del Sur y asegurar su independencia, llevando nuestros pendones victoriosos al Perú: el Perú será libre.”

Esa noche con la luna sobre sus cabezas, los oficiales que vivieron la riesgosa travesía lo creyeron afectado en su cordura, algunos -compungidos- pensaron que la falta de oxígeno por permanecer largos minutos hundidos en el agua para no ser descubiertos por sus perseguidores, le habían trastornado el raciocinio.

Nada de eso, el delirante chamán de Casacoima cumplió en exceso sus premoniciones: liberó al Perú, se elevó al Alto Perú y ahora estaba subiendo el Cerro Rico de Potosí que en 1816 había tomado la heroína Juana Azurduy tras la caída de su patriota esposo Manuel Ascencio Padilla. Allí estaba en territorios que fueron de las Provincias del Río de la Plata, donde esa mujer soldada se hizo leyenda.

¿Y qué fue lo primero que quiso hacer Bolívar al llegar a Potosí?

He aquí otro rasgo fundamental de los valores que inspiraron la vida y gesta del genial Libertador. Él va entre tanta gloria, tantos anfitriones, séquito, caballería, seguidores, autoridades recientes que lo han colmado de agasajos y obsequios espectaculares, pero él lleva su pensamiento maravillado por el paisaje recorrido, por la grandeza misma de la epopeya realizada, y el sentimiento de encontrarse con aquella mujer legendaria en las luchas emancipadoras del eje de Suramérica: él sólo pregunta por ella, desea conocerla, rendirle honores, hacerle justicia, abrazarla como camarada.

Es que no había bajado aún del caballo, apretujado en las angostas calles por el gentío que acudió a verlo a él, y ya preguntaba dónde podía encontrar a Juana Azurduy. No quería iniciar ningún protocolo antes de cumplir ese ritual acariciado en su alma rindiendo honores a la heroína que representaba las luchas anteriores a la gran victoria que él llevó allí tan cerca de las nubes. Su corazón era un cofre de historias acumuladas. La Teniente Coronel Juana Azurduy fue ascendida a Coronela del Ejército con pensión vitalicia y retroactiva. La vio empobrecida y desatendida y sufrió la injusticia cometida, queriendo saldar esa deuda moral penosa. Le dio su amistad y su admiración, agradeció sus enormes sacrificios familiares. Inevitable que hablaran de Manuela, con la que floreció un afecto fundador de la sororidad. Sucre quedó encargado de hacer cumplir los magnánimos deseos -que ya eran órdenes- del Libertador de todos los rincones y todas las opresiones.     

Días después escribiría: “Es la primera vez que no tengo nada que desear y que estoy contento con la fortuna.”

Rumbo al vacío infinito, envió un mensaje especial a través de Andrés Santa Cruz: “Mil cariños de mi parte a mi Bolivia”, era el 14 de septiembre de 1830.

Al dictar testamento, no podía faltar su “hija predilecta”. Para ella conservó esa medalla que llevó como amuleto desde el retorno abrupto que lo trajo al tenebroso laberinto de las intrigas, las divisiones, las traiciones y el desengaño.

“Es mi voluntad: que la medalla que me presentó el Congreso de Bolivia a nombre de aquel pueblo, se le devuelva como se lo ofrecí, en prueba del verdadero afecto, que aún en mis últimos momentos conservo a aquella República.”

Seguiremos hurgando en los baúles del amor de aquel hombre creador de utopías.

Yldefonso Finol